Sigue siendo lunes~

Lo lamento... éste fin de semana fue un caos para mí... demasiado. Lleno de emociones intensas que no me permitían focalizarme en el capítulo y hasta ahorita acabo de concluirlo. Espero les agrade.

Nos leemos abajo~

Advertencias: Palabras altisonantes y subidas de tono.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los uso para recrear escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.


Capítulo IX

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Aomine se encontraba vistiéndose para su cita de esa noche, se miraba al espejo con detenimiento tratando de encontrar algo malo en su vestimenta y solo atinó a sonreír arrogante al ver que lo más importante era sentirse cómodo consigo mismo. Terminaba de ponerse un suéter casual que tenía al fondo de su ropero, cortesía de su amiga Satsuki…

"Dai-chan ¡Deberías de tener algo descente en tu guardarropa! Por eso, te adelanto éste regalo de tu cumpleaños…"

"¿No le quedó a Imayoshi, verdad?"

"¡Ganguro! Mo~ ¡Verás que algún día me lo agradecerás… tendrás que vestir formal casual para algo especial!"

"Si, si claro… cómo salgo demasiado…"

Bien, no podía decir que en éste momento no le agradecía que le obsequiará una sobra de otra persona; en éste momento estaba seguro que se veía medianamente presentable. Se roció un poco de colonia en su cuello y pecho sobre la ropa. Estuvo satisfecho con el resultado que le mostraba su reflejo.

Fue al refrigerador por una lata de cerveza y la abrió. Se sentó en el sofá tomando entre sus manos su celular para revisar la hora que eran: cerca de las siete de la noche. Bebió un trago y aventó su aparato al otro extremo del sillón. Se estiró un poco, dejándose inundar por esa efímera relajación que ahorita sentía.

¿Cómo había terminado un sábado con planes para la noche? Ah, Kise Ryota tenía la respuesta…

:-:Flash Back:-:

Por cierto Aominecchi — la voz de Kise volvió a la normalidad después de un rato —, Nenecchi quiere conocerte…

¿He?

Nenecchi quiere conocerte — volvió a decir el rubio sobándose su aún mangoneado cachete.

Si te escuché eso idiota — bufó el moreno —. Lo que no entiendo es quién mierdas es 'Nenecchi'.

¡Nada de mierdas, Aomineechi! — respondió levemente enojado por la manera de hablar del chico —. Ella es mi manager desde hace tres años y simplemente es por logística.

No entiendo la necesidad de ella de conocerme — se dejó caer en la camilla, dejando colgando sus piernas y colocando sus brazos como almohadas improvisadas.

Es sencillo — dijo con obviedad el modelo, recostándose cerca de Daiki —, ella necesita saber quiénes son las personas que me rodean, conocerlas de cabo a rabo y verificar que son cien por ciento confiables.

¿Es tu guardaespaldas acaso? — Se mofó el más alto mirando de reojo la cara del otro, viendo cómo se descomponía en un mohín muy tierno.

Es más que eso — intentó hacer un tiempo, pensando en la palabra correcta que describía lo mejor posible a la señora castaña —, es una mamá para mí…

"…en el registro familiar de la familia Kise, no está Ki-chan."

¿Cómo una mamá? — Inquirió Aomine, siendo atacado por el recuerdo inesperado de lo que le comentó su amiga de la infancia por la mañana.

No 'cómo', Aominecchi — se volteó de lado, quedando cerca del cuello del otro —. Nenecchi es una mamá para mi ¡Una mamá muy amable y buena!

Vaya, entonces si es importante para ti — comentó Daiki, pasando discretamente un brazo por debajo de la cabeza del blondo, siendo correspondido por el otro.

Claro que lo es — contestó simple, acurrucándose un poco junto a ese cuerpo que lo abrazaba de una manera muy sutil, pero eficiente.

Bien — con su enorme palma, apretó un poco el hombro, acercando ese cuerpo aún más hacia él, como si de esa forma se asegurara que no se lo arrebatarían —. ¿Cuándo?

¿Puedes el próximo sábado?

Mejor lo dejamos para en quince días — dijo recordando algo importante —. Antes de salir hoy, me dijeron que iríamos a una concentración física a partir del miércoles y regresaremos hasta el otro.

Ah, vaya. Qué bien, Aominecchi — no pudo evitar sentir un leve nudo en la garganta ante la sensación de vacío que se formaba en su pecho. Aomine volvería a irse… pero le prometió no dejarlo; miles de recuerdos sobre la época de secundaria vinieron a él… cuando se sintió sólo al ver que el moreno se había mudado sin decir una sola palabra.

Volveré… lo prometo — susurró sintiendo que el cuerpo contrario se tensaba; podía deducir porque el modelo reaccionaba de esa manera sin siquiera preguntarlo —. Sólo espera…

S-si — musitó el rubio. Se sintió muy avergonzado ante la rápida lectura que le dio el policía sin necesidad de inspeccionar mucho; una extraña felicidad lo llenó por completo. Enterró, sin hacer mucha presión, su nariz en la playera del otro, inhalando un extraño aroma que desprendía el otro —. Aominecchi…

Huh…

¿Por qué apestas a sudor?

Daiki aventó a Ryota por la camilla hasta tirarlo al suelo, escuchando en consecuencia una exclamación e improperios de odio contra él.

:-:Fin Flash Back:-:

Después de ello, el moreno se dedicó a no dejar solo a Kise… al menos no en presencia mental: lo acosó hasta el cansancio por mensajes irritantes a las tres de la mañana, o con saludos rápidos y concisos a la hora de despertar y a las once de la noche.

Por alguna extraña razón, daba resultados; el chico le contestaba todos y cada uno de los correos que le enviaba. Algunos muy animados y otros en exceso iracundos y dando a entender fingida molestia. No importaba que tan pesado fuese el entrenamiento ese día, o la dieta a la que estaba sometidos… nada importaba para él si al final del día podía bien valerse de unos minutos para releer todo lo que se decían ellos.

Y con ello, era feliz. No podía pedir nada más.

El timbre sonó, y con ello, supo quién se encontraba al otro lado de esa puerta. Se levantó de su sillón y caminó hasta la puerta, encontrándose con la figura de todo un modelo arreglado para una sesión. Unas botas cafés estilo militar, un pantalón de mezclilla sencillo, una playera de manga larga blanca; llevaba unas pulseras y un extraño collar fino que colgaba de su cuello

Pero lo que lo mató, fue ver un adorable sonrojo que le llenaba de mejilla a mejilla el rostro.

—B-buenas noches, Aominecchi — las manos del rubio jugaban tras su espalda como un niño nervioso. Su mirada siempre iba dirigida hacia arriba, logrando hacer lucir a sus largas pestañas.

—Geez — contestó el policía admirando el escultural cuerpo de Ryota. Por algo era modelo el chico: el porte que lucía era muy elegante a pesar de estar vestido como un mortal.

—N-no me veas así — masculló entre dientes con una evidente vergüenza. Él también, pero más discreto, observaba la masculina presencia de Daiki, quien vestía un pantalón oscuro y un sueter azul marino; se veía condenadamente sexy —. Cómo sea… ¿estás listo?

—Yo nací listo Kise — respondió arrogante logrando sacar un bufido al otro —. Vuelvo en un minuto.

El blondo se quedó en el Genkan observando la foto familiar que había. En ella una mujer, con un cabello increíblemente largo de color azul marino, abrazaba a un señor por detrás, dejando caer su melena a un costado como cascada; el señor poseía una increíble sonrisa muy similar a la de Aomine, sus ojos eran azules eléctrico y su piel tostada le comprobó a Kise que ellos eran sus papás y el policía, la copa exacta de su padre. Ambos sonreían a la cámara, como si nada alrededor de ellos existiera.

—Lo siento, fui por mi billetera — llegó el moreno irrumpiendo la contemplación de Ryota sobre la fotografía —. ¿Podemos irnos?

—Ah, claro — dijo saliendo del trance en el que se encontraba. Daiki se colocó unos Convers azules y salieron del departamento.

Caminaron hasta el ascensor y al subirse, el modelo presionó el botón de planta baja, pero el otro presionó el de sótano; ante esto, Ryota no comentó nada. El cubículo descendía y ambas personas dentro de él se mantenían calladas, solamente la música de fondo reinaba en el lugar e involuntariamente, Kise comenzó a tararear la melodía.

Al marcar la planta baja, el rubio hizo el ademán de salirse, pero fue interceptado por una gran mano que se ciñó sobre su muñeca y lo obligó a regresarse dentro del elevador. No comentó nada por lo abrupto del momento y simplemente se regresó a su posición original, pero ahora se encontraba tenso debido a que aún Aomine lo tenía agarrado, cómo si se tratara de un mero acto natural.

—Hoy nos vamos en mi motocicleta — habló Daiki rompiendo el silencio. Sutilmente acariciaba la piel ajena con su pulgar, tratando de sanar con ello muchas cosas que comenzaba a comprender.

—¿Tienes una motocicleta? — Inquirió el blondo, comenzando a sentirse tranquilo a medida que el tacto del otro le brindaba algo que no lograba comprender.

—Y la mejor del distrito — la voz del policía se encontraba evidentemente orgullosa. Salieron del ascensor al llegar al sótano y caminaron hasta el estacionamiento destinado con su número de departamento —. Ésta es.

—A-aominecchi — tartamudeaba el modelo —… ¿Sabes? — Esperó un poco para tragar su saliva — Quiero llegar vivo al día de mañana…

—¿¡Qué mierdas dices!? — Bramó molesto — ¡Yo soy el mejor detrás de una motocicleta!

—¡No Aominecchi! — Rezongó Ryota —. Nos iremos en taxi…

—¡Acaban de entregármela ayer del mecánico, maldición! — Exclamó el moreno acariciando el asiento de piel de su transporte — ¡Quiero sentir el aire en el cuerpo!

—Definitivamente no, nos iremos en taxi.

—Por supuesto que sí, la motocicleta es mi vida.

—No.

—Si.

—No.

—Si…

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—Kagami-kun, tengo ganas de verte — dijo sin ningún tipo de vergüenza el celeste a la persona que se encontraba al otro lado del teléfono.

¡¿Por qué demonios dices cosas tan vergonzosas?! — Tetsuya podía casi ver el sonrojo que seguramente tenía su novio.

—Tengo ganas de verte… ¿es malo eso? — La voz de cordero a medio morir era su mejor arma.

—… — El pelirrojo mantenía un mutismo difícil de descifrar para Kuroko. Quizá se había excedido —. Voy para tu departamento ¿Quieres que lleve algo?

—Batido de vainilla — contestó el celeste victorioso —. Gracias, Kagami-kun.

No es nada Kuroko — dijo el chico algo penoso —. Te amo, si quieres que haga algo, pídemelo.

Y tras eso colgó. Tetsuya simplemente se dejó caer en su cama, tapándose el sonrojo que reinó su rostro tras lo dicho por su novio. Simplemente había veces en que no debía de provocar al tigre y eso lo iba aprendiendo poco a poco.

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—Si Nenecchi, ya vamos para allá… ¿tren? No, tomamos taxi…

Si, KIse Ryota ganó la disputa verbal sobre cómo se irían. Tenía una sonrisa de oreja a oreja por la victoria reciente sobre su más acérrimo y admirado rival.

Daiki en cambió, iba soltando improperios y bufidos de frustración ¿Cómo el chico logró ganarle con una cara lamentosa y moquienta? Ah, cierto… Kise tenía cierto poder sobre él. De momento que logró calmar su vena de rencor, logró recostar su cabeza sobre su mano y admirar la implacable noche que los cubría, así como las luces de la vida nocturna de Tokio que llenaban los locales y edificios; éstas, opacaban las estrellas por su débil destello en comparación con la tecnología artificial. Extrañaba en cierta forma la concentración que tuvo lugar en las montañas. De noche, podía salir a recorrer un poco el campo y dejarse maravillar por las maravillas del universo…

"Dai-chan ¿Logras ver esa estrella? Esa es tu estrella hijo… curiosamente, el día que naciste, esa estrella nació contigo… naciste con una luz. Sé que lograrás grandes cosas en tu vida, sólo aférrate a ellas y nunca las dejes ir…"

Aferrarme y nunca dejarlo ir — inconscientemente, miró por el rabillo de su ojo al modelo que aún continuaba platicando por teléfono. Las comisuras de su boca se arquearon hacia arriba y por un momento, comprendió lo que su mamá le dijo aquel verano que ellos fueron a las montañas por última vez…

—¿Rencchi estará, verdad? — Preguntó al otro lado de la línea el rubio esperando una respuesta. Sin embargo, la mención de un nombre de varón que no conocía alertó a Daiki, logrando focalizar su audición a lo que decía Ryota —. Pásamelo un poco — esperó unos cuantos segundos y contestó eufórico —. ¿Cómo para qué? ¡Quiero preguntarle si necesita algo! — Su cara después de aquello, hizo un mohín tierno y berrinchudo — ¡No lo mimo! Simplemente me gusta Rencchi…

La última oración dicha por el blondo, hizo click en la mente del policía y se vio abruptamente sorprendido, girando su cuerpo en contra de su voluntad y abriendo sus ojos de par en par ¿Kise tenía a alguien que le gustaba? ¿Era de ese gustar? Muchos pensamientos inundaron su cabeza en una masa colosal de inseguridad que simplemente se vio reflejado en el infantil acto de arrebatar el celular de las manos de Kise y colgar sin medir las consecuencias.

—¡Aominecchi! ¿Qué demonios te sucede? — Preguntó molesto el modelo. Se acercó rápidamente para intentar recuperarlo sin éxito debido a los buenos reflejos que poseía Daiki —. ¡Aominecchi!

—Basta de hablar en taxi — soltó con una voz más grave de lo que planeaba hacerla oír —. Es de mala educación y me taladras los oídos con tu chillante e irritante voz — estiraba su mano hacia atrás lo más lejos que podía para que no estuviera al alcance del otro.

—¡Deberías solo de haberlo dicho! — Rezongó el rubio mosqueado por los leves insultos del que fue preso. Se volvió a poner en su lugar y estiró una mano hacia el moreno —. ¿Me devolverías mi celular?

—No — decretó sin tapujos Aomine —. Esto — señaló el aparato que traía entre sus dedos, lo llevó hasta la bolsa de su pantalón y lo guardó ahí —, se queda aquí hasta nuevo aviso. Nadie me asegura que no intentarás hablar nuevamente.

—Mo~, Aominecchi tonto — musitó por lo bajo evadiendo la siniestra mirada que extrañamente le dirigía Daiki ¿Quién lo entiende? ¿Por qué diablos reaccionó de esa manera?

Pasaron cerca de quince minutos hasta que llegaron hasta una casa dentro de un fraccionamiento privado. La estructura era antigua, pero al remodelarla le añadieron toques modernistas y occidentales en la fachada. Ryota se bajó corriendo a tocar el timbre, mientras que Daiki se quedaba pagando el taxi; al ver partir el vehículo, se puso junto a Kise esperando a que abrieran las puertas para recibirlos. Aomine no podía negar que se encontraba nervioso por conocer un pedazo de la vida que el blondo había llevado hasta ahorita; pero se relajó, nada le servía si se encontraba en ese estado de tensión… muy probablemente aquellas personas se lo comerían vivo de ser así…

O al menos, los padres de Kise lo harían sin dudarlo.

—¡Aniki! — Gritó efusivo un niño de trece años mientras se abalanzaba contra Ryota, abrazándolo por el abdomen —. ¡Nos tienes muy olvidados!

—¡Rencchi! — Correspondió al acto el rubio dejándose envolver por una gama de sentimientos que pretendía haber olvidado —. Sabes que yo nunca los olvidaré ¡vendré más seguido a jugar videojuegos, lo prometo!

—Ya lo prometiste Aniki ¡Mas te vale cumplirlo! — Enterró su cabecita en el pecho de Kise y dobló la misma para poder respirar. Fue hasta ese momento que el castaño se percató de la compañía que llevaba su hermano esa noche y frunció el ceño — ¿Y tú quién eres?

Aomine gruñó muy profundamente al verse preso de la mirada retadora y la voz tan territorial que utilizaba el niño contra él ¡No le había hecho nada y ya lo quería matar con su mirar! Bien, dos pueden jugar el mismo juego.

—Aomine Daiki, mocoso ¿Y tú? — masculló tragándose una grosería para el infante.

—Tsumori Ren, abuelo — contestó el menor logrando sacarle una vena de ira al moreno. Sonrió satisfecho.

—Rencchi — habló Kise captando la atención de ambas personas que se miraban intensamente —, Aominecchi es un amigo y tiene la misma edad que yo… si le dices anciano a él, me lo estás diciendo a mi ¿comprendes?

—¿Entonces cómo le puedo llamar? — Preguntó mirando hacia arriba para hacer contacto con los ojos amarillos.

—Veamos — meditó Ryota sintiendo un agarre más fuerte por parte del más chico — ¿Qué te parece Aomine-san?

—Es asqueroso — dijo mirando a Daiki —. Le diré Ganguro.

—Entonces yo te diré enano ¿bien? — respondió defensivamente el policía. Estaba regulando sus impulsos de sacar unas esposas y amarrarlo afuera de su casa a un poste para que no irrumpiera más su calma y cena.

Creo que será una larga noche — pensó el blondo a sus adentros mirando como colisionaban sus miradas y se formaban destellos. Aventó a ambos hacia dentro y en la sala vio a su padre sentado en sillón principal leyendo el periódico —. Momoru-san, buenas noches…

—Kise ¡Bienvenido muchacho! — Llegó el señor con Ryota apresándolo entre sus brazos en un cálido saludo —. Nos tenías muy abandonados… te quedas uno o dos fines de semana por mes en la casa y ahora no te hemos visto en un buen tiempo…

—He estado un poco ocupado — contestó rascándose su nuca y muy apenado por las múltiples veces que rechazó las invitaciones de ellos a cenar.

¡No es cierto! — Se dejó oír una voz que provenía de la cocina que a Kise le cayó como piedra sobre la cabeza.

—Ya, ya no te preocupes — dijo tranquilizadoramente el azabache intentando calmar el nerviosismo. Sus ojos miel miraban con paciencia al chico que se mecía nervioso —. Sé que el medio de la farándula es muy pesado, pero un descanso por semana ayudará a tu salud.

—Sí, muchas gracias — susurró más relajado. Le encantaba ser recibido por la calidez de ese hombre. Recordó que venía acompañado y buscó con la mirada a su amigo para verlo aún con esa manía de pelearse con un niño al que le lleva por casi ocho años. Sonrió y haló a Daiki rompiendo ese duelo — Mamoru-san, él es Aomine Daiki: un amigo de la secundaria.

—Vaya, de la secundaria — estiró su mano dando un apretón grande al muchacho que se mostraba relajado ante él. Le debía dar puntos por la presencia que traía —. Un gusto, Tsumori Mamoru. Médico cirujano, esposo, padre de familia de dos increíbles muchachos y fanático del basquetbol.

—Aomine Daiki, un placer — contestó firme y sin titubear. Ese hombre le agradaba —. Policía, soltero aficionado a capturar langostas y amante del basquetbol…

—¿Atrapas langostas? — Preguntó Kise, dejando de lado el saludo que él había iniciado.

—Tan sólo como pasatiempo.

—La cena está lista — entró a la sala una Nene con un mandil de cocina —. ¡Ren, vete a lavar las manos! — Se acercó lo más que pudo al chico moreno que se encontraba en su sala y se fascinó ante el evidente salvajismo que desprendía la mirada azulina de él. Hombres como él necesitaba el mundo —. ¡Falto yo! Tsumori Nene. Manager actual del modelo Kise Ryota, esposa y madre de familia de dos apuestos chicos — estiró su mano para saludar a Daiki y se sorprendió por la enorme mano que poseía el chico.

—Aomine Daiki… me fastidian las presentaciones — dijo con una sonrisa. Evidentemente si le molestaban, fue demasiado brutal y directo, pero la sinceridad que desprendía al hablar fue lo que le llamó la atención a los adultos. Eso a la castaña le gustó; ya tendría tiempo para saber más de él.

—Bien, vamos a pasar al comedor, la cena está lista.

El primero en llegar fue Ren, quien se sentó en su mismo lugar de siempre, halando consigo a Ryota para que se pusiera junto a él. En la cabecera de la mesa, tomó su lugar el patriarca y a su derecha, la señora de la casa. Aomine tuvo que tomar asiento junto a Nene y frente a Kise.

La cena pasó sin muchas interrupciones, más que por la evidente batalla que libraban desde sus asientos Ren y Daiki hacia el otro. Acciones de niños como tomar el último trozo de pescado frito, o no pasarse el puré de papas; servirse el último vaso de té de Oolong, robar un pedazo de postre de más… todos se daban cuenta de ello y les causaba gracia ver hasta qué punto llegaban.

La plática comenzó en la sobremesa, aquel momento después de la cena cuando los temas de especial interés emergían para satisfacer las dudas de todos.

—Bien Aomine — hablaba el señor mientras ayudaba a recoger algunos platos y acercarlos al fregadero —. Cuéntame un poco sobre ti, lo que se te ocurra y quieras compartirnos para conocerte un poco más — llegó a la mesa trayendo de la cocina un paquete de cervezas consigo —. ¿Gustas una?

—Gracias — respondió al momento de recibirla, la abrió y bebió un buen trago para relajarse de la guerra que había tomado contra el diablillo —. Comencé a asistir al cuerpo policial recién me gradué de la preparatoria y me recibí hace apenas un año — relató mirando a los ojos al azabache que le preguntaba —. En éste momento estoy en emergencias y mi turno aún es un poco inestable, pero me dijeron que en un par de meses me podrían dar ya uno fijo.

—Interesante ¿Portas licencia de armas? — Inquirió a lo que el otro le contestó con un movimiento de cabeza afirmativo —. Me dijiste que eres un amante del baloncesto…

—Sí, he jugado toda mi vida desde que puedo recordar — hizo una pausa trayendo al presente aquellas memorias de su infancia —. Desde niño, salía a jugar a las calles contra oponentes fuertes y eso no ha cambiado hasta ahorita.

—¿Sigues jugando en la actualidad?

—Lo tomo más como un entrenamiento físico y de relajación. Aunque en algunos eventos pertenezco al equipo de baloncesto de la jefatura policiaca.

—Mamoru-san ¡Él es un prodigio! — Irrumpió el modelo quien se había mantenido al margen —. Asistía a Teiko igual que yo, y pertenece a la Generación de milagros.

—¿Perteneces a esa Generación de milagros Aomine-san? — La voz excitada del menor confundió a los presentes. Hasta hace poco, quería deshacerse de Daiki ¿Y ahora le habla con respeto?

—Claro, el único que puede vencerme soy yo mismo — contestó sonriendo arrogante. De alguna manera, se tenía que ganar a ese renacuajo y ya había encontrado el punto exacto al que le podía llegar discretamente.

—¿Me enseñarías uno de tus tiros sin forma? — El castaño se levantó de su asiento y corrió hasta llegar junto al moreno, comenzando a halarlo para que se levantara —. Ándale, vamos, por favor…

—Ya que — contestó petulante Aomine. A Kise no lo podía engañar, al chico policía le gustaba presumir de sus habilidades bestiales en el baloncesto y que mejor que impresionar a un niño para ganárselo. Se levantó con el niño a cuestas y salieron corriendo hacia el patio.

—¡Perdónanos, Aomine-kun! — Gritó la señora, pero al no recibir respuesta volvió a sentarse.

Los señores Tsumori a partir de eso, comenzaron a asechar a Kise con preguntas indiscretas sobre su relación con el moreno ausente. Era épica la cara abochornada que ponía el chico ante esa situación.

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—Y es así como se hace un tiro sin forma — contó Daiki al menor agachándose hasta su altura —. Pero no se lo cuentes a nadie, éste es un secreto entre nosotros dos — dijo revolviendo el cabello castaño del chico en cuestión, quien lo observaba como si estuviese en presencia de un Dios.

—¿Puedo intentarlo? — Preguntó dubitativo, tomando entre sus palmas el balón.

—La práctica hace al maestro — resolvió la inseguridad del menor en cuestión de segundos y ahora fue su turno de sentarse y contemplar como a la primera le salía. Era una oportunidad única para hacerse de la información que supiera Ren acerca de Kise; y no desaprovecharía ese momento —. Ren-acuajo

—¿Qué sucede, Onii-san? — El pequeño estaba muy concentrado y eternamente agradecido con el moreno como para reparar en como lo llamó.

—¿Cómo conociste a Kise? — Ignoró por completo la mención parental tan extraña y se dedicó a recopilar datos.

—Un día mamá lo trajo a la casa y dijo que sería mi hermano. Eso es todo — contestó deteniendo sus tiros para prestar atención y sentarse en el césped junto a lo que presumiría en su clase el lunes a sus compañeros.

—¿Algo más? — Fingía no mucho interés, parecía que el chico era muy perceptivo.

—Cuando yo lo vi la primera vez, pensé que era como un zombie — contó el chico pasando el balón de una mano a otra —… ya sabes, se parecía mucho a esos zombies del programa de la televisión: todos esqueléticos, huecos, vacíos y sin ganas de vivir — esto último lo comentó con un deje de tristeza —. Pero mamá nos dijo a papá y a mí que necesitaba mucho amor y comprensión. Así que comencé a molestarlo hasta que me aceptó como su hermano menor.

—¿Nunca has jugado con Kise baloncesto?

—¡Ni hablar! Aniki no puede esforzarse mucho porque tiene malo su hombro dice mi papá — negó con entusiasmo y meneando su cabeza horizontalmente —. ¿Puedo contarte un secreto?

—Dale.

—No me gusta lo que tiene Aniki en su espalda ¡Tengo pesadillas de sólo recordarlo!

—¿Qué tiene? — Preguntó volteando su mirar al chico.

—No lo sé… cuando le dije a mamá, me dijo que cuando fuera más grande me contaría que fue lo que sucedió con Aniki — sacó un dulce que traía en su pantalón y se lo llevó a la boca.

—Ya veo — pasaron un par de segundos antes de que Aomine volviera a atacar con otra pregunta —. ¿Conoces a los papás de Kise?

—¿Acaso estás tonto Onii-san? — Inquirió molesto el chico, a lo que Daiki se enfureció por el adjetivo despectivo que le decía —. Los papás de Aniki son mis papás y yo soy su hermano — respondió con un tono de obviedad —. Pero si a lo que te quieres referir, es que si conozco a las personas que abandonaron a Aniki cuando los necesitaba… no, no los conozco y no quiero hacerlo.

El chico no tenía un pelo de tonto. Él sabía muchas cosas y eso lo llevaba a tomar sus propias decisiones sin depender de sus padres para hacerlo. Estaba madurando y eso le arrebató una sonrisa melancólica a Daiki. Si tan sólo él hubiese sido así de despierto a esa edad…

No habría colaborado para arrebatarle la vida a alguien.

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—Kise-kun — comenzó a hablar el señor Tsumori rompiendo la tranquilidad —. Hablé con Midorima-kun ayer y me comentó que has bajado de peso nuevamente…

—No hay nada de qué preocuparse Mamoru-san — respondió ante la evidente pregunta —. ¡Estúpido Midorimacchi! Haces un escándalo por nada — le insultó en sus pensamientos al su amigo peliverde y volvió al presente —. Sólo ha sido poco más de un kilo, pero no es porque haya dejado de comer…

—¿Me podrías explicar entonces por qué es…?

—Mamoru-kun ¡Tú lo sabes mejor que nadie! — dijo defendiendo a su hijo —. Simplemente Kise-kun está enamorado y eso implica, sabes muy bien, muchos cambios en el metabolismo.

Ambos hombres presentes, escupieron lo que acababan de tomar debido a la hipótesis no tan errada de Nene. Ella les dio unas servilletas para que se secasen y bebió de su té caliente un poco.

—¿Estás enamorado Kise-kun? — Inquirió el patriarca al modelo mientras veía como una capa carmín cubría todo el rostro del chico. Sonrió de lado, las palabras sobraban ante eso.

—N-no sé si estoy enamorado… pero creo que es algo parecido — musitó muy bajo Ryota tratando de pasar desapercibido — ¡Muy parecido! — Gritó dentro de él, confirmándolo irremediablemente.

—Con el tiempo te darás cuenta que es aquello que sientes dentro de ti — dijo zanjando el tema el señor. Poco después, escucharon la puerta corrediza abrirse y pasar hasta el comedor, a un moreno cargando de caballito a un chico evidentemente dormido.

—Se quedó dormido — no había más, la baba del niño caía en su suéter nuevo y lo maldijo un poco. Sin embargo, en el fondo le agradeció que le haya dicho mucho más del rubio en cuestión —. Me llamaron de emergencia para cubrir turno ahorita en la noche, tengo que irme…

—No te preocupes, yo lo llevo — se levantó el señor y lo tomó entre sus brazos, caminó hasta las escaleras y volteó despidiéndose con la cabeza para perderse tras el piso. Nene simplemente gritó y aventó a Ryota contra Aomine para irse a acompañar a su esposo.

—Ellos son todo un caso… les caíste bien — susurró apenado el chico viendo cómo se secaba la baba seca que tenía en su cuello. Rio ante lo gracioso que se veía el moreno.

—Si claro, el mocoso me babea y luego se duerme — berreaba el policía rascándose la cabeza y acercándose a la salida.

—Te acompaño a la estación — dijo Kise corriendo alcanzando a Daiki en el umbral para ser detenido desde su frente con un dedo que lo presionaba y dejaba dentro de la casa.

—'Acompañar' ni que nada — refutaba Aomine sosteniendo su postura altiva —. Es de noche y es mejor que te quedes aquí con ellos. Yo puedo volver sólo ¿Lo olvidas? Tengo licencia para portar un arma…

—Pero en éste momento no la tienes… ¿cierto? — el bufido que soltó el policía le dio la entera razón a Ryota y suspiró resignado; su compañero era demasiado orgulloso y no lo haría cambiar de opinión —. De acuerdo, sólo ve con cuidado ¿sí?

—¿Crees que soy una princesa? ¡Es repugnante! — La cara de Aomine se contrajo como si hubiese chupado un limón agrio —. Eso te va más a ti…

—¡Aominecchi! — Fue el turno de quejarse de Kise y trató de acertarle una patada que el otro esquivó olímpicamente —. Lo que sea ¿Podrías devolverme mi celular? Ya te vas y necesito arreglar pendientes en mi agenda.

—Todo tuyo — lo estiró para que el otro lo tomara, pero cuando el blondo colocó su mano sobre la otra, Daiki reaccionó rápido y lo tomó de la muñeca, lo acercó lo más que pudo y le plantó un beso suave, lento y tronado en la comisura de Ryota —. Ese es mi regalo de buenas noches.

—T-tu… p-pedazo d-de… — Kise no lograba articular ninguna palabra sin tartamudear. La acción del policía lo sacó de su estado de tranquilidad. Su cara pasó a ser un monumento a la cereza.

—Me voy…

Y así como lo dijo, se fue dejando tras de él a un Ryota muy confundido y excitado con el beso que le propinó inesperadamente. Aomine Daiki definitivamente era como un huracán… o mejor dicho, una estrella fugaz que lo iluminaba de ratos, cautivándolo con su luz y poniendo en peligro a su corazón, el cual, se vio levantando una bandera blanca en señal de rendición ante esos inesperados actos y encantos por parte del moreno.

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Daiki fue llegando a la estación policiaca una hora más tarde, justo a tiempo para alcanzar la última taza de café disponible en la cafetera. Se sentó en su escritorio y observó que el departamento se encontraba sólo, sin contar a la chica que cubría el turno de la recepcionista.

No tenía ánimos de hacer mucho, mejor dicho, de lo único que tenía ganas era de molestar un poco a su rubio parlanchín favorito. Sin embargo, aún tenía pendiente las pilas que le dio el comandante Imayoshi dos semanas atrás para dividir los papeles… y cómo no tenía más que hacer –sólo si surgía una emergencia- entonces se dispuso a cumplir con esa absurda tarea.

Tomó el segundo monte de papeles que se encontraba en el carro rojo estacionado junto a su archivero y lo dejó caer sobre su escritorio y los leía, tratando de leer sólo el motivo del acta. Los de administración bien que hacían su trabajo…

—Cabrones… y nos meten a nosotros su trabajo — masculló el policía separando los papeles tal y como se lo solicitaron. Bien podía ser una larga noche, pero al menos acabaría con el pendiente.

Dieron las tres de la mañana y bebía su segundo café en la guardia. La pila no iba disminuyendo tan rápido como quería, pero aún tenía parte de la noche para hacerlo; de ese modo, no se desesperó. Pronto llegó un papel que le llamó bastante la atención; no por el crimen cometido, más bien, por el nombre tan familiar que se presentaba ante sus ojos como dagas afiladas…

—Haizaki Shougo…

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"El amor es como uno de esos cometas que pasan cerca de nosotros cada cierto tiempo poniendo en peligro nuestras vidas."

Carlos Sadness

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Enserio, siento traer el capítulo hasta ahorita... ¡Pero les gustó! ¿O no? Háganme saber que es lo que sintieron :)

Aparece una microminichibi escena Kagakuro (como siempre ._.) Y Midorimacchi es un chismoso ¡Pero Aomine con Ren fue lo épico! Del odio a la amistad en un capítulo :D

Eternas e infinitas gracias a: Fujimy (gracias por los dos reviews) , Mika , Erza S , ShioriOrihara y Yami-neechan por sus maravillosos comentarios. También a los favoritos y follows que se van agregando poco a poco ¡Gracias!

Fujimy: Aomine quiere y ansia saber que fue lo que le pasó a Kise y se hará de todo lo que esté a su alcance para averiguarlo... Midorimacchi sufrirá poco, pero lo normal cuando se trata de desamor ¿No? Los jitomatazos los recibo con mucho amor (?) La escena Kagakuro casi roba el protagonismo... pero sólo es poquis, Kise y Aomine merecen mucho amors :D Una amistad entre Kise, Takao e Himuro es explosión colosal de diversión sin fin :3 Jajajaja consuelo Midotaka que no falta mucho por llegar... Ryota siempre querrá a Daiki ¡Y de eso me encargaré yo en éste fic! Pero eso no quita con que le guste ese sexy pasante~ Gracias por tu doble review *.*)9

Mika: Me da gusto que el Kagakuro te gustó... y si, prometo un lemmon super hard de Aokise :D Jajajaja me acordé de la canción "Dos mujeres, un camino" Los celos de Aomine son lo máximo! No me cansaré nunca de hacerlo ver celoso *¬*) Yo te ayudo a castrarlo gratis :3 ¡Gracias a ti por tu review!

Y bueno... a los que celebramos el Grito de la Independencia ¡A comer muchos antojitos mexicanos y tomar agua loca y refresquito! Diviertanse sano y recuerden que sus familias y amigos los esperan si salen de viaje.

Nos leemos en una semanita~ que la gocen y disfruten mucho.

Besotes de sabor a Pocky y mordidas ultra sensuales a todos ustedes...

Cadiie Mustang