¡Holitas!
Tal y como lo prometí, aquí está el siguiente capítulo. No los entretengo más y los dejo leer... ¡Nos estamos viendo en las notas finales!
Advertencias: El capítulo en si es bastante... intenso. Así que no me maten, enserio.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad intelectual de Tadatoshi Fujimaki sensei y yo sólo los pido prestados un pequeño rato.
Capítulo XVII
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Aunque ya tenían una pista sobre el paradero del rubio, no tenían la ubicación exacta del mismo; había en total cinco salidas de la ciudad, de las cuales dos estaban en reparación, así que ya eran menos los lugares donde tenían que buscar. En total, iban sólo seis personas sobre la furgoneta del señor Tsumori, las cuales iban con el alma en la boca a causa de todas las posibilidades que sus mentes se encargaban de imaginar; una peor que la anterior.
La tensión que flotaba en ese lugar podía sentirse y fácilmente ser cortado con una navaja. Había ceños fruncidos, manos que formaban puños, mandíbulas apretadas, angustia que crecía con cada minuto que recorría el reloj.
Pero no podían hacer nada, no serviría. Por el momento, debían de partir a la estación más cercana para poder ver hacia dónde deberían de dirigirse, tendrían que hacer grupos para poder abarcar la mayor parte de área que se pudiese.
Aomine en cambio, no dejaba de pensar ni un segundo en Kise y su bienestar. Desde que volvió a encontrarse con él hace ya un par de meses, redescubrió en él una parte que se encontraba dormida y al conocer la historia que el rubio ocultaba se le achicó el corazón y juró en ese momento que no podía permitir que volviese a ocurrir alguna desgracia: por el modelo, por él, por su madre y por todas las personas que querían nuevamente a Ryota en casa.
Matar o darle un escarmiento a Haizaki pasó a segundo plano en el momento en que su novio era la prioridad ante todo. Recuperarlo sano e íntegro antes de que un sociópata como Shougo pudiese siquiera ponerle una mano encima.
Su mayor anhelo era poder contemplar nuevamente esa sonrisa que le traía paz y alegría.
Al llegar a Shibuya, estacionaron la camioneta sobre una cuadra lejos del parque; bajaron todos rápidamente y se reunieron para poder trazar el plan que llevarían a cabo.
—Muy bien, tenemos que dividirnos a partir de aquí para recortar tiempo — explicó con calma el azabache tomando de la mano a Nene para poder continuar hablando —. Iremos en grupos de dos: el joven pelirrojo junto con el bajito — ante esa descripción, los dos implicados tomaron sus manos—; Aomine-kun, tú irás junto a Midorima-kun y yo por supuesto iré con Nene — concretó el señor ante la mirada seria de todos —. Está de más decir que cualquier cosa que descubran, llamen inmediatamente a los demás y estaremos en la brevedad posible.
—Cuando tenga alguna información acerca de Satsuki se las haré saber — dijo el policía a la espera que todos asintieran con la cabeza.
Dicho lo anterior, fueron a comprar los boletos de tren más próximos a las salidas; a Kagami y a Kuroko les tocó ir más lejos que los demás, pero fueron los que se ofrecieron para ello. Después de eso, emprendieron camino para salvar al rubio. Los primeros en partir fueron la pareja de luz y sombra, seguidos media hora más tarde por el matrimonio Tsumori.
Shintaro y Daiki estaban sentados esperando que dieran las seis de la mañana para que saliera el primer tren a Osaka. Con el corazón en la mano y la preocupación a flor de piel, no tardaron en darse cuenta que ambos tenían unas ojeras marcadas en sus rostros; el pasante llevando la mayor parte por sus turnos en el hospital.
El moreno estaba recargado con sus codos en sus piernas, tomando su cabeza con las manos para intentar relajarse, pero sólo conseguía el efecto contrario a ello. Midorima se percató del estado que tenía el otro, no por nada lo había encontrado desvanecido en el pavimento como si hubiese perdido toda esperanza; aquel shock que sufrió no podía desaparecer por si sólo…
Tenían que encontrar al rubio.
—Estaremos ahí antes de que Haizaki le haga algo — comentó colocándose sus lentes sobre el puente de su nariz —. Yo tampoco quiero que ocurra la misma historia delante de mis ojos.
— ¿Aún le quieres? — Inquirió ignorando levemente lo que escuchó, aunque vio como el otro se removió incómodo en su asiento — Si no quieres contestar no te obligaré…
—Sí — respondió con sinceridad ocultado un poco su cara avergonzada —. Y por eso quiero que no suceda lo de hace tres años.
El silencio reinó entre ellos después de aquella confesión. Para Daiki no era fácil que alguien le confesase tan abiertamente que estaba enamorado de su novio, le ponía nervioso y enojado, vaya, él era alguien bastante celoso y posesivo como para siquiera permitirlo; pero ver al pasante con la preocupación que reflejaban sus ojos verdes le hizo recapacitar de aquellos pensamientos tan egoístas.
Después de todo, él no estuvo en la vida del modelo por seis años. Seis años en los que recibió ayuda de todo tipo de gente que estuvo dispuesta a tenderle una mano; siendo quizá de las más importantes –aquellas que le brindó- el sujeto que estaba junto a él en ese momento.
—Gracias por cuidar de Kise hasta ahora — dijo el policía rascándose la nuca.
Shintaro estaba sorprendido con ese agradecimiento. Jamás creyó que aquel día llegaría y mucho menos escuchar del mismo Aomine decir esas palabras. Abrió sus ojos y los fijó en el otro para comprobar que no era ninguna broma.
—No debes darlas, lo hice porque quería — respondió con una diminuta sonrisa en sus labios.
Cuando menos se dieron cuenta, el tren ya estaba esperando para ser abordado y ambos se subieron en él, no tenían tiempo de más sentimentalismos, ahora debían concentrarse en recuperar a la única persona que aman.
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Ryota estaba sin fuerza. Abrió los ojos implorando no ver aquel brillo diabólico cerca de él, pero sólo observó cómo algunos cuantos rayos de sol se colaban para dar directo en la mitad de su cara. Con un poco de desesperación, volteó para todos lados intentando reconocer un poco aquel lugar; parecía una simple casa de campo, con muebles bastante viejos y el olor a humedad le sofocaba cada cierto tiempo. Las ventanas estaban tapadas con algunas bolsas negras de basura impidiendo que se viera al exterior; mirando hacia arriba, había un pequeño hoyo que le ayudaba a contemplar el cielo azul.
Al menos, podía saber que era de día.
Intentó mover sus manos sin éxito debido al fuerte nudo que le tenía inmóvil y sucedió la misma historia con los pies. Al parecer, la madrugada anterior, lo único que hizo Haizaki fue torturarlo de manera psicológica al hacer escuchar su voz omnipotente y presentarse de vez en cuando ante sus ojos. Le había golpeado también un poco en el rostro para evitar que se durmiera, pero no había intentado tocarlo…
Hasta ahora.
Escuchó una puerta abrirse y volteó su rostro hacia dónde se produjo el sonido. Y fue cuando le vio.
—Qué hay Ryota — la voz lenta y mordaz de Shougo le ponía los pelos de punta, su corazón se aceleraba de manera frenética y sus pupilas se dilataron —. Oye, no te ves muy bien… supongo que es porque no has comido — su sonrisa malévola le provocó sacudir de manera inconsciente su cabeza dando una negativa a una pregunta inexistente —. Vamos, qué son esos modales… y yo que fui a la ciudad a comprar esto especialmente para nosotros, ya sabes, cómo el día que festejamos nuestro primer mes.
El comensal tomó asiento en una silla frente al modelo y de una bolsa que dejó en la mesa principal, Haizaki sacó una caja de comida china con fideos y carne, la cual comenzó a comerse de manera lenta frente al rubio que le miraba con miedo. Aunque él cerró sus ojos para evitar verle más de la cuenta, al final del día, no podría moverse.
Recordó vagamente que cuando cumplieron su primer mes de noviazgo, el blondo le insistió que debían tener una cena romántica para festejarlo… y claro que a él no le iban esas cosas; por eso, optó por llevarle ahí. Sobra decir que Ryota le reclamó durante días sobre eso.
Kise veía con hambre aquella comida. No era ostentosa y mucho menos su favorita, de hecho no le agradaba puesto llevaba demasiadas grasas y condimentos para su gusto, pero tenía casi un día sin probar bocado alguno y ya sentía como su estómago se removía en su sitio y gruñía para pedirle algo.
Un pequeño ruido hizo reaccionar a Shougo, abrió sus ojos bastante sorprendido pero satisfecho con lo que pudo hacer.
— ¿Quieres un poco? — Preguntó educadamente al momento de levantarse y ponerse en cuclillas delante del rubio —. Anda, dime… ¿Tienes hambre?
Ryota estaba bastante angustiado. No podía venir nada bueno cuando el otro hablaba de manera tan cordial… no después de conocerle durante tanto tiempo y los alcances que tiene.
No se detiene ante nada.
Delante de sus ojos, Shougo se llevó un buen monto de fideos a la boca y los masticó de manera acelerada y abruptamente, le quitó el trozo de tela que le cubría la boca y le tapó la nariz con sus dedos para impedir que respirara, lo que le forzó a abrir la boca. Posó sus labios encima de los suyos mientras se abría paso de manera brutal por ellos con su lengua y pasando todo el alimento masticado a su cavidad bucal.
—Ahora trágatelo — ordenó de manera seria Haizaki —, si lo escupes te golpearé hasta sacarte todo lo que hayas comido en una semana.
Kise no tuvo otra opción que engullir aquel alimento que le causaba repulsión por todo lo que representaba… sentía que estaba haciendo algo similar a lo que vio en la película "Centipied Human", pero no le quedaba mayor remedio que hacerlo.
No quería provocar al otro.
—Buen chico — felicitó cínicamente dando unos suaves golpecitos en la cabeza y acercó su boca a al oído del otro —. Sabes que me agradan las personas que son obedientes — después de ello, susurró algo de manera inaudible al oído de Kise. Y ante su mirada de miedo, deslizó su lengua por toda la oreja humedeciéndola.
Pero el rubio moría de asco.
—Iré a dormirme un poco — comentó estirándose un poco —, no vayas a irte a ningún lado — ordenó cruelmente sacando su lengua lamiendo su pulgar.
Kise ladeó su rostro para no darle el placer de como una lágrima surcaba su mejilla izquierda. Cuando le vio subir las escaleras, miró el pequeño agujero que le permitía ver hacia afuera. Una manada de pájaros pasaron por ahí en ese momento y sonrió tristemente…
"Daiki no vendrá a ayudarte esta vez… no le interesas"
A él también le gustaría ser así de libre.
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Cuando llegaron a las afueras de la ciudad, Midorima y Aomine caminaron cerca de la estación y compraron un poco de café para permanecer despiertos; en cualquier momento podría haber una llamada importante y ellos tenían que empezar a buscar dentro de lo que cabían sus posibilidades.
Pero como humanos no podían hacer realmente mucho.
—Maldita Satsuki, prometió que a primera hora tendría la información de ese bastardo — masculló el moreno bebiendo su café americano expreso de un sorbo. Sintió como su lengua de quemó, pero no le dio la mayor importancia, eso le daría energía un par de horas.
—Cálmate Aomine — regañó Shintaro al momento de beber en pequeñas cantidades el suyo —, hasta Momoi tiene sus dificultades, deberías saberlo. De nada nos sirve si empezamos a desesperarnos.
Daiki mantuvo sus quejas guardadas en el fondo de su garganta. Sabía de antemano que de nada servía aquello, pero al ser alguien tan emocional, y más si de Kise se trataba, no podía evitarlo.
—Como sea, tenemos que movernos.
Al empezar a recorrer las cercanías, observaron que sólo había largos campos de flores que cubrían la región. El camino por el cual pasaban era de tierra y al parecer las casas cerca de la zona eran pocas. No era bueno gritar, pues si Haizaki estaba cerca podría escucharlos y volver a fugarse, así que sólo se dedicaban a observar minuciosamente cada tramo.
Pero dos horas después, iban agotándose la paciencia con ello.
—El sol es bastante agotador — comentó Aomine secándose el sudor que recorría su frente y cuello.
Cada segundo que pasaba, la desesperanza iba carcomiendo un trozo de su alma y eso era algo con lo que difícilmente podía lidiar. Aunque el recuerdo y su promesa con el rubio le hacían tener un poco de fuerza, su mente se iba debilitando.
Debía tener otra cosa con que guiarse. Cuando estuvo a punto de gritar por la frustración, sintió su celular vibrar y lo sacó de su bolsillo de manera rápida contestando al instante.
— ¡Lo siento! — Suplicó una voz al otro lado de la línea sin dejarlo hablar — Lo que había encontrado de Haizaki era demasiado irrelevante como antecedentes penales y que dejó la preparatoria truncada…
—No me interesa si terminó el kínder con mención honorífica, dime datos que me sirvan ahora — bramó el policía bastante tenso y ansioso —, estamos contra reloj.
—Eso lo sé, y me demandarán por esto, pero recolecté más información que es de utilidad — la voz de la fémina estaba bastante seria —. Al parecer, Haizaki heredó una granja por parte de sus abuelos maternos en la prefectura de Shiga cerca de Kioto — la chica hizo una leve pausa y prosiguió—; ahí vivió con ellos hasta los doce que fue a la ciudad dónde comenzó a vivir con su papá y la esposa de éste.
—El señor Tsumori y Nene fueron a esa dirección, ellos llegarán más rápido. Te mandaré su número para que les avises a ellos y también el de Tetsu. Mándanos a todos la dirección — por un momento vio su reloj de muñeca y chasqueó la lengua bastante molesto —. Midorima y yo ya nos estamos moviendo, llegamos en unas dos horas ahí.
—Buena suerte Dai-chan.
Tras eso, colgó y empezó a correr para regresar a la estación.
— ¿Ya sabes dónde está Kise? — Inquirió el peliverde siguiéndole el paso.
—El bastardo de Haizaki es tan tonto que se fue a refugiar al único lugar en el que por lo visto, fue feliz.
No podían esperar más tiempo.
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Intentando quitarse las cuerdas que le ataban sus pies y muñecas, Kise se había lastimado en el proceso y ahora le ardía la piel. También movía su cabeza para sacarse aquel molesto trozo de tela de su boca, su mandíbula estaba cansada de mantener esa posición por tanto tiempo.
Pero ninguno de sus esfuerzos daba resultado.
El sonido rechinante de las escaleras lo alertó y volvió a tener una postura relajada para que el otro viese que no le daba importancia, pero por dentro se estaba quedando sin fuerza para luchar.
—He vuelto Ryota — saludó Shougo al momento de acercarse y lamer los labios del rubio —. Ah, sé que debes de estar cansado de estar sentado tanto tiempo, así que vamos a ir a dar un paseo — se tronó un poco el cuello de la postura que había tomado al acostarse —. Sólo no vayas a hacer algo estúpido como siempre, sabes que puede traer consecuencias…
El terror se apoderó de los ojos del rubio en ese momento. Sabía perfectamente a qué se refería aquello; la primera vez que estuvo en cautiverio, había luchado fervientemente para escapar de sus garras, pero un movimiento en falso hizo que cobrara la factura que ahora cargaba en la espalda.
La cicatriz era prueba de que con el chico frente a él no se juega.
Haizaki estaba agachado desatando el nudo de los pies del modelo para liberarlos. Le quitó los calcetines y liberó esos dedos tensos. Los contempló, y se le ocurrió algo, quería ver al blondo retorcerse de agonía.
Así que sacó su lengua y chupó los dedos de los pies. Kise abrió los ojos en sorpresa e involuntariamente pateó al chico que se divertía con él. Grave error. Shougo sacó una navaja de su pantalón e hizo una cortada que iba desde el pulgar del pie hasta el talón por toda la planta.
La sangre escurría y Kise gritaba, pero su llanto no era ruidoso por aquel paño que le tapaba la boca.
—Oh, ¿viste lo que me obligaste a hacer? — Preguntó sonriendo — Eres un chico muy malo, Ryota-kun…
El perturbado chico paseó toda su lengua por el pie del modelo para traer a él toda la sangre posible. Se relamió los labios de gusto ¿Cómo era posible que incluso algo tan trivial como eso pudiera ser tan delicioso si venía de Kise? No se lo explicaba, pero tampoco le importaba en lo absoluto.
Él sólo quería ver esa cara en el rubio.
—Vamos — sin ningún ápice de delicadeza, desató y volvió a atar la cuerda en las muñecas que a simple vista se veían maltratadas… lo que mostraba su intento de escapar —. Vaya, al parecer no has aprendido nada… — con fuerza, tomó la parte íntima del blondo y la estrujó — Ahora tendré que darte una lección, pero aquí no — tomó por la nuca a Ryota y le obligó a salir y caminar descalzó sobre la tierra.
El rubio, aun sin mucho conocimiento sobre medicina, sabía que después de eso su herida se infectaría. Volteó desesperado a todos lados para ver si había otra señal de vida humana cerca, pero su ilusión se vio rota al contemplar lo desolado que se veía el lugar.
Anduvieron un par de minutos caminando por unos matorrales y al cruzarlos, vio delante de sus ojos un lago… tembló. Shougo era una persona bastante desequilibrada como para que se le pudiese ocurrir cualquier cosa. Siguieron caminando hasta llegar a un pequeño acantilado que había, pero era lo suficientemente grande como para espantar a Kise.
Haizaki no dijo nada y se dedicó a quitar la ropa de la parte inferior del otro; en ellas, contempló algunas cicatrices que al parecer se mantenían intactas desde la última vez que se encontraron, pero también había algunas marcas nuevas… bastante recientes a su parecer.
Y él sabía de dónde provenían.
—Veo que te acostaste con Daiki como la zorra que eres — dijo el azabache poniendo una cara de fingida decepción —. Y yo que creí que sólo te entregarías a mí… al parecer, tengo que volver a recordarte quién es el verdadero dueño de tu culo. Pero antes…
Con parsimonia, acercó una roca que había cerca de ellos, era bastante grande, pesaba cerca de veinte kilos. Cuidadosamente, la amarró al tobillo del blondo con una soga que cargaba en su chaqueta.
—Listo —comentó sacudiendo sus manos —. Supongo que te preguntarás por qué hago esto… simple, si llegas a intentar detenerme u opones resistencia… te dejaré caer.
El rubio se puso inmediatamente tenso ante esa posibilidad, él no quería morir, no aún… no sin antes ver la sonrisa de Aomine nuevamente. Comprendía a la perfección que no podía hacer nada con aquella amenaza sobre sus hombros.
Su cuerpo se desvaneció y quedó de rodillas.
Se estaba entregando.
—Buena elección — Haizaki comprendió a qué se debía esa postura —. Ahora si nos divertiremos…
Shougo se acercó al otro y sin previo aviso, le dio la media vuelta para exponer su entrada. Se veía rosada y apetitosa… y sin nada de por medio, clavó uno de sus dedos para explorar nuevamente aquel lugar del que tuvo el privilegio de ser el primero.
Kise no podía con el dolor que sentía. Era brusco y sin ningún tipo de tacto; la asquerosa respiración del otro cerca de su oído le repugnaba; sus entrañas se abrían rudamente ante los dedos que se metían y eso le provocó una ligera hemorragia por las rasgaduras en las paredes.
Pero lo que más le dolía era la humillación a la que estaba siendo sometido. Desnudo, con peligro de que alguien se acercase a ver el fetiche del que estaba siendo preso.
Quería morirse.
—Vamos Ryota-kun — gruñó bufándose el azabache —. Disfruta un poco, ya sabes… como en los viejos tiempos.
Tenía ganas de decirle una sarta de groserías y maldiciones por todo lo que sucedía, pero no podía por la pañoleta en su boca. Se mantenía lejos de esa realidad tan asquerosa cerrando sus ojos e intentando recordar un poco sobre su novio, lo felices que son juntos, los momentos hasta ahora vividos; eran pocos, lo sabía, pero bastante intensos que le dejaban sin aliento cada uno de ellos.
Su cuerpo fue girado bruscamente y ahora podía ver aquel filo gris que le causaba repulsión.
Pero su cuello fue apresado por la mano libre del otro; los dedos salvajes se afianzaron a su piel, enterrándose como garras. Lo apretada, lo sofocaba… estaba dispuesto a no dejarle respirar.
—Sabes Ryota — la voz de Haizaki ahora era modulada y tenebrosa —, hace no mucho leí que el mejor sexo que podías tener en la vida, era aquel que se encontraba entre la vida y la muerte; muchas hormonas estaban implicadas… entre ellas la adrenalina — su mirada se clavó en la desesperación en el rostro del modelo —. Dime ¿Quieres que lo intentemos? — Sintió algo en sus dedos y su boca se torció en una mueca bastante desagradable — Vaya, tu culo está apretando de manera bastante deliciosa…
El azabache volteó su vista hacia abajo y vio hilos de sangre recorriendo la mano que ultrajaba al rubio. Estaba fascinado con ello ¿Cómo se sentiría aquellas contracciones en su pene? Liberó el trasero del otro y se bajó el zíper para sacar su miembro al aire ya bastante erecto.
—Te voy a dar tan duro por todos estos años que no te tuve.
La mirada de Kise reflejaba terror.
Rezó, no importando a quién. Él no debía de pagar algo tan caro.
Sus esperanzas se esfumaron por completo.
Se despidió de todos, de su nueva familia, de sus amigos… de Aomine.
Las lágrimas no tardaron en surcar toda su cara.
Sabía que iba a morir.
— ¡Alto ahí!
Una potente voz se escuchó a lo lejos. El rubio abrió los ojos, sabía a quién pertenecía ese timbre tan peculiar. Y después de unos minutos fue cuando la vio.
Era Nene con su vestimenta de manager.
Haizaki al verla masculló, pero deslizó sus ojos por todo el cuerpo de la mujer —. Estás deliciosa.
— ¡Suelta a mi hijo! — Ordenó colérica y fue corriendo a enfrentarse con el malnacido que sostenía a Ryota.
—Sólo das problemas Ryota-kun — dijo soltándolo y lo dejó caer sobre la tierra. Guardó su miembro en el pantalón y sacó del mismo una navaja y la mostró —. Esto se pondrá divertido…
La señora Tsumori retrocedió un par de pasos. Estaba bastante asustada, pero no podía dar marcha atrás, no después de ver a su hijo tan abatido y dañado.
—Tu padre está bien, nos quedamos sin batería y él fue por la policía — comentó con voz dulce dirigida a la mirada suplicante que le dirigía —. Y a ti te enseñaré a no meterte con Nene Tsumori o sus hijos— retó la fémina poniéndose en posición de ataque. Tenía conocimientos sobre artes marciales y al graduarse, le habían dicho una regla básica…
"Cuando te ataquen con arma blanca, sólo tienes una oportunidad para triunfar."
Y ella daría todo por ser la victoriosa.
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Aomine y Midorima corrieron desde la estación de trenes hasta la dirección que les mandó Momoi. No se encontraban lejos, estaban a unos cuantos minutos de ahí y sentían que se les salía el corazón. Cruzar los matorrales fue la parte más difícil, pues no sabían si se iban a encontrar con algo, pero aquello no detuvo su voluntad por rescatar al modelo.
—Veo algo Aomine— La voz de Shintaro era bastante ilusionada.
A lo lejos, observaba una persona en pie. Y aceleraron el paso para llegar lo antes posible… pero su estómago sufrió un gran vacío al ver a la señora con la cual compartieron vehículo horas antes, desmayada en el piso y con un gran charco de sangre bajo ella.
Daiki se quedó mudo, no podía reaccionar al ver tal masacre delante de sus ojos, pero su mirada instintivamente se posó sobre el blondo que le miraba con emoción; bastantes moretones cubrían su piel, por no decir el estado tan indefenso en el que se encontraba.
La ira corrió por sus venas y formó puños de impotencia con sus manos. Estaba bastante colérico; ya no razonaba ni pensaba en nada… ningún atisbo de razón podía hacerle detener ahora.
— ¡Haizaki!
—Gusto en verte Daiki — saludó el azabache poniéndose junto al blondo y agarrando la piedra —. Por cierto, hay que sentarnos a platicar un día tu y yo — la mofa que se apoderaba de la voz del chico era perturbadora —, ya sabes, de intereses mutuos como… lo bien que se le puede follar a Ryota.
Eso le bastó al moreno para acercarse rápidamente al otro.
Realmente tenía ganas de matarlo.
—No te acerques tanto — dijo Shougo poniendo un pie en la roca detrás de Kise —. Si lo haces, algo le puede suceder a tu novio…
Pero el policía ignoró aquella amenaza.
—Te lo advertí.
Y con un poco fuerza, empujó la roca para el acantilado y Daiki vio como el rubio se iba con ella. Si mirada se quedó atónita ante lo que vio. No podía mover ni un solo músculo. Los orbes amarillos de Ryota le miraron tranquilos, sonriendo, como si se tratara de una despedida…
Se congeló ante esa posibilidad.
— ¡Muévete! — Gritó Shintaro dándole una certera patada en la espalda —. Tú ve por Haizaki, no debemos dejar que escape — ordenó rápidamente.
Al parecer con eso Aomine reaccionó y comenzó a correr detrás del azabache. Él por su parte, se quitó sus gafas y se aventó directo al lago para rescatar al otro.
El contacto con el agua era frío, helado… sus huesos se congelaron de solo sentir como mil agujas se enterraban en su piel. Pero eso no estaba importándole, la prioridad era recuperar al modelo. Con sus pocas habilidades para el nado, se movía en el agua hacia el fondo. Cada segundo contaba, cada instante que pasaba era una posibilidad peor que la otra.
No, él no quería perderlo. No cuando podía salvarlo.
No pasó mucho tiempo para ver a Kise suspendido en el agua mientras la roca cumplía con su deber de tenerlo en el fondo. Estaba desmayado el rubio, eso era obvio, pero si había tragado agua tenía que actuar pronto. No traía navaja o cuchillo, así que fue a desatar el nudo desde el tobillo, él era un experto en ello debido a su pasado siendo niño explorador, así que no se le dificultó mucho el hacerlo.
Cuando lo liberó, lo tomó entre sus brazos y lo haló hasta la superficie; de ahí nadó con todo el esfuerzo que le otorgaron sus piernas y brazos hasta la orilla del lago. Con trabajo, lo sacó del agua y lo cargó para dejarlo en la tierra.
Estaba nervioso, pero debía de aplicar primeros auxilios.
Con habilidad, practicó un RCP empujando las palmas de sus manos sobre la boca del estómago y el pecho. Cada dos por tres sus labios se ponían en la boca del otro para continuar con la maniobra de reanimación y sacar toda el agua que pudiese estar acumulada.
No daba alguna reacción.
Jamás se había sentido tan desesperado.
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La sensación del agua era liberadora, se sentía purificado al estar rodeado de ella ¿Por qué había agua a su alrededor? Recordaba vagamente aquello… aunque no mucho.
Sus pies estaban libres y no sentía dolor alguno. Un pez azul cruzó delante de sus ojos y sonrió feliz. Aquel tono de azul le gustaba, le agradaba y le hacía sentirse seguro. Pronto, el pequeño pez empezó a nadar y él le siguió de manera natural, como si le prometiera que lo llevaría a algún lugar mejor.
Una pequeña luz se presentó delante de ellos y ambos se detuvieron. Él estaba inseguro de dirigirse hacia ese lugar, pero el animalito le indicaba que debían seguir… decidió confiar.
Nadó hasta ahí y sus ojos se deslumbraron.
Cuando terminó de abrirlos, estaba en un lugar que no reconocía. Su cabeza se movió ligeramente hacia un lado y hacia otro. No había señales del pequeño pez color azul.
Sintió miedo.
Frente a él, estaban dos personas con los ojos cerrados. Abrió sus orbes dorados un poco más e intentaba fijarlos, pero le dolió la cabeza y la tomó entre sus manos, moviendo de esa forma los cables que le unían a un aparato que se movió y terminó por hacer un ruido fuerte.
Las personas delante de él se movieron y se dirigieron hacia él. Estaba confundido y sólo se tapó con lo que le cubría en ese momento.
—Kise-kun, me da gusto que estés bien.
—Vaya Kise, no vuelvas a asustarnos de esa manera… Kuroko, tenemos que hablarle…
—Disculpen pero — carraspeó un poco para sacarse aquel nudo en la garganta —, ¿Quiénes son ustedes?
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"El olvido es una forma de libertad"
Gibran Jalil Gibran
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Sé que después de esto, muchos me van a querer matar... así que me retiraré esta semana para no recibir piedras y amenazas virtuales (?)
Infinitas gracias para los que me siguen dejando palabras hermosas: Mika, YukaSamato y Fujimy por sus sensuales palabras. También a los que agregaron recientemente a favoritos y por los follows~
Bien, creo me voy por hoy... más no antes de decir que éste es el Penúltimo capítulo.
Lindo inicio de semana.
Besitos de Manzana.
Cadiie Mustang.
