Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, salvo algunos... que ya sabréis quien son! La historia, por supuestísimo, me pertenece.
Capítulo 5
-Bella…-Oí el resoplido que salió de su boca y lo miré- Has llamado doce veces y no ha habido respuesta, cuando vean todas las llamadas perdidas te llamarán.
Estábamos sentados en uno de los bancos del parque que había al lado del estadio. Era un parque precioso, al que solía ir para leer un buen libro bajo un árbol, disfrutando de los rayos de sol. Era como un pequeño pulmón dentro de la gran ciudad, con arbustos de flores, ardillas que subían con gran velocidad los troncos de los árboles, pequeños lagos que se encontraban escondidos en el interior…Una auténtica maravilla. Y ahora estaba allí, con Edward, que me miraba con paciencia.
-Por favor- volvió a resoplar al verme marcando por decimotercera vez el número de Alice. Y, con una habilidad increíble, me arrebató el móvil de mis manos y se lo guardó en el bolsillo de su pantalón.-Se acabó, ya está.
-¡Oye!
Me puse de pie y lo fulminé con la mirada. Él sonrió de forma torcida y se puso también de pie.
-Déjame invitarte a tomar algo. -Sacó el teléfono del bolsillo de su pantalón- Luego te lo devolveré, sano y salvo.
-Devuélvemelo ahora y me lo pensaré. No me van los chantajes, Eddie.
Su sonrisa se ensanchó aún más al oir aquel nombre. Sabía que le molestaba que lo llamaran así, pero en aquel momento parecía que era su apodo favorito.
-No es un chantaje, es un trato.- Extendí mi brazo para arrebatarle el teléfono de su mano, pero me lo impidió con un movimiento ágil, atrapando mis dos muñecas con su mano libre.- No sé si te he hecho algo, o si te he ofendido, pero sé que no quieres estar conmigo y que estás deseando que vuelvan tus amigas.- Se guardó el móvil en el bolsillo del pantalón otra vez, y con su mano libre colocó mi cabello detrás de la oreja, acariciándome suavemente al hacerlo. Sus ojos verdes me miraban con intensidad, unos ojos esmeraldas en los que me perdía cada vez que los miraba con atención, o cada vez que se centraban en los míos. A estas alturas mis mejillas estaban ardiendo, seguramente de un color rojo intenso, pero Edward Cullen me intimidaba tanto que me paralizaba.
Abrí la boca dispuesta a decir algo, pero la volví a cerrar cuando me di cuenta que no salía ningún sonido de ella.
-Si he hecho algo mal, te pido perdón, Bella. Lo último que quiero hacer es molestarte, de hecho, me encantaría que nos lleváramos bien.- Su sonrisa de lado se borró, dejando paso a un rostro serio. Posó su mano en mi mejilla, acariciando con la yema de sus dedos mi cabello.
¿Qué se suponía que debía hacer yo en aquel momento? Simplemente cerré los ojos y me apoyé en aquella mano que me acariciaba, disfrutando de aquella sensación. Quería decirle que no me gustaba su actitud, que no me gustaba él, que éramos personas tan distintas que simplemente nuestros caracteres chocaban, y que eso no tenía arreglo. Pero no era verdad. La verdad era que me daba miedo acercarme a él, no sabía por qué, pero simplemente me intimidaba. El instinto me decía que lo mejor era mantener alejado a Edward Cullen, porque no traería nada bueno a mi vida.
-Me intimidas- dije sin pensar, con los ojos aún cerrados. En cuanto me di cuenta los abrí y lo miré a los ojos.
-¿Yo? ¿Intimidarte? ¿A ti?- replicó con cara de sorpresa, liberando al fin mis muñecas y soltando una pequeña carcajada. Fruncí el ceño y me disponía a contestar, pero me interrumpió la melodía de llamada de mi móvil desde el bolsillo del pantalón de Edward. Metí la mano en él para cogerlo, pero volvió a sujetármela, acercándose a mi a una distancia que debería estar prohibida, lo cual me paralizó por completo, física y mentalmente.
Nuestras narices se rozaban, y, durante un instante, se formó una imagen muy tentadora en mi cabeza.- Es exactamente al contrario, Bella. Me vuelves loco.- Dijo con voz ronca.
-¿Cómo? E-Edward, yo...- pero un beso en la comisura de mis labios me interrumpió. Suave, dulce, y fugaz. Un contacto que aceleró mi corazón a límites insospechados, y que hizo que las rodillas me temblaran.
Se separó de mí y me entregó el teléfono.- Ahora me lo debes. Tú y yo, la tarde que yo elija. Es un trato.- Y una sonrisa torcida decoró su rostro.
Asentí tímidamente con un movimiento de cabeza y me giré para llamar a Alice, que por fin había dado señales de vida. Inconscientemente me llevé la mano a la zona que había besado. Sentía un cosquilleo agradable, pero me seguía faltando algo. El cuerpo me pedía un beso. A gritos. Cuanto más me acercaba a él, más lo necesitaba, y eso era lo que me asustaba. Me giré un poco y lo observé de refilón. Me miraba serio, pero parecía ensimismado en sus cosas.
-¡Bella! Nos teníais preocupados… ¿Estás con Edward, verdad? ¿Dónde estáis?
-Estamos en el parque, no os encontrábamos y decidimos alejarnos de la multitud. ¿Vosotros?
-Pues aún en el estadio, nos hemos quedado por si os veíamos, como no había cobertura… Espera, espera, ¿y por qué estás con él en el parque? ¿No había más sitios donde esperarnos? ¡Qué romántico!- me la imaginaba dando saltos y palmaditas- ¡Eh, chicos, que se han ido a un parque los dos solos!
-Alice, no seas retorcida.- respondí con paciencia- Aquí nunca hay gente y hay cobertura, en el estadio no. Simplemente por eso. Estamos al lado.
-¿Estás hablando con Bella?- oí la voz de Emmett al otro lado de la línea- ¿De verdad? Edward y Bella, sentados bajo un árbol, dándose besitos...- canturreó, y se escuchó una carcajada general. Quizás me hubiese hecho gracia en otro momento, pero no en aquel. Me giré sobre mis talones y vi a Edward sentado en el banco, con los ojos cerrados y disfrutando de la brisa. No exageraría si dijera que era el hombre más guapo que había conocido jamás. Parecía sacado de una película de Hollywood. ¿Y a qué diablos se refería con que lo volvía loco?
-Cállate, Emmett.- Mascullé, y me dirigí al banco a sentarme junto a Edward. Éste oyó mi contestación y me pidió el móvil para hablar con su hermano, lo cual hice de buena gana.
-Emmett, deja a Bella en paz si no quieres que haga públicos tus trapos sucios, que sabes que son muchos.
Finalmente, y tras varias amenazas entre los hermanos Cullen, quedamos en encontrarnos en la puerta del estadio.
Nos encaminamos al estadio sin mediar palabra. Yo porque intentaba no tropezarme, ser torpe requiere de toda mi concentración para evitar accidentes, mientras que Edward parecía seguir dándole vueltas a algo en su cabeza.
-Menos mal que llegas, Bella- repuso con fastidio Emmett- Jasper y yo no sabíamos donde meternos. ¿Es normal que hablen durante tanto tiempo de zapatos y maquillaje?- preguntó en un susurro forzado que oyeron todos los demás.
-Pasa un día con ellas y verás que esto no es nada…
-Y pensar que estábamos preocupadas por ti…- Rosalie me miraba con los ojos entrecerrados, pero me limité a guiñarles un ojo.
-Habíamos pensado en ir a cenar algo y tomar unas copas, ¿qué os parece?
Alice siempre era la que llevaba el control de todos los planes, lo cual no se le daba para nada mal. Llevarle la contraria era ser un suicida, ya que implicaba enfrentarte a su cabezonería, y aquello no era bueno. Para nada.
Me llevé una mano a mi estómago y asentí rápidamente. No me había dado cuenta del hambre que tenía hasta que mi pequeña amiga había mencionado la palabra clave.
Nos dirigimos a un pequeño bar situado en una de las calles cercanas, el cual frecuentábamos cuando salíamos de la universidad. Cuando llegamos, Mike, uno de los camareros, me guiñó un ojo con descaro.
Sinceramente, esperaba no encontrármelo aquella noche. Era bastante desagradable que se tomara ciertas confianzas sin apenas conocernos. Respiré hondo y le devolví el saludo en forma de sonrisa forzada, seca y fugaz.
Alice escogió la mesa del fondo y pidió cerveza y comida para todos. Y, cuando hablo de cerveza, hablo de jarras muy grandes.
-Alice, mañana por la mañana tengo que trabajar…- repuse con tristeza, sabiendo que si empezábamos así, acabaríamos la noche en unas condiciones lamentables.
-Sólo una Bella- me contestó ella con pesar, fingiendo sentir tristeza- ¡Vamos! ¡Desmelénate, mujer!
Resoplé fuertemente y le di un largo trago a mi cerveza. Sabía que no sería solo una, estaba segura. Y, efectivamente, no lo fue.
Dos jarras más tarde y con una ensalada en el estómago, decidimos ir a otro local a tomarnos unas copas. Al momento de levantarnos me tambaleé, pero unas fuertes manos me sujetaron por los brazos.
-Ya decía yo que era físicamente imposible que alguien tan pequeño bebiese tanto alcohol sin que le afectara…- Emmett me sujetaba con delicadeza, y con una sonrisa de oreja a oreja.
-Voy bien, voy perfectamente. Simplemente soy torpe. Voy muuuuy bien
Vale, quizás repetir tanto la frase "voy bien" es una evidencia de no ir precisamente bien. Pero era la pura verdad. Isabella Swan es torpe, esté borracha o no borracha. El alcohol no era relevante.
-Lo que tú digas, Bella, pero tranquila que no te soltaré.
Solté una risita y comencé a hablar con Emmett de sus aficiones. Le gustaba mucho el fútbol, los coches en general y el deporte.
-¿Y realmente no te gusta leer? ¿O simplemente es una fachada?
El grandullón soltó una sonora carcajada.
-Yo soy todo fachada, nena. Realmente, el culto de la familia es Eddie, hay varios factores que me llevan a pensar en lo que te dije cuando nos conocimos. Es adoptado.
Lo miré extrañada, invitándolo a seguir.
-Yo soy muy bueno jugando al fútbol, él no. Las chicas se vuelven locas por mí, por él no. Él es un palo de escoba, míralo- repuso, señalando al chico que andaba delante de nosotros. No pude evitar soltar una sonora carcajada y analizar el cuerpo esbelto y musculoso de Edward. Ojalá fuera un palo de escoba, de ser así seguro que no resultaría tan irritante.- Y mírame a mí.
Realmente, estaba segura de que nada de lo que decía era cierto. Pero me hacía reir a carcajadas, y, de vez en cuando los demás se giraban para mirarnos extrañados.
-Eres un egocéntrico y un mentiroso Emmett.- repuse entre risas.
-Vaya, en eso me parezco a Edward. Tengo que investigarlo…
Llegamos al bar de copas y pedimos un cóctel. Edward, Emmett y yo nos ofrecimos a llevarlo a la mesa.
-Vaya, quizás debería ir cortando el alcohol por esta noche…- repuse para mí misma, aunque en voz alta.
Emmett soltó una pequeña carcajada y dejó las copas en la mesa. Edward y yo lo imitamos, pero éste último se acercó a mi oído y susurró suavemente: "Vamos, desmelénate, mujer"
De repente, sentí mis piernas temblar. Mi cuerpo entero. No tenía derecho a hacerme eso, no.
Lo fulminé con la mirada.
-Ahora mismo volvemos.- repuse con sequedad, tomándolo del brazo antes de que se sentara, y arrastrándolo fuera del local.
Salimos al aire fresco. La entrada del local estaba atestada de gente fumando, así que giré la esquina de la calle buscando algo de privacidad.
Lo empujé contra la pared de ladrillos, envalentonada por el alcohol, mientras su mirada se clavaba en mí, con un gesto entre diversión y curiosidad.
-¿Bella?
-Deja-de-hacer-eso.- repuse, entornando los ojos y clavándole el dedo índice en el pecho con cada palabra que salía de mi boca.
-No te sigo…- y de repente apareció su sonrisa de lado, seductora, conquistadora.
Resoplé con frustración. Muy fuerte. Parecía como si me estuviera desinflando. Y es que Edward estaba siendo muy frustrante, o quizás yo muy susceptible.
-Me sigues perfectamente- repuse, acercándome lentamente hacia él. Pude notar como su rostro pasaba de la diversión a la sorpresa, y sus ojos adoptaban un brillo extraño. Vaya, no se lo esperaba. Y no sé por qué eso me animó a seguir.- ¿Quieres que me desmelene, es eso?
No me reconocía. Ni siquiera estaba reconociendo mi propia voz. Aquella no parecía yo, pero me estaba dejando llevar por algo que no conocía. Maldita sea, este no era el plan.
-Me dijiste que tú no eras de esas…- contestó con voz ronca y rostro serio en un susurro, expectante, clavando sus ojos en los míos.
Acerqué mis labios a su cuello e inspiré su aroma. Nadie en este mundo puede oler tan rematadamente bien. Es imposible. En aquel momento las mariposas revoloteaban nerviosas por mi estómago y mi pecho, y sentía una adrenalina que no había sentido jamás.
Posé mis labios sobre su cuello y lo acaricié con ellos, subiendo hasta su oreja.
No, definitivamente este no era el plan. Pero improvisar estaba resultando la mar de satisfactorio.
-Yo también sé jugar a tu jueguecito, Edward Cullen- le susurré al oído, antes de atrapar el lóbulo de su oreja con mis labios. Oí el gruñido que se le escapó de la garganta y sonreí para mi misma de forma triunfal. Me separé de su rostro unos milímetros, lo justo para poder mirarlo a los ojos. Estaba rendido a mí, rendido a lo que le hiciera, y jamás me había sentido tan poderosa como en aquel momento.- Pero no, lo siento, no soy de esas.
Deposité un beso en la comisura de sus labios, me di media vuelta y me marché. Pude oír como inspiraba profundamente y seguía mis pasos. Con eso aprendería, seguro.
Jaque.
Mate.
Espero que os guste el nuevo capi. Sinceramente, espero con ganas vuestros reviews. Escasean mucho y quiero que me digais si os va gustando o no... Qué es lo que mas os gusta y lo que menos...
Sinceramente, estoy un poco cansada de Bella sin carácter. Me gusta que sea ella también la que juegue un poco con él, porque tiene armas de sobra. Ya veremos como progresa.
Nos vemos en el siguiente!
