¡Buenas tardes gente!

¿Cómo andan? Les mando a todos buena vibra para que comiencen un año o semestre con todo, éxito en cualquier trabajo. Estoy feliz porque hoy me tocará ver a un profesor que admiro demasiado... mi hombre ideal, lástima que está casado u.u Pero me hace tan feliz de tener una clase con él. En fin, hoy es lunes y toca "Algo contigo" Wao, me sorprende que sin falta he traído cada capítulo y esperemos que siga así, traigo la inspiración a fuego.

En fin, nos leemos abajo~

Advertencias: Drama, una pizca de angst. Cursilerías y palabras altisonantes. Mención ligera de temas sexuales.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pretenecen, son propiedad intelectual de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los uso para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.


Capítulo V

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Kise se quedó sentado en su camilla un rato después de ver a Midorima irse. Aún tenía en su mente la pregunta que le hizo al moreno antes de que el interno los interrumpiera…

"¿Por qué te fuiste hace seis años?"

Claro que quería saber cuáles fueron los motivos para esa repentina desaparición después del partido que se enfrentaron en preparatoria…

:-:Flash Back:-:

Ya había pasado una semana del partido entre las escuelas de Kaijo y Too en la Inter High. Kise se encontraba caminando por la ciudad después de reposar cinco días; sus piernas quedaron destrozadas anímicamente después del intenso esfuerzo por el que fueron sometidas. Aunque no se encontrara en condiciones para entrenar, al menos querías salir a distraerse; estaba seguro que si seguía acostado en su cama le saldría hierba salvaje por todos lados.

Caminaba un poco por el barrio; observaba las retas que se jugaban en las canchas de basquetbol y futbol cerca de ahí y sonrió ante el bello recuerdo de sus inicios en secundaria. Los locales de comida a esa hora del día estaban llenos y un gruñido que provino de su abdomen le recordó que debía comer algo; sin embargo, la añoranza de todas sus vivencias ocupó una mayor jerarquía sobre su pirámide de Maslow en ese momento y siguió caminando hasta sentarse en una banca en un parque. Se distraía al ver a la gente pasar frente de él, caminando presurosos y sin mirar atrás; avanzando hacia adelante y dejando todo en el pasado…

¡Eso es! Lo que haría para sentirse mejor era ir con su viejo compañero de equipo Aomine y decirle que no le guardaba ningún rencor por esa paliza que la escuela Gakuen impuso a la suya. Se felicitó a sí mismo, convenciéndose que con eso podría continuar. Se levantó y empezó a andar el camino, manteniendo su espíritu elevado y su sonrisa deslumbrante.

Al llegar a la casa del moreno, tocó el timbre. No hubo respuesta, así que nuevamente volvió a apretar el botón dos veces seguidas y como antes, tampoco contestaron al llamado. Se escuchaba desesperado, pero ésta vez tocó el timbre cinco veces con un intervalo de cinco segundos cada una. Una vena brotó en su sien y colmó su paciencia.

¡Aominecchi! — Gritó a la casa. Lanzó una piedrita que encontró cerca dando un golpe suave a la ventana. Nadie salía a recibirlo — ¡Aominecchi, soy yo, Kise! Mo~

Realizó un puchero digno de un niño y tocó el botón demasiadas veces, casi podría jurar que descompuso el aparato ¡Necesitaba hablar con Daiki y éste se hacía el digno y no salía! ¿Qué hacía, echaba una siesta?

¡Aominecchi! — Estaba decidido, gritaría hasta que se le secase la garganta o fastidiase al As de la Generación de Milagros, lo que sucediera primero — ¡Aom…!

Cielos, chico. Mi nieto trata de tomar una siesta y con tus aullidos se remueve como gusano — Comentó una anciana con una sonrisa. Salía de la casa vecina; su mandil rosa la hacía verse adorable y se encontraba sosteniéndose de un bastón —. ¿Necesitabas algo?

A-ah, lo siento — dijo apenado, no tomó en cuenta que podría molestar a terceros —. Sólo estaba buscando a Aomine-kun.

Ara~, estabas buscando a Dai-chan — exclamó asombrada acercándose a paso lento al chico —. Cómo decirlo — se quedó callada unos momentos reflexionando sus palabras —… la familia Aomine ya no vive aquí.

Un balde de agua fría cayó en seco sobre el modelo. Sus piernas perdieron fuerza en un instante y se doblaron, haciéndolo caer de bruces al suelo, como si de una marioneta a la que le acababan de cortar los hilos se tratase. Su respiración se volvió pesada y volvió la mirada a la anciana que lo veía desde arriba.

¿Y-ya no viven aquí, dice? — Articuló como pudo la pregunta, buscando entre los ojos oscuros de la señora la verdad. Sudo frio cuando la señora movió su cabeza de arriba abajo afirmativamente sin decir nada — ¿Desde… desde cuándo?

Se fueron hace cinco días — confesó tristemente la abuela —. Todos en el barrio estamos tristes por su partida.

¿P-por qué? — Susurró para sí mismo. Un cúmulo de lágrimas se deslizaban por sus perfectas mejillas y caían hasta el suelo. Instintivamente volteó a la casa para percatarse que el correo estaba acumulado en el buzón ¿Cómo no se dio cuenta antes? Un sonido parecido a una rasgadura de papel provenía de su interior; dolía, le ardía el pecho lo suficiente como para agarrarse su playera y estrujarla entre sus manos, intentando inútilmente quitar esa sensación. Agachó su cabeza para ocultar su semblante quebrado.

Nadie sabe que sucedió realmente — dijo la anciana queriendo contestar a la pregunta del rubio. Posó una de sus manos arrugadas sobre la mata dorada y luego la deslizó por el contorno hasta dar un moflete y apretarlo ligeramente —. Jovencito, quita esa cara de angustia ¡Ánimo! Verás que pronto Dai-chan se pondrá en contacto contigo y podrán platicar de todo lo que tienen pendiente ¿Bien?

La suave caricia de la abuela sanó el corazón de Ryota. Se alegró levemente, logró ponerse de pie, darle un beso en la frente avejentada que estaba frente a él y se dispuso a marcharse de ahí sin decir otra palabra. A ella no le afectó, más bien, reconoció la fortaleza del joven para aceptar esa partida tan inesperada.

Kise se aferró con uñas y dientes a aquella esperanza que la sonrisa de la señora le otorgó como un bote salvavidas. Durante un año espero y espero una llamada, un mensaje, incluso una señal de humo por parte moreno… pero siempre acababa el día mirando la foto donde salían abrazados después de ganar su primer torneo en secundaria.

Poco a poco sus fuerzas se fueron agotando… poco a poco, volvió a escuchar ese sonido de desgarre dentro de él. No sabía que aquello que se oía en eco era su alma siendo rasgada con cada día que pasaba…

:-:Fin Flash Back:-:

El blondo sacudió su cabeza de un lado a otro, despejando de su mente todo aquello que provino después de eso. La cara que puso Aomine al escuchar su cuestionamiento era de esas que se contraían cuando no querían recordar algo; era la misma que él ponía cuando le preguntaban sobre su pasado… sobre él.

—Oe Kise ¿Ya estás listo? — Daiki entró sin avisar previamente. Recorrió las cortinas de par en par, observando al rubio palmearse el pecho — ¿Qué haces?

—N-nada — contestó rápidamente ¡Sí que se había llevado un buen susto! Al sumergirse en sus recuerdos, se le olvidó por completo si ya se había puesto su ropa. Se relajó al comprobar que ya estaba cambiado y puso su misma sonrisa de siempre —¡Ves, te lo dije Aominecchi, estoy bien!

—¿Eso fue lo que Midorima te dijo? — Inquirió el policía. Sinceramente, no le había preguntado ni un comino al interno después de cómo lo echó del cubículo donde estaban él y Kise encerrados solos… un escalofrío recorrió su cuerpo. Se molestó ante ese hecho.

—Por supuesto — respondió aún alegre. Sacudía su brazo amoldando un poco el vendaje —. A pesar de ser un interno aún, Midorimacchi es muy bueno. Desde que comenzó la carrera, podría decirse que ha sido mi médico particular para mi brazo y… otras cuestiones más.

—Sí, sí. Ya entendí — le cabreaba que el modelo lanzara flores al por mayor al de ojos esmeralda ¿Acaso había ya conseguido la cura para el ébola? ¡Por supuesto que no! —. Tan sólo es un pasante más… cualquiera podría hacerlo — pensó para sí mismo. Le molestaba no ser aquel a quien Ryota admirara… como antes solía ser de manera natural —. ¿Nos vamos?

—Sí, solamente iré a recoger mi medicina a la farmacia y podremos irnos.

Desocuparon la camilla y caminaron hasta la sección de la farmacia. Delante de ellos había tres personas más y se formaron. Un silencio se formó entre ellos; Kise estaba pensando en su imprudencia y de lo que explicaría al sensei después; en cambio, Aomine se encontraba debatiéndose sobre lo que significaba aquel calor que nacía en su abdomen y corría por todo su cuerpo, calentándolo. Cuando menos lo esperaban, ya habían llegado al mostrador, dejando ver a una joven con una sonrisa reluciente.

—Buenas noches señor ¿Me permite su receta médica por favor? — dijo amablemente mientras estiraba sus manos para recibir el papel.

—¿Eh? — Soltó el monosílabo el modelo — ¡Olvidé por completo pedirle la receta! — Se reclamó mentalmente dándose ligeros golpecitos en la frente — Lo siento, no la tengo.

—Sin receta no hay medicinas señor — susurró decepcionada la chica. Era su trabajo y ella simplemente hacía respetar las reglas.

—Pero…

—Aikawa-san, él vino conmigo. Fue mi culpa no haberle dado la receta — Llegó Shintaro antes de que Ryota entrara en un estado de pánico —. Tome, aquí está — estiró su mano con los dedos vendados a la joven y ella desapareció rápidamente detrás de los anaqueles — Kise — la voz del interno era pesada — ¡¿Cómo demonios se te puede olvidar la receta?! — Lleno de un impulso fuera de sí, apretó un cachete del rubio.

—Ite~ — exclamó Kise adolorido — ¡Perdóname Midorimacchi! Estaba feliz de volver a verte después de mucho no salir — confesó el chico liberándose de aquella caricia ruda. Le temblaron levemente las piernas y su corazón dio un brinco, acelerándose por el contacto. Al estarse sobando, se dio cuenta que los ojos del chico estaban rojos y debajo de ellos había una espesa capa de negrura — ¿Por qué tienes ojeras Midorimacchi?

—Una palabra: internado — contestó frívolamente. La etapa que vivía como interno era de lo más demandante. Constantes desvelos y rotaciones nocturnas. Debido a eso, la escasa vida social que tenía anteriormente quedó reducida a nada.

El blondo simplemente se le quedó viendo y corrió por el pasillo. Daiki y Shintaro se voltearon a ver entre sí sin comprender el porqué de la huida del más bajo que ellos. El moreno, quien hasta ese momento se sentía ignorado, recibió los medicamentos del lesionado y suspiró hondamente. Al ver la escena de sus ex compañeros de escuela le removió demasiadas cosas; es como si entre ellos, el tiempo no hubiese pasado y siguieran con la misma actitud y confianza que se tenían en aquel entonces; no, incluso tenían aún más que antes y sintió una molestia nueva, ahora en el estómago. Se prometió a si mismo tomar un antiácido antes de dormirse, quizá la comida le cayó pesada después de todo.

El oji-verde simplemente se dedicó a masajear el puente de su nariz. Esa semana la tuvo complicada con cuatro desvelos, después de seis años veía a uno de sus compañeros de secundaria; y cuando finalmente tenía una oportunidad para ir a descansar un poco recordaba que no le había dado su receta al otro.

—Toma, Midorimacchi.

Aomine viró su cabeza al escuchar la voz del lesionado. Midorima abría sus ojos pesadamente, acomodándose las gafas en su lugar y observando lo que había en la mano estirada de su más reciente paciente.

—¿Qué es eso Kise? — preguntó el de lentes incluso dejando el brazo estirado del modelo.

—Un café por supuesto — respondió de lo más normal. Tomó una mano del chico con bata y lo puso en ésta.

—… — el mutismo de Shintaro dio a muchas especulaciones. El moreno simplemente no se jactaba de ver aquella escena que se encontraba a un metro, pero él lo veía lejano.

—Café americano mediano sin azúcar — Dijo sonriendo Kise. Aún sentía un poco de culpa por su imprudencia y quería enmendar un poco las cosas —. Así es como te gusta, no lo he olvidado.

¿Qué fue eso saltando dentro de Midorima? Él lo sabía, pero no tenía por qué aceptarlo. Al menos no aún.

—Gracias — susurró acomodándose los lentes con una mano mientras sostenía con la otra el vaso. Se dio la media vuelta y caminó por el pasillo — La próxima semana Kise. No se te olvide, idiota.

—¡Qué cruel eres Midorimacchi! — lloriqueó el modelo. Veía su silueta caminar, su bata moverse… raro el sentimiento de sentirse bien con la bizarra manera que el otro manifestaba al preocuparse por él.

—La próxima semana… ¿Qué? — preguntó el moreno sintiendo que se quedaba excluido a un lado.

—Nada Aominecchi — dijo —, vámonos.

El rubio y el moreno salieron juntos del hospital. Sin embargo, para Daiki era una sensación extraña, pues sentía que salieron muy diferente a como entraron. Al parecer, Kise era muy feliz viendo a sus amigos –actualmente en su lista, solamente iba Kuroko y Midorima-. Pero esa sonrisa tan inusual, espontánea que surgió ahí al final, cuando le dio el vaso desechable, le dolió. Esa sonrisa era la que le dedicaba a él cuando le rogaba por un uno por uno.

Qué sentimiento tan cruel ver como aquello que creías único para ti, serle compartido a alguien más.

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El sol salía golpeando su rostro. Sus ojos irritados se abrían lentamente para encandilarse con la luz que lo cegaba. Revisó el celular que estaba en la cómoda que yacía junto de él y se percató que eran las siete de la mañana. Se levantó con pereza de su cama y fue directamente a lavarse el rostro para despejarse un poco; secándolo y viéndose en el espejo, se percató que aquellas molestas ojeras se esfumaron, queriendo indicar que ya se había repuesto finalmente aquella desvelada.

Fue hasta su armario y sacó el uniforme de policía, colocándoselo lentamente. Tendió su cama y camino hasta la cocina para ver que podía hacerse de comer; desde que vivía solo, tuvo que aprender cosas del hogar para atender sus necesidades básicas sin necesidad de pedirle ayuda a nadie, simplemente no era su estilo andar de rogón con favores a la gente.

Habían pasado ya tres días del intento de partido que tuvieron Kise y él. El moreno se encontraba desayunando en su departamento, un omelete con jugo de naranja y arroz le sentaría bien de ahí hasta que fuera la hora del almuerzo. Antes de sus diecinueve años, no creía simplemente lograr hacer una comida completa y balanceada por el mismo. Recordó la época en la que fue dependiente de alguien…

:-:Flash Back:-:

¡Satsuki! — Vociferaba a todo pulmón — No puedes hacerme esto…

¡Dai-chan entiende! Sólo será por un semestre. Ésta oportunidad no volveré a tenerla nunca en la vida — decía totalmente seria, señaló con un dedo a su amigo, quien estaba sentado en una silla y ella se encontraba parada —. ¡Qué tu no vivas no significa que debas arrastrarme a mi también!

De acuerdo, eso fue un golpe demasiado bajo. Aomine sabía que otras personas no deberían de estar pagando por sus 'pecados', pero ella era su mejor amiga de la infancia, se conocían desde que eran prácticamente unos bebés ¿No podía ver que la necesitaba más que nunca para no hundirse en su miseria?

Satsuki, no hables de eso como si fuera tan fácil.

Dai-chan, no sé si sea fácil debido a que yo no he lidiado con eso en mi vida. Sólo digo que ya pasaron tres años de ello — susurró armónicamente. La mirada maternal que le dirigía al As de su equipo de secundaria era lo más dulce que podría hacer —. Deberías de comenzar a perdonarte, tú no tuviste la culpa de eso.

Aomine Daiki no era de los que lloraban. Él era un hombre, no andaba con niñerías de estar dependiendo de alguien; pero en ese momento no podía evitarlo, ella era pieza fundamental para no caerse en mil pedazos. Confiaba en que por su amistad de toda la vida, ella no le juzgaría y así lo había hecho todo el tiempo, apoyándolo sin preguntar de más. Por ello, no quería tener contacto con su pasado, nadie tenía la culpa de sus problemas… y mucho menos el rubio, quien era inocente. No soportaría que él lo viera de manera distinta.

Dai-chan — la voz de Momoi se escuchaba cerca, pero con un eco que retumbaba en sus oídos — ¿Acaso eres tan egoísta para no permitirme ser feliz?

Ella, con infinita delicadeza, acarició su aún agachada cabeza, depositando su pequeña mano en un pómulo del moreno. Cuando él sintió en sus manos caer gotas, volteó para ver la cara empapada en lágrimas; le dolía verla así ¡Claro que quería que ella fuera feliz! Después de haberlo aguantado tanto tiempo Satsuki se había ganado un pasaporte al cielo directamente y sin escalas.

Secó sus ojos con el antebrazo de su chamarra y junto su frente con la de ella. Su mirada quebrada cambió a una dura y firme, sus ojos azules hicieron contacto con los rosas que lo veían sin poder creer algo — Si no te vas, juro que dejaré de hablarte. Satsuki idiota.

Por un momento, por una milésima de segundo, Momoi podría jurar que vislumbró al Daiki de la secundaria. Ese Daiki que era su amigo obsesionado con el básquet y no un cadáver viviente.

Desde ese momento, poco a poco Aomine volvía a ser lo que antes era. Claro que con su perspicacia de todo un adulto joven.

:-:Fin Flash Back:-:

Después de la pelirosa partiera a un intercambio a Londres, el policía conoció a Kagami Taiga, bombero transferido de Los Ángeles. Un evento de un torneo de baloncesto para recaudar fondos entre profesiones. Ese día, Aomine le dio una paliza al joven pelirrojo, con quien poco a poco forjaba una bizarra amistad/rivalidad; fue él quien le enseñó a preparar cosas decentes…

"¿Qué mierda es esto Ahomine? ¿Intentas matar a los niños? Eso es bazofia espacial ¡Casi puedo ver como camina!

"¡Bakagami, si tanto crees saber de cocina… hazlo tú!"

"Yo aprendí a cocinar cuando tenía sólo diez años ¡Claro que sé más que tú, imbécil!"

Cómo se enteró que vivía sólo, el bombero tuvo un deber civil de enseñarle a cocinar a esa pobre alma en desgracia. Si seguía de esa manera, Kagami estaba seguro que un día amanecería muerto por una intoxicación.

—Bakagami… te debo más de lo que crees — dijo a si mismo el moreno mientras comía su arroz. El chico se volvió su confidente. Él era la segunda persona a quien le dijo su más oscuro secreto, aquel por lo cual se aisló de su pasado…

"Y bien… ¿Qué piensas de mí?"

"¿Qué hay que pensar? ¡No seas idiota! El hecho de que antes te veía como un imbécil no ha cambiado sólo por esto… déjame decirte algo: continúa con tu vida y comienza a dejar ir esa insana culpa que te mantiene atado sin poder avanzar"

Recogió los platos de su desayuno y decidió partir a su trabajo. Fue al altar, se arrodilló y dijo una oración pequeña. Se despidió dulcemente de la persona que estaba en la fotografía con una sonrisa. Antes de partir, llegó un mensaje de Kagami, reclamándole por décima vez por haberlo dejado sólo con Tetsuya el otro día que se escapó con Kise. Le aseguró que le patearía el trasero en cuanto lo viera.

Vaya idiota — pensó para él cerrando su celular. Echó una sonrisa y una mirada hacia atrás —. Voy y vuelo, mamá…

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Kise se encontraba descansado en su casa. Ese día la sesión fotográfica terminó en un abrir y cerrar de ojos, eso lo agradecía profundamente y Nene lo había llevado hasta su casa, amenazándole con que reposara y no saliera hasta estar completamente recuperado. Como forzaba un poco sus brazos, éstos terminaban doliéndole a raudales y simplemente atinaba a tirarse en donde fuera, pero si era su cama ¡Muchísimo mejor!

Suspiró profundamente, ese día se dedicaría a dormir, dormir y dormir…

Un tono de llamada lo alertó. Su celular estaba vibrando junto a él y lo levantó cansino. Aunque sus ojos se iluminaron al ver el remitente de la llamada.

—¡Murasakibaracchi! — Contestó rápidamente sin permitir que el otro emitiera una palabra — ¡Tanto tiempo! ¿Cómo has estado?

Kise-chin~ — la voz del otro lado de la línea se escuchaba relajada, suave… como la de su amigo — Tanto tiempo ¿verdad? ¿Cómo has estado?

—Eso te lo estoy preguntando yo — Dijo curioso. Su amigo no cambiaba —. Yo estoy bien ¿y tú?

También Kise-chin — un silencio se hizo presente. El rubio esperó a que el otro continuara y así lo hizo —. Oye Kise-chin ¿Estás ocupado?

—No, hoy el trabajo terminó temprano — aseguró levantándose. Era raro que el ex chico de Yosen le preguntara sobre eso, generalmente él era quien lo iba a visitar a su cafetería — ¿Sucedió algo?

Nada del otro mundo~ ¿Puedes venir a que pruebes unos pastelillos que hice?

—¿Ser catador de pasteles? — preguntó a lo que obtuvo un 'Si' del otro lado. Su dieta no le impedía darse gustos de vez en cuando, y si eran de manos de su amigo mucho mejor — ¡Claro! ¿A que hora me necesitas ahí?

A la hora que quieras Kise-chin~ — dijo para después colgar.

Bien, ya tenía algo que hacer. Se levantó para ir a ponerse un sueter y salir. Pero nuevamente su aparato vibraba y sonaba constantemente. Revisó el remitente, creyendo que su compañero se le había olvidado algo.

Kise-kun, buenas tardes — la voz de Kuroko se escuchó, era raro que él por si solo le hablara.

—¡Kurokocchi! Que milagro… — fue cortado repentinamente.

Necesito un favor Kise-kun — berreó levemente al no dejarle terminar, pero dijo un 'Si' para que el otro continuara — Pásame el número de Aomine-kun por favor.

—¿Eh? — Fue lo único que atinó a decir ¿Para que querría el número del chico? Una punzada se instaló brevemente en su estómago, se sintió irritado.

Necesito el número de Aomine-kun para pedirle el número de Kagami-kun.

—¿El número del amigo que llevó Aominecchi ese día? — escuchó un 'Si' y simplemente se lo dio.

Gracias Kise-kun, buenas tardes — y colgó.

—Eso fue muy raro… ¿Kurokocchi interesado en alguien más? — dijo en voz alta viendo la llamada finalizada en su celular. Una felicidad lo lleno, su amigo estaba interesado en alguien más.

Decidió terminar de arreglarse para ir a ver a Atsushi. Su vida se llenaba aún más de color.

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El pelinegro se mordía el dedo pulgar cada cinco minutos. Entre órdenes y pedidos se distraía, pero cuando echaba una mirada a la cocina contenía unos pequeños orgasmos de sólo ver esas manos… tan grandes, de un color vivo, y por supuesto habilidosas.

—Muro-chin~ está listo el pedido de la mesa cinco — y una campanilla sonaba.

—Ya voy Atsushi — Tatsuya caminaba lentamente hasta el mostrador, lanzando miradas al chef y dueño de la cafetería y éste, simplemente le contestaba con una sonrisa de lo más inocente. Regresó a entregar la orden a las jovencitas que lo veían como él veía al pelilila… con ese brillo de deseo. Al inspeccionar que todo estuviese bien, volvió al mostrador — Vaya día ajetreado ¿No Atsushi? — El aludido no lo miró ni contestó nada, así que se acercó hasta donde estaba; un suave aroma a fresa con avellanas inundaba el lugar y fue cuando vio la cara de su crush — ¿Concentrado Atsushi?

—Es el nuevo postre — contestó terminando de adornar su creación —. Kise-chin vendrá para probarlo, él siempre me ha dicho la verdad sobre mis postres — decía secándose el sudor con una toalla de tela que tenía cerca. Su cabello estaba amarrado en una coleta baja, dejando ver sus maduras facciones.

—Oh ya veo — respondió. La verdad moría de celos cuando venían sus amigos, pero el más alto no tenía por qué saberlo. Además era injustificado, sólo él parecía tener la paciencia suficiente para aguantar la actitud aniñada de su jefe aun teniendo éste veintiún años. Con disimulo, tomó una fotografía del chico, mostrando su perfil bajo; guardó su teléfono antes de que el otro lo viera, ya tendría tiempo de revisarla después.

Ambos jóvenes escucharon la campanilla de la entrada sonar y el mayor corrió a recibir al nuevo cliente, pero se decepcionó cuando vio que quien era no era otro más que Kise Ryota.

—Himurocchi, que gusto verte — dijo sinceramente esperando un apretón de manos que no fue correspondido — ¿Aún no me aceptas verdad? — Se le escapó una sonrisa torpe haciendo rabiar aún más al otro.

—Mientras Atsushi demuestre interés sobre ti no lo haré nunca — contestó fríamente. Se acercó lo más que pudo al arco que daba a la cocina y gritó —. Atsushi, te buscan — lanzó una mirada helada al modelo que yacía parado en el umbral y se dio la vuelta para atender a la gente que llegó detrás de Ryota.

—Kise-chin, llegas temprano.

—Me moría de ganas por ver probar tu nueva delicia — respondió sinceramente. Sintió como un ojo ónix lo miraba por un rabillo y se tensó, quizá no era buena idea haber ido. Sólo iba a picar al león a la jaula.

—Vamos~. Siéntate en la mesa que quieras — dijo con su voz neutra señalando un par de mesas libres —. Yo traeré el postre — volteó a ver al mayor y gritó — Muro-chin~, ven. Vamos a probar el postre.

De un momento a otro, un pelinegro y un rubio terminaron sentados en la misma mesa y el ambiente se tornó denso. Tatsuya le dirigía una mirada temeraria que crispaba los nervios del modelo. En ese momento, llegó el pelilila y dejó el pay en medio de la mesa.

—Muro-chin, tú cortas bonito ¿podrías partirlo? — Ésos gestos eran lo que hacían vibrar al corazón de Himuro. Tomó el cuchillo y partió tres rebanadas, dejándole el trozo más grande al chef.

Los tres agradecieron por la comida y se llevaron un bocado a la boca. Kise quedó extasiado: la dulzura y acidez combinaban armoniosamente en sus papilas, haciendo estallar su boca en un éxtasis de placer. Él siempre ha sido fan de los postres dulces aunque no los coma siempre por su trabajo.

—¡Está delicioso! — Exclamó lleno de alegría. Llevó otro trozo a la boca y lo degustó de manera tranquila, dejándose llevar por la marea de sabores.

—Muro-chin ¿Tú que piensas? — preguntó Murasakibara dirigiendo su mirada nostálgica al que un tiempo fue su senpai.

—Tú sabes que todo lo que preparas es exquisito Atsushi — dijo serenamente, ocultando la evidente alegría que sintió al ver que al chico le importaba su opinión.

—Qué bien — respondió relajándose en su silla —. Muro-chin ¿podrías darle un nombre al postre?

—Qué te parece… éxtasis de ilusión.

—Si a Muro-chin le gusta ese, ese nombre se queda. Muro-chin tiene muy buenos gustos dice mi mamá.

Oh, sí que los tengo — pensó para sí el pelinegro. Observó descaradamente las grandes manos nuevamente y suspiró de alegría.

—Kise-chin, has estado callado y tú no eres así — declaró tajante el más alto de los tres.

Ésa pregunta hizo mella dentro del cuerpo del blondo ¡Claro que no estaba bien! En los últimos días se había reencontrado con su ídolo admirado de la secundaria, con quien compartió victorias y una incipiente derrota; quién le había enseñado lo maravilloso del básquet y con hoy en día no dejaba de salir de sus pensamientos… ¿Por qué?

"Aún lo estás recordando ¿verdad Ry-o-ta?"

"No tiene caso hablar de eso contigo… me voy."

"¡Tú no te vas a ir a ningún lado!... ¡Tú no me vas a dejar! ¿Me entendiste?"

Se tensó ante esa voz macabra que marcaba su nombre con burla. Tembló ligeramente hasta que comprendió que él no estaba ahí. Él ya no existía ahí… no más él.

El pelinegro se sorprendió ante la cara de terror que inundó el rostro del rubio. Nunca había visto una mirada tan llena de miedo como la vio plasmada en la cara del chico; un temblor sutil hacía vibrar el cuerpo de él. No es como si le importase mucho lo que le suceda, pero eso no era normal.

—Kise-chin ¿Estás bien?

La pregunta que le hizo su amigo resonó en sus oídos y volvió a la realidad. A su realidad… a una realidad en la que estaba a salvo… por ahora.

"Cuando te cruzas con el demonio, jamás te libras de él ¿entiendes?"

Seguía temblando y apretando sus ropas fuertemente, casi para desgarrarlas. Pero…

"Kise, juguemos uno contra uno, cómo en los viejos tiempos…"

—Murasakibaracchi ¿Sabes a quién me encontré? ¡Aominecchi volvió! — dijo, evitando su pesimismo. Su sonrisa era ancha y brillante, era sincera; era feliz, después de todo, él volvió.

—¿Mine-chin? Are~, hace mucho que no sabía de él — dijo recibiendo una galleta que Himuro le extendía.

Tatsuya miraba parlar y parlar al modelo, siendo simplemente escuchado por Murasakibara con un deje de sincero interés. En esos momentos dónde sólo era observador, el pelinegro se percató de algo importante: Kise no representaba ningún problema y eso lo descubrió al ver la felicidad que emanaba por los poros al hablar de aquel 'Aominecchi'. De ahora en adelante, se prometió trataría bien al chico al ya no presentar amenaza y sonrió por primera vez al chico, demostrando así su aceptación. Ryota estaba emocionado y continuó con su monólogo.

Sin embargo, Himuro no podía sacarse de la mente la imagen del siempre brillante modelo Kise atemorizado con un recuerdo que presentía, no quería ni debía conocer detalles.

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Estaba aburrido. Había terminado su turno en el almacén hace más de dos horas, llegó a su casa a tirarse al sillón y recostó su cabeza sobre sus brazos. Observaba hacia arriba, estaba lleno de humedad y telas de araña, pero el color que inundaba el techo era muy similar a alguien.

Estaba aburrido y tenía ganas de fastidiar a su rubio preferido. Sonrió macabramente.

Se dio cuenta que su celular estaba lejos de él, lo dejó tirado luego de haber terminado la faena con una chica que se encontró por ahí; al menos le cobró barato para la porquería de sexo oral que le hizo. Simplemente la escogió porque sus ojos eran de esa forma felina que le excitaba; cuando lloró al enterrársela hasta la garganta, le recordó a cierta persona que inundaba sus amielados ojos con lágrimas… de dolor.

Se estiró lo más que pudo sin éxito. Le daba pereza levantarse simplemente a recogerlo, así que optó por regresar a su posición y respiró hondamente el olor a Hachís de eucalipto.

Lo dejaría pasar por ésta vez. Sus ojos grises brillaban con una maldad parecida a la de una cuchilla a punto de ser enterrada en el cuerpo de alguien para producirle muerte.

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Aomine regresó de su trabajo. Estaba ligeramente cansado debido a la última emergencia que le llevó parte de su tarde: un robo a un almacén a las afueras de la ciudad movió todo el cuerpo policíaco debido a la detonación de armas de fuego. No se encontraron víctimas en el avistamiento ni huellas. Robo de efectivo, vándalos o algún drogadicto que requería dinero para el seguimiento de su adicción… o al menos eso escribieron en el informe. Él no estaba seguro de ello.

Se bañó bajo un chorro de agua caliente que le ayudó a destensar sus músculos…

"Dai-chan, el agua caliente te ayuda mucho ¿Lo sabías?"

"¿Por qué mamá?"

"Ayuda a relajar tu cuerpo. Cuando te sientas cansado, métete a darte una ducha con agua caliente, que caiga de tu espalda hacia todo tu cuerpo, con eso te sentirás mucho mejor"

Vaya que su mamá tenía la razón. Hubo un tiempo, cerca de tres años que se bañaba con agua fría, no importase cómo estuviese el clima. Era una forma que él decía podía pagar sus pecados… en ese tiempo se creía inmerecedor de los remedios de mamá…

Se lavó lo suficiente para retirar el olor a sudor y salió envuelto en una toalla alrededor de sus caderas. Llegó a su habitación y ya seco, se puso un pantalón de lino oscuro, pero no llevaba bóxer, a él le gustaba dormir lo más natural posible. Sobre su torso, una playera sin mangas de color blanco lo cubría. Iba a mandar un mensaje a la persona que últimamente tenía atorada entre sus pensamientos… era muy bruto en cuestiones cursis como sentimentalismos, pero algo le decía que tenía que hacerlo, ese mismo impulso irracional que se movía al estar relacionado con algo del blondo. Tomó su celular, y tecleó un simple 'Buenas noches, idiota.' que tendría por destinatario a Ryota.

Estaba a punto de apretar el botón de enviar, cuando sonó el timbre de su departamento ¿Quién podría ser a las casi nueve de la noche? Suspiró hastiado, el sonido no paraba de cesar, tocaban el botón en intervalos de un segundo. Le gritaría un par de nada buenas cosas al que estuviese detrás de esa puerta.

—Demonios… ¡Qué putas…!

Pero se quedó mudo al ver a la persona del otro lado de la puerta.

—¿Kise? — Preguntó no creyendo.

—Buenas noches, Aominecchi — contestó el blondo fingiendo una sonrisa. Su labio inferior temblaba; sus piernas temblaban; su conciencia se encontraba dentro de una bruma espesa.

Un gato pasó cerca de una pierna del modelo, haciendo un ruido estrellándose en un bote de basura del vecino de junto. Esto a Ryota lo alertó mucho y se volteó casi por instinto, poniéndose en una posición de defensa básica, soltó una absurda copia de un puñetazo a un contrincante imaginario. Daiki alzó una ceja, observando el espectáculo del otro. Eso no era actuado, era real… un miedo real.

—Pasa, afuera comienza a enfriar.

Y con esas palabras, Kise ingresó a la residencia del moreno. Aunque su última hora se vio preso del pánico, ahí, junto a su ex compañero de la secundaria, podía respirar cierta paz que hacía mucho no sentía… una paz que sólo él le traía.

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"Tengo demasiadas cosas malas dentro, y esas cosas malas nunca las siento cuando tú estás ahí"

Edith Piaf

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Pido humilde disculpa por no poderlo colgar más temprano... mi papá me fue a visitar a mi trabajo, tenía tiempo sin verlo y pues nos agarramos platicando mucho rato.

Ahora si ¿Qué les pareció el capítulo? Apareció Murasakibara e Himuro. Un Tatsuya que protege lo suyo ¡Yum! Además de Midorin y sus ojeritas ahahaha no lo puse evitar, al ser megane me acordé de Takano de Sekaiichi y del primer capítulo con sus ojeras ¡Se ve tan lindo todo malhumorado! Pero que no niegue si le hizo bonito que Kise hiciera eso por él.

Se desglosa un poco más el pasado de Aomine... y al fin, aparece un breve cameo de él...

Kise con sus eternos temores, pero Don't Worry, que ya llegó el policía Daiki al servicio de la ciudadanía. Hoy no apareció KagaKuro *se va a llorar a un rincón*...

Agradezco infinitamente a Mika, Erza S , Tomato12 , ShioriOrihara y a Fujimy por sus reviews ¡Awww! Son tan jodidamente feliz por todas sus bellas palabras en verdad. También una reverencia y agradecimiento a las personas que van agregando la historia a favoritos y por los follows.

Mika: A mi también me late más Midorin para rival de Aomine (Kagami ahí se da un tiro, pero NO, él es de Kuroko que por cierto, fueron cómicos el capítulo pasado XD) Oh si, yo sufrí quitarle su afición a Kise u.u perdoname... pero Aomine lo ayudará a su manera.:3 Gracias por el review.

Fujimy: No poder hacer algo que amas es muy horrible... pero Ahomine ha llegado a su vida para darle color :D Jajajaja todos pensaron mal en la escena KagaKuro pero ño, aún es muy pronto para que mi dulce celeste pierda la virginity en un lugar como ese (quizá es válido en el gimnasio, en la azotea, en un antro...) pero ellos tendrán su oportunidad de ser felices ¿Te gusta Midorin para tercero? Es que a mi se me hace que si siente algo por él; me he vuelto una pseudofan del allXKise (aunque solo me va Aomine, Kagami y Midorin) En fin, gracias por tu review.

Les mando muchas mordidas sensuales a todos (Ya me alivié ¡Yey! :3) pero también muchos besos sabor vainilla.

Los quiero dos puñotes enormes de mi corazón. Que tengan una bonita semana~

Cadiie Mustang.