CAPÍTULO 4 De hermanastros y revelaciones.
El día transcurrió entre risas y miradas de soslayo por parte de todos los campistas, al parecer aun no superaban el que hubiera una nueva integrante en la cabaña de Percy, porque eso era, su cabaña, en donde yo había llegado a invadir su espacio. Por la noche, la cena fue amena, me di cuenta que estar alrededor de Percy era menos incomodo, y en cierta forma me hacía sentir segura a su alrededor, como si tuviera un aura protectora.
Leo y Nico no dejaban de burlarse entre si, de quien había hecho más el ridículo, Leo no dejaba de hacer bromas al respecto, haciéndome reír, en vez de hacerme sentir incomoda. Percy no dejaba de burlarse de ellos, pero al ver que a Leo le hacía más gracia que vergüenza dejó de molestarlo.
La mejor parte del día fue la hora de la ducha. Me tocó compartir los baños con las chicas de la cabaña de Annabeth, no me importó compartir, era la primera ducha que tomaba en regadera en años más específicamente, desde que había estado en el orfanatorio y lo más importante, con agua caliente. Tarde horas, solo salí cuando llegaron las demás chicas de otra cabañas, prácticamente me sacaron a rastras, para ese entonces mi piel parecía una pasita.
La hora de la cena llegó y estaba ansiosa, eso quería decir que hace 24 hrs había estado en los alrededores de este bosque, tratando de llegar a la ciudad, solo hace 48 hrs, estaba en un pueblito robando ropa, y hace 72 hrs había estado en un camión de transporte de frutas, luchando contra los mosquitos, así que el haberme quedado había sido la mejor decisión que había tomado, puede que si sea peligrosa como esta mañana – en la que casi muero carbonizada por una lagartija enorme – pero valía la pena por tener estos lazos que estaba formando en este lugar.
Percy me contaba anécdotas que le habían sucedido, como que había viajado una vez en un camión con una cebra y un león, o que había navegado en barcos muy antiguos con zombies e incluso ¡en un barco volador! Patrocinado por Leo. Me explico cómo funcionaba todo este mundo de la mitología, que había tres Dioses a los que les llamaban los tres grandes, y que nuestro padre era uno de ellos, por lo cual éramos más poderosos que los demás mestizos, Nico era un hijo de Hades, el Dios de los muertos, y lo único que pude pensar fue «mal negocio en la repartición de bienes tío» y por ultimo estaba Zeus, el Dios del universo y padre de Thalía. Thalía se había unido a las cazadoras de Artemisia, convirtiéndose en su lugarteniente y obteniendo la inmortalidad.
-Así que después de que acorralara a Nico con mi espada, este rogo por piedad, y así es como demostré que era mejor espadachín que él.- decía jocosamente.
-Sueña Jackson, todos sabemos que no jugaste limpio esa vez.- se defendió Nico que estaba con nosotros en la fogata.
-No es mi culpa que seas un mal perdedor Di Angelo.
-Quisieras – replicó – No le hagas caso Monse, si lo venciste hoy que eres nueva, ¿crees que iba a poder conmigo?
-Hey, eso es porque yo no golpeo chicas.- Protestó.
-Pues ella si te pateo el trasero amigo, eso hay que aceptarlo.- dijo dándome una sonrisa cómplice.
-Pero miren quien está aquí – dijo Leo, uniéndose al grupo.- Mi pequeña ama.- dijo, mientras me hacia una ovación, haciéndonos reír a todos.
Estábamos alrededor de la fogata, era de al menos un metro de altura, los chicos reían y bromeaban entre ellos, Percy tenía a Annabeth rodeada por la cintura, mientras Thalía y Piper asaban malvaviscos, Leo hacia bromas y muecas raras, sacándonos carcajadas y Nico estaba riendo por algo que dijo Annabeth que no había alcanzado a escuchar, fue cuando note que realmente tenía una linda sonrisa, pero podía notar una cierta melancolía en ella, como si tuviera un dolor profundo con el que tenía que cargar, no como la de Leo, Leo era un chico alegre y divertido, había escuchado que tenía un pasado difícil, pero el simplemente no lo demostraba.
-Monse… Monseeee, ¿Monse?, Tierra llamando a Monse – dijo Percy agitando su mano frente a mí, haciéndome regresar y apartando la mirada de Nico, que había volteado hacia mí, haciendo que nuestras miradas se encontraran y yo adquiriera un color rojo en mis mejillas.
-Que. ¿Qué paso?- pregunte sobresaltada, tratando de disimular mi vergüenza.
-Te preguntaba que ¿donde habías aprendido a lucha cuerpo a cuerpo? – cuestiono Percy.
-Cuando llevas un estilo de vida como el mío, aprendes a las malas, no hay quien te defienda, y si no lo haces tú mismo, los demás te joden.- conteste en un susurro, haciendo que todos se quedaran callados.
-Eso es cierto – dijo Thalía, interrumpiendo el silencio que se produjo –, cuando yo estaba sola tenia más o menos tu edad, aunque no paso mucho tiempo cuando me encontré con Luke, y después encontramos a Annabeth, pero es cierto, si no haces frente, te joden. ¿Desde cuándo estabas en esa situación?
-Desde que tengo memoria, Betty me encontró a las afueras de un parque. Estaba sola, asustada y nadie venia por mí, así que me llevo con ella, después de eso no nos separamos, me enseño a sobrevivir, en las calles y después de tres años… falleció – termine en un susurro apenas audible, podía sentir las lagrimas que pugnaban por salir, pero no las iba a dejar, cada vez que hablaba de ella terminaba así, ella había sido la madre que no había tenido. – Después de eso me encontró un orfanatorio pero escape, maltrataban a los niños y yo podía cuidarme sola, desde entonces empecé a recorrer el país. Fue en Detroit donde estuve con un grupo de apuestas.
-¿Qué es eso? – Pregunto Nico.
-Toman niños de la calle y los ponen a luchar a cambio de comida y un lugar donde dormir por una noche. Ellos hacían apuestas y ganaban bastante dinero a comparación de lo que se nos daba. Si perdíamos era peor para nosotros, las golpizas que recibíamos de ellos nos dejaban con dolores por días y sin poder trabajar. Escape de ahí con dos amigos en cuanto tuvimos oportunidad. – Nico mantenía los puños apretados mientras Percy observaba la fogata con una expresión impasible en el rostro – Después de eso llegue aquí, tarde bastante, pero pensé que en New York podría tener un cambio de aires…
-¿Cómo pueden hacer eso con niños pequeños? ¿Cómo pudiste soportar eso? – cuestiono Leo con los dientes apretados de la rabia.
-El vivir en las calles no es para los blandos Leo, ahí solo sobrevive el más fuerte, no estoy orgullosa de lo que tuve que hacer para llevarme un trozo de pan a la boca, hice cosas de las que me arrepiento, pero si miro atrás me doy cuenta que lo volvería a hacer, no por gusto, pero si por necesidad. – Se produjo un silencio incomodo y note que la fogata se enfrió un poco.
- Y ¿a dónde has ido?- pregunto Piper, tratando de cambiar el tema.
-Realmente, no lo sé, no he dejado de viajar desde entonces, solo sé que siempre me dirigía hacia el Este, ¿en busca de qué? Realmente no lo sé, pero siempre con ese rumbo.
-Chicos, las furias no tardan en hacer la revisión, es mejor que se vayan a dormir.- Quirón nos sorprendió, era tan sigiloso con su trasero de caballo que daba miedo – Monse, necesito hablar contigo, a solas. –Añadió cuando Percy hizo ademan de venir con nosotros.
-Seguro.
Nos encaminamos a la casa grande en completo silencio. Yo iba a su lado, no me daba confianza su parte trasera, una nunca sabe cuándo se puede descontrolar un centauro. Al llegar me dejo pasar primero, la sala era algo vieja y las paredes estaban repletas de cachivaches y armas antiguas. Al fondo se podía ver una mesa de Ping-Pong, donde estaba sentado un hombre con una barriga prominente, y vestía una horrorosa camisa atigrada, con calcetines blancos y unas sandalias, con una lata de Coca-Cola en su mano.
-Él es el señor D. Monse, es el director del campamento.
-Pensé que tú eras el director de campamento.
-No, no, no Monse – dijo en tono comprensivo – yo solo soy el director de las actividades. Señor D. Aquí está la chica. – El hombre levanto la mirada perezosamente, note el gesto despectivo con el que me miraba.
-Con que esta es la mocosa del viejo percebe, vaya si él no pierde el tiempo.
-¿Disculpe? – me puse a la defensiva.
-Aparte tonta, sí, igual a su hermano, ese Peter Johnson.
-No. Soy. Tonta. – masculle, apretando los dientes.
-Señor D. dijo que trataría de ser más amable.- Le recordó Quirón.
-Mmmm… No, no recuerdo haber dicho eso. Como sea, ¿cuál es tu nombre mocosa?
-Monse.
-Monse ¿qué? Ves Quirón, cada generación de Poseidón es más estúpida que la anterior.
-Señor, le recuerdo las buenas obras que ha hecho Percy, no creo que se le pueda encasillar de estúpido.
-Tal vez tengas razón, aun así, son algo lentos. Bueno, regresando a ti niña, que te den tu horario mañana, basta de estar perdiendo el día, aquí todos trabajan y no serás la excepción solo porque tienes dos linajes ¿de acuerdo? Ahora lárgate a dormir.
Di media vuelta y Quirón solo atino a asentir la cabeza en mi dirección. Antes de que saliera de ahí Quirón me hablo.
-Monse. – Me detuve en seco sin voltear a verlo – Escuche lo que dijiste en la fogata. Sé que tal vez no te agrade escuchar esto, pero, tu padre ha vigilado por ti aunque no lo parezca.
-Él nunca ha vigilado por mí, si lo hubiera hecho no habría pasado por todo eso.
-Te trajo hasta aquí.
-Llegue por casualidad, él no tuvo nada que ver.
-Nadie llega aquí por casualidad pequeña, si llegaste fue gracias a él. Tienes doce años y estas viva, siendo que has vivido en las calles sola, sin saber quién eres y sin protección ni armas. Si te hubiera dejado a la deriva estarías muerta. Solo recuérdalo, no te digo que te protegió de la mejor manera pero, podría ser peor ¿no crees?
-Déjala Quirón. Deja que la niña estúpida haga su berrinche porque papi no estuvo ahí para jugar a la casita. Lárgate niña. – Sin dirigirles la vista, aun dándoles la espalda me retire.
Estaba enojadísima. ¿Quien se creía ese gordo para decirme todo eso? ¿Quién se creía para juzgarme sin conocerme? ¿Qué sabia Quirón de mi vida, para decirme todo eso? Entre a la cabaña azotando la puerta. Percy estaba en su cama, esperándome con una sonrisa ladina.
-¿Cómo te fue?
-Mal, el gordo grosero nos dijo estúpidos.
-¿Ya regreso Dionisio? Vaya, pensé que regresaría hasta el verano. No te preocupes, es así con todos. No soporta a los mestizos.
-Vaya eso me hace sentir mejor – conteste con sarcasmo – me hace sentir menos especial. – Percy rio y se sentó en la cama.
-No le des importancia. Tengo noticias, Tyson viene mañana.
-¿Tyson, el ciclope?
-Tyson nuestro hermano ciclope. Te adaptaras a él, solo trata de que no te atrape en su abrazo, es algo fuerte. Será mejor que duérmanos, mañana veremos cómo te va en el agua, te enseñare lo básico, lo demás depende de ti.
-¿Qué puedes hacer tú?
-Bueno, al principio me costaba controlarla, pero aprendí a dominarla en los momentos de más necesidad, así que es mejor que estés preparada para cuando lo necesites. Yo puedo hacer un pequeño huracán a mí alrededor cuando me concentro, pero no puedo mantenerlo más de media hora y puedo controlar las corrientes. Solo tienes que practicar y concentrarte, mañana empezaremos.
-Está bien, mañana empezamos. – Me dirigí a mi cama y note que encima estaba el pijama de la noche anterior, lo tome en mis manos y lo observe.
-Note que lo dejaste esta mañana en la cama, y como no tienes ropa pensé… bueno, pensé que querrías seguir usándolo hasta que encontremos alga más.
-Gracias Percy.
-De nada – bostezó – ¿A dónde fuiste esta mañana? Cuando me desperté ya no estabas. – Recordé mis planes matutinos, pero no pensé que fuera prudente decirle la verdad, mas cuando hoy se había comportado genial conmigo, pero aun no podía olvidar su plática con la fuente. Decidí mentir.
-Me desperté temprano y salí a caminar cuando me encontré con los chicos.
-Bueno. Buenas noches Monse.
-Buenas noches Percy.
Tuve un sueño rarísimo y demasiado real para mi gusto. Me encontraba en la diminuta choza de cartón que compartía con Betty. El lugar estaba tal como lo recordaba, las paredes de cartón y plástico estaban enmendadas con cinta adhesiva, había periódicos regados por el suelo y un colchón raído y mugriento en el suelo. La choza era insignificante, solo contenía el colchón, pero nos servía para mantenerlo oculto mientras estábamos fuera. El callejón se encontraba sucio como siempre, al lado de la ferretería, donde nos regalaban cosas para que vendiera. Podía sentir el un ambiente melancólico, no es que tuviera los mejores recuerdos allí, pero ese había sido mi hogar de infancia. «No lo lograrás, debiste permanecer en anonimato» susurró una voz fría y dura como acero. «No vivirás mucho después de esto» Buscaba el lugar del que provenía la voz, pero me encontraba sola. El cielo se estremeció en truenos y rayos atronadores, el viento empezó a soplar tan fuerte que arrancó la pared de la chocita, empezó a llover tan fuerte que no podía ver más allá de dos metros de distancia. El frio era estremecedor y el agua me hacía temblar. La luz del sol fue tragada por una flota espesa de nubes negras. La oscuridad se estaba haciendo espesa. Las sombras eran atemorizantes y las sentía cerca de mí, rodeándome. Las sombras empezaban a tragarme cuando volví a escuchar la voz. «Es un insulto el que estés viva, es algo que tendremos que remediar». Cuando todo se hizo tan oscuro y frio escuche un grito lejano, ordenándome algo, una voz dulce pero decidida. «¡Despierta!»
Desperté en la oscuridad de la madruga, los rayos del sol apenas asomaban por la ventana. Tenía una capa de sudor frio en la frente y mis músculos estaban tensos. Trataba de tranquilizarme cuando escuche susurros y sollozos en la habitación. Las voces se escuchaban amortiguadas y rotas, no fue hasta después que comprendí que eran Percy y Annabeth que estaban en la cama contigua abrazados mientras esta derramaba lagrimas amargas y el la sostenía en brazos, tratando de contener las propias.
-Ya está bien Annie, estamos bien – susurraba Percy, consolándola.
-Estábamos ahí de nuevo Percy, fue tan real – sollozaba Annabeth con la voz rota.
-Solo fue un sueño amor, un mal recuerdo, no es real. Annabeth, mírame, estamos bien, juntos, eso es lo que importa, estamos a salvo.
-Percy, no puedo seguir así, no puedo olvidar, simplemente no puedo, no puedo seguir fingiendo que no pasó nada, que todo está igual que antes de todo esto, no puedo. – Las lagrimas surcaban su rostro, los sollozos le quebraban la voz haciéndola lastimosa.
-Lo sé amor, créeme que lo sé, yo tampoco puedo seguir con toda esta farsa, pero no tenemos otra opción, tenemos que seguir adelante.- Alzó su barbilla, obligándola a que lo mirara – Te amo Annabeth, y eso es lo único que me da las fuerzas necesarias para seguir día a día con todo esto, para dejar de pensar en todo lo que pasamos. – Annabeth se limito a abrazarlo con fuerza y sollozar un poco más antes de contestarle.
-Yo también te amo Percy, tú también eres mi ancla para no perder la poca cordura que me queda. – Cuando los vislumbre besándose decidí que merecían un poco de privacidad y volví a cerrar los ojos antes de que me descubrieran, rodé dándoles la espalda y fingí dormir. Me pregunte donde habían estado, el porqué no podían hablarlo con nadie y por que podrían perder la cordura, pero no iba a preguntarles, no me iba a arriesgar a que se enteraran que había estado espiándolos en un momento tan intimo. Al cabo de varios minutos los escuche hablar nuevamente.
-Será mejor que me vaya antes de que despierte – susurró Annabeth, que se escuchaba más tranquila –. Deberíamos conseguirle algo de ropa Percy, solo tiene ese vestido, será mejor que busquemos algo con los Stoll o en la tienda. – Percy suspiró.
-Sí, será mejor que le consigamos algo. Tenias razón listilla, solo necesitaba darle una oportunidad, realmente es agradable.
-Siempre tengo razón sesos de alga – suspiró –. Ha pasado por mucho la pobre.
-Ni que lo digas, jamás imagine que papá… Me hace sentir afortunado por haber tenido a mi madre.
Los escuche alejarse, tratando de ser lo más sigilosos que podían. Abrieron la puerta y Annabeth salió. Percy se dirigió a su cama a tratar de dormir un poco más, mientras tanto por mi cabeza no dejaba de barajear posibilidades de lo que les había sucedido, pero no se me ocurría nada. Sin darme cuenta volví a quedarme dormida, pero esta vez fue un reposo apacible, sin sueños tormentosos ni recuerdos amargos, simplemente descanse como nunca lo había hecho.
Lo siguiente que sentí fue a Percy zarandeándome por el hombro para despertarme.
-Monse… Monse – seguía agitándome, por lo que gruñí – Monse, es hora de levantarnos, vamos a desayunar. – Termine levantándome con ganas de volver a la cama. Tome el mismo vestido blanco que había llevado estos días y me vestí.
-Tendremos que conseguirte algo de ropa, no puedes cargar ese vestido siempre.
-No tengo dinero para comprar ropa Percy.- conteste sonrojándome por ser una carga para él.
-No te preocupes, ya conseguiremos algo para ti.
-No es necesario, puedo conseguir algo si me dejas salir, podría…
-¿Robar?
-Trabajar para comprar algo.
-Monse, mientras estés conmigo no volverás a hacer eso, ¿entiendes?, ya encontraremos algo, deja que me encargue de eso. Anda vamos a desayunar.
Salimos de la cabaña y emprendimos camino hacia los comedores. Pasamos por Annabeth y no pude evitar el sentirme culpable por haberlos espiado. Nos encontramos en el camino a los demás y Piper se ofreció a ayudarme a buscar algo más de ropa, alegando que era lo mínimo que podía hacer por mí, y como éramos familia no iba a aceptar un no por respuesta. Nico y Leo iban platicando acerca de un proyecto de no sé que, enfrascados en su plática. Moría por preguntarle a alguien donde habían estado Percy y Annabeth para que anoche estuvieran tal mal, pero Piper no era la persona correcta y los chicos estaban en su mundo.
Piper me contaba de su novio, un chico llamado Jason que era romano y sus amigos Hazel y Frank, pero no le puse mucha atención. Mis pensamientos estaban divididos entre lo que escuche la noche anterior y mi sueño. Esa voz había sido escalofriante y me atemorizaba el estar volviéndome loca.
Cuando llegamos a las mesas, Percy y yo nos sentamos en la mesa de nuestro padre y fuimos a dar la ofrenda. El desayuno transcurrió en una plática amena y estuve a punto de preguntare por lo de anoche, pero me daba miedo arruinar su buen humor, por lo que decidí mantener la boca cerrada.
Como tenia la mañana libre decidimos que podríamos ir al lago y ver qué es lo que podía hacer en el agua, los chicos dijeron que querían unirse, pero antes de que emprendiéramos camino el hombre de la noche anterior se acerco a mí con su prominente pansa y un refresco de Coca-Cola en la mano.
-Mónica tu horario- Dijo, tendiéndome su brazo choncho con una hoja sujeta a sus dedos.
-Es Monse.- Respondí, tomando la hoja.
-No me interesa, Peter, pensé que le habías explicado cómo funcionaban las cosas en este lugar – gruño.
-Percy. Me agradabas mas como Baco.- No entendía todo eso pero no me interesaba, estaba más ocupada viendo mis actividades del día cuando note algo que me dejo desconcertada.
-Disculpa, aquí debe haber un error – dije señalando el recuadro con la hora que marcaba las 10:00 am – dice supervisión de M. T. A.
-No veo donde este el error niña. M. T. A. Claramente se refiere a Monstruos Terrestres y Aéreos.- Los demás reprimieron una exclamación y Percy alzo la voz.
-¡No pensaras mandarla ahí, acaba de llegar! Podría hacerse daño.
-No me importa, mientras alguien supervise esa área no me importa si es nuevo o más antiguo que yo. Si tanto te preocupa ve con ella.
-Oh ten por seguro que iré con ella. Estas demente por tratar de mandarla ahí.
-Cuida tus palabras Jackson, que hayas ayudado en la guerra no te da privilegios, recuérdalo.- Y sin más nos dio la espalda y se retiro, dejándome más confusa de lo que ya estaba.
-Percy, puedo hacerlo yo sola, solo dime que tengo que hacer, haremos más tarde lo del lago.
-No, iré contigo, créeme, ocuparas ayuda. No sé en que estaba pensando al enviarte ahí. Vamos, entre más rápido empecemos más rápido terminaremos.
Nos dirigimos a una especie de cabaña grande y reforzada, se encontraba más alejada de todo lo demás, casi al borde del bosque. A su alrededor se podían escuchar gruñidos y golpes sordos. Cuando entramos vi unas enormes jaulas de bronce que contenían criaturas horribles. Había una especie de alacrán gigante de tres metros, y una especie de pájaro-mujer horrible. Los monstruos eran cada vez más atemorizantes, hasta que distinguí un caballo hermoso al final. Me acerque a él curiosa mientras Percy llenaba una bandeja con algo que parecía comida. «Ven aquí pequeña» dijo el caballo, alentándome acercarme. Me quede de piedra al oírlo claramente. Finalmente estaba volviéndome loca. «No tengas miedo, acércate». Confundida me acerque más. «Ayúdame, me mata la comezón en mi hocico y no puedo rascarme, ayúdeme linda señorita.» Estire la mano hacia él, tratando de ayudarlo, metí la mano en la jaula y antes de que pudiera tocarlo el caballo mostró sus dientes puntiagudos y afilados.
-¡Monse, no! – Percy me sujeto la mano antes de que el caballo soltara el mordisco y me arrancara la mano - ¡Quieto Norberto! Monse, no vuelvas a hacer eso, es un caballo come carne.
-Lo siento, el me dijo que tenía comezón, solo quería ayudarlo. Pero como…
-¿Pudiste oírlo? Los caballos fueron creados por Poseidón, así que estamos en cierta forma ligados con ellos, por lo que podemos oírlos, pero estos – dijo dirigiéndole una mirada a Norberto – son muy inteligentes, cuídate de ellos.
-Está bien.
La tarea nos tomo más tiempo de lo esperado y terminamos algo tarde. Cansada y adolorida marchamos hacia las regaderas. El olor asqueroso de las bestias nos había penetrado y realmente olíamos mal. Caminábamos hacia las regaderas cuando nos encontramos con una chica hermosa, de cabellos negros como la mayoría de este lugar, de ojos cafés enmarcados por un delineador rosa y espesas pestañas negras.
-Vaya, pero si mamá si puede tener descendencia fea, no lo hubiera creído si no te veo pequeña. Primero Piper y luego tu. La genética no te favorece querida. – dijo, enviándome una mirada de asco.
-¿Perdón, y tú eres?
-Drew, hija de Afrodita.
-Déjala en paz Drew, no molestes, ve a probarte ropa o lo que sea.
-¿Qué no tienes ropa pequeña? Es lastimoso verte con lo mismo, me das lastima, como a todos en este lugar.- Si había algo que no soportaba era que me tuvieran lastima, la sangre me empezó a hervir y me encare a ella, alzando mi mano para golpearla pero Percy me detuvo.
-Cálmate, no vale la pena. Lárgate Drew o no la sostendré mucho tiempo, si no quieres arruinar tu rostro te sugiero que mantengas tu bocaza cerrada – La chica nos fulmino con la mirada y dio media vuelta –. Ignórala, no sabe lo que dice.
Entramos a las regaderas y tome una ducha larga como la del día anterior. El agua me relajaba y tranquilizaba un poco. Al salir para vestirme no encontraba mi vestido, en el lugar donde lo había dejado se encontraba un vestido verde menta, a la rodilla y unas lindas sandalias a juego con una nota.
Lamento lo que dijo mi hija, pero es cierto, no puedes andar por ahí con un solo vestido, ¿Qué diría la gente?
PD. Espero que utilices el cinturón, te pertenece a ti, así que aprovéchalo, ¿si sabes a lo que me refiero?
Con amor Afrodita
Doble la nota y agradecí el no tener que ponerme nuevamente el vestido mal oliente, pero lamentándome por tener que andar por todas lados con vestido nuevamente. Deja mi cabello suelto para que se secara y salí a encontrarme con Percy. Cuando lo encontré por fin, lo vi con un chico grande y de complexión gruesa. Me acerque a ellos y note que el chico solo poseía un enorme ojo castaño en la mitad de su frente.
-Monse, él es Tyson. Tyson ella es Monse, nuestra… – No pudo terminar la oración porque Tyson estaba abrazándome tan fuerte que casi me sacaba los ojos de las cuencas.
-¡Hermanita! Papá me dejo venir para que te conociera – comentaba alegre –. Te manda saludos. ¡No sabes las ganas que tenia de conocerte! ¡Ahora tengo dos hermanos!
-Me da gusto que me la aceptes Tyson. Al menos ya se no seremos una familia disfuncional. – Mis ojos se iluminaron al escuchar la palabra familia. Me consideraban parte de su familia y para mí era suficiente.
La tarde transcurrió tranquila. La hora de la comida llegó y compartimos mesa con Tyson, lo cual fue un cambio agradable. Me conto del castillo de Poseidón en el fondo del mar, de las armas que hacía en las fraguas de los ciclopes cuando no tenia asuntos de general.
Por la tarde fuimos a la playa; teníamos que entrenar mis "habilidades", esta vez fuimos todos. Percy y yo nos quedamos a la orilla de la playa mientras los demás se tumbaron en la arena, a unos cinco metros de distancia de nosotros. Había más campistas en la playa, algunos paseaban, otros jugaban y unos cuantos observaban el oleaje apacible.
-Bien, lo primero que debes hacer – decía Percy, con el agua que llegaba debajo de sus rodillas – es concéntrate en el agua que te rodea. Entra al agua. – Me quede de piedra al verlo ahí, tan tranquilo.
-No sé nadar. – susurre tan bajo que no me alcanzó a escuchar.
-¿Qué?
-Que no sé nadar – conteste más alto. Me miro con una expresión divertida y cuando vio que no me reía adopto una pose mas sería.
-¡Oh! Está bien, no te preocupes, te enseñaré. Por ahora solo metete hasta donde puedas – decía avergonzado –, no te preocupes.
Gire el rostro y vi a las chicas que me miraban dándome ánimos. Tyson me sonreía con sus dientes retorcidos, pero transfiriéndome confianza. Leo y Nico se encontraban con una chica rubia de ojos azules. No la había visto nunca, pero era muy bella debía admitirlo, tendría unos catorce años, no más. Percy seguía dándome instrucciones pero no lo escuchaba. Estaba atenta viendo a los chicos hablar con la chica rubia. Reían y hacían bromas. La chica volteo a verme y me sonrío, alzando la mano, saludándome a la distancia. Estaba por levantar la mano para devolverle el saludo cuando sentí una ola de agua fría impactar con mi cuerpo, arrastrándome y hundiéndome en la poca profundidad en la que me encontraba. Me levante lo más rápido que pude, tratando de conseguir algo de oxigeno.
-¡Percy! – grite furiosa.
-Pon atención cuando te hablo. ¡No me dejes hablando como loco! – A lo lejos podía escuchar las risas de los demás, me sentía enojada y avergonzada.
-Te estaba escuchando – me defendí.
-¡Mentirosa! Te hable como tres veces y solo mirabas a los chicos.
-¡No es cierto! ¡Mira lo que has hecho, has mojado la única prenda que me quedaba! ¡Ahora tendré que andar mojada a todas partes! – Percy no podía ocultar la risa que se le escapaba, pero al recordar que realmente no tenia ropa se disculpo.
-Lo siento, sinceramente pensé que no te ibas a mojar, yo no me mojo a menos que quiera. – Fue cuando note que el oleaje le llegaba arriba de la rodilla y su ropa seguía inmaculada. Yo, por otro lado, debía parecer un gato mojado y chorreante.
-Pues no pienses, mira como estoy, mi ropa se ha arruinado.
-Suenas como Drew – dijo entre risas, haciéndome reír, ¿desde cuándo me importaba que se arruinara mi ropa? Eso era tonto. Sumergí mis manos y le lance agua a Percy, pero él la detuvo el aire con un movimiento de su mano y, la lanzo un mi dirección nuevamente.
-¡Eres un tramposo!
-No, no lo soy, tengo ventaja.
-¡No es justo!
-Concéntrate.
Por más que me concentraba en el oleaje no podía hacer nada, seguía mojada y la temperatura estaba descendiendo. Podía distinguir las corrientes de agua pero nada más. Trate de imaginar una barrera entre el agua y yo pero nada. A lo lejos podía oír a los chicos reír a carcajadas y la chica seguía con ellos, no me dejaban concentrar y eso me molestaba. Me enoje tanto que pude sentir las olas temblar a mi alrededor, me emocione tanto que no note que el tiempo estaba empeorando.
-Monse – me interrumpió Percy – será mejor que sigamos mañana. Al parecer va a haber una tormenta, nunca llegan hasta aquí, pero hay que regresar. – salimos de la playa y yo seguía empapada hasta la médula y chorreando, mientras Percy salía con una sonrisa radiante y tan seco como los demás.
Los demás seguían tumbados en la arena, platicando, la chica rubia seguía riendo con Nico y Leo. Levantaron la vista para verme y empezaron a reír.
-¿No se supone que los hijos de Poseidón no se mojan? – pregunto la chica desconcertada.
-Tengo frio – me quejé, molesta, ignorando su comentario.
-Anda, regresemos al campamento para que tomes una nueva ducha. – dijo Percy, mientras Tyson me rodeaba con su gran brazo.
-¡Mi hermanita esta mojada! – decía Tyson, abrazándome, ayudándome a mantener el calor.
-No te molestes Monse, yo tampoco lo conseguí a la primera – decía Percy, confundiendo la fuente de mi enojo. La tormenta se miraba cada vez más cerca, por lo que apresuramos el paso al campamento.
Percy y Annabeth iban abrazados, Piper y Thalía iban a mi paso con Tyson mientras los chicos nos seguían unos metros detrás con la chica rubia aun.
-¿Quién es ella? – Pregunte a las chicas. Ambas giraron la cabeza para saber de quien hablaba y una sonrisa se abrió paso en sus rostros.
-Es Bárbara, hija de Apolo. – dijo Thalía. Bueno, eso explicaba su perlo rubio y piel bronceada.
-Creemos que le gusta uno de los chicos – susurró Piper –, aunque no sabemos cuál de los dos. Yo digo que es Leo, pero Annabeth piensa que es Nico. Los Stoll llevan un libro de apuestas.
No sé porque eso me molestó. Tal vez se debía a que no se me hacia justo que jugaran con los sentimientos de alguno de los dos, o que los utilizaran como objetos de apuestas, yo sabía lo que era eso, ser solo una cifra andante, pero a ellos no parecía molestarles.
Llegué derecho a las regaderas del campamento, rezando por que aun hubiera agua caliente, para mi "gran suerte" ya no había. Entre a la regadera con el agua helada, entonces se me ocurrió una idea descabellada. Lo más seguro es que no funcionará, pero no perdía nada con intentarlo. Imagine que el agua que me envolvía era cálida, lo suficiente para subirme un poco la temperatura. Solo fue un poco, pero el agua estaba un poco mas tibia, solo lo suficiente para que dejara de titiritar de frío.
Salí a vestirme y encontré un nuevo vestido, pero esta vez de un azul rey, muy fuerte para mi gusto, esta vez venía acompañado de un collar dorado, unos zapatos de piso a juego, y el cinturón de bronce que había arrumbado el día de ayer en un cajón. Encima de todo esto estaba una nueva nota.
No puedes andar por ahí siempre vestida con lo mismo, no, no, no. ¡No! Mi sangre no puede estar en harapos usados – lamento si antes fue así –. Así que de ahora en adelante no tendrás que preocuparte por que vestir ¡Qué emoción! No cualquiera recibe este regalo mío, así que ¡aprovéchalo!
PD. Te deje el cinturón porque le quedará divino, además de que se que lo necesitaras, créeme, nadie osara pasarte por alto una vez más. Úsalo. Además, no podrás abandonar el baño si no lo tienes puesto. Agradécemelo después.
Con amor Afrodita
Me coloque el vestido la mas cuidadosamente posible, tratando de no arruinarlo. El vestido tenía trasparencias en la espalda y cuello, pero sin llegar a ser revelador. Me calce los zapatos y me coloque el collar. Tome el cinturón en una mano y me dispuse a salir a arrumbarlo nuevamente al cajón de donde no debió salir. La puerta no abría, estaba trabada, por más que la empujaba esta no cedía. La empuje nuevamente y una notita cayo del techo a mis pies. Levante la vista pero no había nada.
Te dije que tenías que usar el cinto Monse, si no, no sales. ¿Por qué eres tan necia? Otra cosa le hubieras heredado a Poseidón, espero esta sea la última nota que te tenga que enviar de este tipo, la próxima vez tu le pagarás a Hermes ¿está claro?
Con amor Afrodita
Grite de impotencia.
¿Cómo es posible que tu propia ascendencia te haga algo así? ¡No era justo! Ese cinto iba a terminar en reciclaje más pronto de lo que pensaba. Me coloque el cinto el mi cintura, abrochándolo con cuidado. La puerta se abrió sola de golpe.
-¡Gracias Afrodita! – exclamé con sarcasmo. Inspire hondo y salí al exterior. –ανοιχτό – dije para que el cinturón abriera, pero este no cedió. «No me jodas» fue lo único que pensé cuando escuche que me hablaban.
-¿Monse?
Aquí el nuevo capitulo(:
Podemos ver algunos de los poderes de Monse, aunque aun
se estan "despertando", y una nueva campista.
No habia podido subir capitulo por la escuela, además de que
entre a una tortura voluntaria, conocida tambien como gimnasio,
asi que he tenido menos tiempo del usual y mucho dolor:(
Espero les guste.
Besos :*
