CAPITULO 3 Tomando decisiones y lecciones

Cuando al fin divise la salida – unas enormes columnas de mármol- empecé a correr hasta que las atravesé por fin. Fue cuando vi un enorme animal parecido a un reptil custodiando la entrada que no había visto antes. Pegue un salto y reprimí un grito.

La lagartija tamaño jumbo me observó y se empezó a acercar a mí. Trate de regresar por donde había llegado pero tropecé con una estúpida rama. La lagartija se acerco más a mí, y su quijada cobriza me rozo un costado, soltando una bocanada de humo por la nariz. Fue cuando mande todo al carajo y grite como nunca había gritado en mi vida.

El animal casi me aplasta con su pata delantera pero rodé, si no fuera tan rápida seria calcomanía de Monse. Saque mi navaja y se la clave en una pierna, lo que solo lo hizo enojar, lanzando una llamarada de fuego en mi dirección. Me quede con los ojos cerrados esperando el fuego abrazador que nunca llegó porque unos brazos me jalaron fuera de su trayectoria.

-Leo tranquiliza a Peleo*, ¿estás bien?

-Ss-si-i- tartamudee - ¿q-qué es esa co-cosa?

-Ese es Peleo, nuestro dragón.

Voltee a ver a Nico y pude ver que estaba vestido con un traje de metal, una especie de armadura con falda sobre sus pantalones negros y su inseparable espada negra. Sus ojos eran impresionantes, de un hermoso color chocolate y desprendía un aroma a tierra húmeda.

-Parece que no puedes mantenerte alejada de los problemas ¿eh?- sentí mi cara arder de la vergüenza e iba a responder cuando llegó Leo.

-¿Problemas?, esta chica es una amenaza, pero las amenazas siempre son buenas. – Sonrío y me tendió mi navaja.- ¿Pensabas luchar contra Peleo con esto?

-No… pensaba gritar y correr.

-Más sensato.- dijo Nico- ¿qué hacías aquí de todos modos?

-¿Qué hacían ustedes aquí?

-Nosotros hacíamos nuestra guardia como siempre.- contestó Leo- ahora, ¿qué hacías tú aquí?

-Me voy.-Por la cara de asombro de los chicos supuse que esa no era la respuesta que esperaban.

-No puedes irte, si no pudiste contra Peleo que esta domesticado no tienes oportunidad con los monstruos del exterior.- me dijo Nico.

-Tiene razón Nico, deberías entrenarte, y después veras si te quieres marchar, pero este es el único lugar seguro para las personas como nosotros Monse.

-Me he cuidado perfectamente sola desde pequeña, creo que lo puedo seguir haciendo, muchas gracias. – Me levante del suelo y tome mi mochila.

-Y apenas has sobrevivido. Ahora sabes quién eres, por lo que tu esencia es más fuerte, más teniendo dos linajes divinos.

-Además- agregó Leo-, Percy se disgustará si te vas.

-Créeme, no se molestará, al contrario, creo que le gusta la idea de que desaparezca.

-Monse- dijo Leo quedamente- Percy ha pasado por mucho los últimos meses. Solo los Dioses saben lo que tuvo que pasar él y Annabeth –Nico bajó la mirada como si estuviera recordando algo triste, Leo lo miró y le palmeó el hombro-. No deberías ser tan dura con él. Dale una oportunidad. Conózcanse primero. Ya que si las cosas no funcionan… bueno, aquí Nico y tu servidor podemos hacerle bromitas cuando quieras- dijo sonriéndome y guiñándome el ojo.

-Gracias- dije sinceramente.

-Anda vamos a desayunar. –Me tendió la mano, esperando mi respuesta. Tenía dos opciones: a) darle una oportunidad a Percy y olvidar su conversación con la fuente y b) irme a la ciudad, permanecer un tiempo ahí y marcharme a cualquier lugar después. Decide a opción «a», al menos tendría una cama y comida asegurada.

-Este… Nico, tus manos.- dije sintiendo como la sangre se me acumulaba en las mejillas. El aludido siguió mi mirada y note como se sonrojaba. Leo solo se rio por lo bajo.

-Sí, perdón.- dijo soltando mi cintura.

Emprendimos camino bajando la colina. Se podían ver algunos campistas levantados, todos iban camino a las mesas donde me habían encontrado ayer. Podía escuchar las voces que se alzaban a mi lado «si esa es», «su hermana», «dicen que la reclamaron doble», «oí que vive en la calle».

Los murmullos me hacían sentir incomoda y las miradas no eran nada disimuladas. Podía sentir los ojos fijos en mi espalda cada vez que adelantaba a alguien. Leo me rodeo con su brazo los hombros y me susurró al oído.

-Tranquila, ya se les pasará. Deja que llegue un nuevo chisme.

-Eso espero –conteste en un susurro -, no estoy acostumbrada a que me vean.

-Hey, ¿qué se te antoja desayunar?, escoge, nosotros invitamos.

Me le quede viendo con ilusión en el rostro, sin duda había tomado la decisión correcta. El tener tres comidas diarias valía la pena como para soportar los cuchicheos. Estaba por contestarle cuando una voz masculina nos interrumpió.

-¿Dónde estabas?, te he buscado por todos lados Monse. Desperté y ya te habías ido.- En su mirada se podía notar cierta irritación. Annabeth me sonrió a modo de disculpa y tomó de la mano a Percy.

-Fuimos por ella Nico y yo Percy. Alguien tenía que enseñarle los alrededores. No te exaltes.

-Ves Percy- intervino Annabeth- te dije que no tenías de que preocuparte.

Percy solo me miró, evaluándome con la mirada, tratando de verificar lo que le estaban diciendo.

-Está bien. Vamos, ya deberíamos estar en el comedor.

Leo seguía abrazándome. Nico se adelanto con Percy y Annabeth que ya casi llegaban a los comedores.

-Vaya, a eso le llamo levantarse de malas.- suspire y baje la vista al suelo.- Hey, no te pongas así, solo necesita tiempo. Ha sido el hijo único por mucho tiempo, estaba resignado a estar solo. Anda vamos a desayunar.

Apresuramos el paso y alcanzamos a los demás. Estaba por sentarme con Leo cuando sentí que me susurraban al oído.

-Monse, no deberías sentarte ahí, los hijos de Poseidón vamos aparte.- Me tomó del hombro ante las miradas curiosas de los demás y nos sentamos en una mesa apartada. Pude ver a Annabeth sonriendo en nuestra dirección, pero no supe a quien iba dirigida.

-¿Por qué nos sentamos separados de los demás?- pregunté. Percy me sonrió como si estuviera recordando algo.

-Nos sentamos al igual que como se reparten las cabañas. Cada Dios tiene su cabaña y su mesa.

-Pero ¿no es más difícil así?, digo, tu cabaña…

-Nuestra- me corrigió.

-Bueno nuestra cabaña prácticamente está vacía, y las que está cerca nuestra, debe de haber cabañas donde falte espacio ¿no?, no sería más fácil no sé… dividirlos en hombres y mujeres.- Percy sonrío, y realmente sonrió, mostrando su bien cuidada sonrisa Colgate.

-Sí, sería mucho más fácil, y espacioso. Pero si algo he aprendido en estos últimos seis años es que los Dioses son vanidosos a morir. Sobre todo Afrodita, imagínate lo que diría si se entera que tu, su descendencia ha dicho eso. Seguramente te maldeciría con problemas de cabello por sugerir quitarle su cabaña.- dijo sonriendo.

-No es gracioso sabes. Es mucho gasto de espacio.

-Sí, lo sé, pero ¡imagíname viviendo con los Stoll!, sobreviví una vez, dos no lo creo.

-No creo que sean tan terribles como dices.- se quedó viéndome como diciendo «enserio».

-Monse, es porque no has vivido con ellos, y créeme no quieres.- Empecé a reír ante su mirada de terror fingido, si se miraban tan dulces los hermanos.

-Sabes, creo que deberíamos empezar con tu entrenamiento cuanto antes, hay que empezar a desarrollar tus habilidades con el agua.

-¿con el agua?- pregunte dudosa.

-Sí, entre más rápido aprendas a dominarlas mejor, es una gran ventaja en el campo de batalla, no tienes idea de las veces que me han salvado la vida mis habilidades.

-¿Campo de batalla?, pero ¿estás loco?- mis ojos se abrieron hasta el grado de estar a punto de salirse de mis cuencas, lo que hizo reír a Percy.

-Sí, es una forma de decir cuando te están atacando fuera de la seguridad del campamento, o cuando estás en una misión.

-Tú… ¿has estado en muchas misiones?- me aventure a preguntar, pero me arrepentí rápidamente porque su mirada se endureció y el dejó de reír.

-Si- contestó. Después de lo que pareció una pausa eterna y suspiró.- Las misiones no siempre salen bien, menos si son involuntarias.- Abrí la boca para preguntar qué es lo que quería decir cuando apareció el hombre caballo.

-Es hora de agradecer a los Dioses- observe que los demás se levantaban de sus asientos. Fue cuando me percate de que los platos estaban servidos.

Percy me espero pacientemente a que me levantara con mi plato y caminamos a la fogata. Observaba como los demás tomaban la parte más apetitosa de su plato y lo tiraban al fuego.

-Es nuestra ofrenda para los Dioses -susurró Percy-. Es nuestra forma de darles las gracias.

-Gracias ¿de qué?, y ¿por qué piden comida quemada, no tienen buenos restaurantes de donde vienen?- Percy sonrió y negó con la cabeza.

-A ellos les gusta el olor… pero pienso igual que tú, hay mejores comidas que lo panqueques y huevos… pero no se los digas a las nereidas.

-Considera tu secreto a salvo. A ¿quien le haces ofrenda tú?- volteo a verme y temí haberlo hecho enojar otra vez- No tienes que decirme, lo siento fui una entrometida.- Empezó a reírse más fuerte, haciendo que las miradas se dirigieran a nosotros una vez más.

-Está bien, no es como si preguntaras algo prohibido. Le hago ofrenda a nuestro padre, por los regular todos aquí ofrecemos a nuestro padre divino. Solo le das las gracias y si tienes alguna duda puedes consultarle- me observó como diciendo «avísame si me vas a enviar a una compañera de habitación no deseada»- y si puede, te contestará de forma indirecta, eso es todo.

-Y si son Dioses, ¿no sería más fácil no se una llamada telefónica que diga "Hey eres mi hija, tienes muchos hermanos con los cuales compartir una cabaña"?

-¡Lo mismo pensé yo!, pero ¡no!, a ellos les encanta complicarse. No pueden intervenir de forma directa, por lo que cuando necesites ayuda solo te enviaran señales. Pero cuando ocupan que hagas algo por ellos si se materializan para "pedirlo" amablemente si tienes suerte.- en la última frase pude notar un deje de amargura, pero no me atreví a preguntar el porqué.

Tomó una parte de su desayuno y lo tiró a las brazas de la fogata. Esperó a que yo tomara mi parte y al echarla pude notar un olor exquisito, era lo mejor que había olido en mi vida. Decidí darle las gracias a Poseidón por… gratitud, por tener un buen hijo como Percy, algo bueno debió haber hecho él para que su hijo sea tan comprensivo.

Regresamos a nuestra mesa y empecé a comer. Estaba delicioso. Sé que no soy la más indicada para decir que una comida esta deliciosa al comer todo lo que encuentro en las calles, pero sin duda esta comida estaba deliciosa, Percy estaba equivocado, no había más buena que estos panqueques y huevos. Terminamos de desayunar con breves palabras entre cada bocado. Me platicaba de cuando él llegó al campamento, el cómo conoció a Annabeth, que participo en algunas búsquedas, que teníamos un hermano llamado Tyson que vivía con nuestro padre en el océano y que era un ciclope.

-Vamos, hay que empezar con tu entrenamiento. ¿Qué habilidades tienes?

-Pues… soy rápida y… se algo de defensa.

-Sí, lo noté anoche- sonreí apenada-, descuida, está bien, si no hubieras sido rápida lo más seguro es que te haya rebanado de un tajo.- Lo dijo con tanta naturalidad que me hizo temblar y verlo como el chico loco y peligroso de anoche.

-Bien, que te parece si empezamos después de mi lección con espada, es algo avanzada, tienes que aprender primero los movimientos básicos. Yo te enseñare, soy el mejor con la espada – dijo regalándome una sonrisa traviesa – y que Nico no te diga lo contrario.

-Y ¿qué hago mientras terminas tu lección?

-mmm… que tal si vas con Annabeth a las lecciones de griego antiguo, o puedes ir conmigo a ver las lecciones…

-O tal vez pueda ir conmigo – nos interrumpió una voz conocida – y Nico-man a terminar de ver el campamento.

-No se chicos, es nueva y ustedes a veces son peor que los Stoll.

-Hey, un poco de confianza Percy, prometemos portarnos bien.- Leo puso ojitos de niño regañado, sacando el labio inferior y Nico lo miraba suplicante.

-Vamos primito, no es como si le fuéramos a hacer algo malo.- Percy los miraba con escepticismo en el rostro, como si pensara «si como no».

-Me gustaría terminar de ver el campamento - me apresure a decir, antes de que Percy se negara -, cuando termines tu lección ellos me pueden llevar contigo.

-¿Segura?- asentí – Esta bien, nos vemos en la arena a las once. Once chicos, no lleguen tarde, entendido.

-¡Si capitán!- dijo Leo haciendo un saludo militar.

-Que graciosito Valdez, ahora no la espanten. – Leo me abrazo nuevamente y me coloco a su costado.

-Como crees Percy, la trataremos como una más del grupo- dijo guiñándole un ojo, lo que me emociono el saber que me aceptaban en sus grupo.

-Es lo que me temo chicos – suspiró resignado -. Solo pórtense bien, y no se metan en tantos problemas.

Observe a Percy alejarse con la sensación de que tal vez podría encontrar a un amigo en él, alguien por quien quedarme en este lugar. Tal vez, mi padre me había enviado aquí con la esperanza de que Percy me aceptara y no estuviera tan sola.

-Bueno Monse- dijo Leo interrumpiendo mis cavilaciones -, creo que es hora de visitar la armería.- Nico soltó una risilla.

-¿Armaría?

-Sip, es hora de que escojas tu arma, todos tenemos una, Nico su espada de acero estigio, yo mi cinturón – y por primera vez me di cuenta de que no se despegaba de sus cinturón de herramientas-, tu hermano tiene a Contracorriente y las chicas sus cuchillos y navajas, así que es hora de escoger tu arma.

Ambos chicos tiraron de mis manos corriendo hacia una cabaña grande, donde suponía estaba todo su arsenal de la noche anterior. Al entrar me quede boquiabierta, jamás había imaginado siquiera que podrían tener tantas armas. Las paredes estaban cubiertas con espadas, cuchillos, escudos redondos, arcos, flechas, navajas, lanzas y un sinfín de cosas más. Las armas eran de color bronce, se miraban realmente peligrosas, si no sabias utilizarlas terminarías matándote por accidente.

-Sí, escoge la que quieras, vamos a ver cómo te acomodas con ella.- ¿Realmente le iban a dar un arma a una niña de doce años?, pues por su mirada de emoción y expectación por ver que escogía era realmente lo que iban a hacer.

Me acerque a las paredes, a los paneles, las cajas y los cajones, viendo, observando y apreciando, pude ver una navaja de unos veinte centímetros con una curva en el mango, realmente se veía mortífera, era color bronce y era brillante, tanto que me cohibía. Saque mi pequeña e inseparable navaja, a un lado de todo este arsenal parecía un juguetito de las maquinas de monedas; realmente penoso.

Leo tomó la navaja de mis manos y la examinó. – Sí, se podría decir que ya no la usaras más. – Y la arrojó a sus espaldas.

-Oye, tenía años conmigo- protesté, pero solo sirvió para que se rieran de mí –. Tranquila, aquí habrá algo mejor que ese intento de arma. Anda escoge algo.

Estaba viendo las armas nuevamente cuando se me ocurrió algo.

-¿Tengo que cargar el arma que escoja a todos lado como ustedes?- Los chicos voltearon a verse entre si, mirándose confusos.

-Si- contesto Nico- ¿Por qué la pregunta?

-No me quiero ver ridícula como ustedes chicos, sin ofender, pero no me veo cargando una espada a todos lados o un cinto de herramientas.- Los chicos me miraron entre irritados y divertidos, a lo que solo pude contestarles con una sonrisa radiante de disculpa, a lo que reaccionaron mejor de lo que creía.

-Pues escoge algo más pequeño Monse- dijo Nico con una voz gentil.

-Si peque, no es necesario que estés cargando una espada enorme.- Termino Leo. Los miré extrañada y me voltee a seguir inspeccionando las armas.

-¿De dónde sacan todas estas armas?- pregunte como quien no quiere la cosa, viendo una espada mediana.

-Nosotros- se adelanto Leo-, los hijos de Hefesto claro está.

Note un brillo particular en una caja del fondo de la habitación. Me dirigí a ella y al abrirla Leo me detuvo.

-Esas son cosas para reciclar, no funcionan como debe ser.

No me importo, abrí la caja y vi un hermoso cinturón color bronce, liso y pulido, listo para usarse.

-Qué hermoso- susurré- ¿qué hace?

-No lo sé, yo no lo hice, al parecer tiene años aquí, antes de que llegara pero nadie sabe para qué es, no sirve.

-Y, ¿puedo quedármelo?- pregunte esperanzada.

-No sirve Monse, ¿para qué lo quieres?, solo te hará estorbo.

-Es que es tan bonito, parece de una princesa.

-Y ya salió a flote tu Afrodita interior.- Le saque la lengua y voltee a ver el cinturón con adoración, lo que los hizo reír.

-Oh vamos Leo- dijo Nico- es solo un cinturón, no es urgente que lo reciclen. Voltee a verlo esperanzada y suspiró.

-Está bien, si le queda puede quedárselo, si no, irá a reciclaje… y te hare una nuevo.

-¡Gracias!- dije abrazándolos a ambos. Me coloque el cinturón a la altura de mi cintura y lo abroche.

-¿Qué tal se ve?- pregunte a los chicos que me miraban embobada. Voltee a ver si había algo detrás de mí pero no había nada.- ¿Chicos?

-Hermosa, divina, mejor que la fragua de mi padre en los volcanes- susurraba Leo.

-Más hermosa que el espíritu de Helena.- dijo Nico.

-Eh, chicos, ¿están bien?

-Sí, si estás conmigo- dijo Nico acercándose un paso a mí.

-No nos dejes Monse, te protegeremos de lo que sea, dime qué quieres y lo tendrás.- Dijo Leo. No entendía de que rayos hablaban, pero estaban como posesos.

-Chicos, será mejor que regresemos.

-Lo que digas Monse.- contestaron al unísolo.

-Ayúdenme a quitarme el cinto, no puedo, creo que se atoro la cerradura

-Lo que digas Monse.-Se acercaron a mí para tratar de ayudarme, pero el cinto realmente se había atorado, tenía razón Leo, debían reciclarlo cuanto antes. Mientras los chicos trataban de ayudarme podía notar cómo se acercaban mas para oler mi cabello, aun desprendía un olor dulce como el de anoche pero no creí que les gustara el olor.

-No se puede Monse.- Dijo Nico dándose por vencido-. Pero se ve precioso en ti.- dijo rozándome la mejilla derecha con sus dedos, haciendo gruñir a Leo.

-Vamos- me jalo Leo-, ya deberíamos estar con Percy en la arena.

-Pero el cinto- apuntándolo-, no me va a dejar moverme.

-Tranquila, si en algo concuerdo con Nico es en que se ve hermoso en ti.

Ambos me arrastraron a la salida. Leo volvió a Rodearme los hombros con su brazo, pero esta vez lo sentí diferente, posesivo, como si temiere que saliera corriendo de su lado o me fueran a arrancar de su costado. Nico no se quedo atrás y tomo mi mano ente la suya.

Podía notar las miradas curiosas y algunas furiosas de algunas chicas, me mataban con la mirada. Por otro lado podía notar que los chicos del campamento me miraban también. Un chico de ojos azules y cabello castaño rizado, con facciones de duendecillo se acerco a mí, tratando de hablarme, pero Nico y Leo le gruñeron como perros rabiosos y lo apartaron de un empujón.

-Aléjate Erick- dijo Nico, soltando mi mano para pasarla por mi cintura.

Llegamos a la arena finalmente, los chicos no me habían soltado por más que quise quitármelos de encima, pero no se dejaron, al final había conseguido que más chicos nos siguieran.

Percy estaba en unas gradas platicando con tres chicas, a las que reconocí como Annabeth, Piper y Thalía.

-¿Pero qué pasa aquí?- dijo Annabeth al vernos llegar a los tres juntos con unos diez chicos detrás.

-¿Por qué la abrazan?- pregunto Percy molesto.

-Nos la pueden quitar- contestaron Leo y Nico viendo a los demás chicos con rencor y miedo. Annabeth y Thalía se rieron al ver mi cara de fastidio.

-No dejan de repetir eso- dije irritada-, no me sueltan. Piper ahogó una exclamación y me apunto a la cintura.

-¿De dónde sacaste eso?- dijo apuntando mi cinturón defectuoso. Todos voltearon a ver mi cintura.

-¿Esto?, de la armería, estaba para ser reciclado pero me lo probé- conteste mientras algunos chicos que nos habían seguido jugaban con mis cabellos negros.-, ¿por qué?

-Es el cinturón de mi madre, o una copia al menos, si fuera el original estos chicos ya te habrían raptado- contestó sorprendida.-. Pensé que no serbia con nadie, al menos no de la cabaña de Afrodita.

-Pues no sirve- conteste- el estúpido broche se atasco y no me lo puedo quitar.-Annabeth empezó a reír.

-Cuando Piper dice que no había funcionado con nadie no se refería al broche Monse- dijo Annabeth divertida- se refería al poder del cinto. Si no me equivoco es Hefesto le obsequio a Afrodita un cinturón de oro que la hacía incluso más irresistible a los demás hombres como obsequio de bodas. Esta debe ser una copia dado que no es de oro, pero la función es la misma, solo que no es para cualquiera, solo la persona correcta lo puede utilizar.

Percy se miraba confundido y miraba enojado a los demás chicos. Trato de jalarme a su lado pero Nico y Leo no se lo permitieron. Las chicas se rieron de la escena.

-Y ¿cómo me lo quito?

-No sé, eso no viene en los mitos.- Dijo Annabeth.

-Al parecer a mamá le gusta hacer bromitas aun.- Dijo Piper tratando de sofocar una risa. Thalía estaba roja de tanto reír de ver los intentos de Percy y míos de hacer que los chicos me soltaran, pero solo logramos que saliera con moretones en los brazos.

-Una mano Piper- dijo finalmente Percy-. Usa tu don vocal.

-Chicos, es suficiente, váyanse a hacer lo que tengan que hacer y déjenla en paz.- Podía notar una autoridad en su voz, pero no me afectaba tanto. Los demás chicos que nos siguieron estaban debatiéndose entre quedarse o hacer lo que Piper les ordenaba. Finalmente se fueron, dejando a Nico y Leo prensados de mi cintura.

-Chicos, suéltenla- volvió a decir Piper con más autoridad, pero los chicos solo la miraban desafiantes.-. S-U-E-L-T-E-N-L-A. – Nada, seguían inmóviles a mis costados.

-Suéltenme- explote finalmente.

-No -dijeron muy seguros de sí mismos. Suspire irritada.

-Chicos, porque no van a conseguirme… una rebanada de… pastel ¡sí! Pastel, casero muero hambre y… soda de mora azul.-Los demás me miraban confundidos, pero Nico y Leo no se miraban muy dispuestos a alejarse mi lado.

-Al que lo traiga primero…

-Pasará el día entero con Monse- completo Thalía.

-¡Sí!, espera que…- Las chicas estaban divertidas ante mi confusión, y Percy empezó a reír con mi cara de sufrimiento, pero esto no se quedaría así – Si y Percy estará con nosotros para asegurarse de que nadie más me robe.- ante esto Percy dejo de reír y las chicas estaban en el suelo con lagrimas en los ojos por la cara que puso.

-¡Esta bien!- aceptaron ambos chicos y me dieron un beso en ambas mejillas antes de irse corriendo por lo que había pedido. A lo lejos pudimos ver como Nico empujo a Leo, haciéndolo rodar por la colina, ganando ventaja en la carrera, pero Leo no se quedo atrás, note que a los pies de Nico aparecía una llamarada de fuego, chamuscándole los pantalones, preocupándome ¿qué tal si se mataban entre ellos en el camino?

-Vaya pero si eres rápida chica- dijo Piper guiñándome el ojo.

-Ayúdenme a quitarme esta maldita cosa.- Supliqué.

-Haber, ¿que tenemos aquí? - Annabeth se acercó a examinar el cinturón, al igual que las demás chicas.

-No sé como tu madre puede tener algo así, los chicos se ponen más idiotas de lo normal- susurró Thalía haciéndome reír.

-¡Hey! – Protestó Percy – no todos caímos en sus encantos – dijo con una sonrisa triunfal.

-Eso es porque es tu hermana, sería asqueroso. –Las chicas empezaron a reír.

No encontrábamos la forma de quitarme el cinturón, el broche simplemente estaba atascado.

-ανοιχτό – gritó Annabeth, pero no fue eso lo que me sorprendió, lo que me sorprendió fue que entendí claramente que esa palabra significaba abrir. El cinturón no se abrió.

-¿Qué dijiste? ¿ανοιχτό? – Pregunté y el broche cedió. El cinturón cayó a mis pies, justo a tiempo para cuando volvían los chicos con platos de un pastel aplastado, quemado y de procedencia dudosa, empujándose entre sí.

-¡Aquí está Monse! – gritaron mientras se abalanzaban sobre mí, dándome el pastel. Los demás empezaron a burlarse de los chicos. Pobres.

-¿Pero qué…?- dijo Nico confundido.

-Hey, ¡¿qué nos hiciste Monse?! – gritó Leo haciéndose el indignado.

-Nada – contestó Piper – ella no hizo nada, todo lo hicieron ustedes porque quisieron – decía mientras reía a carcajadas mientras los chicos se sonrojaban de un rojo profundo.

-Ay chicos, nunca los había visto tan "amables y atentos" con los nuevos – dijo Thalía en un ataque de risa, haciendo que me sonrojara al igual que los chicos.

-Yo… lo siento chicos – empecé a disculparme – en serio, no era mi intención.

-Descuida – me interrumpió Leo – no fue intención de nadie, solo paso.

-Valla chicos, debo quedarme ese cinturón si quiero un perrito faldero – dijo Percy limpiándose una inexistente lágrima del ojo.

-Ja ja ja, que gracioso, eso le puede pasar a cualquiera. – se defendió Nico.

-Sí, pero siempre les pasa a ustedes dos. – contestó Annabeth riendo.

-Bueno ya, Monse tiene que empezar su entrenamiento y no tiene arma.- Dijo Leo.

-Pero si esta chica no necesita armas – dijo Thalía – si ustedes están para protegerla. – le dio un nuevo ataque de risa, provocando que se pusiera roja del esfuerzo.

-Bueno ya, vamos a empezar Percy. – intervine, ya sentía suficiente vergüenza para toda una vida.

-Sí, será mejor que empecemos – dijo –, ya me duele el estomago y la cara de tanto reír.

Tomó una espada y me la tendió. – ¿Cómo la sientes? – Preguntó.

-Está algo pesada.

-Bien. – Dijo quitándome de las manos – Y ¿esta otra?

-Muy larga.

-Sí, lo mismo pensé. Veamos, ¿qué tal esta?- la espada era de aproximadamente unos 40 cm de largo, de color bronce como todas las armas de este lugar. Era ligera, con el largo y peso perfecto para mí.

-Me gusta- contesté.

-Bien, empecemos. Primero debes saber colocarte la armadura – dijo poniéndose una especie de chaleco de metal, pasándome uno y enseñándome como colocarlo-. Bien, lo segundo es saber empuñar el arma – me explicaba – una vez que la tomas correctamente lo demás es sencillo.

Me enseño algunos movimientos de defensa, bloqueo y ataque. Los chicos seguían en las gradas observando mi sesión mientras las chicas seguían haciendo bromas por su comportamiento.

-Bien – dijo Percy –, veamos si pusiste atención en clase. Será un repaso, pero recuerda que depende de ti si quieres visitar la enfermería.

Me ataco con el movimiento que me había enseñado, por el costado, algo obvio pero yo era principiante. Esquive con la espada, dando un golpe con la hoja como me había enseñado.

-Bien, muy bien Monse – me felicitó. –, veamos que mas sabes hacer.

Ataco nuevamente, esta vez haciendo finta con la espada, haciendo que cubriera mi frente, dándole ventaja sobre mí, golpeo mi mano, haciendo que soltara mi espada. Me tenía desarmada frente a él. Me agache para recoger la espada cuando sentí su hoja en mi barbilla. Me sonreía de forma traviesa mientras negaba con la cabeza.

-En el campo de batalla no te darán ventaja para que recoges tu arma, una vez que la pierdes le hace como puedes, ahora defiéndete. – Retiró la espada, dándome unos segundos para reaccionar, me tiré de lado, rodando, alejándome de Percy.

Me puse de pie y note que se acercaba a mí nuevamente. Tiro un mandoble a mi costado rebotando con la armadura. Tomé su mano con mis manos, torciéndola, tratando de hacer que soltara el arma, pero era más fuerte que yo. Si lograba que la soltara tendría más oportunidad contra él.

Me empujo hacia atrás, provocando que cayera de espaldas. Enganche mis piernas a sus pies tirándolo a un lado de mí. Me subí a su pecho y le quite la espada, aventándola lejos. Él solamente sonrío.

-No debiste hacer eso.

Me levante y me puse en posición de defensa, si algo había aprendido en todos estos años de vivir en las calles es la lucha cuerpo a cuerpo. Se quedo viéndome raro, intentando descifrar que es lo que estaba haciendo.

-¿Qué haces Monse? – se acercó a mí y solté el primer golpe a su mejilla izquierda.- Hey basta, basta. Es duelo con espada, no cuerpo a cuerpo.

-Dijiste que en el campo de batalla nos las arreglamos como podemos, bien así es como estoy acostumbrada.

-No acostumbro a golpear mujeres.

-Pues yo acostumbro a golpear adolecentes, así que estás en tu día de suerte. – conteste.

Lance un segundo puñetazo que Percy esquivo perfectamente, me tomo de la muñeca y la hizo girar, torciéndome el brazo, colocándolo detrás de mi espalda.

-Te dije que no golpeaba mujeres. – dijo, alzándome más el brazo, inmovilizándome. Le di un pisotón y le pegue con mi codo libre la barbilla, haciendo que me soltara.

-Y yo que acostumbraba a golpear adolecentes.- Tome posición nuevamente y esta vez el igual. Me sonrió, como si anticipara algo que iba a suceder. Movió su mano a su bolsillo derecho y recordé su espada. No me atacaría con la espada si estaba totalmente desprotegida, pero si me podría inmovilizar más fácilmente. Ataque antes de que tomara su espada y lo tumbe. Me posicione encima de él y trate de inmovilizarlo, lo cual no funciono, rodó y ahora él estaba encima de mí. Forcejeamos y aproveche mi oportunidad.

En un mal cálculo por parte de él logre quitármelo de encima y me pare rápidamente. Se levanto y buscó en sus bolsillos, al no encontrar nada sonreí.

-¿Buscas esto? – dije enseñándole su pluma-espada, con una sonrisa en mis labios.

-¿Cómo?

-Soy de manos rápidas.

-Si ya lo note. – Le avente su pluma y dimos por terminada la lección.

-Sabes, si no hubieras sido reclamada anoche, creería que eres una hija de Hermes, ¡ni siquiera sentí cuando la sacaste de mi bolsillo!

-Es la practica Percy, la practica hace al maestro. – conteste. Los demás se acercaron a nosotros entre risas y bromas.

-Parece que has encontrado a un rival de tu calibre Percy, y eso que es nueva, imagínate lo que hará con entrenamiento. – Dijo Leo, tratando de burlarse de Percy.

-Sí – contestó el aludido – te pateará el trasero cada vez que no la puedas "proteger" – dijo, haciendo que los demás rieran y Leo se quedara con el ceño fruncido.

-Muero de hambre – dijo Annabeth –, vamos a comer. – Tomó la mano de Percy y emprendieron camino hacia los comedores. Los demás los seguimos y Piper me dio nuevamente el cinturón.

-Quédatelo – le dije.

-No es tan fácil, mamá quería que lo tuvieras, no debes despreciar una cosa como esta.

-Yo no lo pedí – Nico y Leo se me quedaron viendo – bueno, si lo pedí, pero no pensé que fuera a provocar eso, no lo quiero.

-Si no lo quieres usar no lo uses, pero guárdalo.

-Está bien – dije resignada – se quedará en el fondo de mi cajón.

Cuando estábamos llegando a las mesas podía sentir nuevamente las miradas en mí, pero esta vez de disculpa, esto de ser nueva no es muy agradable. Estaba por sentarme cuando sentí que jalaban mi mano. Levante la vista y vi que era Nico, por la cara que tenia no se sentía muy cómodo.

-Ten – dijo extendiendo si mano hacia mí, dándome mi inseparable navaja –, fui a buscarla mientras entrenabas, es mi forma de decir lo siento por lo de hace rato. Como dijiste que era especial pensé en buscarla para ti.

-Gracias – dije de todo corazón, esta navaja era el último recuerdo que me quedaba de Betty. – No sabes lo que significa para mí esta navaja – inspire profundo por lo que estaba a punto de hacer y me puse de puntitas para darle un beso en la mejilla, haciendo que Nico se sonrojara.

-De nada, no fue nada, no es como si yo hubiera hecho la gran cosa, quiero decir, que si me llevo su tiempo buscarla en el desorden, aunque no había mucho… - sus palabras se amontonaban en su boca, haciendo que fuera casi imposible entenderle.

-En serio, muchas gracias, significa mucho para mí lo que hiciste.- Le interrumpí.

Me di la vuelta y regrese a mi mesa, donde Percy me esperaba con el seño fruncido.

-Sabes que Nico es como nuestro primo verdad- dijo en tono serio, intentando sacar el tema por casualidad.

-No, no lo sabía ¿por?

-Por qué no te puedes involucrar con él Monse.

-No me estoy involucrando con él. Lo que paso no fue su culpa.

-No me refería a lo de hace rato. Te vi besándolo. – sentí mis mejillas arder.

-No es lo que piensas, hizo algo por mí y le di un beso en la mejilla en modo de agradecimiento, eso es todo. Tengo doce años Percy, mi mundo no gira alrededor de los chicos.

-Me alegra – dijo recuperando el buen humor – aun así Leo es muy grande para ti. Aun eres muy pequeña.

Nos levantamos a hacer la ofrenda a los dioses y sabía que esta vez sí tenía algo que agradecer. Tome la porción más apetitosa de mi plato y la tire a la fogata pensando «Afrodita, Poseidón, gracias por mis nuevos amigos… y hermano».


Ahhh... parece que los demás se estan habituando a la noticia,

al parecer esta siendo aceptada, muuuuy bien aceptada espero les

haya gustado!, nos leemos el viernes. Besos.