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Universo 1


—¡Crash! ¡Crash! ¡Crash! ¡Crash! — Repetían a gritos los perros de Diamante, postrados ante el nuevo líder, en las minas los perros de diamante empezaban a salir de ellas, cargando todos sus herramientas, dejándolas todas en la superficie, unos iban y volvían, trayendo consigo arboles, madera y metales como acero, hierro y aluminio.

— Señor Crash, hemos estado pensando en construir la aldea no tan lejos de la mina, así podríamos conseguir mas cosas que necesitemos después. — Dijo el perro viejo. Crash solo rascaba su melena y solo dijo — A ha.
—Entonces estamos bien, Chicos, tenemos su aprobación.

De inmediato los perros empezaron a cavar y trabajar la tierra, de inmediato hicieron los agujeros y en ellos empezaron a poner la madera para crear los cimientos de un nuevo pueblo. El cual estaba por encima de la expectativa de los demás.

—Señor Crash ¿que hacemos con la prisionera?

Crash miraba al sol y con ello se tapaba los ojos, la calor que tenia empezaba a crear el sudor en su cabeza, las moscas llegaban de inmediato con lo que a el le molestaban, echándolas con la mano el perro le entendió
— ¿que se vaya y que no vuelva nunca mas? umm... parece una buena idea... convertir esto en un lugar solo para perros... una sociedad para todos nosotros... Puede funcionar. — Dijo este, confiando en la "decisión" de su líder.

—Compañeros Canes, Perros y Chicos. Por siempre hemos vivido bajo las mismas reglas, nuestro líder piensa que merecemos algo mejor, que merecemos nuestro propio sitio, nuestro reino, puede que suene imposible, pero juntos podemos lograrlo, ¡que levante la pata los que están con nosotros! — Grito el perro, de inmediato como una gran comunidad todos gritaron a favor de la nueva sociedad de perros.

Todos estaban ya animados para empezar el reino pero había un problema, Donde estaban no habia muchos materiales, solo tierra, pradera y poca madera — Señor Crash... tenemos problemas, no hay con que construir, tampoco podemos viajar hacia otro sitio, no tenemos los recursos para poder movilizarnos. — Dijo aquel perro.

Tan pronto que lo dijo Crash miro hacia el cielo, al mirar arriba una gran figura sobrevuela a los perros, como una sombra veloz este pasa por encima de todos — Señor... ¿eso era un dragón?

Crash mirando al dragón que los sobrevolaba este solo se sentó en su silla, pensando un momento el perro viejo le comenta — no creo que venga hacia acá solo por la vista, debe de estar buscando gemas, suelen comerlas pero últimamente los ponys la han explotado y no hay muchas en estos sitios, solo lo que tenemos nosotros. — Dijo el perro, Crash procesando lo dicho se le ocurre algo, sacando una gema este bandicoot hace reflejo con el sol, haciendo ceñas a lo lejos al dragón, de inmediato al hacerle las ceñas un dragón gigante que media mas de trece metros de altura baja del cielo en frente del bandicoot, el gran Dragón estando frente al pequeño marsupial hace un gran rugido con lo que aclara su garganta y le dice con su mejor voz — Hola, mucho gusto, pasaba por aquí en búsqueda de gemas, y para mi infortunio no e podido encontrar, ninguna, pero por lo visto tu has hallado un diamante, debo de admitir que encontrar de esos es bastante complicado hoy en día, y por lo que me has llamado supongo que no es para que me lo des así como así. Te escucho pequeño perro. — Dijo cordialmente el Gran Dragón


Universo A


Coco, Crunch, Pinkie Pie, Nina y N. Gin salieron a ver el lugar a donde habían llegado y lo que tenían en frente se trataba de una isla que les recordaba al hogar de los bandicuts. Los marsupiales creyeron en esto pero al notar algunas diferencias, como la ausencia de la piedra en forma de cráneo y de que esta estaba rodeada por arrecifes de coral, esta idea se desvaneció. El momento de quietud fue interrumpida cuando la pony gritó con su particular energía.

—¡Quiero ir a explorar! —exclamó y se alejó de ellos a toda velocidad para dirigirse hacia los botes salvavidas.

—¡Espera, Pinkie! —vociferó con enfado la chica rubia pero, esta vez, no salió tras ella sino que se quedó gruñendo.

Mientras tanto, la rosada se subió al bote y se quedó esperando a los demás dando unos pequeños saltos. Al poco tiempo, los bandicuts y los Cyborg se aproximaron a la saltarina y, desde luego, la anaranjada la veía con cara de pocos amigos. Como la potranca veía que nadie se subía, decidió saber qué les pasaba.

—¡Vamos! ¿Por qué no suben? ¡Nos espera una gran aventura! —dijo sin dejar de sonreír.

—Pinkie Pie… —comenzó diciendo el almirante—. Esos botes son para emergencias, además, primero hay que prepararse para la expedición.

Okie. Dokie. Lokie —exclamó la pony y, de un salto, salió de donde estaba.

Fue así que los cinco regresaron al interior del acorazado y cada uno se fue a su habitación para prepararse para viajar. En el caso de Coco y de su compañera de cuarto, Pinkie Pie, la primera no sabía qué llevar aunque no se iba a olvidar de su preciada laptop color rosa. Por ello, la puso en una mochila así como otras cosas. En cuanto a la rosada, ella no llevó nada, excepto el traje de expedición que tenía puesto.

"Debería pedirle a Pinkie que lleve los equipajes, tal como una mula de carga", pensaba la rubia y soltó una breve risa.

—Así es, Coco. Sonríe —comentó la pony y se puso a cantar una canción sobre el asunto.

"¡No!", se dijo la rubia enojada con si misma. "No debí reírme; ahora tendré que soportar sus tontas canciones".

Con esa misma canción, la cantante acompañó a su compañera de cuarto hasta el punto de reunión que habían establecido. Coco no se lo esperaba, pero ellas resultaron ser las últimas en incorporarse al grupo. Ahora que ya estaban listos, ellos se subieron a una lancha, acompañados por dos rinocerontes marineros. El lugar donde estaba el acorazado era algo lejos de la isla, así que el viaje hacia allá duró un tiempo largo; más aún para la bandicut quien estaba más que harta de la pony.

A pesar de esto, Coco trataba de distraerse admirando el paisaje de aquella isla. Al cabo de un tiempo, la lancha tocó tierra o, mejor dicho, las arenas blancas. Los rinocerontes fueron los primeros en bajarse para acercar y encallar la embarcación. Luego siguió la pony que, de un salto, se bajó y se dispuso a jugar con la arena con sus cascos.

—Llegamos en buen momento —comentó el Cyborg—, porque aquí no se permiten muchos visitantes.

—Y… ¿En dónde estamos? —preguntó el bandicut una vez que ya estaba en tierra.

—En la isla Lord Howe, en Australia —luego se dirigió a los demás—. Espero que tengan energías para caminar porque no hay otra alternativa.

—¿Cómo que no? —protestaron Nina y Coco a la vez.

—Sólo hay una calle, así que las personas se transportan en bicicletas en su gran mayoría.

—Que lugar más raro… —observó Crunch—. Aunque se parece a la isla N. Sanity.

—¡Ya quiero ver que hay en la isla! —gritó Pinkie Pie y salió corriendo, siguiendo un sendero.

Los demás tuvieron que seguirla, excepto los rinocerontes que se quedaron cuidando la lancha. La potranca se alejó de ellos a gran distancia pero, por suerte, ella se detuvo, esperando al grupo. Los primeros habitantes que pasaban por ahí vieron sorprendidos a la pony y a su particular color. Ella, por su parte, sólo saludaba y sonreía de oreja a oreja. Cuando los demás alcanzaron a la rosada, el almirante logró convencerla de no volver a alejarse.

En cuanto a Coco, ella tenía cierto temor ya que no tenía mucho contacto con seres humanos, y esto le llevó a pensar que habría problemas. Su hermano estaba más acostumbrado pero ella se mostraba más arisca. Por otro lado, Pinkie Pie se la veía muy confiada y saludaba a cada persona que veía. La verdad es que N. Gin tenía razón: la caminata se estaba haciendo algo larga y la rubia ya comenzaba a cansarse.

—¿Falta mucho? —preguntó la anaranjada aunque no quería hacerlo.

—Más o menos —respondió N. Gin—. ¿Acaso ya te cansaste, Coco?

La chica no quería admitirlo, por eso no respondió nada pero sí se cruzó de brazos, en señal que no daría ni un paso más. Los demás se detuvieron pero la pony ya tenía una idea en su cabeza y, por lo tanto, lo gritaría a los cuatro vientos.

—¡Picnic en la playa! —exclamó con alegría y corrió a toda velocidad hacia ese lugar.

Los demás tuvieron que seguirla aunque no podían alcanzar esa velocidad. Cuando llegaron, no sabían cómo pero ya estaba armado todo lo necesario para un picnic. Ellos no tenían otra opción que comer y descansar por un momento. El paisaje era único: la playa tenía forma de media luna y el color del mar era aguamarina. Después de un momento, cuando ya todos terminaron y mientras que la pony jugaba con la arena y correteaba a las aves marinas, el almirante dio por finalizado el descanso.

—Tenemos que seguir adelante.


Universo 1


Muchos Dragones estaban en la pradera, cada cual en su propio terreno, esos esperaban a otros cuales traían gigantescos arboles los cuales otros dragones cortaban y separaban la madera, otros llevaban a pie grandes rocas cuales derretían con el fuego para crear el preciado metal que ayudaría a construir la gran civilización, con acero creado y piedras labradas, cimientos que crearían una gran nación. Los Dragones hacían los materiales y los perros trabajaban armando lo que era necesario, las casas y mas edificios, tan pronto que terminan el primer edificio estos se ocupan del siguiente, nadie paro, incluso Crash intentaba de hacer algo, el perro viejo que le miraba le dice con gran orgullo — Señor Crash, para mi y todos los perros sera un orgullo llamarlo Rey.

Crash esconde un poco la cabeza ya que eso parecía algo avergonzado, una vez armado los edificios todos pusieron garras y patas a la obra en el castillo, gran palacio hecho de piedra labrada y colocada tan cuidadosamente para soportar cualquier tipo de tempestad, Arduo trabajo de los dragones y los perros, pero todo el esfuerzo a valido la pena, las casas, los edificios, el castillo, estaba todo
— Muy bien señor Crash, creo que ahora si tenemos que entendernos. — Dijo el gran dragón

—A si sus honorarios. — Dijo uno de los perros, haciendo una seña con lo que entrar varios perros con vagones repletos y desbordándose de gemas
— Creo que este a sido el trato mas enriquecedor que hemos hecho. — Dijo el dragón, el cual iba con todo su grupo tomando cada uno un carro y yéndose.

Todos miraban hacia aquel reino construido encima de la tierra, tan pronto construido quedaba la siguiente pregunta — ¿Ahora que?
—Supongo que ahora hay que dedicarnos a nosotros mismos.

Planteando la idea principal del reino estuvieron pensando en que es lo que se debería hacer — Bueno, si hay un Reí debería de decirnos que deberíamos de hacer ¿no?

De eso todos miran a Crash el cual solo se hurgaba la nariz, todos atentos a que es lo que se debería de hacer ahora, después de limpiarse en su pelaje este solo los queda mirando, rascando un poco su trasero como un sujeto sin clase ni decencia estos parecían estar comentando algo, al rascar un poco su melena este saca de su bolsillo una pelusa — Señor Crash... si le pudiera recomendar algo... ¿por que no nos dedicamos a la minería? digo, tenemos mucho de esos recursos y a la vez no tenemos de los otros, digo, el comercio ¿que le parece? así seguimos con la educación de los chicos para que no vivan solo de la minería, así escuelas y después con lo demás ¿le parece bien? — Dijo el perro viejo, con lo que Crash solo levanta su pulgar

— Ya chicos, a trabajar, crearemos nuestro propio comercio, después nos dedicaremos a algo mas.

Los perros parecían estar meditando un poco las ordenes pero tan pronto pasado los siete segundos todos se fueron felices ya que parecía que estaba bien las ordenes dadas, ya que por algo decidieron un Rey.


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