Buenas tardes-días-noches...
¡Lo siento! -modo Sakurai activado-. Me siento ultra mega apenada por traerles éste capítulo hasta ahorita... (aquí van excusas que a nadie le interesan) Digamos que no tuve mis mejores días; pero igual, ya está para disfrutarse ampliamente. Nuevamente, infinitas gracias a Erza-san (mi Beta) que me ayuda con mis pasadas de dedo.
Advertencias: Ninguna.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad intelectual de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados para que interpreten lo que se le ocurra a mi mente.
Capítulo XV
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Haizaki caminaba rápidamente por las calles oscuras de los barrios bajos de Tokio. Su mirada gris destilaba ira y su entrecejo fruncido daba una idea del humor que tenía en ese momento. En la tarde, cuando vio la imagen de Kise besando a Aomine, hizo uso de todo su autocontrol para no ir en ese instante con el rubio y aun así terminó por romper el aparador de un golpe. Sólo tenía unas cuantas cortadas, pero aquello no se comparaba con todo lo que rondaba por su mente en ese momento…
¿En qué momento volvieron a reunirse? ¿Cuándo fue que sucedió eso? Él no sabía nada y vigilaba al modelo cuatro días a la semana obligatorios; ya en otras ocasiones algunos tipos intentaron acercarse al blondo, pero éste se encargaba de espantarlos y dejarles en claro, de una manera muy cruel, que ese chico que pretendían ya tenía dueño y era nada más y nada menos que él.
Al llegar al pequeño cuarto que rentaba, se dejó caer en el mullido sillón, abriendo sus piernas para acomodarse mejor en aquel espacio amplio; echó su cabeza hacia atrás, cerrando los ojos para intentar relajarse un poco de todas aquellas nuevas noticias… pero lo único que le vino a la mente fue la imagen de Daiki besando a Kise.
Soltó un bufido y pateó la pequeña mesa de madera que tenía en el centro, destrozándola por la fuerza bruta del contacto.
—Demonios, ahora tendré que robar una— chasqueó la lengua con ganas y torció los labios en un gesto de total desgano; echó nuevamente la cabeza hacia atrás en un intento por relajarse un poco y miró el mohoso techo de su habitación.
No es como si quisiera a Ryota realmente y tuviera celos de Aomine, no… realmente lo que le cabreaba es que fuese precisamente aquel idiota que toda la secundaria le impidió acercarse a Kise el que hoy por hoy, podía disfrutar del menudo cuerpo del rubio. Su mirada en ese momento era tan filosa que sería capaz de cortar a alguien.
Odiaba a Aomine Daiki con toda su pútrida vida... ¿Desde cuándo era eso? Lo recordaba perfectamente, fue antes que el rubio se uniese al equipo…
:-: Flash Back :-:
La Generación milagrosa se encontraba reunida en la cafetería de la secundaria Teiko; todos comían sus alimentos de poco en poco y, aunque sus personalidades generalmente no encajaban, se divertían a la hora de descanso mirando como Midorima recriminaba a Murasakibara por sus modales a la hora de comer, siendo secundado por Akashi, aunque parecía más un monólogo pues el gigante lo ignoraba y el pelirrojo sólo asentía en silencio.
Todo era armonioso compañerismo… hasta que aparecía él.
—Eso es mío — decía Shougo cogiendo una albóndiga del plato un pobre incauto del tercer equipo que había querido compartir un poco de tiempo con sus ídolos sentándose en su mesa... y ahora sin mediar le robaban la comida. Con gusto el peligris se la llevó a la boca y la masticaba lentamente.
—Si tienes hambre pide una extra grande o consigue más comida — como de costumbre, el primero en recriminar fue el moreno de ojos azules quien señalaba al ladrón con un dedo con una clara vena en la frente; su voz sonaba fastidiada y con un deje de enojo —. ¡No andes robando la comida de otros todos los días!
—En realidad a mí no me molesta —comentó el chico al que le hurtaron la comida; sinceramente, no quería meterse con un bravucón como Haizaki y la mirada petulante de éste no ayudaba a disminuir su ansiedad.
—Haizaki — la voz de Diaki nuevamente volvió a surgir ante la postura intimidada del invitado extra en su mesa, no quería que ese idiota se saliese con la suya.
—Vamos, no es gran cosa— comentó con la boca llena el chico problemático ante el disgusto del pulcro de Shintaro. Realmente le fastidiaba el moreno de su equipo, pues creía que era peor algunas veces —. Tú también robas a los demás…
Eso lo dijo entre líneas, pues si algo tenían en común Aomine y Shougo era su fetiche por los senos prominentes en las féminas, y era una batalla que lidiaban desde el primer grado… quién tenía a la mano a la mayor cantidad de mujeres con esa característica a su disposición. Siendo realistas, a Daiki no le interesaba tanto esa competencia, pero lo hacía para ponerle un alto al infantil del número ocho del equipo, después de todo, él no tenía ojos más que para su preciosa Mai… y un interés un tanto extraño por ese irritante rubio que lo había seguido el otro día hasta la cancha.
Pero todo eso se tornó bastante personal cuando el moreno tuvo una ligera aventura con una de las novias de Haizaki. La furia que sintió fue palpable, no porque le interesara realmente la chica, sino porque el otro le arrebató lo que era suyo. Juró que algún día se vengaría pagándole con la misma moneda.
Después de ello, las miradas letales entre ellos no se hicieron esperar. Akashi sabía muy bien toda la rivalidad que ellos sentían, pues ambos eran más parecidos de lo que quisieran aceptar… dominantes y brutos, entre otras cosas que unían sus intereses; él simplemente se dedicaba a observarlos y mirarles con un solo ojo para que esos dos no armaran un escándalo en ese lugar.
Ante ello, Shougo se mofó.
— ¿Tengo que decirles todos los días? — Preguntó al aire sin interesarle que alguien lo estuviese observando —. No es que tenga mucha hambre — una sonrisa adornó su retorcido rostro y se llevó la mano con la que robó la albóndiga a la boca, lamiendo los restos que quedaban en sus dedos —. Es sólo que la comida en platos ajenos se ve más deliciosa, no puedo evitarlo.
Midorima, al ver la situación tan tensa que comenzaba a bullir entre ellos dos, decidió meterse para menguar las cosas —. Es cierto, hay uno de segundo que se está cambiando al primer equipo. Al parecer comenzó hace dos semanas — comentó verdaderamente impresionado por ese nuevo talento que se sumaría a sus días diarios —. Está avanzando tan rápido como nosotros — su mirada se enfocó de persona en persona para ver sus reacciones, decidió soltar la bomba del nombre del mencionado —. Se llama Kise Ryota.
— ¿Eh? ¡Ah! Yo también sé quién es — dijo levemente emocionado. Sin quererlo, una sonrisa fugaz cruzó su rostro y de eso nadie se dio cuenta más que el peliverde que le veía.
—Hmm… Kise Ryota ¿eh? — Musitó Shougo mirando a otro lado arrastrando un poco las palabras como si fuesen veneno.
—Es raro que tu recuerdes el nombre de otras personas —comentó Midorima volteando a ver de reojo al problemático de su compañero de Club esperando una respuesta.
—Bueno, es sólo un presentimiento, pero por si acaso — dijo sonriendo malvadamente —. Parece que le irá muy bien — paró unos segundos su diálogo y después lo retomó —, y también dudo que nos llevemos bien…
:-: Fin Flash Back:-:
—Aunque eso fue cierto, nos llevábamos terrible dentro del Club — recordó los constantes regaños del capitán de equipo Nijimura al meterse constantemente en problemas —… pero terminamos por llevarnos bien en la cama — dentro de su cabeza, remembró los contantes gemidos que Kise soltaba cada vez que le propinaba una estocada cuando tenían sexo.
Se levantó de su asiento y continuó su andar hasta una repisa dónde tenía una botella de licor ya abierta y consumida a la mitad, la destapó e ingirió un largo trago que le quemó un poco la garganta, pero sentía lo necesitaba mucho. Después de sentir ese picor en su tracto digestivo, siguió tomando hasta terminarse todo aquel alcohol, y sin medir las cosas, estampó contra el piso el frasco rompiéndolo en pedazos, mirando como su reflejo se veían en cada uno de los trozos.
No se molestó en recogerlo y caminó como le permitía la embriaguez que comenzaba a sentir hasta su desordenado cuarto y se tumbó en la cama, permitiendo que poco a poco su mente comenzase a relajarse; pero otra duda asaltó su mente, estaba de acuerdo que Kise tenía un endemoniado cuerpo demasiado exquisito y que hasta cierto punto lo que sentía era obsesión, pero… ¿Cómo fue que comenzó su interés en Ryota?
Ah, ya lo recordaba…
— ¿Eh? ¿Qué quieres decir Ryota? — Preguntó Haizaki no creyendo lo que escuchó, incluso se atrevió a limpiar sus oídos para quitar cerilla si ésta era la que le impedía oír bien.
—He dicho "Vamos a apostar la plaza de titular en un partido" ¿No me has oído? — Repitió el rubio con una sonrisa segura en su rostro delante de todo el Club.
— ¿Qué clase de mierda es esa viniendo de un tipo que acaba de entrar? — Inquirió el peligris con una sonrisa sádica y de mofa el rostro —. Para empezar, no puedes ganarme en los entrenamientos ¿En qué estás pensando?
—Estoy pensando en ganarte ahora mismo — dijo Kise retando claramente al otro —. Quizá no a los otros cuatro… pero si se trata de Shougo-kun, creo que estoy listo para derrotarte — con energía, seguía tentando el orgullo del problemático chico de Teiko.
—Ja, parece que mi reputación ha caído— comenzó a tronarse uno a uno los dedos de las manos, preparándose para el partido—. ¿No te has dado cuenta que hago el vago en los entrenamientos? Muy bien… entonces te daré una muestra de cómo juego realmente — limpió su labio inferior con su pulgar sin fijar su vista maliciosa del modelo bonito que se pavoneaba frente a todos.
Todos observaban sin objetar, pero interesados, el partido de prueba que comenzó a suscitarse frente a sus narices; las clavadas y la calidad de cada jugador impresionaron a los espectadores por la habilidad tan innata que pretendía tener cada uno de ellos, pero veían con pesar el obvio resultado que tenía ese innecesario juego de práctica.
Haizaki barrió el piso con Kise.
Después de ver como el blondo terminó con una cara agria y bastante decaído consigo mismo, el peligris siguió burlándose de su estupidez, comenzando a hervir las aguas dentro del equipo, nadie le agradaba aquel tipo tan simplón y exasperante como lo era el peligris.
Shougo salió del lugar de entrenamiento siendo acompañado por una "novia" de Kise que le había robado hace poco en un arrebato por sus roces; caminó tranquilamente ignorando todo lo que esa mujer le iba diciendo, pero detrás de él iba alguien más.
— ¿Qué necesitas Daiki? — Preguntó al aire el alumno problemático sin siquiera voltear a ver al otro, como si a través de eso le restara importancia a su presencia.
—Seré directo, deja a Kise en paz — dijo con voz tranquila, pero grave el moreno. Botaba su balón en un intento por evitar estrellárselo contra la cabeza huecadel otro.
—Él fue quién me retó — exclamó en su defensa al momento de fingir inocencia en sus acciones —, además ¿A ti qué te importa si me involucro con él? — Por primera vez volteó su cuerpo para enfrentar cara a cara a Aomine.
—Te lo advierto, sólo déjale tranquilo, acaba de entrar a nuestra liga… no necesita más presiones de las necesarias — buscaba excusas para justificar ese creciente sentimiento de preocupación que comenzaba a sentir por el recién llegado al primer equipo.
Y en ese momento Haizaki lo comprendió… Kise Ryota era de cierta forma especial para Aomine Daiki; podría sonar cursi, pero la ira palpable del As que le miraba en ese momento era suficiente para darse una idea de lo que el chico representaba en su vida.
Y sonrió maquiavélicamente; ya tenía una manera de vengarse del moreno.
Unos cuantos rayos de luz se colaron por la ventana dando de lleno contra el rostro de Shougo quién sólo optó por taparse con una almohada. La resaca que tenía en ese momento era monumental, pues el alcohol que ingirió era de la más baja calidad.
Cuando logró controlar la migraña que le estaba dando, se levantó en busca de algo para que le quitase el creciente ardor en el estómago posiblemente por reflujo. Ayer no había probado bocado después de ver la fotografía de sus dos ex compañeros besándose, creía que vomitaría en cualquier momento, pero ahora sentía que moría de hambre.
De una gaveta, sacó una bolsa de frituras y comenzó a comerlas con desesperación en buscando apagar ese ácido que sentía en sus entrañas; masticaba, y volvía a masticar, pero nada le sabía bien en ese momento… peor era nada.
Cuando viró sus ojos, observó que sobre la corroída mesa de madera estaban las revistas que había comprado recientemente; en ellas, estaba en la portada su obsesión favorita, ese rubio seguía exhibiéndose como la puta que siempre supo Shougo que era. Una vena se reflejó en su sien, estaba realmente enojado con el rubio por el simple hecho de recordar ese absurdo beso que se dieron Kise y Aomine quien sabe cuándo y dónde.
Ahora tenía que mover unas cuantas cartas y hacer unos rondines para espiar y ver cuál era el momento indicado para hacerle una cordial vista e invitación al modelo.
—Recuerda Ryota— siseó las palabras con veneno e ira —, cuando te encuentras con el demonio, no puedes librarte tan fácil de él…
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Había pasado una semana de la fiesta de Kazunari. Kuroko y Kise se encontraban reunidos en el pequeño Café que tenía Murasakibara para charlar un rato; tenían bastante tiempo sin verse a solas y sentían que necesitaban el uno del otro para desahogarse, después de todo, tenían bastante tiempo de ser amigos y cómplices. El lugar se encontraba un poco desolado debido a la hora, pero para ellos era perfecto pues podían hablar sin necesidad de preocuparse porque alguien más escuchase.
Himuro iba de vez en cuando a la mesa que ocupaban los amigos de su novio… tenía un par de días que Atsushi se le declaró una de las tantas veces que lo acompañaba hasta el departamento que compartía con Taiga.
—Murocchi ¿Y esa sonrisa? — Preguntó el blondo al ver la línea curveada del otro.
—Parece ser que a alguien le sentó bien que su jefe se le declarase — respondió simple el celeste bebiendo un poco de café. A él le caía muy bien esa noticia, no tendría que preocuparse por alguna relación entre su novio y el pelinegro que en ese momento les atendía.
—Creo que todo comienza a ponerse en orden — dijo con tranquilidad recogiendo un plato que tenía Kise frente a él. El amor estaba en el aire, y era dulce, embriagador… el rubio tenía a su pareja y ya no tendría que preocuparse porque su chico le prestase demasiada atención al modelo.
—Opino lo mismo — Ryota simplemente no podía con la felicidad que le embargaba. Aomine y él estaban más estables que nunca y sus amigos comenzaban a compartir la dicha de tener al moreno nuevamente en su círculo de amigos.
El azabache atinó a corresponder el gesto de sus nuevos amigos. Comenzó a caminar hacia la cocina y por un instante, volteó a la ventana que daba a la calle. En ella, vio a un sujeto corpulento a unos metros del local; no podía identificarlo por la oscuridad, pero éste miraba hacia dentro, los veía… veía al rubio que estaba sentado a unos pasos de él y tenía una sonrisa morbosa tatuada en su rostro.
Se alteró un poco y por poco tiraba el plato que recién había recogido. En su afán porque no se rompiera, hizo una maniobra un tanto extraña para recuperarlo. Cuando estuvo nuevamente erguido, viró hacia la calle rápidamente, pero fue en vano porque ya no veía nada.
Quizá era su imaginación.
— ¿Sucede algo Murocchi? — El modelo observaba un comportamiento anormal en el otro y se preocupó por ello.
—Nada, estoy bien — no quería levantar malas vibras. Después de todo, últimamente se sentía cansado y su cerebro le pasaba malas jugadas como esa.
No muy convencido de ello, el rubio se volteó nuevamente a su posición tratando de dejar en paz a Tatsuya —. Por cierto ¿Alguien sabe dónde está el tonto de mi novio y su secuaz? Se supone que hoy iba a venir para ver a Murasakibaracchi — dijo mirando por enésima vez el celular sin noticias.
—Al parecer están atrasados con una emergencia que hubo en el distrito catorce — comentó Tetsuya recordando la llamada de emergencia que le hizo el pelirrojo hace unas horas cuando se encaminaba a la emergencia, diciéndole que el cuerpo policíaco también le acompañaría.
—No deben tardar en llegar ¿Gustan otra cosa mientras esperan? — Inquirió el pelinegro tomando su libreta.
—Yo quiero un Cappuccino, y una rebanada de pastel de mil hojas — respondió Kise sonriente mirando la carta.
Kuroko se sorprendió, el rubio no era de comer mucho, al contrario, si podía evitar la comida le resultaba mejor, incluso aunque Nene le insistía había veces en que ese chico no podía, ponía pretextos y evadía cualquier compromiso que implicara comer delante de la gente… pero al parecer, Daiki resultaba ser una buena influencia sobre él.
Sonrió diminutamente por el cambio que tenía su amigo lentamente.
—A mí un café americano descafeinado y un flan por favor.
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Un moreno y un pelirrojo se encontraban en una cancha desolada mirándose con ojos intensos, buscando desesperadamente en el otro algún punto ciego para hacer su jugada y dar por terminada la partida de basquetbol. El empate era reñido, después de haber ido a esa emergencia juntos se sintieron tensos y la mejor manera para poder liberar aquella adrenalina acumulada era un buen juego uno a uno entre ellos.
Daiki sonrió, Taiga se preocupó… el bombero sabía que el otro tramaba algo por la mueca autosuficiente y continuó esperando el momento para rematar contra el moreno; pero no contaba con la rapidez innata del policía y este le evadió en un amague veloz, lo vio brincar y clavar la bola en el aro para finalizar el juego.
—Demonios ¡La próxima vez te ganaré Ahomine! — Bramó Kagami al verse nuevamente derrotado por el otro. Chasqueó un poco la lengua y recogió su balón para comenzar a girarlo sobre su dedo.
—En tus sueños Bakagami — respondió el policía secándose el sudor de la frente con el dorso de su mano. Se encontraba cansado, al parecer los años comenzaban a hacer mella en él.
Ambos hombres tomaron asiento en medio de la cancha, acostándose para recuperar un poco aquel aire faltante y sobre todo, la energía que gastaron en la última media hora de intenso ejercicio. Kagami, sin embargo se sentía curioso por la actitud de su amigo… vaya que era bastante idiota, pero recientemente el chico parecía más bobo de lo común, más… enamorado.
Él nunca había visto a Aomine de esa manera.
—Oye — habló el pelirrojo esperando respuesta del otro y cuando obtuvo un ligero bufido prosiguió —, ¿Cómo van las cosas con Kise?
—Bastante bien — respondió un poco confundido por aquella pregunta tan repentina del otro —. Desde que Kise platicó con Midorima en la fiesta de su amigo, todo parece ir mejor entre nosotros y entre ellos…
— ¿Ellos tuvieron algo? — Inquirió curioso Taiga picando su propio estómago para distraerse.
—No precisamente… pero al parecer, el amargado tsundere significa alguien muy importante para él — masculló entre dientes el moreno al verse embargado por aquella extraña cercanía que mantenían su novio y su compañero de secundaria.
— ¿Y estás celoso?
— ¿Tú no lo estarías? — Daiki no quería parecer un celópata, y mucho menos delante de alguien tan burlesco como Kagami, pero parecía que aquello siempre le iba a hacer algo de mella.
—Supongo que sí — contestó el otro alzando los hombros. Claro que él estaba celoso; su novio mantenía un lazo especial con un tal Ogiwara, quien al parecer le abandonó ya hace algo de tiempo sin dejar huella —. Pero confío en Kuroko lo suficiente para saber que ahora él me ama a mí.
Aomine se calló unos momentos. Claro que él también confiaba en su novio, Kise sabía cómo llevar las cosas con él y su temperamento, aclarando todas las dudas que tuvo sobre su relación tan cercana con el peliverde. Pero no era ciego, y lo que ellos tenían era algo especial para el rubio y eso era algo que iba aceptando poco a poco. Después de todo, Shintaro fue quién más le estuvo apoyando desde las sombras cuando sucedió el incidente con Haizaki… y ahí fue cuando la sangre bulló en su interior.
El problemático de su ex compañero había cruzado un límite que él mismo le prohibió anteriormente. No se conformó con seducirle, robarle preciosos años de juventud; había sido capaz de transgredir la integridad de Kise, de forzarlo a tener relaciones sexuales, arrancándolo de su seno familiar, penetrando cada vez más en su mente con aquel maltrato psicológico que le hacía bajo su techo… incluso le arrebató una de sus más grandes pasiones al lesionarle el brazo.
Pero lo más grave de todo fue aquello que le hizo pasar al secuestrarle; logró torturarlo física y mentalmente de una manera que llevó al rubio al límite… donde el chico deseaba morir antes de seguir sufriendo.
Cuando observó las marcas y escuchó la historia del modelo, hizo uso de toda su capacidad mental para no perder la razón y volverse loco de ira. Ahí demostraba que había madurado aunque sea un poco, quizá el Daiki adolescente hubiese reaccionado de una manera violenta; pero él tenía que calmarse por el rubio y no espantarlo más de lo que el chico se encontraba.
Cada marca en la espalda deformada de Kise era una prueba de que tenía un pasado que él debía aceptar si quería estar con él. Claro que no iba a ser fácil, Ryota seguía teniendo esos recuerdos espantosos, era perseguido por el fantasma de aquel que le prometió felicidad y sólo le dio desgracia. Incluso podía verlo en sus ojos, los orbes dorados del chico reflejaban cierta inseguridad ante todo y todos…
Y eso nunca se lo podría perdonar a ese bastardo. Ningún castigo era suficiente para hacerle pagar por todo lo que le hizo. Nada podría recuperar aquel tiempo, aquella vida que el blondo tenía antes de enrollarse con él.
—Aomine, estás apretando demasiado ese balón — comentó Taiga irrumpiendo los pensamientos del moreno —. Si no lo sueltas, lo vas a reventar y me lo pagarás.
Daiki soltó el objeto rápidamente. Estaba sorprendido por la medida en que sus ideas le iban conduciendo a una furia que no podía ser comparada fácilmente. Volteó a ver al pelirrojo que tenía junto a él.
—Bakagami, necesito un favor — dijo el policía serio.
—Si es sobre matar a alguien y desaparecer la evidencia cuenta conmigo — respondió jocoso y divertido volteando a ver al otro, esperando así la risa del moreno. Sin embargo, la mirada seria del otro le dio a entender que le había arrebatado las palabras de la boca—. ¡¿Realmente quieres que matemos a alguien?! — Se levantó de un solo brinco espantado de la sola idea.
—No es problema, es una escoria de la sociedad y lo merece — contestó simple Daiki poniéndose de pie lentamente.
—Esto no es un juego Aomine— el sudor, que había desaparecido, comenzaba a llenar las manos del pelirrojo en señal de nervios y angustia.
—Tampoco lo que te estoy diciendo.
El rostro frustrado del policía intrigaba bastante a Taiga quien no creía como la desesperación ganaba terreno en las palabras del otro. Su mirada se suavizó un poco, quitando el horror de ella y se acercó al moreno que yacía frente a él; alguna buena explicación debía de haber detrás de aquella frase dicha con tanto odio.
— ¿Realmente quieres hacer eso? — Jamás fue bueno en inmiscuirse en asuntos ajenos, pero desde que se relacionaba con el celeste, podía intentar un poco ser directo con las palabras para lograr entender a la otra persona.
—No — realmente no quería hacerlo, la muerte era poco castigo para ese individuo —. Pero no quiero que siga atormentándolo. Quiero hacer a Kise feliz, pero sé que mientras ese imbécil siga por ahí libre, él estará siempre angustiado.
—No entiendo nada de lo que me dices y supongo que no me lo dirás — era cierto, Kagami se había acostumbrado al silencio de Daiki, quien tardó tiempo en revelarle su culpa sobre la muerte de su madre. En cierta forma, estaba acostumbrado, el moreno no era de las personas que van por ahí y comparten su vida —, pero me doy una idea de lo que se trata, después de todo Kuroko me compartió un trozo de ese relato. Pero creo que Kise ha sido buena influencia en ti, y tú en él — comentó sonriendo levemente al moreno —… todo debe ir a su tiempo y ritmo. Quizá sea cierto y ese bastardo ocupe la mente de tu novio, pero irás ganando terreno mientras sepas cómo actuar.
Aomine se sorprendió un poco por aquellas palabras del pelirrojo. Era cierto que cuando el bombero se metía en el papel, solía ser un buen consejero. Meditó poco a poco las palabras del otro, reflexionando entre líneas, entendiendo a lo que se refería. Ladeó un poco su mueca y comenzó a formar una sonrisa en su rostro, tranquilizando sus instintos asesinos.
Lo mejor que podía hacer por Kise para librarlo de la tortura actual de Haizaki, era comenzando a ganar terreno en la vida del rubio. Había perdido muchos años, y era el momento de recuperarlos.
— ¿Te han dicho que puedes ser muy directo y cursi? — Inquirió Daiki poniendo su mano en el hombro del otro.
—Cállate, jamás volveré a decirte algo que te anime — comentó Kagami con una clara vena en la sien. Aunque no pasó de ello, pues sabía que era la manera como Aomine daba las gracias.
Ambos estaban callados, pero no les molestaba aquello. Eran tan parecidos que sabían que aquello era sólo una plática finalizada con un supuesto final feliz. Daiki se acercaba lentamente para chocar los hombros como un par de buenos amigos; pero no contaban con la presencia de otras dos personas que les miraban en el umbral de la cancha.
— ¡Ustedes, malnacidos y despreocupados! — Gritó una chillante voz irrumpiendo el momento al instante en que llegaba y separaba a ambos cuerpos, abrazando al moreno por la cintura y mirando desafiante al bombero —. No te acerques tanto a mi novio… y yo que te consideraba mi amigo.
Kise recibió un mensaje de Takao diciéndole que su pareja y el otro estaban en un parque cerca del local de Murasakibara acostados y mirando el cielo tranquilamente. El rubio se levantó iracundo y el celeste le hizo segunda; ambos iban bastante enojados hacia el lugar acordado, pero cuando llegaron vieron como ambos se miraban con una sonrisa y para su gusto, se encontraban bastante cerca, más de lo que ellos consideraban "normal".
—Kagami-kun ¿Qué le ves a Aomine-kun para permitirle que te diera un beso? — Ante la mirada confundida del pelirrojo, quien no le daba una explicación razonable, Tetsuya optó por voltearse hacia otro lado y dejar que una vena palpitante en su mejilla brotara —. Te quedas sin sexo por un mes, Kagami-kun.
—¡¿Qué?! — Esa amenaza por parte de su pequeño novio era más de lo que Taiga podía soportar—. ¡No es lo que piensas!
—Es toda tu culpa Bakagami… para que me seduces de esa manera — dijo el policía divertido con la escena de celos que se montaban el modelo y el educador.
— ¿Qué idiotez dijiste? — Vaya que el moreno no le ayudaba nada con lo que acababa de decir; enojado, volteó a verlo y le dio una mirada de muerte.
— ¡No vuelvas a acercarte y seducir a mi novio Kagamicchi! — Ryota seguía abrazando a Aomine, como defendiéndole del otro.
—Eres un infiel Kagami-kun — la voz de Kuroko se notaba levemente molesta y bastante irritada.
Ese día, Taiga se rindió y entendió que jamás podría con dos novios celosos y un amigo que le encantaba joderle la vida.
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Habían pasado dos días desde que surgió la confusión sobre el pelirrojo y su novio… claro que confiaba en Aomine, pero no en aquel tipo de mirada borgoña que rogaba desesperado por un perdón de su pequeño amigo Tetsuya. Aunque después de todo, el moreno le aclaró las cosas diciéndole que sólo le gustaba mirarle celoso. Vaya forma de divertirse a costa de sus sentimientos.
Después de alejarse de Kuroko y Kagami, el policía y él habían tenido mucho tiempo de calidad. Los mimos y los besos no se hicieron esperar apenas entraron al departamento de Daiki, quien no le había dejado salir todo el domingo de su casa.
Aunque lo quería no… no habían tenido relaciones ese día, pues el moreno decidió que se la pasarían viendo películas de las que él prefería y comiendo cuanta cosa se les ocurría; "Un amor para recordar" y "Un pedacito de cielo" eran sólo un par de todo el repertorio del tren del romance que abordaron aquel día frente al televisor. Aomine se pasó todo el día consintiendo cada uno de sus caprichos, desde el más mundano hasta el grado en que renunció un poco a su ego y fueron a la plaza más cercana y se tomaron fotos en una cabina juntos.
Estaba maravillado con todo lo que el policía hacía por él. Todo parecía pintarse de colores en su mundo desde que el mencionado había aparecido en su vida. Y estaba muy agradecido por ello.
Pero esa tarde tenía una cita para una firma bastante jugosa que le había conseguido Nene recientemente y tenía que concentrarse en ella. Al parecer, la campaña del beso en el que participaron ambos había sido noticia de manera positiva dentro de su carrera como modelo y decidieron que él sería perfecto para una campaña de ropa donde los fondos recaudados iban destinados a instituciones que brindaban servicio a los jóvenes desamparados por rechazo y violencia familiar.
Él estaba bastante emocionado, pues su carrera daba un brinco que iba más allá de lo superficial para ahondarse en problemáticas sociales que le interesaban. Siendo así, se arregló más de lo normal, se perfumó y tomó su celular para teclear y decirle a su protector novio la dirección donde iba a ser el evento. Cuando terminó de enviar el mensaje, agarró sus llaves, se puso sus botas y abrió la puerta con una sonrisa.
Vaya que ésta se desvaneció cuando contempló el demonio encarnado delante de sus narices. El horror y la angustia no tardaron en apoderarse de todo su cuerpo y le hicieron flaquear las piernas.
—Yo, Ryota ¿Me extrañaste?
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"Ámame u ódiame, están ambas a mi favor.
Si tú me amas, yo siempre estaré en tu corazón.
Si tú me odias, yo siempre estaré en tu mente."
William Shakespeare.
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Yo lo siento mucho, poco a poco voy recobrando los ánimos para escribir y terminar ésta historia que aclaro, a pesar del tiempo y todo, nunca dejaré abandonada.
Mil gracias a: Mika, Nanami Kuchiki, Arcoiris Alcachofa, Fujimy y ShioriOrihara por los reviews. Sus palabras son lo que me permite e impulsa a seguir adelante. Tambien muchas gracias a los que van agregando a favoritos a la historia y a su servidora; también por los follows :3 Los comentarios los respondo poco a poco, tenganme poquita paciencia... ah, y los anónimos, los contesto en el siguiente capítulo.
No escribo mucho porque voy de salida. Los leo en los maravillosos comentarios ;)
Besitos de sangría y vino espumoso ¡Feliz Navidad a todos!
Cadiie Mustang.
