¡Hola cosas bellas y sensuales del señor! (?)
Bueno... creo que las palabras y notas mías de mi (?) las dejo para el final. No los hago esperar y ¡Al leer! (Sho mientras iré a llorar)
Advertencias: Cursilerías, amor, resolución... Simplemente AoKi.
Disclaimer: Los personajes de Kuroko no Basuke no me pertenecen, son propiedad exclusiva de Tadatoshi Fujimaki y yo sólo los pido prestados un rato.
Epílogo
"Yo no quiero algo contigo… yo quiero todo contigo."
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Aomine mantuvo sus brazos cruzados —por petición y orden de Kuroko— mientras veía recargado en el umbral de la puerta del hospital como subían las pertenencias de Kise a aquel taxi que lo llevaría lejos de él. Realmente hizo uso de todo su autocontrol para no correr hasta ahí y raptar al rubio para mantenerlo cerca; no quería nuevamente una vida sin la radiante sonrisa que sólo podía otorgarle su novio…
Pero él no lo recordaba.
Había comprendido eso una semana atrás, en lo concerniente a Kise, él no era su pareja, ni su amigo, ni siquiera un conocido; para sí Aomine era un completo extraño.
Aún le costaba aceptar lo que le había dicho Midorima el otro día…
Lo único que sabía en ese momento, es que estaba corriendo… sí, pues el simple hecho de ver que su novio le apartaba de él, hizo que dentro de sí se quebrara un trozo de su alma; ese rechazo había dolido más que cualquier cosa en el mundo. Quería respuestas, mientras más claras y concisas, mejor.
Reducía cada vez más el camino con las grandes zancadas que daba, sabía a dónde llegar y podía jurar que se le hacía eterno el lugar de su destino. Abrió la puerta del consultorio privado del doctor de Kise con un azote impresionante, y estuvo a punto de gritar un par de cosas, pero se dio cuenta que había alguna clase de junta en ese lugar…
Estaban hablando de Kise, eso era evidente.
— ¿Qué haces aquí Aomine? —Preguntó el peliverde frunciendo el ceño ante el descaro del otro. Se levantó rápidamente e intentó acercarse a él.
— ¿Qué sucede con Kise? —Devolvió el cuestionamiento evadiendo el de Shintaro. Redujo la distancia entre ellos dos y tomó la bata de su ex compañero con una mano, la jaló hasta dejarlo cerca de él y conteniendo toda la ira que sentía en ese momento—. ¡Explícame qué mierda le sucedió a Kise!
Midorima comprendió el estado alterado en el que se encontraba el moreno, pero no siguió su juego y sólo le obligó a retirar el agarre de su persona; sacudió un poco su bata y con un movimiento con la cabeza, le indicó que salieran del lugar.
Daiki, asombrosamente, prestó atención a todo lo que le decía el otro con movimientos y le siguió. Cuando estuvieron en el pasillo, un silencio incómodo se mantuvo entre ellos un par de minutos; Midorima buscaba la mejor manera de decirle lo que había platicado con el consejo de doctores hace no mucho con respecto al estado del rubio. Sabía que aquello que le diría, no le agradaría en lo más mínimo al otro, pero tenía que hacerlo. Con esfuerzo, abrió la boca para comenzar a hablar:
—No puedo decirte un exactitud lo que le sucede, pero los altos directivos, especialistas y yo tenemos dos hipótesis: Kise padece de un cuadro de amnesia postraumática —dijo mirando directamente a los ojos al otro para que viese que no estaba jugando—, pero todo esto lo sabremos cuando se le realice una tomografía para ver qué áreas del cerebro se encuentran lesionadas…
— ¿Amnesia postraumática? —Repitió Aomine no creyendo lo que estaba escuchando— ¿Estás hablando enserio?
—Aunque también podría ser un fenómeno psicológico —al ver que el moreno guardaba silencio, lo interpretó como una invitación a que continuara hablando—; esto se puede deber al gran trauma emocional que vivió. Probablemente, su mente esté utilizando un mecanismo de defensa de represión bastante profundo para evitar sentir angustia nuevamente.
— ¿Qué tan profunda? —Siguió interrogando Aomine al sentir que nada tenía sentido; él estaba ahí para proteger a Kise, él no tenía la necesidad de sacarlo de su mente de esa forma… como si nada hubiese valido la pena.
—Lo suficiente como para que no te recuerde ni a ti, a mí, o a alguien que haya conocido después de los catorce años —contestó jugando con su pluma. A él tampoco le agradaba la idea de que el chico no le reconociese, pero debía ver en pro de su bienestar por el momento.
—¿Quieres decir que él está diciendo que tiene catorce años? —Preguntó mirando la actitud evasiva del otro. Cuando vio una afirmación con la cabeza, azotó su puño en la pared más cercana que tenía—. Sabía que el bastardo quería quitarse edad, pero no creí que se atreviese a jugar al que no recuerda…
—Aomine… —la voz de Midorima cobró un tinte de preocupación: el moreno también evadía la realidad en ese momento.
—En este momento me va a escuchar, haré que recuerde, así sea por la mala, quien soy yo —aseveró rudamente mientras tomaba marcha hacia la habitación de Kise. El peliverde no esperó a que avanzara mucho y se lanzó sobre él, estampando su cuerpo con la fuerza de su mano contra la pared del pasillo— ¡Oe Midorima!
—Nada de eso… si vas en este momento a intentar hacer eso, no sabes las consecuencias que podría tener…
—Eso debería ser mejor que la ansiedad y preocupación que hemos sentido desde hace tiempo —respondió altanero, pero bastante sorprendido por la gran presión y peso que ejercía el pasante.
—No puedes hacerlo… —comentó decidido Midorima a no dejarlo ir, pero el policía seguía moviéndose de un lado a otro y no le quedó más alternativa que decirle— Si haces eso, podrías provocar que Kise entrara en estado de shock y con su estado anímico en este momento, entraría en coma o peor… podría morir.
Ante esas palabras lapidarias, Daiki detuvo sus esfuerzos por liberarse del peliverde. Él no quería que Kise volviese al estado en el que lo vio noche tras noche durante el último mes; no deseaba verlo postrado inmóvil sin esa energía tan vibrante, característica exclusiva de él. Cuando sintió como el agarre que tenían sobre él aminoraba, se dejó caer sobre el piso sin oponer alguna resistencia.
—Yo no quiero que eso ocurra…
—Entonces debemos darle tiempo al tiempo… ¿comprendes? —Para Midorima, ver a Aomine de esa manera provocaba un augurio de mala suerte y por ello intentaba animarle; era de las cosas que más detestaba—. Él ahora no nos recuerda, y no queda otra más que aceptar ese hecho…
Un golpe le despertó de sus recuerdos. Apretó el puente de su nariz para espantar el sueño que se cernía sobre él e intentó a su vez, evadir aquella tristeza que embargaba su ser al verse obligado a separarse de Kise.
Se despejó un poco y concentró su atención al lugar del que provino el sonido de aquello y fue cuando le vio por primera vez en mucho tiempo… la sonrisa natural de su novio. Estaba feliz por tener la oportunidad de ver nuevamente aquello que le otorgaba luz.
—Ite~ —exclamó Kise sobándose la frente.
Al intentar subirse, se golpeó accidentalmente al no calcular bien la distancia. A lo lejos, escuchó una risilla y volteó rápidamente; algo en su interior había brincado al escuchar el tono burlesco y cantarín que llevaba aquella melodía, como si su corazón bailara emocionado… pero lo único que vio fue la cara del moreno que le había abrazado con alevosía, tatuada con sorna en cada uno de los músculos que despertaban esa sonrisa.
Una sonrisa que le provocó fruncir el ceño, pero a su vez, una extraña calidez inundó su pecho.
— ¿Por qué me ves, rubio? —Inquirió petulante Aomine al instante de ver los orbes amarillos mirándole penetrantemente— ¿Acaso te gusto? —Gritó un tanto esperanzado por oír lo que contestaba el otro.
—Ya quisieras —respondió no muy convencido de ello y continuó con el contacto de ojos; sin darse cuenta, la inmensidad de las iris azules le envolvía de una manera caótica, se sentía bien, como si le estuviesen guiando a dónde debería de estar—. El pequeño pez era del mismo color... —musitó entre dientes al darse cuenta de aquel descubrimiento.
—¿Qué dijiste? —Preguntó Daiki bastante confundido por aquella mirada amable que había puesto Kise. Desde que lo había visto hace una semana, no paraba de lanzarle gestos de disgusto y ver otra faceta diferente en él sólo alimentaba sus esperanzas.
Cuando el rubio se percató que aquel pensamiento que debía haberse reservado lo había dicho en voz alta, sintió sus mejillas arder y no esperó para romper el íntimo lazo que había compartido con el otro. Ignoró la última pregunta y volvió a subirse al automóvil, sin saber que dejaba a Aomine con un puñado de ilusiones entre sus manos.
Harumi observó todo lo que había pasado y suspiró hondo… ahora con eso, no sabía que era lo correcto. Se veía a leguas que la felicidad de Kise era junto a aquel moreno —que conocía desde que su hermano estaba en secundaria—, pero si permitía que volviese a recordar todo, existía la posibilidad que recayera y ahora en un estado peor; además, tenía la oportunidad que su familia volviese a estar unida nuevamente.
Tenía pocas referencias sobre Daiki, sus encuentros hace tiempo no pasaron más allá del saludo, la pregunta de cortesía y la despedida; y por ello no sabía si podía confiar en él. Ella era del pensar que con el cabello suelto no fluían las ideas, y por ello decidió peinar su larga cascada dorada en una coleta alta. Al sentirse mejor con eso, se acercó tranquilamente hasta dónde estaba Aomine y le estiró una libreta con una pluma.
— ¿Qué es eso? —La pregunta del policía fue bruta y directa.
Realmente toda la familia de Kise, la de sangre, era extraña y muy egoísta. Ella fue quien le enfrentó hace pocos días en la entrada de la habitación y le dejó en claro que quería que se mantuviera al margen por el bien del chico. Aunque todo aquello lo dijo con una sonrisa y evidentemente, pensando en el bienestar del rubio, pero para él, lo único que estaban haciendo era alejarlo de su pareja.
Le estaban quitando un gran pedazo de su vida.
—No quiero confusiones, entonces lo volveré a decir… —su voz era neutra, pero una pequeña sonrisa adornaba su rostro— Aún no decido qué es lo mejor para Ryota, pero quiero que él sea feliz, esa es mi máxima prioridad…
—Eso no se ve en tus acciones —interrumpió el moreno abruptamente—, lo estás alejando de mí, quien has escuchado por boca de todos, soy su verdadera felicidad.
—Lo que sea —no quería sentirse mal con todo ello, así que sólo ignoró lo último dicho por el varón—. Anótame aquí tu número de celular y vivienda. Quiero estar en contacto contigo por cualquier cosa que le suceda a Ryota: en caso de que llegue a recordar algo, o que por sí mismo quiera verte.
Aomine no estaba del todo seguro ni muy contento con la petición de la fémina, pero de eso a nada… prefería confiar en que Kise le recordaría tarde o temprano. Preferentemente para él, que fuese temprano, no quería pasar mucho tiempo sin él. Con desgano, anotó los datos solicitados en el trozo de papel y se lo regresó a la chica.
—¿No vas a preguntarme dónde vivo? —Cuestionó ella al ver la seguridad que parecía emanar el chico.
—No es necesario, tengo una amiga que puede conseguir cualquier tipo de información incluso si intentaras huir al otro lado del mundo. En cuanto lo requiera, si le pido tus datos, ella me entregará una biografía completa de ti.
—Un chico bastante precavido —comentó con un tinte de sorpresa—. Cualquier cosa estamos en contacto.
—Eso espero.
Ambos chicos mantuvieron un silencio, pero detrás de aquel mutismo se estaban analizando uno al otro. Aomine no sabía que impresión tener de esa mujer, pues podía volverse una fiera y arrebatarle lo que más ama o ser un aliado formidable para poder recuperar a su novio.
—Haru-neesan, vámonos —gritó Kise sacando la mitad de su cuerpo por la ventanilla del taxi.
—Ryota, no hagas eso… te puedes lastimar —regañó la fémina a su hermano menor en cuanto se acercó hasta él; hizo que se metiera por completo y abrió la puerta, pero antes de partir, agitó una mano para despedirse de Daiki.
Después de ver partir aquel automóvil, Aomine sintió como un pedazo de su vida se esfumaba de entre sus dedos.
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Kuroko iba llegando a su casa junto con Kagami después de hacer una escala en la oficina de correos. Ambos estaban bastante consternados con todo lo que estaba sucediendo en torno a su amigo; ellos creyeron que las cosas se resolverían apenas él despertara de su letargo sueño, pero en cambio, se tornaron más complicadas de lo que podían haber imaginado.
Entrando al departamento del celeste, Taiga estiró sus brazos hacia arriba para tronar todos los huesos que estaban contracturados. A él también le dolía ver a su mejor amigo en ese estado, pero no podía evitarlo, Midorima había sido bastante estricto con respecto a evitar decirle a Kise cosas que pudiesen alterarlo.
Ambos se sentaron en el sofá más cercano, pero guardaron silencio como sólo entre ellos podía haber. Kagami no tenía necesidad de sacarle plática a Kuroko ni viceversa, se complementaban y se entendían de manera perfecta con sólo unas miradas. Su conexión iba más allá de lo conocido… incluso cuando tuvieron su disgusto por la ex pareja de Tetsuya, o el compañerismo malentendido con Himuro, ellos seguían sin perder ese lenguaje tan propio de ellos.
— ¿Crees que hicimos bien, Kagami-kun? —Preguntó Kuroko cuando sintió un pedazo de culpa sobre él.
—Aomine no podía quedarse con eso, no sabemos lo que pueda llegar a hacer… —contestó echando su cabeza a la cabecera del sillón— Además, esto de alguna forma le ayudará en un futuro. Harumi hizo un trato ¿no? Se ve que ella respeta todo lo que dice.
—Tienes razón —respondió sencillamente mientras una vena floraba en su sien. No le gustaba que su novio hablase tan bien de una persona que recién acaba de conocer.
El mutismo por parte del celeste, lo notó el pelirrojo al instante y sonrió arrogante. Él conocía perfectamente cada gesto de su novio y aquel minúsculo tic en la ceja le indicaba algo:
—Estás celoso —dijo seguro y sintió un respingo por parte del otro al instante—. No te pongas así… Sabes que no necesito a nadie más que a ti.
No fue necesaria otra palabra; todo aquello que compartían ellos dos era más que suficiente para saber que entre líneas y miradas, se decían todas esas frases amorosas que no pudieron decirse en semanas debido a la situación tan tensa que vivían.
—Espero que Kise-kun recuerde pronto, aunque sea un poco de Aomine-kun… si no, creo que él sería capaz de cometer una locura.
—Confío en el buen juicio… —detuvo su oración para seguir hablando y se corrigió— En el poco buen juicio que tiene Ahomine y sé que no hará nada.
—Yo quiero que ellos sean felices… se lo merecen, ambos.
—Deja de hacerte marañas —irrumpió la melancolía del celeste y completó—. Lo serán, sólo hay que esperar.
Ninguno de los dos interrumpió el nuevo silencio que se cernía entre ellos. No podían hacer más de lo que hicieron al enviar el paquete con su dueño; ahora, lo único que les queda, es confiar y esperar.
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Apenas iba llegando a casa después de compartir una ardua tarde con su hermana. Se había olvidado un poco sobre cómo era salir con ella de compras y definitivamente era mil veces peor que él. Estaba cansado, sus músculos se lo decían y por ello, se dejó caer en el sillón de vinil que había en el centro de la sala de su hermana.
Escuchó la llave de la regadera abrirse y suspiró hondo; su hermana tardaría ahí siglos y eso lo podía constatar por los días que llevaba compartiendo departamento con ella. Y a él, como últimamente, le tocaría el agua fría.
Ya habían pasado casi tres semanas desde que había salido del hospital y aún no lograba acoplarse a la vida a la cual —de acuerdo al testimonio de Harumi— estaba acostumbrado; iba al hospital dos veces por semana para exámenes y estudios de los cuales estaba hastiado… nada le ayudó hasta el momento.
Pero todo se le seguía haciendo absolutamente extraño, como si estuviese viviendo la vida de otra persona. No se reconocía por completo al mirarse al espejo, se suponía que había cambiado; si, eso lo notaba en el largo de su cabello por no decir sus facciones maduras en el rostro… pero algo en la imagen que se reflejaba por las mañanas al levantarse, no encajaba con él.
O al menos no con la imagen que él tenía en su mente.
No podía decirlo con exactitud, pero algo le decía que estaba en el lugar incorrecto y su cuerpo le gritaba que aquello no estaba bien; en sus manos sentía un vacío bastante extraño, como un hormigueo intensamente molesto que recorría toda su palma en busca de algo. Levantó una de las mismas y la observó detenidamente; la veía entera, no le faltaba ni una uña o pedazo de carne por el cual se sintiera de esa manera, y aun así, no podía evitar que tener aquella sensación. Frunció el ceño bastante molesto, pues también recordó no saber de qué se trataba el frío que tenía en su pecho todas las noches…
"Sígueme… cómo antes lo hacías"
El delicado, pero firme tono de aquellas palabras que vinieron a su mente lo sacaron de su ensoñación y volteó para todos lados para identificar la procedencia del sonido… pero no logró ver a nadie. Rascó su mejilla sintiéndose un poco paranoico.
Volvió a su posición relajada sobre el sillón y suspiró hondo. Aquel recuerdo con sonido, pero sin imagen le había acelerado el corazón a niveles nuevos para él; pero tenía la ligera sospecha de haber sentido algo igual hace no mucho.
Y fue cuando lo vio: lejos de él, bajo una mesa de roble, había una caja que alguien mandó a su nombre. Su hermana no le dio permiso de abrirlo en ese momento, le dijo que cuando lograra recordar algo, por más mínimo que fuese, podría hacerlo. Con cautela, se acercó hasta dónde estaba el objeto que le despertó curiosidad desde la primera vez que le miró y lo tomó entre sus manos; en realidad, no era muy grande, tendría el tamaño de un paquete de galletas y eso se le hizo un timo.
Sin embargo, tenía miedo de abrirlo, porque en parte le embargaba el miedo de ver que lo que todos decían era cierto; y aun con ello, se armó de valor y abrió cuidadosamente la caja para asomar sus curiosos ojos y ver qué es lo que tenía dentro… sólo observó un teléfono celular y un cargador.
Frunció el ceño, con eso realmente se sentía timado.
Pero sacando las cosas, encontró una nota con unos kanjis bastante legibles…
"Si quieres conocerte un poco más, tienes que poner a cargar este celular un poco y después podrás verlo por ti sólo… Tranquilo, todo va a estar bien.
K.T."
Con un poco de desconfianza, hizo caso al mensaje que había leído y buscó un conector de luz para poner a cargar su celular. Cuando vio que la barra de energía comenzaba a llenarse, lo dejó en el piso y se levantó para ir por un poco de agua; quería liberarse de aquel nudo que comenzaba formarse en la garganta.
Dejó pasar diez minutos para que el aparato recobrara la energía que le faltaba mientras él hacía el tonto de aquí a allá, explorando como el primer día cada rincón del lugar donde se estaba quedando. Aunque sí, había cosas que aun vistas tanto tiempo no lograba recordarlas… se le olvidaban otras casi al instante.
Y eso era lo que más le preocupaba.
La incertidumbre comenzó a hacer mella en él, tenía ansiedad y nervios por saber qué contenía aquel celular, pues podría ser lo único que le arrojaría un indicio de lo que le había sucedido. No esperó más, no pudo hacerlo y se abalanzó directamente al piso para encender el pasaporte a su vida.
Al verlo detenidamente, no recordaba haber tenido un teléfono de ese calibre; se veía costoso y bastante delicado y él no recordaba ser demasiado ostentoso en ello. Al fin, después de unos minutos, el celular se iluminó y mostró un fondo de pantalla bastante peculiar…
En ella, podía verse la imagen de cinco chicos vestidos con algún uniforme deportivo —que no reconocía—; pero una de las personas que estaban ahí, sonriendo a la cámara y desbordando alegría en sus gestos… era él. Pero no recordaba a las personas que le acompañaban en esa foto; estaba sudado y con el cabello desarreglado, además, un moreno le tenía abrazado por la nuca y ambos levantaban sus puños en señal de una victoria.
Cuando concentró más su vista, pudo remembrar aquel cabello verde y esos lentes en una persona que veía recientemente…
"Kise, tienes cita la próxima semana, no se te olvide."
"No lo haré, Midorimacchi sensei."
Ante ese recuerdo, cerró sus ojos y se dejó llevar por la dulce sensación que inundó su pecho; fue algo sutil y delicado… como un pequeño roce con el ala de una mariposa.
Feliz por ver que su cuerpo tenía la razón y no se estaba volviendo loco se dispuso a observar más la fotografía; sus ojos pasearon por todos los presentes reconociendo un poco a las personas que le habían visitado recientemente, pero sus ojos se detuvieron en aquella despampanante sonrisa que tenía cerca de su rostro en la imagen provocó en él una sensación más grande e intensa que la anterior; no sabía cómo o porqué, pero ver los hoyuelos en las mejillas de aquel chico le confortaba el alma de una manera bastante similar.
Continuó hurgando el contenido del celular y suspiró al ver que esa era la única imagen que había; luego, fue abriendo el correo personal y leyó algunos mensajes que provenían de un número que no estaba registrado… pero todos tenían el mismo tinte ególatra y dominante.
"Te paso a recoger en veinte minutos, más vale que ya termines de trabajar."
"¿Estás despierto? Ja, si no que bueno que te desperté porque es hora de levantarse."
"¿Estás pensando en mí? Tan tonto, deja de hacerlo y ya duerme."
"La próxima vez dile a Nene que deje en paz a este mocoso… aunque me caiga bien, no me gusta que te abrace tanto."
Todos y cada uno de ellos tenían la misma esencia bruta, pero que le hicieron sacar una sonrisa por demás inmensa. Él, mientras tanto, continuaba leyendo cada una de las palabras que le sacaban sonrojos y muecas de felicidad; realmente se encontraba contento por hacer tal descubrimiento de ello. Pero todo lo bueno tiene que terminar y a él se le acabó la diversión en cuando terminó de leer todos los mensajes.
Toda esa alegría efímera, desapareció en cuanto vio que ya no había más que eso. Ahora sentía curiosidad, quería saber mucho más de lo que nunca quiso hacerlo.
Sintió unos delicados pasos acercarse hasta él y volteo presuroso para ver si nuevamente veía a esa imagen con voz y sin rostro, pero se desilusionó cuando observó a su hermana mirándole con una gran interrogante en la cara. Esto no pasó desapercibido por la rubia y abrazó por detrás el cuerpo de su hermano.
—Ryota ¿Qué tienes? —Preguntó conflictuada por el ligero tic en el labio de su hermano, pero en cuanto vio el celular entre sus manos, comprendió inmediatamente a qué se refería— Veo que abriste el paquete…
—Neesan… ¿Qué debo hacer? —Su voz estaba quebrada y sentía desesperación por dentro; sabía que no podía presionarse a sí mismo, pero no quería que pasara más tiempo con aquel extraño vacío que sentía.
— ¿Quieres que te ayude un poco? —Creía que era el momento y por eso ofreció su ayuda, y en cuanto vio que él asintió con su cabeza, sacó su celular y comenzó a escribir a una velocidad impresionante; después de un par de minutos, aventó su aparato a la alfombra sin esperar una respuesta. Ella de antemano, sabía que él iría a ese lugar—. Listo, mañana a las cuatro te quiero presentable en la puerta ¿me entendiste?
— ¿Qué? —No podía caber en el asombro por la orden y sólo se calló— ¿De qué estás hablando?
—Ya te lo dije, mañana a las cuatro en punto… ¡Si no, otro día no haré nada!
No sabía a qué iba todo eso, pero no pudo evitar sentirse feliz al saber que, probablemente, mañana conocería muchas cosas de las que su cuerpo se empeñaba a recordarle.
—Gracias, neesan.
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Aomine iba llegando a su casa después de una ardua jornada de trabajo y rotación nocturna en la estación. Después de las vacaciones que tomó para hacer todo el proceso legal contra Haizaki, tuvo que reponer algunas horas extra que se llevó y ahora cubría a los oficiales que le hicieron el favor de cuidar su puesto. Agradeció, muy a su manera, la ayuda y el apoyo que le brindó todo el edificio y les invitó una ronda de cerveza en el bar más cercano hace un par de días. Desde ese momento, no había dormido en muchas noches.
Se tiró contra su cama para poder pensar mejor sobre todo lo que había pasado. Siendo sincero con él mismo, la situación que atravesaba Kise y por ende le perjudicaba a él, lo estaba sacando de la poca cordura que le quedaba. Estaba demasiado acostumbrado a enviar mensajes molestos al rubio, así como disfrutar las charlas sin sentido y los momentos íntimos que creaban juntos; aun con poco tiempo de haberse reencontrado, entre bromas y pláticas, habían comenzado a planear un probable futuro, juntos.
La desesperación que vivía en ese momento era distinta a la que sintió cuando fue el secuestro del rubio tiempo atrás. Aquella le quemaba el alma, retorcía y aplastaba su raciocinio hasta dejarlo sin esperanza; sin embargo el nudo atorado en su pecho, parecía más como una molestia que le impedía llevar una vida normal como antes lo hacía. Y aunque no era dolorosa y mucho menos martirizante, sentía que cada día que pasaba aplastaba poco a poco las ilusiones de volver a ver nuevamente la sonrisa despampanante.
La vida era una perra que se burlaba de él. Le quitaba a sus seres queridos y cuando le otorgaba la oportunidad de ser feliz en bandeja de plata, se le arrebataba nuevamente.
Sentía que todo se escurría entre sus dedos.
El teléfono sonó irrumpiendo sus cavilaciones mentales y desbloqueó la pantalla observando que tenía un mensaje. No tenía ganas de una invitación de cortesía de sus amigos —al parecer, últimamente tenían un complot y cuando no tenía que hacer le buscaban para invitarlo a estar con gente—, él sabía que querían lo mejor para él… pero lo mejor para él era estar con Kise en esos momentos. Aun así, se dispuso a leer el contenido y se sorprendió al ver que provenía de un número desconocido; al ver el inicio y asunto, sus ojos se abrieron y la pereza abandonó su cuerpo en un instante.
"De: Desconocido.
Asunto: Mi hermano, Ryo-chan…
Hola morenazo, quiero decirte que mi hermano… bueno, creo que él ha recordado algo y quiere demasiadas explicaciones. No sé si tú seas el más indicado para hablar con él, pero sé qué harás lo mejor para decirle. Mañana a las cinco nos encontraremos en el mismo parque donde fue la sesión de fotos… sí, me enteré de él antes de que perdiera la memoria dónde se reencontró con su adorado Aominecchi.
No llegues tarde.
Kise Harumi."
No necesitó un incentivo más para dejar la cama que esas palabras. Se vistió nuevamente con el uniforme y se puso nuevamente la placa que le distinguía en su pecho. Tenía una sonrisa en el rostro, al parecer las cartas ahora jugaban a su favor en el juego de la vida y no desaprovecharía esa oportunidad tan valiosa y probablemente, la única que tendría. Hizo una rápida llamada y esperó en la línea hasta que la otra persona le contestase.
— ¿Imayoshi? Voy nuevamente para el trabajo —avisó al momento de tomar sus llaves—, no me importa si no es mi turno, quiero ir porque necesito la tarde libre de mañana. Agradece que alguien quiera cubrir la noche de hoy —esperó a que su superior terminara de hablar y una vena saltó en su sien— ¡Por supuesto que ya sé que no he dormido en dos días! ¿Desde cuándo te preocupas por mí? —Cerró los ojos y los talló para terminar de quitarse la pesadumbre de ellos—. Sí, no me lo tienes que recordar… Kise es lo más importante para mí y por eso hago esto.
Colgó de golpe y salió rápidamente para alcanzar el metro. Sospechaba que no estaba en condiciones de manejar.
Pero la felicidad que invadía lentamente su pecho valía cualquier cosa que hiciera.
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Kise estaba en una plaza que relativamente era nueva para él. Hace una hora estuvo listo en la puerta tal y como su hermana se lo había pedido, no quería utilizar algo elegante, pero se vistió cómodamente ya que, en su inocencia, creyó que ella lo llevaría a modelar como antes solían hacerlo. Pero en su lugar, un chofer le recogió a la hora en punto excusándose en lugar de su hermana, le indicó que debía de bajarse en ese parque y que él le recogería en un par de horas.
Sin embargo olvidó preguntarle un detalle… ¿Qué se supone que debía de esperar ahí?
Se recargó en un pilar de mármol que se encontraba cerca de un kiosko. Revisó el reloj de su muñeca y este marcaba en su manecilla más chica cerca de las cinco de la tarde. Por alguna razón, estaba ansioso y sus manos comenzaron a sudar inesperadamente.
El sol ya no resplandecía con la misma intensidad que hace unas horas y empezaba a marcar su partida a través del horizonte. No quería estar tanto tiempo sólo, pero por alguna razón necesitaba quedarse ahí. Pasaron algunos minutos desde que revisó por última vez el reloj y ya pasaban de las cinco, por algunos simples minutos.
Estaba ensimismado observando los árboles que adornaban al parque, los pétalos de colores se habían ido y las hojas verdes adornaban todo a su alrededor. Un aroma masculino inundó sus fosas nasales y sintió como aquello alertó a todo su cuerpo de una manera bastante particular; no era como si tuviese miedo, simplemente cada fibra de su piel vibró ante eso.
—Yo.
Y la voz que escuchó le obligó a girar la cabeza hacia arriba, deleitándose con un par de ojos azules que le miraban fijamente.
— ¿Tú de nuevo? ¿Qué haces aquí? —Preguntó sorprendido y confundido— ¿No serás un acosador, cierto?
—Ya quisieras que yo fuera el acosador —contestó metiendo sus manos en los bolsillos de los pantalones—. Tu hermana me mandó un mensaje ayer por la noche, al parecer quieres respuestas y ella cree que puedo dártelas.
— ¿Estás hablando en serio? —Aún no podía creer que su hermana le haya traicionado de esa manera, y mucho menos con la persona con quien, estando cerca, se sentía más intranquilo desde que despertó. Era como si le fallase el juicio y todo a su alrededor perdiera importancia. Vaya estupidez.
—Por supuesto, tengo la evidencia en mi celular si es que dudas… —dijo convencido para quitar la desconfianza del otro— Olvídalo, vamos a sentarnos a otro lugar. Si realmente quieres respuestas sígueme.
A Kise no le gustaba la actitud tan demandante que tenía el moreno recién llegado, por no decirlo en otras palabras, odiaba que cualquier persona le diese órdenes, nadie podía usar poder para obligar a otros; y aún con todo esto presente y su ceño fruncido, algo fuera de su control le hizo levantarse y seguirle, casi como si se tratara de un acto involuntario o inconsciente. Sus piernas se movían lentamente intentando seguir el paso del otro quien observaba todo a su alrededor y en momentos, le volteaba a ver para que siguiera detrás de él.
Por un segundo, el ver esa ancha espalda frente a él, le recordó un momento doloroso, pero que a su vez, sanaba la misma herida que le hacía sentir en el pecho.
Ambos caminaron por todo el parque hasta dar con una banca que estaba desolada y poco transitada por las personas del parque, tomaron asiento y el rubio estuvo callado esperando unos cuantos minutos para otorgarle la oportunidad de hablar al otro.
—Yo te conocí por primera vez cuando teníamos catorce años, ambos íbamos en segundo de la escuela media y desde ese día entraste al club de baloncesto —contó tranquilamente Daiki entrelazando sus manos y relajando su postura desde un inicio—. Jugábamos uno a uno casi todas las noches porque me lo pedías, era engorroso, pero divertido cuando pateaba tu trasero…
— ¿Me ganabas en un deporte? —Inquirió bastante confundido. Por lo regular, por no decir siempre, dominaba cualquier actividad que se propusiera e incluso era mejor que muchas personas que llevaban años en ese medio; además jamás hubiese creído que le interesaría el basquetbol— ¿Cómo era nuestro equipo?
—Éramos asombrosos, mejor conocidos como la generación milagrosa —contó algo entusiasmado y con una sonrisa—. Juego al que entrábamos, juego en que despedazábamos al contrincante. A pesar de nuestras similitudes a la hora de jugar, armábamos buena dupla allá afuera. —Hasta ese instante, el moreno se atrevió a mirar fijamente a Ryota.
— ¿Y qué sucedió? —Preguntó ansioso, ahora recordaba el uniforme azul cielo que portaba y todas las sonrisas de compañerismo que tenían muchas personas en aquella fotografía que vio el día anterior.
—Digamos que… empezamos a tener diferencias todos nosotros. Cada uno fue siendo egoísta y… éramos unos inmaduros —finalizó Daiki. Quería ahorrarse la parte dolorosa en la que sintió esa soledad al crecer rápidamente y los constantes roces que tenía con todo el club por su actitud prepotente.
—Ya veo… —comentó desilusionado, quería saber más de esa época que al parecer, era importante; pero su instinto le dijo que debía de ser prudente por el rostro que portaba el moreno.
—Después, bueno, cuando nos graduamos cada quien fue a una escuela diferente y para el verano de mi primer año yo tuve que mudarme lejos de aquí… —dijo resumiendo parte de la historia, tampoco iba a vomitarle casi tres años que compartieron juntos en su adolescencia— Tú seguías reuniéndote con todos y conociste a más personas, algunos te fueron a visitar al hospital; pero yo no te volví a ver hasta después de seis años, de hecho nos reencontramos aquí, en este parque.
—¿En serio? —Poco a poco, la postura y la ansiedad de Kise fue disminuyendo al escuchar el relato e incluso se permitió sonreír ante la posibilidad de haber entablado una muy sólida amistad con las personas que le habían procurado aún con su olvido.
—Sí —respondió apretando sus manos, no quería hacerle recordar una etapa difícil y se abstuvo de recordarle en ese momento a Haizaki, no lo creía tan prudente; si él lograba recordarlo, lo haría a su manera y él —si Ryota lo permitiese— estaría a su lado para contenerle—, tuviste un accidente y por eso, tonto, te olvidaste de nosotros… y de mí.
Aunque fue una frase dicha a la ligera, las palabras hicieron en la mente de Kise una conexión impresionante; esas palabras brutas y toscas pero con un trasfondo de dulzura le habían recordado los textos que leyó el día anterior. Tal vez, y sólo tal vez…
—Aomine-kun —susurró el rubio mirando directamente las iris azules—, ¿Tú y yo teníamos una relación especial?
La pregunta asaltó e impactó de lleno en la mente del policía ¿podría ser que Kise recordara? Estaba emocionado, pero no podía contestar de la impresión que sentía. Su mente no podía procesar una respuesta que no fuera ni altanera, ni presuntuosa y mucho menos que se escuchase ilusionada.
—Lamento decirlo, pero no he recordado nada —confesó Kise cruzando sus piernas y mirando al cielo, le dio pena el rostro tan desilusionado que puso inmediatamente el moreno ante sus palabras—. Es sólo que ayer estuve leyendo un par de mensajes que tenía en un supuesto celular mío… y la forma en la que te expresaste ahorita fue demasiado similar para considerarla coincidencia.
Y las esperanzas de Daiki se desvanecieron así como llegaron. Quería mandar al demonio a Kise y a la vida misma por haberse burlado de él nuevamente, pero sabía que ninguno de ellos tiene la responsabilidad de todo lo que su mente elucubraba.
—Pero eso no quiere decir que tu presencia no me altere —comentó con una sonrisa diminuta y sincera—. Quiero decir, cuando me abrazaste en el hospital, sentí cómo si mi corazón quisiera abandonarme, quería salirse de aquí —dijo tocando su pecho—. También el mundo me dio vueltas y algo dentro de mí quería haberse dejado llevar en ese momento.
Y no mentía, realmente sintió como todo su interior dio un vuelco al momento de sentir la calidez que desbordaban los brazos amplios que le rodearon aquel día. También podía recordar perfectamente el momento cuando salió del hospital, las burlas y sonrisas arrebatadoras que le regalaba Aomine le hacían desfallecer y casi podía sentir como se ponía levemente rojo ante ello. Y aunque también es importante, le resulta molesto recordar como su hermana y el moreno parecían cercanos y se intercambiaban algo que parecía más que un simple papel. Sin mencionar esa sensación que habitaba en su mano cada vez que recordaba algún atisbo del hombre en cuestión a cualquier hora del día.
Incluso en ese momento su cuerpo giraba o iba en la dirección en la que él lo hacía. Le provocaba demasiadas cosas para poder ser indiferente a ellas.
Sin embargo para Daiki, eso bastó para hacerlo reaccionar por completo; intentó serenarse, respiró hondamente y su obligó a su corazón a calmar ese frenético e insoportable palpitar que le escozaba la herida de no ser recordado por la persona que amaba.
—Escucha Kise, yo… yo soy bastante torpe para expresarme y puede que a veces lo haga de la manera incorrecta —giró completamente su cuerpo para que el rubio lo viese enteramente—. Pero desde que te vi en el hospital, sabes que no soy un simple amigo por la manera en que llegué agresivamente… pero eso no importa ahora realmente.
— ¿Qué quieres decir con eso? —Su voz tembló ante la serie de confesiones que recibía de la mejor manera posible.
—Por el momento y mientras no recuerdes nada de mí, no me interesa como fue que nos conocimos, como nos volvimos a reencontrar y todos los momentos que hemos compartido… eso es tiempo muerto para mí también —dijo serio y con el ceño ligeramente fruncido ante el sonrojo que sentía iba a inundar su rostro—. Ahora estamos en los mismos términos ¿cierto?
—Técnicamente… supongo que tienes razón —contestó ligeramente convencido de que una locura se avecinaría. Su cuerpo gritaba algo y su corazón latía frenéticamente.
—Por eso desde ahora, iniciaremos conociéndonos, como si fuera la primera vez que nos vemos —comentó abochornado por la pena de decir esas palabras—. Seremos amigos, yo te conoceré y tú me conocerás. Saldremos a comer un par de veces e iremos a lugares que te gusten. Te enseñaré a jugar baloncesto y, en su medida, jugaremos un uno a uno como antes…
Para ese momento, Kise vio como el moreno se levantó de su lugar y se movía frente a él exponiendo todos sus planes a futuro en los que él, inevitablemente, ya se encontraba inmiscuido hasta el fondo. Y eso le gustaba, le agradaba esa adrenalina que sentía fluir en su cuerpo ante la sonrisa y el entusiasmo que desbordaba el chico. Sus manos sudaban ansiosas, expectantes por todas las buenas ideas que se le ocurrían a Daiki. Realmente no podía quejarse de las consideraciones que recibía por parte del que se supone sería su nuevo amigo.
—Pero antes de eso, quiero dejarlo en claro Kise —dijo deteniéndose abruptamente. Sus manos se colaron dentro de los bolsillos de sus pantalones para evitar evidenciarse temblando—. Yo no quiero tener algo contigo… —musitó recordando cómo se le confesó aquel día bajo la lluvia, ahora se daba cuenta de lo equivocado que estaba con esas palabras— Yo quiero todo contigo.
El susurro del viento sonó en ese lapso de silencio que se formó posterior a la confesión de Aomine. Kise abrió sus ojos expectante ante las sinceras y profundas palabras que salieron de boca del moreno que le miraba anhelante a una respuesta. La mente del rubio trabajó rápidamente en un segundo, procesando y buscando aquel lejano sueño en el que escuchó algo similar a eso…
Y en un instante lo recordó. Estaban él y el moreno debajo de una torrencial lluvia; Aomine lo abrazaba por detrás y él lloraba por una razón que no lograba recordar del todo bien… pero las palabras dichas por parte del otro fue lo que detuvo su corazón.
"Lo único que quiero es tener algo contigo."
Sonrió ante ese recuerdo que se presentaba tan nítido en su mente. Fue rápido, casi como un resplandor iluminando la oscuridad que se cernía sobre su mente; pero fue suficiente para que el nudo en su estómago pasara a su garganta demostrando el cúmulo de emociones que tenía atorados en ese momento.
Quería saltar, brincar feliz por haber recordado siquiera un atisbo de su vida anterior, pero ahora Daiki exigía una aceptación o rechazo que él con gusto, aclararía. Por algo su mente le envió ese recuerdo, por algo estaban ahí parados justo en ese momento, en el lugar en el cual, según Aomine, se reencontraron. Por lo pronto, daría rienda suelta a esa emoción y voluntad que llenaba su cuerpo, dándole espacio y razón a lo que decía su corazón. Se levantó de su cómodo asiento y caminó hasta quedar frente a frente con el moreno, todo eso sin perder la mueca que ya se había tatuado en su rostro.
—Entonces creo que estaré esperando todo de ti… Aominecchi.
La cara de Aomine se desencajó de su zona de confort y sonrió como sabía no lo había hecho en años. Nada se comparaba a escuchar su nombre saliendo de los labios ajenos los cuales no quiso esperar a probarlos y enredó sus brazos en la cintura de Kise, lo acercó y capturó la boca en un beso fiero, deseoso, recorriendo cada recoveco de ese lugar que no había probado en semanas.
Kise por su parte, entró primero en una sorpresa por la actitud tan espontánea de Aomine, realmente no se esperaba un acto de esa magnitud. Ahí descubrió, que aquellos labios sobre los suyos se sentían bien; y a pesar de lo brusco que podría llegar a ser, su cuerpo estaba tranquilo envuelto en ese cuerpo que parecía protegerlo, cubrirlo… amarlo. En respuesta, enrolló sus brazos en la nuca de Aomine y pegó su cuerpo aún más, quería más contacto con aquella ardiente piel que le incitaba y despertaba sensaciones desconocidas. El ósculo del que fue preso le arrebató demasiados pensamientos innecesarios para el momento y que fueron suplantados por la ternura que en ese momento Aomine se dedicaba a darle repartiendo besos fugaces a sus labios ahora hinchados y rojos por el denso nexo.
No lo recordaba del todo, pero podía percibir que en aquellas caricias que variaban entre rudas y suaves, había un atisbo diferente que lograba estremecerlo y su cuerpo se lo decía. Quizá las palabras entre las miradas y el constante roce entre sus narices le indicaban que todo cambiaba considerablemente la intimidad que se brindaban en tan sólo un gesto como lo era un beso.
Y es que se dio cuenta que no era sólo un beso… era su beso.
Existían muchas dudas en él, y estaba consciente que tal vez no lograría recordar nunca; cómo el por qué tenía una cicatriz tan grande en su espalda donde un escalofrío bastante extraño; o por qué no podía levantar su brazo más allá de su hombro; o la notable delgadez del que era presa su cuerpo… pero todo eso, en su medida y sin esfuerzo lo iba a ir descubriendo. Sonrió complacido por ello; juntó su frente con la de Aomine y comenzó a llorar… de alegría.
Ya no tenía miedo a conocer la verdad, ya no se encontraba solo.
Ahora tenía a Aomine para caminar de la mano; ahora podía sentir que el vacío se esfumaba.
El moreno le dijo que le entregaría todo… y él se entregaría de la misma manera.
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¿Tomatazos? ¿Piedras? ¿Felicitaciones? Todo se recibe con amor.
Bueno, hemos llegado al último capítulo de este emocionante fic (?) "Algo contigo". Primeramente, quisiera llorar porque es el primer Long-Fic Yaoi que termino y es hermosa la sensación. Segundo, quiero darles unas gracias infinitas a todas las personas que comentaron los capítulos, no importa si iniciaron conmigo el viaje o se fueron agregando en el camino, realmente aprecio cada una de sus bellas y sinceras palabras que recibía gratamente mi corazón; sin ustedes "Algo contigo" no sería lo que es. Tercero, gracias especiales a mi Beta Erza-san por aguantar mis horrores de escrito que se encargaba de corregir amablemente (aunque a veces sentía que me iba a degollar).
No sé que más decir... los extrañaré demasiado leyendo los reviews... pero les tengo una buena noticia ¡"Algo contigo tendrá una segunda parte! Bien, no es la mejor noticia, pero es sólo para resolver algunas cosas que se quedaron en el camino y en si, no serán más d episodios.
A mi me gustó el epílogo y créanme que no le cambiaría nada.
¡Gracias por acompañarme en esta aventura y estar al pendiente!
Nos estamos leyendo.
Besos de champán.
Cadiie Mustang.
