[[ Escrito por Alessa Masllentyle

** Beta Oficial Jo Ulloa

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Sinopsis

Cuando un grupo de adolescentes problemáticos fue aceptado en el Internado de Minnesota, nadie imaginó que resultarían ser los más difíciles de tratar. Así que, como castigo, el Director del Internado decide enviarlos al Instituto en vacaciones la mañana de Navidad, para limpiar cada rincón de este a fondo. La noticia no fue agradable cuando los seis se enteraron que debían trabajar juntos, dado que la desconfianza es uno de los factores principales en sus personalidades. Cuando el autobús que los transporta queda atrapado por el exceso de nieve… con mentes tan agresivas, el año nuevo puede resultar ser bastante interesante.


Prólogo

Los seis sonrieron sincronizadamente sin percatarse de ello. La postura altiva en sus cuerpos. Las sonrisas burlonas y maliciosas, naturalmente. Las miradas peligrosas y misteriosas, similares. El aura que los seis otorgaban gritaba peligro en cada rincón.

Isabella arregló su blusa negra raída y ajustada, recostándose contra el árbol detrás de ella y conteniendo la risa que luchaba por brotar de entre sus labios. Su cabello antiguamente castaño, ahora pintado de un intenso negro azabache con mechones púrpura oscuro, se agitaba a la par del viento frío que soplaba con fuerza. La imagen que confería era suficiente para mantenerla al margen de amistades indeseadas. Con sus inseparables botas negras de apariencia tosca, las medias de red cubriendo sus piernas pálidas y perfectamente torneadas, la falda negra un poco más arriba de su rodilla, los guantes negros de piel en sus manos y la gargantilla metálica en su cuello, ahuyentar personas no era demasiado complicado de lograr.

A excepción de su íntimo y buen amigo Jasper, que sostuvo su estómago cuando la potente risa que emitía fue difícil de controlar.

Su manera de vestir era similar.

Los jeans negros se adherían a sus piernas gruesas y musculosas. Su cabello rubio dorado emitía una apariencia suave. Sus bíceps trabajados, eran mostrados orgullosamente con su camisa sin mangas de un blanco inmaculado que transparentaba su abdomen duro. Las botas negras que portaba, idénticas a las del resto del alumnado en el Internado. Arqueándose a causa de su ineludible risa, parecía inalcanzable. Misterioso y oscuro. Atractivo y deseable.

Isabella golpeó su hombro contra el suyo, juguetonamente.

Alzando la mirada, su risa se apagó. Se miraron mutuamente por varios minutos, inmersos en los secretos que compartían entre ellos.

Al mostrar tal nivel de intimidad, al alumnado no les era difícil asimilar que ambos eran pareja, una idea errónea que ninguno se había encargado en contradecir. Ventilar sus vidas personales no era el estilo de ninguno.

Isabella miró detrás del hombro de su buen amigo y una sonrisa sarcástica surcó su rostro, una sonrisa tan particular como su personalidad misma.

Jasper se volvió para encontrarse con dos adolescentes lanzando puñetazos a diestra y siniestra. Retazos de tela y gotas de sangre volaron por el aire. El alumnado miró con desinterés la escena. Al vivir en un Internado, rodeados de adolescentes hormonales más agresivos e impulsivos de lo normalmente predecible, ésta no era una conducta anormal. Probablemente lo único que mantenía el interés de ellos, era la curiosidad de saber qué castigo recibirían esta vez.

Isabella se acercó con un intenso brillo iluminando sus ojos achocolatados. Adoraba las peleas, sin importar cuántas veces viese una. Razón por la cual, su personalidad era tan explosiva, y el más mínimo detonante despertaba su lado irascible. Había sido condicionada, después de un par de meses en aquel lugar, podía decir que había alcanzado un récord en visitar la maloliente oficina del Director, a la par de su entrañable amigo Jasper y un cuarteto de nuevos alumnos en el instituto —Edward, Alice, Rosalie y Emmett—, que sin razón alguna, siempre se metían en sus peleas e inminentemente los seis terminaban en la sala de castigos.

Perdida en sus pensamientos, Isabella se acercó demasiado a la pelea, sin percatarse de ello. Jasper la observó, corriendo hacia ella al predecir que sería fácil recibir un golpe de alguna de las muchachas que, demasiado inmersas en su pelea, no prestaban atención a nada a su alrededor. Pero antes de llegar a su lado y alejarla, su predicción se realizó.

Tensó su cuerpo, sabiendo lo que seguía. Su explosiva Isabella se lanzaría dentro de la pelea, y, una vez más, ambos terminarían en la sala de castigos.

Isabella cerró los ojos un par de segundos al recibir el golpe en su mandíbula. Incluso pudo escuchar el crujir del puño contra ella. Un ardor atravesó su cuerpo, hormigueando sus manos y haciéndole tensar la mandíbula que se quejó por el recién recibido golpe. Las indicaciones del orientador del internado sobre aprender a manejar su ira perdieron potencia y se desvanecieron como si jamás las hubiese escuchado. Un fuego rojo opacó sus ojos y se escuchó a sí misma gruñir enfadada.

Se lanzó contra la masa humana que el par de chicas formaban con sus cuerpos. Golpeando, pateando y maldiciendo. Sintió un par de manos cálidas y fuertes aferrarse a su cintura, tirando de ella, para alejarla de aquel bullicio que definitivamente la metería en problemas.

Al volverse entre la neblina roja que pintaba toda su vista, divisó al hermoso hombre que ella sabía que vería.

Sus familiares ojos esmeralda le regresaron la mirada. Intensos, misteriosos y adictivos. Como si ese par de gemas escondiesen millones de secretos imposibles de descifrar. Las largas pestañas negras que los bordeaban les daban una apariencia seductora. Sus labios gruesos y masculinos poseían una pequeña pieza negra en la esquina inferior derecha. El percing le daba una apariencia deseable, al igual que un segundo percing que perforaba su ceja izquierda, brillando a la débil luz que profería el sol en esa temporada del año. Esa mañana utilizaba jeans de mezclilla y una camisa negra debajo de su inseparable chaqueta de cuero. Su cabello cobrizo con un despeinado casual completaban la imagen de un chico malo y rebelde.

Isabella frunció el ceño y contra todo pronóstico, su furia aumentó al verlo sosteniéndola entre sus brazos. Sintió la sangre hervir en sus venas. Y su mano derecha cerrada firmemente en puño impactó contra la mejilla del apuesto chico que lo único que intentaba era ayudar. Una sensación de déjà vu la inundó cuando las múltiples veces que el muchacho frente a ella había recibido un fuerte golpe por intentar ayudarla llegaron a su mente. No lo entendía. En su maraña de confusos pensamientos se preguntó la razón por la que aquel chico se sometía a tal humillación por ayudarla, dado que, en ese lugar todos sabían la honorable regla de oro: Nadie se ayudaba mutuamente. Todos lo la conocían y acataban; ayudarse era sinónimo de esperar algo a cambio.

Ignorando los maltratos recibidos de parte de la muchacha entre sus brazos, Edward tiró de ella una vez más, luchando por sacarla de aquel enredo de cuerpos. Sintió puñetazos, rasguños y bofetadas desde distintos ángulos mallugar su cuerpo. Al haber tanta gente ahora metida en la pelea era imposible salir ileso de aquello.

Deslizando sus fuertes brazos alrededor del menudo cuerpo de Isabella, finalmente logró mantenerla lo más humanamente quieta posible. Pero cuando el chillido estruendoso del familiar silbato inundó el ambiente, Edward maldijo por lo bajo. Una vez más, todos estarían en problemas.

El barullo se detuvo como si hubiesen presionado el botón de 'Pausa' en una película. Levantando la mirada reconocieron la rechoncha figura de la asistente del director del internado. Helen los miró severamente, con sus gruesos brazos en jarra, sobre sus caderas. El largo vestido floreado color negro parecía sacado del armario de su abuela. La mujer cuarentona de ojos pequeños y arrugas que sin piedad se marcaban en sus líneas de expresión a causa del inevitable paso de los años, presionó sus labios, taladrándolos con su mirada.

—Oh, bueno, pero, ¿qué tenemos aquí? —Sin atisbo de sorpresa, sus pequeños ojos castaños, simplones, bajaron sobre Isabella—. ¿Una vez más metiéndote en problemas?

Las mejillas rojas de Isabella se encendieron aún más después de las palabras de Helen, entrecerrando sus ojos, lanzó una fiera mirada a la mujer.

—No soy la única aquí, Helen. —Cortó con voz fría.

Ignorando su mirada y palabras venenosas, Helen meneó su dedo índice de derecha a izquierda chasqueando la lengua.

—A la oficina del director, ustedes seis. —Su voz casi monótona—. El resto puede desaparecer de mi vista. —Despidiéndolos con un movimiento de mano pronto el lugar estuvo vacío.

Isabella gruñó e intentó lanzarse sobre la mujer, que sin preguntar, suponía que ellos seis habían iniciado aquel alboroto, obligándolos a asumir un castigo que no les correspondía. Es decir, sabía que siempre se metía en problemas, pero, la única vez que no lo había hecho sería probablemente la vez que marcaría la diferencia en su vida del resto. No le parecía justo. Pero ni siquiera logró moverse un solo milímetro de distancia, ya que la firme presión en su cuerpo se lo impedía.

Levantó la mirada y Edward la miró seriamente, reprendiéndola y obligándola a permanecer en su lugar.

Bufó y dejó de forcejear.

Mirando a su alrededor notó a Rosalie, la inseparable rubia, exquisita y hermosa, que siempre permanecía al lado de Edward; su larga melena despeinada y manchada con barro. Su chaqueta de cuero estropeada. Y sus jeans de mezclilla que se abrazaban a sus largas piernas torneadas, deteriorados. Sus ojos eran de un impresionante azul brillante, sus pestañas largas siempre perfectamente rizadas y cubiertas por una impecable capa de rímel. Ella la miró al sentir la intensidad de su escrutinio sobre ella. Sus ojos permanecieron impávidos, regresándole la mirada.

Isabella cortó el extraño momento y prosiguió escudriñando alrededor.

Alice, una chiquilla con tendencia gótica estaba cómodamente sentada sobre el mullido manto verde. Su maquillaje era oscuro y cargado, ensombreciendo sus finos y delicados rasgos, hermosos y exóticos. Sus labios gruesos bañados por labial negro. Sus párpados escondidos detrás de una generosa base de sombras negras mientras el resto de su rostro estaba cubierto por maquillaje blanco, a pesar de ser su piel tan pálida como la leche. Su vestido con corsé se ajustaba a ella como un guante y las típicas botas negras de combate a las que tanto estaba acostumbrada protegían sus pies del frío del invierno. Su atuendo se completaba con unas medias púrpura transparentes sobre su pálida piel lechosa.

A su lado, un grandulón se ceñía a ella. Sus ropas semejantes al seguir ambos una misma tribu urbana. Unos pantalones largos, color negro, con bolsas y cierres en cada rincón de éste. Una gabardina negra con hebillas y cadenas, escondiendo sus impresionantes brazos fuertes y extraordinarios del ojo humano. Su cabello sobre su rostro, escondiendo parte de su anguloso y perfecto rostro. Su apariencia le recordó a Edward Scissorhands, pero en versión un poco más moderna. Emmett, era reservado y atractivo. Un magnetismo te llamaba a acercarte a él a pesar de su apariencia.

Finalmente localizó a Jasper, con la ropa sucia y el cabello revuelto. Sus ojos se encontraron inmediatamente al estar él observándola. Su mirada preocupada le preguntaba cómo se sentía. Ella sonrió hacia él y meneó la cabeza, disipando cualquier plan de venganza que su mente pudiera albergar en ese momento.

Helen chasqueó los dedos con impaciencia y refunfuñó a la falta de colaboración por parte de los hormonales adolescentes que, hasta ahora, eran los que más problemas causaban. Internamente maldijo al director por aceptarlos hace apenas un par de meses en el internado, aunque a la mujer casi le parecían años de tener que lidiar con ellos.

Isabella se deshizo del agarre de Edward con un manotazo firme y salió corriendo hacia la oficina del director. Ese hombre era como una tira cómica para ella. No era difícil hacerlo enfadar.

Suspirando, el resto abandonó sus puestos y siguieron a la muchacha que los había metido en aquel problema. Arrugando la nariz al comprender que el estar ahí era solo culpa suya al haberse involucrado en la pelea, al igual que cada vez en estos cortos meses.

En fila india ingresaron a la oficina del director. Dispuestos a afrontar un castigo inmerecido, sin saber, que esta vez les cambiaría la vida.


Ya sé, no tiene sentido que postee el Prólogo aquí después de tres años. Pero lo estoy posteando porque imaginé que tampoco tenía mucho sentido que tuviera este one-shoot sólo con notas. Es decir, si no hay nada del one-shoot, ¿para que tienes la entrada? Así que, aunque no postearé el one-shoot completo, les doy una probadita xD

¿Alessa está volviendo? Caray, eso espero, no prometo nada porque... llevo tres meses escribiendo un Epílogo (así de grave está mi falta de tiempo) entonces, estoy volviendo... pronto, no pongamos fechas. LOL.

Disculpa las molestias, Alessa actualmente está publicando sus fanfics en PDF para mayor comodidad, si quieres descargar este one-shoot puedes hacerlo en cualquiera de estos dos links, recuerda eliminar los espacios para poder acceder:

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24 de Marzo del 2015.

Alessa Masllentyle*~