CAPITULO 2 Mes… ¿qué?, si, sin duda están locos.
-¿Hogar?, pero…yo…no… no estoy… loca.
Hubo un bufido general entre los chicos.
-Nosotros tampoco querida, Percy, creo que esta chica aquí necesita orientación, ¿te importaría?
-Si Percy, ayuda a tu hermana- dijo un chico moreno, de rasgos latinos tal vez.
El chico llamado Percy se encontraba sorprendido hasta que escucho eso. Soltó un bufido y me miro realmente enojado. ¿Había escuchado bien?, ¿habían dicho hermana?
-Es muy tarde para explicaciones ¿no crees? Quirón.
-En ese caso llévala a su cabaña y mañana hablamos, ya es tarde, creo que necesita descansar, se ve agotada.
-Primero necesita comer.- dijo el chico de la espada negra.- Vino por comida, no debería dormir así.- volteo a verme con un amago de sonrisa y ofreciéndome la mano.- ¿Vamos?
Al carajo la comida pensé, ¿qué era eso de hija, descendiente, hermana y mestizos, ropa apareciendo de la nada y tenedores flotantes?, y sobre todo ¿por qué ese hombre tenía piernas de caballo?
Empuñe mi navaja una vez más, haciendo que el chico me mirara sorprendido.
-Miren, no sé qué pasa aquí, solo déjenme ir, no volveré a molestar. Solo no me hagan daño.
-Aquí estas a salvo, ya no te perseguirán los monstruos que te atacan a diario allá afuera.- la chica rubia se adelanto y me sonrió con simpatía.- Tranquila, no te haremos daño, bajen sus armas chicos, la asustan.
-¿Por qué tiene cuerpo de caballo?- pregunte
-Es un centauro, como en los mitos griegos, ¿has escuchado las antiguas historias griegas Monse?
-No- conteste. Empuñe más mi arma y apunte hacia la muchacha, lo que hizo que el chico Percy la jalara y se pusiera delante de ella en modo protector.
-Será mejor que bajes tu navajita si quieres conservarla.
-Percy, está bien, solo es una niña, la asustas. Mi nombre es Annabeth, soy hija de Atenea, él es Percy, mi novio, hijo de Poseidón. ¿Por que no bajas tu arma y platicamos?
Los demás chicos seguían expectantes, mirándome con curiosidad, lo que me ponía más nerviosa, pero baje mi navaja y me dispuse a escuchar lo que me tenían que decir.
-Muy bien, que te parece si cenas algo mientras te explicamos todo esto de los Dioses, ¿qué te dijo tu madre acerca de tu padre Monse?
-No es obvio- dije con voz amarga- no tengo mamá, si la tuviera no estaría sola de noche.
-Cierto, muchos de nosotros escapamos de casa desde pequeños.- su voz decía que comprendía aquello- pero casi siempre nos dicen algo referente a nuestro linaje divino, y dado que tú tienes dos, algo debes saber.
-Te equivocas, no sé de qué me estás hablando, no sé nada de mis padres.
Pude notar la lastima reflejada en cada uno de los rostros de los chicos a mi alrededor, incluso en la cara del enorme caballo. Si hay algo que odiara era el ser objeto de lastima. El que viviera en la calle no significaba que no tuviera orgullo ni dignidad.
-Está bien, no es como si la hubiera necesitado.
-Está bien, ven vamos a que comas algo.
Annabeth me llevo hacia una cálida fogata, donde se sentaron todos los chicos alrededor. Percy fue a la cocina a conseguirme algo de comer con el chico de la espada negra, creo que lo llamare espadachín porque no se separa de su bendita espada.
Los chicos llegaron con la comida y el espadachín se sentó a un lado de mí, dándome la comida y sonriéndome de forma amable.
-Aquí tienes.- Me ofreció un plato caliente de lo que parecía carne.- Anda no muerdo.- Sonrío, fue cuando me di cuenta que tenía una linda sonrisa.
-Gracias.- Tome el plato y empecé a comer ante la mirada atenta de todos.
Juro que trate de comer como Dios manda, pero era lo primero que había comido en cuatro días, en menos de diez minutos vacié el plato.
-Vaya, creo que alguien tenía hambre.- comento el chico latino de hace rato. Tenía el pelo negro y unos hermosos ojos castaños, haciendo que todos soltaran una risilla general.
-Lo siento.- dije apenada- No había comido en cuatro días. -La sonrisa del chico se congelo en su rostro, en una mueca graciosa.
-Hey, lo siento, no quería incomodarte.
-Eres un bruto Leo –susurro el espadachín a mi lado.
-Está bien -conteste.
-Monse – llamo la chica Annabeth-, estos son Leo -apunto al chico latino –Nico, Piper, Thalía, Travis, Connor y Clarisse.
El espadachín a mi lado es al que le correspondía el nombre Nico, un nombre adecuado para él, algo inusual. La chica Piper era bellísima, de rasgos nativos, pero muy linda sin duda. Los chicos Travis y Connor son los que había visto antes de entrar a la cocina, eran prácticamente iguales y Clarisse, bueno, no quería estar en su camino. Thalía, bueno ella tenía un rostro que no descifraba la edad, como si tuviera más años de los que aparenta, parecía que su cuerpo había decidido estancarse, negándose a crecer.
-Ellos son mestizos igual que tu.
-¿Mes…? ¿Qué?, ¿qué es eso?, ¿una secta secreta?, miren, yo no sé que hagan aquí con todo ese arsenal y no quiero saber, pero no me pienso unir…
Las carcajadas no se hicieron esperar entre los adolecentes, el chico Leo, incluso se limpió una lagrimilla del ojo. El único que permanecía serio era Percy.
-No es un juego ¿sabes?, podías haber estado en peligro, ¿dónde has estado todo este tiempo?, ¿por qué apareciste ahora?, cuando te necesitábamos no estabas ahí, ¿ahora debo creer que nos encontraste por casualidad? – Todas las acusaciones de Percy me enfurecieron. No pude más y explote.
-¿Qué donde he estado yo?, bueno, había estado luchando por no morir de hambre en la calle. Tratando de buscar donde dormir sin correr peligro, un refugio en invierno. Así que no me digas que me necesitaban cuando yo he necesitado quien cuide de mí todo el tiempo. Además lo que quieras creer no me importa. Permiso. – Tome mi cosas y me dispuse a largarme de ese lugar de una vez por todas.- Gracias por la comida. Adiós.
-Espera. – el espadachín Nico me detuvo- Solo escucha y pasa la noche, no te puedes ir así nada mas, podrías estar en peligro.
-Se cuidarme sola, muchas gracias.
-Lo siento- dijo Percy-, es solo que me tomo todo esto por sorpresa, no todos los días te enteras de que tienes una hermana pérdida. Déjame que te explique.
Nos sostuvimos la mirada y en sus ojos verdes podía ver arrepentimiento, por lo que accedí y me senté a un lado de él.
-¿Qué sabes de los dioses griegos?- pregunto.
-Nada. –conteste, creo que fue la respuesta incorrecta porque todos se quedaron sorprendidos.
-¿En la escuela no te enseñaron nada de eso?, ¿en la televisión, un libro, a un amigo hablando de eso, algo que hayas escuchado por casualidad?- Agache la cabeza y me abrace a mí misma, envolviéndome las piernas con mis brazos.
-No, nunca he ido a la escuela, y menos leer un libro, no sé leer.
-¿A qué edad escapaste de casa?- pregunto Percy con voz estrangulada, tratando de pasarse el nudo de garganta que le habían provocado mis palabras.
-No… no es eso, vivo en las calles desde que tengo memoria, según Betty, la viejita que me encontró, tenía entre dos y tres años, ella se hizo cargo de mí, pero también era desamparada, gracias a ella no morí en las primeras semanas. Estuve con ella hasta que murió, hace seis años. Fue cuando me llevaron al orfanatorio St. Louis, pero escape en la primera semana. Desde entonces viajo de ciudad en ciudad.
La cara de todos era de comprensión y tristeza mezclada, era lindo sentirse aceptada y comprendida por una vez.
-Lo siento – dijo Percy-. No sabía. Pues deja que te explique de que va todo esto.
Las historias que me conto de Dioses, héroes y monstruos eran fascinantes. Alucinantes y poco creíbles sin duda, pero fascinantes. Según esto, Poseidón era el Dios de los mares, y Percy era su hijo. El tenedor que había flotado sobre mi cabeza era su símbolo de reconocimiento, lo que quería decir que según ellos, tenía un padre en algún lugar, y Percy era mi hermano.
Un bostezo involuntario salió de mis labios y mis parpados empezaron a pesar.
-Deberíamos ir a dormir, las furias no tardan en hacer revisión de toque de queda. Vamos, te enseñare nuestra cabaña.
Me tendió la mano y me ayudo a levantarme. Iba delante de mí con su novia, era muy bonita, hacían buena pareja.
-Oye, lamento lo que dije hace rato, no sabía que habías pasado por todo eso- dijo Leo-, lo siento.
-Ya te dije que no hay problema.
-Aun así deberías cuidar esa lengua Valdez, no sería la primera vez que nos mete en problemas.- las palabras de Nico hicieron reír a Leo.
-Cierto, pero no lo puedo evitar, es parte de mi arrolladora personalidad.
- Pues las ninfas que nos persiguieron ayer por el bosque no pensaban lo mismo de tu "arrolladora personalidad"
-Es que ellas no saben a preciar a un buen hombre.- dijo con una sonrisa traviesa.
-Discúlpalo, sufre de un gran ego, no sabe lo que es la modestia.
-¡Salvamos el mundo amigo!, creo que podemos olvidarnos de ella por unos minutos.- No pude evitar reírme de sus comentarios, salvar el mundo, vaya historia.
-¡Oye!, no te rías, es en serio, aquí tu hermanito fue el que hizo todo posible, él y mi amigo Jason, pero eso es historia para otra noche.-dijo Leo, sin duda aquí estaban locos.
- Llegamos- dijo Percy nuevamente serio.- Vayan a dormir chicos y déjenla en paz- le dio una mirada de advertencia y los chicos se retiraron.
-Buenas noches- dijeron a coro.
La cabaña era pequeña, hecha de lo que parecían rocas y conchas. Percy abrió la puerta permitiéndome el paso primero. Por dentro había dos pares de literas y una cama individual, al fondo de la habitación se encontraba una fuente muy bonita y grande.
-Esta será nuestra habitación, nos tocara compartir, es la regla. Todos los hijos de un Dios se quedaran en la misma cabaña.
-Pero somos los únicos.
-Sí. Antes había un pacto, por lo que escasean los hijos de los tres grandes, pero al parecer, a papá le gusta saltarse las reglas. Escoge la cama que quieras, la individual es mía, hablamos mañana.
Se fue a cambiar y yo escogí la litera que estaba a un lado de la cama de él, me quede viendo la cama con añoranza y me deje caer en ella como una niña chiquita. Era muy suave y cómoda. No me había dado cuenta que Percy estaba en el umbral de baño observándome divertido.
-¿Cómoda?
-Si.- conteste- es solo que no puedo creer que voy a dormir aquí.
-¿En la cabaña de Poseidón?, si también fue raro para mí la primera vez.
-No, no me refería a eso, quería decir en una cama.
-Oh… Monse, ¿cuántos años tienes exactamente?
-No sé.
-¿Cuando celebras tu cumpleaños?- insistió.
-Bueno, cada año nuevo yo me cuento una año más, no se Percy, era muy pequeña cuando me abandonaron.
-Lo siento.
-No fu tu culpa, tú no le dijiste a mis padres que me abandonaran.
-Papá no te abandonó, no del todo, te ha reconocido esta noche, lo cual es bueno, no pasas desapercibida para él.
-Deberíamos dormir.
-¿Vas a dormir con eso?, no parece muy cómodo el vestidito.
-No tengo nada mas, no sé donde quedo mi ropa.
-Bueno, tengo un pijama extra, no es lo más lujosos pero te servirá en lo que te conseguimos algo de ropa.
Busco entre sus cajones y me tendió un pijama azul claro de corazoncitos rojos. Lo mire incrédula.
-No preguntes.
Me fui a cambiar y regrese con el pijama puesta. Me quedaba enorme, el pantalón me arrastraba y las mangas me colgaban, pero era eso o el vestido.
Me metí en la cama y caí dormida en un sueño profundo. En el sueño me encontraba en una playa. Estaba sentada en la orilla observando la marea, la playa se encontraba sola a excepción de un hombre con la peor camisa hawaiana que había visto en mi vida y shorts caquis.
-Hola Monserrat.- Voltee a verlo y era un hombre alto, bronceado y con barba de tres días, tenía unos ojos verde mar como los de Percy, de cerca se podía ver el parecido.- ¿Puedo?- apunto donde estaba sentada y me encogí de hombros.
-¿Quién eres?
-Poseidón.
Me quede en silencio por unos minutos asimilando todo.
-¿Por qué me abandonaste?
-No te abandone pequeña, no podía hacer la gran cosa, cuando me entere que tu madre estaba embarazada tenía que ocultarlas, ya hacia un gran esfuerzo para ocultar a tu hermano.
-Así que decidiste dejarme en la calle.
-Jamás deje de cuidar de ti, mande a Betty para que cuidara de ti, una humana muy noble ¿sabes?, a pesar de su condición, el que te movieras de lugar te ayudo a mantenerte viva, pero siempre estuve pendiente de donde estabas.
-¿Por qué hasta ahora?, ¿por qué me reclamaste ahora?, ¿por qué no antes?
-Antes eras muy pequeña, me ha costado guiarte hasta aquí, los sátiros no te encontrarían con lo rápido que viajabas. Debes comprender que siempre vi por ti, se que llevabas una vida difícil en las calles, pero siempre cuide de ti al igual que cuide de Percy. Ambos son mis hijos y los quiero por igual.
-¿Por qué él estuvo aquí desde antes?
-El llego a tu edad, por si te lo preguntas tienes doce, naciste el 30 de mayo a las siete de la mañana.
-¿Qué paso con mi madre?, ¿por qué me abandono?, ¿no me quería?- levante la vista por primera vez de las olas del mar y lo mire a los ojos.
-Tu madre –suspiró-, tu madre no supo manejar la situación, tenía miedo y no sabía qué hacer, así que trato de darte en adopción.
-¿Por qué no la detuviste? O me llevaste contigo.
-Debes entender que los Dioses no podemos intervenir en la vida de los mortales directamente. No podía hacer nada más que cuidarte a la distancia.
El cielo se empezó a nublar y el mar parecía furioso, empezó a caer una lluvia pero no me mojaba, el viento azotaba mi cara alborotándome los cabellos, evitando que viera claro.
-Debo irme pequeña, no puedo estar mucho tiempo contigo.
-Pero… ¿qué era eso de descendencia?
-Nos veremos después hija.
La tormenta de la playa era cada vez peor, la temperatura descendió drásticamente y la marea subió, tragándose la playa lentamente. El cielo era de un gris profundo, y las nubes se arremolinaban en el horizonte. No había a donde ir, a donde quiera que viera solo había arena. A unos cien metros podía distinguir una sombra negra aproximándose a mí, pero la lluvia era tanta que me nublaba la vista.
El agua no me mojaba, pero podía sentir el viento azotar contra mi rostro, cada vez el mar avanzaba mas, dejando menos superficie. La mancha negra estaba a veinte metros y podía distinguir un cuerpo grande. Tenía tres protuberancias saliendo de arriba, parecían... ¡Santo Dios! ¡Eran cabezas!, ¡Era un animal con tres cabezas!
Empecé a correr, pero la arena entorpecía mis pasos, sumiéndome cada vez más, haciendo que tropezara y me empezara a hundir en una especie de pantano. El perro era enorme como un edificio, estaba a punto de engullirme como un aperitivo cuando desperté sobresaltada.
Mi respiración era errática, mi corazón palpitaba a mil por hora y estaba sudando. Rodee sobre mi misma para ver a Percy, pero su cama estaba sola. Me levante sin hacer ruido alguno y lo vi en delante de la fuente, hablando solo, o eso creí, hasta que escuche que una voz familiar le contestaba.
-Creo que pudiste haberme avisado con más tacto de ella.
-Hijo, ¿tienes idea de lo que me costó traerla hasta aquí?, había días en los que pensaba que no sobreviviría.
-¿Por qué ahora?
-No seas duro con ella, ha tenido una vida difícil. Trata de comprenderla.
-Yo no pedí esto, no quería una hermana.- ante sus palabras me encogí, pero supongo que era de esperar, si no me quiso mi propia madre ¿qué podía esperar de un extraño?
-Se que no la pediste, y yo no esperaba tener dos hijos, pero las cosas pasaron, no es algo que se pueda evitar.- Escuche a Percy bufar y respirar, como si tratara de tranquilizarse.
-¿Cómo es eso que es descendiente de afrodita?
-Pues es como Frank, solo que su linaje es más reciente, su madre era una mujer muy bella, hija de Afrodita. No me malinterpretes tu madre es una reina entre las mortales pero, Sarah era bellísima.
-Ya entendí, así que ella es nieta de Afrodita.
-Sí, pero no lo digas así, la harás sentir vieja, ya sabes cómo se pone. Pero si, fue para mí muy difícil el tratar de resistirme a la sangre de Afrodita, tú entiendes, desde la última vez que estuve con ella… bueno, tú la has visto.
-Si… ¿supongo?, pero aun así que esperas que haga con ella, apenas puedo conmigo después de lo que paso allá abajo…
-Lo sé, pero trata de conectar con ella… me tengo que ir, asuntos importantes. Tyson manda saludos y dice que quiere conocer a su nueva hermana.
-Pues es el único.- susurro Percy- Salúdalo de mi parte.
Se dio la vuelta y regreso a su cama. Yo me quede lo mas quieta posible, tratando de hacerme la dormida y espere hasta que lo escuche roncar suavemente.
Era momento de tomar una decisión, podía quedarme aquí, y tratar de encajar con estas personas, pero no quería estar en un lugar en el que no era deseada, sobre todo por la persona con la que tendría que compartir prácticamente todo, mi orgullo me lo prohibía. Tome mi mochila, me puse el vestido y salí de la cabaña mientras clareaba el alba.
Empecé a subir la colina, y no voltee atrás.
Tal parece que a nuestro Percy no la ha caído muy bien la noticia C:
Tendrá que aprender a ser un buen hermano... ¡Otra vez!
¿que les ha parecido la aparición de Nico y Leo?
Serán parte importante de esta historia a partir del próximo capitulo
Besos :*
