Nueva semana, nuevo capítulo.

Agradezco mucho a las personitas que lo leen y a las que no les invito con mucho amor. Sólo para aclarar, el fic es 100% AoKi, no descarto la aparición de algunas parejas extras (entre ellas el obvio Kagakuro) pero no será de gran relevancia, serán solo leves cameos (no me maten por favor u.u) Los cameos de personajes y parejas solo seran para impulsar a nuestra parejita protagonista a estar juntos.

Nos leemos abajito~

Advertencias: Contiene lenguaje altisonante y una pizca de Angst. Drama y cursilerías y puede que algo -poquitititito- de OOC lo chento.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi-sensei y yo sólo los pido un rato para que recreen esscenas que se encuentran en algún punto de mi mente.


Capítulo III

.

Viernes por la tarde y Kise aún no terminaba la sesión fotográfica de ese día. Desde que volvió al medio del espectáculo, era responsable al grado de llegar a ser fastidioso si llegaba solamente cinco minutos atrasado a una cita. Pero ese día, desde que empezó, fue diferente…

—Ne ¿Ya vieron que Ki-chan tiene unas ojeras horribles? — Comentó bajo un susurro una de las maquillistas del set.

—¡Claro, es inevitable! — Exclamó otra, le encantaba el cotilleo — ¿Creen que algo le haya sucedido?

—No tengo idea, pero además llegó tarde al trabajo por tres horas…

—Si no dejan de estar platicando y vuelven su trabajo, yo misma me encargaré que no las contraten en ningún otro evento ni trabajo — una voz suave y ligeramente escalofriante se escuchó a su alrededor. A Nene le disgustaba que las personas no fueran eficientes en el campo laboral y claro que después de esto le daría una reprimenda al modelo tan fuerte que no sería capaz de llegar tarde nunca a nada en su vida, pero decidió no perturbarlo más y dejar que él le contara sobre lo que le acongojaba.

Lo quería, muchísimo, como a un hijo… y por eso no le gustaba ver esos ojos opacos, como un sol que se encuentra extinguiendo. Kise era muy profesional cuando se trataba de trabajo y lucía como toda una estrella, posando aquí, allá, y de una manera que convencería a cualquiera que él nunca ha padecido dolor alguno en su vida por esa sonrisa tan peculiarmente mentirosa…

Si todos supieran que estaban equivocados. Ella no conocía a una persona que hubiese pasado por tanto como el rubio…

:-:Flash Back:-:

Nene se encontraba desesperada. Era su primer mes de trabajo con Ryota y él aún no se acostumbraba al mar de trabajo que ella le había conseguido, cualquier manager hubiese renunciado ante la extraña actitud tan vacía, desanimada y contradictoria de su representado… pero ella no, ella –aunque no lo externara- confiaba ciegamente en el individuo que llevaba cambiándose más de veinte minutos.

¡Kise! ¿Qué demonios sucede? Faltan veinte segundos para que comience la sesión — por respeto al chico, siempre esperaba afuera del camerino en lo que él se vestía para posar. Fue una petición un tanto extraña desde antes que buscaran la primera propuesta de trabajo.

L-lo siento Nene-san — pronunciaba Ryota con un leve tartamudeo — ¿Puedes aguardar otros veinte minutos más?

La paciencia de la manager se fue al carajo. Kise comenzaba a darse a conocer nuevamente después de su 'extraña' desaparición de los medios, y lo que menos quería ahora era que lo conocieran por su inesperada impuntualidad. Encolerizada, abrió de una patada la puerta que los tenía separados y entró hecha una hiena.

¡Veinte minutos podrá esperarte tu abuela, pero yo no mocoso! — Vociferó con potencia, sus ojos aún estaban cerrados tratando de contener un rostro que se quería formar qué bien podía rivalizar con el de un monstruo — ¡A mí no me dejas esperando como si…!

Interrumpió su frase al ver la espalda del chico. Enmudeció y su piel ligeramente bronceada se puso pálida, sus manos sudaron frío y su corazón aceleró su ritmo… ni una sola palabra logró pronunciar después de haber visto 'eso'…

:-:Fin Flash Back:-:

Aún puedo recordar la pesadilla que tuve esa noche — un escalofrío recorrió el cuerpo de la señora castaña.

Nunca tuvo la intención de incomodar al modelo, pero era tan poco lo que sabía de él en ese entonces que jamás se le hubiera cruzado que él pudiese cargar y vivir con todo eso solo. A pesar de que Kise intentó renunciar, ella lo convenció para darse una segunda oportunidad como equipo. Desde ese día se prometió protegerlo a toda costa.

Pero su manto mágico no podía ser para siempre ni abarcaba todas las heridas de él. Quizá con el tiempo…

—Nene-san, Nene-san — susurraba el blondo queriendo atraer nuevamente a su manager al mundo del presente —. Ha terminado la sesión ¿queda algún pendiente?

—Ah, Kise-kun — la suave voz de Ryota la sacó de su trance y volteó su mirada negra para enfocarlo a él. A pesar de lucir su impecable presencia, la sonrisa que mostraba era seca, y las ojeras que tenía no ayudaban a disipar rumores —. Esto, deja revisar — abrió una pequeña libreta y repaso los pendientes —… sólo tenemos que pasar a entregar a la agencia los resultados de la campaña y a recoger los nuevos trabajos que hay pendientes por hacer.

—Ah, estoy agotado — dijo el rubio con pesadez. Se desparramó en la primera silla que vio disponible y se concentraba en relajarse.

—Buen trabajo — Nene le estiró una barrita de cereal que siempre cargaba consigo debido a la apretada agenda que de vez en vez tenía Ryota. Él miró con desprecio el alimento y cerró los ojos meneando la cabeza horizontalmente rechazándolo — ¿Qué sucede Kise-kun?

—N-nada — respondió rápidamente —, simplemente me desvelé viendo el final de un dorama y terminé llorando a moco tendido — tanto la inesperada excusa como su tono despreocupado eran una vil mentira y ella pudo ver a través de eso.

—Kise-kun… no intentes engañarme — se sentó junto a él tomando un repentino descaso, cinco minutos de tiempo fuera no le harían malo a nadie.

—¿P-por qué crees que intento hacer eso Nene-san?

—Porqué ayer ninguna televisora emitió ningún final de ninguna serie ni nada similar — dijo con voz burlesca entrecerrando sus lindos ojos verdes, escuchó un suspiro por parte del modelo y sonrio triunfante — Sabes que puedes decirme cualquier cosa ¿Ne?

El rubio dio una mirada rápida ante los ojos preocupados de su manager y sintió una punzada en el corazón… culpa. No le gustaba incomodar a la gente con sus problemas, pero sabía que ignorando aquellas palabras de súplica para que se desahogase lo único que iba a conseguir era intranquilizar a la gente que le conocía.

Echó su cabeza hacia atrás lo más que pudo y cerró los ojos por unos instantes. Tenía miedo, mucho miedo a esa oscuridad que a veces lo castigaba… porque veía esos ojos, ese par de ojos grises que lo veían emulando a una tormenta de la que le era difícil escapar. Y esa mirada, el brillo de su verdugo personal.

—Ayer — pronunció levemente el chico, con miedo a que alguien escuchara —… ayer tuve nuevamente esa pesadilla, Nene-san.

—¿La pesadilla maldita? — Inquirió asombrada. Así le denominaba el chico al sueño catastrófico que se repetía consecutivamente. Tenía casi dos años desde que no había escuchado a Kise hablar sobre eso.

—Si — contestó monótono. A él también le costaba creer que aquel sueño terrorífico volviera después de mucho —, pasé casi toda la noche en vela intentando dormir — continuó —, pero cuando cerraba los ojos, lo veía

Él — susurró con despreció la manager Tsumori. No sabía cómo era, pues Kise siempre evadió esa pregunta… quizá porque ya no quería recordarlo, pero estaba segura que el día que lo supiera, lo enterraría bajo tierra vivo.

Eso era poco a comparación de lo que Kise había vivido.

—¿Y al final… cómo lograste conciliar el sueño?

La pregunta de Nene era muy buena. Kise abrió sus párpados dejando ver sus orbes amarillos brillando ¿Qué había pasado para que pudiese dormir al menos unas horas?

Lo recordó. Cerca de las cinco de la mañana, recibió un mensaje…

'Recuerda Kise, el sábado a las cinco de la tarde ¡No te atrevas a dejarme plantado o lo pagarás caro! ¿Estabas dormido? Ojalá te haya despertado, nada me daría más gusto… eres un idiota si sigues leyendo esto…'

—Kise-kun — la suave voz de Nene susurró bajito el nombre de su representado. Estaba impactada, no cabía dentro de la visión que contemplaba con sus enormes ojos esmeraldas que veían con estupefacción aquello…

Kise Ryota estaba sonrojado. Un tierno color carmín se encontraba coloreando su cara sobre el puente de su nariz y pómulos. La diminuta curvatura en sus labios estaba perdida, sonriendo a quien sabe dónde… o a quién.

El modelo suspiró. Aquel mensaje de Aomine lo había distraído al punto de alejar aquellos recuerdos que no cabían en su presente. Le estaba agradecido al moreno por haberlo sacado de los comienzos de una depresión segura, pues eso es lo que le ocurría cuando pensaba en su pasado. El blondo volteó nuevamente a ver a su manager para ver como a través de esos lentes de armazón negra, lo veían con incredulidad genuina.

Ella en cambio, estaba feliz. Podía percibir que esto era el comienzo para que Ryota saliera por completo de ahí. Nada le daría más gusto que eso; él se lo merecía.

—D-deja de verme así Nenecchi.

—¡Mocoso irrespetuoso! — Estaba a punto de dar un carpetazo al chico… bueno, lo dejaría pasar ésta vez. Estaba emocionada — Bien, es momento de continuar nuestro camino.

—¡Si! — Ryota estaba contento. Comparando aquella sincera sonrisa llena de entusiasmo, las ojeras que visiblemente se veían quedaban magistralmente opacadas.

—Por cierto Kise-kun — el aludido caminaba a la par de ella y sólo exclamó un leve 'mhp' que le hizo continuar hablando —, mañana Mamoru, Ren y yo iremos al cine a ver la película que se estrena hoy ¿Gustas venir con nosotros?

—¿La de '¿Ahora somos tres?'? —Inquirió el rubio con su usual actitud infantil.

—Si, Mamoru irá a comprar los boletos hoy saliendo del hospital y me dijo que te preguntara.

—¡Claro que s...! — su respuesta fue interrumpida ante la voz de Daiki merodeando su cabeza "¡No te atrevas a faltar! Soy capaz de rastrearte y darte una paliza…". Estaba seguro que el moreno cumpliría con su amenaza — No puedo, Nene-san. Veré a un amigo…

—Vaya que inesperado ¿Kuroko-kun o Midorima-kun? O podría ser ese joven alto que le encantan los dulces — esto último ya lo dijo más para si misma. Los amigos del modelo eran muy peculiares.

—¡Murasakibaracchi! Lo visitaré un día en su cafetería — Exclamó el chico con alegría. El pelivioleta era dueño de un pequeño negocio que inició con sus padres y lo visitaba regularmente —… Midorimacchi está ocupado haciendo el internado y aunque estuviese desocupado me enviaría lejos. Saldré con Kurokocchi y… Aominecchi.

—¿Aominecchi? — Nene nunca había escuchado de él. Con los que su representado se frecuentaba era con el chico obsesionado con los horóscopos, el obsesionado con los dulce y el de semblante serio. Además de eso, le extraño la cara de nostalgia que puso el rubio.

—Aominecchi iba en la misma secundaria que yo — repentinamente, llegó la imagen de la primera vez que se conocieron… si, esa vez cuando un balón golpeó su cabeza y el moreno le sonreía ampliamente —… bien podría decirse que fue mi mayor inspiración para jugar el basquetbol.

—No sabía eso Kise-kun… sé muy poco de lo que tú fuiste antes de que pasara eso

—No es como que lo quisiera mantener oculto — decía — más bien, es un poco ¿doloroso? para mí. Él desapareció después de un partido en el cual nos enfrentamos en preparatoria y no había vuelto a saber de él hasta hace unos días.

—Bueno, Ren estaba emocionado de ir contigo, le alegras mucho el día… después me contarás que tal te fue en tu cita con el tal 'Aominecchi'.

El corazón de Kise se aceleró… realmente iba a tener una cita con Aomine Daiki. Su cerebro explotó y sus mejillas volvieron a sonrojarse.

Vaya idiota — pensó burlescamente la manager al ella percatarse del sentir del rubio.

.

::°::°::°::°::°::

.

Aomine llegaba a su departamento después de una jornada de trabajo en la estación de policía. Se sentía cansado y perezoso de siquiera ver que había en la nevera para cenar. Se quitó los zapatos en el Genkan, fue hasta un altar, hizo una honorable reverencia y saludó con un sutil 'Ya llegué' junto a una diminuta sonrisa a la persona que estaba en el portarretrato, quería decirle tantas cosas. Con parsimonia, caminó hasta el sillón negro que tenía en la sala y se dejó caer de espaldas sin tener miedo a nada.

Recordó como hace unos días le dijeron que tenía que cubrir el turno de la tarde del sábado, se puso enojado. Fue a preguntar al jefe superior sobre a quién demonios se le ocurría pedir el día libre. Lo único que le decían, era que tenía que acoplarse al sorteo que habían hecho.

"No voy a aceptar esto ¡No corresponde a mi turno!... ¡Maldita sea, yo ya tengo planes para ese día!"

"Si quieres zafarte de esto, tendrás que venir desde el jueves en la mañana y no irte hasta el viernes en la noche. Realizarás seis turnos seguidos y es mi última oferta. Así que ¿qué eliges?"

Era obvia la respuesta a estas alturas. Pero ¿Por qué hacía todo eso? ¿Por qué llevar su cuerpo al límite sólo para tener el día libre para ir con Kise? Es más, era la oportunidad perfecta para liberarse de ese compromiso que hizo por impulso y, en lugar de eso, prefirió las demandas del superior.

¿Por qué Kise podía lograr eso en él? Lo sabía: el modelo pondría una cara tristona, cómo las que usualmente ponía cuando no aceptaba un reto y él sentiría una leve punzada de culpa. Esos ojos lastimeros y manipuladores.

—Vaya bastardo que eres Kise — susurró con su voz ronca a la pared pintada curiosamente con un color miel —, mira que a estas alturas lograr manipularme…

Recordó el mensaje que le envió en la mañana. Estaba en la estación y era el único a excepción de la recepcionista encargada de recibir las emergencias y de otro compañero que estaba durmiendo; se habían rolado los turnos para descansar al menos unas pocas horas y a él le tocaba estar despierto. Eran las cuatro y media de la mañana y comenzaba a cabecear, el sueño comenzaba ha hacer mella en el después de un día sin dormir bien.

Estuvo tentado en hablarle a Satsuki para preguntarle como estaba, pero recordó que se encontraba en un congreso fuera de Tokio y no le respondería. Kagami era también una opción, podría retarlo uno a uno en las canchas de la estación, pero él sería capaz de mandarlo a la mierda con lo del día siguiente.

No tenía muchos contactos en su agenda, pero decidió dar una revisada… hasta que llegó al nuevo número que acababa de registrar días atrás; 'Kise' decía un un kanji muy bien definido y delicado como lo era él. Estaba tentado a marcarle, pero recordó como la voz suave a través del teléfono del día que le marcó lo descolocó tanto hasta marearlo que mejor le escribió un correo. Escribía, borraba y volvía a reescribir. No quería sonar desesperado ni rogón, no era su estilo… pero no quería hacer el ridículo de esperarlo y que él no llegara; así que optó por amenazarlo nuevamente, implementando una burla sobre lo ridículo que se debería de estar viendo leyendo el mail a esa hora sin poder dormir.

Su celular vibró sin tono. Se meneó por toda la mesita de madera que tenía en el centro de la sala y se estiró hasta alcanzarlo; abrió la carpeta de mensajes recibidos y sonrió bobaliconamente por el remitente.

'De: Kise.

Lo mismo te digo Aominecchi… te veo mañana. Descanza.'

Una mueca en su rostro dejó ver sus dientes blancos. Un agradable calor recorrió su abdomen y se quedó en el pecho quitándole el frío que sentía por la ventana abierta.

Estaba ansioso. Deseaba que llegara mañana.

.

::°::°::°::°::°::

.

El celeste iba en el bus rumbo al departamento de su amigo que es donde habían quedado de verse para irse juntos a la tan afamada 'cita'. Su semblante era imparcial y completamente inexpresiva, pero se encontraba triste. Había prometido dejar ir el amor que tenía por Ogiwara –su novio de la prepa- debido a la falta de comunicación por parte de él. Pero era sumamente difícil.

No puedes despegarte de un sentimiento de la noche a la mañana, eso lo sabía a la perfección, pero al menos debería de empezar por algo. Lloró amargamente hasta quedarse dormido, abrazando el oso que el otro le había regalado, despidiéndose en sueños de él.

Esa mañana, al salir de su casa, había tirado el celular dejando ir con ese aparato, todos los mensajes y correos que se había enviado con el chico. Quitó algunas fotografías que había en su habitación y pequeñas cosas que le recordasen que él ya no estaba aquí.

Suspiró cansino. Antes de ir con Kise decidió pasar a comprarse un teléfono con todas las nuevas aplicaciones en el mercado, el otro que tenía no pasaba de los usos básicos; podría decirse que con eso planeaba comenzar. Un paso… paso a pasito.

Se bajo unas cuadras antes y caminó lento; revisó el celular y marcaba las dos y treintaicinco de la tarde. Había quedado en llegar con su amigo a las tres así que era buena hora. Al llegar tocó el timbre y a través de la puerta se esucharon una serie de sonidos y objetos cayéndose. La puerta vibró y luego fue abierta por un rubio que se encontraba vestido con una bermuda y una playera simple, éste se sobaba insistentemente su cabeza intentado alejar el dolor que le provocó el choque con su puerta.

—Kurokocchi ¡Qué temprano llegaste! — se avalanzó contra su amigo y lo estrujo contra si.

—Kise-kun, me estás asfixiando — respondió con simpleza Tetsuya ante el abrazo efusivo del otro.

—Kurokocchi por favor… ¡Ayúdame!

El grito desesperado del modelo lo alertó, pero se mantuvo sereno en lo que Ryota lo dejaba pasar a la casa y de ahí, halarlo hasta el cuarto y ver como había prendas regadas por todo el cuarto: la cama, el piso, el sillón… definitivamente había pasado un terremoto, sólo eso explicaría todo el caos.

—No sé que ponerme para la cita Kurokocchi…

—¿Pretendes que yo te ayude? — El celeste se sintió insultado ante la insinuasión de su amigo — Kise-kun, tú eres el modelo aquí. Mirame — se señaló el cuerpo dejando ver unos pantalones sencillos beige, unos tenis y una camisa azul celeste.

—¡Te vez fenomenal Kurokocchi! — La exclamación del blondo era sincera.

—Ponte simplemente lo que te haga sentir comodo. Recuerda que es un amigo.

Amigo… Kuroko había dado en el clavo. Daiki era sólo un amigo, entonces ¿Por qué diantres le dolía el corazón cuando pensaba en él? ¿Por qué sus manos sudaban cuando recordaba ese beso? Suspiró, era verdad. Sonrió al chico celeste y abrió su armario una vez más, para ésta vez, ponerse lo primero que se le cruzara por los ojos.

Tetsuya en cambió, se desorbitó por el repentino semblante triste que puso Kise. Era como si no le gustara pensar que ese chico no era un simple amigo.

—Estaré esperando afuera Kise-kun.

—Adelante Kurokocchi, toma lo que gustes de la cocina.

Antes de salir, el celeste volteó su mirar hacia su amigo y vio como éste se desvestía. Contempló su espalda, contempló eso

Un escalofrío viajo por toda su columna. Siempre había admirado a Kise por soportar todo eso solo.

.

::°::°::°::°::°::

.

—Aomine — habló el chico pelirrojo, estaba recargado en la estatua de Hachiko y el otro sentado en una banca.

—Huh — contestó con el monosílabo el moreno.

—¿Por qué llevas anteojos de sol? — Inquirió por doceava vez Kagami, intentando controlar la risa ante la visión de 'chico malo' de su amigo.

—Por milésima vez… ¡Por esto! — Bramó sacándose los lentes de su lugar, dejando ver unas peculiares y terroríficas bolsas que se posaban debajo de sus ojos. Taiga no aguanto la risa tonta y se carcajeó en su cara… por doceava vez — Búrlate todo lo que quieras, en realidad no me importa.

—Ya, ya… es inevitable hacerlo — contestó el chico ante la indignación de su mejor rival —, con lo flojo que eres y como siempre andas durmiendo, desde que te conozco, nunca te las había visto ¡Y se ven horribles!

—Bueno, tener esto — señaló sus ojos sin quitarse el armazón—, es mejor que tener esas cejas deformes que tienes tú. Al menos lo mío se me quita con un buen sueño, lo tuyo, ni haciendo cirugía.

—¡¿Qué tienes contra mis cejas bastardo?! — Vociferó el pelirrojo. Nadie se metía con ellas, le daban esa pinta de rudo y alejaba a muchas personas indeseables.

—Nada en realidad… es mucho mejor que tener tu insaciable apetito.

—¿Qué…?

Taiga no terminó de decir, ya que al mirar a la dirección que veía su compañero, vislumbró una silueta muy familiar… extremadamente familiar. A lo lejos, dos personas venían caminando y conversando alegremente. Uno era rubio, alto y delgado, vestía un sombrero casual con una camisa blanca y saco negro, unos pantalones mostaza y unos zapatos urbanos. El otro, bajito con cabello color celeste y una vestimenta que contrastaba magistralmente con la compañía que tenía a un lado.

Me recuerda a alguien — pensó Kagami. Más no lograba recordar dónde.

—Yo — saludó Aomine en el acto. Se levantó hasta quedar frente a frente con el rubio y lo golpeó ligeramente en el hombro.

—Ite~ ¿Por qué el golpe Aominecchi? ¡Vine como me dijiste! — El blondo no entendía el porqué de su acción y simplemente se sobaba como niño regañado.

—Llegas cuarenta minutos tarde tonto — contestó al instante. No estaba feliz con lo que hiso pero no había de otra… sentía que si no hacía eso, haría otra cosa.

—Mo~ — el suave puchero que hiso le crispo los nervios al moreno.

—Bien, entremos a comer… muero de hambre — dijo rompiendo el ambiente el pelirrojo. No entendía porque lo había acompañado si el otro llevaba compañía. Bueno, al menos no se sentiría solo…

—¿Aomine-kun? — el celeste habló por primera vez desde que habían llegado.

—¿Tetsu? — inquirió también asombrado. Sí que daba vueltas la vida.

—Ha pasado un tiempo, gusto en volverte a ver — dijo calmado, pero nervioso.

—Lo miso digo — no quería ponerse sentimental, pero le alegraba ver a un viejo amigo de la infancia — ¿Cómo está el inútil de Ogiwara?

Una lluvia fría cayó sobre el más bajito de los cuatro y se puso en modo depresivo. Disminuyó su presencia hasta volverla casi nula.

—¡Waa, Kurokocchi no me abandones! — Gritó desesperado el modelo. Justo de eso venía platicando el chico y el otro lo arruina. Con fiereza, miró de modo reprobatorio a Daiki — Aominecchi, eso fue muy insensible de tu parte.

—¿Ahora qué demonios hice? — preguntó levemente alarmado al ver el estado del chico.

—No pasa nada Kise-kun — trató de tranquilizar a su amigo —, ya no lo he visto desde hace cuatro años Aomine-kun, no sé nada de él — respondió con un intento de sonrisa. Aomine sabía que algo pasó, pero eso averiguaría después.

—Oigan, si no nos damos prisa el restaurant se llenará — habló Taiga. Un gruñido secundó su oración y todos lo siguieron. Ya dentro y sentados todos, se dedicó a observar más detenidamente al chico bajito, su inexpresiva cara se parecía a la de Himuro, pero había algo más —. Definitivamente te he visto antes.

—¿Sucede algo? — preguntó Tetsuya al tener presente el escrutinio al que era sometido por parte del pelirrojo. Nunca lo notaban, y no estaba acostumbrado a que alguien lo mirara fijamente. Incluso había veces en las que Ogiwara no lo notaba.

—N-nada, simplemente te me haces familiar… creo — respondió avergonzado de que lo pillaran. Se quitó la chamarra que traía puesta y dejó ver su playera con un logo de la NBA. Pronto Kagami captó como los ojos del chico brillaban asombrado, al ver que era por la playera se aventuró a preguntar— ¿Te gusta el básquet?

—Si, desde los ocho años — contestó sin siquiera mirarlo. Estaba anonadado que ese artículo de colección estuviera en manos de ese chico de cejas raras.

Taiga al ver que el chico aún miraba su prenda, se sintió un poco abochornado — ¿Qué demonios te pasa? ¿Qué eres, una jovencita? — pensó para si mismo el chico. Pronto se desesperó por esa mirada fija azul — S-si quieres puedo conseguirte una igual.

Los ojos brillantes y esperanzados del otro lo conmovieron. Por supuesto que amaba el basquetbol. Y ese pensamiento le gustó.

Aomine pidió para todos. Él ya había ido a conocer el lugar con antelación y por eso lo sugirió para ese reencuentro. Observó como Kise sonreía estúpidamente al mirar a su amigo y lo conmovió. El blondo siempre había sido un coqueto y enamoradizo desde que iban a la secundaria.

Y ese pensamiento le oprimió el pecho ¿Cuántas personas pasaron por la vida de Kise?

Cuando llegó la comida, aprovechó para retirarse a lavar las manos y despejar esos pensamientos tan impropios de él. Al regresar, Kagami tenía el plato llenó de carne, Kuroko ensalada con piezas de pollo y Kise simplemente se sirvió lechuga y trozo de filete de pescado.

—Creí que el único que comía poco era Tetsu — esas palabras las dirigió al blondo. No es que fuese un comelón como Kagami, pero no estaba comiendo ni la tercera parte de lo que solía comer.

—Mi dieta de la quincena es muy estricta Aominecchi —respondió el rubio y el celeste arqueó su ceja. Kise llevaba dieta, sí, pero era dieta para mantener el peso que llevaba, para que no dejara de comer como antes lo hacía y pudiera entrar en los parámetros de lo sano.

—¿Por qué llevas dieta? Antes no lo hacías, nunca has estado gordo y hacías ejercicio por el basquetbol…

—Por que debo de cuidar mi imagen por el modelaje.

Mentiroso — pensó rápidamente Tetsuya. No sabía porque le estaba diciendo esas cosas a Daiki, pero él no era nadie para descubrir a su amigo.

El ambiente se tornó denso. Todos comían y nadie decía o intentaba hacer algo para iniciar un tema de conversación.

—¿Murasakibara sigue con esa manía?

—Huh — la pregunta del moreno fue demasiado rápida como para tener una respuesta. Al analizarla bien sonrió. Daiki quería saber de sus amigos… esos amigos que abandonó por seis años.

—Sí, incluso cuando conoció a Kurokocchi quería "aplastarlo" por ser demasiado pequeño.

—Jajaja ¿recuerdas lo que decía?

—"Tengo ganas de aplastarte" — dijeron al unísono ambos intentando copiar la voz tétricamente aniñada. El ambiente iba suavizándose dejando atrás la pesada bruma que antes había.

Nuevamente el ambiente se quedó en silencio, pero ahora era menos incómodo. El pelirrojo, que pasaba de todo el pasado de Aomine se quedó extrañado ante aquella sonrisa… tan peculiarmente sincera.

—Oi — habló esta vez Taiga dirigiéndose a Kuroko.

—Mi nombre es Kuroko Tetsuya, gusto en conocerte — respondió a la pregunta que apenas iba a hacerle el otro. Vio su rostro sonrojado por la pena y suspiró. Ese color carmín le quedaba con su cabello.

—Kuroko… ¿Q-que equipo de la NBA te gusta?

—Bien, iré al baño — dijo el modelo levantándose.

—Te acompaño — susurró casi al instante Daiki. Tenía la leve sospecha que el otro escaparía.

Antes de llegar a los baños del restaurant, Aomine haló con fuerza del brazo al blondo y salió del local sin mirar a quien aventaba. Ryota estaba estático, simplemente veía como el moreno caminaba a pasos agigantados alejándose.

—¿Q-qué tratas de hacer Aominecchi? — preguntó al recobrar un poco la consciencia.

—Vamos a un lugar Kise.

—¿Ha? — sabía que iban a un lugar, por algo lo estaba llevando a rastras — ¿A dónde?

—Tú solamente sígueme… — un carro opaco levemente las últimas palabras del moreno.

Kise sonrió. A pesar del ruido, alcanzó a escuchar perfectamente lo dicho por el policía.

'Tú solamente sígueme… cómo antes lo hacías…'

Claro que lo iba a hacer. Era una locura, lo sabía muy bien, pero...

Se dejaría llevar por Aomine Daiki una vez más.

.

.

"La agonía física, biológica, natural del cuerpo por hambre, sed o frío dura poco, muy poco; pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la eternidad"

Federico García Lorca.

.

.


Pues bien, aquí les dejo el tercer capítulo. Me consentré un poco más en el pasado de nuestros protagonistas, auqnue individualmente ¡Y tambien en la cita! Kagami es todo un don juan y Kuroko bueno... se despidió de Ogiwara u.u

Les agradezco infinitamente a Tomato12, Yami-neechan, Mika y Fujimy por sus reviews. Y también a los que se van sumando a éste escrito con Favoritos y follows que nace desde el fondo de mi corazón por amor al AoKise.

Mika: Espero que éste capítulo te haya dado una idea sobre el pasado de Kise que no es fácil. Fans de Kise, no me maten que ya llegó su policia :3

Fujimy: Pues si habrá parejas, pero serán leves cameos u.u quiero consentrarme mucho en el AoKi... pero habrá fanservice jijijiji. Y te doy una pista, ese él no es Kasamatsu-sempai, pero creo que pronto aparecerá :3

Espero leerlos pronto. Les mando muchas mordidas acá muy sensuales.

Tenga una linda semanita n.n

Cadiie