Universo 1
Caminaba por aquí y por allá. El Bandicoot no hallaba qué hacer. Las máscaras estaban reunidas en el centro, jugando a las cartas.
Ya se estaba volviendo raro. Por lo general no demoraba tanto en hacer las cosas. Parecía no pillarlo bien en donde estaba. "¿Por qué esta tardando tanto? ¿Deberé de buscar alguna cosa?", pensó este, mirando una alcancía. Este no sabía qué pensaba pero la curiosidad le hace revisar en su interior. Viendo adentro un par de gemas, este al tenerla en la mano, se la queda observando un buen rato.
—¿Qué es eso, Crash? —dijo Lari Nani.
Este miraba las gemas, pero las tira al suelo. Las observa un rato más pero estas no se levantan. Mirando un buen rato, este algo se le pasa por la cabeza.
—¿En qué estas pensando, Crash? —preguntó Grimpi el cual observaba al bandicoot que tenía la cara llena de riza.
—Creo que nada bueno —dijo Firi Majuju.
Crash sale de la casa saltando por la ventana al suelo, cayendo de pie y empezando a correr hacia cualquier parte.
—¿Deberíamos seguirlo?.-
—Da igual. Él es mucho mejor que Zecora en muchos aspectos.-
—Sí, y en muchos sentidos.-
—Oye, ¿recuerdas cuando ella estaba preparando esa sopa?.-
—Sí; olía horrible.-
Mientras que estos charlaban en la habitación, Crash miraba hacia todas partes, pensando en que tenía que buscar gemas de poder para irse de este lugar.
Por el otro lado, en la gran pradera de diamantes, estaba un grupo de perros de diamantes, los cuales salían de su mina de diamantes.
—Ya no hay más gemas.— avisó uno de ellos.
—Sí, estoy harto de buscar esas gemas.— Qué bueno que ya no hay más.
—Sigan buscando, recuerden que esas preciosas siempre están en todas partes.— ordenó otro.
—Oye, ¿y si vamos y robamos las gemas en el pueblo?.—
—¿Ir al pueblo? ¿Cómo saquearíamos al pueblo?.—
—Picotas, palas y huesos rotos. ¿Qué más?.—
—Buena idea. Sabía que en esa cabeza podía haber algo más que aire.—
—Gracias... ¿Qué?.—
El grupo de perros empiezan a tomar algunas de sus herramientas para ir al pueblo para empezar el saqueo.
Crash iba por el pueblo, olfateando el suelo buscando algo, a lo perro tirado en el suelo en cuatro patas. Olfateaba la tierra buscando la gema. Mirando hacia una tienda, sólo miraba más dulces y nada más. Pasando de alto el dulce olor, este siguió buscando por los alrededores.
Mirando su alrededor detecta un olor que estaba buscando. Mirando la vitrina de una tienda, vio un vestido con muchas incrustaciones de gemas y no sólo en la tela, sino en todas partes del traje, pero eso no era lo que le importaba. Mirando hacia adentro, miraba una gema flotando, flotando encima del suelo. Con los ojos tan grandes como platos, este abre la puerta, mirando esa gema flotando una pony se lo queda mirando.
—¡Tú! ¡Rara imitación de marsupial! ¡Por tu culpa se llevaron a mi preciosa Opal! ¡Ya veras lo que pasa! —dijo esta chica enfurecida.
Por su parte, Crash la ignoraba, solamente miraba la gema que estaba flotando. Ella se retiró de la sala y la gema cae al suelo. Crash no perdió tiempo en recogerla y salir de la tienda. Al salir del lugar, este choca con una especie de perro el cual le dice:
—Ten más cuidado, chico. ¿Qué hay en esa tienda?
—¿Eñia? —dijo el Bandicoot.
—Nunca te había visto en la manada. ¿Eres nuevo? Porque parece que sí. ¿Cómo te llamas? —Crash no le entendía bien a ese gran perro, pero este le mira lo que sostenía en la mano y le dice—: Genial, encontraste una gema. ¿Hay más? ¿De dónde la sacaste? ¡Escuchen todos! ¡El nuevo encontró gemas!
De inmediato se acercan muchos más como él. Estos llevaban palas y picotas con lo que parecían mineros, pero perros.
—Debe de haber más en esa tienda, ¿crees que deberíamos entrar?
—Pos claro. Si no, no sería un saqueo.—
Entrando en grupo hacia la tienda estos observan muchas prendas y cosas con muchas gemas, los adornos con gemas estaban en todas partes
—Jefe. El nuevo a pillado la grande.— el jefe voltea a verlo y le dice a Crash —hijo tu vas a llegar bien lejos.— dando unas palmaditas en la espalda del chico
Mientras estaban tomando las gemas la pony blanca sale con una escoba y muchas cosas mas para arrojar al Bandicoot, pero al ver la manada de perros de diamantes que estaban en la tienda deja caer todas las cosas al suelo
—Pero si miren, es la busca joyas ¿la recuerdan?.— dijo aquel perro —¿chicos esta aquí? ¿que hacemos?.—
El jefe solo se tapa la cara y le responde —si sabe buscar gemas llévenla de prisionera...— en un tono de decepción por la falta de sesos de sus colegas
Rápidamente amordazan a Rarity y la atan y la cargan. Llevada al hombro de uno de esos perros esta iba mirando el camino —Oye nuevo ¿vienes?.— dijo aquel señalando a Crash
El solo dice que si y les sigue
Caminando detrás del que llevaba a Rarity este la escucha —Sabia que algo tenias que ver, odiosa criatura y fenómeno ¿me escuchaste? ¡suéltame! ¡¿Me haz escuchado?! ¡Suéltame! ¡Sabrán quien soy Yo! ¡Soy la gran diseñadora Rarity! ¡¿me escucharon?! ¡Suelten me!.— Gritaba ella, el perro que la estaba llevando no podía dejar de escucharla, recordando por que era que la soltaron esa vez —Jefe ¿si la soltamos?.—
—¡No! la necesitamos, aun que sea una chillona.—
—no aguantamos sus quejas. Si no se le ocurre nada vamos a tener que elegir un nuevo jefe.—
Este gran perro estaba pensativo, no sabia que hacer para hacer callar a esa pony que no se callaba nunca, este mirando a Crash el cual estaba tranquilo siendo que estaba detrás de la Pony —Pss... Chico nuevo ¿como puedes estar tan relajado?.—
Dijo este, pero el nuevo parecía estar ignorándolo, este lo pesca del pescuezo y lo levanta —¡no me ignores!.—
dijo este —Ahh...— dijo el nuevo, el cual se saca algo de los oídos cual no le dejaba escuchar
—¡Tapones para los oídos! ¡Que gran idea! ¡Todos! Colóquense tapones para los oídos, así no escucharan a esta chica.—
Todos se sentían aliviados al ya no escucharla, el jefe se para junto a Crash y le dice en el oído —Chico, ya lo habré dicho antes pero llegaras muy lejos aquí.—
Dándole otras palmadas en la espalda al chico
Universo A
—Y… ¿Qué es lo que va a pasar? —preguntó Coco al almirante mientras que Pinkie Pie brincaba por todas partes.
—Vamos a votar… —decidió N. Gin con seguridad—. Todos decidiremos si se realizará o no una fiesta.
—¡Esa es la peor idea que he escuchado! —gritó con furia la rubia—. ¡Obviamente que votaré en contra!
Por su parte, el Cyborg no respondió a esa agresión y solamente le mostró una sonrisa de lado. Él ya había tomado una decisión y, por esto, salió del taller para ir a la cabina de control. La bandicut lo seguía, tratando de convencerlo de no hacer esta locura, según ella, pero también estaba por custodiar a la pony, quien iba detrás de ellos, muy sonriente y saltando como siempre.
Después de pasar por los pasillos metálicos, los tres llegaron a dicho lugar, y la rosada le llamó la atención la cantidad de botones y pantallas que había allí. Luego de que el almirante le pidió a la pony que no tocara nada, se acercó al micrófono para anunciar las nuevas noticias a sus marineros. A pesar de los pedidos de la rubia para evitar esa votación, N. Gin ya estaba listo para hablar.
—Atención, por favor. Todos los tripulantes de este acorazado pueden participar de una votación en el cual se decidirá si se llevará a cabo o no una fiesta por haber terminado el Psicotrón mejorado.
—¡Así que participen y voten a favor de hacer una súper fiesta! —exclamó Pinkie Pie una vez que se apoderó del micrófono—. ¡Vamos! ¡Voten por una fiesta que seguramente se la merecen! ¡Sí!
—¡No voten por hacer esa fiesta! —dijo Coco cuando logró sacarle el dispositivo a la pony—. No hay nada qué festejar porque el trabajo no se ha terminado. Así que sean conscientes y no permitan que esta fiesta se realice.
—… Bueno; piénsenlo bien y los cubículos de votación estarán en el salón de usos múltiples —anunció el científico y allí terminó el mensaje.
Acto seguido fue armar todo lo necesario en ese salón, así que ellos tres fueron a ese lugar. Coco estaba más que enfadada y sólo esperaba a que los rinocerontes ni su propio hermano caigan en la trampa de la potranca. Aquella estancia era muy amplia, casi completamente vacía de no ser por un escenario con instrumentos musicales, una mega pantalla de plasma y un gran equipo de sonido cerca de este. La pony se imaginaba que ese lugar era perfecto para una fiesta.
Una vez que todo estaba listo, la bandicut fue la primera en votar, completamente molesta por esta situación. Rápidamente, los primeros rinocerontes marineros comenzaron a llegar y, entre ellos, estaba el marsupial de pelaje rojizo. Al cabo de una hora, todos los tripulantes del buque de guerra dieron su opinión y todos se quedaron en ese lugar a la espera de los resultados. Mientras esperaban, Pinkie Pie ofreció un brunch con las elaboraciones de la pastelería en la que trabajaba.
Los resultados se volcaron en la notebook del almirante y Coco vio la expresión de sorpresa en él. Luego, el científico se acercó al micrófono para terminar con el misterio. Luego de darle unos golpecitos al aparato para cerciorarse de que funcionaba bien, N. Gin estaba listo para hablar, mientras que Coco, que estaba allí cerca, no sabía qué cara poner.
—Antes de hablar, quisiera decir unas palabras —bromeó el Cyborg pero la anaranjada no estaba de humor para bromas con lo que fue la única que no sonrió—. Gracias a todos por participar y los resultados muestran que ganó el…
En ese momento de intriga, la bandicut quería matar al único humano del barco por dejarla en ese estado de nerviosismo. Ella sólo esperaba a que los rinocerontes hayan votado negativamente puesto que ellos no se veían como acostumbrados a las fiestas por la cara de pocos amigos que tenían. También esperaba lo mismo de su hermano y del Cyborg ya que, si no ocurría lo que ella quería, no sabía si podía confiar en ellos.
—Ganó el sí —anunció el almirante mientras aparecía en pantalla los gráficos de los resultados.
El gráfico de barras mostraba que el 99 por ciento estuvo de acuerdo con la fiesta y todos se veían felices, aún más en la pony, quien comenzó a saltar por todo el escenario y tomó el micrófono para hablar, o mejor dicho, para gritar.
—¡Haremos una fiesta y será la más grande que se hizo en este barco! ¡Sí!
De fondo, empezó a sonar música electrónica y aparecieron unas luces de colores. Los rinocerontes, hasta incluso Crunch y N. Gin se lo veían conformes a la decisión. Pero estos últimos se habían olvidado de una cosa; de algo o precisamente de alguien importante: de Coco. Cuando se dieron cuenta, notaron que la chica estaba desmayada en el suelo del escenario, posiblemente por la sorpresa que escuchó recién.
—¡Coco! ¡Coco! ¡Coco! —exclamó el almirante mientras trataba de levantarla del suelo.
—¡Coco! ¡Coco! ¡Coco! —gritó el rojizo corriendo a toda prisa hacia el escenario, abriendo el paso entre el grupo de rinocerontes.
Por su parte, la chica tenía una expresión de horror en su rostro y aún seguía inconsciente. Las sacudidas que le daba su hermano no funcionaban con lo que Pinkie Pie decidió intervenir. De la nada, ella saca un vaso con agua y arroja el líquido a la anaranjada. Esto funcionó pero también salpicó a los dos que tenían partes mecanizadas.
—¿Qué pasó? —preguntó Coco cuando pudo recuperarse un poco.
—Te desmayaste —respondió su hermano.
—¿Qué? ¿Por qué?
—¡Porque vamos a hacer una fiesta! ¡Fiesta! ¡Fiesta! ¡Fiesta! —gritó la potranca con felicidad y, al escuchar eso, la rubia volvió a desmayarse.
¡Que buen capitulo el día de hoy! ¿no?
algunos me decían. Crash y los Diamond Dogs entonces ¿por que no?
