Capítulo 4: Enredadera

No supe qué demonios me pasaba en ese entonces. Sólo tenía la certeza de que ese profesor afeminado irradiaba una energía que no me gustaba, tanto, que llegué a pensar que era ese tipo era una trampa mortal. Lo odiaba, y temía que fuese esos hombres dañinos que venían para arruinar vidas ajenas...en este caso, la mía aunque no quisiera admitirlo para mis adentros.

Por un segundo tuve la teoría de que ese profesor pálido era un vampiro del más allá que quería secuestrar a las chicas que caían en las garras de su pseuda belleza. Solidifiqué mi conspiración imaginando que ese tipejo no venía de Tokio, sino de Rumania y que en realidad era una criatura espantosa disfrazada de un "hombre guapo" (si es que a ese Maitake se le podía llamar guapo). Capturaba chicas manipulables, como Koizumi, y se las llevaba para beber su sangre...

Claro que en el medio de mi turbación, esa teoría estúpida me pareció la más sensata del mundo. Quería creer que ese profesor era el menos indicado para Koizumi...pero no sabía por qué.

-"Olvídate de las teorías, At-chan" me susurró me vocecita interna.

-¿Tú de vuelta?" le gruñí "Déjame en paz, y no me vuelvas loco...¡Y NO VUELVAS A LLAMARME DE ESE MODO" la regañé, haciendo referencia a su mención de At-chan ¿Quién se creía ese ente audible para llamarme de esa manera? Era idiota...Bueno YO era idiota por no ignorarla.

-"Ah, ya cálmate enanito" se rió, haciéndome fruncir el ceño más de lo que ya tenía "Además, ¿no se ve guapo ese Maitake?"

-"¡Que te calles!" chille parta mis adentros

-"Pero no sé por qué protestas, si es cierto. Pero, claro, tú te sientes seguro de tu masculinidad. No tienes por qué enojarte, At-chan...a menos que te enfade saber que hay alguien mejor que tú"

-"¿Mejor que yo? ¿A qué te refieres, engendro audible?" inquirí furioso, pero al mismo tiempo confundido.

Para mi desgracia, esa molesta cosa no respondió a mi pregunta sino que me dejó con la incertidumbre que tiempo después descubriría. La oí reírse en mi mente, lo cual me enfureció porque lo tomé como una burla por parte de ella.

"Ya cálmate... Esa voz molesta es un producto de tus delirios..." pensé, tratando de convencerme. Pero esta vez, no estaba seguro.

Ese día, caminé junto a Koizumi luego de clases rumbo a nuestras casas. Aún tenía ese enfado irracional (al menos, en ese momento lo era), pero traté de justificarlo con una excusa simple que también formaba parte de mi enojo:

-¿Por qué tengo que ser yo el otro delegado de la clase?-inquirí, exagerando mi indignación.

-¿Qué tiene de malo?-preguntó la amazona.

Mi enojo se incrementó en mi interior, me molestó que me preguntara eso cuando ella me había sometido en contra de mi voluntad. Además, ella lo hizo para llamar la atención de ese profesor horrendo ¿por qué debería pagar yo las consecuencias? Y encima, la muy idiota, me preguntaba qué tenía de malo.

-Olvídalo-proferí, sin querer mirarla, con mi cabeza en alto para que supiera que no me interesaba y que no era ningún quejoso. Aún me quedaba algo de dignidad y orgullo como para decirle eso.

En vez de eso, quise saber por qué demonios Koizumi fantaseaba con los personajes de videojuego. Si mal no recordaba, Nobu me había dicho que Cain-sama era un personaje de un videojuego, y la gigantona había llamado de ese modo a Maitake-sensei.

-¿Qué significa eso de mezclar personajes de la vida real con los personajes de un juego?-indagué, mirándola de soslayo. Quería cerciorarme si ella había perdido la cabeza o no.

Obtuve como respuesta un gesto horroroso mezclado con palabras despreciables:

-¡Cállate!-espetó-¿A ti qué te importa?

Volví a mirar con enfado exagerado hacia otra parte...En realidad no supe bien por qué había preguntado eso: Koizumi era una loca sin remedio. Caminamos en silencio, mientras sentía sus ojos clavados en mi rostro. Eso me alivió un poco, pero mi orgullo no me dejaba mirar hacia donde estaba ella. Y por eso me preocupaba mi propia preocupación (valga la redundancia) hacia la gigantona. Se le había esfumado su enfado hacia mi desde que vio a ese profesor, y no supe si era algo malo o bueno. Pensé que su buen humor me iba aliviar, y aún así me inquietaba, porque no era yo quien la había hecho sonreír sino ese espectro maléfico.

No aguanté más, y pregunté:

-Oye...¿Qué hice?-mi voz salió algo dubitativa aunque no supe si ella lo notó o no.

-¿Eh?

-¿No estabas diciendo esta mañana no sé qué sobre qué me había olvidado?-aclaré mi duda, recordando su rostro enfadado y las palizas que me había ligado esa mañana.

Flashback

-Vaya…Parece que estaremos en la misma clase los tres años…-comenté en voz alta para que me escucharan-. Seguirán llamándonos All Hanshin-Kyojin hasta el final ¿Hasta cuándo pararán con esa broma?-agregué la última incógnita fijando mi vista en las chicas.

A pesar de las molestias, me alegraba en el fondo tener esa esperanza de que ella volviera a ser la misma de siempre…

Sin embargo, la monstruosa cara de Koizumi me acechó furiosa, y el jarrón de esperanzas se hizo trizas. Sentí mis mejillas tironearse y ser pellizcadas con violencia mientras su voz impregnada de cólera me gritaba:

-¡Eso debería decir yo, maldito enano!

Me zafé de un manotazo, ya harto de esas patrañas.

-¿¡A ti qué demonios te sucede!?-inquirí entre enfadado y asustado.

-¡Eso deberías saber tú, microbio!-me replicó con su cara terroríficamente desdeñosa.

-¿Qué te pasa? Empezamos el curso nuevo y ya estás enfadada ¿¡Qué es lo que te hice de malo!?-la enfrenté, preveniéndome de cualquier amenaza que pudiera desatar contra mí

Nobu, asustada por nuestra discusión (y tenía razón al estarlo: Koizumi destilaba veneno por donde se la viera) tartamudeó:

-B…Bueno, yo iré a buscar a Chiharu-chan…Y a…Los demás-dicho esto, salió volando como si el diablo se la llevara.

La miré preocupado y también confundido. Ella me devolvió unos ojos frustrados como mirada:

-Estás de malhumor desde el concierto de Umibozu-le dije-¿Umibozu, acaso, hizo algo mal?

-Umibozu estuvo sensacional, como es de esperar-me dijo sonriendo amargamente y evadiendo mi mirada.

-¿Entonces qué es lo que te pasa? Dilo claramente.

La pesadilla retornó más pesada que nunca. Ella dejó de sonreír y me miró de soslayo:

-¿En serio lo has olvidado?-la dureza y dolor de sus palabras me impresionaron. Pero también había algo que me inquietaba ¿Acaso yo había olvidado algo? ¿Qué demonios era?

Sentí el sudor correr por mi frente:

-¿Ol…Olvidar?-titubeé-¿De qué me hablas?

-Mi…Mi primer beso-musitó para sí, mientras temblaba de ira y se preparaba para atacarme.

Sentí cómo mis ropas eran aferradas por sus manos y me gritó:

-¡Devuélvelo! ¡Devuelve mi primer beso!-luego se esas palabras, sus ojos tornaron un brillo dolorido y de rencor.

Una revolución se tornó oscura en mi cabeza: Cuando algunas veces me dijo "Devuélvelo"… ¿SE REFERÍA A SU PRIMER BESO? En parte, eso aliviaba mi incertidumbre. Pero…Si me pedía que yo se lo devolviera…era ¡porque yo le había robado su primer beso!

"No, no, no…Esto tiene que ser un error… NO HAY DUDA: Koizumi enloqueció... ¿De dónde imaginó esas locuras?… ¿En qué momento yo pude haberla…?" pensé atormentado.

-¿K…Koizumi?-pregunté, luego de que sus manos me soltaran.

Sí: tenía que ser un error. Yo nunca recordé haberla besado. Tampoco jamás lo hice… Eso era imposible. Jamás hubiera sido capaz de ilusionarla y menos con un beso donde yo no estaba seguro de lo que realmente sentía por ella, por más que la memoria perspicaz me hubiera fallado… Sin embargo, ahí estaba ella, reclamando que yo le devolviera su primer beso… Sí: había enloquecido, no había duda alguna.

Fin del Flashback

Sentí que Koizumi gruñía, haciendo un gesto exasperado. La miré de inmediato, algo asustado porque si volvía su malhumor sería por mi culpa.

-Da igual, no importa si no te acuerdas-gruñó, para mi desconcierto. Caminó unos pasos más adelante, como para huír de mi "molesta" pregunta.

"Sí da igual" pensé. No era para nada justo que ella me ocultara lo que yo no había sido capaz de recordar. Además ¿a qué se refería con su primer beso? Yo jamás la besé. Nunca...que yo sepa, claro.

-¡Claro que me importa!-exclamé, enfadado ¿Por qué tenía que ser tan difícil hablar de eso con ella? ¿Por qué ese enojo irracional hacia mi? No merecía eso, no lo merecía-¿Qué sucede? ¿Pasó algo cuando viniste a verme?

Se dio vuelta, fastidiada:

-¡Que da igual!-exclamó-No importa, no pasó nada ¿sí?

Me rendí, sabiendo que ella había cerrado el tema... Hasta ahora. Cuando se le pasara el enojo seguiría insistiendo. Tuve ganas de animarla, de demostrarle que ese profesor no era el único que podía hacerla sonreír.

-"Vaya...Sí que te preocupas por el bienestar de Koizumi" se burló la vocecita. Pero estaba tan animado que la ignoré.

-Me olvidaba-le dije, ganándome su atención. Revolví mi mochila rebuscando algo que había querido darle desde hacía tiempo, pero por culpa de su enojo no había tenido oportunidad.

Cuando fuimos al concierto de Umibozu, al ver su rostro enfadado quise remediarlo. Sin embargo, no pude demostrar mi generosidad (ejem, ejem) con ella.

Flashback

Salía el gentío de todas partes. El concierto sí que había estado genial (como siempre, viniendo de alguien tan grandioso como Umibozu). Sin embargo, había algo que no me gustaba...y era la cara de Koizumi. Durante todo el show había estado ignorándome, ni siquiera me había mirado. Cuando trataba de llamar su atención, me miraba con desdén. Y la verdad, eso era desfavorable, porque le había comprado la entrada del concierto con el objetivo de alegrarla otra vez, y verla otra vez sonriendo.

Apenas terminó el show, Koizumi se marchó, con un simple "adiós". Ni gracias, ni nada. Sólo se fue, dejándome solo y descolocado entre medio de la gente. Me rasqué la cabeza, en un gesto dubitativo...Tenía que solucionar eso. Si ella se enojaba, sería un infierno: ¡no más halagos, ni tanto esfuerzo, ni nada para mi!

Observé mucha gente yendo en una determinada dirección: una tienda de recuerdos de Umibozu.

-Oh, sí. Eso es perfecto-me dije. Tenía algún dinero guardado, y compraría algo para ella, y algo para mí.

Fin del Flashback

-¿Qué sucede?

Ella me miró con curiosidad, mientras rebuscaba en mi bolso el regalo cuidadosamente empaquetado. Tuve la buena idea de ponerlo allí por si su enojo se pasaba...y no me equivoqué.

-Cuando terminó el concierto de Umibozu, te fuiste enseguida ¿no? Esperé en la cola para comprar un recuerdo, y compré algo para ti-minimicé mis intenciones. Si ella adivinaba que había ido a la tienda de regalos con el objetivo de sosegar su enojo, estaba frito. No quería que se ilusionara.

Di con el paquete, y se lo entregué, haciendo un gesto engreído.

-Toma.

Ella lo fue desenvolviendo. Quise convencerla de que quitar importancia a su regalo (aunque ella no me había preguntado)

-Hubiera sido un fastidio si después me hubieses dicho que querías una para ti.

Su reacción no fue muy difícil de adivinar: quedó encantada. Koizumi era como un libro abierto, aunque yo también hubiera reaccionado así ante ese regalo: una bandera con el nombre de Umibozu (fue algo genial de mi parte)

-¡Es fabuloso!-casi gritó, emocionada.

-¡Claro que sí!

-¡Es increíble!-siguió exclamando. Oír su voz impregnada de felicidad era reconfortante. Más si YO provocaba esa sonrisa.

-¡Claro!-aseguré, feliz.

Pegó un grito de emoción, y sentí el alivio recorrer mi cuerpo otra vez. Estaba contento, satisfecho conmigo mismo.

-Es muy sencillo animarte, Koizumi-comenté son una sonrisa de oreja a oreja, sin tacto alguno.

Su gesto fue aterrador. Si hubiera sabido que iba a reaccionar así, me hubiese callado.

-A...Algo así-gruñó terroríficamente, comenzando a temblar iracunda.

No pude contener mi gesto amenazador ¿Quién la entendía? No había dicho nada malo, era cierto: Koizumi era muy fácil de alegrar. Bastaba con darle algo de Umibozu y ya. Claro que era un descubrimiento muy repentino y valioso.

-Estás temblando mucho-la regañé, empezando a enfadarme. Tomé la tela de un extremo y agregué:-Si no la quieres, me la quedo yo.

Esas solas palabras bastaron para que ella me arrancara su regalo de mis garras. La estaba presionando, y era capaz de llevarme su regalo con tal de que aprendiera a decir "Gracias"

Vi cómo aflojaba su cuerpo.

-Muchas gracias. La acepto humildemente-pronunció, mufada.

Asentí, triunfal.

-Muy bien. Eres muy tonta-le dije, dejándola atrás. Quizás tuviera más tiempo de reflexionar estando sin mi.

Suspiré. Era bastante bueno saber que la había hecho sonreír una vez más. Pero me preocupaba aún el misterio de su enojo, de ese supuesto beso que le di...y, sobre todo, me preocupaba mucho ese profesor.

-"¿Qué sucede, At-chan?...¿Tienes miedo?"

Me sobresalté al oír la vocecita de nuevo. Me estaba volviendo paranoico.

-"No vuelvas a llamarme así, idiota. Y no se por qué debería temer" le contesté.

-"Pues...Yo que tú, me cuidaría de ese guapo Maitake-sensei"

Me agarré la cabeza, tratando de apartarla de mi mente. últimamente Koizumi acaparaba demasiado mi mente, y esa sola idea me inquietaba demasiado.

Esa noche, tuve que dar muchas vueltas en la cama porque no podía conciliar el sueño ¿Koizumi aceptó el regalo porque era sobre Umibozu o porque yo se lo había dado? ¿Y qué había de ese recuerdo? ¿Aún seguía enfadada por ello? Traté de recordar, pero siempre me acordaba hasta la parte donde estuve comiendo mandarinas. Mientras más trataba de acordarme, más se me hacían borrosos los recuerdos ¿Ese beso era una fantasía de ella? Quería creer que sí, porque jamás la hubiese besado intencionadamente...Pero ¿y ese profesor? ¿Quién era? ¿Qué tenía de lindo, y por qué me molestaba demasiado? Hasta a mi vocecita interna le parecía guapo, y yo no le veía nada de lindo ¿Por qué Koizumi lo miraba demasiado?

Cuando concilié el sueño, eran como las tres de la mañana.

A la mañana siguiente, me dormí en el pupitre. Ni siquiera ese afeminado de Maitake me impidió una buena siesta en clase. Estaba tan plenamente sumido en sueños, que me sobresalté al oír una voz demasiado suave en mi oído...No, no la había oído sino que luego me di cuenta de que el estúpido "Maity" me había soplado la oreja, haciéndome gritar de susto.

Quedé impactado por varios segundos. Ese imbécil...¿me había soplado la oreja? ¡Qué horror! ¿¡Cómo se había atrevido a hacerlo!? ¡Desgraciado! Chillé sin querer hacerlo, ¡pero fue inevitable! (puaj, deberían imaginarse su gélido aliento. Definiría esta experiencia como una de las peores que pasé en mi vida).

Lo peor de todo, fue su voz de sorna.

-Buenos días dormilón.

Me aparté de su lado, helado y aterrorizado. Sin que yo lo deseara, temblaba demasiado.

-Quisiera que en mi clase prestaras más atención.

"Y encima sonríe mientras lo dice. Es un idiota" pensé. Observé a duras penas cómo Nobu sentía los mismos escalofríos que yo.

Las chicas, muy atontadas, decían con voces acarameladas:

-Yo también quisiera dormirme.

"La chicas tienen malos gustos ¿Cómo les va a gustar alguien cuya camisa le deja ver el pecho, y su flequillo le tapa el rostro...Qué horror"

¿¡Qué le veían a ese profesor cuya camisa estaba desabotonada y su flequillo largo!? Era ese típico hombre alto que se aprovechaba de las chicas y se creía muy viril sin serlo ¿Es que las idiotas enamoradizas no lo notaban?

No supe bien por qué no quise ni mirar a Koizumi. No se me apetecía, algo en mi se negaba porque...ni yo lo sabía. Se me tornaba de alguna manera insoportable. Sin embargo, mi imaginación oscilaba que ella también enloqueció como las otras chicas.

Mientras los minutos pasaban, trataba de recuperarme del trauma. No fue fácil y puedo asegurarlo. Tomé aire, tratando de tranquilizarme y mostrar ante todos que yo era valiente y genial, no como ese "Maity"

Cuando la clase terminó, pude ver de soslayo a muchas chicas rodeando a ese profesor vampírico. Pude deducir que muchas trataban de seducirlo, o no sé qué pero el hecho es que no me importaba: por suerte la gigantona no estaba entre ellas. Mientras yo la vigilase, todo estaba bien...

Sin embargo, con esa voz tan estúpidamente "dulce" oí que llamó a Koizumi.

-Ah, delegada. Me olvidaba...

Ahí nomás ella se levantó de un salto, servicial. Resoplé, pensando en lo tonta que se veía obedeciéndole a ese hombre que destilaba maldad (eso creí en ese momento).

-¿Sí?-su voz sonó más chillona de lo normal, más entusiasta, boba...y sin embargo automática. Sentí algo raro, como una especie de repudio a ambos: a ella por ser una torpe ingenua, y a él por...por ser tan estúpido y detestable.

-Nakano-sensei quería que te dijera una cosa-explicó-¿Podrías organizar las tablas de las tareas de limpieza?

-¡Claro! ¡Encantada!

Levanté una ceja. Si el gorila de Nakano-sensei le hubiese dicho eso, ella no se habría comportado tan entusiasta ante esa tediosa tarea. Pensé que Koizumi era tonta ¿pero llegaba hasta el extremo de serlo el cien por ciento?

"Tonta" pensé.

Por suerte, algo me distrajo de ese mundo horroroso reinado por "Maitys". Nakao me llamó junto a otros miembros del equipo de básquet:

-Otani, el entrenador se tomó este día libre.

Alcé una ceja, incrédulo. Nakao a veces no era de fiar. Sin embargo, a juzgar por los otros chicos que lo acompañaban podía asegurar que era cierto.

-¿En serio?

Me alegré. Podríamos entrenar más de lo previsto, porque dentro de un tiempo se vendría el campeonato de básquet. El año pasado, unos gigantes nos habían robado el triunfo, pero este año debíamos ganar.

En algo que era bueno, era el básquet. Ese entrenador solía tratarme inmerecidamente mal, y en ese día sin él podría dirigir yo a mis compañeros de equipo (en eso también era bueno, después de todo, yo era el capitán del equipo). Además, me alejaría de la gigantona sumisa ante los "encantos" de Maitake-sensei, y también podría librarme de él para distraerme con algo que valía la pena. Mataba tres pájaros de un tiro.

-Ah, Otani...Tenemos que hacer las tablas...-trató de detenerme Koizumi, con mirada culposa.

A pesar de mi molestia interna, me controlé. Después de todo, ella no tenía la culpa de ser tan tonta y mis urgencias eran más inmediatas en ese momento. No debíamos desperdiciar tiempo.

-Ah, perdona ¿Podrías hacerlas tú sola?-le pedí-. Tengo que ir al club. De verdad lo siento, pero tengo que preparar el menú de entrenamiento.

Salí del aula sin siquiera mirarla. Fuimos a los vestuarios a cambiarnos la ropa del uniforme por una más cómoda y holgada, y comenzamos a hacer ejercicios de calentamiento. Despejarme fue realmente reconfortante.

-"¿Despejarte de qué?" me cuestionó la vocecita molesta. Apreté los dientes sin querer escucharla, pese a que la muy idiota se reía burlonamente.

Lo bueno de entrenar, era que por fin fijé una distracción. Si bien no fue tan fácil porque a la mente se me venía ese desagradable profesor, pronto pude dirigir el entrenamiento con esmero y dedicación. Estuve un buen rato distraído, guiando al equipo con exigencia. Si quería un triunfo, debía ser responsable. Y la verdad, quedé satisfecho con el resultado de ese día por lo que me vino un mejor humor que de costumbre.

Cuando terminamos, al salir de los vestidores junto con Nakao, Nobu-chan me dijo que Koizumi me estaba esperando en el aula. Una vez que me alejé de los dos, corrí hasta el aula. Tenía buen humor, aunque estaba agotado y la corrida disminuía aún más mis fuerzas. Sin embargo, seguí trotando dispuesto a tratar a la gigantona como merecía. Esa molestia que sentí por ella fue ilógica...Por ese profesor era entendible. Pero ella no merecía ese enojo, pese a ser tan idiota.

Y allí seguía: esperándome. Debía ir con ella, verla feliz y que todo volviera a ser normal entre nosotros dos. Todo igual a siempre, eso era lo que quería por más rara que fuese la situación entre los dos en ese momento.

Cesé un poco la velocidad. Había llegado, justo a tiempo cuando mis fuerzas se iban agotando. Fingiendo indiferencia, corrí la puerta del aula.

-Perdona la tardanza-me disculpé, quitándole importancia al asunto.

Ella sonrió radiante, y el alivio no tardó en correr por mi cuerpo de forma inevitable. Tenía los ojos más brillantes que de costumbre...raro, porque yo jamás me fijaba en los detalles pero éste no me pasó desapercibido.

-Buen trabajo-me felicitó. Adiviné que estuvo viéndome entrenar, y me sorprendí de no haberla notado mientras estuve jugando.

"Estuve muy concentrado hoy" pensé, respondiéndome la incertidumbre.

Las piernas me flaqueaban, por lo que caminé con mis últimas energías hasta sentarme a un pupitre paralelo al de ella. Estaba muerto, ni siquiera podía sentir mis piernas y mi respiración estaba muy sosegada por el cansancio, cerré los ojos y eché mi cabeza hacia atrás porque ni siquiera el cuello tenía fuerzas para sostener mi cabeza. No pude evitar protestar lastimeramente:

-Estoy molido...

Sentí que ella me decía con voz apegada con orgullo:

-Cuando juegas al básquet eres otra persona...

No pude evitar mirarla, y sonreír con soberbia. Sentí felicidad, ¡al fin, halagos!.

-¿Lo dices porque soy demasiado genial cuando jugando al baloncesto?-insinué, agrandado ante sus palabras.

-No es para que lo digas tú mismo-gruñó en forma de protesta.

Bueno...debió decirme que era genial, pero en su interior. Debía forzarla a que me lo diga.

-Pero soy genial ¿no?-le sonreí.

Revoleó un poco los ojos, pero al final cedió, curvando sus labios en una sonrisa.

-Sí, lo eres-admitió. No pude evitar festejar por dentro.

Como me respondió sin mirarme, supuse que estaba trabajando con esmero en las tablas de la limpieza.

-¿Terminaste?-le pregunté inclinándome hacia su trabajo.

-¿Que si terminé? ¿No vas a ayudarme?-se quejó, victimizándose.

¿Si le iba a ayudar? ¡Pero si yo había sido delegado porque me forzó!

-¡Pues claro!-le respondí, mirándola con sorna e ironía-Por empezar, yo soy delegado por tu culpa. Asume tu responsabilidad.

Hizo otra mueca, pero de impotencia. Al segundo se tranquilizó.

-Es que si no se hubiera ofrecido nadie, me hubiera dado pena Maity-sensei-se excusó, haciéndose la argumentativa.

Por mi parte, no pude evitar que se me erizaran los vellos de la nuca. Me levanté de un salto de mi asiento. Enseguida se me vino a la mente ese susurro seductor de ese pervertido, y comencé a retorcerme en escalofríos. Me olvidé del cansancio, ese "Maity" me daba una energía maligna que me impulsaba a retorcerme con perturbación y a chillar de terror.

-¿Qué sucede? ¿Estás recordando el susurro cariñoso de Maity-sensei?-me preguntó burlona.

-¡No! ¡No me hables de "Maity", es repugnante!-grité horrorizado.

-¡Qué me importa!-exclamó ella, con voz acaramelada-¡Qué lindo es Maity!

¿Era idiota o se hacía? No se jugaba con la mala espina que me daba Maitake-sensei. Chillé aún más, tratando de sacarme esa voz del profesor que se me había pegado como si fuese almíbar...o más bien, una desagradable goma de mascar.

Koizumi sólo rió con ganas, de una forma agradable. Al parecer le divertía que yo me espantara con "Maity". Sólo la pude mirar, descolocado ¿de verdad ella...?

Cuando se terminó de reír, me miró feliz. Yo sólo retiré la vista, molesto. Me había surgido una duda, una muy insistente.

-¿Qué sucede?-indagó.

-¿Qué? ¿En serio te gusta "Maity"?-inquirí por mi parte. Necesitaba saberlo, porque quizás Maitake-sensei era de su gusto...pero yo superaba su puesto. Sin embargo, necesitaba oírlo de ella.

Me miró un largo tiempo, sorprendida.

-Sí-contestó, volteando la cabeza para no verme.

Sentí algo raro, ese algo que había sentido esa mañana cuando la vi ilusionada con ese tipo. De verdad era alguien muy desagradable...y me molestaba el hecho de que un tipo se aprovechara de ella.

-Qué asco-respondí, no sin antes gesticular mi repudio-. No. No deberías ir tras un tipo tan frívolo como lo es él-le aconsejé, sin saber que esas palabras me brotaron de lo más profundo del alma.

Ella me observó durante otro tiempo con estupefacción, como si le hubiera dado una noticia grande...Pues no lo era, en realidad "Maity" era demasiado desagradable. Sin embargo, ella sólo se agachó con desilusión sin que yo supiera el motivo.

De repente, algo se me vino a la mente cuando la vi con su cabeza gacha...algo muy importante. Me incliné hasta estar a su altura, resucitando ese momento que no había evocado antes.

La vez que ella me visitó cuando estuve enfermo, un día antes del concierto de Umibozu. Justo en ese entonces la imagen de ella y yo conversando se rebobinó en mi memoria.

Flashback

Estábamos hablando de la vez que yo le dije que la estatura no importaba, y que ella se esforzara pese a eso. Había sido el verano pasado.

-En ese momento, cuando me preguntaste quién me gustaba, no sabías que eras tú-me recriminó, molesta-. Le andabas preguntando a todo el mundo "¿Quién le gusta a Koizumi?"-esa última frase, la dijo haciendo una imitación barata de mi-¡Ese día fue!

Me incliné hacia ella, enojado ¿Cómo se atrevía a insultarme de esa manera? ¡Eso no era imitarme, era burlarse!

-¿Qué? ¿Yo?-exclamé-¿¡Se supone que ESE era yo!?

Se acercó, acusándome.

-¡Claro que sí!

-¡Mi cara no tiene ese aspecto!-la reté.

-¡Claro que sí!-repitió.

Decidí usar mi arma mortal:

-¿¡Así tratas al chico que te gusta!?

Sin embargo, ella me ganó, pues pareció que eso no le afectaba en nada. Siempre que decía algo de su atracción hacia mi se ponía toda roja, pero aquella vez fue la excepción:

-Pues sí-espetó, descolocándome.

Me quedé sin habla, hasta que decidí levantar la bandera de la paz...a mi favor.

-Por favor-dije sentándome-. No te burles de una persona enferma.

Ella gruñó. No hablamos mucho después de ese instante, era algo incómodo. Ninguno de los dos quería hablar. Pero decidí hacerlo yo primero, tenía que dejar en claro las cosas. Ella me había venido a visitar porque se preocupaba por mi, y porque me quería de verdad...y por eso yo me sentía demasiado bien sabiendo eso y, al mismo tiempo, incómodo. Por una parte, me encantaba oír cuando me halagaba, me gustaba ver cuando se esforzaba por mi porque nadie jamás se comportó tan tenazmente por mi...Pero estaba tan confundido, que en verdad no quería lastimarla con falsas ilusiones. Me gustaba, porque disfrutaba de ser su amigo...pero no sentía nada más allá de eso. Había una barrera (y no sabía en ese momento de qué se trataba) que me impedía verla con otros ojos.

Me apoyé en el piso con más comodidad, y por fin hablé:

-No estoy tan preocupado por la altura como crees-confesé.

Y era cierto. Era bastante preocupante de algún modo, pero eso no era el impedimento de que ella me gustara en serio.

-¿Entonces es por mi personalidad retorcida?-preguntó, algo desafiante.

Tampoco era por eso ¿por qué siempre buscaba la quinta pata al gato? A veces era un fastidio conversar con ella...y más si se trataba de su atracción hacia mi. Su personalidad estaba lejos de desagradarme. Me gustaba más de lo que ella creía.

-Si lo sabes, deberías tratar de remediar eso-le contesté-. Pero sería raro que si cambiases de golpe-agregué, como para que no tomara mis palabras en serio. La idea de que cambiase para ser alguien dulce era desagradable, porque ella estaba muy lejos de ser acaramelada. La mera idea de verla diferente, haría que mi amistad con ella no fuese la misma. Prefería que todo se quedara intacto.

-¡No me llames rara!-me gritó.

Qué histérica... Ese día la veía un poco más sensible a mis palabras ¿o me parecía?

Me quedé en silencio, dubitativo. Aparté mis ojos de ella, queriendo evitar su mirada insistente. No estaba seguro de decirle o no lo que realmente pensaba, pero no había marcha atrás.

-El resto es problema mío-dije por fin.

No la miré, pero pude percibir su sorpresa. Al parecer, esperaba otra respuesta.

-¿Es problema tuyo?-repitió, algo dubitativa.

-Sí-contesté, pelando otra mandarina. Hice una breve pausa, y continué-. A pesar de que estamos a solas en mi habitación, no siento nada... Es un gran problema

No la miré, y fingí indiferencia mientras seguía sacándole la piel a la mandarina. Temía mucho su reacción, pero era en verdad lo que sentía, y si quería dejar en claro las cosas era la mejor manera de decirlo.

-¿Qué quieres que haga?-dijo por fin.

La situación tenía un alto grado de incomodidad. Tosí, un poco por la gripe, y otro poco para sosegar esa sensación. Pero cuando alcé la vista, la vi muy cerca mío con expresión decidida.

En ese instante, sentí un leve mareo. Koizumi estaba tan inclinada hacia mi, que pude ver cada hebra de su cabello suelto. Y ahí, colgando, había un grano de arroz que parecía bailar. Debí sentir nerviosismo cuando me encaró para estar más cerca mío, pero no fue así. Me aparté de ella, sin dejar de pensar en la idea que se me había ocurrido.

Si quería apagar un poco la incomodidad, la mejor manera era bromear. Siempre me funcionaba, sobre en situaciones similares a esta.

Sentí un mareo fuerte, y que mi cuerpo se debilitaba segundo a segundo.

-¿De verdad te parezco poco atractiva?-la oí decir, a lo lejos.

Mezclado con el delirio que me estaba provocando mi afiebrado cuerpo, solté la mandarina y me acerqué a ella. Estaba mareado, pero dispuesto a jugarle esa broma que mi desvariada mente inventó. Iba a quitarle ese grano de arroz y decirle "Koizumi, tienes una siembra de arroz en el pelo" o algo por el estilo.

No supe si de verdad dije algo, o no. La cuestión fue que en ese momento sentí que me iba, y que mi cuerpo estaba cada vez más endeble.

No pude recordar más después de eso.

Fin del Flashback

-Ah, ya me acuerdo-dije, sorprendido.

-Cuando estaba resfriado y viniste a verme...-los ojos de Koizumi se abrieron en sorpresa y miedo-Eso es...Estaba mirándote de esta manera, fijamente.

Mientras las imágenes de aquella vez se filtraban en mi memoria, el rostro de ella estaba tallado en tensión. Por mi parte, yo estaba concentrado recordando. Mirpe sus cabellos sueltos en su peinado atado.

-Y entonces, en tu pelo, había un grano de arroz-terminé de decir, mientras señalaba mi propio cabello.

Ni me fijé en sus expresiones, sólo me atiné a decir:

-Iba a quitártelo mientras te gastaba una broma-detallé-, cuando de pronto sufrí un desmayo y luego no recordé nada más.

Me pareció oír una tensión en sus gesticulaciones, pero no presté la atención debida.

-Pero tú estás enojada por lo que pasó después ¿no?-inquirí, refiriéndome a su comportamiento extraño que tuvo después de ese día.

Al ver su rostro me asusté...demasiado. Estaba tan enardecida, que no pude ocultar mi terror.

-Antes o después. Encima o abajo. Derecha o izquierda-musitó de una forma horrible sin que yo pudiese adivinar de qué rayos estaba hablando-. Todo me saca de quicio...Maldito imbécil

Ahí se levantó, tomando una forma imponente, tanto, que me sentí apabullado por su aspecto.

-¿Arroz?...¿¡Arroz!?-exclamó, atemorizándome más. Luego me gritó-¡Pues claro, idiota, porque soy japonesa! Es obvio que el arroz es parte de mi dieta ¡Siempre como arroz!

Desconcertado, y tomando un poco más de valor inquirí:

-¿Y por qué estás tan enfadada?

Sacudió la cabeza y me miró fijamente, aunque con una expresión dolorosa:

-¡Como estabas enfermo y no viniste a clase, corrí a toda prisa y fui corriendo a verte!

-¿E...En serio?-pude preguntar, sin creerlo ¿Cómo podía saber eso?-Lo siento...

-¿Cómo que lo sientes?-me retrucó, aún enfadada-Como dijiste que no sentías ninguna atracción hacia mi, intenté esforzarme. Y ahora que lo pienso, estaba tan avergonzada que casi muero-su expresión volvió a ser hostil-Y tú sólo te fijas en el arroz...Arroz...

-¿S..Sí?-quise afirmar, pero me salió como una incógnita. No se me ocurría otra cosa que decir, porque no sabía todo lo que me estaba diciendo. Aún no captaba del todo lo que quería decir.

-No quitaste el arroz...-siguió diciendo, con voz trémula de la cólera-Lo que quitaste fue mi primer beso...

-¿Eh?-pregunté, sin entender del todo su comportamiento-¿Qué estás diciendo?

Me paré, para estar a su altura (cosa que no podía, pero bueno). Otra vez la misma historia fantasiosa del beso. No comprendía nada de nada.

Fue entonces que, desprevenido, me tomó del saco del uniforme y me plantó un beso violento en mis labios. No pude más que contener el aire, totalmente estupefacto...¿Por qué? Temblé, viendo sus ojos cerrados con fuerza, como si estuviese enojada y me quisiera castigar con ese beso robado.

Me aparté, segundos después con espanto. El que me hubiera besado, no significaba que me asqueara...Pero estaba confundido ¿Por qué lo había hecho? ¿Qué quería decirme con eso? Esa manera brusca me lo decía.

-¿¡Q...Qu...Qué haces ahora!?-exclamé asustado. Retrocedí con tanta violencia, que caí al suelo.

Me miró con la misma expresión, sólo que decepcionada.

-¿Qué?-volví a decir por la forma en que sus ojos se posaban sobre los míos.

-Supongo que ese choque choque fue simplemente un choque fortuito...

-¿Un choque fortuito?-repetí, confundido.

La piel se me erizó, entendiendo bien todo...¿Pude haber sido tan idiota como para...besarla aquella tarde? No, imposible. Pero, por el tono de su voz, era certero ¿Por qué se enojaría tanto si no?

Las lágrimas comenzaron a caer, sin que yo pudiera salir de mi estupor.

-Me estuve esforzando tanto...Me esforcé demasiado pese a que me rechazaste...Pero si sigues gustándome así no cambiará nada...

Esta vez estaba llorando, mientras la miraba aún tirado en el suelo.

-Koizumi-empecé a decir, pero no sabía exactamente qué hacer para calmara.

Una broma no era lo adecuado, tampoco una mentira. Estaba enredado en el amor de una chica, y no sabía qué diablos hacer para salir de ese laberinto.

-Ya me cansé-murmuró, para luego exclamar-¡Me cansé de esto! ¡Me cansé de quererte!

Y dicho aquello, tomó su bolso y fue fue corriendo sin que yo pudiera pedirle explicaciones más concretas. Sin embargo, no las necesitaba.

Me levanté de inmediato y fui tras ella.

-¡Koizumi!-grité, tratando de frenarla en la puerta pero ella no paró. En ese instante, sentí miedo. Miedo sin saber por qué, pero el hecho de que se fuera no me contentaba. Estaba dispuesto a decirle algo tranquilizante, no sabía qué. Estaba dispuesto a hablarle, pero no sabía de qué. Sólo quería que no se fuera.

Me quedé en la puerta, tratando de recapacitar. Tenía que tomarme con más calma esa situación. Al verla irse, sólo me atiné a entrar al aula y me senté en el pupitre. Apoyé los codos en la mesa, y me sostuve la cabeza gacha con mis manos.

Estaba atrapado por una enredadera que Koizumi tejió. Me preocupaba por el amor que ella sentía hacia mi, tratando de ver cuál era ese punto que no me gustaba de ella, pero no había conclusión. Y yo también había hecho una enredadera, y me había atrapado a mi mismo cuando quise dejar las cosas como estaban. Y no era correcto, pero no había otra opción: no quería perderla como amiga, pero tampoco quería llegar a algo más.

-¿Otani Atsushi?-sentí una voz masculina, que me llamaba con supuesta amabilidad. Más bien sentí desquicio en su forma de hablar-¿Qué es lo que sucede?

-Déjeme solo-le dije, sin ganas de hablar. A los segundos, sentí cómo sus pasos se alejaban en el pasillo y me quedé solo para pensar bien todo...pero no quería ni podía.

Estaba en una enredadera. Y no sabía cómo zafarme de ella.

NA: Bueno...acá les traigo este capítulo. Perdón por tardar, en serio me sentí mal por no poder actualizar. Gracias, gracias por sus reviews a Nagisa Del Mar, anairamellark18, Itzia-Hime y Blue-Azul-Cero. Gracias de verdad! Ya les voy a traer un capítulo más, y veré si podré actualizar este fic con más frecuencia.
Saludos a todos!

PD: No me gustó hablar mal de mi amado Maity...pero se sabe que Otani lo detesta XD

LOVELY COMPLEX NO ME PERTENECE, TAMPOCO SUS PERSONAJES!