¡Lunes, lunes~!

Bailo y brinco de alegría porque hoy es lunes y toca "Algo contigo". La próxima semana ya entro a la universidad seguir con mi carrera amada y deliciosa ¿Quién de ustedes ya entró a la escuela? Bien, invito a todos a leer mi primer AoKi y espero que no sea el último. Sólo para aclarar, sé que ya pasaron tres capítulos y apenas lo digo, pero las frases que salen dentro del fic así "Lalalalala~" son recuerdos de nuestros personajes, cómo no son memorias largas y con detalle los dejé así. Espero no se molesten.

Ahora si ¡a leer! Nos leemos abajo~

Advertencias: Drama, una pizca de Angst, poquito de comedia y romance. Palabras altisonantes y leves menciones de temática sexual. Spoilers del capítulo 23 del anime.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tadatishi-sensei y yo sólo los uso para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.


Capítulo IV

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Un moreno y un rubio iban caminando a paso rápido por las transitadas calles del distrito de Shibuya. Kise simplemente se dejaba halar por el otro, no podía evitar que una sonrisa por demás brillante se reflejara en su rostro; una emoción se coló por su cuerpo, instalándose en forma de una extraña calidez, dejándose ver en un sutil color carmín en sus mofletes; quizás estaban así por la brisa helada que se dejó caer en la ciudad pero de algo no tenía duda...

Esa mano grande que sostenía a la suya se sentía endemoniadamente bien.

En cambio, Aomine estaba en un dilema mental: no tenía ni una idea de a donde llevaría al modelo. Tenía que hacer algo con esa maldita impulsividad suya que –curiosamente- se dejaba salir en presencia del rubio parlanchín e infantil que tenía detrás suyo. En el momento que percibió la oportunidad de estar a solas con Ryota no la había desaprovechado, dejando a Kagami y Tetsuya solos para empezar a llevar sin rumbo fijo a su compañero de Teiko… ¿Estaba esperando una oportunidad para estar a solas con él? ¿Qué planeaba hacer ahora? Había cavado su propia tumba.

Maldito Kise… sigues moviéndome a tu antojo.

Bien, no era correcto acusar de esa manera al blondo ya que él no lo amenazaba a punta de pistola. Sin embargo, se dejaba guiar por esa marea inexplicable de sentimientos que brotaron desde aquel beso. Soltó un bufido y volteó su rostro para ver como el sombrero le cubría el rostro al chico. Recordó vagamente como en la secundaria le ganaba por solo tres centímetros; después de seis años le ganaba por seis, o al menos lo suficiente para que se alcanzara a distinguir la diferencia de alturas.

—Aominecchi… —los ojos amarillos hicieron contacto rápido con las azules que lo miraban.

—Silencio Kise, ya casi llegamos — gruñó Daiki mirando nuevamente al frente. No era de las personas que andan mintiendo de esa manera, pero algo le decía que no debía dejar ir a Ryota.

Siguieron caminando un par de cuadras. Aomine intentaba buscar con desesperación algo que le sirviera de pretexto para llevar al modelo y no terminar como un secuestrador de último minuto. Miraba a los locales y a las personas que mostraban espectáculos nocturnos ¿un violinista? No, a él le aburrían esas cosas; ¿Un mago? Se sentía ridículo si se paraba a ver como si fuese un niño; ¿La fuente que cambia de color? Ni hablar, eso era para parejas acarameladas y melosas. Estaba llegando al límite de la paciencia.

Ryota en cambio se dejaba encandilar por los espectáculos que mostraban en las calles. Tenía mucho tiempo sin salir de noche a la ciudad y se asombraba por lo que había cambiado. La melodía que tocaba el violinista la podía reconocer a la perfección, pertenecía al anime que solía ver de niño; el mago se encontraba sacando un conejo del sombrero ¡Eso era imposible! O quizá no tanto, le gustaba el misterio; la fuente en si la había visto muchas veces para sesiones de fotos anteriores, pero esta vez la sentía diferente... casi como algo místico. Aunque seguía caminando, no podía dejar de sentirse atraído por todo aquello. En ese momento, sintió un abrupto movimiento del otro, se detuvo completamente y dirigió su mirada hacía donde vería el moreno.

Un grupo de niños jugaban basquetbol. El deporte que tanto amaba… no, el deporte que tanto aman ambos. Ese juego por el cual se conocieron…

:-:Flash Back:-:

Kise cursaba su segundo año de secundaria. Iba caminando sin ánimos por el exterior de la escuela Teiko y observaba, a su vez, con detenimiento y aburrimiento los diferentes deportes que ante él se exhibían. Era bueno en todo, podía dominar cualquier cosa que se propusiera en días cuando cualquier persona mortal podría hacerlo en años. Y he ahí el porqué de su vacío: no tenía ningún reto ni objetivo por alcanzar.

Alguien por favor, encienda una llama en mí — pidió sarcásticamente el modelo, creía que no había cosas interesantes que le faltara dominar —. Me pregunto si hay alguien realmente fuerte que me deje sin oportunidad contra él — trató de esperanzarse sin muchos ánimos — Sé que debe de estar en algún lugar ¡Anda, sal ya! — Retó al cielo como si éste se lo fuera a arrojar — Estoy bromeando — confesó en una risa desganada. De pronto, sintió un golpe en la parte trasera de su cabeza, uno realmente fuerte, ya que le hizo perder levemente el equilibrio — ¡Ite~! — gimió en un puchero.

Lo siento, lo siento — escuchó una voz gruesa que venía detrás; volteó y vio a un chico más alto que él, moreno y de ojos y cabello azul marino. Se encontraba sudado y desaliñado, pero mostraba una sonrisa contagiosa en el rostro —. Oye, tú eres ese famoso modelo Kise-kun.

¿Cuál es tu problema? — declaró gruñendo Ryota. Recogió el balón que le causó una leve punzada de dolor y lo arrojó al dueño de mala gana.

Thank you — dijo simplemente el otro y se fue corriendo.

Baloncesto ¿eh? — Lo meditó un poco —, no lo he probado todavía — siguió al moreno por donde se fue hasta dar con una puerta abierta de par en par que mostraba una cancha de basquetbol.

Kise vio el amague y la finta que hizo el chico que conoció momentos atrás. Pasaba por todos, nadie podía detenerlo, para terminar por clavar la bola en el aro.

'¿Podré hacerlo?' '¿Puede que algún día logre si lo intento?' '¡Algún día quiero jugar con éste sujeto!' Todo ese tipo de pensamientos llenaron la cabeza del modelo emocionándolo por encontrar lo que tanto había buscado… aminorando las pequeñas mariposas que insistentemente se mecían por su vientre.

:-:Fin Flash Back:-:

Al regresar de ese torrente de recuerdos, el blondo se percató que Aomine ya no sostenía su mano y frente a él, se mostraba el espectáculo de cómo un hombre moreno de casi dos metros de alto jugaba basquetbol callejero con un grupo de niños que no pasaban los diez años.

Se burló ante lo ridículo que se veía el policía ¿Enfrentarse contra niños? Eso ya era bajo y él había conocido muchas bajezas en su vida. Un insistente fantasma se meció frente a su realidad presente y se asustó. Doblaba su cabeza hacía todos lados posibles, intentando encontrar la silueta que reconocería incluso en el final del mundo…

—Cuidado Kise .

No alcanzó a escuchar la advertencia y un balón le dio en la coronilla de la cabeza. El impacto del golpe fue reducido debido a su sombrero y volteó a ver con enojo al causante de su nuevo dolor.

—¿Cuál es tu problema? — preguntó como si se tratase de una película que repites. Recogió el balón y su sombrero, se acomodó éste último y aventó de una forma bastante mala el objeto a Daiki.

—Lo siento, lo siento — contestó el chico, como hace años lo había hecho, cuando se conocieron. Él lo recordaba perfectamente, como golpeó por pura maldad al chico rubio que caminaba con parsimonia, susurrando cosas inentendibles y del que curiosamente ya sabía el nombre.

—¿Sabes lo extraño que te ves jugando contra pre púberes? — Inquirió Ryota ante la amplia sonrisa que Aomine dejaba ver.

—¡Estoy emocionado! Jugar basquetbol es como algo similar a respirar. Es parte de mi — confesó escuchando las quejas de sus oponentes. Regresó corriendo con ellos para reunirlos y alejarlos lo más que pudiera del otro —. Escuchen, ya es hora de que ustedes se vayan y yo necesito éste balón para jugar con el tipo que ven ahí — señaló al modelo, los otros se rieron ante lo incoherente que decía el adulto que se unió a jugar con ellos —, ¡Hey! Aunque no lo crean él es fuerte y quiero enfrentarme un uno a uno — seguían mirándolo de manera extraña y prosiguió —. De acuerdo, ustedes ganan, les daré quinientos yens a cada uno y me dejan quedarme con él ¿Trato?

Sacó de su billetera tres mil yens y se los ofreció al líder del equipo con quien estrechó su mano en señal de pacto y se fueron corriendo, dejando al blondo confundido.

—¿Por qué les pagaste a esos niños tanto dinero por un balón viejo y desgastado? — preguntó Kise acercándose a la cancha, pisando ese recinto sagrado para él. Tenía años de no hacerlo y ahora la nostalgia lo invadía.

—Porque sería un desperdicio de tiempo y energía ir a comprar un balón a estas horas, además los enanos se los ganaron, dieron buena reta el día de hoy — contestó lanzando el objeto desde la llave para anotar una canasta limpia sin tocar el aro. Corrió hasta donde reboto y regresó hasta posarse frente al otro y extenderle aquella esfera llena de sueños —. Kise, juguemos uno contra uno, cómo en los viejos tiempos — dijo mostrando una sonrisa… de esas sonrisas que tanto le gustaba ver al modelo en su época juvenil...

"¡Aominecchi, juguemos!... ¡Uno más, uno más!"

"Para nada, ya terminé por hoy ¿Qué hora crees que son?"

—¿Intentas burlarte de mí? — susurró entre dientes Ryota. Su flequillo dorado cubría sus ojos, pero no podía oponerse a mostrar la línea recta horizontal del que era presa la boca del chico.

El moreno no lo escuchó y esperaba ansiosamente que el otro aceptara el reto. Daiki era bruto por naturaleza, y por eso no podía darse cuenta cuando algo iba más allá si estaba internado en el ambiente del basquetbol. No vio la tensión en el cuerpo de Kise, ni la lagrima escurridiza que corrió simplona por sus mejillas ni el temblor del cual eran presas sus manos.

—Anda Kise, juguemos. Tu manicura no se estropeara por una noche — Insistió aun conservando esa sonrisa, pero ahora se transformaba en una arrogante.

Se dio cuenta que se invirtieron los papeles. Aomine era el que ahora rogaba por un uno a uno cuando en secundaria el modelo era el que le buscaba siempre, incluso hasta el anochecer y el otro estaba siempre con una sonrisa esperando venganza. Le lanzó el balón esperando que el otro lo atrapara y en efecto, no se equivocó: el blondo tomó entre sus manos el objeto esférico. Daiki esperó a ver el movimiento con el cual el rubio comenzaría ¿Derecha? ¿Izquierda? El modelo era impredecible, tanto como él, cuando se trataba de un uno por uno; además esos seis años debieron de darle una que otra técnica para copiar en más de una ocasión.

Kise se encontraba en un dilema. Había aceptado automáticamente el reto cuando cogió el balón atrapándolo ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Debía decirle lo que le sucedió?

Daiki miraba a Ryota todo el tiempo sin perder un solo instante sus movimientos. A él, regresaba la emoción del momento cuando se enfrentaban, cuando se miraban a los ojos y el otro trataba de imitar su manera de jugar. Siempre fue un digno contrincante…

"¿Por qué no eres un poco más suave con él? Kise-kun nunca había jugado antes…" Resonó la voz de la joven Satsuki en su cabeza.

"¿Ser más suave con él? No me puedo permitir eso"

Claro que no podía hacerlo, ni en el pasado ni ahora. El blondo era de armas tomar cuando se trataba del baloncesto. Al ver el cambio de ritmo, se alertó su sexto sentido y respondió ante el mal tiro de tres puntos que intentaba hacer el chico en una imitación a su antiguo compañero de escuela Midorima, deteniéndolo con la palma de su mano sin esfuerzo alguno.

El hecho que lo haya logrado detener no era nuevo… ¿Pero la mala postura al tirar? Él nunca había cometido un error así; siempre daba su cien por ciento para replicar a la perfección las técnicas que veía ¿Estaría fuera de condición?

—No te limites Kise, sabes que yo puedo dar todo para poder barrer el piso contigo — se mofaba el chico ante la creencia que el otro se estaba conteniendo. El sombrero se le había caído, dejando ver sus mechones dorados llenos de sudor, pero sus ojos aún se encontraban tapados. Corrió hasta recoger el balón y lo botó un par de veces para dejárselo en las manos estiradas del joven modelo —. Anda, ven con todo lo que tienes a mí.

Ryota se encontraba angustiado. El dolor incesante que se produjo al hacer ese patético tiro le estaba resultando caro. Su brazo izquierdo le punzaba y ardía… pero decidió intentarlo una vez más, simplemente en compensación por todas las veces que él le rogaba en el pasado 'una vez más'.

Brinco, estiró sus brazos en busca de una canasta milagrosa que le dijera que aún podía hacer algo... pero sólo encontró la mano de Daiki bloqueando nuevamente su tiro. No se encontraba asombrado, sabía que ocurriría nuevamente.

Aomine, quien era un idiota por naturaleza –al extremo de compararlo con la falta de raciocinio de Atsushi-, le indicó un presentimiento que algo no andaba bien ahí: no después de ver a Kise fallar dos veces, no después de ver ese ligero temblor en su brazo. Confundido, se acercó hasta dónde se hallaba parado el modelo; el otro simplemente se limitaba a hablar en voz baja, ignorando la presencia que se acercaba como depredador hasta él y tomarle sin ninguna delicadeza sus hombros.

—Imbécil, me lastimas — dijo Kise tratando de ocultar aún sus ojos.

—¿Qué sucedió ahorita Kise? — Interrogó con furia contenida, y ésta aumentó cuando el otro no lo veía a cara a cara, ocultando su rostro —. Tú no tiras así de mal, es más, podría decir que Tetsu es mejor que tú ¿Por qué? — Ante el silencio del blondo comenzó a exasperarse — ¡Dime! — quería respuestas y las quería en ese instante.

—¡Por qué ya no puedo volver a jugar baloncesto nunca más! ¿Satisfecho? — Bramó lloroso. Levantó su mirada para ver esos orbes azules acusadoras. Trató de zafarse del agarre del otro, sin éxito alguno por la diferencia de complexión.

Aomine abrió sus ojos de par en par por la sorpresa ¿Qué Kise, el copiador por naturaleza, no volvería a jugar nunca? ¿Qué era eso, una broma de mal gusto? Aplicó más fuerza en sus manos, intentando obligar al otro decirle la verdad, pero al ver los ojos hinchados y rojos del otro, ver esa mirada dolida y sin brillo supo que esa era la verdad. Soltó los hombros de su compañero y se quedaron los dos bajo un manto de mutismo que era difícil de romper. Muchas conjeturas y puede que ninguna tuviera una respuesta agradable; era mejor dejarse de elucubraciones.

—¿Qué sucedió? — preguntó para romper el silencio del otro. Las disculpas vendrían después.

—Un… un accidente — respondió dudoso ¿Tendría caso hablar de él? Frotó sus manos contra sus brazos en un intento por darse calor —, el hombro se me dislocó y fue irreparable. Con esfuerzo y rehabilitación puedo llevar mis actividades diarias normalmente; pero el doctor fue muy estricto…

"Kise-kun, malas noticias: con ejercicios de recuperación podrás llevar una vida común, pero el basquetbol… me temo que tendrás que dejarlo. Tienes prohibido levantar sus brazos más allá de la altura de tus hombros, ese es tu limite ahora, cualquier esfuerzo y podrías volver a zafarlo de su lugar y cada vez será peor… Kise-kun…"

"Huh"

"No fue un accidente ¿cierto?"

—Ya veo — suspiró el moreno. Era difícil renunciar a un deporte que tanto amas por un accidente así… aunque algo le decía al policía que no andaba bien eso.

—Bueno, ya estoy mejor y en mi carrera de modelaje me va bien — dijo, recuperando brevemente esa chispa de alegría que lo caracterizaba. Cuando tocaba temas donde se involucrara su capacidad en el baloncesto le dejaba con ambiente sombrío, pero esta vez lo tomo un poco mejor… quizá porque a quien se lo contaba era a Daiki.

—Pero amas el básquet ¿no? — Aomine era muy insensible y le daba por picar con un dedo la herida sin tenerlo en cuenta — ¿Estás bien así?

—No hay remedio, los accidentes pasan y toca resignarse en algunas ocasiones — reflexionó el modelo. Se aplaudió internamente por lo maduro que se escuchaba eso.

Ninguno se había percatado de la postura que tenían desde que sorpresivamente el moreno abrazó al modelo cuando le contaba lo que dijo el especialista. Ambos se encontraban sentados en medio de la cancha. El policía estaba en forma de casuela* y el rubio sentado en el hueco que se formaba.

Se sentían cómodos de esa manera, cómo si de alguna forma ese vacío que sintieron los últimos días se hubiese llenado sin necesidad de estar buscando.

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—Kuroko… — dijo lo más relajado que podía el pelirrojo.

—¿Si, Kagami-kun? — respondió el otro controlando su aún agitada respiración.

—¿Cómo demonios terminamos así? — Vociferó Taiga conteniendo el pequeño grito con que lo iba a preguntar.

Kuroko y Kagami se encontraban en un callejón de no más de un metro de ancho. Eso no sería problema para personas promedio; pero el cuerpo alto y ancho del bombero ocupaba la mayor parte del lugar, dejando al celeste pegado contra su tronco. Ambas espaldas se encontraban pegadas a la pared y sus pelvis podían rozarse si se movían un poco; una pierna de cada uno se encontraba en la entrepierna del otro.

Todo había sucedido tan rápido…

:-:Flash Back:-:

El bombero y el profesor seguían platicando de temas similares al basquetbol. Algunas bromas por parte del pelirrojo y el otro se quedaba callado debido a no entenderlas. De momento a otro, se quedaron callados; era un silencio no incomodo, pero algo de ambiente que generaba una buena discusión con Aomine podría aliviarlo…

Un momento ¿Dónde están esos idiotas? — inquirió volteando a todos lados para ver si lograba visualizarlos. Sacó su celular para revisar la hora y tenían cerca de media hora de 'haber ido al baño'. Suspiró, otra de las jugarretas del policía para liberarse de pagar la cuenta ¡El muy imbécil se escapó! Incluso cuando él lo invitó a esa susodicha reunión.

¿Kagami-kun? — Llamó el pequeño al otro para captar su atención. No se aprendió el nombre, pero reaccionó relajándose cuando el otro lo miró sin objetar nada. Al parecer Kise volvía a desaparecerse como solía hacerlo a veces. Malas costumbres por parte del rubio.

Nada, estoy seguro que nos han dejado atrás — contestó sorbiendo un poco de refresco.

El silencio volvió a hacer mella entre ellos ¿Qué tanto en común tenían ellos? Desde su personalidad contrastaban magistralmente y no habían encontrado algo de interés que compartieran además del deporte preferido. El chico bajito suspiró. Era mejor terminar con todo aquello.

Kagami-kun — habló al pelirrojo, él otro simplemente levantó la mirada y asintió ligeramente con la cabeza —, ¿Te importaría si me retirara ahora? En realidad sólo acompañé a Kise-kun porque me rogó, no tenía planeado salir éste día.

¿Ha? Sí que esos dos tienen mucho en común — ante la ceja alzada del chico continuó —, Ahomine no quería venir sólo y me arrastró a esto con una apuesta. Ni hablar, vámonos que ya se me está acalambrando el trasero.

Ambos chicos se levantaron y fueron a caja a pagar, para sorpresa de los dos, la cuenta ya estaba pagada con antelación, cortesía del moreno amigo que compartían. Sonrieron ante la consideración de él y salieron del local. Tetsuya caminaba lento, siendo seguido de cerca por el pelirrojo que lo veía, pensando aún que lo había visto antes.

Sabes, no soy una chica para que me acompañes hasta mi casa Kagami-kun — dijo mosqueado ante la idea que el otro pudiese hacerse.

¡I-idiota! No lo hago por eso — respondió ante la acusación — yo también tomo el metro cerca de aquí.

¿Ah sí? — Dijo acusadoramente el celeste. Puede que no lo haya sentido mucho, pero algo se agrandó al ver ese sonrojo que hacía juego con su cabello — ¿Sabes una cosa Kagami-kun? — Esperó a que el otro volteara — Te ves muy lindo cuando sonríes.

¿Quién mierdas es lindo aquí? — Bramó enojado.

Tú por supuesto — señaló la mueca picándole una mejilla con un dedo.

Lindo no es una palabra para un varón…

Escuchó el ruido de un balón de basquetbol interrumpiendo lo que decía. El rebote y las exclamaciones de victoria; después, un golpe sordo, unas maldiciones y por último, vio como el amigo del amigo de su amigo era tomado por la camisa hasta ponerlo de puntillas y un puño a escasos centímetros del rostro del celeste.

¿Cómo acabó de esa manera? El pelirrojo se movió impulsivamente hasta dónde estaba el chico y acertó un severo golpe en la mandíbula, desequilibrando al vándalo que lo veía con odio y después sintió su mano ser agarrada por otra y darse a la fuga. Volteó su cabeza y miró cómo iban cerca de diez jóvenes no más de preparatoria corriendo tras de ellos, persiguiéndolos.

Más rápido Kagami-kun — decía entre jadeos, aminorando la carrera poco a poco debido al cansancio.

¡Eso debería de decirlo yo! — Exclamó el alto para ahora invertir papeles y halar él el pequeño cuerpo del otro. Corrieron un par de cuadras más para llegar a unos edificios antiguos e internarse rápido en un callejón estrecho.

:-:Fin Flash Back:-:

Estaban apretados, eso reflejaba sus rostros, pero por alguna razón, no se sentían demasiado incómodos ahora. Reían un poco al ver como lidiaron contra jóvenes más chicos que ellos y compartieron miradas cómplices.

Un sonido se dejó escuchar entre ellos y Kuroko sintió una extraña vibración en una de sus piernas.

—Kagami-kun, te está vibrando.

—Mierda Kuroko ¡Claro que no! Ni siquiera te conozco — respondió rojo como un tomate el chico alto.

—Eso no Kagami-kun, quizá vibra tu celular — dijo estoicamente, pero algo perturbado por las palabras… él no se imaginó que el otro pensara eso con su oración.

—A ver, dame una mano y sácalo por mi ¿Si? — Se movió un poco para que el otro tuviera libertad suficiente y logró obtenerlo —, ahora léelo por favor.

—'Bakagami, llevaré a Kise a su casa, si quieres puedes irte. Pero antes tienes que llevar a Tetsu a su casa ¡Ese renacuajo suele meterse en problemas a menudo! P.D. No dejes que Tetsu vea este mensaje, cuando se entere que le dije así querrá molerme a golpes.' — Recitó Tetsuya leyendo. No pudo evitar que un aura lúgubre lo rodeara y aseguró obtendría venganza.

—¡Aomine bastardo! Ya me di cuenta de eso, gracias por avisarme tan tarde imbécil — rodó los ojos al recordar como quería enfrentarse contra esos vándalos con ese cuerpo menudo que tenía. Aunque una sonrisa malévola cruzó su cara cuando vio al otro enojarse por el mote que le puso el moreno — Te jodes Ahomine, Kuroko te matará — se dijo victorioso a sí mismo. Bien, al menos eso compensaría todo.

La buena noticia, habían perdido a esos rufianes.

La mala, no sabían cómo saldrían de ahí.

Y aun así, el extraño sentimiento que nació en ese momento, la calidez y esas mariposas traicioneras fueron los que hicieron que toda aquella loca aventura, hubiese valido la pena.

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Terminó de teclear en su celular y lo cerró con fuerza. Kise se encontraba en ovillo recargado en su pecho. Se sentía muy bien tenerlo cerca ¿Por qué se distancio tanto tiempo de sus amigos? ¿Por qué lo alejó a él de su vida? Demasiadas preguntas con quizá respuestas inconclusas. Lo importante era que ya estaban ahí ahora. De alguna manera, ver su alma quebrada por no poder practicar su deporte favorito lo puso melancólico.

—Aominecchi — el aludido sólo lo apretó ligeramente para darle a entender que continue — ya está anocheciendo, tengo que ir a casa.

—Claro, vamos te llevo — se levantó primero e intentó ayudar al otro sosteniéndolo para ponerlo en pie.

—Ite~ — se quejó el rubio, agarrando instintivamente su hombro izquierdo y frunciendo su rostro en reflejo de dolor.

—O-oye Kise ¿estás bien? — preguntó un poco asustado al ver la cara que puso el modelo.

—Estoy bien Aominecchi — dijo — al parecer, sólo forcé más de lo que debería de haberlo hecho.

—¡Nada de estoy bien, maldición! — exclamó enojado el moreno. Se puso en cunclillas y volteó su cara a la mitad — Anda, sube. Te llevaré al hospital.

—Aominecchi me lastimé un brazo no una pierna — decía con un poco de risa escalofriante —. Además, no soy una chica a la que tengas que cargar — declaró para comenzar a caminar evadiendo el cuerpo encorvado del otro.

—Tsk, uno que intenta ser amable — bufó. Al ir caminando despacio, vio que el chico aún conservaba su perforación en la oreja; sonrió bobamente, hay cosas que no cambian.

—No tienes que acompañarme — sonrió tristemente el rubio, ya sabía que respuesta iba a tener.

—¡Por supuesto que no! — Rugió el otro — Pero, por alguna extraña razón tengo que hacerlo — dijo ante la mirada inquisidora del más bajo — ¡No me mires de esa manera, idiota! Llámalo deber civil o como quieras, pero es mi responsabilidad que estés así y no estaré tranquilo hasta que sepa estés bien.

Ryota estaba anonadado. Esperaba más un 'Sé que no, bien, si no quieres nos vemos', pero a cambio de eso, encontró una respuesta de lo más tsundere que le conmovió un poco su corazón. Sonrió, se dejaría consentir un poco por el tacaño de Aomine.

Se subieron a un camión urbano que los dejaría a dos cuadras del hospital donde se supone, Kise conoce al especialista de ese lugar. Daiki revisó la hora: eran cerca de las diez de la noche ¿Tanto tiempo habían estado juntos? No lo recordaba, tan solo hacía memoria de pequeñas idioteces que se decían en la plática como el nuevo sistema de transporte, la nueva campaña de Kise, el trabajo en la estación de policía , si el mismo tenía licencia para usar un arma… enserio, eran cosas mundanas del hoy.

Pero el ayer no lo tocaron. Quizás era mejor de esa manera.

—Hemos llegado Aominecchi — susurró el blondo despertando del mutismo que los inundó. Se bajaron y caminaron un poco hasta dar con un enorme edificio pulcro y las puertas enormes del mismo —. Puedes irte ahora.

—¡¿Ha?! — Gruñó el moreno — ¿Y dejar que regreses así a tu casa? Ni hablar, es más barato tomar un taxi y pagarlo entre los dos.

En realidad eran demasiadas atenciones por parte del ex As de Teiko en el día. Kise ya no sabía si estaba bromeando o simplemente eran sinceras las palabras del chico más alto que él. Ambos pasaron al área de urgencias y explicaron la situación. Debido a que no se encontraba el especialista, lo pasaron al área general. Se sentaron en una camilla y esperaron a que algún doctor los atendiera.

Daiki se encontraba incómodo. Tenía años de no pisar un hospital y ese ambiente no le agradaba demasiado… el olor a desinfectante, los llantos de los niños, las llamadas y códigos que se decían en secreto el personal, todo aquello le traía recuerdos dolorosos.

"Dai-chan… ya lo sabes ¿cierto?"

"¿Por qué no nos dijiste nada?"

"Por qué ya no había nada que se pudiera hacer, es parte de la vida."

"¡Pero…!"

"Dai-chan… quiero ir a recoger girasoles ¿me acompañarías?"

—¡Aominecchi!

—Huh — reaccionó el chico. Cuando abrió los ojos, vio un par de orbes amarillas que lo veían muy cerca.

—Te quedaste dormido quince minutos — dijo Ryota separándose un poco. Vio que Aomine por su parte, se quitaba el suéter ligero que le había puesto el rubio encima —, se supone que yo soy el enfermo — un puchero lindo se dejó escuchar.

—Realmente… — se estiró lo más que pudo y se tronó un par de huesos en el proceso —. Lo siento, no he dormido bien.

—Ne, Aominecchi — habló al otro aún sin verlo — ¿Por qué te fuiste hace seis años?

La pregunta incómoda salió a luz. El moreno se rascaba su cabeza en busca de la respuesta, pero en realidad, cualquier cosa que dijera sonaba como justificación, y él no quería justificar eso. Era parte de su vida, pero aún no terminaba por aceptarlo… ¿Lo aceptarían los demás con eso en su consciencia?

—¡Kise Ryota! — Vociferó una voz demasiado conocida — ¿Qué te dijo sensei de cuidarte los brazos? ¡Maldita sea, pareces un niño mimado! — Se quedó callado cuando vio el acompañante de su paciente — ¿Aomine?

—Yo, Midorima — dijo tranquilamente el moreno. Seis años de estar huyendo de su pasado y de golpe se encuentra a otro de su generación milagrosa.

—¡Midorimacchi! — El modelo se abalanzó contra él y lo abrazó, ignorando el dolor que le producía ese acto — Tanto tiempo ¡Ite~! — Se sobó una costilla — ¿Qué rayos fue eso?

—Idiota, estás ingresando por una lesión en el hombro y te abalanzas contra mi sin tenerlo en cuenta — declaró seguro colocándose sus lentes nuevamente en su lugar.

—Mo~, sólo te estaba saludando, eso es todo — se acariciaba el golpe careciente de fuerza, pero usó la suficiente para ponerlo nuevamente sentado en la camilla.

—Bien, vamos a hacer esto rápido ¿Qué demonios hiciste? — preguntó tomando una tablilla con hojas de ingreso y sacó un bolígrafo de su bata blanca.

—Jugué basquetbol — dijo el chico rubio. Shintaro se quedó callado esperando que fuese una broma —, y no es una broma.

—¡Demonios rubio insensato! — Otro golpe de parte del de gafas, ahora en la coronilla de las hebras doradas — ¿Quieres acaso terminar con la poca funcionalidad de tu brazo?

A Daiki esa declaración le crispó los nervios ¿Tan delicado era el estado del blondo para decir esas cosas? Una punzada de culpa lo aterró.

—Oye, yo fui el que le dijo y le picó la cresta del orgullo.

Midorima simplemente lo vio. En esas esmeraldas había una chispa de acusación, pero tambien de tristeza — ¿No le dijiste antes de empezar a jugar?

Kise simplemente guardó silencio. Estaba nervioso por lo que pudiera pasar ahora; a pesar de todo y sus diferencias colosales, Midorima siempre había estado al pendiente de él y sentía culpa, pues creyó haberle fallado.

—Olvídalo, lo importante ahora es revisarte para ver si tienes algún traumatismo que tenga que ver sensei — dijo con voz suave, casi, casi comprensiva ¿Ese era el demonio del tiro de tres Shintaro Midorima? Miró desaprobatoriamente al moreno y le dijo —. Tú, salte de aquí.

—¿Qué? — bramó molesto. Se paró en forma de ataque, pero un brazo lo detuvo.

—Yo no tengo problema, pero no creo que a Kise le guste que lo veas desnudo — declaró firmemente buscando en una cómoda algunas vendas y ungüento.

—Vamos Aominecchi, espera un poco afuera. Midorimacchi sólo hará su trabajo ¿sí?

Daiki salió sin que le tuvieran que decir dos veces ¿Qué acaso ese bastardo de lentes no lo iba a ver desnudo? ¿Lo iba a revisar sin anteojos y por su miopía no vería nada? Se sentó en una silla de la sala de espera, soltando un bufido.

Dentro del cubículo asignado, Kise se sacó el chaleco y la camisa blanca que traía. Midorima lo miraba… ese amague de sacarse la ropa nunca lo había sentido con nadie… excepto Ryota, él podía volver un movimiento de lo más normal, en algo realmente sexy. Decidió dejar ese pensamiento para después, se encontraba en horas de trabajo y atendería a un paciente.

Se puso frente al modelo y comenzó a examinarlo. El otro, reía con el constante roce de los dedos vendados del chico de ojos esmeralda; Shintaro siempre lo había tratado delicadamente cuando se trataba de su hombro y por eso le gustaba que él lo revisara en lugar del sensei… no es que le molestara el sensei, pero él no lograba esa caricia sutil del final, como una cura sin nombre.

—Bien, no encontré alguna lesión, quizá lo único que ocurrió fue que forzaste demasiado y ahora duele — llenó un poco la forma de ingreso y volvió a dejar la tablilla en la cama —. Te pondré una venda y la llevarás una semana. También te daré un poco de ungüento. Ven la próxima semana para que sensei te revise si no tienes efectos secundarios por tu imprudencia — lo vendó rápidamente esperó a que el otro se vistiera para poder abrir la cortina. Iba saliendo cuando sintió una mano halando el final de su bata.

—Midorimacchi… gracias.

Esa sonrisa. Esa amplia, reluciente y sobre todo, sincera sonrisa que cambió la vida de dos personas por completo…

Midorima Shintaro y Aomine Daiki eran completamente distintos: uno era impulsivo, el otro racional; uno era tsundere y el otro simplemente bruto… definitivamente no había en común en ellos.

Más que ese gesto tan abrasador de Kise Ryota.

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"Me preguntaron sobre las drogas, les hablé de tu sonrisa"

Anónimo.

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¡Apareció Midorin! Ahahaha, creo que ya muchos sospechan el lugar que tendrá mi simpatico tsundere en ésta historia... no lo haré sufrir no se preocupen.

¡El KagaKuro a mi me mató de risa! Jajajaja reía mientras lo escribía ¿pueden creerlo? Poco a poco se trasluce más y más el pasado de mi rubio favorito y de mi moreno consentido... La generación de los milagros va saliendo a la luz poco a poco.

Ésta historia irá a un ritmo relativamente lento para quienes les desespere un poco. Van existiendo escenas de nuestra parejita preferida y cameos de la kagakuro (si, también tengo una obsesión con ellos)

Agradezco enormemente a Erza S (Gracias por el review a cada capítulo), Atenea.2395 , Mika y Fujimy por sus reviews, me hacen infinitamente feliz de verdad. También a las personas que se van sumando en favoritos y follows, estoy muy feliz de que les guste. También a aquellas que lo leen simplemente, espero les esté gustando mucho.

Mika: No te preocupes, Kagami le dará a Kuroko todo el amor que se merece, es un buen chico y me cae muy bien. Además, creo que con éste capítulo te das una leve idea del pasado de Daiki. Gracias por tu review.

Fujimy: Jajajaja me dio risa tu review ¿Quién necesita de Ogiwara teniendo a Kagami? Lo sé, pero es que está medio lelo mi celeste preferido y sólo necesita un pequeño empujón para volver a amar :3 Gracias por tu review.

¡Que tengan una linda semana!

Nos leemos pronto~

Besos sabor a nuez y a vainilla.

Cadiie Mustang.