¡Hola! —Recibe las miradas de odio, los tomatazos y las piedras.

Bien, aquí Cadiie dejando un capítulo de "Algo contigo"... Espero no me maten y disfruten~ (?) Agradeciendo, nuevamente y como siempre, a mi hermosa y sensual beta Erza-san que como siempre, arregla todos mis fallos.

Advertencias: Angst y Drama.

Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados para crear esta historia.


Capítulo XVI

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Aomine se dejó caer en el asiento de su pequeño escritorio de la Jefatura de policía. No había tenido mucho descanso durante el día archivando unos cuantos pendientes y siendo llamado para atender una escena de violencia intrafamiliar en un distrito cercano. Cuando su cuerpo sintió un lugar cómodo para descansar, se relajó de manera automática y se torció de una manera incómoda a la vista, pero que para él era la gloria.

Antes de irse a la emergencia, le llegó un mensaje de Kise diciéndole que iba de salida hacia la agencia para firmar el contrato de la nueva campaña que iba a hacer de la nueva campaña; no entendió mucho de todo el papeleo que se debía de realizar, pero mientras viera al rubio feliz, él le apoyaría sin dudar. Sólo atinó a contestarle en breve que ahí lo vería para acompañarlo a su casa.

Tomó su celular y checó la hora, apenas pasaban de las cinco de la tarde. Suspiró hondamente y bebió un sorbo de su bebida energética para refrescar un poco su seca garganta. Aunque no externara nada, estaba ansioso porque dieran las siete para poder pasar por su novio y estar unos minutos con él como lo había prometido. Últimamente las cosas fluían de manera espectacular entre ellos y eso se debía a su constante lucha por aparecer en la mente de Ryota todo el tiempo; se sentía orgulloso de los logros que le permitían acercarse y conocer más a profundidad al modelo.

Pero aún tenía unas cuentas que arreglar con alguien. Volvió a tomar su celular y tecleó hasta llegar al contacto que deseaba.

—Satsuki, necesito otro favor — un bostezo se apoderó de su voz y se recargó en su escritorio.

¡Dai-chan! Aún me debes el pasado que te hice — una voz chillona provino del otro lado de la línea obligándolo a separar un poco su oreja; al menos despertó con ello —. ¿Qué te hace creer que haré otro?

—Guarda tus reclamos para otro momento, necesito un favor y es urgente — dijo sin sentir un poco de compasión por ese berreo que escuchaba por parte de su amiga —. Requiero me consigas información sobre Haizaki Shougo, nuestro ex compañero de secundaria.

¿Haizaki-kun? — La voz de la chica sonaba descolocada —. No sé qué tengas pensado Dai-chan, pero cuenta con ello, mañana mismo te doy un informe de todo lo que logre recopilar.

—Todo es útil si se trata de esa alimaña — masculló entre dientes —. Ahora para pagarte, te llevaré un día entero al centro comercial y escogerás todo lo que quieras.

No necesitas hacerlo — el moreno abrió los ojos y se irguió en su asiento ¿Qué acababa de escuchar? —. Se trata de ayudar a Ki-chan ¿cierto? Últimamente haces todo lo que puedas por él y eso me da gusto — realizó una pausa y la voz de la pelirrosa se volvió tranquila —. No sé qué tenga que ver Haizaki-kun con todo esto que me pides, pero te ayudaré.

—Eres muy amable cuando te lo propones; si no estuvieras a punto de casarte te robaría sin dudarlo, tetas grandes — se mofó un tanto agradeciendo con todo aquello que la chica siempre ha hecho por él.

¡Ganguro! Sigues diciendo eso y le diré a Imayoshi que te duplique el trabajo por andar coqueteando con su prometida — ante la amenaza de Momoi, una gota de sudor recorrió la sien del policía —. Bien, me voy a hacer tu encargo ¡Salúdame a Ki-chan!

El incesante tono indicaba que la llamada finalizó y sonrió diminutamente bastante feliz por su reciente descubrimiento; al parecer contaba con muchos amigos sin que él los estuviera buscando… pocos, pero significativos y leales.

Caminó hasta la máquina de expendio de café que había cerca de su escritorio y esperó a que su vaso se llenara. De pronto, su celular en el bolsillo comenzó a vibrar indicando una nueva llamada de un número desconocido, pero no le dio mayor importancia y contestó.

—Yo — saludó a su manera esperando que la otra persona contestara, pero nadie hablaba —. ¿Hola?

¡Daiki-kun! — Una voz bastante chillona que logró taladrarle los oídos con ese gran grito le obligó a despegar el aparato de su oreja; lo bueno de todo ello es que sabía quién estaba al otro lado de la línea —. ¡No puedes ir haciendo lo que se te venga en gana!

—Buenos días Nene — contestó con sarcasmo el moreno. Con trabajo, se colocó el teléfono en el hombro para preparar su café —. Cómo sea ¿De qué mierdas hablas? Soy Aomine Daiki, claro que puedo hacer lo que se me venga en gana — una sonrisa petulante adornó su rostro.

Desde la cena familiar, Nene y el policía mantuvieron una buena relación en pro del rubio, quien berreaba al ser tratado como niño, pero no había más opciones. Aun con el carácter fuerte que poseía cada uno, habían logrado congeniar muy bien; ella lo había aceptado como pareja de su hijo.

Olvídalo, es inútil discutir contigo, niñato absurdo — una vena resaltó en la frente del moreno, no muchos se atrevían a llamarle niñato y ella le decía esa palabra cada dos de tres veces —; pásame a Kise-kun, tengo que darle una tunda por no haber llegado a la firma. Afortunadamente logré que la pospusieran para mañana…

— ¡Espera! — La voz imponente de Daiki interrumpió el discurso que tenía la manager —. ¿Me estás diciendo que Kise no llegó contigo?

¿Kise-kun no está contigo ahorita? — Susurró con una evidente preocupación la señora Tsumori —. C-creí que se había quedado contigo ayer en la noche después de que lo recogiste…

—Por supuesto que no, Kise me comentó que tenía un negocio importante el día de hoy y tenía que dormir adecuadamente — en un momento, las manos de Aomine comenzaron a temblar, algo no estaba bien en ese relato —. Además, me envió un mensaje hace un par de horas comentándome que iba saliendo de su casa para ir contigo — el miedo se apoderaba lentamente de su cuerpo ante todo lo que su mente comenzaba a elucubrar sin medida.

No puede ser… Daiki-kun — la voz dubitativa de Nene le provocaban escalofríos y sin medirse, apretó el vaso de café en su mano haciendo que éste se derramara sobre su mano; pero no sintió nada, en ese momento no podía pensar en otra cosa que no fuera el rubio —… no creo que…

—Lo siento Nene, voy a colgar. Cualquier cosa que sepas de Kise llámame.

Y colgó saliendo del departamento policíaco corriendo y sin avisar. Sacudió con fuerza el líquido de su extremidad, realmente no le importaba que le haya causado una quemadura, lo único que quería era ver que Ryota estuviese bien.

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Kuroko no dejaba de mirar lo bien que lucía el traje de bombero su novio. Ese día en el jardín de niños se realizó una actividad de profesiones y Kagami se ofreció como voluntario para ir a hablar sobre lo que hace él en su trabajo y para ello llevó todo lo necesario, incluso llegó en un camión pequeño con manguera y escaleras. La cara del celeste, a pesar de ser estoica, relucía con un brillo bastante peculiar al admirar los músculos trabajados de su novio.

Sin embargo, no le gustaba que despertara fascinación en el grupo de féminas que le miraban sin vergüenza alguna. No había ninguna que no se le haya insinuado al pelirrojo con otras intenciones en su cara. Sus ojos se achicaron ante la última mujer que se atrevió a tocar el hombro del bombero en señal de completo disgusto.

Taiga, de un momento a otro, se encontraba a su lado. No se había percatado del momento en que había cruzado del otro extremo del patio hasta llegar a él.

—Kuroko ¿estás bien? —Inquirió Kagami bastante preocupado por ese ligero tic que apenas se podía distinguir en la ceja del otro.

—Claro que no estoy bien Kagami-kun. Esas mujeres te están coqueteando frente mí y no puedo hacer nada— contestó malhumorado y con una ligera vena brotando en su sien.

—Estás celoso— susurró casi con victoria en sus palabras el pelirrojo. Su mirada se ablandó levemente y levantó su mano para acariciar la mejilla del celeste mientras una gran sonrisa adornaba su rostro —. Sabes que nadie se compara contigo…

Kuroko se dejó cautivar por esas últimas palabras y cerró los ojos disfrutando de ese ligero contacto que recibía por parte del bombero. Estaba a punto de dejarse llevar y pararse de puntillas para robarle un solo beso a su novio… pero el incesante tono de su celular irrumpió un momento bastante significativo para él. Sacó el aparato del bolsillo de su pantalón y juró que haría pagar muy caro a la persona que le marcaba en ese momento.

Se irritó al comprobar el remitente.

—Aomine-kun, te mataré — dijo con una ligera aura demoniaca rodeando su pequeño cuerpo. Kagami estaba nervioso y rezó por el alma de su amigo.

—Deja de lado eso Tetsu, no estoy para amenazas —contestó el moreno tajante ante las palabras del educador— ¿Kise está contigo?

— ¿Kise-kun? — En segundos disipó aquella pesada bruma que se encontraba sobre él y comenzó a preocuparse —. No está conmigo en este momento ¿sucede algo?

—Tsk, maldición — los improperios que salían de la boca del policía resonaban en el oído del educador—. Escucha, Kise no aparece y necesito saber si está bien. Si sabes algo de él llámame de inmediato. Nos vemos.

—Pero…

Y el tonó de colgado se hizo presente. Un abrumador escalofrío recorrió la columna vertebral de Kuroko y por primera vez en muchos años sintió miedo; sus ojos se abrieron de par en par con el asombro y el pánico se apoderaba rápidamente de sus manos, comenzando a temblar y tirando el celular en el proceso…

"Kurokocchi… sé que él está cerca."

"Kise-kun, él no es tan idiota como para aún seguir tras de ti. Bastante le hizo pagar Akashi-kun…"

"¡Te digo que lo sé! Él siempre lo ha estado… tengo mucho miedo ¿estarás conmigo siempre, verdad?"

"Lo estaré…"

Tetsuya se sintió la peor basura del mundo, ese día ignoró las advertencias del rubio. Prefirió no hacerle caso a lo que decía su amigo, pues ya había sucedido anteriormente aquello cuando las crisis de ansiedad eran regulares; creyó inútilmente que de esa manera no alimentaría la fantasía del modelo y éste se olvidaría de ello para continuar con su vida.

Pero todo fue en vano.

—Kagami-kun, hay problemas y necesitamos movernos—dijo en voz seria mientras halaba el cuerpo del pelirrojo hasta la salida del plantel junto con él. No tenía tiempo en avisar, ya se disculparía después.

— ¿De qué me estás hablando? ¿Qué sucede Kuroko? — La actitud ansiosa y torpe del otro le hacía sentir inseguro, pues algo muy malo debió de haber sucedido para que la cara estoica se descompusiera en una de miedo. Llegaron hasta la calle y abordaron el primer taxi que vieron pasar.

—Kise-kun está desaparecido — musitó lleno de impotencia, apretando sus manos en el proceso hasta volver los nudillos blancos.

La mirada de Taiga se puso irritada. Claro que era bastante malo que el modelo no apareciese por ningún lado, pero lo que más le dolía a él era sentir todo el reproche que se decía a sí mismo el celeste. No le gustaba ver a su novio así.

—Lo encontraremos— dijo poniendo su mano sobre la mata azul del otro y despeinarla levemente —, lo haremos así sea lo último que hagamos — diciendo esto, levantó su puño frente al otro esperando apoyo en sus palabras.

Tetsuya, dentro de todo lo negativo que cruzaba en su mente en ese momento, un pensamiento de felicidad se coló como una leve esperanza y levantó su mano de la misma manera para chocar los nudillos y después entrelazar los dedos.

Estaba contento de tener a un novio tan seguro y confiable como lo era Kagami Taiga.

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En cuanto le colgó a Tetsuya, Aomine chasqueó la lengua, se subió a su moto e inmediatamente comenzó a conducir con velocidad por las transitadas calles de Tokio para llegar; el aire en su cara era helado, pero poco le importaba en ese momento. Miles de imágenes rápidas del rubio cruzaron por su mente: desde el momento en que volvieron a reunirse, hasta la última sonrisa que vio de éste cuando lo dejó la noche anterior en su casa.

Estaba asustado y bastante preocupado. Intentó marcarle muchas veces, pero en cada una de las llamadas la línea se desviaba inmediatamente al buzón de voz y eso sólo incrementaba su angustia.

No le importó que estuviera a punto de chocar contra un tráiler, o el hecho que le iban a llegar a su domicilio facturas de tránsito por pasarse algunos semáforos en rojo… Nada de eso valía en comparación con la simple necesidad de saber que el otro estaba a salvo.

El aire sobre su rostro, que antes le sabía a libertad, ahora podía compararlo con un extraño augurio de malas noticias; como si éste le gritara que a dónde se dirigía no iba a encontrar algo agradable.

Al llegar al complejo departamental, botó el vehículo en la acera sin siquiera estacionarlo bien y se pasó sin saludar al portero –aunque no es como si lo hubiese visto –; tampoco tuvo la paciencia para esperar el elevador y corrió desesperadamente por las escaleras hasta el piso de Kise y llegar frente a la entrada del departamento. Se detuvo abruptamente en el acto, estaba bastante nervioso, sus manos sudaban y un cúmulo de emociones se manifestó simultáneamente en su estómago revolviéndolo.

Sacudió su cabeza despejando cada insano pensamiento que traía al presente su mente y estiró su mano para girar la perilla, pero ésta no cedió. Optó por tocar el timbre una, dos, siete y quince veces también sin resultados. Desesperado, echó su cuerpo unos pasos hacia atrás y con una certera patada derrumbó la puerta.

— ¡Kise!

Gritó apenas entrando a la morada, pero su voz se apagó cuando vio como estaba destrozado el interior: la mesa de centro estaba boca abajo; los escasos portarretratos que había sobre una pequeña cómoda se encontraban rotos en el piso; el florero de la entrada yacía tirado y con el agua aun cayendo.

La penumbra reinaba en el lugar y otorgaba un escenario bastante tétrico; pero su mente se bloqueó y la ira corrió por sus venas cuando vio un pequeño charco de sangre que había absorbido la alfombra de la entrada y junto a éste yacía el celular del rubio. La pantalla estaba estrellada y evidentemente le habían pisoteado; con cuidado, levantó el aparato e intentó encenderlo, viendo que no se había visto afectado el funcionamiento y lo único que mostraba era una notificación.

Era aquel mensaje que él le había enviado.

No le importó el departamento en ese momento y corrió hacia la entrada nuevamente por las escaleras hasta que logró divisar el pequeño escritorio que tenía el portero. Sus pulmones pedían a gritos un poco de oxígeno, pero no podía darle ese lujo, no cuando sentía como su corazón quería salir desde su garganta y pedía a gritos saber del rubio.

— ¡Hey tú! —Llegó gritando al hombre encargado de registrar a las personas que ingresaban al edificio. El sujeto regordete tenía puestos unos audífonos y continuando con su vista sobre una revista, asintió para que prosiguiera; sin embargo, esto a Daiki le hacía enojar más—. Maldición, te estoy hablando — masculló arrancando los auriculares y no conforme con esto, los azotó en el piso.

— ¿Quién demonios te crees? — Remilgó el portero mirando como su aparato nuevo había sido despedazado.

— ¿Kise Ryota del departamento 703 ha salido hoy? — Inquirió Aomine con voz atropellada.

— ¿El modelo del 703? Esa información es clasificada joven— contestó con desdén e intentó recuperar su reproductor, pero el pie del moreno lo impedía—. Mierda, ya te dije que no puedo decirlo.

—Me vale dos kilos de verga que no puedas — vociferó perdiendo la poca calma que tenía—, acabo de ir a su piso y su casa está hecha un asco; alguien lo ha sacado a la fuerza y tú eres el único responsable de ello. Exijo saber qué demonios sucedió — gritó tomando por la camisa al individuo que había desatado su lado bestial.

El hombre abrió sus ojos de par en par evidentemente asustado y su cara comenzó a emitir una especie de extraño sudor. Y no era para menos, el policía tenía un rostro que reflejaba furia y ni una pizca de juego; sus ojos eran como dos dagas capaces de enterrarse en el momento que él quisiera y eso le provocó terror al otro.

Definitivamente el moreno no se iría de ahí sin una respuesta.

Dobló su rostro de lado como si intentase recordar algo y cerró los ojos como si así presionara a su memoria —. Hace unas horas, un tipo llegó y empezó a platicar conmigo. En un momento me enseñó unas canciones que traían buen ritmo y jugamos un poco, me comentó que quería visitar a un amigo, pero quería que fuera sorpresa— calló unos momentos para respirar con dificultad —… al salir, ya no los vi porque me quedé dormido.

— ¿Cómo era ese sujeto? — Preguntó con rudeza y acercando aún más al otro.

—N-no lo sé… alto como tú, p-peinado extraño con trenzas y ojos grises — contestó tartamudo y bastante nervioso —. Juro que es lo único que recuerdo.

La mirada del moreno se oscureció y aventó al hombre al pequeño banco en el que estaba sentado. Sus manos se volvieron puños y los apretó, chasqueó su lengua y su mandíbula se tensó; en un momento se percató cómo sus uñas se enterraban en la palma de su mano con fuerza, probablemente le sacaría un poco de sangre, pero no importaba.

Ya nada importaba.

Sólo había una persona que encajaba con esa descripción.

Haizaki Shougo.

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Cuando volvió a la estación de policía y aparcó la moto en su lugar, observó en la entrada del edificio una camioneta que conocía de antemano y suspiró fastidiado. Tomó el puente de su nariz con sus dedos y bufó internamente. Las cosas se estaban complicando más de lo que podría controlar él solo…

¿Cómo vería la cara de Nene y confirmarle que sus sospechas son correctas? ¿Qué le diría a Ren? ¿Al señor Tsumori? ¿Cómo enfrentar a la familia que había acogido con amor al rubio y le había dado seguridad?

Mil dudas sobre él estaban rondando en su mente. Reclamos a sí mismo e improperios a su inteligencia. No pudo proteger a su madre y ésta terminó muerta, su padre se encontraba lejos de él en ese momento porque no logró retenerle. La vida de su persona más especial estaba en manos de un maldito sociópata que desde chico debieron de haber mandado al reformatorio…

Aunque de nada serviría aquello.

Empuñó su mano derecha y la impactó en su abdomen con fuerza. Si no fue capaz de cuidar a Kise por unas cuantas semanas ¿Qué le hacía creer que podía de recuperarlo?

Di un suspiro hondo y miró el cielo que comenzaba a tornarse oscuro por la noche que se avecinaba. En ese momento, cuando supo dónde y con quién estaba su novio; cuando ya no logró pensar en otra cosa que no fuera él… se desvaneció. Sus piernas flaquearon y sus rodillas golpearon el pavimento lastimándose en el proceso.

Heridas… ¿Qué eran esos miserables golpes en comparación a lo que podría estar sintiendo Ryota en ese momento?

El frío del viento golpeaba sus mejillas; los sonidos se escuchaban y el eco retumbaba a lo lejos recordándole que estaba solo; las farolas de la ciudad no servían para iluminarse ni un poco… no cuando le faltaba lo que le brindaba más brillo que un sol.

Un nudo comenzó a formarse en su garganta y sentía la impotencia crecer en desmedida. Su cuerpo dolía y su mano herida imploraba atención médica.

Por un instante, sintió como su corazón se detuvo.

Las lágrimas, que antes intentó evitar, corrían sin vergüenza por su rostro, empapando sus mejillas hasta perderse en el cuello. El pecho le ardía, el estómago le quemaba… preferiría que le arrancaran la piel o que sus huesos fueran rotos uno a uno antes de seguir sintiendo aquel dolor que le carcomía su ser.

En un arranque de ira, dejó caer los puños sobre el asfalto una y otra vez.

Estaba desesperado. Quería recuperarlo.

Pero no sabía cómo. No tenía idea de si podía hacerlo.

Se abrazó a sí mismo buscando un poco de consuelo.

Imploraba dormir y nunca despertar.

Deseaba estar muerto…

—Aomine.

Una voz firme sonó por encima de su cuerpo; podría reconocer ese tono auto-suficiente aunque pasaran siglos y abrió sus ojos mirando la altiva figura que le miraba desde arriba y extendía un vaso. Su llanto paró en el acto y secó torpemente su cara, pero sus ojos se mantuvieron rojos en espera de poder seguir desahogándose. Su férreo agarre se suavizó sólo un poco, pero seguía hincado y sin fuerzas.

—Debes levantarte — ordenó el otro ahora a la altura a la que estaba el moreno y con sus ojos penetrantes le miraba con enojo —. Él lo está pasando peor en este instante ¿Y tú estás aquí sin hacer nada?

—Tú no entiendes…

—El que no entiende nada eres tú— contestó tajante y arrojándole el líquido que contenía el vaso a la cara, siendo éste un intento por evitar golpearlo —. Estoy seguro que él ahora está siendo fuerte por ti, soportando todo lo mejor que puede y tú tienes la obligación de buscarle.

El policía se calló al instante de escuchar aquella gran verdad y volvió su mirada al cielo. No se molestó por haber sido mojado ni mucho menos que aquella persona le vea tan vulnerable y decaído. Su mirada buscaba desesperado la primera estrella que apareciera para recordarle algo que había olvidado…

"Quiero que lo encuentres y luches por él; aférrate con uñas y dientes… jamás lo dejes ir."

—Si sigues estando ahí sentado, te daré una golpiza que ni tu madre podrá reconocerte.

Aquella persona que le hablaba en ese momento no era de muchas palabras ¿Por qué venía y le decía todo aquello?

"Cuida mucho a Ki-chan y atesóralo."

La carta que su madre le dejó antes de dormir cruzó su mente como un reproche ¿Qué estaba haciendo en ese estado? No era él, esa persona abatida no podía ser el gran Aomine Daiki.

—Estarás idiota— respondió ante esa amenaza con una voz natural y una sonrisa autosuficiente en su rostro. Se apoyó en sus rodillas y con esfuerzo se levantó a la par del otro y le miró confiado—. No podrías contra mí ni en un millón de años.

—Entonces no pierdas el tiempo.

—No lo haré—dijo convencido de aquello y tomó el hombro ajeno con su mano para apretarlo un poco—. Gracias Midorima.

Gracias también a ti, mamá.

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—Onii-sama — gritó Ren en cuanto vio al moreno entrar por la puerta del departamento donde laboraba y corrió hacia él desesperado; se arrojó a su cuerpo, abrazándolo con fuerza y levantando su mirada llena de miedo —. ¿Verdad que encontrarás a aniki? — Inquirió enterrando una estaca en el corazón de Daiki —. ¿Verdad que podrás volver a traerlo? ¿Cierto?

Aomine había entrado poco después de que el pasante se dedicara a atender sus múltiples golpes auto-infligidos con un botiquín que tenían en la recepción del lugar. Había pensado en como Nene le haría pagar por su descuido, las mil y un formas en las que ella podía llegarle, pero al verla tan triste en brazos del señor Tsumori le hizo percatarse de su error… ella nunca haría algo como eso.

No cuando la vida de su hijo corría peligro.

Volvió su vista a la persona que le tenía amarrado con sus brazos. Los ojos vidriosos del pequeño castaño imploraban esperanza… que le otorgara la ilusión de que volvería a ver al rubio nuevamente.

Con su amplia mano, tomó la cabellera café y la despeinó levemente, se colocó en cuclillas para estar a la altura del adolescente y le miró con cariño.

—Lo traeré de vuelta, lo prometo con mi vida.

Realizó el juramento tocándose su corazón. El otro no hizo más que intentar sonreír ante la oportunidad que le daba el policía.

—Vamos por un helado Ren-chan — comentó Takao –quien había contemplado toda la escena-, con una sonrisa y tomó la mano del chico que en ese momento se veía más indefenso que un cachorro—. Los adultos tienen que hablar de unas cosas y nosotros iremos a despejarnos de esta mala vibra un rato ¿Vale?

—Si — musitó el chico tallándose los ojos hasta quitarse el resto de las lágrimas y se encaminó a la salida con el pelinegro escoltándolo.

Todos los presentes en ese momento veían cruzar la puerta a las dos únicas personas que tenían una personalidad tan viva como la del mismo Kise. Shintaro regresó sus ojos esmeralda a todos los que habían sido reunidos en cuestión de horas.

Caras amargas. Ceños fruncidos y la preocupación podía partirse con un cuchillo.

—Dime, Daiki-kun — llamó el señor Tsumori aun consolando a su esposa —. ¿Kise está con ese maldito, cierto?

Era una pregunta fácil de contestar. Un sí bastaría.

Pero era la palabra más difícil de pronunciar en toda su vida.

Tragó duro esperando que aquello despejase sus cuerdas vocales.

Era el momento.

—Si — contestó Aomine irritado y con un tinte de impotencia en su voz.

La cara de intensa angustia aumentó en el rostro del adulto y un llanto desgarrador provino de la garganta de Nene; el sonido fue opacado por el pecho de su esposo.

Daiki no se había sentido en toda su vida incompetente.

—Es momento de actuar — dijo Midorima al momento de sentir aquella tensión en el aire. Pero él también estaba así e incluso peor. No permitiría que ocurriera la misma historia dos veces, no cuando él podía impedir que aquello sucediera. Acomodó sus gafas en un gesto elegante y tronó su cuello contracturado.

—Hace un par de horas hablé con Satsuki, le dije que investigara todo lo que pudiera sobre esa rata, espero pronto me pase un informe — dijo el policía observando nuevamente su celular en busca de alguna notificación pendiente, pero no veía nada y chasqueó la lengua en disgusto.

Todo estaba relativamente tranquilo, esperando a que las noticas llegaran por parte de la pelirrosa. Imayoshi no perdió oportunidad y reprendió a Daiki por salirse sin avisar… pero dejó en claro que su castigo vendría después de que encontrara al modelo y lo regresara a salvo con la única familia que tiene. El moreno no pudo evitar sonreír, al parecer su jefe no era tan rudo después de todo.

El café de la máquina se agotaba mientras avanzaba el reloj. La impaciencia se iba apoderando de los pensamientos de todos y la interminable noche anunciaba que era muy tarde. Takao se había ofrecido para cuidar al pequeño hijo de los Tsumori durante la noche, a lo cual ellos accedieron y agradecieron todo el apoyo que les brindaban.

En un momento de la madrugada, cuando creyeron que todo estaba solo, ingresaron corriendo a la oficina Kuroko y Kagami; seguidos de cerca, entraron Murasakibara e Himuro, que traían consigo a un niño que no pasaba de los 10 años de ojos adormilados y cabello lila.

Sabían que ese tenía que ser hermano de Atsushi.

—Aomine-kun, al parecer Kiyokazu vio a Kise hace un par de horas…

— ¿Qué? — Exclamó sorprendido el moreno y mirando fijamente al niño que se tallaba sus pequeños ojos y llevaba una pijama en forma de mameluco. Ahora la mirada de todos se dirigía a la copia del Titán de Yosen.

—Estábamos reunidos en casa de Murasakibara hablando de esto— prosiguió hablando Taiga —, y éste enano — señaló al niño — dijo que había visto a Kise al salir de la escuela cerca del centro comercial en Shibuya…

— ¿Es cierto todo lo que dicen? — Inquirió Daiki ansioso por más información.

— ¿Eh? — La voz desganada indicaba que el pequeño quizá sólo se paró a tomar un poco de agua y había comentado aquello restándole importancia; pero para ellos era de prioridad —. Sí, Kise-nii estaba paseando en el centro comercial con un tipo feo…

— ¿Viste o escuchaste algo importante? — Volvió a interrumpir Aomine.

—No~, sólo sé que iban a salir de Tokio — comentó ante la mirada de desconcierto del moreno—… Lo sé porque el tipo feo compró boletos de tren para ir a las afueras de la ciudad. Creo que Kise-nii no quería ir, se veía molesto — su cara se volvió al más alto de todos los presentes y estiró sus brazos —. Aniki, ya dije lo que me pediste ¿me puedes cargar para dormir?

—Lo hiciste bien Kiyozaku — felicitó Atsushi dando unas suaves palmaditas en la mata del niño y después lo cargó —. Mine-chin parece muy preocupado por lo que Haizaki pueda hacerle a Kise-chin… tal como en secundaria.

El simple e infantil comentario de Murasakibara sacó un sonrojo visible en el rostro de Aomine y éste fulminó con la mirada al que le había puesto en evidencia. Su ex compañero no tenía ni una pinta de tonto a pesar de que lo aparentaba.

Por un momento, las cosas se calmaron. La neblina que cubría su entorno se iba disipando y dejaba ver con mayor claridad como estaban las cosas en ese momento.

No se detuvieron ahí y salieron abordando la camioneta de los Tsumori para ir a las afueras de la ciudad. Sólo esperaban que Momoi diera la información correcta y todo estaría bien.

Mientras Kise estuviese vivo aún.

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Abrió los ojos desesperado, pero no lograba ver absolutamente nada.

No con toda esa oscuridad nublándole el juicio y la vista.

Estaba sentado en una silla; al menos esta vez fue considerado y le dio ese privilegio. Sus manos estaban detrás de su espalda amarradas fuertemente con una soga y un pañuelo cubría su boca para evitar que gritase.

No estaba desnudo, esa era la ventaja… pero no podía saber cuándo tiempo tenía ahí encerrado ¿Habrán sido días? ¿Semanas? Junto a ese sujeto, el concepto de tiempo se iba a dar un paseo muy lejos de su raciocinio, no podía pensar bien con él alrededor.

Tenía miedo, mucho. Las cosas que él hace no son agradables, no son lindas y por supuesto provocan demasiado dolor en su pecho. Su cuerpo no soportaría algo como lo que pasó hace tantos años. Simplemente se desmoronaría ahí, o incluso se suicidaría antes de volver siquiera a darle el placer de verse retorcer por sus actos…

Pero tenía que ser fuerte, por él… por Aomine.

Sabía que iría a buscarlo. El policía juró protegerlo todo el tiempo, no dejarle solo. Evidentemente él debió haberse dado cuenta de su ausencia…

¿Y si no era cierto? ¿Qué tal si ya habían pasado días y ya lo daban por muerto? ¿Qué tal si no era tan querido como se lo había dicho Daiki tantas veces? ¿Y si era mejor que ya no lo tuviese cerca?

Odiaba no saber qué día era, ni qué hora.

Odiaba verse tan solo.

—Ryota — saludó nuevamente Haizaki con un siseo venenoso —. No estás sólo, me tienes a mí.

No podía reconocer de dónde venía esa voz. Era como en aquel entonces.

—Además ¿qué te he dicho de enseñar tu cuerpo? — Sintió un ligero roce en su brazo izquierdo, podía jurarlo —. Sabes que todo esto me pertenece ¿no?

Intentó apartarse para evitar ese contacto que le causaba repulsión, pero una mano le tomó la barbilla y le obligó a levantarla, parecía que quería arrancársela.

—Estoy aquí.

Y justo en ese instante, contempló nuevamente esa mirada gris que le atravesaba el cuerpo con mil alfileres, matando cada una de sus esperanzas.

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"Nadie tiene dominio sobre el amor, pero el amor tiene dominio sobre todas las cosas."

Jean de la Fontain

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Agradeciendo, en primera instancia, a todas las bellas y sensuales personas que me dejan un comentario para alentarme ¡Son lo máximo! : Mika, nanami kuchiki, Tomato12, ArcoirisAlcachofa y a Fujimy por sus maravillosos reviews. Y también por los que agregaron a fav y los follows~

Ahora bien... una disculpa sincera a todos los seguidores, pues he sido muy descuidada los últimos meses y... ¡Me pondré a trabajar en ello! Estos capítulos volverán a ser como antes, cada lunes habrá actualización :)

No los entretengo más, ahora si pueden matarme si gustan.

Linda semana a todos~

Besitos de fresas a todos.

Cadiie Mustang.