Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenecen, salvo algunos de cosecha propia que sabréis perfectamente cuáles son.


Capítulo Dos: Cruda Realidad

Me dirigí a mi mesa, afortunadamente vacía, para descargar la pesada pila de libros que llevaba en brazos. Aquellas tardes de biblioteca me exigían mucha concentración y poca vida personal, por lo que tuve que marcharme de casa de los Cullen una vez hubo terminado la comida. Sabía que Alice habría pensado un plan maravilloso y fantástico, simplemente para impresionar a sus primos, pero yo no podía formar parte de él.

Resoplé con frustración. Tenía que entregar tres trabajos para la semana siguiente y lo único que hacía era lamentarme por mi escasa vida personal. Por suerte la biblioteca estaba vacía y tenía toda aquella mesa a mi disposición para inundarla de papeles y libros abiertos.

Tras unas horas, muchos resoplidos y un par de llamadas perdidas de Alice, abandoné la biblioteca. Sabía que era capaz de venir hasta la mesa que ocupaba a buscarme para sacarme de allí, y, sinceramente, no tenía pensado extender mucho más mis horas en ese edificio.

Me dirigí a casa de Alice, donde ya me estaba esperando con Rosalie para cenar y prepararnos para salir.

-No entiendo por qué insistes en ir de fiesta, podemos ir de copas por ahí, conocer mejor a tus primos…

-Lo de conocer mejor a sus primos me parece muy buena idea, Bella- indicó Rosalie, guiñándome un ojo y formando una sonrisa malévola en sus labios.

-¡Rosalie! Por el amor de Dios, haz lo que quieras con Edward o Emmett, pero deja de propagar a los cuatro vientos tus pensamientos impuros hacia mis primos.

A pesar de mi larga defensa respecto a los planes tranquilos, Alice había decidido salir de fiesta. Y cuando Alice tomaba una decisión, nadie podía hacerla cambiar de idea.

Por eso, cuando vi que había fracasado, me resigné a hacer de Barbie y que me vistieran, peinaran y maquillaran a gusto. Sabía que aquella noche tenía todas las de perder.

-Este, Rosalie, no puedes negarlo

-Alice, estás ciega, este color le queda mejor a su piel, mira lo blanca que está…

Rodé los ojos y resoplé internamente. Aquella era una escenita "light" de lo que sucedía cuando me tocaba hacer de muñeca para sus experimentos de moda. "Light", pero al fin y al cabo escena. Como si yo no me encontrara presente en aquella habitación.

-Vale, Bella será muy pálida, pero no me niegues que el rojo le sienta de miedo a cualquiera

"Me niego a vestirme de rojo"

"Me niego a ser el centro de atención"

"Dejadme salir con unas converse y unos pantalones, por favor"

Quería decir todo aquello, suplicar, llorarles. No quería ese vestido, no quería salir.

Pero no lo hice. Me callé cuando me enfundaron en aquel vestido rojo, con más escote del que me hubiese gustado. Me callé cuando me sometieron a una sesión de plancha eterna, dejando mi pelo lleno de ondas color chocolate. Y, por supuesto, me callé cuando me vi maquillada, peinada y vestida. Porque aquella no era yo, o lo era, pero parecía más mayor, más segura de mi misma, más mujer. Me gustaba lo que veía en aquel espejo de cuerpo entero.

-El rojo era ideal, lo que yo decía- Alice extendió una mano con una sonrisa de suficiencia y Rosalie le entregó un billete.

-Deberíais dejar de apostar por todo. -Resoplé con frustración, aunque aquella manía de mis amigas me hacía bastante gracia.

-Oh Bella - Rosalie me pasó un brazo por los hombros- no sabes el gusto que da quitarle dinero y gastártelo en sus narices. Y lo mejor es gastarlo en cosas que no le gustan…- Rosalie me miró con una mueca de complicidad y extendió aquel billete delante de nuestras caras

-Tequila- susurré, sabiendo que aún así Alice nos oiría.

Y lo hacía. Nos fulminaba con la mirada. Solo de mencionar el tequila ya se molestaba, ni hablar de cuando lo olía y lo probaba.

Rosalie asintió decidida, y Alice gruñó algo incomprensible.

En cuando estuvimos las tres listas, nos montamos en el mercedes rojo y nos marchamos a casa del amigo de Emmett y Edward.

Cuando llegamos a mi portal, me di cuenta de que algo fallaba. Los tres muchachos estaban en la puerta del edificio, y yo empecé a asociar ideas y conceptos.

-No- repuse, sin dejar de mover nerviosamente mi cabeza de un lado a otro

-¿No?

Alice y Rosalie se dirigían miradas divertidas como si disfrutaran de una broma privada.

-No prentenderéis ir a mi casa, ¿verdad?- Las dos aguantaban la risa- Es decir, Angela… Angela me mata. Y además la casa no está decente, pero eso ya lo sabéis. Me niego en rotundo.- Terminé aquella declaración cruzandome de brazos, dispuesta a no dejar convencerme.

-Claro que no vamos a tu casa, Bella- Alice soltó unas risitas antes de continuar- Resulta que, por casualidades de la vida, Jasper es tu vecino. Nos están esperando para que les indiquemos cómo ir.

-¿Jasper? ¿Mi vecino Jasper? ¿El buenorro del edificio por el que estás obsesionada?

Rosalie soltó una sonora carcajada, asintiendo con la cabeza.

-Sí, Bella, ese Jasper…

Su voz se había convertido en un tímido murmullo y supe lo nerviosa que la ponía aquella situación. Alice era valiente, fuerte, lanzada, y siempre con la mente positiva. Pero Jasper le trastocaba los esquemas. No había hablado con él, salvo algún saludo cuando venía a mi casa y se lo encontraba en el portal. Con un simple "Hola" y una sonrisa ya perdía a mi amiga hiperactiva para tener a un manojo de nervios andantes. Y aquella noche se notaba que intentaba disimularlo, pero Rosalie y yo sabíamos que estaba desquiciada.

-Pues ese Jasper- incliné mi cabeza hacia los chicos que nos esperaban a unos metros- no te quita los ojos de encima.

Le guiñé un ojo a mi amiga y sentí como se tensaba.

Y cuando oí el silbido de Emmett lo noté. Aquellos ojos fijos en mi, analizandome, con una media sonrisa en su rostro y oyendo lo que le decía Emmett de forma cómplice.

Edward Cullen me miraba, y aquello, no sabía por qué, me hacía sentir frágil, indefensa.

-Veo que aún no te has comprado las gafas- le dije, recórdandole el episodio de aquella mañana en la universidad con el balón, y esperando que entendiera el sutil mensaje de que me estaba mirando demasiado. Él se despeinó los cabellos broncíneos y rió entre dientes, mientras me daba dos besos.

-No las necesito para ver que estás preciosa

Me guiñó un ojo y fue a saludar a las demás, dejándome descolocada. Y no era por el piropo, era un simple piropo y nada más. Era él. Cómo lo decía, la forma en la que me miraba, su maldita sonrisa ladeada. No entendía qué me sucedía cuando aquel chico me miraba, pero empezaba a preocuparme.

Emmett me dio un abrazo de oso que consiguió despegarme del suelo y Jasper me saludó con dos besos y una sonrisa.

Me caía bien. No tenía mucha relación con él pero había demostrado ser un buen chico, amable, y buen vecino.

-Bueno, ¿a dónde habéis pensado ir? ¿Hay vida nocturna en Forks?

-Hemos pensado en ir a una discoteca que hay cerca de aquí, ponen buena música y conocemos a la gente de allí- Alice le respondió a Emmett con una sonrisa deslumbrante, a la que era imposible decir que no.

Nos dirigimos a la discoteca, hablando animadamentr. Era fácil llevarse con aquellos chicos, Emmett era un soplo de aire fresco, y Edward, cuando no me miraba de la forma que me hacía sentir aquella extraña sensación en el estómago, era una compañía muy agradable. En un momento, mientras nos dirigíamos al local que Alice había propuesto, se puso a mi lado.

Noté como me tomaba del brazo para facilitarme la marcha con los tacones, lo que me pareció bastante considerado.

-Sé que te va a sonar extraño, pero sé que tú lo vas a saber mejor que nadie de este grupo.- Se pasó otra vez la mano por el cabello, sonriendo, y empezaba a pensar que era un gesto que hacía cuando se ponía nervioso- Bueno, ahora que lo pienso quizás Jasper pueda ayudarme, pero es una simple excusa para hablar contigo.

Y la sonrisa. Aquella maldita sonrisa otra vez. No acababa de entender qué demonios pasaba con aquel chico, pero no era capaz siquiera de pensar.

-Dime el motivo y te diré si es buena excusa- contesté, a la defensiva, pero suavizando la respuesta con una sonrisa cómplice.

Pude vislumbrar como aparecía un brillo extraño en sus ojos, quizás divertido por mi reacción.

-Verás... Necesitaba comprar unos cuantos libros y he pensado que tú sabrías alguna librería en condiciones

Aquello despertó mi interés en aquel muchacho de cabellos broncíneos con marcado acento inglés.

-¿Qué clase de libros?

-De todo tipo- contestó, encogiéndose de hombros- Realmente necesito algunos para la universidad, pero me gustaría tener también algo para pasar el rato.

Analicé concienzudamente su expresión, buscando algún rastro de un mínimo doble sentido.

No, sólo eran imaginaciones mías. Edward Cullen miraba al frente con gesto despreocupado, mientras sostenía mi brazo de forma suave. No me explicaba por qué me estaba sacando de mi elemento, y me hacía estar a la defensiva y nerviosa. Es decir, ¿quién diablos deja caer un mensaje de doble sentido mientras habla de libros?

De repente, su brazo soltó el mío, para aproximarse a mi oído y susurrarme:

-Bella, por si necesitas que te lo aclare... No estaba hablando de libros.

Y, guiñándome un ojo y adornando su rostro con una perfecta sonrisa, se marchó a hablar con su hermano, emitiendo ambos sonoras carcajadas.

Vale, Edward Cullen era capaz de que una inocente conversación sobre libros me diera la vuelta el estómago y que se me pusieran las mejillas al rojo vivo. Y, definitivamente, empezaba a irritarme.


Buenas! He vuelto por aquí, y aunque sepa que no hay ya mucha gente leyendo esto, mil perdones a los que están y a los que no. Vuelvo con ganas, así que espero que tengáis paciencia conmigo y os guste el fic.

Nos leemos!