Universo 1
—Sweetie Belle, dime ¿qué hay en el baño? —dijo Rarity y la puerta se abre.
—Es Firulais; es el perrito de la casa club.
Con un sopapo sale del baño. Estupefacta quedó Rarity, la cual miraba al extraño monstruo. Este tira el sopapo de vuelta al baño y con su mano enyesada este le saluda haciendo señas. Intentando mantener la calma, esta toma a Sweetie Belle. Lentamente retrocede y escucha decir a Sweetie Belle:
—Rarity, ese es Firulais. Esta ahí esperando a que le saludes.
—Sweetie Belle querida; estoy cien por ciento segura de que eso no es un perrito.
—¿Qué no es un perrito? Si ahuyentó a Opal; es lo que hacen los perros.
—¡QUÉ! ¡¿Él tiro a Opal por la ventana?! —dijo un poco molesta, alejándose un poco más de él.
Horrible situación era de tener a alguien completamente extraño en su casa, en especial si ese había pasado a tu baño. De inmediato sale afuera con su hermana menor, cerrando la puerta con llave y diciendo.
—Sweetie Belle, ve al pueblo, llama a la policía, a control de animales, al departamento de casos paranormales, a quien sea.
—¿Por que?
—Trae ayuda.
—Ya, ya... Vale. Veo que no quieres que tenga mascota. Vale.
—Sweetie Belle, no es que no puedas tener mascota, es que... esa cosa no parece ser una mascota. De hecho, no parece a nada que haya visto antes.
—Vamos Rarity, ¿qué cosa mala puede hacer Firulais?
—Sweetie, te digo, esa cosa... no es un perrito.
—¡Que sí!
—¡Que no!
—No es momento para esta clase de discusión.
—Pero sí es una discusión. Sólo es que tú no quieres que tenga un perrito, ese es el punto.
—Sweetie Belle, querida, no es el punto, puedes tener mascota, pero no esta, solo míralo.
Se asoma por la ventana mirando a Firulais, el cual se metía el dedo en la nariz. Sacando un poco de oro, mirando hacia ambos lados este se limpia metiendo el dedo dentro del yeso.
—No lo sé, Rarity, no parecerá perrito, pero sacó a Opal de mi habitación; me devolvió parte de mi espacio. Es divertido, tiene la cara de idiota, una risa de psicópata, pantalones de trasero ajustado, y esas cosas en las patas, es divertido y sabe bailar, si le conocieras Rarity.
—Perdón, Sweetie Belle, pero no es que no quiera que tengas una mascota, sólo que no parece la indicada.
—¿Pero si lo quiero?
—Lo siento, Sweetie Belle. Conseguiremos un perrito, pero no este.
Casi llorando, Sweetie Belle dice:
—Sí... hermana...
Ella abraza a su hermanita diciéndole:
—Llama a control de animales y te prometo que mañana iremos a la perrera, ¿te gustaría?
Limpiando sus lágrimas le sonríe y le dice:
—Sí.
Universo A
Mientras que Coco miraba hacia el océano con aburrimiento, aún con su traje de nativa, Pinkie Pie, vestida como marinera, cantaba canciones del mar a todo volumen y no paraba de moverse sobre el barco de N. Gin. Las bestias tripulantes miraban con rareza a la inquieta pony y se preguntaban qué hacia ella aquí y por qué no obtuvieron antes una advertencia sobre esta particular visita.
Por supuesto que los marineros no estaban acostumbrados a tantas canciones cantadas por una chica hiperactiva con lo que algunos de ellos, con tal de no seguir escuchando, se tapaban los oídos e incluso pensaron en tirarse por la borda, sin importarle si había tiburones merodeando por ahí.
Después de un tiempo, los tripulantes ya se estaban aproximando al enorme barco de guerra y, cunado la pony lo vio, pensaba a que ese es un buen lugar para una gran fiesta. Cuando finalmente todos ya estaban en el acorazado, los marineros, que resultaban ser rinocerontes mutantes, se ocuparon del cargamento pero uno de ellos se acercó a su jefe.
—Almirante, ¿nos dirigiremos hacia Adelaide ahora mismo?
—… Por supuesto. Mientras más rápido enviaremos ese pedido, mejor.
—¡A la orden, almirante! —dijo mientras hacia el saludo militar—. ¡Leven anclas! —gritó para que todos sus compañeros escuchen y volvió al trabajo.
Aquel grito sobresaltó al Cyborg, a la bandicut y a la pony, con lo que el primero se acercó para hablarles a las chicas.
—Les dije a los rinocerontes que no hacía falta que hablen como si estuviéramos en un barco pirata pero, al parecer, a ellos les gusta, hasta me regalaron este sombrero.
A Coco le importaba poco y nada ese comentario pero a Pinkie le gustó esa idea de ese juego.
—Mientras más tiempo tardemos, más tiempo estará mi hermano mayor en peligro. No sé qué estará haciendo en ese lugar —comentó la marsupial.
—Pero Ponyville es un lugar amistoso. Seguramente estará divirtiéndose —se defendió la rosada.
—Pues… espero que Crash esté bien —dijo el Cyborg—. Mejor salgamos de aquí; será mejor hablar en la cocina.
Fue así que los tres caminaron por los pasillos laberínticos del buque de guerra aunque la pony daba sus pequeños saltos como acostumbraba. Antes de llegar a la cocina, N. Gin les enseñó un camarote de visitas, lugar donde Coco por fin pudo quitarse el disfraz que tenía. Aunque la bandicut no quería pasar un largo tiempo dentro de ese barco, las noticias que le tenía el científico del misil en la cabeza no fueron las que esperaba.
Una vez que ellos se encontraron en la cocina y que la pony hiciera aparecer una bandeja con cupcakes, el "capitán" comenzó a dar las noticias.
—La construcción del Psicotrón no llevará mucho tiempo. Lo que sí lo será es la búsqueda de cristales que le darán la energía a la máquina que, como saben, estos se encuentran en distintos lugares del mundo.
—Pero, ¿no hay otra forma para apresurar esto? —se quejó la rubia.
—Creo que no hay otra opción…
—¡Qué bien! ¡Un viaje alrededor del mundo en un barco gigante! —gritó la potranca y comenzó a dar saltos alrededor de la mesa en donde ellos estaban.
—Pero, ¿y Crash? —preguntó la rubia con tristeza.
—Sólo resta esperar a que se encuentre bien. De todas formas, si lo que dijo Pinkie Pie es verdad, debe estar bien —como eso no fue muy convincente, agregó—: No tienes por qué preocuparte; ya comencé a construir la máquina.
La anaranjada igual se mostró algo preocupada. Al notar la presencia de alguien más, la pony detuvo sus saltos. Este alguien, de aspecto aterrador, se acercó para… cocinar.
—Coco; Pinkie Pie: él es Rusty Walrus, el cocinero —presentó el almirante, obteniendo un "hola" brusco por parte de la morsa mutante.
—¡¿Cocinero?! —preguntó la pony y se acercó a la morsa sin ningún temor—. ¡Yo también cocino; soy pastelera! ¿Quieres un cupcake? —ofreció apareciendo otra bandeja, sorprendiendo al cocinero, quien se tragó una de estas masas.
Luego de esto, la rosada salió de la cocina como una flecha, con lo que Coco y N. Gin salieron a buscarla. Después de no saber de ella, finalmente la encontraron en la sala de máquinas, ofreciendo dulces a todos los rinocerontes, quienes los tomaban con cierto temor. A pesar de esto, la rubia aún estaba preocupada.
—Ella está bien; sólo trata de llevarse bien con todos —dijo el Cyborg.
—No es eso. Es que…
—¿Qué?
—Es que Crunch está trabajando en el puerto de Adelaide.
Universo 1
Llega una patrulla de control de animales. Ambas chicas estuvieron mirando como ambos sujetos, con unas varas de metal para los animales, entraron de inmediato a la casa. Se escuchó un gran escándalo: completamente golpeado sale uno de los sujetos. Yendo hacia donde Rarity, este le dice:
—Señora, ha sido complicado. Tiene suerte de ya no tener esa clase de animal en su casa. Su bandicoot está bien, algo arañado pero bien. Ese animal peludo ya no la volverá a molestar.
En una red de mariposas, ambas observan a un gato.
—¡Opal! —gritó la chica. El sujeto de control de animales se estaba llevando a su gato—. Ese no es el animal por el que los llamé.
—¿En serio?
—Era por esa cosa.
—Bandicoot.
—Esa cosa...
—Bandicoot —interrumpe de nuevo.
—La cosa que sea; por eso los llamamos. Luce peligroso.
—¡¿Peligroso?! Los bandicoots son criaturas omnívoras que sobreviven comiendo cualquier cosa que les pongas enfrente. Su nombre es peramelemorph, pero informalmente nos referimos a ellos como bandicoots. Son inofensivos marsupiales de otras tierras. ¿Qué mal puede hacer un animal así? Debería de estar agradecida de que el gato no lo haya lastimado. No se ven muchos de estos hoy en día.
—Pero... Opal.
—Su gata estará bien. Cuando le tratemos la rabia, le podrá recoger mañana en el refugio de animales.
—Pero... pero... mi gata.
Ambos suben a su carro y se largan con la gata. Rarity miraba como se alejaban. Desde la puerta, el bandicoot mira a ambas.
—Rarity... ¿Opal tenia rabia?
—No lo sé, Sweetie Belle...
—Bueno... ¿entonces Firulais se puede quedar?
Volteando hacia su casa mira al Bandicoot, diciendo:
—¡Tú! Hiciste que se llevaran a Opal, ¡lo pagarás! —tirando de él con su magia, este levitando empieza a moverse demasiado.
Concentrada en los pantalones de este, empieza a tirar algo en Crash que hacía que gritara de dolor. Una cinta blanca salía de sus pantalones. Con fuerza escucha como una tela se rompe. De eso unos trapos con forma de corazones salen de sus pantalones haciendo que el bandicoot se soltara.
Arrancando hacia el primer lugar que viera, corriendo lo que más podía hacia cualquier parte. De la tela que arrancó Rarity, podían verse unos símbolos.
—¡LO PAGARÁS! —decía mirando la tela. Esta observa un nombre. Mirándolo, grita otra vez—. ¡LO PAGARAS CRASH!
Universo A
"No debes preocuparte, Coco".
Eso fue lo único que decía el almirante ante la inquietud de la bandicut al descubrir que tal vez se encontrarían cara a cara con Crunch. Mientras trataba de descansar en su camarote, aunque le fue difícil ya que su compañera había armado una especie de pijama party, pensaba en la posible reacción que tendría el bandicut rojizo cuando la vea junto con alguien del lado del mal.
Crunch Bandicoot era alguien muy sobre-protector con sus hermanos así que posiblemente, y era lo más seguro, que mataría a golpes al Cyborg experto en robótica. Bueno, esa opción era muy extremista; tal vez le daría un merecido castigo por ayudar a poner en peligro al mundo en varias ocasiones. Pensaba en estas y otras posibles condenas, así como también, que sus explicaciones no serían escuchadas.
Mientras ideaba algún plan para evitar todo esto, Coco se quedó dormida…
—¡Despierta, despierta! ¡A levantarse, Coco! —gritó Pinkie Pie con cierta musicalidad en sus palabras, sobresaltando a la rubia, quien se cayó de la cama del susto.
—Diez minutos más, ¿sí? —dijo y volvió a la cama.
—Nopie. Dopie —no le permitió y sacó las mantas estirándolas con su hocico—. Vamos, Coco… Despierta que ya llegamos.
—¡¿Qué?! ¡No puede ser!
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Yo, Nathaniel Alejandro Gomez, les dejare el siguiente mensaje ahora
el tiempo de una difícil pregunta, el que me responda la pregunta se ganara un "no se que de no se cual"
y dice así
tu quieres una polera que cuesta 97 pesos, no tienes dinero, le pides 50 a un amigo y otros 50 a una amiga
compras la polera, 97-100=3
le das 1 a tu amigo tu amiga, mas el 1 que te dejas para ti, 49 y 49 = 98 + 1 que es tuyo =99
¡¿donde queda el uno que falta?
