¡Muy buenas tardes, días, noches!
Algo contigo viene con un nuevo capítulo, oh si baby. Lamento la demora de éste mismo, así que meno charla y más acción.
Nos leemos abajo~
Advertencias: Romance, cursilerías, palabras altisonantes y subidas de tono. LIGERO CONTENIDO LIMME.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad intelectual de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados un rato para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mentecilla maquiavela.
Capítulo VIII
.
—Ah, mo~ —Kise miraba con cara horrorizada su celular. Sus pupilas se aceleraron debido a la súbita excitación de la que fue preso en cuestión de segundos con la declaración y amenaza que escuchó decir al moreno antes de que le colgara repentinamente ¿Quién se creía ese tipo? Inhaló y exhaló repetidas veces para calmarse y distraerse un poco. Al recargarse frente a una panadería, se vio reflejado en ella y su mandíbula se desencajó —. ¡Perfecto! Primera vez que veré a Aominecchi en días y se me ocurre estar en estas fachas…
Frotó su rostro con ambas manos y se dispuso a caminar lentamente hacia el hospital. Daiki le dejó en claro que lo vería ahí en cuarenta minutos y eso le daba un margen de tiempo libre de veinte, de esa manera, decidió despejarse de su rutina y relajarse un poco de su vida acelerada.
Eran cerca de las siete de la noche y la vida nocturna de Tokio comenzaba a esa hora. El blondo, quien iba hecho un manojo de nervios debido a la visita del moreno, no se percató que llegó rápidamente al hospital y espero ahí hasta que el otro llegase. Pasó una hora completa y la desesperación se vino en picada ¿Y si se había arrepentido? Bueno, en sí, no tenía ninguna responsabilidad de acompañarlo… pero él se lo había prometido…
—¿Quién demonios te necesita? — Musitó enojado al comprobar que ya había pasado media hora del tiempo acordado —. Estúpido Aominecchi — y con eso en mente, ingresó al edificio por las puertas corredizas. El aroma peculiar de los hospitales inundó sus fosas nasales y se dedicó a acercarse al elevador para ir al consultorio de su doctor; los cinco pisos, desde su punto de vista, fueron interminables. Al llegar al piso, caminó por el pasillo para llegar al cubículo; cuando estaba a punto de girar golpear con su mano, se detuvo debido a unos susurros.
—Sensei… ¿realmente no hay nada que se puede hacer? — Una voz peculiar que formaba parte de su círculo social le llamó la atención.
—Midorima-kun, la lesión de Kise realmente no tiene solución — una declaración que ya sabía de antemano. No hacía falta que se lo recordaran —. El cuerpo de Kise era muy débil para poder reponerse de un trauma de esa magnitud. Si en el tiempo no se logró nada, ahorita es nula la posibilidad de siquiera dale esperanzas.
—Sensei, en mi política de vida diaria, no hay imposibles para mí — declamó firme el peliverde. Sonaba seguro, firme… algo que le movió el corazón al rubio.
—Los chicos de ahora quieren comerse el mundo de un bocado — mencionó el anciano doctor. No sonaba a regaño, más bien era como un recordatorio satisfactor —. Me recuerdas a mí saliendo de la licenciatura. Es buena esa hambre de querer ayudar… pero siempre hay casos extraoficiales.
—Pero Hirikato-san…
—Midorima-kun… hay veces que es mejor aceptar hasta dónde son tus límites como médico — declaró con un tono de voz profundo y serio —. No es bueno alimentar algo que no es posible.
—Entiendo — la voz de la derrota inundó la oración de Shintaro, se levantó realizando una reverencia —. Si me disculpa, me retiro…
—Midorima-kun — interrumpió el médico —. ¿Aún quieres especializarte en medicina deportiva?
—Esa es mi meta, sensei — dijo sin moverse.
—¿Aún después de saber que no existe nada que hacer con Kise-kun? — Preguntó el anciano — Midorima-kun ¿Hay alguna razón en especial porque quieras tratar a Kise-kun? — miró inquisitivo al chico, y observó como el otro desviaba sus ojos y un tierno tono carmín, casi invisible, cubría una mejilla. En ese momento comprendió la complejidad de los sentimientos —. Ya veo — susurró ya tranquilo.
—Con su permiso...
El ritmo cardiaco de Ryota se encontraba por los cielos. Una calentura extraña se extendió por su rostro, enrojeciéndolo a su paso ¿Qué sucedía con su amigo? ¿Por qué ese sentimiento tan particular surgía cuando pensaba en él? Un abrupto movimiento lo detuvo de su introspección y se asustó al ver a Shintaro frente a él con una expresión de horror.
—¿Desde cuando estás ahí? — preguntó firme y sin cautela ¿Habrá escuchado todo eso?
—Acabo de llegar, Midorimacchi — respondió Kise ocultado su acelerado latido. El modelaje te deja una que otra maña para poder mentir bien —. Me sentí un poco mareado y por eso me recargué antes de tocar.
—¿Mareado? ¿Estás bien? — Y sin contemplar cómo se interpretaría aquello, el peliverde estiró su antebrazo a la frente del modelo —. No tienes fiebre… ¿Haz estado comiendo adecuadamente?
—E-eh… s-si — la acción por parte de su compañero de secundaria lo sacó de su estado de confort y lo puso a prueba. Midorima, quien es unos siete centímetros más alto que él, le sacaba algo de estatura y su nariz quedaba en una posición idónea: su cuello. Un olor a colonia fina sustituyó el desagradable característico de hospital y enrojeció por el pensamiento.
—Prefiero que te vea el nutriólogo — dijo separándose, liberando al chico de una evidente tensión física —. Ven la próxima semana, yo haré tu cita para que pases enseguida — recogió una tablilla que había dejado en un escritorio y comenzaba a andar, hasta que una improvista mano lo detuvo.
—Midorimacchi ¿te vas? — inquirió asombrado. No sabía porque, un pequeño hueco se formó en su cuerpo.
—Si.
—A-ah, ya veo…
El doctor, quien observaba lo idiotas que se veían en ese momento esos jóvenes que evidentemente se atraían, se burló de ellos internamente; condenadamente adorables. Ah, el amor joven... decidió darle un pequeño empujón a su alumno favorito. Sólo por ésta vez…
—Midorima-kun, tengo una urgencia que atender ahorita — recogía sus cosas para encontrarse con la cabeza ladeada de ambos chicos. Vaya par de idiotas —. Y no puedo revisar a Kise-kun en éste momento…
—Le recuerdo que soy sólo un pasante, sensei — ¿Qué acaso estaba perdiendo los tornillos? Una de sus manos comenzó a jugar nerviosamente con una pluma.
—Y eres el mejor pasante que he tenido en toda mi vida profesional. Técnicamente tú has atendido a Kise durante tres años, lo conoces mejor que yo mismo — dijo saliendo del consultorio —. Te lo encargó, puedes hacer uso del espacio de atrás para revisarlo si gustas — su voz era melodiosa y pícara —. Nos estaremos viendo, Kise-kun. Ven más seguido al hospital.
Y después de eso, el veterano doctor se retiró cogiendo su gabardina del perchero. Ryota y Shintaro no sabían que hacer al respecto; se encontraban solos en un cuarto que era el más alejado de todos. Midorima suspiró derrotado, al parecer su superior se percató de sus peculiares sentimientos.
—Molesto — masculló entre dientes el más alto sin ver al otro. Con lentitud, se pasó hasta quedar detrás del escritorio y tirar de una cortina, dejando ver una camilla —. ¿Qué haces ahí parado? ¡Vamos, no tengo todo lo que resta del día para esperarte!
El mutismo de Kise, junto a la despampanante sonrisa que dejó ver mostrando sus perfectos dientes blancos fue lo necesario para que el alma de Midorima sufriera un colapso y su mente dejara de funcionar.
Ah, realmente sentía algo por ese rubio fastidioso.
.
::°::°::°::°::°::
.
—Maldición, estúpido tren hijo de puta — gruñó Aomine mirando constantemente el gran hueco oscuro por donde salía su transporte público.
El metro ese día sufrió un considerable retraso debido a un accidente; de esa manera, todas las unidades llegaban más tarde que la anterior. Ya había pasado media hora de la llamada de Kise y él estaba a veinticinco minutos del lugar dónde acordaron verse… pero el tiempo seguía y seguía. Comenzó a menear una pierna con desesperación, alguien ese día moriría esa noche si no se daban prisa.
Mandaría un correo, pero dentro de la estación y más en el subterráneo estaba terminantemente prohibido utilizar la red de internet. Otros cinco minutos marcó su reloj. Quizá había sido un poco maniaco al pedirle al chico que no entrase sin él; pero tenía un miedo irracional que el rubio se encontrase a solas con su ex compañero, ese día, el único en el que había visto al chico peliverde, vio en sus acciones un indicio de ser especiales por Ryota.
Sabía que no tenía derecho a reclamar nada, puesto él no era quien pudiese decir algo ¿Con qué argumentos? ¿'Siento algo por Kise'? Eso sería algo mundano de decir.
Volvió a revisar su teléfono. Sólo transcurrieron otros dos minutos de la última vez que miró la pantalla. Se sentía impotente por no poderle marcar al chico para avisarle por lo menos que ya iba en camino.
Estúpidas leyes y etiquetas sociales.
.
::°::°::°::°::°::
.
—¡Demonios Kise! — Midorima recorría con sus dedos vendados la axila del modelo —. ¡Deja de moverte que no puedo hacer una revisión decente!
—E-es que Midorimacchi — trataba de justificarse el chico cubriéndose con sus manos la zona inspeccionada —, me dan muchas cosquillas que me toques ahí.
—Deja de comportarte como niño y permíteme hacer mi trabajo — la paciencia de Midorima se mermaba considerablemente con la actitud infantil de su amigo. Aunque eso no quitara el hecho de estarlo disfrutando. En cierta forma, él y Ryota tenían ese juego previo antes de la revisión seria y formal que le proporcionaba; era como una especie de ritual que daba paso a la confidencialidad y confiabilidad.
Con cuidado, Shintaro rodeó con sus dedos largos el brazo del rubio y lo alzó un poco, teniendo en cuenta su estado; en ese momento, Kise confirmó que el pasante daba por finalizado la ceremonia. El peliverde comenzaba a sobar el área lastimada una semana antes, inspeccionando con alerta de una posible lesión o consecuencia infortuna de aquel desdichado momento que compartió con Daiki… recordar al modelo en una cita con su impulsivo amigo de secundaria le hizo sentir una irritación severa en el estómago.
Aomine y él nunca llevaron una relación más allá del compañerismo debido a las diferencias entre sus personalidades; uno irracional, el otro completo devoto a las normas. Y sin embargo, los tres años estuvieron juntos en el mismo salón de clases; Shintaro con calificaciones que podían competir por el primer lugar y el moreno, con algunas el mínimo aprobatorio. Daiki solía saltarse las clases por ser tediosas y el peliverde era el comisionado de halarlo dentro del salón.
En realidad, ellos sólo compartían dos cosas en común: pertenecer a la Generación de milagros de Teiko y... aquella singular emoción al ver la sonrisa despampanante de Kise Ryota.
Cuando el modelo ingresó al equipo de baloncesto en el segundo año, fue un caos digno de admirar. El tener a tan chillante e irritante persona en cada entrenamiento había logrado un ambiente más amistoso; cuando faltaba por alguna sesión de modelaje, la práctica se volvía tediosa y exasperante… de esas veces que quieres salir corriendo al exterior y ver el sol.
Claro que eso siempre lo ocultaron. En especial él por ser tan difícil con sus sentires.
La mirada de Midorima volvió del pasado y se concentró nuevamente en el cuerpo de su paciente. Seguía recorriendo con la yema de sus dedos la piel blanquecina y levemente pálida de Kise. Ejercía presión en busca de algún indicio de malestar en el otro y sólo encontró lo normal… la queja marcada en el rostro cuando ascendía su brazo un poco más allá de lo permitido.
—Midorimacchi… me duele — comentó el blondo en un leve susurro para que el otro no pensara mal. Esperó a que su brazo bajara de aquel lugar incómodo, pero eso no ocurrió.
—Debes de esforzarte un poco más — declaró molesto por la poca colaboración. Realmente era un médico muy gentil en el trato con las personas. Pero Kise siempre fue una excepción a la regla.
—Me duele, realmente me duele — dijo soltando leves lágrimas de impotencia. No era que no quisiese hacerlo, claro que lo que más anhelaba en la vida era volver a realizar una clavada o un tiro… pero las cosas seguían igual de hace tres años cuando le diagnosticaron su trauma. Reconocía que era débil —. ¿Podríamos parar? No me duele de la semana pasada, te lo dije por teléfono.
—Bien — su monosílabo sonó con un toque de impotencia. Bajo la extremidad poco a poco hasta dejarlo completamente sobre el regazo del chico y el otro, instintivamente, se lo abrazó protegiéndolo. Regaló esa caricia que prometía que todo estaría bien, rozando con sus yemas el hombro hasta depositar completamente su mano. Era la primera vez que hacía aquello, pero quería hacerlo, sentía la extraña necesidad; cuando tocó la piel, una corriente eléctrica subió por su cuerpo: suave y fría, así era la delicada piel de su paciente. Notó los dedos flacos y le preocupó nuevamente si el otro estuviese comiendo adecuadamente. Soltó el hombro para tomar entre sus manos, la tablilla para anotar cosas importantes.
—¿Ya estoy bien, Midorima-sensei? — Preguntó Kise con evidente intriga, aunque su extraño tono de voz era alegre y mostraba una sonrisa reluciente. Siempre se había caracterizado por sus cambios de humor repentinos.
—Sí, ya no es necesaria la venda, pero necesito inyectarte un analgésico para que reposes el brazo por hoy y ya mañana estarás como nuevo — decía Shintaro sin verlo, siguiendo anotando cosas —. Además, estás muy delgado, iré a sacar cita con el nutriólogo — depositó su pluma en la bata y miró por primera vez a esos orbes amarillos —. Quédate aquí en lo que regreso.
—Entendido sensei — se mofó el modelo poniéndose recto sobre la camilla y mostrando un saludo tipo militar.
El otro simplemente salió mostrando una línea recta por boca. Estaba evidentemente preocupado por el estado de Kise, probablemente el chico nuevamente quería dejar de comer; pero algo lo alertó y fue ver esa sincera mueca de felicidad estampada en la cara ajena.
Esa sonrisa solamente la ponía cuando algo giraba en torno al As de la Generación de milagros. Una punzada de caló en su pecho y un extraño sabor inundó su boca.
Quizás el café estaba amargo.
.
::°::°::°::°::°::
.
Él estaba en la acera mirando con detenimiento el enorme edificio que se postraba cruzando la calle. Miraba en concreto el tercer piso del lado derecho; las luces apagadas indicaban que el dueño no se encontraba en su residencia y probablemente estaría afuera a esa hora ¿A quién mierdas se le ocurría con ese aire tan frio? Solamente a un imbécil como Ryota, claro.
Se alejó lentamente del lugar, no era bueno si alguien lograba reconocerlo. Llamarían a la policía y eso significaría que el rubio se enterara que seguía a su asecho. Jamás y nunca se libraría de él. Una sonrisa por demás retorcida se tatuó en su rostro.
Seguramente el modelo se encontraba en otro de sus estúpidas sesiones fotográficas… a pesar de haberlas prohibido…
"D-déjame… por favor. T-te prometo no seguir trabajando ahí, pero suéltame… me lastimas"
Tenía que volver a recordarle que sus demandas son leyes absolutas.
Ryota era realmente un chico muy desobediente.
.
::°::°::°::°::°::
.
Midorima iba regresando por el pasillo con la medicina en mano y la cita con el pasante nutriólogo de la semana. Debía de comenzar a controlar sus emociones que afloraban naturalmente con respecto a Kise, pero no sabía cómo… definitivamente se parecía tanto a Takao ¿O Takao se parecía a Kise? Tembló ante la posibilidad de que esos dos se volvieran amigos, menos mal que el otro se encontraba estudiando en el extranjero.
—Kise, la cita quedó a las seis del miércoles — decía entrando mirando aún la tablilla de anotaciones —, quizá ese día no debas…
Calló al momento que se percató que el otro estaba acostado en la camilla profundamente dormido. Probablemente el modelo había tenido mucho trabajo últimamente y en cuanto tuvo la oportunidad de relajarse su cuerpo se desvaneció.
Su cuerpo hecho un ovillo le trajo muchos recuerdos de cuando Kuroko y él, junto con Murasakibara y Akashi se turnaban de cuidarlo después de su incidente. Días después de salir de una hospitalización de tres semanas, el chico volvía a un departamento que le consiguió su amigo heterocromatico para mantenerlo alejado de aquel con quien compartió piso el último tiempo.
Había veces en las que Shintaro no dormía por contemplar la expresión de Ryota por las noches. Su rostro se compungía en terror absoluto cuando se hallaba solo en la oscuridad y debido a eso siempre intentaba quedarse despierto para consolarlo. Sin embargo, veía con algo de nostalgia, que había cosas que nunca cambiaban… por más que el peliverde le acercaba a él, Kise nunca cambiaba su posición fetal; era como si de esa manera se sintiera a salvo de cualquier mal.
Se acercó hasta él y se sentó de frente; después, pasó su mano por la venda aún puesta. La columna vertebral del rubio se traslucía de su piel y se le veían los huecos entre las vértebras. Quería hacer más por él, pero no sabía cómo; sentía la necesidad de acunarlo y decirle que todo estaría bien, pero no tenía el valor para hacerlo ya que no confiaba tanto en eso.
Él más que nadie sabía que había cosas que no sanaban, ni por mucho tiempo que pasara. Él mismo se sentía culpable por haberlo dejado sólo con él tanto tiempo. Apretó con gran impotencia su otra mano, intentando desviar su frustración de eso que Kise tenía en su espalda; eso que lo marcó para siempre. Afortunadamente, el vendaje le ayudaba y no dejaba a la vista nada. Si tan solo todo aquello se arreglara de esa manera.
Acercó su mano a la melena dorada de su paciente y la acarició con suavidad; le gustaba mucho su cabello porque era sedoso y manejable, algo que ningún hombre podía obtener con facilidad. Al mirar su rostro tranquilo, se alegró internamente por los grandes avances que tenía el chico en su recuperación psicológica. Su mano se colocó al final de las hebras amarillas y el pulgar se coló hasta los labios rosas de Ryota para acariciarlos; se sentían suaves y esponjosas.
—Aléjate de él — una mano se ciñó firmemente a su muñeca y no tuvo la necesidad de ver para reconocer la voz de esa persona —. Te lo repito sólo una vez más, aléjate de Kise.
—Aomine — susurró con fingida calma Shintaro para ser alejado de un manotazo del cuerpo aún dormido del lesionado —. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Eso mismo debería de preguntártelo a ti — respondió socarronamente. Su entrecejo se dobló hacia dentro aún más de lo que ya estaba —. ¿Qué no se supone que Kise vino con el especialista? Yo tengo entendido tú eres un practicante.
—Hirikato-san me encargó la revisión del paciente… ¡¿Y a ti por qué demonios tengo que darte explicaciones?! — Exclamó cayendo en cuenta que él no debía rendirle cuentas a su ex compañero.
—Excusas — bufó antes de interponerse en el aún cuerpo inerte del modelo y el tirador de tres.
—Piensa lo que quieras — contestó Midorima ante la mirada cargada de celos que le dirigía. Suspiró muy enojado, Aomine podía ser un bruto, pero cuando se trataba de Kise era demasiado perceptivo y estaba más que seguro que el chico se había dado cuenta de algo, no por nada reaccionaba de esa manera —. Tú eres quien debería de decirme por qué estás aquí. Que yo sepa, es un consultorio privado…
—La recepcionista solo me dijo quién era el especialista, yo sabía que Kise vendría para acá — observó como esa discusión se debía a la persona que no les prestaba importancia en ese momento —. Me lo llevaré a casa.
—No puedes, tengo que inyectarle un analgésico y avisarle sobre su futura cita con el nutriólogo.
—¿Nutriólogo? ¿Para qué querría Kise un nutriólogo? Está muy delgado, debería de comer más no bajar de peso — dijo con un deje de obviedad. A Midorima le revolvió los intestinos la idiotez de su amigo.
—Realmente eres un idiota ¿cierto? El nutriólogo no sólo es para bajar de peso, es para mantener un peso ideal de acuerdo a tus factores físicos y ambientales con dieta balanceada — contestó arrancando una mueca de total desagrado al otro —. Kise no ha comido bien, se le nota con sólo ver el color de sus uñas.
El moreno suspiró fastidiado. Había muchas cosas aún que no le cuadraban con el pasado del blondo, pero lo que más le podía era ver que el peliverde si sabía eso 'muy malo' que le ocurrió a su amigo.
Después de ello, Daiki recorrió un banquillo y se sentó junto a Kise. Shintaro no se quiso quedar atrás e hizo lo mismo. Ambos chicos de más de uno noventa custodiaban al otro. Parecían guardianes capaces de espantar las pesadillas y los fantasmas del rubio ya que con su sola presencia, el modelo logró sonreír aún en sueños.
.
::°::°::°::°::°::
.
—K-kuroko…
—K-kagami-kun a-ah~
¿Cómo habían terminado de esa manera? Simplemente habían salido a beber un café y platicar sobre el tema de Kise y Aomine. Lo poco que sabía Kuroko por parte del modelo y del escaso pasado que el moreno le había contado a Taiga. Después de eso, la plática giró en torno a ellos, sus gustos un poco más profundos, sus miedos –como aquel miedo irracional del pelirrojo por los canes- o la poca tolerancia al alcohol por parte del educador; sobre la débil presencia de Tetsuya y el hambre de cien hombres del bombero.
Con todo ello, mientras Taiga e acompañaba a tomar el tren, les llegó la lluvia que imposibilitaba al trasporte público desplazarse, tuvieron que refugiarse en un hotel, rentando un cuarto para encontrar algo de calor. Se bañaron y pusieron a secar sus ropas; tuvieron que conformarse con la toalla de baño que había en el lugar.
Los dos se veían con una sonrisa de complicidad. Siempre que estaban juntos, les sucedía cosas extrañas que los llevaban a situaciones poco comunes y eso les hacía creer que estaban conectados. Sabían que tenían algo.
Una mirada, un acercamiento, un roce y un beso fue lo que bastó para desatar la pasión contenida de aquellos dos seres que comenzaron a amarse a través de actos. Y ahí estaban, con la pelvis de Kagami que se empujaba salvajemente contra la entrada de Kuroko, llegando al punto del delirio; llevando a los dos al paraíso.
La piel perlada del celeste se veía magistral. Los duros músculos de Taiga se marcaban con cada estocada que daba. El caótico vaivén del que eran presos sus cuerpos sonaba de manera celestial; casi podían ver el nirvana.
—K-kagami-kun… e-estoy…
—Y-yo también estoy en el límite.
¡Y faltaba menos! Llevaban en esa danza erótica cerca de media hora, dejando que sus pieles y cuerpos se reconocieran. Kuroko jamás lo había hecho con alguien, sentía que la primera vez debía ser muy especial, era algo cursi si se lo preguntaban… pero ver los ojos brillantes del pelirrojo mirándolo con un sentimiento único fue lo suficiente para jurar no arrepentirse en toda su vida de aquello.
Taiga por su parte, reconoció a Tetsuya después de quebrarse la cabeza. Ese chico fue aquel quien le ayudó a levantarse aquella vez que tenía poco de haber llegado a tierras niponas. Su mente logró extraer esa memoria y esclarecer todo; siempre, dentro de él, la imagen de aquel chico parecido a un ángel se mantuvo presente.
Con un gemido cargado de éxtasis y un sonido gutural de alivio, ambos cayeron rendidos en aquella cama matrimonial. Kagami se mantuvo aún dentro del cuerpo más pequeño y se dejó caer a un lado de éste, poniéndose de lado abrazándolo fuertemente, inhalando el aroma a lavanda que emanaba el cabello celeste y repartió un par de besos en la coronilla, sintiendo temblar al otro por sus caricias. Sonrió ¿A quién le importaba si sólo tenían una semana de conocerse? No había dudas en su corazón y por el beso dado en sus manos supo que el otro tampoco las tenía.
Ahora sabían que estaban hechos el uno para el otro.
.
::°::°::°::°::°::
.
Kise iba despertando de su letargo encuentro con Morfeo y estiró un poco sus brazos para despabilarse. Tenía muy en cuenta que se había dormido profundamente en la camilla del hospital esperando a Midorima, pero realmente estaba triste al ver que Aomine no había llegado como se lo prometió.
—Al fin despiertas Kise.
Esa voz terminó por causarle un severo mareo y abrió sus ojos de par en par, encontrándose con una mirada azulina que lo veía con bastante enojo. La posición rígida y los brazos cruzados de la otra persona no auguraban nada bueno.
—¿A-Aominecchi? — Inquirió con una torpe sonrisa, provocando un malestar aún más grande en el moreno —. ¿A qué hora llegaste?
—¡Idiota! Si te digo que vendré es porque lo haré — vociferó propinándole un leve golpecito con sus dedos en la frente al modelo — ¿No te quedó claro cuando te dije que no te metieras sin mí? ¿El tinte te ha dejado sin neuronas? — Se mofó claramente de lo que siempre le decía en su época de secundaria.
—¡Sabes que mi cabello es natural Aominecchi! — Respondió ofendido inflando sus cachetes cual niño pequeño —. Además, habían pasado ya el tiempo del que me dijiste, no podía dejar esperando a sensei toda la noche por tu culpa…
—No mientas, te atendió Midorima no el especialista — dijo cambiando su tono de voz a uno grave. Un brillo acusatorio se instaló en los orbes azules y los amarillos no lo resistieron, evadiendo la mirada.
—¿Y qué tiene de malo? — Preguntó un poco molesto —. Midorimacchi siempre ha estado conmigo estos años, me conoce y sabe cómo tratarme…
—¡Eso no tiene nada que ver! — contestó cegado por los celos que se dejaban venir al ver el aura que emanaba el chico al decir el nombre del peliverde.
—Por cierto ¿Y Midorimacchi? — Ignoró el reclamo y movió su cabeza en busca del pasante sin encontrarlo.
—¡No evadas lo que digo! — Se levantó aventando ligeramente el banquillo hacia atrás, teniendo como respuesta la agitada respiración más los ojos abiertos llenos de pánico. Era un idiota —. Lo siento. Tuvo que salir a un parto. Te inyectó un medicamento y te dejó la venda, pensó que una semana más serviría — la cara de Kise recobró el color que había perdido levemente ¿Había algo de malo?
—Vaya.
Ambos se quedaron en silencio un buen rato. Daiki se dedicaba a ver al rubio apretando las sábanas con sus delgadas manos; sus nudillos se marcaban de una manera esquelética ¿Por qué estaba tan delgado? Eso le hizo recordar el otro recado que tenía para el modelo.
—Por cierto — dijo captando nuevamente la atención de Ryota —. Midorima dijo que tienes tu cita el próximo miércoles.
—¡Pero ese día tengo una sesión importante! — Berreó el chico muy molesto. Al parecer, todos no querían tener en cuenta sus horarios.
—¡Nada es más importante que tu salud, rubio tonto! — Con suavidad, le cogió una mejilla y la apretó.
—Ite~ A-aomineshi, me lele~.
—¡Di que asistirás a la cita! O no te suelto…
—Gno~.
—¡Que sí!
—Gno~.
—Si.
Y la batalla continuo por largo rato. De alguna manera, se sentían nuevamente en secundaria al revivir todos esos bellos recuerdos. Hubieron ocasiones en las que se comportaban como niños; algo muy similar a ésta situación y los dos tenía esa sonrisa. El moreno terminó por sentarse en la camilla y acorralar contra la pared al individuo culpable de sus últimos desvelos. Los suaves labios de Ryota se alzaban orgullosos; Aomine frunció el ceño, Midorima acarició ese trozo de piel sensitivo con su pulgar y él en un arrebato realizó lo mismo, intentando quitar el rastro que dejó el peliverde con ese toque.
Moría por besar nuevamente a Kise.
—¡Egta bien! — Terminó cediendo el modelo, la voz lo devolvió a la realidad —. Jolo jueltame…
Y Daiki sonrió en señal de triunfo con esa mueca petulante y castrosa. Se separó un poco para darte espacio al chico y cruzó sus brazos prepotentemente. El blondo simplemente se reclamaba por haberse rendido tan fácilmente, pero el tacto que le había dado el As de Teiko lo hizo temblar y dejarse llevar. Se sobaba su profanado pómulo enrojecido.
Sin embargo, aún después de todo ese tiempo separados, ambos tenían ese extraño sentimiento que nacía al ver la presencia del otro.
—Por cierto Aominecchi — la voz de Kise volvió a la normalidad después de un rato —, Nenecchi quiere conocerte…
—¿He?
.
.
"Me pasé la vida imaginándote, no es momento para ser cobarde."
Gustavo Cerati
.
.
Éste capítulo va dedicado al que, por mucho tiempo, fue mi muso (?). Lamento mucho la muerte de Cerati, pero ahora ya toca y canta música para los que lo vean donde quiera que esté.
Bien ¡Sé que me quieren matar! *se esconde tras un fuerte hecho de cajas de cartón* ¿Cómo la pareja secundaria que nisiquiera sale como oficial y se cuela en los capítulos sale primero haciendo cuchiplancheo antes que los protagonistas? Bien, es que siento que Kuroko ya quería y Kagami también ¿Por que negarselos? Aomine y Kise son otra onda... ¡Prometo que ellos tendrán un capítulo lleno de Lemmon harcor enterito!
¿Takao donde jolines está? Ni yo lo se XD Jajajaja no se crean, falta poco -mucho menos de lo que piensan- para que entre a escena, al menos ya salió aquí implícitamente...
Eternas gracias a: Mika, Tomato12, ShioriOrihara, Erza S y Yami-neechan por sus maravillosos reviews. Soy infinitamente feliz por sus bellas palabras de apoyo, enserio son la onda. También los que se van sumando a favoritos y a los follows, Kise, Aomine y yo se los agradecemos mucho ¡Haré que ellos se digan lo mucho que se quieren y tengan cuchiplancheo rico! *Kise y Aomine se me quedan mirando raro*
Mika: Soy un tanto maquiavelica *muajajaja* pero si, a mi también me encanta la personalidad de Himuro, es tan asdfghjklñ, no le gusta que se acerquen a su amado pero a él si le gusta fastidiar a los demás XD Jajajajajaja morí con lo de negro azotador, claro que él si puede contra Midorima (y si no, le hago esquina) Gracias por tu review.
Bien, los dejo descansar de mi un rato (solo poquito, regresaré muy pronto)
¡Qué tengan una excelente semana muy productiva!
Les mando muchos besos de chocolate y nueces ¡Las nueces son ricas!
Cadiie Mustang.
