Universo A


Varios días… Eso es lo que tenía que pasar para tener en su poder al siguiente cristal. Coco Bandicoot se había arrepentido por un momento en seguir viajando en el barco más lento del mundo pero no tenía otra opción. Había pensado en contratar un avión, sin embargo, no tenía el dinero ni la paciencia al estar acompañada todo el tiempo por Pinkie Pie. Bien podría dejarla a su suerte pero la necesitaba en el momento del intercambio por su hermano.

Por un lado, todo estaba bien: el Psicotrón ya estaba listo, ya tenían un cristal (sólo faltaban tres más), estaba acompañada por su hermano Crunch y demás aliados, y pronto traerían a Crash de vuelta. En esto pensaba la rubia para animarse ya que, casi siempre, la pony la sacaba de quicio aunque, menos mal que la última tiene muchas distracciones: molestar a los demás y recorrer el buque de guerra de principio a fin.

A pesar de todo, aquellos días pasaron rápido, y el almirante dio la noticia que estaban muy cerca de su destino: Nueva Caledonia. Así que, luego de prepararse cada uno sus cosas para el viaje, los bandicuts, los cyborgs y la pony inquieta fueron hacia la nueva zona de búsqueda.

—Espero que sea un lugar bonito —comentó Nina algo enfadada mientras que los demás se dirigían al bote.

—Mientras que no haya que caminar tanto… —se quejó Coco.

—¿Aún siguen pensando en eso? —preguntó N. Gin—. Pero si descansaron por todo estos días… Bueno, sí vamos a caminar pero, esta vez, no será mucho.

—¡Ya quiero ver el nuevo lugar! ¿Cómo será? —exclamó Pinkie Pie entusiasmada mientras se subía a la embarcación de un salto.

De nuevo, otros dos rinocerontes marineros acompañaron al grupo pero, esta vez, eran distintos. Ellos se acercaban poco a poco a una isla, y vieron que había un montón de islas más pequeñas cerca de esta. Fue un largo tramo en el bote pero la pony animaba el momento entonando canciones del mar, cosa que fue insoportable para la bandicut.

Luego de un tiempo, ellos pararon en una playa de blancas arenas pero la rosada fue quien se bajó primero de la embarcación. Mientras que los demás desembarcaron, excepto los dos rinocerontes, la pastelera hacía pozos en la arena. Eso último les recordó a los marsupiales a su hermano desaparecido.

—¿Listos para seguir? —preguntó el almirante con lo que los demás asintieron.

Okie. Dokie. Lokie —contestó y se puso a caminar o, mejor dicho, a brincar como siempre.

Por un largo tiempo, el grupo caminó por la playa y la rubia pensó que bien podrían haber seguido con el barco ya que estaban cerca del agua. Esto fue comunicado con mala gana al cyborg.

—Es por el nivel del agua; está muy bajo con lo que se podría dañar y luego tardaríamos en repararlo.

Por eso, la potranca iba chapoteando en la orilla y, de vez en cuando, salpicaba a los demás. Eso fue más o menos aceptado ya que hacía mucho calor, pero no fue el caso de la anaranjada, quien fue la que recibió más agua. Por suerte, ella no había llevado su laptop. A cabo de un tiempo, N. Gin, quien no se dejó mojar, anunció que no había que continuar más.

—¿Por qué? —preguntó Crunch.

—Porque el cristal está sobre esa pequeña isla en forma de hongo —explicó mientras señalaba a dicho lugar—. ¿Quién se atreve a ir por él?

A ellos les costaba tomar una decisión ya que había que nadar y escalar. Se miraron las caras o, mejor dicho, miraron hacia otro lado, haciéndose los distraídos.

—¿Y por qué no vas tú, N. Gin? —consultó Coco.

—… Porque… no sé nadar.

Eso le pareció algo raro para quien se pasa gran tiempo dentro del mar, aunque sea en un enorme barco. Ella iba a preguntar más pero Nina interrumpió su interrogatorio.

—Yo iré.

Y con eso, la estudiante de la Academia de madame Amberley, se quedó sólo en traje de baño y se encaminó a esa pequeña isla. Cuando llegó allí, ella estiró sus manos y fácilmente pudo quedarse en la cima. Una vez allí, la chica le tenía noticias.

—¿Qué te pasa, N. Gin? Aquí no hay nada.

Los demás miraron con cara rara al mencionado, quien sacó de su mochila una notebook.

—Esto es muy extraño… dijo mientras que presionaba unas teclas —. Ya sé lo que pasa…

—¡¿Qué?! —gritaron todos al mismo tiempo.

—Olvidé actualizar el programa. El cristal está en… ¿Cerca de una tribu?

—¿Tribu? ¿Hay nativos aquí también como en la isla N. Sanity? —preguntó Pinkie Pie.

—Sí, no queda lejos. Vamos hacia allá.

Fue así que los cinco retomaron la caminata, de nuevo yendo por la playa. El fuerte sol del mediodía los obligó a salir de allí y adentrarse al bosque de palmeras. En ese lugar, aprovecharon para descansar y comer algo. Las cosas que se habían olvidado traer, la pony las hizo aparecer mágicamente, como una jarra con jugo con hielo y sus infaltables cupcakes para el postre.

Pero aún ellos tenían mucho camino por seguir…


Con una investigación a lo Sherlock Holmes, el doctor Neo Cortex fue averiguando, por medio de su dirigible, los lugares donde fue el acorazado de N. Gin y así encontrar a su querida sobrina. Difícilmente descubrió que aquel estuvo cerca de la isla N. Sanity. Fue así, porque tuvo que secuestrar por un rato a uno de los indígenas ya que sabía bien que él no era bienvenido a esas tierras.

El pobre nativo tuvo que confesar a punta del rayo paralizador que el barco estuvo allí hace unos días y que se llevaron a dos chicas raras. Pero aquello no duró mucho ya que el resto de la tribu se había dado cuenta y echaron a Cortex con una lluvia de lanzas. Por poco no quedó como la otra vez: atado a un tótem y esperar a que alguien lo libere. Algo rasguñado llegó a su dirigible y se encaminó hacia otra pista.


Universo 1


Habían pasado unos días desde el mensaje de Twilight. Celestia desde su telescopio observaba la actividad de todos esos perros de la pradera. Poco a poco crecían mas edificios. Tenían ya casa de baños. Hospital. Escuelas. Una universidad. Un centro de comercio con el cual estaba se había instalado un Changueling del extranjero — Esto ya parece peligroso. — Dijo la princesa. Mirando mas aquel lugar vio la actividad de los perros. Una gran cantidad de perros llevaban unos trajes los cuales eran idénticos. Parecían soldados.

Jugando con sus pulgares estaba aquel Bandicoot dueño de tan grande reino creado en menos de una semana, Naughty Dogs estaba creciendo demasiado rápido. — Señor... Los perros terminaron de hacer la primera marcha, la gente esta entusiasmada con el evento. A todos les gustaron. ¿por que parece tan concentrado señor? ¿en que esta pensando? — Crash seguía jugando con sus dedos.

A las horas siguientes Crash esta acostado haciendo su siesta de dos horas antes de la merienda. — Señor. Disculpe que le moleste pero... creo que tiene que venir a ver esto. — Dijo aquel sirviente.

Tras ir hacia donde le habían solicitado llego hacia otra sala multiuso. Ahí viendo a una tropa de ponys de la armada de Equestria. Los cuales iban con un interprete el cual llevaba un pergamino. Al estirarlo este trago un poco de aire y con su imponente voz dice — Por proclamación real de la princesa Celestia, pide exactamente a su líder. Que desmonte este lugar y disipe su ejercito. Su actual evolución establece una amenaza la cual puede traer ciertas consecuencias a su bando. Exigimos que se vayan y no regresen a estas tierras jamas. — Dijo el mensajero.

Los perros le quedaban mirando extrañados por la tal proclamación de la princesa de Equestria. Crash miraba a su sirviente con lo que le hace una seña de pregunta. Con lo cual le responde. — No lo se señor. —
Crash se rasca la nariz. Luego la espalda baja para no decir su trasero y se retira del lugar. Ignorando a esos ponys.

Tras dos horas de regresar al palacio, el mensajero de la princesa Celestia vuelve sin novedades.
— ¿No a dicho nada?
— Se fue princesa. Se rasco la nariz y luego su espalda baja y se retiro del salón.
— ¿Eso fue todo?
— Toda un ofensa, princesa. Creo que no accederá a estas peticiones. Con lo que vi fue suficiente. Su armada parece estar bien preparada. La mirada penetrante de su líder parecía estar escondiendo miles de planes. Me da solo escalofríos el solo pensarlo.


Mientras tanto en Naughty Dogs.

Los perros estaban en descanso. Sacaban la lengua dada a la calor que hacia. Los guardias de la entrada del castillo estaban escarbando y enterrando uno que otro hueso del almuerzo. El Rey estaba jugando con sus pulgares, sentado, meneando su cabeza como si una sonata pegajosa estuviese escuchando.


Eso que había hecho Crash había sido una ofensa. Al no darle importancia al mensaje y exigencia de la princesa Celestia.

— Capitán. Prepare a sus tropas. Iremos hacerle una visita al tal Perro. ¿Como es que se llama?
— Le llaman Crash.
— Bien. "Crash" Hablaremos esto a las caras. — Dijo La princesa. La cual miraba hacia el cielo para lo que viene después.


Bueno señores. A sido un flojo trabajo.
Publicamos cada semana.
pero a cambio podrían dejar sus opiniones a la historia. Sus opiniones nos motivan a seguir la historia.
Hasta luego y no se olviden de comentar.