¡Es lunes!
Y toca algo contigo... ahahaha estoy feliz por que es inicio de semana y tengo mi clase favorita entrando. Cuelgo el capítulo y me voy a clases. Cómo lo terminé ahorita, se los dejó de regalo a todos los seguidores de este fic.
Menos charla y más acción~
Advertencias: Ligero Angst. Drama. Mención ligera de temas sexuales. Palabras vulgares y altisonantes. Romance.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tafatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados un rato para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.
Capítulo VI
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Aomine veía entrar al modelo en modo autómata a su departamento. Kise descalzó sus botas negras militar en la entrada, sustituyéndolas por unas pantunflas verdes; caminaba con lentitud hacia la sala y se dejó caer pesadamente en el sillón más grande, recargó sus codos sobre sus muslos y se recargó ahí sin hacer nada.
El moreno observaba como respirada el rubio con anomalía; su mirada estaba perdida, desolada, vacía; sus manos temblaban en un ligero tic emulando a una persona de la tercera edad con Parkinson.
Daiki seguía con su mirada sobre su visita inesperada. Realmente no creía que el chico diera con su dirección… un momento, muy pocos sabían su dirección ¿Cómo la consiguió? Quería preguntar muchas cosas, pero el estado frágil en el que veía se encontraba el blondo lo hizo reflexionar un poco sobre si realmente era prudente hacerlo. Lo que menos necesitaba ahorita Ryota era una bomba de interrogantes… o al menos, no le gustaría que eso se le hiciese a él; debido a ello, desapareció sin comunicarse por seis años.
—Este… ¿Quieres un café? — inquirió el moreno desde el arco que conectaba la cocina con la sala.
—Prefiero té negro, por favor — contestó el blondo aún sin verlo.
—No tengo té negro — dijo— iré por un paquete al combini y regresó en veinte minutos — salía de la cocina y se dirigió a la entrada para tomar sus llaves de la cómoda que se encontraba ahí.
—¡No! — gritó con fuerza Kise, sosteniendo a Daiki de un brazo, enterrando sus dedos en la dura piel —. No quiero quedarme solo — suplicó mirándolo a los ojos por primera vez desde que entró al departamento.
Aomine estaba realmente confundido, podía ver perfectamente como en aquellos orbes amarillos se reflejaba una petición demandante… ese 'No' era rotundo; además, sus ojos brillaban con desconfianza y peligro. Suspiró hondamente, el otro no era de las personas que le tienen miedo a las cosas solo porque si, algo debió de haberle pasado…
"Kise ¿Por qué tus ojos se apagan cuando ves una lombriz? ¿Les tienes miedo?"
"¡Porqué son asquerosas, Aominecchi! Además, no es miedo, es… simplemente asco."
El par de iris doradas se encontraban apagadas, justo como cuando miraba algo atemorizante. Debía darle tiempo al rubio para que le contase que fue lo que lo llevó hasta ahí. Cerró la puerta y dejó las llaves nuevamente en su lugar.
—Tsk, de acuerdo… pero no quiero que te quejes después porque querías siempre té negro ¿me entendiste? — Amenazó el moreno dando la vuelta. Al pasar junto a Ryota, le depositó unas pequeñas palmaditas en su cabello y se fue directo a la cocina.
Al llegar a la estufa puso la tetera a hervir el agua. Estuvo ahí esperando un rato, principalmente porque creía que el blondo necesitaba un poco de espacio privado, ya después de hacerlo, quizá hablaría con un poco más de fluidez. Sintió su celular vibrar del pantalón y lo sacó para revisar quien llamaba; grata sorpresa, era su amigo Tetsuya, descolgó la línea y contestó.
—Tetsu, creo que no es un buen momento para que me marques…
—Aomine-kun, no te marco para saber cómo estás — dijo el celeste sacándole una vena de ira a Daiki —. Dime ¿Cómo se encuentra Kise-kun?
—¿Cómo sabes que Kise está aquí? — Preguntó asombrado por los poderes paranormales de su amigo, vaya que años pueden hacer cambiar a las personas.
—Pues…
:-:Flash Back:-:
Kuroko consiguió el número del pelirrojo después de charlar con el policía, quien le colgó debido a un operativo de emergencia. Caminaba hacia el encuentro con Kagami, con quien se puso de acuerdo para verse en la tienda Maji Burger; después de pasar algunas horas atrapados en el callejón, se percataron que tenían algunas otras cosas en común como la extraña obsesión que tenían ante la comida de dicho lugar.
Al llegar al establecimiento, se pidió una malteada de vainilla y fue a sentarse a una mesa que daba a la calle para poder ver Taiga pasar. No lo negaba, aún pensaba en Shigehiro, en su extraña desaparición y la frialdad con la que se despidió hace tres años para dejar de saber de él. Le dolía, pero debía ser fuerte ya que quizá el otro se encontraba en 'algún lugar mejor' y debía de rendirle el honor que se merecía.
Kagami no tardó mucho en arribar; revisó su celular y estaba en el tiempo que el chico que le marcó en la tarde le había indicado para encontrarse. Fue directamente a la caja para pedir una dotación de quince hamburguesas, al recibirlas, se dirigió a una mesa para sentarse.
—Tsk, ese Kuroko no llega… y él fue quien me citó — musitó entre dientes mirando a la calle. Se llevó una hamburguesa a la boca para darle el primer mordisco cuando sintió una presencia frente de sí.
—Hola, buenas noches — dijo Tetsuya sin despegar por completo sus labios del popote de su batido.
—¡Bastardo! Casi logras que me ahogue — respondió tosiendo fuertemente. Había algo en el educador que lo ponía nervioso. Al tomar un poco de refresco para despejar su garganta, volvió su mirada a los ojos azules —. Y bien ¿Para qué querías verme?
—Oh si — rebuscó entre una bolsa que llevaba y sacó trozos de tela —. Te pido una disculpa, mi perro arruinó la chamarra que me prestaste el otro día — estiró el resto de chaqueta del pelirrojo, poniéndola ante él.
—¡¿Qué?! — Vociferó con ímpetu Kagami. Recordó que hace unos días, al intentar salir del lugar estrecho, la camisa y playera de Tetsuya se desgarraron con el forcejeó; era obvio que no regresaría desnudo del torso para arriba a su casa y debido a ello, el pelirrojo le ofreció su chamarra para que se cubriese; le dijo que en otra oportunidad se la regresase. Pero jamás se le ocurrió que su chamarra terminaría de esa manera — ¿Por qué no evitaste que eso sucediera?
—Nigou estaba muy emocionado… al parecer le agradas Kagami-kun — susurró sorbiendo lo último que había en su vaso. Sintió la mirada amenazadora del otro y se rindió dejando caer su coraza un poco —. Lo siento, yo te pagaré otra nueva — sus cejas formaron un arco por su posición y lo miró apenado.
—Bah, esa chamarra la traje de Estados Unidos, dudo que la vendan aquí — dijo con un tono despreocupado para recargarse y relajarse. Total ¿Qué tenía de especial esa chaqueta? Nada, simplemente Alex se las regaló a él y a Tetsuya y si no la tenía lo mataría la próxima vez… ya se las arreglaría con ella —. No es interesante ni nada, déjalo así.
—No puedo dejarlo así. Ya vi donde venden unas, vamos.
Sin preguntarle, tiró del brazo del más alto y salieron juntos del local, dejando atrás los restos de tela y las hamburguesas. Kagami estuvo a punto de matarlo ¿Quién demonios desperdicia de esa manera tal banquete? Pero la mirada decidida del chico era muy similar a la que tenía al enfrentarse a esos vándalos días atrás. Ahora sabía porque Aomine le dijo que solía meterse en problemas... cuando se le metía una idea, no paraba hasta conseguirla. Una sonrisa se instaló en su rostro.
Le gustaban las personas así.
Al comprarla y salir del establecimiento, Taiga estaba fascinado, pues encontró una chaqueta similar a la anterior pero en diferentes colores; combinaba perfecto con los Jordan que el policía le regaló en anteriormente. Estaba como un niño con juguete nuevo. Caminaba a la par de Tetsuya por la avenida, acariciando y agradeciendo al último por aquella nueva prenda que seguramente se volvería su favorita.
El celeste sonrió alegre. Se sentía culpable por permitir que su mascota arruinara un artículo que no era de él, de esa manera, buscó en la brevedad a Kagami para decirle la verdad. Había planeado buscar una chamarra igual por su cuenta y dársela a Kise para que se la diera a Aomine y que éste a su vez, se la entregara al dueño… pero algo le hizo moverse y buscar al bombero; la mirada carmesí observándolo a ratos y la manera que compartieron esa cómica aventura logró que se olvidará de Ogiwara por momentos. Todos esos días, sin excepción, el chico pelirrojo y salvaje venía a sus pensamientos, irrumpiendo su rutina y sacándole sonrojos al recordar la cercanía de sus caderas… realmente el otro tenía un buen dotado…
Un sonido de violín tocando música clásica lo sacó de sus desvaríos; sacó su celular, identificando el único número que le buscaba más que su propia madre, podría decir que esa persona era impredecible y estaba tentado a no contestarle, pero sabía a la perfección que si no lo hacía, lo tendría molestándolo con mil mensajes y correos.
—Buenas noches, Kise-kun — contestó el chico, aún caminaba junto al pelirrojo. Nadie contestó de la otra línea, cosa rara, ya que siempre escuchaba un efusivo "Kurokocchi" que duraba como eco en sus oídos durante días —. ¿Kise-kun?
—'Kuroko… ayúdame, por favor' — una leve vocecilla se dejaba escuchar. Era nítida, casi imperceptible, pero eso bastó para alertar al celeste —. 'Él… él está cerca, lo sé ¡Te juro que se acerca rápido!'
—Kise-kun ¿Dónde estás ahorita? — miró rápidamente al chico que ahora lo veía completamente desconcertado por su cambio de actitud —. Voy a dónde estés, pero necesito que me digas dónde estás.
—'Estoy' — el rubio calló durante unos minutos, instantes que a Kuroko se le hicieron eternos —'… no sé dónde estoy' — una exclamación de impotencia resonó vagamente.
—Kise-kun, trata de ver los edificios que están cerca de ti y dime que hay — comenzaba a desesperarse. Kise podría caer en una de las crisis que tuvo hace unos años, el psicólogo les informó que probablemente volverían a ocurrir. Una leve punzada de culpa lo invadió al saberse inútil ante el estado de su amigo.
—'Estoy… estoy cerca del restaurante que tiene una rata como logo, es lo único que puedo reconocer.'
—Maldición, eso está a dos horas de aquí — dijo mordiendo su pulgar, necesitaba una solución para darle contención a Kise.
—¿Sucede algo? — Inquirió Kagami al ver el caos y la ansiedad que cargaba el pequeño.
—Kise-kun está sufriendo una crisis y necesito llegar cuanto antes al distrito de Shinjuku — tapó el celular un poco para que el otro no lo escuchase.
— ¿Shinjuku dices? — preguntó el pelirrojo a lo que el celeste afirmó con la cabeza —. Aomine vive en el distrito de Shinjuku, puedes darle la dirección, que llegue ahí y nosotros llegamos a la casa del idiota.
—Kise-kun, cambio de planes — declaró firme sin siquiera darle oportunidad al otro —, te irás a la casa de Aomine-kun y te veré ahí en dos horas…
:-:Fin Flash Back:-:
—Y básicamente esa es la historia — Aomine se dio una palmada en la cara ¿Por qué creyó que su amigo tendría poderes? Ese es un momento de idiotez que se llevaría a la tumba.
—Bien, ya entendí cómo llegó Kise — dijo ya sirviendo el líquido caliente en una taza —. Lo que no termino de comprender es por qué está aquí.
—… — Daiki dejó de escuchar la voz de su amigo y pensó que la llamada había finalizado, cuando escuchó un murmullo demasiado bajo —. Eso es algo que sólo Kise-kun podría contarte si quisiera.
—¡Kuroko! ¿Me quieres tomar el pelo? — Eso no se lo esperaba. Que amigo tan reservado tenía.
—Eso no importa — sostuvo su postura, el moreno simplemente bufó —, Aomine-kun, Kagami-kun y yo llegaremos en hora y media.
—De acuerdo — suspiró derrotado. Antes de colgar escuchó un leve 'Te lo encargo'. Él sabía que algo bastante malo había pasado para que Kuroko, el siempre imperturbable celeste, tuviese un timbre de voz tan angustioso.
Antes de irse con el blondo, tomó una cerveza del refrigerador, la destapó y comenzó a beberla mientras caminaba. Antes de irrumpir en la sala, vio como Kise estaba sentado en el sofá más chico, pegando sus talones a sus glúteos, apoyando su barbilla en sus rodillas y abrazando sus piernas fuertemente; temblaba como un hámster con frío. Daiki dudó un momento ¿Era prudente atravesar la burbuja que el modelo tenía a su alrededor?
—Toma, aquí está el café — dijo depositando la taza en la mesa de centro, justo frente a Ryota y él no lo miró ni un segundo, no contestó, no dijo nada —. Eh, no tiene azúcar si es lo que te preocupa.
Pero el rubio seguía sin prestarle atención. Sus fuerzas eran dirigidas a mantener su estado de alerta al máximo por si el peligro llegaba inesperadamente. Cualquier movimiento que hacía el moreno, Kise reaccionaba de manera exagerada, haciendo leves movimientos y removiéndose incómodo en el pequeño sillón que era su guarida. Daiki se acercó y se sentó en la afombra, quedando a escasos centímetros del ser indefenso que se había colado en su casa…
Y en su corazón, pero esto último no sabía en qué forma. Debía esperar, al menos hasta saber bien que es lo que pasó con Kise en esos seis años.
—¿Qué fue lo que te pasó? — inquirió el moreno genuinamente preocupado. No lo veía, sólo se dedicaba a beber de la lata que tenía en las manos.
El modelo no contestaba; había entrado en una fase de mutismo y de indiferencia con todo el mundo que lo rodeaba. Tenía temor, sentía un escalofrío que recorría su cuerpo, vibrando y haciéndole arder su espalda.
Hace una hora, salió del negocio de Murasakibara ya algo tarde; tenía que tomar el tren para que lo dejase lo más cerca de su casa, pero para la estación tenía que cruzar la zona rosa* del distrito. Caminando escuchó algo que lo perturbó demasiado…
"¡Fue horrible! Ese tipo era sumamente agresivo, aventó su cosa contra mi garganta asquerosamente."
"¿Cómo era? ¿Al menos estaba bueno?"
"Tenía el cabello negro y en un extraño corte. Pero sus ojos fueron lo que me dieron mucho miedo…"
"¿Por qué sus ojos?"
"Sus ojos era grises y brillantes, pero no era un brillo seductor… era un brillo de malicia y destrucción. Además, el maldito era gay, susurraba 'Ry-o-ta' cada vez que cerraba los ojos"
—¡Kise! ¿Qué demonios te sucedió? — preguntó fuertemente Daiki al ver la mirada perdida del otro. Llevaba más de quince minutos hablándole sin que el otro le contestara. Ahora estaba frente a frente.
—… — Por primera vez, el blondo lo observaba. Sus ojos estaban acuosos, estaba a punto de llorar. Escondió su cara en sus piernas buscando protección ante la intensidad azulada que lo veía —. N-no… no tiene nada que ver contigo.
—¡Maldición, no intentes verme la cara! — Tomó entre sus manos los hombros de Kise y lo zarandeó hasta que el otro lo volteó a ver —. Estás en mi casa por alguna extraña razón que desconozco y exijo saberla.
—¡Ya te dije que no tiene que ver contigo! Además, estás lastimándome — rugió soltando las lágrimas que tenía acumuladas, éstas surcaron por los marcados pómulos hasta perderse en la barbilla. Lo que menos quería recordar en la vida, el moreno quería sacárselo a gritos. Aomine no tenía por qué saber lo que fue…
"Estoy harto de las cursilerías. Desde ahora, serás mi puta personal."
"¡¿Qué?! Olvídalo enfermo. Tú y yo hemos llegado hasta aquí."
"No te estoy dando a elegir. Dije que lo serás y punto."
—Si no me dices que te ocurre ¡No puedo saber la manera de ayudarte!
La voz de Daiki no devolvió a la realidad. Él no estaba cerca, él no podía hacerle daño mientras alguien estuviese con él… él no podía hacerle nada porque él le temía al monstruo interno de Aomine.
Y por primera vez en mucho tiempo, lloró a mares. Soltó todas las lágrimas que se habían acumulado en el tiempo; desde la noche que tuvo 'la pesadilla maldita', el recuerdo cuando le dijeron que tenía que dejar el básquet, las constantes remembranzas de las amenazas de él. Lo curioso y asombroso de todo, era cómo el moreno se encontraba ahí presente después de cada suceso, alejando la paranoia que amenazaba con nublar su juicio, brindándole la contención necesaria para no perderse a sí mismo.
—Aominecchi — dijo hipando. Su boca contra el hombro de Daiki amortiguaba sus palabras, pero él las escuchaba perfectamente —, no vuelvas a dejarme… nunca, por favor.
—No lo haré. Ya no — susurró seguro el policía. No sabía cómo habían terminado en la posición en la que estaban, pero ahora ambos estaba en el suelo, Kise sobre sus piernas y apoyando su cabeza en el hombro sin despegarla. Con sus delgados brazos abrazaba sus omóplatos y él acariciaba la espalda. No era de prometer cosas ya que no estaba seguro de tener el poder de cumplirlas, pero el rubio siempre había sido una excepción para todo.
Estaba seguro que esas eran las palabras que necesitaba escuchar el modelo para que recobrara el sentido. Su respiración se normalizó y dejó de lagrimear. Ya no lo abrazaba con fuerza, ahora era una sutil caricia de refugio y salvación.
Las caderas de Kise quedaban a la altura de la pelvis del moreno. A Daiki se le olvidó un dato muy importante…
—Aominecchi… ¿No traes ropa interior? — preguntó el rubio sintiendo como algo crecía chocando contra su trasero.
—Mhp — Bufó Aomine. Ya sabía que era lo que había olvidado. Intento separarse del blondo, pero éste simplemente afianzó más el agarre de su contacto, restregando su cuerpo al de Daiki cual felino preparándose para dormir.
—No importa, sólo… no me sueltes — respondió rápido ante la respuesta corporal del moreno. Estaba completamente abochornado, pero no le importaba que ese insistente bulto se pegara contra él. Podía jurar que su cara estaba roja, y sí, claro que el otro estaba bien dotado de esa parte; pero a él no le importaba eso en ese momento… el calor y la calma que le brindaba la cercanía de Aomine era más que suficiente para alejar a sus demonios.
Daiki obedeció. Dentro de ese momento, comenzaron a recordar algunas cosas de cuando iban juntos a Teiko: el siempre insaciable antojo de Murasakibara y su manía de querer aplastar a todos; el temor que sentían algunas ocasiones ante la retorcida y madura personalidad de Akashi y sus demandas como ser absoluto; la personalidad espontánea y vivaracha de Momoi, así como sus dudas sobre su orientación sexual; la extraña obsesión por los horóscopos y su obediencia perfecta ante Oha Asa de Midorima… ante éste último nombre, el moreno se removió incómodo; algo le decía que Kise y él tenían una extraña conexión y eso le hacía cabrearse.
No sabía cuánto tiempo duraron platicando y riendo ante ese mar de recuerdos. De un momento a otro, Ryota cayó dormido en su regazo. Con suma delicadeza, casi como si se fuese a romper, cargó al blondo y lo llevó hasta su cama y lo dejó ahí acostando; como acto reflejo, el chico se acurrucó en posición fetal, protegiéndose aún de todo lo que le rodeaba. En su cara, pudo ver las marcas de las lágrimas secas y el contorno de sus ojos estaba enrojecido. No podía decir que se enterneció, pero un instinto de protección afloró de sus poros.
Tenía que protegerlo. Quería protegerlo… no permitiría que la historia se repitiera, no con él. No si él puede hacer algo. Ésta vez haría algo.
Era mejor dejarlo descansar por el momento. Cerró la puerta de su recámara y salió a la sala. Recogió el café frío sin tomar; la lata tenía aún la mitad de cerveza y se la bebió de un trago; revisó en un reloj de pared que ya era cerca de la una de la mañana, cuatro horas pasaron Kise y él platicando de cosas banales ¿Por qué él nunca sentía pasar el tiempo cuando estaba junto al modelo? Su celular vibró irrumpiendo sus pensamientos.
—Aomine-kun, hemos llegado — fue todo lo que dijo para colgar.
El policía fue a la entrada y abrió la puerta, dejando pasar al pelirrojo y al celeste. Kagami simplemente lo saludó con una palmada en la espalda y el pequeño pasó sin siquiera mirarlo, a lo que desencajó su cara. Kuroko volteó a ver a todos lados, pero no veía por quien estaba preocupado y se desesperó un poco.
— ¿Dónde está Kise-kun? — preguntó evidentemente preocupado. Revisaba hasta debajo de los cojines como si el chico se pudiese esconder ahí.
—Tranquilízate Tetsu — decía mientras iba por unas cervezas a la cocina —, Kise ya está dormido. Yo creo no despertará hasta entrada la mañana ¿Acaso eres su mamá?
—Es sólo que con tu personalidad borde, Kuroko tenía miedo que Kise saliera despavorido de aquí Ahomine — respondió Taiga tomando una de las cervezas y sentándose junto al celeste por inercia. Levantó una ceja ante la extraña mirada que les dirigió el moreno —. ¿Qué?
—Nada, es raro — los otros lo vieron sin comprender —Olvídenlo ¿Por qué se tardaron tanto?
—El tren se detuvo una hora debido a un suicidio — dijo tristemente el celeste —. Antes de venir, Kagami-kun y yo pasamos a un templo a rezar por la persona y sus familias.
—Vaya… que duro — pronunció el policía. Sus ojos se desviaban hacia la puerta que daba a su cuarto, cómo si pudiese ver a través de ella y tener la certeza que el rubio seguía durmiendo apacible como lo había dejado.
—¿Kise-kun te dio problemas?
—Nada a lo que no estuviera acostumbrado viniendo de él — sorbió un poco de cerveza. Realmente había demasiado misterio ¿Qué problemas podría dar una persona asustada? — Tetsu ¿Qué le ocurrió a Kise?
—Ya te dije Aomine-kun, Kise-kun es el único que tiene el derecho de contar su historia — respondió bebiendo un trago.
—¡No me vengas con esa mierda! — Vociferó Daiki intentando contener su grito.
—Fue algo muy malo Aomine-kun — dijo dispersando de su mente el día que Kise pidió su ayuda por primera vez —. Puede que Kise-kun te haya pedido que no lo abandones, si se lo prometiste, cúmplelo — dictaminó para beber todo el líquido restante de un trago y levantarse. No tenía caso quedarse si el otro ya estaba dormido; y si no estaba gritando desesperado es porque había encontrado paz ahí. Kagami le siguió poniéndose sus zapatos junto con él para dejar descansar al policía —. El psicólogo dijo que Kise-kun puede tener brotes de crisis de ansiedad, quizá estaba así esta noche debido a un momento de intenso estrés.
—¡¿Qué?! — Rugió Aomine desconcertado por más información a medias sobre el pasado del modelo — ¿Psicólogo? ¿Crisis de ansiedad? ¿De qué demonios me estás hablando?
—Es lo único que puedo decirte por ahora. Entenderás todo cuando él te lo platique — Ya estaba en el marco de la puerta cuando se volteó a ver al moreno —. Por cierto, Aomine-kun…
—Huh…
—Acércate — Aomine bajo su cabeza hasta la altura de la de Tetsuya y éste le propinó un cabezazo en la frente. Kagami sólo respondió a reírse a carcajada suelta ante lo cómico que se veía Daiki.
—¡Kuroko bastardo! ¿Y eso porque fue? — Gruñó Aomine sobándose la frente.
—Hace unos días me dijiste 'renacuajo' ¿Lo olvidaste? — El otro simplemente lo veía sin comprender —. Es nefasto olvidarse de lo que uno dice Aomine-kun. No vuelvas a decirme así ¿Quedó claro?
El aura demoniaca que cubrió el cuerpo del educador a lo que un ligero escalofrío recorrió la columna de Daiki. Taiga le sacó la lengua cual niño de kinder y ambos vieron al moreno cerrar la puerta del departamento.
Caminaron hasta llegar a los elevadores y esperaron a subirse a uno para salir del complejo departamental. Kagami y Kuroko bajaban por el ascensor. Los diez pisos no eran en balde y un ligero silencio cubrió el ambiente.
—Kuroko… ¿Por qué no le dijiste a Aomine lo que me contaste de Kise?
—¿De qué me hablas?
—Del intento de suicidio — musitó por lo bajo como si fuese un tema tabú. Recordó cómo después de ver el accidente en las vías del tren, el celeste lo halo hasta estar llegar un templo y se puso a rezar compulsivamente; después de ello, compraron un café en una máquina y le contó ese incidente, temiendo lo peor para su amigo en el estado en el que lo había llamado —. De esa manera, Ahomine debería de prestar mayor atención a Kise.
—Kise-kun no querría que se enterara más gente — dijo mirando el espejo del cubículo que los rodeaba —. Además, no hará nada ésta vez.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque jamás lo había visto con esa mirada tan emocionada por estar con alguien — una sonrisa adornó su cara relajándola de su estrés de las últimas horas —. Por lo que me platicó Kise-kun, Aomine-kun fue una figura muy importante para él en secundaria, algo así como su mayor aspiración. Además…
El silencio, la confianza que había nacido entre el pelirrojo y él lo empujó a decirle sus sospechas.
—… puede ser que Kise-kun sienta algo más por Aomine-kun.
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Él caminaba cual gato encerrado en su micro departamento, le urgía salir a ver a su rubio favorito, pero por el momento eso no era lo más viable debido a que estarían vigilando los alrededores de dónde hizo el atraco. Su mirada se posaba en el teléfono, pero las ganas que tenía para llamarlo y escuchar su voz desesperada se habían pasado desde hace rato.
Ahora quería verlo, aunque sea a la distancia; pero no era conveniente. Eran cerca de la una de la mañana, seguramente el modelo estaría durmiendo en su cama. Llegó a las bolsas del combini que depositó en la mesa y sacó una revista; sin falta compraba las sesiones fotográficas en las que modelaba, observaba el burdo intento de sonrisa que hacía en esas sesiones de maricas. Cualquiera pensaría que esa era una cara de felicidad, pero él sabía que era una total farsa.
Kise sólo sonreía cuando recordaba o hablaba de Aomine Daiki. Cuan enfermo se ponía al ver esos ojos iluminados de ilusión cuando alguien recordaba la época que compartieron en Teiko, dónde hablaban del moreno, de sus hazañas como el As del equipo, del trato único que tenía para el rubio ¿Qué habrá sido de él? Bueno, ahora que Daiki no se encontraba cerca, todo el camino lo tenía libre.
Esos tres años observaba a lo lejos a Kise. Le divertía la forma en la que el chico miraba para todos lados, siempre vigilante ante su amenaza…
"Puede que ahora te sientas a salvo con todos apoyándote… pero volveré Ryota. Cuando te cruzas con el demonio, jamás te libras de él ¿entiendes?"
Eso fue lo que le dijo antes de ser arrestado por violar la orden de restricción. Ya de eso poco menos de tres años. A él no le iban los chicos, vaya no era un marica, pero los ojos dorados del rubio siempre fueron especiales para él: la manera en la que brillaban con horror, el cómo de ellos salían cascadas de lágrimas dolorosas, su peculiar forma de pedir ayuda a un recuerdo que se volvía vago y difuso.
Presentía que pronto se daría la oportunidad para hacerle una cordial visita. Ya saben, simplemente para que no se olvide de su demonio personal. Lanzó una risa retorcida al aire y se relamió los labios en busca de algún vestigio de aquella pálida y suave piel que tanto le gustaba morder, maltratar, quemar...
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El moreno cerró la puerta con los seguros correspondientes y apagó la luz de la sala. Se fue hasta su cuarto y ando hasta su cama haciendo el menor ruido posible. La tenue luz de las farolas de la calle iluminaban su recamara y a su vez, el rostro dormido del rubio. Se había cambiado de posición acurrucándose hasta la orilla de una cama, dejando colgar uno de sus pies fuera de la cama como si se estuviese preparando para huir. Lo acomodó mejor, metiendo sus piernas dentro del edredón y cobijó sus desnudas muñecas; no se había percatado de lo delgado que era hasta ese momento, cuando tomó entre su gran palma el brazo de Kise y pudo rodearlo con una facilidad insólita. El chico siempre había sido delgado, pero eso estaba a un paso de lo insalubre.
Un trueno cayó, presagiando una impetuosa tormenta que se avecinaba y se escuchó un gran estruendo. El modelo, aún dormido, rodeó el torso de Daiki quien se espantó por el abrupto acto del que fue preso; trató de zafarse sin éxito, parecía que le chico lo quería tener ahí, sin despegarse de él. Había planeado irse a dormir a la sala, pero al verse preso de esos frágiles y delgados brazos que parecieran se romperían si hacía uso de su fuerza violenta, terminó por acostarse junto al otro atrayendo el cuerpo rubio a su lado.
Las hebras doradas de Kise caían en su pecho, y sentía la fuerte respiración del chico sobre la boca del estómago. Con cada trueno que caía, el blondo daba un ligero respingo de susto; el policía se dedicó a masajear la cabeza del menudo chico que tenía debajo de él, pasando sus dedos morenos por las mejillas y las orejas del otro quitándole los rastros del llanto. Se le miraba tan tranquilo, con su aspirar neutro y lo increíblemente quieto que podía ser.
Se le veía tan indefenso, y en él, con todo su instinto de protección y deber civil, floreció el sentimiento de querer encerrarlo en una burbuja para que ya nadie le hiciese daño, para que sólo él accediera a su brillante sonrisa y a sus berrinches ¿A eso se le llamaba el querer poseer algo?
En un acto descarado, lamió y dio un beso en el párpado, quitando la última lágrima que amenazaba con salir. Dejó caer su cabeza en la almohada, durmiéndose con el aroma a miel que desprendía la melena del rubio.
En cambio Kise se sintió rodeado por miles de nubes que lo protegían; suaves, esponjosas y éstas lo acariciaban en sus sueños, conteniéndolo cuando saltaba entre ellas. El olor a jabón de canela inundó sus fosas nasales, saboreándolo y degustándolo, sintiendo como ése vacío que sintió desde hace muchos años, era llenado eventualmente. Ya no existía ese agujero en su alma, ya no sentía ese nudo en su garganta y sus manos, ansiosas y temblorosas ahora estaban firmes y seguras, estaban llenas.
Por primera vez en mucho tiempo, Kise Ryota durmió con una sonrisa adornando su cara. Descansó como nunca lo había hecho en su vida.
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"... no quisiera menospreciar a mis tormentos
pero tu sonrisa sobre mi lágrima
consiguió ser el mejor de los remedios..."
Elvira Sastre
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¿Qué tal? ¡Ya hay acercamientos! No tengo mucho tiempo para escribir, pero los espero en los comentarios ;) la Zona rosa*: Es el barrio donde están todas las prostitutas. Al menos así se le conoce donde yo vivo XD.
Agradecimientos infinitos a ShioriOrihara , Erza S , Tomato12 , Mika y Fujimy por que siempre me dejan un sensual review :3 ¡Adoro todas las palabras que me dicen, enserio! Soy muy feliz sabiendo todos sus comentarios y lo que piensan. También muchas gracias a todos los que se van sumando a la historia con los favoritos y los follows ¡Muy agradecida!
Mika: Lo sé, a mi me encanta el MuraHimu :3 son tal para cual. Si el kagakuro va haciendo presencia poco a poco, colándose en éste fic según enteramente Aokise XD Es que son muy lindos como para no ponerlos. Gracias por tu review.
Fujimy: Me da gusto que puedas leer MuraHimu, perdón por no poner MuraAka, quizá un día haga un fic de ellos (aunque me encanta Himuro para Atsushi) Desgraciadamente, él volverá a escena, pero tranqui que Aomine ya está con Kise y prometió no despegarse de él. Midorin será el tercero... pero no te preocupes, que llegará el amor para +el (Kazu-chan cof cof) para amarlo. Espero te haya gustado el leve kagakuro *o*)9 Gracias por todas tus bellas palabras. Gracias por el review.
A los demás, les contestaré por mp en la tarde que ya casi salgo volando para ir a clases *o*) (Prometo lo hago cuando me desocupe de la escuela)
Que tengan una excelente semana. Los adoro. Les mando muchos besos de limón y mordidas sensuales.
Cadiie Mustang.
