¡He vuelto!

Una disculpa enorme para todas las lindas personitas que siguen cada semana éste escrito... la semana pasada no hubo capítulo porque, como mencioné en Facebook/ tuve un actividad en mi escuela que me llevó toda la semana y el fin de semana pasado se me destartaló mi computadora, afortunadamente la repararon el lunes y pude comenzar a escribir como quiero. En fin, nos leemos abajo~

Gracias nuevamente a Erza-san por ser mi hermosa beta.

Advertencias: LEMMON, palabras altisonantes y subidas de tono. Leer bajo su propia precaución.

Disclaimer: Los personajes de KnB no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados un rato para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.


Capítulo XII

.

El golpeteo insistente de las gotas chocando contra el tejado de la posada hizo despertar a Kise. Abría sus ojos lentamente, tratando de remembrar vagamente todo lo que vivió el día pasado y con ello, vinieron los recuerdos de su adolescencia, del pasado de Daiki y de ellos dos confesándose unas cuantas cosas…

"Lo único que quiero es tener algo contigo, Kise…"

Sus párpados abandonaron rápidamente el lugar sobre sus orbes amarillos y reparó en el cuerpo que tenía abrazado a él con fuerza, como si nunca permitiese que se marchara nuevamente. El rostro de Aomine quedaba sobre su pecho, por lo que no podía ver su rostro, pero podía distinguir una humedad inusual en su yukata y suaves ronquidos que provenían del otro… Muy probablemente seguía profundamente dormido, después de las intensas emociones que vivieron ambos.

Su mirada se dirigió al reloj de pared que adornaba el cuarto y se sorprendió ante la hora: eran cerca de las cinco de la mañana. Quizá su ciclo circadiano no distinguía fines de semana y días de trabajo. Volteó sus ojos nuevamente a su condena eterna y sonrió contento como nunca antes lo había hecho.

Con suma delicadeza, comenzó a acariciar las hebras azules con sus dedos. Habían pasado poco más de un mes desde que se habían reencontrado él y Daiki en aquella loca campaña del beso y claramente distinguía que el cabello del dormido había crecido ligeramente, llegándole a cubrir un poco de sus orejas.

Se puso a ver las diferencias que había entre el Aomine que les dejó repentinamente y ese que se colaba en su vida de manera lenta y perfecta: su sonrisa era la distinción más característica, pues si bien aún era arrogante, tenía un matiz de verdadera sinceridad en ella. Esa persona ahora creía –aunque sea un poco- en los demás, su círculo social se amplió al grado de aceptar como a un rival al pelirrojo que lo acompañó en su loca cita recién verse nuevamente y, por si fuera poco, mantenía un respeto hacia la memoria de su madre y sobre su padre aún vivo.

Aventurándose como la primera vez que durmieron juntos hace semanas, bajó su rostro lo más que pudo a la cabeza del otro y depositó un beso largo en el cabello azulado del otro, acariciando a su vez, la nuca morena con sus dedos.

—Es de cobardes besar a otro mientras está dormido — musitó medio somnoliento Daiki mientras apretaba con sus manos la espalda baja del otro para acercarlo aún más a él, como si no quisiera dejarlo ir por el resto de su vida.

—Y es aún más de cobardes engañar a otros fingiendo dormir — respondió con burla ante el primer ataque del policía; escuchó una voz bufar y sonrió complacido —. Buenos días, Aominecchi.

—Buenos días — saludó aun manteniendo su cabeza a la altura del pecho del rubio. Respirar el aroma tan natural que desprendía el otro le entregaba una sensación de tranquilidad como muy pocas veces la había sentido en su vida.

Después de ello, ninguno mencionó nada en un tiempo. Se dedicaron a mantenerse abrazados y acariciarse en la relativa oscuridad y privacidad que les otorgaba el cuarto lejos de los otros. Sus respiraciones iban sincronizadas por la paz que emanaba aquel momento que compartían juntos; recordaron su época de felicidad en Teiko, antes de los torneos ganados, antes de los problemas de cada integrante… Ambos extrañaban esa complicidad que se armaba en secundaria cada noche que ellos jugaban uno por uno en el recinto deportivo.

Daiki aspiraba el aroma a cítricos que tenía impregnada la yukata de Ryota; un olor que lo atontaba aún más de la cuenta. Se encontraba en un punto de no retorno, donde lo siguiente que haría, y si aquello era correspondido, podría ser el inicio de algo nuevo. Armándose de valentía, mojó sus labios con su propia saliva y se escabulló entre los pliegues de ropa, llegando cerca del corazón del rubio y brindó un beso húmedo en ese lugar. Un respingo por parte del otro le hizo sonreír ladinamente y con una dosis extra de coraje, hizo la misma acción, ésta vez más prolongada que la anterior.

Kise saltó de sorpresa la primera vez que sintió un contacto inusual por parte del otro, creyó que probablemente volvió a dormirse y se recargó en él; pero al sentir el segundo beso con más duración que el otro, se percató que el otro lo realizaba con alevosía y ventaja. Estaba muy consciente de que eran todas aquellas sensaciones que se dejaron caer en picada contra su cuerpo, provocándole ligeros temblores que se estiraban a lo largo y ancho de la zona profanada.

—A-Aominecchi… ¿Q-qué haces? — Inquirió tartamudo el blondo, dejándose llevar por los repetidos ósculos que repartía el moreno a lo largo de su pecho.

— ¿Acaso no sabes, idiota? — contestó con una pregunta Daiki, quien seguía en su labor de besar y rozar con sus labios aquella piel que se dejaba ver por la Yukata mal acomodada. Sus dedos se afianzaron a la espalda del chico para no darle oportunidad de escapatoria —. ¿No te gusta?

—N-no es eso — respondió como pudo el modelo, aspirando desesperado aire para que entrase a sus pulmones y no se viera tan patético hablando entrecortadamente —… Es sólo que… ¿Por qué lo haces?

— ¿No te lo dije? — el rostro de Aomine se despegó por primera vez del cuerpo del otro y viró su cabeza hacia arriba, clavando sus ojos en la mirada del modelo —. Yo quiero tener algo contigo Kise… Algo que sea nuestro.

La seguridad que irradiaban los orbes azules le dejaron sin defensas, tumbando finalmente con éxito las murallas que rodeaban su corazón. Celosamente se protegía para que nada ni nadie volviesen a dañarlo… Pero la imponente voz que se colaba entre sus oídos y llegaba a su alma era suficiente como para permitirle el paso y no dudar de él.

Al ver que Ryota cerró sus ojos y asentía con un notorio sonrojo una pregunta inexistente, le hizo entrar en una dicha inexplicable. Haría que eso fuese inolvidable para alguno. Quería tatuarse en la piel del otro para que sólo reaccionara a sus caricias… Como un sentimiento de posesión absoluta sobre el otro.

En ese momento las sábanas de los futones sobraban y decidió aventarlas sin delicadeza hacia un lado, destapando así ambos cuerpos. Con cuidado, comenzó a desatar el obi de la yukata del rubio, haciéndolo con lentitud; quería hacer evocar al otro un sentimiento de ansiedad primaria que sólo él pudiese calmar.

El modelo sucumbía con cada roce inocente que le daba el otro a la piel expuesta de su cuerpo. Sentía sus mofletes calentarse al máximo, sus manos sudaban ante la impetuosa necesidad de tocar al otro, pero se sentía tan abrumado por aquel torrente de mariposas revolviéndose en su abdomen que no podía hacerlo. La niebla en su mente debido a las manos y boca del policía removiéndose sobre su cuerpo delicadamente le hacía perder la poca cordura que le quedaba poco a poco.

De un instante a otro, el obi terminó de desenrollarse y la Yukata del blondo se sostenía de poco cuerpo, dejando a relucir el vientre del mismo, cubriéndole su intimidad y dejando ver la longitud de una pierna que lucía ya fuera de ella a todo su esplendor. Aomine se levantó en rodillas para contemplar la hermosa imagen que se presentaba ante él: Ryota tenía su brazo sano cubriéndole parte de su enrojecido rostro; la boca se encontraba abierta e inhalando aire rápidamente. Jamás, nunca le había fascinado algo como lo que se exponía ante sus ojos en ese instante.

—Kise — reclamó el nombre como suyo cuando el otro volteó sin chistar un poco, dejando ver su iris amarillo brillante por las lágrimas acumuladas —. ¿Quieres que continuemos?

El rubio se sorprendió ante lo atento que había resultado ser Daiki en ese instante tan avanzado. Un poco más y podría ver perfectamente su miembro… Pero era precisamente por eso que el moreno quería cerciorarse que estuviese completamente seguro, después no habría marcha atrás, no habría oportunidad para escapar de aquellos brazos que le apresaban con amor y cuidado…

Y en realidad, no quería marcharse nunca de aquellos brazos.

—Sí, Aominecchi — musitó aun mareado el chico —… Quiero continuar hasta el final.

El policía no necesitó más para continuar la labor de explorar aquel cuerpo tumbado ante él. Con cuidado, deslizó la Yukata fuera de Kise, observando con detenimiento la piel que iba siendo descubierta.

Kise tuvo un escalofrío al estar desnudo. El cuerpo del moreno y la prenda le brindaba calor y al verse despojado de ambos, sintió como el frío de la madrugada se estrelló de lleno en su figura. Se removió abochornado al darse cuenta de la mirada azulina que le observaba; no podía distinguir qué sentimiento se escondía ¿Y si estaba demasiado delgado? Después de todo, a Aomine siempre le habían gustado de pechos prominentes… ¿O es que era muy pálido? No pasaba mucho tiempo en el sol y por ello tendía a faltarle algo de color… ¿Qué tal si aquellas pequeñas cicatrices de su pasado le repugnaban? Aquello simplemente no podría soportarlo y trató de retirarse lo más pronto posible de ahí… Pero el peso y agarre del otro le detuvo de improviso.

— ¿A dónde mierdas crees que vas? — Rugió sosteniendo al otro de las caderas, por lo que terminó reteniéndolo en su lugar —. ¿Planeas irte a éste punto?

—N-no es eso, Aominecchi — le dijo esquivando esa mirada de reproche —. Lo que sucede es que…

—Habla claro Kise, no soy una persona paciente — ordenó el moreno al momento de con una mano, coger el rostro del otro y ponerlo de tal forma para que le viese a los ojos —. Sabes que puedes confiar en mí — terminó musitando para brindarle seguridad al otro.

—Es… Es que… Yo… Tú — las oraciones incompletas del modelo exasperaban de poco a poco a Daiki, quien se acercó aún más a la cara del rubio hasta juntar sus narices —… ¡Debo parecerte desagradable!

— ¿Ah? — Bufó el policía desconcertado ante los ojos fuertemente cerrados del otro. Y fue cuando se percató de las pequeñas cicatrices cafés que contrastaban con su blanquecina piel. Una ira incalculable bulló entre sus venas, despertando músculos que no creía conocer al tensarlos… Pero Kise era más importante que todo lo demás y volvió a su estado natural —. Tonto…

— ¿Disculpa? — Preguntó Ryota ligeramente ofendido por cómo lo había nombrado el otro.

— ¿Cómo crees que te consideraría desagradable? — Inquirió el policía al momento de rozar un poco sus narices aún juntas —. Eres perfecto… Esto — tocó con suavidad una cicatriz que se encontraba en la costilla, pequeña en tamaño, pero no podía asegurar si en intensidad —, sólo demuestra lo valiente que fuiste y… Eso es sexy.

— ¿Lo dices enserio? — Intentó refutar Ryota sin éxito, pues en realidad eso era lo que él quería creer desde que vio que esas cicatrices no se irían. Debido a ello, no podía firmar un contrato con trajes de baño o ropa dónde mostrara su torso desnudo y eso le hizo deprimirse levemente por ello, pues en realidad nadie pensaba eso.

—Tan cierto como que estamos aquí — contestó el moreno, acariciando suavemente las caderas y haciendo que sus manos viajaran de manera ascendente hasta llegar al contorno de la cara y tocarla —. Tan real como estás tú aquí — se estiró y regaló un beso a los labios, delicado y prolongado; fue el ósculo que terminó por mandar al carajo las dudas de ambos, pues se dedicaron a conocerse mediante ese nexo.

Aomine, con un poco de fuerza, levantó al otro de la cintura hasta posicionarlo sentado, quedando aún más pequeño que él. Comenzó a deslizar la Yukata por los brazos, pero el otro se lo impidió dándose la media vuelta. Un poco lejos de él, contempló como el cuerpo del modelo temblaba… Quizá de miedo.

—Kise — susurró el nombre del rubio —… Déjame tocarte, por favor — suplicó acercándose al cuerpo del otro y besarle la nuca.

— ¿M-me prometes que no te burlarás? — Inquirió el blondo, sintiendo la fina caricia de la que era presa la parte anterior de su cuerpo.

— ¿Crees que sería capaz?

Esa fue una pregunta que contestó su respuesta. Claro que el moreno no lo haría. Con extrema lentitud, deslizó la prenda que lo cubría por sus brazos hasta que ésta terminó sobre el futón, revelando al otro uno de sus más recónditos secretos, exponiéndose ante él como su madre lo había traído al mundo. Al no recibir respuesta, volteó su mirar al rostro del policía y un tierno sonrojo que cubría parte de la cara ajena le hizo soltar una risilla de complicidad.

—Yo… Tú —los pronombres que iba soltando a diestra y siniestra Daiki le hacía parecer un tonto.

El policía no podía describir cuanto se cautivó al ver la cicatriz en la espalda del blondo; ésta pretendía comenzar sobre el glúteo derecho, siendo alusivo a una rama de árbol que comenzaba a ramificarse ascendentemente hasta llegar al hombro izquierdo, abarcando de esa forma la zona. Pequeñas marcas la adornaban a los costados, como si fuesen pequeñas hojas que caían por el otoño…

O al menos, es el cuadro que pudo ver el moreno en esa amplia espalda.

—Se ve hermoso Kise — completó finalmente acercando una mano para delinear con sus dedos aquella huella sobresaliente que adornaba la espalda del blondo.

El tacto de aquella mano deslizándose a lo largo de toda su cicatriz le hizo estremecer. Se encontraba perdido sintiendo cada trozo de piel maltratada ser tocada por Aomine, que no se percató cuando el susodicho se acercó hasta quedar con su boca sobre eso. Un escalofrío que viajó por toda su columna vertebral, haciendo que con ello, comenzara a despertar su miembro dormido.

La lengua de Daiki no quiso quedarse atrás… No quería irse de ahí sin haber probado el sabor de aquella espalda y lamió con parsimonia la cicatriz, repartiendo besos otro tanto mientras se dedicaba a no dejar ningún tramo sin explorar. Sus manos no se quedaron quietas y comenzaron a viajar a las caderas, para enterrar sus dedos en ellas y acercarlo a su cuerpo.

El inicio del trasero de Kise chocó contra la parte pélvica del otro, sintiendo como el pene del moreno yacía encerrado y abultado de una manera escandalosa. De pronto, las manos ubicadas en su cadera subieron hasta sus tetillas erectas y las aprensaron en un contacto burdo, robándole el primer jadeo de la madrugada.

—Nhg…

—Vuelve a hacerlo — ordenó Daiki al momento de apretar los pezones en una caricia ruda. Escuchar el canto erótico del otro le excitó —. No te escucho… Hazlo nuevamente — volvió a demandar, ahora mordiendo una oreja al modelo.

—A-ah… A-Aomi-necchi…

—Sólo disfruta.

Ryota se encontraba en el borde de la razón y la locura. Todas aquellas sensaciones que le brindaba el policía con su tacto eran abrumadoras y caóticas. Echó su cabeza hacia atrás para dejarla descansar en el hombro del otro, dejando hacerse lo que sea por esas manos tan hábiles.

Aomine quiso elevar un grado más el ambiente, y por ello decidió dejar caer su mano hacia el bulto que se dejaba ver entre las piernas del otro. Sonrió satisfecho al escuchar un ronco gemido que salió de boca del otro al comenzar a mover su mano; mientras tanto, su otra mano seguía estimulando los pezones, intercalándose en cada uno de ellos.

—Aomi-necchi… D-déjame tocarte — musitó el rubio al momento de separarse del cuerpo ajeno y darse la media vuelta, contemplando en la oscura habitación la figura imponente del que alguna vez fue el As del equipo de baloncesto de Teiko.

No había dudas en su corazón y ello le ayudó a llevar sus dedos a desabrochar con ansias la Yukata del otro, desatar el obi y dejarlo caer para lanzarse al cuello del moreno y abrazarlo. Su boca traviesa se acercó hasta el cuello del otro y sus dientes se clavaron ahí, ejerciendo una succión y despertándole un tono carmín que casi no se distinguía por el color canela.

—No es justo — berreó el blondo —, a ti no se te notan mis marcas…

—Idiota — contestó divertido Aomine —, basta con que se noten las mías para que nadie se te acerque — declaró el chico abrazándolo —. Kise, quiero hacerlo.

El cuerpo de Ryota sufrió una pequeña convulsión al escuchar tales palabras. Daiki le pedía algo íntimo como lo es la entrega absoluta de su cuerpo… Pero era precisamente porque era Aomine de quién se trataba que quería hacerlo. Se sonrojó violentamente ante el trato rudo y delicado que recibía del moreno —. Sí, Aominecchi… Yo también quiero hacerlo.

El moreno curveó su boca hacia arriba de un solo lado sonriendo feliz. Levantó un poco el trasero ajeno y coló una mano hasta la parte baja para prepararlo; sus dedos aún estaban húmedos por la anterior estimulación al miembro del rubio. Un dedo se coló en su entrada y lo clavó con delicadeza; la primera falange costó trabajo, ya que parecía que el cuerpo del otro no quería aceptarlo, pero poco a poco se fue introduciendo arrancando pequeños brincos de dolor al perpetrado.

Ryota se encontraba dolido. Tenía años que nadie le tocaba el cuerpo de la manera que el moreno lo hacía y eran sensaciones abrumadoras ya que, a diferencia del otro, Aomine le trataba con una delicadeza que envidiaría cualquiera, teniendo en cuenta cada cosa que él hacía o las caras que ponía. Se encontraba feliz y al percibir todo el dedo de lleno en su interior, tembló y recargó su cabeza en el gran hombro del otro, tratando de calmar el dolor que sentía.

El policía movía el dedo todo lo que le permitía la piel. Lo metía y sacaba, de un lado a otro… Cuando sintió que estaba lo suficientemente amplio, metió un segundo dedo sin contemplación a comparación del primero, arrancándole un suspiro al modelo que se levantó y se estiró hacia atrás, mostrándole su pecho y rostro. Los dedos de su otra mano se encontraban afianzados en el hueso de su cadera, propinándole caricias rudas, sintiendo como todo el cuerpo del rubio era delgado y frágil… Se encontraba fascinado.

La cara compungida por el dolor y el placer del modelo, hizo que toda su sangre cayera en picada contra su hombría y comenzó a mover ambos dedos a la par y en tijera. El bello sonrojo, las cejas fruncidas, la boca ligeramente abierta y con un hilillo de saliva saliendo de ella… Aomine quedó prendado de aquella faceta del chico con el que compartía aquel momento. Algo le decía que era el momento; con la fuerza de sus brazos, recostó al modelo, dejando uno de sus brazos debajo de la espalda del otro hasta pasarla y tomarle por el hombro.

—Kise, pon tus piernas en mis hombros — el otro le obedeció ciegamente. Estaban a un paso de unirse.

—V-ve despacio… Por favor — suplicó el blondo con ojos llorosos y voz jadeante. Su brazo bueno estaba sobre su cara, ocultando el eterno sonrojo.

—Si me lo dices de esa manera, me dan más ganas de enterrártela sin contemplación — respondió con burla aun sabiendo que no lo haría.

— ¡¿Q-qué?! — Eso le causó mucha ansiedad y excitación, más por el tono tan ronco con el que lo dijo.

—Es broma, iré lento — le dijo acariciando sus costillas.

Con su mano libre, el moreno sostuvo la punta de su pene en la entrada del otro y comenzó a introducirlo con certeza al cuerpo ajeno. Lo poco que llevaba dentro lo sentía tan enloquecedoramente bien… La calidez y la presión que ejercía esa cavidad en él le hacía florecer su lado más animal, pero su parte aún lúcida le recordaba que era Kise y que tenía que ir a un ritmo lento.

Con cada pedazo de carne que se iba metiendo en su cuerpo, el rubio sentía como un vacío iba desapareciendo. Su cuerpo sufría espasmos cada momento, pareciera que el moreno no le daría tregua alguna. Su brazo lesionado se encontraba apretando las sábanas fuertemente y gracias a eso sus nudillos se volvían blancos.

—Ngh… A-Aominecchi — llamó el modelo al policía —… E-esto se siente b-bien…

—Y vamos empezando —contestó casi cegado por la pasión del momento.

El tiempo transcurrió hasta que el falo de Aomine entró de lleno en el estrecho agujero de Kise y sus testículos chocaron con sus glúteos. Duró un poco ahí en lo que el otro se acostumbraba a la intromisión, dejándose embargar por la exquisita presión que ejercía el canal sobre su parte íntima. Su mano sostuvo la cadera, delineando nuevamente el hueso de ésta y luego viajó a las clavículas, tocándolas con su pulgar, después subió hasta el brazo del otro, lo retiró para poder contemplar los ojos llorosos del otro, retirando las lágrimas que estaban en el borde acumuladas.

El blondo sintió las caricias que su ex compañero le hacía a todo su cuerpo. Sus poros reaccionaban al más mínimo toque de los dedos del otro, erizándose y suplicando por un poco más de contacto. Como pudo, sonrió diminutamente al moreno para darle a entender que podían continuar.

Aomine vio esa sonrisa de competitividad que le regaló Ryota y volvió su mueca de autosuficiencia; pareciera que nuevamente se enfrentaban a un uno por uno para comprobar la resistencia. Sin dar lugar a dudas, su pelvis comenzó a moverse lentamente de atrás hacia adelante; sacando y metiendo su pene de la prisión acogedora que encontró. Las embestidas aumentaron de nivel en poco tiempo, siendo arremetidas bruscas en busca de llegar más al fondo. Él sostenía al modelo de los hombros para que no se separara, sosteniendo el delgado cuerpo bajo su fuerte brazo para no lastimarle.

La parte aún cuerda de Kise sintió demasiada ternura ante la acción de Daiki. Sin embargo, las sensaciones perturbadoras que llegaban hasta la última fibra de su cuerpo, nublándole el juicio y entregándose a él por completo.

En una arremetida, la punta del moreno llegó hasta la próstata de Ryota, arrancándole un gemido profundo que salía de las entrañas de éste; su cabeza no pudo con la invasión de éxtasis y se echó para atrás. Una descarga eléctrica recorrió el cuerpo del modelo desde los dedos de los pies hasta llegar a su corazón; la fuerza con que apretó las sábanas le hizo rasgarlas con sus uñas, tendría que pagar por ellas, pero eso no le importó demasiado en ese momento ya que podría morir ahí mismo y no se arrepentiría de nada en su vida.

—A-Aomi-necchi…

—Eso se escucha bien.

— ¿Eh?

—Mi nombre — contestó ante la duda del otro —… Mi nombre se escucha bien saliendo de ti.

Aquel fue el momento en que las embestidas se hicieron consecutivas y poderosas, como si intentase clavarse para siempre en el cuerpo rubio que sostenía. Daiki sentía bien como Kise lo aceptaba dentro de él, provocándole tanto con su cuerpo y sus gestos. Jamás se había sentido de una manera igual a esa y por ello, atesoró el momento.

Más jadeos, más gemidos y sonidos morbosos llenaron los recónditos rincones de aquel cuarto. Ni Kise ni Aomine podían soportarlo más y, con un poco más de esfuerzo, llegaron a la cúspide del placer, tocando con sus manos el cuerpo ajeno. Bastó una mirada para terminar de reconocerse, para grabar en sus memorias aquel instante en el que sus cuerpos estuvieron unidos completamente.

El semen del rubio se esparció en su vientre debido a la posición y el de Daiki estaba dentro del otro cuerpo. Aun siendo Kise delgado, huesudo, chillante, infantil y sin pechos, le brindó a Aomine la experiencia más profunda que nunca había experimentado.

A su alrededor, todo se desvaneció y sólo quedaron esas sonrisas cósmicas… Las primeras reales que veían en su vida.

—Sé mío Kise — ordenó Aomine con esa sonrisa arrogante en su rostro. Acarició la columna vertebral que sobresalía en el cuerpo del rubio, sintiendo cada recoveco aún inexplorado.

—C-creo que desde siempre he sido tuyo, Aominecchi — confesó el modelo sin miedo a una burla por parte del policía. Levantó su brazo sano y acarició el pómulo moreno lleno de sudor por la actividad que hicieron.

No estaba jugando, algo en su interior le dijo que aquello era real desde que conoció al moreno en aquel patio de Teiko hace algunos ayeres. Daiki se llevó su corazón desde el momento que cruzaron miradas, pero por la inmadurez innata de su edad, no se había percatado de ello hasta ese momento.

El policía tomó la mano que estaba en su mejilla y la llevó a sus labios, para darle un beso a los nudillos, grabándose la perfección de éstos al hacer un poco de presión y delinearlos. Eso le arrancó un tierno color carmín al rubio, quien ladeo su rostro en un intento por ocultar su sonrojo.

Después de ello, ambos soltaron una larga carcajada al darse cuenta de lo inevitable… De ahora en adelante, se encontraban clavados uno en el otro.

.

.

"He oído a muchos hombres hablar sobre curvas.

Pero a mi me gustan tus clavículas,

tus hombros,

tus nudillos,

y todo aquello que sea punzante,

donde pueda quedarme, para siempre, clavado."

Carlos Sadness

.

.


El Lemmon Hardcore que les prometí me quedó muy fluffy ¡Pero era el reconocimiento del otro! Además, Ahomine no podía ser brusco con Ki-chan. Entonces ésta historia tendrá otro lemmon que si sea hardcore lo prometo;)

Agradezco infinitamente: Erza S, Megane Michiru-chan, Tomato12 , Mika, Fujimy , ShioriOrihara y a Mariahanitha por sus increíbles palabras que me impulsan a seguir. También a los que van agregando a favoritos y los folllows :3

Mika: Jajajaja tus comentarios tienen sentido para mi (?) Yo también derrame un poco de lagrimas al escribir el pasado que ya tenía para cada uno. Gracias por leer y tu review.

Fujimy: Lo sé, fue un capítulo un pco extenso, pero valió la pena hacerlo con tal de que los dos ya abrieran su corazón al otro -cursi- Pues, creo que también solo fue idiota Aho, pero como hijo creo si se debe de sentir un poco culpable por no haberse dado cuenta de lo que pasaba su madre con todo su cambio de actitud... Todos queremos matar a Haizaki, iniciaré una campaña XD Gracias por leer, te mando muchos besos.

Y eso es todo por ésta semana. Sé que el capítulo quedo super cortito, pero tomemos en cuenta que fue completamente de mis polluelos el protagonismo, así que veamos que les depara.

Gracias por leer a todos. Les deseo una muy productiva semana~

Besos de chocolate caliente.

Cadiie Mustang