Antes que nada...

¡SUMIMASEN! -hace reverencia Nivel Kyoko Mogami- Sé que descuidé mucho éste fic, ya cumplió un mes sin actualización de hecho... pero, pero tengo mis motivos (Aquí van excusas que a nadie le interesan) desde que regresé de mi congreso he traído muchos pendientes encima y hace una semana se me borró el capítulo que ya no tenía un poco avanzado, entonces tuve que volver a hacerlo.

En fin, nos leemos abajo~

Advertencias: Ligero Angst, drama, cursilerías.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad intelectual de Tadatoshi-sensei y yo sólo los pido prestados un rato.


Capítulo XIV

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El sol comenzaba a meterse por el oeste para dar paso a la oscuridad de la noche paulatinamente. Y eso sólo incrementaba un poco la ansiedad de Kise; llevaba dos semanas saliendo con su novio, Daiki, y éste siempre pasaba a recogerlo al edificio donde se llevaban a cabo las sesiones fotográficas. Últimamente terminaban tarde y Nene no podía llevarlo hasta su casa por atender la agenda que tenía pendiente el modelo –el viaje de fin de semana a las montañas había atrasado asuntos pendientes-, de esa manera, el policía se ofreció como guardaespaldas del rubio hasta que la castaña retomara nuevamente la rutina con el modelo por completo.

Sin embargo, esa noche el moreno no podría llegar por él porque le cambiaron el turno de la mañana a guardia por la noche, siendo de esta forma encadenado a su trabajo…

"No te preocupes, Aominecchi. Ya estoy grande y sé cuidarme solo."

"Eso es lo que más me preocupa, que en realidad eres un enclenque y no sabes cuidarte solo."

"¡Aominecchi!"

Bien, se enojó sólo un poco con su novio, pero estaba seguro que él tuvo la culpa de ello. Las oscuras calles de Tokio comenzaban a ser iluminadas por el alumbrado público y paulatinamente la ciudad se iba desalojando: los padres que llegan a casa después del trabajo, los estudiantes que regresan de un arduo día de actividades escolares, las amas de casa que salían a realizar trabajos para ayudar a la economía familiar.

Pronto dieron casi las doce de la noche y Ryota iba saliendo de la sesión fotográfica que se extendió por un modelo amateur. Tomó toda su paciencia para no desesperarse y colgar al ególatra niñato que les hizo perder mucho tiempo con absurdas peticiones… Afortunadamente nadie esperaba por él afuera del edificio. Se colocó su chaqueta y salió rumbo a su departamento, dormiría hasta el amanecer, se lo tenía bien merecido. Metió sus manos a la chamarra, ocultándolos del inesperado aire fresco que azotaba esa noche a la metrópoli; tenía que caminar sólo un par de calles para llegar a la avenida principal y poder tomar un taxi para ahorrarse lo engorroso del viaje en metro.

Su respiración era su única acompañante, llenando a ratos el siniestro silencio que a esa hora lo rodeaba. Escuchaba con cautela cada paso que daba, cada rama que pisaba o cada piedra que pateaba, todo con el fin de sentirse menos solo. Continuaba su andar acelerando paulatinamente el paso, no le gustaba estar solo en la noche por la calle, así que se propuso a distraer su mente de aquellas alucinaciones que invadían a ratos su cabeza.

Una pisada casi un instante después de la suya… debió de ser un gato simplón.

Una gran bocanada de aire resonó en el callejón… seguramente fue el perro vagabundo que le miraba somnoliento.

Una sombra cerca de la suya… estaba convencido que fue ese árbol que se alzaba del tamaño de un humano.

Un olor pútrido, muy parecido a la muerte… el aseo municipal no ha recogido la basura de la zona.

Sólo por si acaso, aceleró el paso un poco, llevándose aún con él aquellos fenómenos que llenaban su soledad… pero fomentaban su paranoia. Cualquier cosa generaba eco en él, recordándole su debilidad, recordándole su ineptitud, martirizándole con un pasado grotesco.

Sabía que él estaba cerca. Sabía no tardaría en ver nuevamente aquellos ojos grises como una cuchilla.

Sudó frío; la cabeza le daba vueltas; las piernas le temblaban; sus dientes rechinaban.

No quería volver a aquel lugar. No quería volver a pasar todo aquello.

—Kise…

Una mano en su hombro le obligó a voltear su cuerpo violentamente, encontrándose con un par de ojos azules que le miraban con extrañez.

—Kasamatsu-senpai — su voz le supo a alivio. Sus ojos se cristalizaron y sus piernas flaquearon al instante.

Le daba alegría ver al superior de su novio frente a él. Conocía a Yukio desde la preparatoria –en Kaijô-, pero cuando sucedió el incidente con Haizaki, se distanció de la gran mayoría de sus amistades, conservando sólo pocas después de ello. Grata fue su sorpresa al ir un día a la estación por el moreno para ir al cine, y encontrarse con el azabache ahí siendo el sub-comandante y una figura respetada por la localidad. Como buen líder nato, ayudó a capturar a muchos de los criminales que andaban sueltos y aterrorizaban, principalmente, a las prostitutas y a los dueños de tiendas de veinticuatro horas.

—Aomine me pidió que viniera por ti, creo que me distraje un poco al ver a unos mocosos beber en la calle — se disculpó Kasamatsu al momento de ayudar al otro a ponerse en pie. Le debía un favor al moreno después de que se ofreciera a hacer guardia, y el ir por el modelo era su misión… una simple misión que fallaba de la manera más patética.

Si Daiki se enterase, lo más probable es que estallara en cólera. Perder de vista a un rubio de más de uno ochenta.

—Gracias, Kasamatsu-senpai — susurró apenas en un hilo de voz. Agradecía internamente que el policía hubiese pensado en él de esa manera y haya enviado a un guardia a que lo custodiase hasta la casa —. Creo que Aominecchi es un poco exagerado — dijo divertido rascándose la nuca.

Con un poco de precaución, estiró su cuello un poco para alzarse y ver el panorama detrás del cuerpo del sub-comandante. Sus ojos se achicaron, como si quisiera distinguir algo lejano dentro de una relativa nebulosidad.

— ¿Sucede algo? — Interrumpió Yukio volteando a la dirección que miraba el otro.

—N-nada — contestó rápidamente —. Sólo creí que alguien me seguía.

—Considerando que eres un modelo, y además eres atractivo… es normal que te siga alguno que otro acosador ¿no crees? — Inquirió alzando la ceja, aunque su semblante no cambio: Kise seguía siendo igual que en preparatoria, todo un rompe corazones.

—Creo que sí — respondió algo abochornado por el cumplido que le dio su antiguo superior de club. Se dio media vuelta, aún con dudas, pero pudo respirar tranquilo. Caminó un poco, con pequeños pasitos para intentar relajarse.

—Vamos, se hace tarde y quiero llegar temprano a casa. Ya después veremos qué hacemos con el tema de los hostigadores — dijo con su clásico ceño fruncido. Le ayudó ver que el otro soltó una risilla para darse cuenta que se encontraba mejor. Comenzó a caminar, seguido de su anterior kouhai.

Pero Kasamatsu volteó nuevamente al callejón cruzando la calle y no vio nada… podría jurar que vio a un tipo corpulento observando fijamente al rubio, su extraña mueca parecido a una sonrisa no era del todo agradable.

Quizá sólo era su imaginación.

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El sonido de una motocicleta iba resonando por la avenida. Aomine iba rumbo al departamento de su novio a recogerlo para ir juntos a una fiesta que iba a darse en la casa de un amigo del rubio que acababa de regresar de estudios en el extranjero; no tuvo más remedio que aceptar ir si quería pasar un poco de tiempo con el modelo.

Al moreno le gustaba como el aire golpeaba su cara; él creía que ese era el aroma de la libertad, pues al sentir la adrenalina de la velocidad fluyendo por sus venas le recordaba la época donde lo más importante era jugar baloncesto… su propio baloncesto. Él era el As del equipo, nadie podía igualar su destreza y agilidad; lo más importante era ganar…

Bellos recuerdos de adolescente.

Llegó temprano al edificio, quizá unos quince minutos antes de la hora acordada; aparcó su medio de transporte y se quedó recargado en un gran pilar de mármol que decoraba la entrada. A pesar de tener sólo poco más de un día de no haber visto al blondo ya le hacía falta ver su boba sonrisa… no quería verse desesperado y decidió esperarlo afuera.

"Para: Kise

Asunto: ¡Apresúrate!

Kise, ya estoy aquí. Si no eres puntual, me aseguraré de subir y sacarte a rastras así estés en toalla"

Realmente no lo decía enserio, antes muerto a dejar que alguien viese a Ryota en paños menores… no es que fuera celoso ni nada. Bloqueó su celular y lo guardó en el bolsillo de su pantalón.

¿Qué podía hacer en quince minutos? No había dormido bien debido a la guardia que tuvo la noche anterior y se sentía un poco cansado. Suspiró hondamente y cerró los ojos, era mejor relajarse un par de minutos antes de que llegase un tornado amarillo para exprimirle las pocas energías que tenía.

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¿Qué estaba haciendo ese negro ahí? Haizaki echó un pie hacia atrás, ocultándose detrás de unos arbustos que había en el parque frente al edificio del rubio. Decir que fue una sorpresa ver al fastidioso de Aomine ahí sería poco, pues tenía años que no le veía, hasta creía que había muerto y los gusanos se apiadaban de él al comer su descompuesto cadáver.

— ¿Qué está haciendo ese bastardo ahí? — gruñó inaudiblemente mientras observaba como éste mantenía los ojos cerrados. ¿Coincidencia? Bien, en el edificio habitaban más personas, no precisamente estaría ahí por su modelo favorito… quizás esperaba a una chica tetona como las que solían gustarle en secundaria.

Si bien podía decir que compartía dos cosas con el moreno, eran Kise y el buen gusto por un par de buenas tetas.

Una rata pasó junto a él, cuanto detestaba a esos mamíferos asquerosos. La pateó para alejarla lo más posible, causando un chillido por parte de ésta. Al ver que Daiki tenía los ojos abiertos, decidió retirarse. Metió sus manos a la chamarra que llevaba puesta y caminó rumbo a los suburbios dónde vivía. No había logrado ver a su blondo preferido, ya vendría en un par de días.

Recordó que tenía que hacer las compras. Quizás asaltar la licorería que quedaba en la calle 45 era lo más adecuado. Una sonrisa adornó su diabólico rostro.

Perfil bajo y cautela. No quería arruinar el juego unilateral que llevaba con Kise desde hace tiempo.

"Te atraparé".

Vaya que era su pasatiempo favorito.

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Un ruido agudo le obligó a abrir sus ojos rápidamente poniéndose en posición defensiva; observó para todos lados en busca de lo que irrumpió su siesta, estaba seguro que escuchó algo. Una vena palpitó en su sien al no encontrar nada a su alrededor; decidió relajar un poco su postura y sacó su celular nuevamente para ver la hora: habían pasado algunos minutos después de las ocho.

Su poca paciencia estalló y consideró pertinente entrar por el modelo. Total, le había amenazado y él cumple lo que promete…

— ¡Ya estoy listo Aominecchi! — Gritó energéticamente un rubio mostrando una de sus más encantadoras sonrisas, sin embargo, a Daiki lo único que lograba era exasperarlo más, se sentía como una persona con cruda* mirando un foco.

—Mierda Kise, aparta esa fastidiosa mueca de mi vista — susurró con malas pulgas el moreno. Creyó que la siesta que había tomado hace poco le iba a ayudar, pero terminó por mermarle las pocas energías que traía.

— ¡Aominecchi tonto! — El modelo cerró sus ojos e hizo un berrinche digno de un niño —. Se supone que eres mi novio y aún me sigues diciendo cosas malas como en la escuela — cruzó sus brazos y ladeó su rostro hacia otro lado.-

—Deja de hacer eso, me duele la cabeza — se quejó un poco tomando el puente de su nariz con sus dedos, y ejerció un poco de presión. Abrió un ojo para ver como el otro le miraba preocupado.

—Aominecchi ¿Dormiste bien? — Dejó el berreo por un rato y se acercó hasta el moreno para tocar con las yemas de sus dedos los pómulos de éste —. Estas ojeras me dicen que no…

¡Oh no!…

Daiki estaba sucumbiendo ante esa mirada triste que le dirigía el blondo con sus increíbles ojos dorados. Su sonrisa, antes feliz, se transformó a una línea recta que atravesaba su rostro de porcelana. Sin poder evitarlo, sus manos se fugaron hasta la espalda baja del modelo y le acercó hasta su cuerpo y recargó su cabeza en el hombro huesudo que se exponía a través de ese delgado saco que se cargaba su novio.

—Lo siento, no dormí al estar de guardia y porque me quedé preocupado por ti — confesó arrastrando cada una de las palabras para que sólo el chico le pudiese escuchar —. ¿Llegaste con bien a tu casa? Ayer ya no logré hablarte pues fuimos a un operativo de emergencia.

—Llegué bien Aominecchi, te preocupas demasiado — contestó riendo ante las cosquillas que le producían los soplidos del otro sobre su cuello —, además mandaste a Kasamatsu-senpai, no pasaría nada con alguien llevándome a casa — sus dedos acariciaban las hebras azules de su novio, endulzó su voz para despejar ese tono de culpa que tenía el moreno entre sus palabras.

—Sí, creo que tienes razón — quiso evitar seguir sintiendo esa inminente preocupación… era algo extraño, como una corazonada que le indicaba que no podía bajar la guardia; zanjó el tema con su silencio momentáneo y aspiró el aroma del rubio y eso le devolvió un tanto las energías, se levantó de su lugar y alzó la cabeza —. ¿Nos vamos? La fiesta de tu amigo no tarda en comenzar…

—Entonces vámonos — respondió con una sonrisa —, pero… ¿Realmente nos iremos en eso? — Señaló la motocicleta, mirando con cierto temor y respeto al vehículo del policía.

— ¿Qué dices? ¡Obviamente así lo haremos! — Respondió montándose ya en el asiento —. No me la traje hasta aquí sólo para dejarla.

—N-no Aominecchi — retrocedió unos pasos —. ¡No quiero, no me obligarás!

— ¡Mierda Kise, nos iremos en ella y punto!

— ¡No, no quiero!

—Aunque no quieras lo haremos, sube tu trasero a ella ¡ahora! — Ordenó mirando el berrinche de su novio y enterneciéndose con el dulce mohín que tenía plasmada su cara.

— ¡No lo haré!

—Kise — la voz profunda del moreno resonó —, muévete o llegaremos tarde.

— ¿Qué parte de no me subiré no entiendes? ¡Las motocicletas son peligrosas! — Berreaba el blondo, ladeando su rostro para evitar mirar esos ojos azules tan penetrantes.

— ¡Eres demasiado testarudo! — Rugió Daiki al momento de soltar el volante y colocarse el casco. Tomó el otro que traía guardado y se lo arrojó al modelo —. Date prisa o llegaremos tarde.

—El casco no combina con mi atuendo — musitó aún con su berrinche, mirando desganado aquel color gris rata que era opaco hasta el rincón.

Aomine bufó. Era muy difícil salir con un modelo y eso apenas se iba percatando de ello. Pero qué más daba, le hacía un poco feliz conocer todas y cada una de las actitudes del rubio; pronto, recordó que esa escena ya la había vivido hace unas semanas, cuando él visitó por primera vez a la familia de Kise.

Volteó su mirar al cielo negro y las nubes grises que se alzaban sobre su cabeza. Ya se estaba terminando mayo y pronto vendría junio… el cumpleaños del rubio.

—Vamos — ignoró el repentino pensamiento de armar el regalo perfecto para el chico —, tenemos que irnos y pronto lloverá, no creo que quieras esperar a que pase un taxi por aquí — golpeteó el asiento detrás de él para que el otro se subiese.

Ryota miraba ceñudo el lugar dónde se tendría que sentar. Había perdido ante Aomine, pero era porque el moreno tenía razón en que pronto llovería, lo vio en la sección del clima de las noticias de la mañana. Rezando se subió e imploró a cuanto Dios conocía que llegaran vivos hasta la fiesta.

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No era una fiesta grande dónde todas las personas se encuentran sentadas en el suelo, pero el pequeño departamento dónde vivía su amigo era un poco pequeño para la cantidad de gente que había invitado, bueno, era comprensible… Takao era un chico muy sociable después de todo. El peliverde miraba con desdén la reunión que había organizado el azabache, la mesa de la comida era un desastre y había bebidas alcohólicas a más no poder, la estridente música de vez en cuando le retumbaba en los oídos y casi podía jurar que se estaba quedando sordo.

Siendo sinceros, no tenía ánimos de asistir, pero era el regreso de Kazunari después de estar un semestre de intercambio en Corea, y el otro siempre había estado con él en cualquier momento de su vida… se lo debía de alguna forma. O eso pensaba, no quería creer que aquel sentimiento que crecía en sus entrañas fuese algo más que ello; después de todo, hasta hace poco padecía de mal de amores.

Dio un sorbo pequeño a la bebida que le había regalado el chico recién había llegado. Fue de los primeros y Takao estuvo como pegote a él durante un buen rato, ofreciéndole un poco de cerveza y coñac… pero de pronto llegó la masa de gente y el chico se vio obligado a recibir a cada una de las personas, pasarlas, platicar un poco y ofrecerles algo; él era el anfitrión después de todo. Revisó su reloj de muñeca y se dio cuenta que eran cerca de las diez de la noche.

— ¿Tienes algún pendiente Midorima? — Escuchó la voz de su ex capitán junto a él.

—Nada que ver, sólo que es un poco fastidioso todo este ambiente — respondió bebiendo otro trago de su vaso. Miró por el rabillo del ojo la postura tan relajada que tenía Akashi, recargado sobre la pared y sosteniendo frente a él la copa de vino tinto que llevaba.

—No te saldrá salpullido por ir de vez en cuando a una que otra reunión social — comentó sarcástico el pelirrojo, con una sonrisa prepotente en el rostro —. Además, es de tu amigo de Shoutoku, la persona que ha estado incondicionalmente contigo desde preparatoria.

—No creo que sea así — contestó rápidamente el interno ante ese ataque.

La boca de Shintaro se torció y no tardó en perderse en un recuerdo en específico… cuando Kazunari le dijo que se iría de intercambio a Corea, se sintió levemente traicionado y una punzada de inseguridad creció en su estómago y trató de mantenerse calmado ante esa noticia tan inesperada… por supuesto que el chico no era tan devoto a él.

—Midorima… La ceguera es de daño gradual al igual que la estupidez — dijo totalmente convencido Akashi implementando un tono frívolo; cautelosamente, mantenía su mirar fijo en Takao.-

— ¿C-cómo dices? — El pasante se descolocó por aquello que dijo el empresario.

—Eres inteligente, o al menos en Teiko lo fuiste — sorbió un poco a su vino y se levantó de su lugar —. Sólo espero que puedas avanzar y no quedarte atrás por alguien que ya está donde es su lugar — zanjó el tema con una sonrisa y se fue.

Midorima observaba como el pelirrojo caminaba a pasos firmes y lentos hasta la puerta, extendió sus brazos y no pasó más de un minuto cuando vio como entraba Kise llamando la atención por su peculiar y nada chillante saludo con el resto del mundo. El modelo abrazaba con fuerza el pequeño cuerpo del capitán de la Generación Milagrosa, mostrando una de esas peculiares sonrisas cuando veía a alguien preciado; si para él era complicado ir a una fiesta por sus tiempos apretados entre las guardias y la tesis, ver a Akashi en una de ellas sucedía cada Solsticio de Invierno.

No pudo evitarlo y una sonrisa muy pequeña afloró en su rostro, aún recordaba el dulce beso que le había dado Ryota hace unas semanas, aun cuando trató de enterrarse en cúmulos de trabajo, no había un solo día en que ese momento no se viniera en picada a su mente… podría durar un instante, o su mente jugaría con él y le haría recordar cada minucioso detalle de ello. Iba a moverse para saludar al chico, pero una imponente figura entró detrás del blondo llevando un six-pack de cervezas en una mano.

—Aomine — susurró Shintaro, doliéndole el pecho al ver como el rubio entrelazaba su dedo meñique con la mano libre del moreno en un gesto que pasaba desapercibido por todos, pero no por él, por su ojo clínico y minucioso.

No toleró ver la escena un segundo más y volteó su cabeza a otro lado, observando el barullo que se llevaba dentro de la cocina; frunció el ceño molesto, pero aun así, fue por un poco más de bebida, se le había acabado el ligero anestésico de corazones rotos que había encontrado. Sirvió en un vaso coñac con agua mineral – más coñac que agua mineral- y bebió un profundo trago, sintiendo como le quemó la garganta.

Después de ese acto tan irracional que para nada le distinguía, intentó ir al baño para echarse un poco de agua, pero al abrir la puerta, vio como un joven y una chica se encontraban besando fogosamente; pidió disculpas reiteradamente y cerró con fuerza el pedazo de madera.

Su sonrojo era del color de un tomate y volteó para todos lados para ver si encontraba un espacio solo para irse a sentarse sin que nadie notase que se había entonado con un poco de alcohol; sin embargo, sintió por un instante que la vida le odiaba un poco al ver que el único lugar disponible era el sofá, pero al otro extremo se encontraba la nueva pareja de sus conocidos, riendo a carcajadas dentro de la burbuja de felicidad que habían creado a su alrededor. Las cosquillas que Daiki le hacía al modelo, las caricias debajo de aquel saco y playera que llevaba, los discretos besos que se daban…

—Idiotas — masculló el pasante, observando con dolor cada acto que se profesaban ellos como una pareja.

Midorima caminó un poco fuera, para huir del estridente sonido de la música y de su corazón rompiéndose y salió al balcón del departamento a respirar un poco de aire fresco. Bebió otro largo trago de su bebida, ya no importaba si alguien le veía en ese estado, lo único que quería hacer era arrancar esa punzada de su corazón que no le permitía a su herida sanar como se debe. No se percató cuando tiempo pasó, pero ahí pudo encontrar una relativa soledad que le brindaba un poco de paz.

Cerró los ojos y aspiró el aroma de la ciudad. El vaso que traía en una de sus manos dio a parar en la pequeña barda que le separaba de una inminente caída de cinco metros. Ahí, se puso a pensar en los pendientes que tenía en la semana: entregar el primer avance de su tesis y hablar con Kise para ver como avanzaba su lesión… sonrió irónico, cuando menos lo esperaba, ahí venía el modelo a presentarse en sus pensamientos.

Su cuerpo se tensó al escuchar abrir el ventanal que le impedía escuchar el ruido de la fiesta, pero se relajó al creer que era Takao, quien vendría a reclamarle por estar de inadaptado y tsundere; permaneció imperturbable con los ojos cerrados, pero pasaron unos cuantos minutos y no escuchaba nada, se preguntó si tal vez estaba enojado el azabache.

— ¿Estás enojado porque no estoy contigo? — Se aventuró a hablar primero, fijando su vista a las luces de la ciudad.

—En realidad, creí que el que estaba enojado eras tú — resonó detrás de él una voz melódica y un tanto nostálgica que en lugar de alegrarle, como solía hacerlo las burlas y rabietas de Kazunari, le compungió el corazón de manera rápida —. Viste cuando llegué, y no fuiste a saludarme.

—Perdón, pero en las reglas de etiqueta, el que llega a un lugar es el que saluda — contestó con un nudo en la garganta —. ¿Qué estás haciendo en el frío, Kise?

—Vine a saludar a mi amigo ¿acaso no puedo? — El modelo se acercó de manera lenta hasta quedar a la par con el peliverde.

—Ya veo — tomó sus gafas y las acomodó, recogió el vaso de dónde lo había dejado y bebió el último trago… Lo necesitaría para poder hablar decentemente con el rubio.

El ambiente se tornó un poco extraño y lleno de bruma. Kise suspiró hondamente, no era así como él quería hablar con Midorima después de todo lo que sucedió en el hospital la última vez que se vieron. Sentía que, a partir de cumplir un gusto personal –como lo fue besar al pasante-, había perdido a un gran amigo y eso le dolía, porque vaya, al blondo realmente le llegaba al corazón aquel matiz de frialdad que tenía Shintaro con él.

Estaba a punto de llorar por eso.

— ¿Llegaste con Aomine? — Preguntó prontamente el peliverde, irrumpiendo sus pesimistas pensamientos y sacándole una sonrisa.

—Sí, pasó por mí en su motocicleta.

—Ya veo.

Nuevamente ese silencio sepulcral inundó el lugar y ahora el interno era quien se sobaba la nuca y daba ligeramente golpecitos sobre la barda. ¿De qué hablar con la persona que no te corresponde? ¿Y más si la pareja de dicha persona está a unos metros de ellos? Su cabeza daba vueltas y veía las luces bailar ante sus ojos. Probablemente el alcohol ya estaba surgiendo efecto en él.

— ¿Qué tal estas semanas Midorimacchi? — Inquirió el modelo recargando su espalda en el balcón —. ¿Cómo está Hirikato-sensei?

—He estado muy ocupado, ya comencé a redactar la tesis y sensei está mejor que nunca, se fue de vacaciones con su esposa y regresa dentro de unas semanas, para ese entonces tendrás cita con él, que no se te olvide, idiota — dijo tratando que su voz sonara normal y se acomodó nuevamente sus gafas.

—Midorimacchi eres increíble — comentó Ryota mirando al otro —. Creo que si hiciera lo que tú haces, colapsaría y moriría.

—Tonto, tú haces lo mismo en tus sesiones — ahora, se había acercado un poco al rubio —. Sólo que tú no lo sientes así porque te gusta lo que haces.

— ¿Y a ti te gusta lo que haces?

—Por supuesto que sí.

Pláticas triviales con un amigo en una noche espectacular, siempre las había tenido junto a Takao y su manía por hacerle desvelar en sus inicios de Universidad… Pero nunca la había tenido en esa magnitud con Kise.

—Como sea ¿por qué aún llevas la mano con una venda? — Preguntó el modelo, observando fijamente los dedos del pasante.

—Costumbre — respondió simple.

—Aburrido~ — comentó el blondo.

— ¿Qué dijiste? — La voz de Midorima se descompuso cuando recibió esa crítica nada constructiva de su hábito.

—Eso es aburrido y poco cool, deberías quitarte las vendas de vez en cuando para que la sangre llegue a tus dedos — contestó tomando la mano de Shintaro, buscando el inicio de ese acto tan laborioso —. Descuida, te ayudaré a quitarlas…

—No… espera… Kise — decía el peliverde entre suspiros.

La situación comenzó a tornarse más amena. El modelo volvía a ser el mismo irreverente de siempre y el interno se dejaba envolver por la brillante luz que desprendía la sonrisa de Ryota. El ambiente se aligeró y ahora se encontraban en una pequeña lucha por ver quién cedía primero.

Midorima, inconscientemente, se iba apoderando del espacio vital del rubio hasta quedar prácticamente sobre él… en el momento en que ambos se percataron de ese detalle, todo se esfumó y vino la sensación incómoda a su cuerpo. En un momento, el blondo bajó su cabeza, rehuyéndole a la intensa mirada esmeralda que se clavaba en todo su rostro.

—Kise — la voz del peliverde desprendía un tono de voz particularmente tierno que obligó al blondo a levantar la cara.

—Yo — los ojos dorados de Ryota se iban haciendo acuosos cada vez más rápido —… yo… lo siento, Midorimacchi.

Ambos sabían a qué se refería eso. Era un 'Lo siento por no poderte querer', 'Lo siento por no elegirte a ti', 'Lo siento por enamorarme de otra persona que no eres tú'.

El dolor era característico en aquellos momentos. El hubiera reinaba en la mente del interno… ¿Qué hubiese pasado si se hubiera declarado mucho tiempo antes? ¿Kise estaría con él? ¿No se hubiese encontrado nuevamente con Aomine? Realmente quería creer aquello, pero sabía que era inevitable, que él más que nadie creía en el destino y que éste siempre nos rige a su voluntad… Pero en ese momento lo maldijo hasta los huesos, lo blasfemó de manera épica, pues le otorgó la oportunidad de enamorarse de Ryota y en un santiamén le quitó a la persona de la que se había enamorado.

Ya no valía la pena llorar por eso. Muy en el fondo, se fue haciendo a la idea desde que apareció el moreno, que Kise no era suyo; que nunca lo fue… No cuando veía con aquellos ojos dorados resplandeciendo con la fuerza de un sol.

Sin embargo, no quería volver a quedarse en el hubiera y, aventurado por una despedida más certera –y quizás un tanto por el alcohol- acercó sus labios a los ajenos y los besó superficialmente, apenas y podía coger un poco de carne, pero para él era la dicha. El contacto no duró más que unos cuantos segundos, pero para él fue un sinfín de momentos enterrados en ese ósculo. Tampoco quería incomodar al rubio, puesto él tenía a su pareja a unos escasos metros de distancia, así que, con el dolor de su corazón, se quitó de ahí y volví a la posición que tenía cuando empezaron a platicar.

—No pasa nada, eres un rubio fastidioso después de todo — dijo sacándole un mohín de rabieta al otro y eso le hizo sonreír —. ¿Qué sigues haciendo aquí? Aomine está dentro.

No quiso sonar rudo con aquella frase, pero sentía que en cualquier momento volvería a besar al modelo y eso sí sería una verdadera locura. Y él no era una persona irracional como para cometer tales disparates; le dejaba ese trabajo al policía que se encontraba dentro de la fiesta entre tantos y tantos invitados.

El rubio pestañeó por lo grave que sonaba la voz de Shintaro en ese momento, pero sonrió, pues él tenía conociendo mucho tiempo lo tsundere y calculador que podría llegar a ser su amigo. No lo quiso decir de mala manera, al interno no se le daba mucho el socializar con la gente.

—Gracias, Midorimacchi — susurró muy bajo el blondo, acercó su cuerpo al peliverde y depositó un casto beso en la mejilla del otro.

Shintaro dobló su cabeza para ver como Kise se iba corriendo nuevamente hacia dentro; observaba como esa menuda espalda se iba alejando de él cada vez más hasta que el chico llegó al departamento y haló a su novio para darle un beso fogoso… para mostrar aquel brillo tan especial que luce su mirada sólo cuando se encuentra con Aomine.

Así había sido en el pasado, y así seguiría siempre.

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— ¿Estás bien? — Preguntó el moreno un poco confundido por aquel extraño y dulce ósculo que le había brindado los carnosos labios de su novio.

—Ahora estoy mejor que nunca — confesó feliz y enterró su frente en el hombro de Daiki. Ahora sentía que se había quitado un gran peso de encima al pedirle disculpas al interno, aquel día en que se besaron, no le había dicho nada y sólo permanecieron en silencio, creía que así no debían terminar las cosas.

Aomine estiró un poco su cuello y vio a través del ventanal que en el balcón se encontraba su compañero de Teiko. Sus cejas se juntaron en disgusto e intentó hacerle frente a Kise, reclamarle sobre el por qué le había dejado solo y a merced de todas esas personas que lo único que hacían era preguntarle si el rubio con el que llegó era soltero… Pero la lágrima que corría por el pómulo del interno le hizo detenerse y hacerse una idea de lo que había sucedido ahí afuera. No quiso perturbar la relativa paz que quizá traía el rubio.

Corrió uno de sus brazos hasta la espada del modelo y le abrazó, acercándole a su cuerpo. Con su mano libre se rascaba la nuca, pensando en qué decir ante esa situación. Sintió el respirar acompasado del rubio, así como las caricias que le hacía el otro en su espalda baja.

— ¿Quieres que vayamos a otro lugar? — El policía tomó el mentón del modelo con una de sus manos y levantó el rostro del otro.

— ¿Contigo? — Preguntó el rubio mirándole a los ojos, cuando observó una afirmación con la cabeza, volvió a abrazarse al policía—. A dónde sea…

El moreno no hizo más que sonreír y besar la mata amarilla que estaba cerca de sus labios.

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Iba caminando por las calles de Tokio. Apenas era el medio día y ya estaba aburrido, le urgía que fuera la noche para salir a asaltar una bodega o ir por una prostituta para satisfacer algunas cosas que traía pendientes.

Pateaba constantemente una piedrecilla que vio en el camino; los niños o ancianos que se cruzaban por su camino recibían una mirada de odio… detestaba en sobremanera los niños y a los vejestorios. Sin compasión, se relamía los labios ante las colegialas y mujeres con falda.

Su vida comenzaba a volverse un tanto monótona, y aquello le preocupaba en cierta medida. Necesitaba retos y sobre todo, algo con qué divertirse…

— ¡En serio Nozaki! — Escuchó la voz de una mujer hablando y volteó a un lado. Ahí, detrás de un ventanal de una tienda de televisores, en una pantalla se miraba a una mujer detrás de un escritorio; con su cabello largo y senos prominentes, atraía la mirada de los transeúntes —. Kise-kun se ha vuelto un famoso modelo y claro que ya está muy grande para tomar sus propias decisiones ¡Pero jamás creí que se atreviera a eso!

—Estás exagerando un poco Risa — respondió el chico a la vez que tomaba unos papeles y miraba a la cámara. Le llamó la atención el nombre de su modelo favorito, por ello se quedó a escuchar más —. Kise-kun es un buen chico y la causa por la que besó a ese hombre desconocido es, a mi parecer, muy buena.

Haizaki se tensó ante el comentario del presentador ¿Que Ryota había hecho qué? ¿Qué se había besado con quién? ¿Hombre? Apretó sus puños instintivamente y sus ojos destilaban ira… mataría al que osó besar al modelo… definitivamente tendría que tener una muerte dolorosa y lenta.

— ¡Me dicen que tenemos las fotografías inéditas! Las compartiremos aquí y ahora…

En la pantalla, se mostraba una imagen de lo más… repugnante para Shougo. En ella, Kise besaba con fervor y entrega absoluta al moreno que lo acogía por la cintura. Los dedos de Ryota estaban enredados en las hebras azules del otro, quien apegaba sus cuerpos mediante el abrazo. Sus cabezas estaban un tanto ladeadas para un mejor acceso a la boca del otro, y sus ojos cerrados daban la magia exacta que requería la imagen para un momento perfecto.

—Te digo Risa — la voz del sujeto se escuchaba, dejando la imagen sobrepuesta para que medio mundo la viese — según la investigación, Kise-kun hizo esto para una campaña de un grupo de jóvenes latinos, para demostrar todas las caras que el amor puede tener — dijo al momento de desaparecer la imagen grande y dejarla sólo como un cuadro a la derecha—. Soy un romántico, y en esta fotografía se refleja mucho amor por parte de los dos…

—Tienes razón — la voz de la chica ahora se escuchaba entusiasmada —, la verdad no veía a Kise con ese hombre pero… ¡Ahora me parecen una pareja muy tierna! ¿Me pregunto quién será…?

Haizaki reconoció al instante aquellos cabellos inconfundibles, así como la prominente estatura y el tan distintivo color de piel de la persona… nuevamente Aomine Daiki volvía para mermarle la vida por completo. Bufó y propinó rudamente un golpe a los vidrios, rompiéndolos y causándose unas cuantas cortadas en los nudillos.

—Bueno Ryota — masculló con la voz repleta de malicia —… creo que es momento de hacerte una visita…

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"El amor verdadero no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es"

Jorge Bucay.

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Bien, agradecimientos como siempre a mi sensual beta Erza-san por ayudarme a corregir fallas en redacción y pasadas de dedo. También un agradecimiento a mi dulce Nayen quien me permitió utilizar una de nuestras frases en el rol para éste capítulo.

Agradecimientos por sus infinitos y hermosos reviews a: Mika, Megane Michiru-chan, ShioriOrihara, Fujimy, Nanami Kuchiku y a ArcoirisAlcachofa, enserio gracias por sus palabras. Y también a aquellos que van agregando a favoritos. Los reviews los contesto en éstos días... absolutamente todos :D

Mika: Exacto, Daiki poco a poco ha ido creciendo, no podía seguir siendo el mismo crío de 15 años narcisista, al menos no aquí que está cerca de los 22 XD Takao está seduciendo poco a poco al tsundere ;) Besitos Miki-chan.

Fujimy: Jajaja las mamas pueden dar algo de miedo~ Bueno, besó al rubio porque se lo pidió su madre :3 y que fuera feliz :D Haizaki hace su aparición y... Takao poco a poco conquista a Midorima :3 Besotes a ti Fuji-chan.

A todos aviso, el próximo lunes 1 de diciembre ya hay actualización y retomamos la tradición de "Algo contigo" los lunes por la mañana sin falta :D

Por lo pronto, les deseo una excelente semana. A los que estén en finales como su servidora ¡Qué la fuerza los acompañe hasta el final! *-*)9

Besos de manzana acaramaleada~

Cadiie Mustang.