¡Helou Pipol! -Le arrojan tomates-
Ya, ya... perdón por no actualizar. Los que me siguen en FB (Si gente, tengo vida social y virtual :v) Supieron mi desgracia... tuve una lesión en la mano derecha dominante en el cuál se me inflamaron los tendones y estuve en reposo obligatorio por mis padres y todos los que me conocían... no tocaba mi compu a menos que fuera por la escuela :'( Peeero ya estoy de regreso, mejorada y con el nuevo capítulo de "Algo contigo" Disponible para ustedes.
Recuerden... éste es el último capítulo. Beteado, por supuesto, por la dulce y sensual Erza-san, a quién le agradezco su apoyo.
Advertencias: Ninguna...
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados un rato.
Capítulo XVIII
Final
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Kagami recién iba abriendo sus ojos cuando escuchó un ruido que provenía del exterior. Desde el día en el cual tuvieron que rescatar a Kise del sociópata de Haizaki su vida había sufrido una vorágine de hechos turbios y amargos con los cuales tuvo que lidiar en busca de disminuir la ansiedad de Kuroko; para él, su prioridad más grande era brindarle ese apoyo que bien sabía necesitaba.
Hasta el momento, no habían logrado descansar como debían de hacerlo y eso le estaba pasando factura a su espalda que ya comenzaba a quejarse sobre el trato al que era últimamente sometida. Se estiró un poco alzando sus brazos al aire y sintiendo como su columna tronaba una que otra vértebra contracturada; talló un poco sus ojos para quitarse el sueño que tenía encima y lo que observaron sus grandes ojos borgoña fueron unos orbes dorados que le miraban confundido y con miedo.
Se alarmó un poco y lo único que hizo fue sonreír un poco, feliz de que toda aquella pesadilla se estuviese terminando de una vez por todas.
—K-Kuroko —susurró moviendo al individuo que tenía su cabeza en sus piernas. Cuando observó que el otro dejaba ver sus ojos celestes, mostró una mueca de felicidad aún más grande que la anterior—. Hey, despierta… creo que alguien quiere verte.
— ¿Qué dices Kagami-kun?
Tetsuya miraba sin mucho interés el rostro embobado de su novio, pero cuando notó como le hacía una seña para que voltease al otro lado, giró su vista a ese punto y su cara se inundó de una gran sorpresa: ahí, a no más de cinco metros, se encontraba Kise mirándoles con sus expectantes ojos dorados. Cuando hizo el amague de levantarse, el rubio se ocultó bajo las ligeras sábanas de la cama de hospital…
Tal como si se estuviese ocultando de ellos.
No reparó en ese hecho y saltó de su lugar para caminar presurosamente hasta donde reposaba el cuerpo del modelo y suspiró aliviado al ver que no era un simple sueño, que era real que su mejor amigo había despertado.
—Kise-kun, me da gusto que estés bien —suspiró aliviado Kuroko.
—Vaya Kise, no vuelvas a asustarnos de esa manera… —regañó entre alegre y preocupado el pelirrojo al instante en que tomaba la mano del más bajo— Kuroko, tenemos que hablarle…
—Disculpen, pero… —Taiga paró su perorata al ver que el otro estaba hablando— ¿Quiénes son ustedes?
Kuroko y Kagami abrieron su boca sin poder creer lo que escuchaban en ese momento. Dentro de la mente del celeste, pasaron una serie de hipótesis sobre lo que le ocurría en ese momento al rubio y ninguna de ellas era alentadora. El pelirrojo, en cambio, no sabía qué hacer; la persona que tenían frente a ellos no los reconocía y eso no auguraba nada bueno. Además, él era bastante malo para guardarse lo que sentía y eso le facilitó externar su pensar.
—Kise… ¿Realmente no nos recuerdas? —Kagami habló atropelladamente al momento de sentir una bruma bastante pesada—. Somos tus amigos, Kuroko y Kagami —dijo señalándolos a ambos, pero la expresión estoica que tenía el rubio no cambió en lo más mínimo.
— ¿Kuroko…-san? —Kise enfocaba los ojos en el pequeño celeste que le miraba con sus enormes ojos. Al sentir que no lograba nada, posó su mirada en la persona que le había preguntado anteriormente con el mismo resultado. Frunció el entrecejo y sacudió su cabeza de un lado a otro negativamente— Lo siento, pero no puedo reconocerlos.
Tetsuya formó un puño con sus pequeñas manos. Todo estaba mal. Se encontraba realmente preocupado con todo lo que estaba pasando en ese momento y por su mente, pasaban miles de preguntas con respecto a su amigo ¿Qué tanto no recuerda? ¿Desde qué momento? ¿A cuántos tantos no recuerda?
—Al menos sabes que tú eres Kise-kun ¿Cierto? —Inquirió esperanzado Kuroko al momento de sentarse e intentar posar su mano sobre la del otro, pero el rubio rehuyó el contacto. Le dolió que lo evadiera, pero no lo mostró en su rostro—. Tranquilo, no queremos hacerte daño… Por cierto, quita el San y sólo dime Kuroko.
—De acuerdo —contestó aun dudando de lo que el chico le estaba diciendo. No lo reconocía y no tenía memoria de cómo podía ser amigo de una persona que emanara esa energía tan… invisible.
—Kagami-kun —la voz monocorde de Tetsuya volvió a inundar la habitación—, ve por Midorima-kun y dile que ya despertó.
—De acuerdo —contestó el pelirrojo antes de perderse tras la puerta del cuarto.
En ese momento, Ryota y Kuroko se miraron unos cuantos segundos hasta que el modelo desistió y volteó su mirar a sus manos que estaban cubiertas por banditas protectoras y algunos vendajes. El silencio hizo aparición entre ellos y no otorgó tregua para una nueva conversación.
Esto para Kuroko era lo más extraño del mundo. Compartir un espacio con Kise prometía y aseguraba risas y plática tras plática hasta que se despidieran en el último segundo; después de todo, el chico solía hablar hasta por los codos contando a lujo de detalle su día a día con una sonrisa.
Jamás le había incomodado tanto un poco de paz.
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Después de revisar unos cuantos expedientes y archivarlos debidamente, logró sentarse en su pequeño escritorio y recargarse en su silla reclinable para descansar un poco. Esas últimas semanas habían sido bastante conflictivas y llenas de caos; técnicamente dormía en el área de urgencias con los internos de esa área, pues el trabajo se había acumulado y la entrega de su tesis se había retrasado, por fortuna, logró pedir una prórroga para poder concluirla debidamente.
La computadora estaba frente a él para poder seguir escribiendo reportes y adelantar el escrito de su tesis, pero las ideas que tenía se iban así como llegaban. Le dolía la cabeza, sabía que necesitaba reposo y sueño.
Suspiró cansado. Realmente había abusado de su fuerza física y mental de una forma que jamás creyó hacerlo, pero estaba realmente preocupado y quería estar al pendiente de cualquier novedad y mejoría que mostrara el estado de Kise. Había días en los que la vorágine de sentimientos que embargaba su cuerpo y no lo dejaban tranquilo.
Aún recordaba el miedo que sintió aquel día…
Como podía, practicaba un RCP para reanimar al rubio; aunque él sabía que no lo estaba haciendo correctamente. Pero no podía evitarlo, los sentimientos de miedo e inseguridad nublaban su juicio al ver como el cuerpo de Kise estaba inerte sin mostrar alguna señal de vida. Estaba ansioso, angustiado y desesperado.
Sentía los canales de lágrimas recorrer sus mejillas húmedas y frías. Apoyó su cabeza en el pecho del modelo para poder oír si aún palpitaba el corazón del otro; pero el desesperado latir de su propio corazón le impedía concentrarse en esa labor.
Y aunque no lograba sentir nada, se quedó ahí quieto, con su cabeza recargada en Kise y sintiendo el escozor del aire fresco en su cuerpo.
¿Por qué la vida era así de injusta? ¿Le dejaría morir de esa manera? No sabía cuánto tiempo había transcurrido, pero el manto del cielo nocturno comenzaba a desplazar al colorido ocaso que aún se distinguía.
La desolación invadía su ser. Y cada instante que pasaba, podía jurar que su vida se iba cada tanto.
— ¡Midorima-kun!
Escuchó gritar a lo lejos una voz masculina que de inmediato le otorgó esperanza. El sonido de una ambulancia llenó el silencio de aquella pradera lejana y pronto divisó algunas luces de las patrullas llegar hasta donde estaba.
Los paramédicos llegaron presurosos hasta el lugar de los hechos con una camilla y comenzaron a atender a Kise frente a sus ojos, quien con un par de movimientos, escupió el agua que acumulaban su cuerpo y le atendieron debidamente.
—También tienes que cubrirte.
—Señor Tsumori —logró articular Shintaro cuando el azabache le tendió una manta sobre sus hombros. Iba a decir algo, pero los ojos acuosos y rojos de la persona le hicieron callarse. Quería disculparse, quería pedir perdón…
—Ya no había nada que hacer, como médico que soy lo sé — Mamoru alzó una mano interrumpiendo los pensamientos del peliverde y le colocó la misma sobre la cabeza; una sonrisa amarga adornó su avejentado rostro—. Al menos, lograste salvarle a él.
Ambos voltearon su vista al rubio quien recuperó un poco el color de su piel ante las atenciones de los expertos concentrados en su labor; aunque los párpados caídos cubriendo los orbes dorados les impedía poder bajar la guardia.
No podían relajarse hasta saber que estaba fuera de peligro.
—El paciente muestra signos vitales, pero se encuentra inconsciente —se acercó hasta ellos una de las personas que atendían a Kise para hablarles—. Le trasladaremos al hospital más cercano para curar sus heridas externas.
Midorima recuperaba las ganas de respirar al ver que el otro se encontraba bien. Soltó una bocanada de aire que tenía acumulado. Veía como transportaban el cuerpo de Ryota sobre la camilla y se levantó para ofrecerse a ir dentro de la ambulancia.
Pero el estruendo de un grito le detuvo en el acto.
— ¡Kise!
La voz grave de Aomine resonó en el lugar y todos voltearon a ver como el moreno venía corriendo con todas las fuerzas que le brindaban sus piernas. Si la angustia tuviese un reflejo exacto, tendría que considerarse como candidato el rostro que poseía Daiki en ese instante.
Shintaro jamás lo había visto con ese semblante.
Cuando llegó frente a las personas que sostenían la camilla, Aomine alzó las manos dispuesto a tocar presuroso el cuerpo de Kise, pero le temblaban los brazos y el corazón le latía frenéticamente al verlo en ese estado; un estado tan apagado, sin color y sin vida… muy impropio del rubio escandaloso que solía ser en su máximo fulgor.
Vio como levantó sólo una de sus manos y con la punta de los dedos, rozó suavemente las pálidas mejillas del modelo. Su mirar se enfocó en los evidentes moretones que cubrían parte de la cara y cuello de quien estaba inconsciente; los labios secos y partidos, junto con la evidente palidez en la piel le estrujaron el corazón.
Recordó el momento en que lo vio de la misma manera hace casi cuatro años.
—K-Kise —susurró Aomine con la voz entrecortada. Sus ojos brillaban al ver que estaba vivo.
En ese momento, Midorima reparó en algunas heridas que había en el rostro del moreno, anexando a ello la mancha de sangre que tenía en la chaqueta. En su medida, evitó hacer preguntas o sugerir algo. Si el joven en cuestión había llegado corriendo, significaba que aquella sangre no era suya.
Sólo dejó que Aomine fuese quien abordara la ambulancia junto con Kise en ese momento.
Abrió los ojos sintiéndolos pesados y apretó el puente de su nariz con sus dedos para alejar la pesadumbre de su mente. Se había quedado dormido un rato, se auto culpó, pero en realidad le sirvió de mucho. De un salto, se levantó de su asiento para intentar trabajar en su laptop. Encendió la máquina y en lo que ésta prendía fue por un vaso con agua para refrescar su seca garganta y bebió todo el líquido de un sorbo.
Escuchó el sonido de la puerta abrirse lentamente e intentó cambiar su expresión a una mejor en caso de que fuese alguien que solicitara su ayuda, pero al voltear, sólo se encontró con un azabache que le miraba tranquilo.
—Takao… ¿Qué haces aquí? —Preguntó cortésmente, si no tenía tiempo para muchas cosas, no lo tenía para soportar a la gente en su totalidad. No quería sonar grosero, pero un dejo fastidiado salió en su voz.
—Shin-chan, no seas amargado —contestó con la misma expresión natural de él mismo. Sabía que el peliverde no estaba en sus mejores días, pero no le gustaba verle así—. Mira te traje esto… no es bueno que un médico se salte cosas importantes como la alimentación.
Takao caminó lentamente hasta el escritorio que le pertenecía a Midorima para dejar sobre ésta una bolsa de la cual sacó un par de emparedados, bebidas energéticas y algunos dulces. Shintaro frunció el ceño, Kazunari sabía a la perfección que no le gradaban las cosas dulces…
—Y no me veas así por los dulces, sé que no estás comiendo bien —rezongó Kazunari ante el rostro de asco que mostró el otro—. Estas pequeñas bombas de energía son para que las cargues en tu bata y cuando sientas que necesitas un poco de azúcar, comas uno —dijo mientras colocaba el alimento en un plato para darle una mejor presentación que el papel aluminio —; nadie quiere ver al gran doctor Midorima desmayado por falta de glucosa…
Aquel acto tan insignificante y pequeño, llegó al corazón del peliverde, quien sonrió ante la calidez que de un momento a otro, inundó su pecho. No pudo evitar poner una sonrisa en su rostro y acercarse a un pequeño fregadero que tenían para lavarse las manos. Takao simplemente imitó sus movimientos con una sonrisa.
Pasaron a tomar asiento alrededor del pequeño escritorio, agradecieron los alimentos y comenzaron a comer con parsimonia. Aunque Takao sí había logrado descansar más que todos últimamente, también había estado al pie del cañón en cuanto a toda la situación que se estaba viviendo: él era quien se encargó de Ren desde lo sucedido y quien lo apoyaba en todo momento.
Además, él era el enfermero personal de Kise. Con cariño, por todos esos años que habían compartido de amistad, lo bañaba y cuidaba por las mañanas —debido a que el trabajo que mantenía ocupados a todos los demás— y se quedaba hasta que Aomine llegase por la tarde para pasar la noche, o si él no podía, era Kagami junto a Kuroko. Lo que fue de Murasakibara y Akashi habían ido contadas veces debido a sus respectivos trabajos como empresarios.
Después de casi siete años, toda la generación de milagros estaba reunida nuevamente; lástima que no era por un motivo de felicidad.
—Gracias —musitó Midorima degustando el último trozo de emparedado; se secó con lentitud su boca después de dar un sorbo a la bebida energética—. Creo que en parte que siga vivo, es porque tú me traes comida… y además nos has apoyado con lo de Kise.
Fue pequeña, casi insignificante, pero logró plasmar una sonrisa en su cansado rostro para darle a entender al otro que estaba siendo serio con lo que le decía.
Takao, en cambio, no podía creer lo que sus orejas escuchaban o sus ojos veían; era casi irreal poder presenciar un agradecimiento tan sincero que proviniera del peliverde. Bajó su cara un poco para ocultar el calor que sentía en su cara y del que estaba seguro, se estaba reflejando en un sonrojo. Intentó tranquilizarse, respiró hondamente algunas veces para regular su respiración y que no fuese evidente su estado.
Pero le era imposible no enamorarse cada día más de ese hombre.
Cuando se sintió listo, alzó su cabeza nuevamente para mostrar una de esas traviesas sonrisas para proteger su acelerado y loco corazón.
— ¿Shin-chan está agradeciendo? —Inquirió picando con un dedo el pómulo del otro, el cuál quitó aquel acto con un manotazo— Yo lo hago con gusto; te aprecio mucho y a Ki-chan también… entonces por mí está muy bien así.
Después de aquellas palabras sinceras, el silencio volvió a reinar entre ellos; pero muy al contrario de los anteriores, éste tenía un aire diferente… un espacio lleno de complicidad. No había necesidad de llenar aquel momento, con su sola presencia, era suficiente para que ellos dos estuvieran cómodos.
Curiosamente, Midorima se había percatado de algo hace poco: Takao era la única persona con la que podía sentirse de aquella singular manera.
El traqueteo en el pasillo, junto con el violento azote de la puerta abriéndose, fue suficiente para que el peliverde y el azabache dejaran lo que estaban haciendo y prestaran toda su atención al pelirrojo que les miraba con la respiración agitada y una mueca adornando su faz.
—Kise ya despertó.
Y esas fueron las únicas palabras que tuvo que emitir para que todos salieran corriendo de ahí.
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Ryota miraba de aquí a allá, revisando cada rincón del cuarto en el que estaba encerrado, intentando averiguar cómo había caído en ese lugar. No había emitido alguna palabra desde que se había quedado solo con el joven bajito que le miraba con sus penetrantes ojos celestes. Intentaba ignorar aquella incomodidad que sentía con esa mirada sobre él, pero le era imposible no sentirse angustiado al ver que no lograba recordar mucho.
¿Por qué no estaba en casa de sus padres? ¿Y Harumi? ¿Qué pasó con Misaki? Una punzada que provenía de la parte inferior de su cuerpo, y el incesante dolor de cabeza le indicaba que algo había sucedido con él y por eso se encontraba en ese hospital… porque sí, tenía noción de que aquello era un hospital.
Estaba confundido de todo lo que le rodeaba… ¿Cómo saber que la persona que tenía frente a él era de confianza? No tenía la certeza de aquello, pero no le agradaba lo desconocido, lo inesperado…
Y eso era lo que estaba viviendo en ese momento.
—Kuroko…-kun ¿cierto? —Habló por primera vez rompiendo su mutismo. En cuanto vio como el otro le ponía atención, volvió a retomar su palabra— ¿Podrías pasarme un poco de agua, por favor? Tengo la garganta seca…
—Claro Kise-kun —respondió al instante sirviendo en un pequeño vaso un poco de agua de un jarrón que había en la cómoda de la habitación. Se acercó hasta el otro para darle lo que le pidió y se sentó en un pequeño banco que estaba cerca—. Dime ¿Te sientes mejor?
—Sí, mucho más fresco —contestó simple sosteniendo el vaso entre sus manos. Tenía tantas preguntas, pero algo le decía que no debía de hacerlas. No por el momento.
Nuevamente el silencio hizo mella entre los dos, provocando incomodidad y desespero. Tetsuya no sabía qué hacer, pues él jamás fue bueno para iniciar una conversación, normalmente cuando se encontraba con Ryota, el chico era quien las iniciaba bombardeándolo con preguntas y mimos.
Pero sus pensamientos fueron interrumpidos ante la llegada de tres personas que les miraban con asombro. Sonrió feliz al ver que había llegado más gente, apreciaba realmente el apoyo moral, pues no sabía cómo lidiar con lo que estaba sucediendo en ese momento.
—Ki-chan, al fin despiertas —exclamó Takao acercándose peligrosamente al rubio para poder abrazarlo como solían hacerlo cuando se veían; pero Kise sólo se echó lo más que pudo hacia atrás y alzó el brazo con el recipiente en su mano dispuesto a arrojarlo.
No era difícil ver que se sentía amenazado.
El azabache detuvo su marcha abruptamente. Algo no estaba bien y se dio una ligera idea debido a la advertencia de Kagami…
"Sólo debo decirles algo… Kise está actuando extraño."
—Tranquilo, no te haré daño —dijo por lo bajo alzando sus manos extendidas para que el otro viese que no tenía nada entre ellas. Con eso, el rubio bajó sus manos, pero mantuvo la misma posición de alerta.
—Takao, déjame verle —ordenó Midorima al ver la exagerada reacción del paciente. Se acercó meticulosamente hasta el otro e hizo una pequeña reverencia—. Buenos días Kise, mi nombre es Midorima Shintaro y soy un practicante de medicina. Permíteme hacerte una evaluación para reportar tu estado a los especialistas por favor.
Ante tal cordialidad y profesionalismo, Kise no tuvo más opción que asentir con su cabeza y darle apertura al interno para que le explorase… Quizá él podría decirle porque estaba ahí en ese momento. Cuando vio al sujeto peliverde acercarse, miró desconfiado a los demás y posó sus ojos en él.
Shintaro entendió lo que quiso decir y les indicó a todos que saliesen del lugar. Al estar sólo nuevamente con Kise, sacó su estetoscopio y comenzó su revisión básica escuchando los irregulares latidos de su corazón. Tomó el pulso y la presión que tenía; la garganta la checó con un pequeño palito y su linterna que también le funcionó para revisar que las pupilas se encontraran bien.
Al ver que todo indicaba signos estables, sintió como un gran peso de encima se quitaba de él. Estaba bastante preocupado sobre en qué condiciones encontraría al modelo y verlo tan sano a nivel externo, le hizo aliviarse por dentro. Aunque aún quedaba algo más...
Detrás de su hoja para reportar la historia clínica, sacó una blanca para anotar anexos sobre el interrogatorio que le haría al paciente.
— ¿Recuerdas tu nombre completo?
—Sí, me llamo Kise Ryota.
— ¿Qué día estamos hoy?
—No lo sé... —respondió tomándose la cabeza entre sus manos— No estoy seguro.
—Tranquilo, no te sobre esfuerces —comentó mirándolo—. ¿Sabes por qué estás aquí?
—Sólo siento que me duele la cabeza.
— ¿Recuerdas lo último que hacías?
—Tampoco…
— ¿Qué edad tienes?
—Catorce años.
Midorima detuvo su reporte para mirar fijamente al otro y abrir sus ojos de par en par. Su pluma se deslizó de entre sus dedos y dio contra el suelo, provocando un sonido sordo y que el rubio se le quedase mirando extrañamente.
—Se le cayó eso, sensei.
Y fue cuando la vio: la misma sonrisa ingenua que el rubio ponía cuando iban en secundaria.
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Aomine salía del tribunal con cara de fastidio, sólo quería llegar a su casa y dormir un poco para reponer todo el sueño que tenía. Desde que había iniciado el juicio contra Haizaki, tuvo que pedir algunos días de su periodo vacacional para lograr reunir abogados —con ayuda de Akashi y el señor Tsumori—, recopilar información y evidencias que demostraran todo lo que el malnacido de su ex compañero de equipo había hecho; al parecer, Shogo se dedicaba a robar licorerías, violar prostitutas y asaltar negocios.
Además, dentro de todos los cargos, entraba un delito de homicidio en primer grado.
Todo eso ayudó. No se detuvo ni un solo día hasta ver, con sus propios ojos, que le otorgaran una sentencia justa para todo aquello que había hecho. Había participado como testigo del día en que rescataron a Kise y de los daños psicológicos que el chico presenció el día que llegó a su casa con crisis de ansiedad al escuchar simples insinuaciones de él.
Suspiró con desgano. Esa pesadilla iba acabándose poco a poco. Aunque ahora que lo pensaba… ¿Qué hubiese sido mejor? ¿Dejar que las leyes hicieran justicia o haber dejado que él muriera?
En toda su vida, jamás se le olvidaría aquel día en que su moral como policía y como hombre se vio en disputa…
Iba corriendo con todas sus fuerzas persiguiendo a Haizaki por el bosque. El otro había sido lo suficientemente astuto para utilizar a su favor ese campo y hacerle más difícil la persecución. Algunos árboles le rasguñaban la ropa y la cara, pero él no retiraba su mirada de la persona que estaba huyendo en ese momento de él.
No estaba del todo tranquilo, había tenido que dejar atrás a Kise, pero al menos sabía que Midorima había saltado en su rescate. Incluso tendría que agradecerle haberle despertado del trance en el que entró al ver cómo veía a su novio caer hacia el lago.
Sacudió su cabeza para alejar esas preocupaciones, ahora tenía la misión de atrapar a quien causó todo ello. Y cuando menos se dio cuenta, salieron de esa zona boscosa y llegaron a un acantilado —que era evidentemente más alto que el otro—. El sonido sordo del agua chocando contra unas rocas le indicaba que, en el caso que tuviese que saltar, sería muy peligroso hacerlo.
Moriría al instante.
—Siempre había esperado esto, Daiki —siseó con veneno Shogo al momento de sacar de su bolsillo la misma navaja con la que había apuñalado a Nene. Había una mancha de sangre un poco seca rodeando todo el filo de la navaja.
La sangre del moreno comenzó a bullir como lava entre sus venas.
— ¡Haizaki! —Bramó con todo el odio que le permitía su persona. Jamás, nunca perdonaría haberle arrebatado a Kise cada una de las cosas que le importaban.
—Daiki, tranquilízate —se mofó con aquel tono despectivo y venenoso—; si estás así, no podremos platicar tranquilamente…
— ¿Tú y yo hablaremos? ¡Y una mierda! —Estaba dispuesto a encertar el primer golpe, cuando vio como el otro arrojó su arma blanca en el centro de ellos.
—Si tú vas a puño limpio, es justo que yo lo haga también —exclamó colocándose en la misma posición de ataque que el otro.
Después de ello, los golpes no se hicieron esperar por parte de ninguno de los dos. Por cada certero puñetazo que lograba dar Haizaki, Aomine lo regresaba al doble y viceversa; al último, los nudillos le ardían y sentía como perdía el aire cuando el puño de Shogo se clavó en su estómago, con furia, éste se lo regresó en las costillas.
Una parte del cerebro del moreno estaba confundido ¿Por qué si el otro tenía una evidente ventaja con su navaja la soltaría?
Y lo entendió cuando vio como el otro, de una de sus mangas, sacaba una pequeña cuchilla y la agitó violentamente cerca de él. Por fortuna, logró esquivar el golpe y sólo un pequeño rasguño llegó a su mejilla.
Se separó de Haizaki considerablemente. Era obvio que él jamás haría las cosas justas.
—Vaya Daiki, me sorprendes… veo que el cuerpo policiaco de Tokio recibe un buen entrenamiento —comentó burlándose. Maliciosamente, retiró la poca sangre que había quedado en su arma y la escupió frente al moreno—. Ya te dije, lo único que quiero es hablar… de lo bueno que es Ryota en la cama. Dime ¿Cómo grita cuando está contigo? ¡Puedo apostar que te encanta como gime! Después de todo… tú y yo somos muy parecidos.
Las manos de Aomine se volvieron puños con lo último dicho por Shogo. Estaba cabreado, y a unos niveles que jamás creyó estarlo. Ahora sabía que el chico, realmente, era un auténtico retorcido. No serviría de nada comenzar a hablar o caer en sus provocaciones, él aceptaba que el rubio tuvo un pasado con ese individuo maligno y eso no le impedía amarlo como Kise se merece.
Porque él, se merece todo el amor del mundo.
— ¿Qué sucede, ya te cansaste? —Inquirió Haizaki dispuesto a darle una patada a Aomine, pero éste reaccionó y retiró el golpe con un puñetazo—. Vaya, por lo visto aún tienes fuerzas. Bien, continuemos… Esto es de vida o muerte.
La pelea no era nada equitativa, pues él tenía que esquivar los puños y la navaja que ahora tenía el otro entre sus manos. Quería liberar a su novio de ese tormento que tanto le estaba haciendo daño, quería devolverle esa paz que tanto anhelaba con su ser.
Y fue cuando se presentó la oportunidad. Shogo, quien quiso acertarle un golpe directo en su abdomen, invirtió los movimientos con una simple llave que le habían enseñado recién se integró al cuerpo policiaco y la cuchilla que iba a su cuerpo, se clavó en el otro.
Haizaki, al sentir como la sangre salía de la herida, retrocedió unos cuantos pasos hacia atrás por el dolor que sentía, pero no se percató que estaban en el borde del acantilado y se resbaló. Se sostuvo con un brazo y Aomine le miraba agitado desde arriba. No quería salvarle, él merecía morir por todo lo que el rubio tuvo que pasar tantos años debido a su causa; un ligero empujón y podía verlo perecer contra esas rocas… pero no podía ignorar sus principios de protección con los humanos.
Con pesar y esfuerzo, alzó el cuerpo de Haizaki y lo dejó tirado en la arena. Cansado, recargó sus manos en las rodillas para descansar un poco de todas las emociones que se dejaban caer sobre su cuerpo.
—Ya jamás te pedí que me salvaras.
Aquellas palabras le hicieron reaccionar y evadir un puñetazo que le iba a dar el otro. Y él preparó su golpe por lo bajo y devolvió el favor al otro estrellando sus nudillos fuertemente en la mejilla del otro.
—Como gustes, pues.
Al ver que ya no reaccionaba el otro, lo dio por un K.O. y una efímera victoria para él. El sonido de las patrullas acercándose le sacó de su nube y esperó paciente a que viniesen para llevar ante las autoridades al criminal que había marcado un antes y un después en su vida.
El sonido de su celular lo sacó de sus recuerdos cuando iba en el taxi. Con desgano, abrió su teléfono para ver quién era la persona que le marcaba con insistencia y frunció el ceño; tenía el día libre y en sus planes eran ir a bañarse y a descansar en su casa un rato, y de ahí partir al hospital para acompañar nuevamente a su novio como cada noche intentaba hacerlo… Pero en cambio, recibía molestas llamadas de su único amigo.
— ¿Qué quieres, Bakagami? Estoy cansado y no tengo ganas de un uno a uno hoy…
—Ahórrate tus insultos. Tienes veinte minutos para estar en el hospital.
— ¿Qué sucedió? ¿Él está bien? —Preguntó asustado, incluso su postura cambió radicalmente y todo su cuerpo tomó alerta a la persona que le hablaba al otro lado de la línea.
—Kise ha despertado.
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Ryota estaba confundido por todas las personas que iban llegando a su habitación. Un especialista había llegado a hacerle más preguntas de las que había hecho Midorima y él contestaba con educación cada una de ellas. Estaba aburrido de estar ahí al no saber nada y bastante asustado y confundido al no reconocer ningún rostro. Tenía miedo y se sentía solo…
O eso fue hasta que la vio entrar por esa puerta.
— ¡Ryota! —Una chica con cabello rubio largo y rizado en las puntas hacía una entrada triunfal corriendo directamente hasta la camilla.
— ¡Haru-neesan! —Soltó alegre el rubio al ver la primera cara conocida y estiró sus brazos para recibir gustoso los mimos de su hermana mayor— ¿Dónde estabas? ¿Por qué estoy aquí?
—Oh Ryota, esas son muchas preguntas… primero deja que te abrace —respondió evadiendo todo lo que había preguntado su hermano y se dedicó a darle besos sobre su rostro. Estaba feliz, vaya que sí, pero por dentro, tenía miedo… no quería que él volviese a recordar todo lo que sucedió y lo que le arrojó a ese punto.
—Nee-san dime ¿dónde están nuestros padres? — Inquirió sintiendo como toda la acción por parte de la mayor cesaba—. Quiero irme de aquí, me siento bien y no tengo nada ¡quiero que Misaki me lleve por un helado después de la sesión que tenemos mañana!
Harumi, la hermana mayor del chico estaba consternada por todo lo que decía. Por supuesto que le agradaba que su hermano ya no tuviese ese miedo constante por todo lo que había acontecido, pero el hecho de mentirle sobre su relación con sus padres y su otra hermana no era algo que estaba dentro de sus planes y mucho menos quería hacer; pero si no lo hacía, no sabía lo que podría ocasionar.
Porque aunque fue la primera en huir de aquella familia que no otorgaba nada mejor que inestabilidad, ella sí mantenía una buena comunicación con sus progenitores. Ryota era otro asunto… ella era la única familia que tenía.
—Ellos están de viaje de negocios, sabes cómo son —respondió con una sonrisa—. Y con respecto a Misaki… ella está en una sesión de modelaje en España.
—Ya veo —dijo un poco triste, pero recuperó la vitalidad en cuestión de segundos— ¿Y tú nee-san? ¿Cómo vas en tu gira de teatro?
— ¡Me alegro que recuerdes eso! Ahorita estamos en período vacacional y regresé para visitarte a ti mi hermanito… mamá me encargó que te cuidara — mintió haciendo uso de todos sus dotes como actriz para que al rubio no le quedase alguna duda de ello.
Kagami y Kuroko observaban como el ánimo del chico había mejorado considerablemente desde que pudo observar un rostro conocido. No habían hablado mucho con Midorima que estaba en una junta urgente con especialistas que trataban a Kise, pero sabían que a alguien, más que a ninguno, le dolería verlo de esa manera.
Kagami tragó duro. A pesar de que el celeste le había advertido que no le llamara aún a Daiki, él hizo caso omiso a ello creyendo que era lo mejor y que era una probabilidad que el rubio sí lo recordase a él… pero ahora ya no se sentía tan seguro de ello.
Y Aomine no tardaba en llegar. Y se le olvidó decirle la sospecha que tenían con respecto al estado de Kise.
Todo el ambiente estaba relajado con la entrada de la chica en ese espacio. Ellos seguían enfrascados en una plática que solo ellos entendían. El rubio arrojaba preguntas que ella contestaba con calma. Sin embargo, la puerta estrellándose hizo que todos los presentes dejaran sus actividades y voltearan su vista a la persona que entraba en ese momento a la habitación.
El moreno estaba en el umbral de la puerta agitado por la maratón que hizo por todas las escaleras —estaba demasiado desesperado para esperar el ascensor—, y halaba la corbata que tenía puesta; se desató un par de botones de la camisa para liberarse de aquella tensión e incertidumbre que sentía sobre sus hombros y enfocó su vista en un solo lugar: cuando observó los ojos dorados de Kise mirándole, todo a su alrededor desapareció.
Para él, no existía otra cosa que no fuera su novio en ese instante.
—Kise… —susurró conteniendo su felicidad con las palabras, pero logró externar su sentir a través de una sonrisa que cruzaba todo su rostro en ese momento.
Con rapidez, redujo el espacio que le separaba del rubio y le abrazó ignorando todas las miradas que se posaban sobre ellos en ese momento. Besó la coronilla de la cabeza y enterró sus dedos en las hebras del chico en cuestión.
Para el rubio, a pesar de sentir como su pecho se inundaba de una extraña calidez, le eran desconcertantes todas las emociones y sensaciones que habían cruzado su cuerpo en cuestión de segundos. Se sintió extraño y abrumado por todo eso, apartó con un brazo el cuerpo moreno que estaba pegado a él para recuperar un poco de su espacio vital.
Estuvo dispuesto a reclamar tal osadía, pero al contemplar los oscuros ojos azules del chico sobre él, le hizo desistir de ello. Evadió un poco esa mirada tan penetrante que le hacía temblar, pero se armó de valor y simplemente musitó:
— ¿Podrías soltarme? No tomes confianzas conmigo tan rápido…
— ¿Qué? —Daiki no daba crédito a lo que escuchaba. Volteó a ver a Kuroko quién le rehuyó la mirada al instante y de ahí pasó su vista a Kagami, el pelirrojo sólo se rascó la nuca en señal de nervios.
—Hey, te estoy hablando —volvió a hablar el rubio intentando —con sus pocas fuerzas— apartar el cuerpo del moreno—. Te he dicho que me soltaras.
Aomine hizo caso sumisamente a las órdenes que le dio Kise y se despegó completamente. Estaba aturdido; el peso que sentía se había ido, volvía a regresar el doble de fuerte sobre él. Retrocedió un par de pasos, casi como si con ello pudiese negar la realidad que se presentaba en ese instante.
No dijo nada y se limitó a darse la medita vuelta para salir de ahí.
Necesitaba respuestas, y las requería en ese momento.
De otra manera, su corazón se desmoronaría.
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"Poder disfrutar de los recuerdos es vivir dos veces."
Marco Valerio Marcial.
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Bien, no me maten... porque toda buena historia debe de tener un epílogo, el cual se entregará en la brevedad posible :'v
Hago uso de este espacio para invitar a la gente a participar en el "Mes AoKi"... ¡Atiborremos las páginas de fanfics de esta pareja por un mundo mejor!
Bien, como siempre el espacio de agradecimientos a las lindas personas que no dejan de comentarme: Mika, YukaSayamato, Red Tomatoe (Mi beba), kappa kolhv, Fujimy, ArcoirisAlcachofa, Andre Sayu029 por todas aquellas palabras que me sirven de aliento para poder continuar escribiendo. Sin ustedes, una parte de mi se vería vacía.
Espero que haya sido de su agrado y tengan un lindo y sensual ombligo de semana.
Les mando besitos de sabor a bombon.
Cadiie Mustang.
