¡No me maten!
Enserio, no me maten, si me matan, ya no habran capítulos de algo contigo... en fin, dejo que lean y ya después pido clemencias y demás~
Advertencias: Cursilerías a mas no poder... fluffy... en fin.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados para que recreen escenas que se encuentran en algún punto de mi mente.
Capítulo XIII
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El sol nacía por el este, golpeando de esa manera la cara del moreno quien trataba de bloquearlo poniendo un brazo sobre sus ojos y lo logró en cierta manera… eso hasta que comenzó a sentir el calor incesante que definitivamente no daría tregua alguna. Para evitar aquella abrumadora sensación, volteó su cuerpo al lado contrario y estiró su mano en busca del cuerpo de Kise; cual fue su sorpresa al sentir el futón vacío y abrió sus ojos desmesuradamente para ver que efectivamente se encontraba solo.
Se levantó lo más rápido que pudo sin temor a enseñar su desnudez a quien lo viese y buscó rápidamente con la mirada al rubio por la habitación, al no encontrarlo, caminó pesadamente hasta el baño y al momento de deslizar la puerta, se encontró con el chico mirándole asombrado. Se dio cuenta que estaba recién bañado, ya que escurría agua de las hebras doradas y llevaba una toalla alrededor de su cadera. Frunció el ceño ante la no necesaria preocupación que sintió y golpeó al otro con sus dedos en la frente.
—Ite~ ¡Aominecchi! – Berreó el blondo sobando la zona golpeada— ¿Y eso por qué fue?
—Porque se me vino en gana — contestó ignorando sus verdaderos sentimientos. Evadió en un instante esa disgustosa emoción que le dio al verse solo.
—¿Y eso que rayos significa? — No estaba muy contento con la respuesta del otro definitivamente.
—Tsk, nada — el moreno se rascó la nuca y chasqueó la lengua. El rubio aún estaba intentando curar su frente frotándola y se rio ante lo gracioso que se miraba —. Ven, vamos a desayunar, muero de hambre.
Ryota contempló la amplia sonrisa que dejaba ver el otro. Esa era la mueca de Aomine que quería preservar para siempre en su mente y corazón. Salió del baño siguiendo a su novio y se encontró son su ropa recién lavada y seca sobre la cómoda; probablemente la dueña de la posada lo trajo cuando él estaba en la ducha.
—Vístete — ordenó el moreno lanzándole la ropa a su pecho —, iremos a desayunar y después saldremos a un lado.
—E-está bien — respondió Kise tomando su ropa y se dio la media vuelta para caminar nuevamente al cuarto de baño cuando sintió como lo interceptó una mano —. ¿Aominecchi?
—¿A dónde rayos crees que vas? — Inquirió el policía sosteniendo al blondo de la cintura.
—Al baño a cambiarme a mi muda — la mirada del más pequeño se desvió a otro punto.
—¿Por qué? — Volvió a cuestionar, afianzando su agarre a la cadera.
—P-porque me da vergënza que me veas desnudo— tartamudeó. Su nariz y pómulos pasaron a teñirse de carmín.
—¿Ha? — Bufó Daiki, se sintió enternecido por la faceta inocente del chico —. ¿Te da pena aún después de lo que hicimos hace unas horas? — Vio como el rostro del chico se tornaba de un completo rojo que le llegaba hasta las orejas —. Ya veo — la mirada de él se posó en el lóbulo del rubio… irremediablemente se le antojó un mordisco matutino y enterró sus dientes en él, halándole el aro que llevaba de adorno.
—¡A-Aominecchi! — Exclamó abochornado. Se sobó la oreja profanada y miro la risa de su novio. En venganza, acercó su boca a la comisura de los labios del otro y le besó rápidamente.
Daiki simplemente sonrió ante el acto meramente tierno y puro. No le importaría despertar así todas las mañanas.
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Kaede preparaba un desayuno sencillo en la cocina de su casa. Desde que murió su esposo hace diez años, sintió una infinita tristeza que le costaba en sus labores se dedicó a cuidar de Aomine y su madre cuando llegaron al pueblo hace años.
Recordaba que la primera impresión que le dio el moreno en ese entonces, fue el de un chico muy sensible y susceptible a cualquier cosa que le pasaba a su madre. El padre de familia venía algunas ocasiones a estar con ellos por uno o dos días, pero de ahí en más, estaban ellos solos, y ella se encontraba sola… así que decidió hacerles compañía para quitarse la sensación de soledad. Motivos turbios y egoístas, sí, pero que le llevaron a conocer al nieto que nunca logró tener.
Sonrió. Tenía mucho tiempo que no recordaba la primera mueca de felicidad que le dirigió Daiki en ese entonces. Su ceño siempre fruncido se había relajado y ahora sonreía con mayor libertad. Tuvieron su tiempo de paz… hasta que la madre comenzó a decaer en salud poco a poco, siendo llevada a una muerte lenta; hasta que un día, una noche fresca de Mayo, la mano delgada y pálida que sostenía la de Aomine terminó por desvanecerse, llevándose con ella una parte del policía.
Hasta la fecha, no sabía cómo el chico pudo recuperarse. Había pasado meses en duelo, llorando y culpándose por no haberse dado cuenta a tiempo de lo que su madre cargaba en su pequeña espalda; y un día por la mañana, sin más que decir, salió al mundo para seguir con su vida, reencontrándose primeramente con su amiga de la infancia –Momoi recordaba- que abrazó al chico con todas las fuerzas del mundo.
Su autonombrado nieto salió a conocer el mundo. Extendió sus alas de manera que ahora volaba lejos de ella… pero no podía ser más feliz por él; se encontraba rebosante de vida y muy enamorado…
"Kaede… ¿Puedo pedirte un favor?
"Niña, sabes que haré lo que quieras ¿A quién tenemos que matar?"
"¡Kaede! Siempre tan cruel… quiero que le des ésta carta a Daiki cuando veas que está feliz… más feliz que nunca…"
"¿Te refieres a cuando se enamoré? ¡Ese chico jamás estará enamorado de nadie!"
"Te equivocas… Kaede, mi hijo ya ha estado enamorado…"
Suspiró ante el inhóspito recuerdo que vino a su mente, sin embargo, sonrió ante lo equivocada y tonta que se debió de haberse visto cuando aseguró que Aomine jamás se enamoraría. Caminó por un banco y lo puso cerca de la alacena, se subió en él y estiró sus brazos para alcanzar una caja que estaba en lo más alto del mueble; al tenerla en sus manos la abrió y extrajo un pequeño sobre que decía 'Dai-chan', colocó el objeto donde estaba y se bajó del banco, dirigiéndose nuevamente a su lugar y continuó picando fruta.
Escuchó un ruido sordo en la entrada y unas cuantas pisadas presurosas; abrió sus ojos, pero no tuvo la necesidad de ver de quien se trataba, sólo cogió un rodillo de madera de un cajón y esperó pacientemente en su lugar.
—Oba-chan, llegamos para el de-… ¡Hey! — Exclamó adolorido el moreno, sobándose la coronilla de su cabeza ante el golpe que recibió entrando —. ¡¿Y eso por qué mierdas fue?!
—Eso es por tirar mi maceta por cuarenteava vez desde que te conozco — contestó malhumorada. Ahora tendría que cambiar nuevamente la planta de contenedor. Volteó a ver al rubio que le miraba asombrado y a la vez con una sonrisa de maldad —. El guapo nuevamente, ven, siéntate como en tu casa… ahora serviré el desayuno ¿de acuerdo? ¡No se vale dejar la comida, ni un trozo!
—Te cuidado, cua ndo se comporta así de amable es porque quiere algo a cambio — susurró Daiki al modelo y recibió un nuevo zarpazo, callando al instante si no quería regresar a Tokio con una contusión cerebral.
El desayuno, al igual que la comida del día anterior, pasó sin muchos inconvenientes. Kaede contaba un poco de la vida que llevaba Aomine antes de regresar a la ciudad y reintegrarse a su antiguo entorno, develando que ahí fue dónde adquirió el policía el pasatiempo de capturar langostas. Risas, bufidos y alguna que otra maldad hecha por la más anciana llenaron de una calidez familiar ese momento.
Kise sonreía, soltaba carcajadas como en mucho tiempo no lo hacía… no recordaba que con su familia hubiese sentido un momento igual a ese de complicidad. Quizá se debía a que ninguno tenía lazos de sangre y aún así, el sentir que flotaba en el aire decía más que todo; no quiso pensar mucho en ello y se dedicó a disfrutar de ese efímero instante.
—Daiki, tengo algo importante que darte — dijo la señora convirtiendo su rostro de maldad en uno realmente serio.
El moreno se sorprendió con el cambio radical que sufrió el ambiente. Muy pocas veces había visto a la señora de esa manera y ese era tiempo para demostrar la madurez que había adquirido. Ryota por otro lado, se incomodó ante el cambio; percibió que era algo privado el asunto que tenían que tratar e intentó levantarse de su lugar para retirarse y dejar a ambos solos, pero la mano que le tomó su muñeca y lo obligó a quedarse le indicó lo contrario; Aomine apretaba delicadamente la mano blanca que sostenía con el afán de darse algo de valor para lo que vendría, él sabía que Kaede no se anda por las ramas.
—Ésta carta es para ti — señaló el sobre que sostenía en el aire, al ver el rostro mosqueado del policía continuó hablando —… la carta es de tu madre, me dijo que te la entregara en una situación especial y creo que ha llegado.
Daiki, con violencia y sin un ápice de arrepentimiento, le arrebató el sobre de la mano y lo abrió de manera desesperada, arrancando con ello algunas orillas de la hoja de papel que contenía las últimas palabras escritas por su madre para él…
"Mi querido Dai-chan…
Disculpa a mamá por no estar en éste momento contigo. Si te escribiera todo lo que quiero decirte en éste momento, tendría que comprar una libro en blanco… pero sé que te daría mucha molestia leerlo ¡Eres muy flojo, trabaja en ello!..."
El moreno sonrió después de leer las primeras líneas ¡Su madre lo regañaba aún sin estar presente! Se sentó tranquilamente en un sitio que daba al enorme jardín que poseía Kaede, sintiendo como Kise lo seguía fielmente y le tomaba de la mano. Sin embargo, le respetaba demasiado al no asomar su rostro al papel entre sus manos y dirigir su vista al estanque.
"… seré muy concreta y escribiré de una manera que tú me entiendas ¿de acuerdo? Aún recuerdo cuando te sostuve por primera vez en mis brazos, en ese momento sabía que eras alguien muy especial, alguien a quien le pasarían muchas cosas buenas ¡Tu padre tuvo el mismo presentimiento! ¿A qué no somos monos que hasta en eso nos complementamos?..."
Rodó los ojos al recordar lo distraída que su madre era, y ello era una prueba…
"… Ya sé que en éste momento debes de estar bufando pues estoy hablando de tu padre, pero no te pongas celoso, a él le dejé su propia carta y su ventaja fue que la pudo leer al año de mi muerte. Seguramente preguntarás por qué mantuve esto en secreto... bueno, por la simple y sencilla razón que cuando muera, aún serás un crío ¡Y de esos que dan dolor de cabeza! Sin embargo, confío en que sabrás sobrellevar éste cambio en tu vida…"
Por un momento quiso, realmente quiso revivir y asesinar a su madre ¿¡Ella que mierda sabía lo que había pasado!? Tuvo desvelos, culpas y rencores dentro de sí por su muerte…
"… lamento no poder estar cuando te graduaras de preparatoria, además, me hubiese gustado ir a verte en uno de esos juegos tuyos de baloncesto, seguramente con tu rostro serio y gozoso te parecerías a tu padre ¿Ya pensaste que quieres hacer en el futuro? Apuesto a que ahora eres un excelente médico, bombero o jugador profesional ¡Mamá está orgullosa! Independientemente de lo que seas, triunfa en ello, que yo siempre estaré apoyándote en todo lo que tú quieras para ti…"
Su hombro sufrió un pequeño cambio al sentir la cabeza del rubio sobre él. Tenía cerrados los ojos, como si estuviese disfrutando del aire libre y fresco matutino sobre su faz. Viro su mirada nuevamente a las letras de su mamá…
"...Dai-chan, la amistad es importante; estaría bien que retomaras tus viejas amistades ¡Esos chicos de la Generación Milagrosa eran muy buenos! Sé que ellos te aceptaran así hayas matado un unicornio ¿Pero sabes que es algo que platicábamos cuando estabas niño? El amor…"
Como por arte de magia, la mano que tenía con Ryota se entrelazó con la suya, apretándola y mirando como el otro realmente se estaba durmiendo en esa posición tan incómoda. El moreno volteó al cielo una vez más antes de continuar leyendo…
"… es algo que no puedes encontrar en libros ni revistas. Las canciones sólo son un pequeño extracto de lo que realmente es y los poemas un homenaje a tan maravilloso sentimiento. Quiero que lo encuentres y luches por él, aférrate con uñas y dientes y jamás lo dejes ir. No digo que no puedas enamorarte muchas veces en la vida, pero jamás sabemos si llegaremos al décimo o primer amor siquiera. Hablando de amor… ¿Ki-chan está contigo en éste momento, cierto?..."
Aomine abrió los ojos de manera desmesurada y casi se iba para atrás del susto ¿Acaso su madre lo estaba viendo en ese momento? ¿Cómo sabía que el modelo estaría con él? Sostuvo la pequeña cabeza del blondo que caía ante su ligero movimiento y la colocó nuevamente en su hombro. Observando que el otro se encontraba bien, retomó la lectura…
"… Cuida mucho a Ki-chan ¡No volviste a llevarlo a la casa! Quería hablar de algo importante con él, pero creo que tendrá que esperar un poco de tiempo para ello. Salúdalo de mi parte, dile que se cuide y te cuide; y tú también intenta no ser tan borde por una vez en tu vida y tómalo para ti ¡Es el yerno perfecto! Si no eres lo suficientemente listo, te lo pueden quitar en cualquier momento ¡No dejes que se lleven a Ki-chan de nuestra familia!..."
El moreno simplemente rio ante lo imaginativa que resultaba su madre. Incluso ella sabía de algo que a él le tomó años averiguar. Apretó el agarre de la mano blanca que estaba entrelazada con la suya, haciéndole honor a lo que su madre le pidió…
"… Pero sobre todo, Dai-chan, debes ser feliz… ese es mi último deseo, mi legado a ti. Quiero que encuentres la felicidad con quien gustes ¡Pero sé que será Ki-chan! Ya, ya… me dejo de mis cosas. Espero que cuando termines de leer esta carta le des un beso al amor de tu vida, yo sería feliz y sé que la otra persona también lo será.
Cuidate… siempre velaré por ti, mi querido hijo… mi Dai-chan.
Atte. Aomine Saomi.
P.D. Los girasoles te extrañan, sé que no has ido desde que fallecí. Así que toma a Ki-chan y llévalo a cortar girasoles. Mamá te querrá siempre."
Cuando finalizó de leer las últimas palabras de su fallecida madre, Aomine rompió en llanto. Un llanto callado, dónde solo las lágrimas recorrían su rostro. El aire secaba las pequeñas gotas que se deslizaban, adornando su cara de nostalgia y alegría. Sintió el cuerpo que sostenía removerse y recordó lo que le pidieron hacer; de esa manera, tomó el rostro adormilado del modelo entre sus manos y le acercó al suyo, besándolo con lentitud y degustando el sabor de los labios de aquel quien recibía gustoso y correspondía de manera torpe.
—¿Y ese beso? — Inquirió el rubio un poco fuera de contexto. Se había quedado dormido sobre el hombro del policía, indicándole que se encontraba junto a él en ese momento, pero respetando su espacio al no leer ni una línea de aquella carta tan íntima.
—Sólo es algo que mi madre me pidió hacer — respondió siendo sincero, rascándose la nuca para lo que vendría después de ello.
—¿Y qué es ese algo? — Volvió a cuestionar Kise sintiendo que el otro tenía algo que decir.
—Me pidió que besara al amor de mi vida.
Ryota enrojeció ante la inminente confesión que vino desprovista y le arrancó el más tierno y sincero de sus sonrojos. Recargó su rostro sobre el amplio pecho del moreno, ocultando su vergüenza y sentimientos en ella. Daiki por otro lado se encontraba igual, un sutil color carmín pintó sus mejillas; no podía simplemente son su ¿novio? Recargado en su pecho y lo atrajo a él, abrazándole y enterrando su frente en la curvatura del cuello ajeno.
—Se mío — propuso el policía sintiendo como el otro se estremecía ante su aliento en la oreja —. Se mi novio ¡Si me das una negativa, te juro que te doy una golpiza!
El modelo rio ante lo cómico y romántico –más de lo primero- del comentario del otro que chocó contra su corazón, entrando a él y cerrando para siempre la puerta de acceso, tirando la llave lejos… muy lejos para que nadie más entrara.
—Si quiero — contestó —, y no porque le tenga miedo a una paliza. Quiero ser tuyo…
Aomine no necesitó nada más en ese momento para ser feliz.
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Takao miraba la faceta triste que se cargaba Midorima. Desde el día de ayer no había parado de trabajar y hacer turnos, aludiendo a que tenía que cubrir algunas horas pendientes.
Una total y completa mentira.
Desde que vio a Kise salir del Hospital sin que el otro le acompañase como guarura hasta los límites de la institución, supo que algo andaba mal en ese momento.
—¿Qué miras Takao? — Preguntó de malas pulgas el peliverde, conteniendo el bostezo que sentía en ese momento para no relucir que tenía sueño.
—Shin-chan, llevas más de un día sin dormir, deberías al menos recostarte una hora — comentó preocupado, pero sin perder esa sonrisa traviesa que tenía siempre. Puso una mano sobre el hombro del más alto, sintiendo como se tensaba el mismo sobre la silla en la que estaba sentado.
—Tonterías, estoy bien — respondió quitando con delicadeza la mano sobre su hombro y se tomó el puente de la nariz con sus dedos. Quizá si debía descansar, pero si intentaba cerrar los ojos, recordaba la imagen del rubio a su merced, como lo tuvo por primera y última vez de esa manera para él.
Y él no quería seguir auto torturándose por ello. De esa manera, pidió turnos para cubrir, evitaría una cama por los próximos días o al menos hasta que el cuerpo lánguido del chico dejase de venir a su mente en recuerdos tortuosos de lo que nunca será para él.
Sus ojos esmeraldas se posaron sobre el rostro del azabache. Desde el día de ayer, él también se había quedado y había hecho las mismas horas que él e incluso más, notando como debajo de los ojos del chico se mostraban un par de ojeras.
—¿Qué me dices de ti? — Cuestionó Midorima acusando al aludido —. Tú estás peor que yo, al menos mi cara sigue igual.
—¿Shin-chan se está preocupando por mí? — Se burló Kazunari sacando una cara mosqueada al otro —. Es tan lindo, Shin-chan es tan tsundere…
—Púdrete — masculló tajante el peliverde volviendo su vista a sus papeles, evitando pensar en el calor y sonrojo que cubrió sus mejillas en ese momento ante el comentario impertinente del otro.
—Yo también te extrañe — respondió ante la conducta no verbal que manifestaba en ese momento el pasante. Sacó su celular rápidamente y marco un número en específico y al escuchar nuevamente el tono incesante sin que entrara la llamada siquiera colgó —. Es extraño, Ki-chan no me contesta el celular desde ayer por la noche ¿Le habrá pasado algo?
El interno se alarmó ante esa hipótesis vaga, pero volvió a sus cabales cuando recordó la última frase que le dijo el blondo antes de irse el día anterior…
"Aominecchi me espera, Midorimacchi… ¡Yo quiero mucho a Midorimacchi!"
De acuerdo, quizá lo último era mejor no recordarlo pues podría darle mala connotación a las inocentes palabras de su compañero de colegio. Pero lo importante de ello, era que el chico, ayer y quizá aun en ese momento se encontraba con el irracional y bruto de su compañero de colegio Aomine. Suspiro ya resignado ante lo evidente e inevitable.
—Él está bien en éste momento — respondió volviendo a concentrarse en sus papeles.
Takao se sorprendió ante la respuesta, era evidente que si su Shin-chan lo decía era porque era cierto… pero el tono tan amargo con el que entonó la oración le partió el corazón ¿Había sido buena idea regresar de Corea? ¿Su amor por el peliverde daría frutos algún día? Involuntariamente su cara se contrajo en un puchero y no se percató en que momento el pasante dejó su silla para pasar a su lado y dirigirse a la salida.
—¿Por qué sigues ahí parado esperando a que pase algo? — Preguntó rudamente Midorima —. ¡Están llegando muchos pacientes ahorita! Mueve tu trasero y pongámonos en acción.
Kazunari sonrió. Bien, ahora recordaba porque había regresado. Era porque esos pequeños gestos le daban esperanza… retorcida, pero a final del día alimentaban su corazón en busca de alguna señal de alivio.
Corrió para alcanzar a Shintaro en el pasillo y caminar codo a codo con él con una sonrisa en el rostro.
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Aomine y Kise caminaban rodeados por grandes girasoles. El sol pronto comenzaría a ponerse y tendrían que tomar el tren que los llevase nuevamente a la ciudad. Sin embargo, regresarían distintos a como se fueron; ahora, tomados de la mano la vida cobraba un sentido completamente distinto. Las cicatrices no se curarían, ellas estarían ahí para recordar todo lo que vivieron separados, pero comenzarían a forjar un presente y futuro que prometía mucho.
—Aominecchi… ¿crees en el destino?
—¿Ha? — Bufó el moreno —. ¿Ahora me vienes con esoterismo? Juntarte mucho tiempo con Midorima te pega las malas mañas — esto último lo dijo conteniendo todos los celos del mundo, bien sabía lo que el peliverde sentía por el modelo, pero no podía iniciar una relación si desconfiaba el primer día de su novio.
—¡No me refiero a eso! — Contestó, se percató del tono sarcástico que dijo el moreno acerca de Shintaro, pero eso lo dejó para después, ahora se concentraría en lo que le preguntó —. Es que tú sabes, si en ese momento no hubiésemos estado ahí para participar en la campaña del beso, no estaríamos aquí en éste momento…
Daiki reflexionó sobre lo dicho por su pareja. Realmente tenía algo de razón… incluso si se lo preguntaran, él no recordaba porque andaba por esos rumbos ese día ¿Tenía algo importante que hacer…?
—Aominecchi, no me ignores — berreó el rubio sacando unos cuantos pucheros.
Claro que si tenía algo importante que hacer… reencontrarse con Kise Ryota.
—No lo sé, puede que si… de alguna u otra forma estamos aquí— contestó ante el tierno capricho del blondo, atrajo los mofletes a él y apretó para después besarlos con lentitud.
—Aominecchi…
Había cosas que no necesitaban palabras, y la mirada azulina del moreno era una de ellas. Esa mirada que anhelo y espero por tantos años volvía a verla de nuevo. Se abrazaron, los pétalos de los girasoles se desprendían por las ráfagas de viento que soplaban aquella tarde de verano.
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" Si nada nos salva de la muerte, al menos que el amor nos salve de la vida."
Neruda
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¿Fin?
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Mentira, no me maten... ésto es la calma antes de la tormenta.
Bien, el capítulo lo tuve apenas ayer. No he logrado contactar con Erza-san para que me ayude a betaradear (?) éste capítulo y yo hoy por la noche viajo a un lugar con acceso a internet limitado y yo no me podía ir tranquila sin dejarles esto antes; de ese modo, el capítulo estará sometido a cambios posteriores que no afecten con la trama.
Muchas gracias por seguir leyendo ésta historia, me hace eternamente feliz que personitas como: Megane Michiru-chan, Erza S, Mika, Fujimy, Tomato12 , Uzikillian , ShioriOrihara y Yami-neechan por sus palabras en los reviews. Y también a los que se van sumando a favoritos y los follows.
Intentaré responder todos los reviews... tendría que estar haciendo maleta, pero aquí sigo.
Mika: Jajajaja si, haz el asado para que ese chico suba de peso... pero es difícil salir de un problema alimenticio. Sin embargo, ya las cosas van tomando su curso :D Gracias por el review Mika, miles de kikos de helado a ti.
Fujimy: ¡Al fin sucedió Fujimy! Yo también soy feliz por todas las cosillas que hicieron esos dos tortolos :3 Al sexy policia nadie se le puede negar y ya estaban ahí entonces ¿Por qué no? Además, amo a los hombres teniendo sexo con yukatas XD Gracias por el review y los saludos, beshos de fresa.
Bien, les vería hasta el 3 de Noviembre si bien me va... si no, imploro piedad desde ya. Intentaré tener el capítulo a esa fecha.
Les deseo muchas cosas bonitas en este rato que no les veré. Excelentes días a todos.
Besitos de miel.
Cadiie Mustang.
