¡Buenas, es lunes!
Y si, yo paso discretamente por aquí a dejar éste décimo capítulo ¡Confetti por que hoy el fic cumple dos meses de vida! Además, estoy muy feliz por que una personita a estado atenta a mi, y como yo tengo faltas de ortografía, se ofreció a ayudarme con ello ¡Muchas gracias, Erza-san! Ella será mi beta por aquí de ahora en adelante. Puede que en éstos días, se corrijan los capítulos anteriores, pero no afectaría en nada a la trama ;)
Ahora si, a leer~
Advertencias: Romance, cursilerías, leve Angst, palabras altisonantes.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad intelectual de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los uso para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.
Capítulo X
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Era viernes y ya habían pasado un par de días desde aquella cena familiar dónde se presentó a Daiki ante los Tsumori. Desde aquel día, Kise no había visto al policía ni de cerca; sólo algunos mensajes o llamadas en la semana que le realizaba el moreno para fastidiarlo y burlarse de él. Y como si de una compulsión se tratase, él respondía a todos y cada uno de sus comentarios con fingida molestia. Esos instantes valían la pena cuando imaginaba que el chico se acordaba de él aunque sea un poco en su rutina.
Se dejó caer perezoso nuevamente en su amplia cama y se ocultó debajo de la cobija, tratando de controlar aquel brutal sonrojo que tuvo al recordar el beso que le propinó Aomine desprevenidamente. Con sus manos, tocaba sus mejillas y las sentía calientes. Estaba demasiado avergonzado como para poder pensar con claridad sobre lo que pudo haber pasado para que el chico en cuestión haya hecho tal cosa. Comenzó a sentir un cosquilleo en la zona dónde los labios de su amigo hicieron contacto directo y con sus dedos, quiso quitar la sensación tan placentera que se apropiaba de él sin éxito.
— ¡Basta! No puedo seguir así — gritó buscando de convencerse. Al tratar de levantarse de la cama, sus piernas se enredaron con la sábana y tropezó hasta dar al suelo —. ¡Ite~!
Sus manos sobaban su espalda y ligeras lágrimas surcaban su cara. Al levantar un poco la vista, sus ojos hicieron contacto con un calendario que tenía junto a su cama y se sorprendió bastante al ver la fecha. Nueve de mayo, eso era lo que marcaba aquel círculo rojo. Su cara, repentinamente, cambió a una seria y nostálgica. Se recargó en su cama y se levantó con ayuda de ésta; caminó al otro extremo de la habitación y se acercó a un viejo baúl que tenía arrumbado en una esquina. Lo abrió con la pequeña llave que llevaba en una pulsera y sacó unas fotografías algo maltratadas.
Su madre, su padre, sus hermanas y él posaban con una amplia sonrisa. Ese día, estaban de vacaciones en una playa de viaje improvisado; Ryota tenía unos nueve años de edad, no cabía duda que su familia era muy agraciada en belleza y riqueza; eran la envidia del distrito. Aquellos años eran felices…
Hasta que sucedió eso…
"Yo no tendré a un homosexual en mi familia… te exijo que recojas tus cosas de esta casa y te largues ahora mismo."
Eso le rugió su madre en una tarde de invierno. Sabía a lo que se arriesgaba cuando decidió contarle a su familia sobre su orientación sexual y por ende su relación estable de un año con, en ese tiempo, su novio. Pero hay veces en que las cosas no salen como uno las planea. Desde ese día, lo consideraron fuera de la familia Kise, sin embargo, en un gesto bondadoso por parte de sus progenitores, le permitieron conservar el apellido, pero él ya no figuraba dentro del registro familiar.
Alejó esos recuerdos pesimistas agitando su mano al aire y volvió a admirar la foto que estaba entre sus manos y sonrió con genuina felicidad. Sabía que aquellos momentos no volverían más.
Un sonido de su celular le llamó la atención y dejó el baúl justo como estaba antes de tocarlo. El correo era de la única persona que figuraba en su mente como familia cercana y su rostro obtuvo una expresión suave…
"De: Sis
Asunto: Mi persona favorita~
Ryota ¿Cómo has estado hermanito? Espero que muy bien… Voy de regreso a Japón después de una larga temporada fuera de ahí. Cuando llegue te marcaré para salir por un helado ¿de acuerdo? ¡No trates de huir! Buscaré a Midorin si es necesario para saber dónde estás.
Te quiero °-°)/***
P.D. ¿Has visto a mamá? Ve a visitarla… Por favor, se te extraña en casa."
Su cara pasó de estar tierna y contenta a una realmente compungida por dolor. No era que no perdonase a su progenitora, al contrario, el simple hecho de pasar todo aquello que vivió le hizo percatarse que era innecesario todo ese disgusto y rencor que sentía contra ella… ya había hecho las paces con su familia y con parte de su pasado; dentro de él no quedaba ningún atisbo de mala vibra. Pero ellos no pensaban igual; tanto como su padre, madre y hermana mayor no le querían ver ni en pintura en lo que les quedaba de vida.
Claro que le provocaba desconsuelo ser ignorado por tres cuartas partes de su parentela más cercana, pero había aprendido a vivir con ello; después de todo, no podría forzarlos a aceptarlo nuevamente… No en contra de su voluntad. Su hermana, Harumi, era la única que lo visitaba desde el incidente, trayéndole regalos de países a dónde iba de gira con su elenco de teatro; también era ella la que lo tenía informado sobre las noticias nuevas de su antigua casa.
Suspiró hondamente. Bloqueó su celular y se encaminó al baño para lavarse la cara y terminar de despertar. Con una pequeña toalla, secaba las gotas de agua que resbalaban por su rostro y se miró al espejo. No se deprimiría por ello… no podía permitirse sucumbir en la tristeza nuevamente. Puso su mejor sonrisa para él mismo, recordándose hablar a la florería para que enviasen el mismo ramo de flores al mismo domicilio como cada año.
Mañana era el día de las madres.
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—Kuro-chin — la voz adormilada de Murasakibara resonó en su solitario local. Eran las nueve de la noche y la cafetería se encontraba desierta a pesar de ser viernes —. ¿Quieres otro café?
—Me gustaría, Murasakibara-kun — respondió el celeste. El gigante se retiró a la cocina y miró como un pelinegro le sonreía con astucia. Su ceja sufrió un tic nervioso, evidentemente le disgustaba aquello —. Himuro-san ¿Podría dejar de hacer eso? Es molesto — musitó con franqueza.
—Oh, perdón Tetsuya — canturreó el nombre del presente logrando que al otro le saliera una vena muy pronunciada en su frente —. No sabía que te molestara mi escasa sonrisa.
—La sonrisa es lo de menos — contestó limpiándose la boca al dar un bocado a su tarta —, lo que me inquieta es el tono en que lo haces.
— ¿No puedo sonreír por ver con mis propios ojos a la persona que ama mi hermano? — Inquirió burlesco Tatsuya. Limpió una mesa que se acababa de desocupar y volteó a ver al único chico que había como cliente; realmente le gustaba molestarlo —. Por cierto, no dejes tantas marcas en el cuello — la mirada de fiereza que le dirigió le incitó a continuar —, es mejor si las dejas en lugares más escondidos… aunque bueno — alzó sus hombros y pronunció aún más su mueca —, terminaré viéndolas. Taiga siempre anda semidesnudo por la casa…
Se escuchó el quebrar de un objeto de cerámica. Cumplió con su objetivo: verificar que era lo que sentía el celeste por Kagami. El chico, que ahora sostenía sólo un fragmento de lo que había sido hace no mucho tiempo, una taza, era más expresivo de lo que todos pensaban; todo se reducía en presionarlo en puntos sensibles o extremadamente importantes para él como para que se rompiese esa coraza estoica y sacar a relucir sus colores.
—Are~ Kuro-chin ¿estás bien? — Cuestionó Atsushi cargando al chico para ponerlo en otra mesa. Kuroko se encontraba molesto como para poder reclamar algo —. Muro-chin, necesitamos limpiar esto…
—Enseguida, Atsushi.
—Toma, un nuevo café y va por la casa — el gigante dejaba una taza frente a Tetsuya —. Debió venir defectuosa.
—No creo que sea eso, Atsushi — replicó suavemente el pelinegro comenzando a recoger los vidrios regados —. Más bien sería… el poder del enojo.
— ¿Kuro-chin enojado? — La línea recta que tenía en lugar de boca el educador respondió la pregunta de Murasakibara —. Como siempre, Muro-chin tiene la razón.
De alguna u otra forma, aquella personalidad parecida a la suya, pero tan distinta a su vez molestaba a Kuroko de manera colosal… aunque tendría que comenzar a hacerse a la idea de tolerarlo por el nexo que los unía: Kagami Taiga. Sólo por él…
— ¡Kurokocchi, Murasakibaracchi! — El grito bíblico de Kise resonó en el local, llamando la atención del gigante y de Himuro —. Ya llegué.
—Poco más y me iba Kise-kun — dijo tranquilo Tetsuya sorbiendo un poco de su café.
— ¡Cruel! — Las palabras de su mejor amigo le hicieron derramar lagrimillas falsas de sufrimiento. Observó que el pelinegro lo recibía con una sonrisa; al parecer, ya le había dejado de odiar. Llegó hasta la mesa dónde estaba sentado el otro y se dejó caer en la silla contraria —. Estoy muerto…
—Tu pedido especial, Kise-chin — el dueño llegó y dejó frente al rubio un frappé y una rebanada de tarta.
— ¡Banzai! — Exclamó muy feliz el modelo alzando su brazo sano lo más alto posible y comenzó a comer, degustando el delicioso sabor que residía en los alimentos hechos por las propias manos de su amigo titán — ¡Está exquisito! Murasakibaracchi… ¡Cásate conmigo!
La propuesta hecha por Ryota no pasó desapercibida por nadie; el celeste desencajó su cara y se le soltó una risilla por las ocurrencias de su amigo. Sin embargo, el pelinegro no se lo tomó de igual manera y se acercó hasta ellos, dejando caer su brazo junto al blondo.
—Vuelve a repetir eso — bramó suave el mesero, observando el terror en la mano temblorosa del otro. Si se puede decir que Tatsuya tenía algo realmente característico, podría decirse que eran esos celos bestiales que se desataban al menor atisbo de seducción o proposición hacia Atsushi —. Anda, repítelo por favor… no logré escucharte bien.
—M-M-Murasakibaracchi… S-sálvame — tartamudeaba con pánico el modelo. Buscó apoyo en el celeste, viendo como sonreía con interés ante la faceta que el estoico joven venido de Estados Unidos mostraba en ese momento.
—Muro-chin — el pelivioleta llegó abrazando al mesero por detrás, recargando su cabeza en el hueco entre su cuello y hombro. Con esa acción, logró estremecer al otro —, yo nunca me casaría con Kise-chin… Sólo te quiero a ti — confesó un par de minutos después —. Además, Kise-chin está enamorado de Mine-chin…
Todos en la cafetería se quedaron callados cuando Atsushi dijo naturalmente esas palabras y Ryota palideció ¿Cómo era que el titán de Teiko sabía eso? No cabía duda que el chico no tenía un pelo de tonto a pesar de tener siempre su expresión de desgano. El pelinegro, por su parte no le importó otra cosa y se volteó para abrazar fuertemente al gigante.
— ¿Cómo sabes eso, Murasakibara-kun? — Inquirió Kuroko mirando la melosidad que desprendían los jóvenes uniformados. Cuando volteó sus ojos a Kise, éste estaba completamente rojo.
—El otro día Kise-chin no paraba de hablar de Mine-chin — respondía el chico, siendo aún tomado por el otro y simplemente se dejaba —, y Muro-chin me dijo después que estaba feliz porque se veía que a Kise-chin le gustaba ese tipo Aominecchi.
—N-no es como si estuviera enamorado — habló por primera vez en su defensa el rubio. Captó la atención de todos y continuó —. Y-yo en realidad, no sé qué siento por Aominecchi…
—Sea lo que sea que sientas — el celeste comió un poco de pastel que tenía —, deberías disfrutarlo… no sabes lo que mañana pasará, no sabes si mañana le vuelvas a ver — una punzada de tristeza golpeteó el alma de Tetsuya; a pesar de haber renunciado a Ogiwara y haber comenzado una relación con el bombero, quedaba la espina de lo que pudo haber sucedido.
—Kurokocchi…
—No importa ya Ogiwara-kun — dijo tajante, evitando que el otro sintiera siquiera un atisbo de lástima por él —. Ahora estoy con Kagami-kun. Él y yo… juntos — lo último lo dijo volteando al único ojo visible de Himuro. No le importaba hablar del pasado, él ya había plasmado las cartas sobre el asunto con el pelirrojo y él lo había aceptado —. Me gusta Kagami-kun. Y creo que la única manera de rendirle honor a eso que siento es estar con él.
Ryota se quedó callado. Realmente sí sentía algo muy fuerte por el moreno, sino ¿cómo se emocionaría tanto por pequeños detalles que el policía le hacía? Además, no se olvidaba del beso que se atrevió a darle cuando éste estaba dormido. Enrojeció violentamente, levantando sospechas en todos los que lo miraban.
—Kise-kun — llamó Tetsuya —, deberías platicarle a Aomine-kun eso.
—…. — El modelo abrió sus ojos de par en par, sustituyendo su vergüenza por un escalofrío que recorrió todo su cuerpo —. T-tengo miedo…
—Tú sabes que puedes decírselo y no te recriminará nada — respondió el más bajo, refutando el temor que el blondo transmitía a los demás.
—No soy capaz de tolerar su rechazo, Kurokocchi — su mano temblaba encima de la mesa, dejándose embargar por ideas pesimistas y escenarios catastróficos. De la nada, sintió dos manos sobre la suya, viendo como el Kuroko y Murasakibara le daban confort con ese simple gesto.
—Aomine-kun es un bruto… pero no sería capaz de juzgarte — susurró con seguridad Kuroko.
—Mine-chin siempre te protegía — sacó un Pocky de su bolsa del pantalón y se lo llevó a la boca. —. Siempre fuiste especial para Mine-chin.
— ¿Especial? — El desconcierto e interés del rubio alertó al gigante. Se metió en problemas, estaba seguro.
—Ya sabes, como Muro-chin es importante para mí, así lo fuiste para Mine-chin — contestó tranquilo —. Prometí no decirlo nunca Kise-chin, no insistas que no conseguirás nada conmigo — y acto seguido, hizo un mohín infantil.
El modelo sonrió ante el apoyo que le brindaban sus amigos a través de sus palabras. Aún no estaba realmente convencido, pero lo meditaría seriamente. Sintió una vibración en su pantalón y era un mensaje de Daiki, quien le exigía que se encontraran en la estación de Shibuya mañana a las cuatro de la tarde; recordó vagamente que tenía que ir con Shintaro a que le retirara la venda y le contestó rápidamente que sí. De alguna manera, terminaba cediendo ante las demandas egoístas y de último minuto que le hacía el policía.
No cabía duda que Aomine conseguía lo que se proponía.
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Shintaro se encontraba resolviendo algunos informes que tenía pendientes de algunos pacientes. Su escritorio estaba levemente hecho un desastre: libros de terapia de rehabilitación e investigaciones recientes, así como papeles pendientes de archivar. Cuando reparó en cómo estaba su lugar de trabajo, se desencajó su cara gravemente, nunca era descuidado con sus cosas y se preguntó porque se encontraba en caos…
Cierto, ese día vería nuevamente a Kise. No pudo evitar que su corazón brincara contento por aquella buena noticia, sin embargo, lo suprimió violentamente ignorándolo. Guardando la calma, comenzó a ordenar todo en su lugar. Y debajo de todo eso, encontró una fotografía de sus años de secundaria; Nijimura, su primer capitán en el equipo de baloncesto, les había obligado a participar en ese momento conmemorativo y capturaron la imagen improvisadamente. En ella, Murasakibara salía comiendo un maibu felizmente en el fondo, Akashi sonreía con su diminuta sonrisa autosuficiente, hasta el frente, Kise abrazaba por los hombros a Daiki y a él; ambos primeros, sostenían una amplia sonrisa mostrando sus dientes. Y él, fingía incomodidad, tratando de separarse de ese rubio gritón… pero colaba su brazo alrededor de la cintura del modelo, encontrándose con el brazo moreno que hacía la misma acción.
¿Desde ese entonces estaba destinado a vivir aquello? La situación se repetía como película en su cabeza… ambos, Aomine y él, peleaban inconscientemente por la atención de aquel sol que irradiaba calidez, capaz de brindarles a ellos algo que buscaban fervientemente.
—Doctor Shin-chan — la voz cantarina de alguien le obligó a reparar dónde se encontraba —, su paciente Kise-chan se encuentra en el consultorio de Hirikato-sensei en este momento.
—Gracias, Takao — contestó amablemente el peli verde, guardando la fotografía en uno de sus cajones y saliendo junto al enfermero y caminó por el pasillo.
— ¿Cómo has estado, Shin-chan? — Inquirió el pelinegro —. Yo si te extrañé mucho, tsundere-sama.
— ¿T-tsundere-sama? — El rostro de Midorima se descompuso y tuvo un leve tic en su ojo.
—Ya eres todo un pasante, Shin-chan — dijo burlescamente el chico —. Ya no puedo tutearte de esa manera… Comenzaré a acostumbrarme a decirte de esa manera tan respetuosa.
—Prefiero mil veces la manera confianzuda que usas para llamarme desde que estábamos en preparatoria — respondió seriamente el chico. Volteó a ver a su compañero de muchos años, viendo como caminaba despreocupadamente, alzando sus brazos y con ello a su filipina que le otorgó una vista de su abdomen plano. Alejó aquel calor que sintió en sus manos —. ¿Cómo te fue en Corea?
—Fue muy interesante — comentó mirando ahora su tablilla con hojas de pacientes —, todos pedían que me quedara…
— ¿Por qué no lo hiciste?
—Verás — con una pluma se tocaba la mejilla mirando al techo —, no lo acepté porque quería regresar por alguien…
— ¿Alguien? — Pero el cuestionamiento de Shintaro fue evidentemente ignorado y simplemente no decidió prestar más atención a ello. Después de un par de minutos, llegaron al consultorio del doctor especialista, observando que el rubio ya estaba ahí sentado en una de las sillas —. Llegas temprano, Kise.
— ¡Takaocchi! — Gritó efusivo el modelo, corriendo a abrazar al pelinegro —. ¿Cuándo regresaste? ¡Yo quería salir contigo para que me platicaras!
—Kise-chan, tranquilo — correspondió el apretón del chico —. Llegué esta semana, podemos salir hoy en la noche si gustas…
— ¡Eso me gusta! — Respondió contento —. Hola Midorimacchi.
—Nunca cambias Kise — la voz resignada del interno le sacó un mohín a todos los presentes —. Sensei no está en este momento, pero yo te atenderé en su lugar.
—Estoy a tu cuidado, Midorima-sensei — canturreó feliz Ryota, logrando sacarle una diminuta sonrisa al nombrado.
—Bien, yo los dejo — la sonrisa fingida de Takao era demasiado buena como para que alguien notara que no era verdadera —. Tengo algunos pacientes que medicar. Te marco en la noche Kise-chan, pero vamos solos, los tsunderes sólo nos arruinan la salida.
— ¡Takao! — Vociferó enojado el peliverde. Iba a reclamar algo cuando vio que el chico ya se había ido de ahí. Se apretó el puente de la nariz y volteó a ver al modelo —. No tengo todo el día, vamos a terminar esto pronto.
—Entendido — Kise siguió a Midorima hasta llegar detrás del escritorio a la camilla y se sentó en ella.
—Quítate la playera — pidió el peliverde, quitándose su bata por el calor abrasador que llenaba el cuarto.
Ryota se sacó la ropa, doblándola y colocándola a un lado de él y cerrando los ojos, confiando ciegamente en el interno que en ese momento se posicionaba frente a él para comenzar a examinarlo. El pasante comenzó a retirar el vendaje, enrollando a su vez los trozos de tela que se iban despegando del cuerpo del modelo. Por momentos, las yemas de los dedos de Shintaro tocaban la suave piel del rubio provocándole cosquillas y escuchaba la suave risa del chico contra su oído.
Algo se contrajo en su vientre. Unas mariposas se arremolinaban en su estómago, sacándole un diminuto sonrojo en su cara. Faltaba un par de vueltas para quitar la venda por completo y se alejó un poco, observando el rostro tranquilo que Kise le mostraba sólo a él. Se sintió dichoso al poder contemplarlo: la sonrisa del modelo comenzaba a seducirlo de una manera inusual…
Bastó un impulso y que su conciencia abandonara su cuerpo un segundo para aventurarse a probar esos carnosos labios rosados. Fue un contacto ligero, sólo presionando un poco sus bocas. Abrió los ojos que tenía cerrados y vio en los mofletes del blondo un color carmín que le quebró todas sus barreras y volvió a besar con mayor ímpetu al otro siendo correspondido; sus bocas se unían en una mezcla de ternura y pasión, moviéndose con parsimonia, degustando el maravilloso sabor que residía en ese pedazo de sol que tocaba.
Separó sus rostros levemente para otorgar aire a ambos… aunque preferiría haberse quedado hundido en el cuello para siempre. La mirada que le dirigía Ryota era una alegre, pero con un atisbo de nostalgia impregnada en ella; se veía casi como un ángel.
En ese momento lo comprendió. Ese beso, ese momento no volvería a repetirse nunca. Algo que quebró en su corazón y simplemente pidió permiso para hacer otra cosa… el rubio, estiró una mano detrás de la nuca de Midorima, halándolo y envolviéndolo en un abrazo. El peliverde, posó sus manos en los hombros desnudos del chico y depositó un beso en la clavícula, recargándose un poco sobre el blondo. Kise simplemente suspiró y dejó un beso en el lóbulo, provocándole un respingo al otro y comenzó a reírse.
Shintaro bufó por cómo su cuerpo sucumbió ante ese simple acto y se recriminó mentalmente, pero disfrutó de la melodía que se desprendía de la boca del modelo. Por siempre, escogería esa risa entre todas, lo supo desde que la escuchó por primera vez.
Después de pasados unos minutos, se despegó de su paciente y terminó de quitar lo restante. Le aplicó una pomada de eucalipto y permitió que el otro se pusiera la ropa y se despidió con sólo un gesto estoico. Salió del consultorio y caminó hasta recargarse en un pasillo desolado; sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas que surcaron sus mejillas hasta perderse en el cuello. Tomó su rostro con una mano, dejando salir un par de gemidos agónicos.
Cuanto dolía el amor no correspondido.
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Aomine estaba nervioso. Esperaba a Ryota recargado en la estatua de Hachiko, buscándolo entre las masas de gente que se arremolinaban en la entrada de la estación. Bueno, en realidad no estaba seguro que viniese, ya que simplemente le demandó su presencia ese día sin siquiera preguntarle si tenía otras cosas que hacer. Cerró sus ojos, esperando calmadamente… Exprimiendo todo lo posible su paciencia.
—Aominecchi, ya llegué ¡¿sabes lo que me costó llegar a tiempo?!— Kise llegó agitado para posicionarse frente al moreno y tocar con sus dedos su pecho.
—Ya era hora, te tardase diez minutos — la mirada de muerte que le dirigía el blondo le dio risa y suspiró reduciendo su ansiedad al ver al que esperaba frente a él.
—Aominecchi, tonto — reclamó Ryota ante lo dicho por el moreno.
—Basta de charlas, tenemos un largo camino que recorrer — dijo el policía. Tomó del brazo al rubio y sin preguntarle comenzaron a caminar hacia dentro de la estación nuevamente.
El rubio se dejaba halar por el otro, siendo llevado contra la corriente de las personas, pero seguro del camino que tomaba ya que el policía lo llevaba firmemente agarrando su mano. Su cara se adornó con una sonrisa de auténtica felicidad; cada vez que él estaba con el As de la generación milagrosa, sucedían cosas inesperadas y maravillosas que le dejaban más encantado con el chico que el día anterior.
Se subieron a un vagón sin ver el destino, recargándose en una puerta siendo protegido por el otro; confiaba ciegamente en Daiki como lo hacía con Midorima. Un sonrojo se apoderó de su cara al recordar aquel beso… claro que sentía algo por el interno que siempre lo atendía con devoción…
— ¿Por qué estás rojo? — Inquirió exigiendo una pronta respuesta el moreno.
—N-nada de qué preocuparse — respondió al instante.
—Esto debe ser sólo mío — susurró Aomine sin ser escuchando por el otro. Con su cuerpo, cubrió lo más que pudo el rostro de Kise, como si lo quisiera proteger que alguien más pudiera verlo.
Ryota sonrió con ese gesto.
Claro que sentía algo por Midorima… Pero ese algo no se comparaba con aquel ferviente sentimiento que brincaba en su interior al estar con Daiki.
Pasada poco más de una hora, llegaron a las afueras de la ajetreada ciudad de Tokio. Saliendo del metro, Kise observó una localidad pequeña y limpia. Las casas eran muy rústicas y antiguas, dándole un aire de pueblo viejo que se disfrutaba mucho. Kise estaba anonadado con ello. Tenía tanto tiempo sin salir de su mundo, Tokio, que jamás había reparado en que podían existir lugares tan coloquiales. Observaba todo como si de un niño pequeño se tratase y sonreía con cada nueva cara que le sonreía con amabilidad. Las ciudades consumen a la gente, robándoles ese toque cálido que él creía no se debía perder. De pronto, el moreno se paró abruptamente frente a un local pequeño, tocando el timbre que tenían ahí.
—Buenas tardes, Oba-chan — Gruñó con alegría Aomine. Pero su felicidad se fue a pique cuando sintió un golpe en su cabeza con un gran abanico rojo —. ¿Qué mierdas te sucede abuela?
—Aprende a respetar a tus mayores, mocoso problemático — una señora de edad mayor salía, dándole un zarpazo al chico que le llamaba de la manera que más le mermaba en su vida. Se percató de la presencia del niño rubio que se escondía detrás de la amplia espalda del moreno —. ¡Oh!, traes un invitado — su voz de endulzó de manera asombrosa y pasó del más grande para acercarse al otro —. Hola, mi nombre es Kaede, tengo sólo cuarenta años y soy abuela de éste joven idiota…
—A esa edad, súmale otros quince o veinte años más… ¡Auch! — Otro golpe por parte de la señora. Kise se rió como nunca en su vida al ver a ese chico salvaje domado por una mujer.
—No le prestes atención cariño — tomó su mano y lo arrastró hacia el interior de la casa —. Pasen, vamos a comer un poco de sandía.
La plática familiar fue amena. Aomine se desesperaba por las imprudencias dichas por Kaede y ella lo ignoraba olímpicamente; de vez en cuando le daba unos cuantos golpes y jalones de orejas logrando con eso que el blondo se divirtiera como pocas veces lo había hecho en su vida.
— ¿Irás a visitarla, verdad? — La señora bebió un sorbo de su té y prestó atención a la tensión que le provocó ese comentario a Ryota.
—Sí — contestó secamente el policía levantándose y ayudando al otro a hacerlo —. Abuela, ¿podrías darme unas cuantas flores?
—Seguro, te daré las mejores. ¡Estoy segura que le encantarán! — Exclamó alegre caminando al interior de la florería y haciendo un sencillo, pero adorable ramo de flores que le entregó a Daiki — Listo, puedo apostar a que quedará maravillada.
—Toma, aquí está el pago — el moreno iba sacando su billetera cuando sintió un nuevo golpe en su brazo, mirando con odio a la mujer —. ¡¿Y eso por qué demonios fue?!
—Costumbre — contestó tajante y sin una pizca de miedo contra la mirada de furia que le dirigían.
— ¡¿Hah?!
—Me ofendes mocoso… jamás te he cobrado ninguna flor cuando se trata de ella y no comenzaré a hacerlo — resolvió airosa de ver la mirada apenada de Aomine —. Ya, me sale rasquiña si estoy mucho tiempo contigo, así que ya vete — aventaba al chico a la salida, deteniendo al blondo con ella —. Tú en cambio, puedes volver cuando quieras, eres un chico hermoso…
— ¡Oe! Ya no estás para esas cosas abuela — rugió y huyó lo más lejos que pudo de ellos para evadir el poderoso puño Kaede.
—Muchacho — habló la mujer captando la atención de Kise —, cuida mucho a mi Daiki… eres el primer amigo que trae por estos lugares.
— ¡Kise, no te quedes tanto tiempo con esa anciana y vámonos! — Gritó el moreno irrumpiendo la despedida del rubio y la señora por completo.
Ryota sólo sonrió con seguridad brindándole calma a la señora y corrió hasta estar junto al moreno. Eran cerca de las siete de la noche y el sol comenzaba a ocultarse poco a poco. Ellos iban caminando entre árboles y subían algunos cuantos escalones de repente, siendo atacados por la brisa de mayo que los refrescaba.
El rubio tenía miedo… ¿Qué mujer era tan importante para Daiki para irla a visitar de tan lejos? Su corazón se compungía en el misterio y le ganaba su ansiedad. Sus manos sudaban y la amplia espalda del policía, así como sus pies presurosos le indicaba que él también estaba ansioso… pero de una manera completamente distinta a la suya.
Al terminar de subir el último peldaño, los ojos de Kise se cerraron violentamente por el sol y comenzó a abrirlos lentamente, dándose cuenta que habían llegado a un lugar dónde había muchas lápidas, pero una resaltaba lo suficiente por tener un ángel esculpido en ella.
—Buenas tardes, vieja — musitó el moreno, hincándose frente a ella y dejando las flores sobre el pasto —. Este ramo es cortesía de Oba-chan ¿Puedes creer que aún vive? — La perfecta sonrisa que tenía Daiki en ese momento le provocó una enorme envidia al modelo, quien sólo veía la manera tan natural de desenvolverse del otro para platicar con el aire —. Lo sé, sé que no debo decirle así… pero es que ya está vieja — se respondió a sí mismo, para mirar el sol por un momento —. Sabes, yo… Yo te quería pedir una disculpa ¡Aunque sabes que no es mi estilo! — Cerró su boca unos segundos, pensando en cómo decir lo que tenía en mente —. Perdóname… por no haber hecho nada para salvarte… por haberte ayudado a morir… por ser un pésimo hijo… por todo…
Kise sucumbió ante esa confesión tan repentina y se acercó sigilosamente hasta llegar al otro. Se sentó y lo abrazó por la espalda completamente, envolviendo sus brazos hasta llegar al pecho del policía; sentía con sus manos su latir frenético y sin tregua. El cuerpo de Aomine se sacudía espasmódicamente y fue cuando supo que el otro estaba llorando en silencio. Los minutos pasaron y ambas personas encontraron un calor en el otro que querían sentir toda la vida...
"Dai-chan, cuando quieras a alguien para ti, cuando desees protegerlo con tanto esmero y no quieras compartirlo con nadie más, esa persona será especial…"
—Creo que ya lo encontré mamá — pensó Daiki sintiendo el delgado cuerpo sobre el suyo. Lo abrazaba como si quisiera protegerlo de esa herida… una herida con la que ya había aprendido a vivir —. Kise, — habló al blondo, sintiendo como él se acurrucaba aún más contra él — te contaré una historia… te hablaré de mi pasado ¿Quieres saberlo?
—Sí… Sí quiero — contestó feliz; después de mucho preguntarse qué fue lo que sucedió con Aomine todos esos años, él por su propia boca le platicaría.
No necesitaba nada más.
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"El más difícil no es el primer beso... si no el último."
Paul Geraldy
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Bien, yo también me siento muy culpable de hacer sufrir a Midorin... pero ya le había llegado su hora desde un principio... aunque no le será fácil olvidar al rubio rayito de sol.
No apareció el KagaKuro... porque me quise concentrar ya más en el AoKi. Pero vamos, que tienen sus cameos divertidos XD
Infinitas gracias a: Mika , Erza S , Megane Michiru-chan , Fujimy , ShioriOrihara y Yami-neechan por sus maravillosos reviews. También a los que van leyendo y suman a favoritos, los follows y demás. Vamos aumentando la comunidad por el AoKi :3
Mika: ¡Aquí hay actu! Si, la familia de Kise debe de ser todo un amor después de lo que el chico tuvo que pasar u.u pero llegó Daiki para completarla :3 Si, Kuroko es el chco consentido de Kagami porque lo quiere mucho demasiado XD Sé que todas aman a Kise piloto... pero por lo mismo de su brazo, no puede sobreesforzarse y por lo que leí, los pilotos necesitan mucha fuera en brazos en caso de emergencias u.u y pues no lo pude poner. Gracias por tu review ;)
Fujimy: Que bueno que te gustó el capítulo ¡Toda la familia Tsumori es genial! Y recibieron a Daiki con los brazos abiertos de par en par, todo con el fin de ver a Kise feliz :3 Los celos de Aomine son lo mejor, está celoso hasta del aire que respira el rubio XD me encanta escribirlo celoso y posesivo... Lo de Haizaki, pronto ya se develará:D Y Kuroko siempre será el consentido de Kagami ¡He dicho! al menos en mis fics ¡Ya llegó Kazu-chan para el MidoTaka... Gracias por tu review ;)
Eso es todo de mi parte mis estimados lectores. Desde ahora aviso que el próximo capítulo ,calculo, será y quiero hacerlo algo extenso... espero tenerlo para el lunes, si no pido clemencia desde ahora XD Recuerden que ya tengo una linda Beta (Erza S) que me ayudará y también será que ella esté disponible para correjirme mis pasadas de dedo.
Me despido mandándoles besos de caramelo y mordidas ultra sensuales.
Les deseo una excelente y productiva semana.
Cadiie Mustang
