No llevo más que algunos meses super obsesionada con snk y un poco menos con Eremika pero mi gusto por esta serie es taaan grande que no pude evitar desear escribir esto :P. No he leído mucho fanfics la verdad (la mayoría en inglés además y encontrados en tumblr) pero hay un montón de temas que me gustan y no he visto que se hayan tocado o interpretaciones que simplemnente no me gustan, entonces pensé en poner mi visión y deseos e ilusiones (?) aquí :3. Igual estoy super oxidada así que no tengo ni mucho orgullo ni muchas expectativas con esto.

Este fic contará la historia de Eren y Mikasa desde el momento que se conocen hasta que el "presente" (eso espero) poniendo harto énfasis en los años entremedio (cuando la vida era buena, su vida como refugiados cosechando la tierra, su entrenamiento) y sus relaciones con los demás personajes.

Puede que no haya mucho romance porque me trataré de apegar a lo canon lo más posible, y hasta el momento no estamos muy seguros sobre los sentimientos de Eren por Mikasa (igual puedo soñar y llevarlos conmigo), así que esop, espero les guste.

Disclaimer: SNK pertence a Hajime Isayama.


Hora de ir a casa

Era curioso como de vez en cuando su madre podía contarle historias sobre su herencia, de donde venía su gente y que ellas dos eran ya las últimas de su linaje, y luego le decía que ella algún día tendría su propia familia.

Lo daba por sentado.

Mikasa comenzó a creer que de mayor sería su responsabilidad no dejar que su herencia acabara con ella, aunque de algún modo sabía que cada generación que siguiese menos rasgos orientales tendrían. Su madre nunca le comentó eso, pero la niña podía sentir tristeza en la mujer cada vez que ponía el tema de su clan sobre la mesa.

La pequeña prácticamente no conocía a nadie, su mundo eran sus padres, y ambos lucían muy diferente el uno del otro. Ella había heredado mucho de la apariencia de su madre, lo que ponía muy orgullosa a la mujer, y hacia que Mikasa se preguntara si el día que llegase a tener sus propios hijos ellos lucirían como ella o no, pues sabía que todas las demás personas (aquellas de las que sus padres se escondían) eran tan o más diferentes en apariencia de lo que era su padre en comparación con ellas.

Aquel día que su inocencia fue robada, llovía, y como cualquier día de lluvia sus padres estaban en casa. Estaba feliz. Le encantaban estos días pues su padre no cazaba y su madre no trabajaba la tierra, ambos dedicándose completamente a ella. Temprano le dijeron que tendrían la visita del Doctor Jaeger y Mikasa luego de hacer un esfuerzo por recordar algo sobre aquel hombre se preguntó nuevamente como luciría el muchacho que la enamoraría, dado que los rasgos físicos del doctor eran muy diferentes a los de su padre ¿Qué tan diferentes podrían llegar a ser los demás?

Mientras ambas bordaban el emblema de su clan, su madre volvió a hacer mención sobre el tema que tanto intrigaba a la niña.

"Este bordado a estado por generaciones en nuestro clan. Se lo enseñaras a tus hijos cuando llegue el momento"

Con las palabras de la mujer dos cosas vinieron a su mente: ¿Cómo iba ella a conocer al futuro padre de sus hijos estando tan aislada? Y la otra ¿Cómo era que ella podría hacer bebés?

La primera ya la había preguntado antes, y a pesar de haber recibido una respuesta no muy satisfactoria decidió dejar esa pregunta para después y primero saciar la curiosidad de la otra interrogante que acaba de asomarse por su mente.

"¿Cómo se hacen los bebés?"

Nuevamente recibió no una sino dos respuesta que la dejaron en la nada y cuando creyó que talvés pronto recibiría una respuesta real luego del golpe en la puerta, todo se derrumbó y nunca más volvería a oír la voz de sus padres ni sentir su calor.

Ni siquiera supo que pasó con su padre, aparentemente se perdió algo porque su madre perdió el control luego de que este cayese al suelo y a gritos le pidió que huyese antes de ser atacada con un hacha que la hizo caer al suelo perdiendo grandes cantidades de sangre y se preguntó que cómo era eso posible, ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué todo era tan horrible? ¿Acaso esa era una manera de morir? ¿Como en esas historias sobre héroes que aniquilaban a los malvados con espadas para salvar a una nación o a una doncella, o como la incesante pelea de los humanos que salían de los muros a luchar contra los titanes quitándose la vida unos a otros? ¿Era eso? Pero… ¿Por qué sus padres?

Lo siguiente que supo ya no estaba en su hogar y yacía en un suelo desconocido, sus manos atadas, y carente de voluntad para hacer cualquier cosa ¿Qué punto tendría? No iba a intentar nada, y no sólo porque no la llevaría a nada considerando las circunstancias, sino que ¿Qué más daba?

Estaba sola en el mundo y un frio terrible la invadía de pies a cabeza, desde lo más profundo de su ser hasta la punta de sus cabellos. Un frio que no la dejaría ni estando expuesta al sol de un sofocante día de verano.

Ella ya estaba muerta. Y seguramente moriría varias veces más; parecía que querían su cuerpo en vida pues sonaba a que podría tener algún uso para alguien más. ¿Qué sería? ¿Importaba? Talvés. Puesto que la forma en la que se referían los hombres sobre ella le daba la impresión de que las cosas podrían empeorar a pesar de no entender nada a lo que se referían… le tomó algunos años más entender…

Y de pronto de la nada, volvió a pasar. Un golpe en la puerta, algo que no alcanzó a ver, un cuerpo cayó al suelo, una persona perdió la compostura acabando en el suelo mientras la sangre abandonada su cuerpo.

Sólo que esta vez los villanos eran los que habían caído, y un niño de su edad entre gritos y lágrimas había sido el responsable de llevar a cabo la tarea.

¿Qué era toda esa rabia? Se preguntó ¿Quién era ese niño?

Una vez el joven terminó de clavar repetidamente el cuchillo en el cuerpo sin vida de uno de aquellos hombres, secó las lágrimas de su rostro y calmó su agitada respiración antes de dirigirse a ella para ayudarle, ella sabía, no le tenía miedo, ya que por más extraño que parezca, el niño junto a ella la observó de tal manera que casi le hizo pensar que nada malo había pasado, que no había hecho lo que acababan de ver sus ojos; y sus palabras sonaban tan casuales como cualquier conversación de la que ella había formado parte. Su nombre, Eren Jaeger.

Pero ellos eran tres y lo recordó demasiado tarde.

El joven estaba perdiendo el aliento frente a ella, muriendo frente a ella, haciéndola sentir miedo nuevamente. Mas Eren le habló, y a diferencia de las palabras de su madre, él la alentó a luchar, no a huir, a luchar por su vida, por ganarle a esos hombres, y salir de ese lugar con la vida que sus padres le habían dado, dándose cuenta que toda su vida había evadido la realidad, que el mundo siempre había sido así de cruel. Donde se tiene que luchar para sobrevivir, pues los débiles son devorados por los más fuertes.

Algo despertó dentro de ella e inmediatamente supo que podría hacer lo que se propusiera. Ella era fuerte.

¡Pelea!

Ambos salieron de la cabaña donde había estado captiva por aparentemente algunas horas. Era de tarde y hacía frio. Eren le dijo que sería mejor esperar en el lugar, su padre llegaría con la policía (que en realidad ya no tendrían mucho que hacer). Ella aceptó a pesar de que no sabía para que esperar. No tenía sentido.

Decidió ahorrase las palabras.

"Tienes frio" no fue una pregunta pero ella asintió y él prendió una pequeña fogata para que al menos calentara sus pies, y para que el humo indicara su ubicación y su padre llegara rápido, dijo él.

"Lo siento" pronunció luego de un largo silencio y esta vez lucía como si el peso de sus acciones cayera sobre sus hombros "Llegamos muy tarde" se sentó en el suelo y abrazó sus rodillas "se merecían lo que hice ¿Cierto?" susurró para sí mismo mientras escondía su rostro pero Mikasa le oyó de todas formas sintiendo algo de culpa, no segura del porqué.

Los rayos del sol desaparecieron y poco después el padre de Eren junto con la policía llegaron al lugar.

"Eren, la encontraste" exclamó el hombre casi sin aliento. Estaba temeroso, como si presintiese que algo terrible había sucedido "¿Qué pasó…?"

"Están dentro" indicó el niño y Mikasa notó que algo en la forma en la dijo esas palabras revelaron algo al hombre, pues su rostro morfó a una terrible expresión que no pudo descifrar. "Peleamos" añadió dirigiendo su mirada hacia ella.

A Mikasa no le importó lo que pasó de ahí en más, pues aún tenía frio y el sentimiento de que siempre iba a ser así persistía, y ni el abrigo que fue depositado en sus hombros en algún momento de la conversación que sostenían los demás ni la fogata que iluminaba su alrededor hacían alguna diferencia.

En un momento oyó al muchacho decir con la voz quebrada que quería salvarla y se preguntó por qué querría él hacer tal cosa, estuvo a punto de costarle caro y ni siquiera se conocían.

No deseaba hablar pero ya no podía sostener aquel sentimiento de soledad por más tiempo. Ya no tenía un hogar donde protegerse del clima, ni donde recibir cariños y abrazos, donde comer algo caliente y compartir sonrisas, ni descansar mirando hacia el cielo preguntándose qué clase de futuro brillante podría tener. Tenía tanto frio.

Y de pronto su cuello y rostro fueren envueltos por un calor que las otras cosas fallaron en darle.

"Es cálido ¿Verdad?" Dijo Eren mirándola directo a los ojos, se veía algo avergonzado, pero su seño estaba fruncido. No había actuado con delicadeza, pero sus penetrantes ojos y la tranquilidad en su voz la hicieron sentir a salvo de verdad por primera vez desde que la muerte golpeó a su puerta.

"Sí, lo es" y cuando él tomó su mano y le dijo que era hora de ir a casa el calor en su rostro se expandió por todo su cuerpo. Su corazón latió de una manera que la hizo sentir como si volviera a la vida. Y unas lágrimas recorrieron sus mejillas con tal alivio pues creyó que en este mundo, donde sus padres vivieron escondidos en las montañas, no había un lugar para ella y que esa soledad de la nunca se había dado cuenta la consumiría.

"Vamos a casa"


:)