Universo 1


— Señor Crash, Señor Crash. — Dijo un perro de la guardia de la torre recién construida de la entrada del castillo. — Le tengo una carta. —
El Bandicoot la toma con lo que empieza a mirarla. Tras mirarla un momento, el general que estaba cerca de el toma la carta y la empieza a morder destrozándola por completo. — Que estaba buena. — Dijo el perro. — ¿Que decía? — Pregunto el perro que venia de la torre
— Yo que sé. No sé leer.
— Señor Crash ¿Qué decía la carta?
Él solo le responde con sus manos arriba sin saber qué era lo que decia. Ninguno de los que sostuvo la carta sabia exactamente lo que decía o que mensaje tenía.

— Bien. El Plan es es siguiente. — Dijo uno de los generales de los ponys del castillo de Canterlot. El cual estaba a bordo del tren expreso para estar en la estación en la tarde. — Mientras todos se entretienen con la cena, entraran ustedes de infiltrados al castillo. Todos los guardias estarán ocupados en vigilar el lugar. La Princesa entrara junto con muchos soldados y acompañada de sus generales y doncellas. ¿Alguna pregunta?
— Sí, ¿las doncellas son bonitas?
El general hace una seña con lo que otro soldado abofetea aquel subordinado. — Sobre el plan.
— Sí, señor ¿De dónde saco los planos del castillo de los perros?
— Esta mañana. ¿Alguna otra?
— Sí. ¿Quienes se infiltraran?
— Tres chicos. Pony. Unicornio y Pegaso ¿Alguna otra?
— Sí, ¿para qué es esta misión?
— Mientras todos estén ocupados. Buscaran en el castillo todo lo que parezca sospechoso, Como bodega de armas, calabozos con rehenes, planes de ataque, las defensas y todo lo que parezca de utilidad. Se acabaron las preguntas. — Dijo el general. Un último soldado levanta su pata con lo que el general le queda observando. — Señor ¿Por qué tenemos que hacer esto? — Preguntó el soldado. Con lo que muchos de sus colegas estaban de acuerdo con él. — Son ordenes de la princesa. — Con eso basto para las dudas de los soldados.

Sentados estaban todos en la sala de descanso. Bebiendo agua. Leyendo las revistas o sacando la lengua frente al ventilador. El Rey estaba en lo alto del palacio en el techo de la torre. — ¿Esta seguro de esto señor? — Pregunto el perro. Crash con una tabla skate se lanza desde lo alto de los tejados cayendo a toda velocidad. Cayendo desde la torre hasta el tejado del castillo. Los ciudadanos miraban desde el suelo lo que el rey estaba haciendo
— cinco gemas a que no sobrevivirá.
— apuesto cinco a que si.

No se tardo mas de diez segundos en cuanto observan al rey caer de lo alto del castillo de cara al suelo. — Me debes... — Dijo El perro. Crash se levanta de su agujero como de milagro con lo que el perro le dice a otro. — Creo que te debo cinco. — Con lo que ambos perros se retiran del lugar del accidente.

Tras pasar unos veinte segundos desde aquella locura el Bandicoot empieza a mirar a sus alrededores. Mirando lo alegre que era el reino. En la entrada de Naughty Dogs, los perros habían recién terminado de construir sus muros. La primera muralla y el portón recién estrenado por los viajeros Changuelings lejanos del reino. Los cuales abrieron su primera ruta de comercio.

Pero en la entrada los changuelings que estaba salieron escapando de algo. De eso un perro salia corriendo hacia el castillo. — Señor Crash, señor Crash. Hay alguien en la entrada del palacio


Universo A


Los buscadores de cristales debían dirigirse hacia otro lugar, precisamente a la zona de los nativos en aquel conjunto de islas. Cuando ya estaban en condiciones de viajar, la caminata se retomó y con ella las protestas de algunos integrantes del grupo. En el caso de Coco, no era el viaje lo que la estaba molestando, sino que era las constantes situaciones en que Pinkie Pie la molestaba.

La chica bandicut no podía caminar tranquilamente ya que la pony saltaba a su alrededor o aparecía de repente cuando se ocultaba entre las malezas. Esto la hacía cada vez más enfurecer y, lo peor era que nadie lo notaba; ellos estaban ocupados en sus asuntos. Por ejemplo, Nina se había puesto sus auriculares para escuchar música; Crunch estaba concentrado en inventar una canción de rap, y N. Gin, como iba adelante de la fila, no lo alcanzaba a ver.

Pero lo que más le molestaba a la chica fueron sus preguntas continuas.

—¡Coco, mira esto, ¿qué es?!

—Es una flor que se llama…

—¡Mira! ¡El árbol de allá parece un monstruo de tres cabezas!

—Eso es un tótem.

—¡Mira eso! ¡Esa roca de ahí parece una tortuga!

—Es que es una tortuga.

A cada rato, la de pelaje rosado parecía estar llegando con cada vez más cosas. Sus ánimos aumentaban con cada cosa que veía, y Coco, intentando mantenerse tranquila, trataba de llamar su atención.

—Pinkie… —dijo pero la nombrada no le prestaba atención y seguía hablando, por ello, levantó un poco más su voz—. Pinkie, ¿no quieres ir a ver qué está haciendo N. Gin? —pidió Coco con la poca amabilidad que tenía sólo para deshacerse por un rato de la rosada.

Nopie. Dopie. Porque ya sé que está caminando —contestó ella con una gran sonrisa.

—¡Fuera de aquí! ¡Ya estoy harta de tus saltos, de tu energía sobresaltada, y de despreocupación! ¡¿Justo tú viniste a parar a esta dimensión?! ¡De seguro que hay ponis menos locas que tú! —gritó la rubia a los cuatro vientos con lo que los demás se alertaron.

Esto sorprendió a la potranca quien parecía que iba a llorar pero, además de esto, su cabello empezó a inflarse tanto hasta que reventó tal globo de cumpleaños. Su habitual cabello esponjado fue cambiado a uno lacio y, también se la veía muy triste. Sus vibrantes colores fueron tornándose a un tono más opaco.

—Está bien, Coco… No volveré a hablarte… —dijo la pony en voz baja y se ubicó lentamente al final de la fila.

Nina y Crunch parece que se pusieron de acuerdo y miraron con enfado a la chica anaranjada pero, por su parte, ésta última ignoraba esas miradas acusantes. Coco trataba seguir con la caminata a pesar de todo, así que marchaba aún con enojo en su rostro y cruzada de brazos. Ella seguía refunfuñando, cosa que notaba el almirante, ya que estaba adelante suyo.

—Coco… —comenzó a decir él pero fue interrumpido.

—¡No digas nada! ¡Ya estoy harta de todo esto!

La bandicut estaba enfurecida y más aún cuando el cyborg se detuvo para volver por donde venía con prisa.

—¿Y ahora qué? —preguntó la rubia agresivamente.

—¡Pinkie Pie se fue! —respondió y se adentró a la densa vegetación que estaba al costado del camino.

—¿Cómo que se fue? —preguntaron los demás al unísono y siguieron al experto en robótica.

Las hojas anchas y las ramas fueron golpes y rasguños para la chica de ojos verdes quien se quedó atrás de todos y, además, no sabía bien hacia dónde se dirigía. Después de un tiempo, llegaron a un claro en el bosque y, allí, había varias ruinas y tótems a su alrededor. A unos pasos estaba N. Gin, quien observaba el lugar con detenimiento.

—¿Dónde está Pinkie Pie? —interrogó Nina.

—Está allí arriba —dijo mientras indicó a la nombrada quien se encontraba atrapada en una red; al parecer accionó una antigua trampa de los nativos—. ¿Puedes sacarla de allí?

—¡Claro que sí! —exclamó con confianza y estiró sus brazos extensibles.

Ella estiró tanto la cuerda que se rompió y así pudo dejar a una Pinkie desanimada de nuevo al suelo. Cuando los demás se acercaban para retirar la red que estaba sobre la rosada, excepto la malhumorada Coco, se escucharon ruidos entre la maleza.

—¡Salgamos rápido de aquí! —avisó el científico—. Este es suelo sagrado para las tribus.

Nina y Crunch se apuraron a más no poder, con lo que no resultó muy útil: tres toscas manos robóticas no fueron de mucha ayuda cuando entraron en la desesperación. Ellos tardaron mucho en liberar a la potranca, quien no hacía mucho esfuerzo por ayudar. Sin embargo, antes de que aquellas personas aparecieran, los integrantes del grupo ya se habían ocultado detrás de los tótems.

Esperaban a que se fueran quedándose en silencio y, por las dudas, el bandicut y la estudiante sujetaron el hocico de la pony aunque no parecía que iba a arruinar todo. Aquel tiempo parecía interminable pero, finalmente, no se escuchó más nada y N. Gin avisó a los demás de que ya pasó el peligro.

—Eso estuvo cerca… —comentó la chica de piel azulada.

—Sí… —respondió el almirante—. Será mejor volver al camino antes de que ellos regresen.

Se habían salvado por poco; en realidad, ninguno conocía qué le harían esas personas al saber que habían pisado suelo sagrado, pero era mejor no saberlo. Mientras reanudaban la caminata, los cyborg y el marsupial trataban de animar a la triste pony quien apenas marchaba.

—¡Vamos, Pinkie Pie! —comenzó Crunch—. Recuerda que haremos una fiesta cuando todo esto termine.

—Sí. Sonríe. ¿Por qué no hacemos algo para animar este viaje? ¿Qué quieres hacer?

Por su parte, la pastelera se mantuvo en silencio pero sí se oían los gruñidos de la rubia, quien había escuchado esas propuestas que atentaban a sus costumbres.

—Pinkie Pie, lo que pasa es que Coco está muy preocupada por su hermano. Así que sería bueno entenderla y, sería mejor que juegues un poco más con nosotros, ¿sí? —explicó N. Gin tratando de ser claro.

—Sí —dijo simplemente pero su cabello volvió a la normalidad así como sus colores—. ¡Qué buenos amigos que tengo! ¡Seremos amigos para siempre! ¡Les prepararé dulces para todos!

La potranca dijo todo esto a velocidad de la luz mientras abrazaba a los tres con tanta fuerza que parecía que los iba a estrangular.

—Pinkie… —pronunció apenas el científico.

—¿Qué ocurre? ¿Ya llegamos? Lo único que veo son varias casas y personas que están allí cerca. ¿Ellos tienen el cristal? ¿Les preguntamos? ¿Podemos ir a la playa después? —de nuevo habló con rapidez y entusiasmo sin siquiera soltar a sus amigos.

Después de que ella notara las caras de ellos y de que el cyborg asintiera, por fin los soltó. Tardaron un poco en volver a respirar con normalidad y, luego de esto, los cinco se acercaron a los lugareños. Algunos de ellos se veían confundidos pero, aun así, uno de ellos se acercó a los visitantes. Aquel hombre hablaba en un idioma que no conocían, sin embargo, N. Gin fue el único que lo entendía.

Coco, Nina, Crunch y Pinkie Pie no sabían bien qué estaban hablando y más raro fue cuando aquel nativo ingresó a una choza para traer un cristal. Pero no lo entregó así como así, él pidió algo a cambio y eso se trataba de una canasta llena de cupcakes hechos por la pony, quien los hizo aparecer de la nada. Fue así que ellos obtuvieron el segundo cristal y, luego, regresaron por donde vinieron para volver al acorazado.