Universo A
—¡Vamos! Necesito que me ayuden —exclamó N. Gin ya que los demás estaban algo lejos y distraídos por culpa de Pinkie Pie.
Por supuesto, la primera en acudir al pedido del cyborg fue la pony inquieta, quien marchó a toda velocidad. Cuando los demás llegaron al lugar, se encontraron con el científico y la rosada cavando el suelo arenoso tal como si fueran unos perros. Ellos no pudieron evitar sonreír ante esto aunque la chica lo hacía de forma más graciosa, exagerando y excavando a gran velocidad. La potranca hizo rápidamente un hoyo tan profundo que casi podría cubrirla.
—¿Acaso quieres que te ayudemos a cavar? —preguntó Crunch algo confundido—. Porque Pinkie Pie lo está haciendo de maravilla.
—¿Entonces el cristal está enterrado? —observó Coco también desorientada —. Porque sería extraño si lo fuera.
—Pues algo así… —respondió el doctor después de responderle al bandicut negando con la cabeza—. Lo que Pinkie Pie está haciendo es desenterrar una cadena.
—¡La encontré! ¡La encontré! ¡La encontré! —gritó la pony de repente, y a fuerza de su hocico, tomó un extremo y comenzó a tirar de ella.
Todo esto parecía extraño para los hermanos y a la estudiante, y fue por eso que se mantuvieron en el mismo lugar, observando a la chica de pelaje rosado como se esforzaba.
—¿Quieren ayudarla a tirar de la cadena? —invitó el cyborg para que por fin reaccionen.
—Ni que fuera un baño —bromeó Nina mientras que se acercaba a ayudar a la pony.
Ni siquiera sabían por qué estaban haciendo esa tarea pero confiaban a que sería para algo bueno. La cadena estaba algo oxidada con lo que Coco mucho no le gustó la idea de ensuciarse las manos. Ella no ayudaba mucho en sí (los demás eran quienes hacían el trabajo), pero luego de un momento de tanto tirar, los cuatro por fin oyeron lo que esperaban.
—Listo, ya es suficiente —anunció el cyborg del ojo mecánico.
El grupo se fue acercando de a poco y lo que se encontraron, luego de que se disipara el polvo, fue con un gran y oscuro pozo. Aquello se trataba de un antiguo refugio subterráneo, según explicaba N. Gin, utilizado para guardar cosas. Apenas se podía ver una escalera de madera que conducía al abismo y los integrantes del grupo se hacían los distraídos para no ser elegidos para bajar por la misma.
—¿Qué hay allí? —preguntó la pony observando el subnivel—. ¿Un tesoro pirata?
—Posiblemente… —respondió N. Gin mientras bajaba por la escalera.
Los demás vieron como el almirante se perdía con cada paso que daba en la oscuridad y por un buen momento no se oía ni veía nada. Se preguntaron cómo aquel científico vería allí abajo pero, luego de un tiempo, surgió una luz rosada tenue que se iba intensificando. Desde luego, aquella luz era ni más ni menos que un cristal y, quien lo descubrió iba subiendo de a poco por la escalera. A partir de ahora, ya tenían en su poder el tercer cristal.
El bandicut de pelaje rojo oscuro, la chica cyborg y la pony saltaron de alegría por esta nueva victoria y comenzaron a caminar por donde vinieron, con intención de regresar al navío.
—¿Y a dónde creen que van ustedes? —cuestionó el experto en robótica, quien logró detener a ellos tres—. No crean que vamos a dejar al refugio de esta manera.
—¿Y por qué no? —se quejó Nina mientras regresaba así como los demás —. Ya estoy cansada. Hace mucho calor. Quiero volver al acorazado.
—Está bien, pero no podemos dejar esto así. Debemos ser como fantasmas en este lugar —explicó el almirante y, ante eso, la potranca trató de asustar a sus compañeros, imitando el sonido y gesto de un fantasma—. No, Pinkie Pie. Me refiero a que no debemos dejar huellas.
—Eso será un poco difícil: dejamos huellas mientras caminamos —agregó Crunch haciéndose el chistoso.
N. Gin dio a entender que no le agradó aquel comentario y, de nuevo, el grupo puso manos a la obra, a pesar de las quejas, y lograron tapar la entrada de ese refugio. Ahora sí ya era tiempo de abandonar la isla para regresar al buque de guerra. Mientras que ellos caminaban de regreso por el suelo arenoso, Coco estaba pensando si podía ser una buena ocasión para disculparse pero, como no podía decidirse, tuvo que dejarlo para otro momento.
En el bote, la chica rubia intentó hablar con Pinkie, pero ella estaba tan ocupada cantando canciones marineras y tratando de que la acompañen los demás. Luego de pensarlo seriamente, la anaranjada decidió a que no era suficiente una simple disculpa; ella había provocado, o ambas, una pelea que no se parecía a las de antes. Así que, debía pensar en algo más para agregar a la disculpa.
Una vez en el acorazado, la mayoría del grupo se fue a descansar y la bandicut acompañó al dueño de la embarcación a resguardar al cristal. A pesar de todo lo que hizo o dijo, Coco aún desconfiaba del científico y se asegurab a de que todo saldría bien. Sin embargo, por el momento, ella se sentía mejor hablando con él que con su propio hermano, aunque para ser precisos, se trataba de un hermanastro.
—Disculparme con Pinkie es difícil —dijo Coco una vez que el cristal tuvo su nueva ubicación en las cercanías del Psicotrón mejorado.
—Sí, lo es. Pero tendrás que hacerlo tarde o temprano (mejor, temprano). Cada vez más nos acercamos al momento en que iremos a buscar a Crash y ella es la única que conoce el lugar.
—Sí, pero no sé qué hacer.
—Bueno, a veces es difícil decir algunas cosas…
—Pero tengo una idea… —interrumpió la rubia mientras sonreía maliciosamente.
Universo 1
En el gran comedor recién inaugurado del castillo estaban sentados todos los no invitados que llegaron de improviso con una carta anticipada a su visita que fue destruida accidentalmente apropósito al no saber leer. — Cuando aparecerá el jefe de este lugar. — Dijo el general de los ponis.
—Bueno yo mando aquí. — Dijo la jefa de las criadas del castillo
— ¿Usted es la que manda? — Dijo Celestia.
—¿Ah? si se refiere a mandar al personal si pero si se refiere al que los manda a todos esta por allá. — Señalo la jefa.
Celestia se levanta de su asiento y mira a su general haciéndole una señal, al llegar al supuesto tipo esta empieza a toser un poco con lo que le dice. — Hola. Disculpe pero quisiera hablar con usted. Nos han comunicado que a sido el responsable de la creciente actividad de los perros de la pradera. — Dijo la princesa.
El perro voltea con lo que le responde. — A si claro. Eh armado unas cuantas casas y ayude armar el castillo. Pero eso fue mas trabajo de los dragones. — Dijo el perro. Uno de los soldados se le acerca a la princesa y le comunica. — Psss... Princesa... Ese no es el mandamas. Creo que si nos reagrupamos y nos ordenamos podríamos encontrarlo y evitar cualquier alboroto. —
De tal manera que todos se reagruparon en un circulo gigante. Los perros ignoraban todo lo que ellos estaban haciendo. Los ignoraban incluso aun que hablaran en voz alta. Parecía que les importaba un comino lo que hicieran.
— Entonces. Nos dividiremos en grupos y buscaremos al madamas de este sucio lugar. —
El perro que escucho eso le dice molesto. — Ni que tu casa se viera tan bien durante la mudanza. — Con lo que tuvieron que bajar un poco la voz para que no les oyeran.
— Entonces. Dividan y exploren. Por alguna parte debe de estar, sera mejor que charlemos el tratado hoy día mismo. No quisiera volver a este lugar. —
— Lamento decirles que la exploración por el palacio se cancela, la cena esta lista. Ahora entendería si se quieren irse ahora por que eso seria genial. — Dijo el soldado del castillo. Los ponys fingían una sonrisa y se sentaban a sus lugares con lo que los del servicio les llevaron sus platillos
Durante la cena todos estaban tranquilos excepto la princesa y uno que otro soldado de alto rango. — ¿El mandamas no nos va acompañar en la cena? —
— ¿El mandaque?
—¿Lider?
— ¿Ah?
—Su em... — No podía decir ella que era un rey dado a que no era gobernador de esa área de equestria pero aun así lo dijo en tono de pregunta. — ¿Su rey?
— A ese... Bueno si se aparece... a no ser que se haya quedado afuera del castillo... Eh... voy y vuelvo. — Dijo el soldado. El cual empezo a correr con bastante prisa y de cuatro patas por el corredor del castillo.
A tal velocidad que apagaba algunas velas encendías que habían a las cercanías de el. Llegando a la puerta trasera del castillo el soldado empieza a revisar sus llaves y abre la puerta, con un tono de disculpas dice. — Lo siento señor, se me olvido que la puerta del patio estaba cerrada. — Dejando entrar al Bandicoot al castillo. — ¿Se ha bronceado señor? — Pregunto el soldado. Notando que Crash se había quedado asoleándose en el patio y que su pelaje pasaba de naranjo a café.
Los ponis seguían en el comedor en lo cual pasaban del primer platillo al segundo con lo que no evitan escuchar de los pasillos unos pasos fuertes de metal contra la piedra que hacia resonar todo el eco del castillo. A paso que se escuchaba mas y mas cerca aquel sonido con lo que también se escucha. — Ho-Hola mi señor. — De parte de algunos soldados. Los ponys de apoco empezaban acojonarse por el miedo causado de aquellos pasos y esas voces que se tartamudeaban por el miedo hacia el tal rey de los perros.
De una antorcha baja puesta antes de la puerta hacia parecer grandes sombras a que se paraba frente a ellas. Unos cristales se rompieron con lo que el ruido que había paso a un potente silencio el el cual los mas sensibles oídos estaban mas atentos que nunca. — Señor... No esperaba verlo por aquí jeje... eh... No señor ¡¿que hace?! Oh no por favor... Piedad... Por favor no lo haga... Por favor no lo haga... — Dijo la voz de un soldado. El cual estaba parado frente a la antorcha y se veía arrodillado en el suelo en una posición de suplica. — Por favor pare... — Decía el perro el cual se tiraba en el suelo. En la sombra de este miraban una mano la cual estaba sobre el soldado. Este estaba en el suelo retorciéndose. De esos fuertes pasos que volvieron a resonar por el castillo se detuvo. La sombra del soldado aquel dejo de retorcerse. La sombra del culpable se veía enorme. Solamente observaban una gran cabeza dado a que el cuerpo estaba tapado con una capa. Al acercarse todos estaban con furor de ver al cual despiadado reí que mato a uno de los suyos enfrente de todos. Los soldados atemorizados y la princesa con una mirada seria, esperando a la llegada de aquel sujeto. Tras pasar por la puerta todos quedaron impactados ante el Bandicoot.
Del suelo observaron la sombra del soldado que estaba tumbado en el piso levantarse con lo que se dirige hacia la sala diciendo. — Señor... le puedo pedir que deje de rascarme la espalda. Me gusta si pero... parece raro. — Dijo el perro. Los demás perros que estaban ahí intentaban de ignorar lo sucedido pero solo pudieron aguantarse las risas.
Los Ponis parecían mas tranquilos dado a que lo visto no era mas que un mal entendido de sombras.
Vieron que el tal rey que era mucho mas bajo. De lo que colgaba de su espalda no era una capa si no una manta mojada para su quemadura de bronceado, en sus patas llevaba puesto unas botas de metal la cual le pertenecían a otro soldado. el que le acompañaba tenia las zapatillas sucias del rey. — Disculpe si me retiro. voy a llevarlas a la lavandería para que las laven después. Por cierto. La princesa del reino vecino le a estado esperando y creo que sus acompañantes también... no se si quieren conferencia o solo vienen a cenar pero creo que hablaban algo de un tratado de no se que. — Dijo el perro
Crash solo se queda mirando con la boca abierta y con mirada perdida a su alrededor. Todos los ponis le quedaron observando la forma rara de ser de aquel tipo. Este bandicoot siguió caminando ignorando a todos los invitados. — ¿Que ha sido eso princesa? — pregunto un pony
— No lo se pero hay que averiguarlo.
