Universo A


—Pero, ¿qué planeas hacer? —preguntó N. Gin a la chica bandicut quien parecía metida en sus pensamientos.

Coco se acercó al científico y compartió su plan en secreto. Era una buena idea, después de todo, pero la chica parecía preocupada por algo. La brillante idea se iba por la borda cuando la rubia confesó que no era muy buena en esas tareas y, cuando trataba de pensar en otro plan, el almirante interrumpió sus pensamientos.

—Te voy a ayudar. Conozco a alguien que te puede guiar con todo esto. No te preocupes.

La anaranjada volvió a sonreír y ambos salieron de la sala de las máquinas. Luego de unas cuantas horas, el plan ya estaba listo así que la bandicut fue a buscar a la pony inquieta. Ella golpeó apenas la puerta metálica de su camarote pero con eso bastó. Pinkie Pie salió a atender con una sonrisa, como siempre, sin embargo, al ver de quien se trataba, cambió su expresión a una de sorpresa.

—¿Coco? —preguntó la chica de pelaje rosado y, recordando lo sucedido, ella se dispuso a cerrar la puerta lentamente.

—Espera, Pinkie... Quiero disculparme contigo —dijo en voz baja mientras retiraba la tapa del recipiente que tenía en sus manos.

La Bandicoot ofreció el contenido del recipiente con la mirada abajo ya que no tenía muchas intenciones de disculparse con la pony. A pesar de esto, la rosada sintió curiosidad por lo que había allí guardado y lo que vio no se lo esperaba: allí había unas cuantas galletas decoradas con algún dulce. Como Pinkie Pie adora comer cosas dulces, ella simplemente hundió su hocico para devorar a todas y a cada una de las galletas.

—Acepto tus dulces disculpas —pronunció la potranca luego de comer—. ¡Qué buena amiga que tengo! ¡Me encantaron tus galletas! Están para ser vendidas en la pastelería de los señores Cake. ¿Ellos me extrañarán? ¿Seguiré conservando el empleo? ¿Quedaron más galletas?

Por supuesto, la pastelera decía todo eso a gran velocidad y asfixiando a la marsupial con un abrazo. Coco, por su parte, trataba de sonreír pero se le hacía difícil. Ante el alboroto, Nina, quien estaba en el mismo camarote, se acercó a ellas y, aunque tenía en frente una escena un tanto graciosa, ella se sintió bien de que ellas dos se arreglaran. Pese a los esfuerzos de la rubia por soltarse, la chica de manos de acero decidió intervenir.

—Espero que hayan quedado más galletas —dijo en un tono amenazante.

—Sí —respondió apenas la mutante.

—¡Qué bien! ¡A la cocina! —exclamó la pony y se echó a correr a toda velocidad.

Las cosas marcharon bien durante un par de días más hasta que llegó el momento de una nueva búsqueda y así conseguir el último cristal que necesitaban. En una mañana soleada, los hermanos, la pony y la cyborg disfrutaban de la vista del océano pero la tranquilidad se acabó cuando el almirante se aproximó hacia ellos.

—¿Preparados para una última excursión?

A algunos no les agradó esa pregunta pero tenían que seguir adelante por el bien de Crash, así que, con algo de esfuerzo, trataron de verse entusiasmados. Eso no le hacía falta a la chica de cabello rosado, quien se dirigió hacia el interior del acorazado para prepararse para una nueva aventura. En cuestión de una hora, aquel grupo ya se encaminaban hacia la próxima zona de búsqueda.

Mientras que la lancha avanzaba y que Pinkie se pusiera a gritar canciones, el científico iba comentando a los demás sobre aquella isla a la cual se estaban acercando. Se trataba de un atolón llamado Palmyra, que tenía unos paisajes hermosos pero que también había cierta historia allí. Contando los hechos con tranquilidad, él explicaba que allí ocurrieron sucesos extraños como desapariciones, muertes, y un miedo extremo que invadía a cualquier persona que ponía un pie en ese lugar.

—Eso no es muy alentador que digamos —comentó Nina después de oír la aterradora narración—. ¿Para qué nos cuentas esto?

—Sí, sólo faltaba a que sea de noche y que tengas una linterna alumbrándote la cara —agregó Crunch con sarcasmo pero algo atemorizado por la historia.

—Pues… Para que tengan cuidado aunque no creo que pase nada; vengo preparado.

—¿Ah, sí? ¿Y con qué? —preguntó la chica de piel azulada.

—Se acabó la entrevista por ahora —respondió simplemente y se dirigió a sus rinocerontes marineros.

Después de un tiempo, lo primero que ellos se encontraron fue con los arrecifes de coral que rodeaban a la isla. El bote avanzaba despacio y así evitar que se dañara como tantos barcos que pasaron por ahí. Aparte de todo esto, los abundantes tiburones que había allí notaron la presencia de los visitantes y se iban acercando amenazadoramente. Aun así, aquel grupo llegó finalmente a la playa.

Al ver el ambiente, vieron que el almirante tenía razón ya que el lugar era hermoso: blancas arenas, mar tranquilo de color turquesa, palmeras, y una densa vegetación. A pesar de la historia que tenía detrás esa tierra, el grupo trató de seguir la rutina: los dos rinocerontes se quedaron a cuidar el bote mientras que los demás empezaron a caminar por un sendero en medio de la selva.

Durante la caminata, Pinkie Pie no hacía esos juegos de esconderse y salir de repente de entre la maleza, sino que marchaba saltando y con una sonrisa. Esto extrañó a la rubia, quien pensó a que ello se debía a que por fin la pony había entendido o quién sabe qué le pasó. Lo importante era que ella no molestaba, sin embargo, Coco quería sacarse de la cabeza esas historias aterradoras.

El aquel grupo de cinco integrantes iba avanzando con cuidado, mirando hacia todas partes, y se preparaba para cualquier imprevisto. Siguieron hasta el final del camino y no hubo ninguna queja o propuesta para tomar un descanso, ya que ellos querían estar el menor tiempo posible allí. Cuando el científico anunció que había que detenerse, los demás vieron que cerca de allí había una cascada.


Universo 1


Celestia miraba aquellos perros cuales iban detrás del tal Rey. Sus soldados preparados empiezan a crear una distracción. Uno dio vuelta su baso de jugo con lo que empieza armar un escándalo por su ropa manchada y en donde podría limpiarse. Distraídos los guardias, los ponys se escabulleron para seguir al Bandicoot y ver que pasaba.
— Lord Crash. Aquí tiene lo que había pedido. Lo hemos desarrollado en secreto como lo pidió. Aun desconocemos las funciones que cumple pero confiamos es que puede usarlo sabiamente. Lo dejaremos en su habitación para que le de uso inmediato.

El pony que estaba de espía no podía creer lo que estaba escuchando, volviendo donde estaban todos este comenta no solo a su oficial al mando, si no a su princesa. — No podemos confiar en este castillo. Su rey acaba de desarrollar un nuevo objeto y puede ser un arma. Hay que detenerlos de inmediato. — Todos los de la mesa se levantaron de inmediato. En gran grupo dijeron. — Basta. Ya sabemos lo que están planeando. Los changuelings en este sitio. Las actividades sospechosas. El gran avance estructural de este lugar, han desarrollado una nueva arma y vamos a detenerlos. — Dijo el pony. — escolten a la princesa de vuelta al palacio. Nos quedaremos a destruir la nueva arma. — De inmediato los ponys empezaron atacar a los guardias del castillo cuales solo quedaban mirando a esos ponys. Rompiendo todo lo que estaba dentro del castillo estos se abrían paso para llegar a la habitación del rey.

Abriendo la puerta estos observan al rey el cual estaba con una caja la cual tenia bastante espuma plástica. Los soldados de inmediato lo rodean con lo cual el bandicoot de inmediato levanta las manos en señal que se rendía. — No sirve de nada rendirse Crash. Ahora entrégalo. — Dijo el perro. Crash abrazando la caja cuyo contenido todos desconocían. Los ponys armados hacían retroceder al rey el cual abriendo la mampara del balcón este sube por el tejado sin soltar el paquete
— ¡Pegasos tras el! — Grito el comandante. Un pequeño escuadrón sale por la misma mampara y volando hasta el tejado del palacio. La peligrosa situación en la que estaba concluía con que no iba a terminar de la mejor manera. Crash miraba y retrocedía de espaldas con el paquete en las manos. — Suéltala. No tienes escapatoria. El bandicoot voltea de momento y mirando al vació que se encontraba tras el.

Solo basto un momento de distracción en el cual le quitan la caja. Sujetado por los ponys estos lo amordazan y escapan. — Misión cumplida. Vamonos de vuelta a la base. — Dijo ese capitán. Todos los ponys desaparecían y junto a ellos el paquete que era para Crash. El General de los perros de diamante sube al tejado con lo cual dice. — ¿Que les pasan a estos ponys? ¿se encuentra bien? — Desatando a Crash este lo levanta y le dice. — Se fueron con su paquete... Bueno le puede decir a la modista que les haga otros mas cómodos. No se como le puede gustar esa cosa a usted. Lo encuentro incomodo en especial para la cola. —

— Lo tenemos. — Dijo el Capitan, el cual entregaba el paquete al general. — Lo hemos conseguido, la nueva arma de los perros de diamantes, aun no hemos podido imaginar todo el poder destructivo o como es, pero la princesa estará tan complacida con nosotros que puede que nos den unas medallas por el valor. — Contentas las tropas parecían estar celebrando

Al día siguiente en una asamblea real estaban todos los comandantes, capitanes y generales reunidos para ver el paquete que aun seguía cerrado. En el castillo de Naughty Dogs Crash estaba esperando en su trono, llegando tan rápido como podía iba el uno de los perros con otro paquete entre sus patas.
— Mi señor lo hemos conseguido de nuevo. Esta nuevamente en esta caja como lo pidió. Ah y de paso ya hicimos la respuesta a las conductas de los ponys en lo que ocurrio a noche. Hemos hecho que los changuelings se vayan ya que no queremos fuego cruzado, mande la carta y deberia de llegar dentro de cinco minutos. — Crash toma el paquete y se va a un lugar mas privado, entrando al baño este cierra con seguro y mirando el paquete este lo abre y contemplando con alegría lo que tenia en frente

— ¡¿Que es esto?! — Pregunto el General de los ponys. Levitando con su magia lo que parecía ser una especie de tapabocas para algo con dos cabezas. Sosteniéndolo al revés este lo da vuelta con lo cual dicen. — ¿Pantaloncillos? — Eran blanco y con dibujos de corazones. Unos Boxers que al tacto era completamente cómodos. — ¿Hicimos una invasión por unos pantaloncillos? — Todos expectantes ante lo estúpido que fue todo eso. Al llegar la princesa celestia la cual pregunta de inmediato. — ¿Cual es la nueva arma que habían hecho los perros de diamante? ¿Soldados? — Pero al mirar la cara de todos noto de inmediato que algo andaba mal. — ¿Que sucede? — Levitando el paquete esta mira lo que había adentro. Sacando de ahí un par de Boxers de distinto color y un mismo estampado de dibujos. Al no ver que mas que eso dentro de la caja solo queda mirando hacia todos lados esperando que fuera alguna especie de broma. — Carta. — Dijo un soldado.
— No es momento para correspondencia. — Dijo el Capitan. — Oh... Creo que esto si les va a interesar. — Levitando la carta estos la abren. Mirando una fea letra estos la leen para callados. La princesa tomando la carta solo abre sus ojos como plato con lo cual deja caer la carta.

Caminando hasta la ventana esta dice. — Llamen al ministro de defenza... Estamos en guerra. —


Eso es todo Amigos... Por ahora ja ja ja jaaaa Awww...

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