CAPITULO 5 Peleas, discusiones y regalos.

-¿Monse? – volvió a llamar Piper.

Me gire, esperando que se encontrara sola, no estaba de ánimos para soportar más discusiones.

-Ayúdame. Por favor, ayúdame. No me lo puedo quitar. No abre el broche.

-¿Ya diste la orden?

-Sí, pero no funciona.

-¿Segura de que lo dijiste bien?

-Casi segura. Dije lo que dijo Annabeth en la tarde. Mira ανοιχτό. – La esperanza de que lo hubiera dicho mal se esfumó cuando vi la cara de Piper.

-No creo que te lo puedas quitar. ¿Por qué te lo pusiste Monse? Si sabias lo que iba a pasar, ¿por qué lo hiciste? –Sus ojos cambiaban de color, como un arcoíris.

-Yo no quería, pero no podía salir de las regaderas, mira – le extendí las notas, y ella sonrió – no te burles, ¿qué voy a hacer?

-Pues, no te queda de otra más que usarlo, ¿me pregunto para qué querría que lo usaras? Solo espero que no se ponga feo el asunto.

-No pienso ir a cenar con esto puesto – sentencie –. No lo voy a hacer. – justo en ese momento mi estomago rugió en protesta.

-Monse, matarte de hambre no va a abrir el cinto. Bajemos a cenar y pensemos, más bien, pedimos ayuda a Annabeth, ella lo sabe todo, pero no se lo digas, se pone muy soberbia. – y una sonrisa se asomo en sus labios.

-No quiero que pase lo de ayer.

-¡Ya sé! Si lo tapamos con algo, tal vez no lo noten. Se supone que el cinto hace a la portadora irresistible, pero si nadie sabe que lo tienes puesto…

-No hará efecto – terminé – Piper ¡eres un genio! – se sonrojo un poco y me sonrió.

-Bueno, es en teoría, espero que funcione. Espera aquí, voy a conseguir un suéter, o un cambio de ropa.

Salió corriendo hacia su cabaña. Me quede esperándola, y rezando para que funcionara el plan. Al cabo de cinco minutos de mantenerme escondida para que nadie me viera, llego Piper con un suéter de botones.

-Es lo único que encontré, póntelo. – Lo pase por mis brazos y lo abroche completo. – Sí, ¡esta perfecto! No se nota el cinto debajo. Vamos a comer que muero de hambre. – Mi estomago rugió nuevamente dándole la razón.

Tomamos rumbo hacia los comedores y en cuanto puse un pie en él, todos los ojos voltearon a vernos. Primero pensé que había alguien detrás de nosotras, pero conforme íbamos caminando las miradas nos seguían. Todavía no llegaban todos, así que había grupitos de personas cerca de los comedores. Percy estaba con Annabeth y Tyson, Thalía platicaba amenamente en la mesa con otras chicas, todas con armas y con vestidos blancos. Nico y Leo platicaban nuevamente con la chica de la playa. Podía sentir las miradas persistentes en nosotras, como si estuvieran analizándome, pero no se acercaban, lo que me hacía sentir segura.

-¿Por qué nos miran? – susurre a Piper.

-No nos miran a nosotras, te miran a ti.

-No, no, no. El cinto está oculto, no hay nada que ver.

-Eso es en teoría, te lo advertí.

-Pues no se han acercado, para mí, es suficiente. – Termine de hablar cuando estalló la bomba. Mi suéter se empezó a desabotonar sin que pudiera evitarlo.

Los botones se empezaron a abrir y el suéter se deshilacho por completo. Dejando en evidencia el cinturón liso y pulido en todo su esplendor. Si antes no me quitaban la mirada de encima, ahora era blanco de todos los ojos masculinos del campamento. Los campistas me miraban con un matiz de deseo que rayaba en la locura. Piper ahogo una exclamación y trato de colocarse delante de mí para apartarme de las miradas de los curiosos, pero fue imposible, todos lo habían visto ya.

Los chicos se empezaron a acercar a mí, desplazando a Piper lejos, rodeándome por completo. Algunos jugaban con mi cabello, algunos otros rosaban mi rostro con las yemas de sus dedos, otros besaban mi mano y acariciaban su rostro con ella, pero había uno en particular que besaba mi mejilla con persistencia. Yo trataba de quitármelos de encima, pero simplemente eran demasiados. Podía ver que entre ellos se empujaban para apartarlos de mí, otros empezaban peleas individuales que se empezaron a hacerse más numerosas, un chico que estaba peleando me golpeó accidentalmente en el brazo y varios chicos se lanzaron en su contra.

-¡Chicos, paren! ¡Lo van a matar! – grité horrorizada. Me acerque a él, el pobre tenia golpes por todo su rostro y sangraba de la boca.

Los chicos estaban en un trance salvaje. No podía ver a Percy, pero me daba miedo de que estuvieran golpeándolo. Así que lo busque lo más rápido posible entre el mar de jóvenes. Annabeth y Piper se encontraban tratando de separar a varios chicos, podía escuchar la voz de Piper ordenándoles que pararan, pero el sonido se encontraba ahogado por quejidos de dolor y gritos de «¡Ella es mía!».

Percy se encontraba separando a Nico y Leo a la distancia, Tyson tomaba a algunos campistas por sus espaldas y los separaba para que dejaran de hacerse daño. Nico tenía sombras arremolinándose a sus pies mientras Leo lanzaba pequeñas llamaradas a sus pies. Percy los separaba, pero lo superaban en número. Varios campistas empezaron a jalarme, tratando de llevarme consigo. Un chico me cargo en hombros y empezó a tratar de salir corriendo del mar de mestizos.

-¡Percy! – grité aterrorizada. Percy levantó la mirada y no fue el único. Nico y Leo empezaron a correr en nuestra dirección.

-¡No te la llevaras! – gritó Leo furioso.

-¡Ella se queda! – concordó Nico.

El chico empezó a correr más rápido, yo pataleaba y golpeaba su espalda pero era inútil, el chico era más grande que yo, y apenas le provocaba daño alguno. Gritaba pero el chico me trataba de tranquilizar.

-Tranquila, que no nos alcancen.

-¡Suéltame!

-¡No! Ahora que te he encontrado no te pienso dejar ir. ¡Eres mía, lo sé! Nacimos para estar juntos.

-¡Bájame!

-¡No! ¿No lo entiendes? Ellos nos quieren separar, nacimos para estar juntos.

-¡Connor bájala! – Gritaba Percy a nuestras espalda - ¡Connor!

-¡No! Percy, es mía, yo la voy a cuidar.

Nico y Leo venían corriendo al lado de Percy con una expresión furibunda en sus rostros, Leo empezó a crear llamas en las palmas de sus manos y Nico tenía una mirada siniestra.

-¡Bájame!

-¡¿QUÉ PASA AQUÍ?! – Gritó el hombre barrigón. Nadie desvió su atención hacia él. – ¡HE DICHO: ¿QUE QUÉ PASA AQUÍ?! – nada, todos seguían en las discusiones, peleas y las chicas tratando de calmar a todos. – ¡BASTA! – volvió a gritar e hizo un gesto con la mano, dejando a todos paralizados.

Yo quede en el hombro del chico llamado Connor. El señor D. recorrió la mirada por todo el campamento, tratando de comprender que es lo que había pasado, pero no le encontraba sentido a la escena que estaba presenciando.

-QUE ALGUIEN ME EXPLIQUE QUE ESTÁ PASANDO AQUÍ, TU ANNABELL, VEN AQUÍ.

-Es Annabeth.

-NO ME IMPORTA. ¿QUÉ PASA AQUÍ? NO ME DEJAN DISFRUTAR DE MI PARTIDA DE CARTAS.

-Lo que pasa es que si no me equivoco, que no lo hago, Monse se ha puesto nuevamente l cinturón de Afrodita, por eso los hombres están en disputa por ella.

-¿El cinturón de Afrodita? ¿Qué rayos? ¡Mónica ven aquí!

Poco a poco volví a sentir la movilidad en mi cuerpo. Baje de la espalda de Connor y pase a un lado de Percy y los chicos que seguían igual de inmóviles.

-Explícate Mónica.

-Monse.

-Como sea. Explícate.- Suspire y empecé a hablar.

-Estaba en las regaderas después de haber ido a la playa, salí de bañarme y encontré una nota de Afrodita a un lado de ropa – saque la nota y se la entregue – después trata de quitarme el cinto pero no abría, así que Piper me dio un suéter para taparlo, pero no sirvió de nada, de deshilacho y empezaron las discusiones.

-¡Afrodita! ¿Cómo se le ocurre darte esa cosa? ¡Le encanta provocarme problemas! Bien. Siéntate en tu mesa y quédate ahí. Para todos los demás: SIENTENSE Y AL QUE SE MUEVA… ¡NO SABRÁ NI QUIEN ES UNA VEZ QUE ACABE CON ÉL!

Poco a poco los campistas empezaban a tomar el control de sus cuerpos, pero aun se notaba la disputa que se libraba en su interior por volver a mi lado y la presión que ejercía el Señor D. en ellos.

-¡¿Por qué carajos lo te lo pusiste Monse?! Te hubieras quedado en el baño – sentencio Percy, quedándonos en silencio – Lo siento.

-No, tienes razón, fue estúpido lo que hice.

-No, no lo fue, fue estúpido lo que yo dije. Supongo que no tenías muchas alternativas.

Nuestra mesa era el centro de las miradas, y dudaba mucho que el que Tyson comiera como un ejército en engordina después de hambruna o que la comida excesivamente azul de nuestra mesa fuera la causa. Las chicas me miraban furiosas y los chicos con anhelo. Lo peor fue cuando alce la vista y note los estragas que había causado. La mayoría de los chicos tendrían que visitar la enfermería después de la cena. Muchos tenían moretones en sus rostros, algunos otros sangraban del labio, la ceja o la nariz, y muchos otros tenían heridas de cuchillos en los brazos. Miraba el suelo y solo se veían las ropas hechos jirones, zapatos tirados y armas esperando ser recogidas.

Me sentía culpable, yo había causado todo eso. Me apenaba el sabes que algunos estaban gravemente heridos, que había provocado ese caos en un lugar que debería ser pacifico. La cena transcurrió en un ambiente tenso, todas las miradas en mi.

-No te sientas mal – susurró Percy –, para mañana todos nos reiremos de esto – lo observe enarcando una ceja – Bueno, tal vez no mañana, pero con el tiempo lo harán, créeme.

-Es hora de der ofrenda a los Dioses – anuncio Quirón.

Nos fuimos levantando poco a poco y fui consciente de que los campistas empezaban a amontonarse a mí alrededor. Percy instintivamente se coloco a mi lado y me rodeo con sus brazos.

-Apártense. – dijo con voz firme y autoritaria, pero fue en vano. Los demás se acercaban cada vez más.

-Atrás. – dije con la voz más firme que pude. Para la sorpresa de todos, los chicos retrocedieron. Menos dos.

-Sí, déjenla en paz. Vamos Monse, te acompaño.

-Sí, te acompaño Monse.

Nico y Leo desplazaron a Percy de mi lada y tiraron de mí hacia la fogata. Nico tenía un golpe en la mejilla derecha, y sus manos parecían haber sido aplastadas por algo y algunos mechones de cabello chamuscados; Leo, por su parte, sangraba un poco de la nariz y tenía el labio partido, además de algunos cortes en su ropa y brazos. Ambos me abrazaron, haciéndome sentir sofocada.

-Suéltenme – me queje.

-No – coincidieron ambos. – ¿Qué tal si te hacen algo? – agregó Leo, dirigiéndole a Connor una mirada letal. Connor, por su parte, se dedicaba a fulminarlos con la mirada, debatiéndose entre acercarse o seguir las órdenes del Señor D.

- Además – dijo Nico, atrayendo mi atención – no te puedes andar paseado sola, eres muy…

-Hermosa para eso. – concluyo Leo.

-Iba a decir gloriosa, pero supongo que también funciona la descripción de hermosa.

-No pensarían lo mismo sin el cinto. – susurre, sonrojada.

-Claro que lo pensamos. – contesto Nico con voz embelesada. – Eres hermosa con él y sin él, Monse.

-Claro que eres hermosa. –secundo Leo, con tono ensoñador. Escuche que Percy se aclaraba la garganta detrás de nosotros, dando a entender que había escuchado nuestra plática.

-Yo me encargo de ella desde aquí. – dijo Percy con voz dura y áspera.

-No. – contestaron ambos chicos.

-Sí – dije yo. – voy con Percy.

-Monse…

-Voy con él. – me separé de ellos y camine al lado de Percy.

-No los soporto cuando se ponen en ese plan. – me quejé.

-A mí tampoco me agradan – contesto Percy – apenas eres una niña de tres-doce años – se corrigió rápidamente –. Quiero decir, hay una notable diferencia de edad entre tú y Leo; y Nico es nuestro primo, ellos lo saben, y aun así andan detrás de ti como perritos falderos. No es algo muy agradable de ver. – Solté una risita al imaginármelos con collares, correa, y comiendo de un plato con su nombre y esperando que les lanzara la pelota.

-Sí, supongo que sí. – coincidí con él. Nos sentamos nuevamente y empezamos a comer.

-Monse, ¿qué quieres que te dé en…? – Tyson dejó de hablar ante la mirada de advertencia de Percy. Voltee a verlo y Percy solo me sonrío.

-Grandulón, ¿en qué quedamos? – dijo risueño, pero con una advertencia en la voz.

-Lo siento. – se disculpo Tyson.

-Hey, sigo aquí. – Me quejé. Ambos empezaron a reír.

-Lo notamos. ¡¿Tyson, por qué no le cuentas de la vez que me ayudaste contra esos gigantes en Meriwether?! – dijo, cambiando el tema por completo.

Tyson se embarco en una historia con lujo de detalles, desde cómo había tomado las pelotas de bronce en llamas, hasta su paseo en un taxi mágico, unos toros de metal que los atacaron y como Poseidón lo había reconocido como su hijo. Sí, al parecer Poseidón no era el mejor marido de todos, pero según Percy, Tyson e incluso Quirón, era un buen padre.

A la hora de regresar a las cabañas, los campistas se levantaron y caminaron a mi ritmo detrás de nosotros. Nico y Leo no tardaron en hacerse notar entre la multitud.

-¡Peque, espera! – gritaba Leo, saltando entre la multitud.

-Monse, espérame. – secundaba Nico. Empezamos a escuchar gritos de inconformidad. Giramos el rostro para ver que varios campistas empezaban a acelerar el paso para alcanzarnos.

-¡Oh, no! – gimoteó Tyson – No otra vez. – Se lamentaba.

Percy y Tyson jalaron de mis brazos y empezaron a correr a toda prisa a la cabaña. Entramos como alma que lleva el diablo y Percy cerró la puerta detrás de él de un portazo que hizo vibrar la habitación. Agitados y jadeantes, tratamos de recuperar el aliento.

-Será mejor que nos acostemos.

-¿Y qué hago con esta cosa? No pienso estar todo el día de mañana con esto puesto otra vez. – En cuanto termine de hablar, el cinturón cayó a mis pies. - ¡Gracias! – escupí con sarcasmo – ¡Pero hace una hora no hubiera estado mal Afrodita!

-Bueno, un problema menos del que encargarnos – dijo Percy -. ¡Rayos! No me despedí de Annabeth.

-Creo que entenderá el por qué.

-Grandulón, ayúdame por si hay moros en la costa. – y ambos salieron de la cabaña sin escucharme. Puse los ojos en blanco. Hombres.

Me dirigí a mí cama y note que sobre ella había una linda pijama de seda color azul. Un pequeño short y una blusita de tirantes la componían y encima una nota a mano, justo como las anteriores.

¿No te dije que nadie osaría pasarte por alto otra vez? De nada, no tienes que agradecerme (aunque una ofrenda no estaría mal), créeme, mereces todo esto y más.

PD. Ni se te ocurra reciclar el cinturón, si lo haces, conocerás mi lado menos agradable, y créeme, si eso llega a pasar, bueno, la guerra de Troya parecerá un desliz comparado con lo que provocaré, no cualquiera recibe tantos obsequios míos, considéralos un adelanto.

Afrodita

Puse los ojos en blanco y me cambie en el baño. Guarde el vestido y el bendito cinturón en mí cajón y me metí entre las cobijas. Fuera de la cabaña aun podía escuchar ruidos, gente pasando y voces. Estaba quedándome dormida cuando abrieron la puerta.

-Déjenme chicos. – Me quejé, con voz somnolienta.

-Lo sentimos. – Contestó una voz, pero no era la que yo esperaba. Nico y Leo estaban en la penumbra de mi cabaña.

-¿Qué hacen aquí?

-Veníamos a disculparnos – susurró Leo.

-Sí, sabes que no era nuestra intención, ¿verdad? – completo Nico.

-Sí, lo sé. – conteste a medio bostezo.

-¿Entonces estamos bien? – volvió a preguntar Nico.

-mmmm…. – conteste más dormida que despierta.

-¡Esa es mi chica! – dijo Leo, lleno de júbilo. - ¿No te lo dije Nico?

-Mejor nos vamos y te dejamos dormir, nos meteremos en problemas si alguien nos ve, vámonos Leo.

-mmmm… - volví a contestar.

-¡¿Qué CARAJOS HACEN USTEDES AQUÍ?! ¡LES DIJE QUE SE LARGARAN A DORMIR! – gritaba Percy, sacándome de mi sueño. - ¡Y TÚ MONSE, EN VEZ DE CORRERLOS LOS ALIENTAS A QUE SIGAN! ¡SALGAN DE AQUÍ AHORA! – gritó Percy, tomándolos de sus playeras y sacándolos de la cabaña.

-Ya vamos Percy – vociferaba Leo –, solo veníamos a disculparnos.

-Sí, no es como si hiciéramos algo malo.

-Percy, está bien, creo que ellos pueden salir solos.

-Le dije al grandulón que se quedará aquí contigo.

-Pues se fue. Ahora déjenme dormir.

Volví a acostarme y caí en un sueño profundo y sin sueños después de las malas noches que había pasado.

Desperté realmente descansada. Nada me había impedido tener un sueño reparador, ni los ronquidos de Tyson, ni los movimientos bruscos que hacia Percy al levantarse de la cama. La mañana era realmente agradable, aunque según Percy, aun había vestigios de tormenta en los alrededores, pero no teníamos de que preocuparnos.

Cuando fuimos a desayunar, fui el blanco de todas las miradas nuevamente, pero esta vez eran de disculpa, vergüenza y algunas otras de irritación, lo único que me alegró, fue ver a la tal Bárbara con el ceño fruncido cada vez que me miraba.

-Bueno, hoy tampoco pasas desapercibida – susurró Leo en mi oído, provocándome escalofríos.

-Lo sé, es una lástima. – Me lamente – pero podría ser peor.

-¿A si, cómo? – cuestiono Nico, con una enarcando una ceja.

-Pues para empezar, podría ser como anoche. – deje sonriendo.

-Monse… - dijo una voz a mis espaldas, gire y me encontré con Connor Stoll, con la cara de color escarlata y mirando el suelo como si fuera lo más interesante del mundo. - … ¿Podemos hablar en privado?

-No. – contestaron Nico y Leo rápidamente. Connor se puso más rojo aun.

-Sí – dije firmemente - ¿me acompañas? – señale la mesa de Poseidón, que se encontraba vacía.

-Seguro. – Empezamos a caminar en un silencio incomodo, podía sentir las miradas puestas en nosotros, especialmente las de ciertos chicos que no me dejaban sola.

-Tú dirás – dije finalmente.

-Oye, sabes que no era yo mismo anoche, ¿verdad? Realmente lamento todo eso del secuestro y eso. – balbuceaba el pobre chico.

-No te preocupes, entiendo perfectamente. Nadie era si mismo anoche. Todo está bien.

-Aun así, me gustaría recompensarte con algo, ya sabes, para saldar la deuda.

-No es necesario, todo está bien entre nosotros.

-No importa, yo quiero hacerlo. Déjame llevarte a dar un paseo por el bosque ¿qué dices?

-Oh… No sé si este bien.

-¡Oh, vamos! No vamos a hacer nada malo, solo te enseñare los alrededores, y si te portas bien, te enseñare las vías de contrabando de sodas ¿qué dices? – dijo, dirigiéndome una sonrisa traviesa.

-Está bien, pero solo un rato, debo practicar con Percy.

-Con eso me basta. Nos vemos hoy a las cinco, te paso a recoger en tu cabaña.

-Está bien, nos vemos. – Dio media vuelta y se alejo su mesa.

Tyson llego después de mi y tomo asiento, Percy fuel el ultimo en sentarse. Nico y Leo no dejaban de verme con el ceño fruncido, cuchicheando entre ellos.

Terminamos de desayunar y nos encaminamos a la arena, hoy iba a practicar con el arco, pero Percy me molestaba diciendo que no me hiciera muchas ilusiones, que los hijos de Poseidón no estábamos hechos para el arco y las flechas.

-¿Qué tú seas malo en eso Percy, no significa que ella también? – le espetó Thalía.

-No es que sea malo – se defendió –, es solo que mis blancos siempre se mueven en el último segundo.

-¿Ocho metros?

-Sí, siempre es lo mismo.

-¡Oh, déjalo! Eres tan malo que todos se alejan de ti cada vez que te miran con un arco. Te tienen pavor.

-¡Lo que paso con Erick fue un accidente, no era mi intención darle en el trasero!

-El error fue pensar que podías darle el blanco que tenia a veinte metros a la derecha. – Empecé a reír y Percy adquirió un color rosado en sus mejillas.

-¿Qué es tan gracioso? – pregunto Leo.

-El que Percy haya usado del carcaj el trasero de Erick – contesto Thalía.

-Oh, aún recuerdo ese día. Erick no se pudo sentar por días. – reía Nico.

-Oye, peque, ¿qué quería Stoll? – pregunto Leo con una falsa nota de inocencia en la voz.

-Nada, solo quería disculparse por lo de anoche.

-Y ¿por eso quería hablar en privado? – insistió.

-Sí.

-¿Segura? ¿No dijo nada más? – Los tres, Nico, Percy y Leo sometieron mi rostro a un minucioso escrutinio, haciendo que mi rostro se acalorara.

-No.

-¡Mientes! – Gritó Leo – Escuche a Connor decir que hoy tenía planes.

-Solo se ofreció a acompañarme a dar un paseo por el bosque mañana. – confesé.

-¡QUE! – Gritó Percy – NO VAS A IR, SUFICIENTE TENGO CON QUE ESTE PAR NO SE TE DESPEGUE, NO QUIERO A ESE OTRO PAR PEGADO A TI.

-Cálmate Percy – decía Thalía entre risas –. No sabía que eras de esos hermanos celosos y sobreprotectores.

-¡Es que fíjate quien la invitó! ¡Es Stoll, Connor Stoll! Dile que no puedes, que vas a entrenar conmigo, que lo sientes mucho, pero que no vas.

-No le voy a decir que no. – dije, para asombro de los tres chicos que me miraban ceñudos.

-Ah, claro que le dirás que no.

-No, pienso ir con él.

-Si quieres ver el bosque yo te llevo, pero no vas con él.

-Sí, te llevamos nosotros, con él no sales. – secundo Leo.

-Podemos llevarte ahorita. – añadió Nico.

-¡Ustedes dos cállense! – grito Percy. – ¡No vas a ir a una cita con Connor Stoll!

-¡No es una cita! Solo vamos a ir a dar un paseo.

-Connor no se disculpa porque si, tiene un interés en todo esto. No vas.

-Si voy. – ¿Quién se creía para darme ordenes?

-He dicho que no vas.

-Lo que no estás comprendiendo, Percy, es que no te estoy pidiendo permiso.

-Bien, no digas que no te lo advertí. – dijo apretando la mandíbula.

El resto de la tarde fue tenso. Percy se la pasaba refunfuñando por todo. Nico y Leo se rehusaban a hablarme a menos que cancelara mi paseo con Connor y mi desempeño con el arco fue deplorable, no tenía nada que envidiarle a las habilidades de Percy. Una flecha la desvié tanto y con tanta fuerza que le dio de lleno a un árbol y una mujer de color verde con cabellos castaños me empezó a lanzar piedras. Después de que le explicara que había sido un accidente y que no le apuntaba a ella me dejo en paz, pero los moretones no se iban a durar.

La tarde pasó y sin darme cuenta ya era hora de bañarme. En una hora me vería con Connor y Percy no dejaba de murmurar que no debería ir cada que se le presentaba la oportunidad.

Cuando salí de la regadera para cambiarme pude ver que por fin tenía un par de pantalones de mezclilla esperándome. Una blusa verde y uno par de tenis. ¡Al fin, algo normal!

Connor paso fue a la cabaña a las cinco como prometió e iba con la ropa más normal posible, remarcando mi posición de no cita ante los chicos que habían ido a la cabaña a "pasar el rato" con Percy y Tyson. Tyson sonreía y agito la mano en forma de despedida mientras los demás me miraban huraños.

-¿Y qué hiciste hoy? – preguntó.

-Probar que apesto en el arco.- conteste con la mayor naturalidad posible, haciéndolo reír.

-Sí, también soy malo en eso. Creo que el arco es un arma inútil, quiero decir, si quieres lastimar algo que te queda lejos usa una lanza, o mejor aún, una catapulta.

-No creo que sea fácil conseguir una catapulta.

-Lo es si tienes el dinero suficiente y los contactos.

-Si claro – conteste con escepticismo – porque las catapultas se encuentran en cada vuelta de esquina.

-Mi hermano y yo podemos conseguir lo que necesites, todo por un módico precio, claro está.

-mmm… tentador. Lo tendré en cuenta.

-Mira, ahí. – Señalo hacia la izquierda – Nunca vayas en esa dirección; la última vez que Travis y yo nos adentramos allí nos encontramos con una especie de perro que tenía como cabeza un lagarto, algo horrible. – se estremeció.

-Considérame advertida. – le conteste con un guiño. Empezamos a caminar derecho cuando tuve la sensación de ser observada. Voltee a ver disimuladamente, pero no había nada. Al parecer Connor lo noto porque también volteo.

-¡Oh! Por allí, la cabaña de Hefesto esconde algunas de sus armas o inventos prohibidos. Leo es el que pasa más tiempo en ese lugar que cualquier otro campista.

-Pero si los escondes, ¿cómo sabes que hay ahí?

-Hijo de Hermes, Dios de de los caminos, los ladrones y los viajeros, entre otras cosas, mi naturaleza me permite estar informado. – giño un ojo.

-¿Qué es eso? – pregunté. El sonido de ramas siendo pisadas se escuchaban cerca. Connor saco un cuchillo con una velocidad desconocida, me coloco detrás de él y observo los alrededores.

-Debe ser algún monstruo que vive en el bosque. Qué raro, no nos hemos adentrado lo suficiente.

-¿Por qué tienen monstruos como vecinos? – El se encogió de hombros.

-No sé, aunque a veces resultan útiles para entrenar. Supongo que saben dónde ubicarlos, así que ¿qué mejor lugar que un campamento de mestizos deliciosos?

Seguimos caminando, a veces nos deteníamos para que me enseñara algunos de los escondites que tenían él y su hermano para guardar algunas cosas que tenían de contrabando. Las pisadas sobre ramas se escuchaban de vez en cuando, pero siempre que girábamos no había nada. La sensación de ser observados persistía.

-Podemos conseguirte lo que quieras, todo por un bajo precio. Además, somos discretos. Nadie sabrá que has pedido algo si no quieres que se sepa. Aunque claro está, que tú me podrías pagar de otra forma – dijo acercándose a mi – Tenemos una va…

-Ajá. – se escucho un bufido que lo interrumpió a media frase. – Lo sabía.

-¿Percy? – pregunte. Y sí, ahí estaba, a tres metros de distancia, saliendo de detrás de un árbol y con una gorra con un símbolo (creo que de algún equipo) en las manos.

-¡Tenía razón! Sabía que no debías salir con él. Escúchame bien Stoll, Monse No podrá tener más citas contigo, así que es mejor que…

-¡De que carajos hablas Percy!

-Lo que has escuchado Connor, Monse es muy chica aun y no…

-Percy, esto no era una cita – a este punto de la conversación yo no podía estar más avergonzada y sonrojada –, solo era una junta de negocios, iba a proponerle un trabajo – suspiró –. Resulta que tenemos una vacante en para las entregas que nos hacen y ocupamos a alguien pequeño, más o menos de su complexión.

La cara de Percy era un poema, estaba rojo de vergüenza y tenía una disculpa gravada en su rostro. En ese momento se escucho como si algo estuviera rompiéndose, y enseguida, una rama del árbol más cercano cedió, dejando en evidencia a dos chicos de cabellos negros y alborotados, ojos cafés y una expresión de pánico. Si antes pensaba que no podía estar más avergonzada, estaba muy equivocada.

-Wow – decía Leo, en un intento desesperado de sonar ajeno a la escena –, si que has mejorado con los viajes sombra Nico.

-Este… - Nico recibió un codazo en las costillas por parte de Leo, y se recupero rápidamente, ante nuestras miradas desconcertadas – sí, sí, te dije que había estado practicando. – Les dirigí una mirada envenenada y se callaron.

-Así que todo esto no era… no era… una cita – se atragantaba Percy con sus palabras.

-No. - contestó Connor – ¿Qué clase de pedófilo piensas que soy? Es una niña aún, - Nico y Leo se sonrojaron aun mas y, se apresuraron a ponerse de pie y limpiarse – no es por nada, pero, no me considero un asalta cunas.

-Oh, yo… yo pensé que. – Connor soltó una risilla nerviosa e hizo un gesto con la mano restándole importancia.

-Está bien, supongo que yo hubiera pensado lo mismo después de lo que paso anoche – contestó, y ahora fue su turno de sonrojarse.

-Bien, aclarado eso, ¿qué dices, quieres él puesto? – dijo, viéndome directamente. – Ganaras bien, y los riesgos son prácticamente mínimos, pero no nos hacemos responsables por accidentes.

-Gracias por la oferta pero no. – contesto Percy por mí.

-Sí, ella no necesita dinero en estos momentos – agregó Nico, hablando por primera vez.

-Si necesita algo, - decía Leo – nosotros nos encargaremos, pero gracias por tu generosa oferta – termino con tono irónico. Connor me miraba a mí, luego a los chicos, hasta que finalmente hablo.

-Piénsalo, mi oferta siguen en pie. Hablamos luego… cuando no estés con tu escuadrón de guardaespaldas – dijo con una sonrisa torcida – Nos vemos. – dio media vuelta, dejándonos en el bosque. Me gire lentamente para ver a los demás.

-Y bien… - exigí. Percy buscaba cualquier excusa para no verme. Nico y Leo empezaron a retroceder lentamente hacia el campamento. Cobardes. –No tan rápido, ¿ustedes que estaban haciendo aquí?

-¿Nosotros? –dijo Leo – ya dije que estábamos viendo cuanto había mejorado Nico en sus viajes sombra, antes no era muy bueno, una vez terminamos atrapados en un muro y Jason y Percy tuvieron que derribarlo.

-Sí, me acuerdo de esa vez – se apresuro a decir Percy, tratando de cambiar el tema – estaban en medio de una crisis porque no los podíamos sacar sin lastimarlos.

-Ya veo, y casualmente terminaron encima de donde estábamos Connor y yo ¿no es así?

-Exacto, gracias por comprendernos peque. Sabía que comprenderías.

-Cállate Leo. Me estaban siguiendo, los tres me estaban siguiendo, a pesar de que les dije que no se metieran en mis asuntos.

-Eres nuestra amiga Monse – decía Nico – nos preocupamos por ti.

-Sí, claro, porque Connor estaba a punto de asesinarme y usar mi cadáver como alimento para monstruos, pero llegaron a salvarme. – escupí sarcásticamente - ¡Gracias! Ahora puedo decir que sobreviví. – Los tres tenían la vista baja y lucían bastante avergonzados. – No soy una niña ¿saben? – Iban a empezar a protestar pero no les di oportunidad – que aun sea chica no significa que no me pueda cuidar sola, he cuidado de mi misma desde que tengo memoria, creo que puedo manejar a un adolecente sin su ayuda. Así que en el futuro, no quiero volver a encontrarlos vigilándome. ¿Quedo claro?

-¿Así que piensas seguir saliendo con él… o es con alguien más con quien piensas salir? – cuestiono Leo.

-¿Quedo claro? – repetí. Los tres asintieron – Bien.

Los cuatro regresamos al campamento y nadie dijo una sola palabra. Yo estaba furiosa y avergonzada como para decir algo y supongo que ellos estaban temerosos de que fuera a explotar. Cuando llegamos, apenas iban a servir la cena, caminamos hasta los comedores en silencio, me senté en la mesa de mi padre junto a Tyson y ni siquiera voltee a ver a los chicos. Percy fue con Annabeth y le entrego la gorra y entablo conversación con ella, que empezó a reír.

Tyson estaba muy entretenido contándome que paso el día en las fraguas del campamento construyendo armas con los chicos de la mesa de Hefesto, que les había enseñado una muy antigua técnica para hacer los escudos más resistentes y que mañana habían hecho planes para que les enseñara a hacer un tipo de espada.

Mi humor no mejoraba, me encontraba enojada con Percy, ¿Quién se creía para estarme vigilando y siguiéndome? Para acabar, el clima no había mejorado desde ayer, las nubes pronosticaban una tormenta que estaba acechando la ciudad, pero Piper decía que no había de que preocuparse, que las tormentas nunca llegaban hasta el campamento.

La cena se desarrolló en un ambiente incomodo. El único que hablaba era Tyson. Cuando terminamos de cenar, nos dirigimos a la fogata como todas las noches. Pasé de largo a Leo y Nico que me hacían señas para que me acercara y me senté a un lado de Piper y Thalía. Estábamos riendo y platicando de todo. Realmente estaba pasando un tiempo agradable.

-¿Y qué piensas hacer con el cinturón de mi madre?

-Dejarlo guardado, en el fondo de mi cajón.

-Pero eso no funciono la última vez. – observo Thalía. – Tal vez deberías reciclarlo.

-No puedo, dijo que no quería verla enojada.

-Pues ¿qué es lo peor que te puede hacer? Digo, no creo que pase de unas semanas de acné.

-O tal vez – interrumpió una voz desconocida – no lo tiras porque te gusta llamar la atención, es lo único que has hecho desde que llegaste. – dijo Bárbara.

-No lo hace a propósito. – me defendió Piper.

-Solo es una teoría.

-Pues tus teorías están de más.- Le espeto Thalía. Bárbara dio media vuelta y se fue a sentar con los chicos sin voltear a vernos nuevamente.

-Discúlpala, siempre es muy linda. Ha de estar molesta porque anoche su hermano-hermano, de padre y madre quiero decir, terminó en enfermería por varios golpes ocasionados por las peleas. – decía Thalía.

-Pero tiene razón, desde que llegue la gente no deja de verme, es tan frustrante.

-Bueno, no todos los días llega un hijo de los tres grandes, y menos siendo reclamada doble. La gente se acostumbrará. Es como cuando yo regrese. Primero la gente se me quedaba viendo como si fuera un fenómeno de circo.

-Porque eres un fenómeno de circo, cara de pino. – le dijo Percy.

-Cállate Percy, ¿quieres que te recuerde lo que pasó la última vez que me dijiste cara de pino? Según recuerdo, no saliste bien parado esa vez.

-¿Yo? ¿Te recuerdo quien termino empapada hasta la medula, primita?

-Ah, sí claro, ¿quieres que yo te recuerde quien termino electrocutado?

-¡No termine electrocutado, pinocha!

-¡¿Pinocha?! ¡Te enseñare que puede hacer esta pinocha sesos de alga! – Thalía se puso de pie, al igual que Percy, se miraban fijamente. Annabeth se puso en medio de los dos poniendo los ojos en blanco y trato de calmarlos.

-¡Ya basta! Otra vez con eso. Si los dos son geniales, ya podemos dejar eso en paz. – decía con voz cancina.

Ambos se sentaron y estuvimos unos minutos más juntos. Tyson estaba con la cabaña de Hefesto que no lo querían dejar ir. Finalmente me sentía lo suficientemente cansada como para irme a dormir. Me levante y Percy me dijo que me alcanzaba después. Me despedí y me dirigí a la cabaña sola. Pase a un lado de Nico y Leo que estaban con Bárbara y me fui de largo.

A medio camino sentí que entrelazaban mis brazos, haciendo que disminuyera mí paso. Nico y Leo se encontraban a mis costados, con una sonrisa de disculpa, aunque pensándolo bien, últimamente, era la sonrisa más común que me dirigían últimamente.

-¿Qué, también me vienen a checar por si me mato por accidente en lo que llego a la cama?

-No seas así peque, ya dijimos que lo sentíamos.

-Mira, no era nuestra intención hacerte enojar Monse – decía Nico suplicante –, es solo que conocemos mejor a Connor, sabíamos que no se traía nada bueno entre manos, y teníamos razón.

-No me hizo nada. – Les recordé – Solo fuimos a dar un paseo y estuvo a punto de ofrecerme un trabajo hasta que ustedes lo interrumpieron. No fue una cita, no me asesino, por Dios, solo me enseño los alrededores y me dijo a donde no acercarme. Creo que es lo que hago con ustedes desde que llegue.

-Ok, tienes razón – concordó Nico –, tal vez exageramos un poco.

-¿Tal vez?

-Está bien, exageramos. – Aceptó Leo – ¿Nos perdonarías si prometemos no volver a hacerlo?

-¿Lo prometen?

-Sí – contestaron ambos.

-Está bien – dije sonriendo – quedan perdonados.

-Esa es mi chica. – dijo Leo. – Solo por eso mañana te llevaremos a molestar a las hijas de Deméter.

-¡Esta bien! – conteste.

-Yo no puedo – dijo Nico – mañana me voy temprano.

-¿A dónde? – pregunte, y mi voz sonó mas desilusionada de lo que pretendía.

-Asuntos del inframundo. Papá necesita ayuda y me llamó hace rato. – leo se estremeció.

-No te envidio viejo. Oye, ¿vas a regresar a tiempo para "ese" día?

-¿Qué día? – pregunté, pero me ignoraron.

-Sí, tal vez llegue un poco tarde, pero hare lo posible para estar aquí. No me perdería por nada.

-¿Qué día? – volví a preguntar, pero fingieron que no me habían escuchado.

-Más te vale Di Angelo.

-Sí, sí, no llores por mí Valdez.

-¿Qué día? – exigí.

-Ya te enteraras, peque. – fue lo único que se limito a decir Leo.

-Bien, si no me quieren decir lo enriendo – dije enfurruñada.

-Qué bueno que entiendas. – contesto Nico. Les saque la lengua y entre a la cabaña. Hicieron ademan de seguirme pero los pare en seco.

-Percy no tarde en venir. No quiero que se repita lo de anoche. A demás de que me prohibió que entraran cuando él no está. Buenas noches.

-Buenas noches. – susurraron y cerré la puerta. Me puse mi pijama y me fui a dormir.

Como la noche anterior, en cuanto toque la almohada me quede dormida. No me di cuenta de cuando llegaron los demás. Lo único diferente de anoche, fue que esta vez sí soñé.

Me encontraba en el bosque, en el camino que había recorrido con Connor. No había mucha luz, estaba anocheciendo. Había una tormenta, los truenos se escuchaban a lo lejos. Empezó a llover. La lluvia azotaba con tanta fuerza que me lastimaba. El suelo se empezó a convertir en lodo y entre mas caminada más me hundía en él. Cada vez había menos luz y no podía encontrar el camino de regreso. Empezaron a caer rayos. Iluminando por momentos el paisaje. Un rayo cayó cerca de conde estaba. Los arboles se incendiaron y empecé a correr en dirección opuesta. El problema fue que la lluvia había ocasionado estragos en el suelo, formando una especie de pantano. Me empecé a hundir rápidamente en él. La sensación era sofocante, no podía moverme, el incendio cada vez se encontraba más cerca, la lluvia no disminuía y los rayos eran más frecuentes. El pánico se empezó a apoderar de mí. «Has despertado nuestra ira, lo pagarás caro» susurraba la voz de mis sueños anteriores, una voz dura y autoritaria. Una segunda voz se le unió, pero esta era afilada, como una navaja. «Tu hermano es la excepción, tu, no. He sido muy comprensivo, pero serás el ejemplo de que todo tiene un límite.» Estaba asustada. Lágrimas de terror empezaron a brotar de mis ojos. Me estaba ahogando, cada vez me costaba más respirar. El fuego estaba escasos centímetros de mí cuando desperté.

Tyson y Percy ya estaban despiertos. Estaban haciendo "limpieza". Tyson barría y dejaba reluciendo todo lo que tenia al alcance, mientras Percy escondía ropa sucia y envoltorios de dulces y chocolates debajo de su cama.

-Buenos días hermanita. – saludo Tyson.

-Buenos días, grandulón. ¿Qué hacen?

-Hoy es la inspección de las cabañas – explicó Percy –, la cabaña más limpia tiene derecho a usar las regaderas antes que otra.

-¿Y por qué el único que limpia es Tyson?

-A él le gusta limpiar, verdad, grandulón. No le gusta que interfieran en su aura de limpieza. – Tyson volteo a verme y articulo solo para que yo escuchara.

-Aquí entre nos, Percy no es muy ordenado que digamos. La revisión de las cabañas es después de desayunar, pero él no ha limpiado desde la última vez que estuve aquí.

Le ayude a limpiar un poco, cada vez que iba a colocar algo en su lugar, encontraba más cosas que acomodar. Cuando empecé a sacar lo que había debajo de las camas solo encontré ropa, zapatos, envoltorios de frituras, chocolates, refrescos, el corazón de algunas manzanas, cascaras de naranjas, y lo mas terrorífico: unos calzoncillos de Percy color azul con su nombre bordado.

-¡Dame eso! – gritó cuando vio lo que tenía en mis manos, se sonrojo y los guardo rápidamente en un cajón.

-Si se te llegan a perder – deje – sabrán a quien entregarlos Perseus Jackson.

-Cállate. Vamos a desayunar.

Salió de la cabaña y espero a que lo alcanzáramos. Caminamos al comedor y encontramos a Annabeth con algunos de los chicos de la cabaña de Atenea.

-Buenos días, Annabeth ¿sabías que Percy usa calzoncillos con su nombre bordado? – pregunte con la mayor inocencia que pude. Annabeth estalló en carcajadas y Percy se adquirió un tono escarlata en el rostro.

-Parece que alguien tendrá que ser mas ordenado. – contesto en medio de un ataque de risa.

-Ya nos vamos – dijo Percy y me arrastró con él a la mesa.

-¿Por qué hiciste eso?

-Yo solo quería compartir contigo la vergüenza que sentí ayer. – refuté. Me miro con los ojos entrecerrados.

-Esto no se quedará así.

-Oh sí, yo creo que sí. No te arriesgue Percy.

Desayunamos huevos. La comida estaba (como siempre) deliciosa. Esta tarde volvería a la playa con Percy. Al parecer, aun tenía que entrenar más mis "habilidades marinas". Todo lo que conseguía hacer era poner una barrera entre mi ropa y el agua, y si me distraía terminaba empapada. Mientras tanto, Percy se la pasaba regodeándose, creando olas enormes en mi dirección. Lo que le costó un jalón de pelo cuando la corriente me estaba arrastrando.

Nico se había despedido después del desayuno y prometió volver a tiempo. Pero nuevamente, nadie me quiso decir para que. Después de haber terminado revolcada en agua y arena, Leo vino a buscarme para ir a molestar a los campistas de Deméter, como había prometido el día anterior. Lo que no mencionó, fue que Bárbara iría con nosotros.

Después de in intercambio nada amistoso. Logró convencerme de si al menos no amable, no ser hosca con ella.

-Ella es mi amiga también, peque. Lo más lógico es que ustedes sean amigas también.

-No, ella me odia y no le he hecho nada.

-No te odia, simplemente está enojada por lo de su hermano.

-Pero si no fue mi culpa. No, no lo haré, no iré con ella.

-Anda, vamos, hazlo por mí. – puso sus ojitos de corderito a medio morir y accedí.

-Bien. Pero si me dice algo, no respondo Valdez.

-Esa es mi chica.

-No soy tu chica.

-Oh si lo eres. Anda vamos.

Caminamos hasta el campo de fresas, donde estaba Bárbara. Su reacción al verme fue la misma que la que la mía: como si hubiéramos chupado un limón. Nos desafiamos con la mirada a romper el silencio, creando una atmosfera tensa. A pesar de que era varios centímetros más alta que yo, creo que si podría con ella. Su cabello rubio estaba recogido en una trenza larga, sus ojos azules me observaban con cautela y su piel bronceada resplandecía con el sol. Sí, debía admitirlo: era una chica muy guapa.

-Tardaron en llegar. – su voz podría ser algo cantarína, pero sono dura.

-Sí, aquí la peque no quería venir, pero…

-Pues no la hubieras obligado. – contestó la chica. La sonrisa de Leo se fue borrando y nos miraba nervioso.

-Nadie me obliga a hacer algo que no quiero. – contesté mordazmente.

-Sí, se nota por lo que pasó hace dos noches. – replicó.

-Así no pasaron las cosas, primero entérate y después habla.

-Así, es como se vieron.

-Pues revísate los ojos cariño, porque estas en un grave error. – se asomo una pequeña sonrisa en la comisura de sus labios. Leo nos miraba como si estuviera presenciando un partido de ping-pong. Dispuesto a intervenir si era necesario.

-me gusta – dijo finalmente Bárbara – sí que sabes escogerlas Leo. Te gustan con carácter. – sonrió finalmente, pero yo la seguí mirando desafiante. Leo dejó escapar una sonrisa nerviosa y empezamos a caminar.

Nos acercamos a la cabaña de Deméter y nos escondimos detrás de uno de los tantos arbustos que tenían cerca, ¿qué acaso no tienen nada mejor que hacer, que cuidar plantas? Leo metió la mano en su cinturón inseparable y sacó una especie de esfera de color bronce con pequeños agujeros por toda su superficie. Sacó unas pinzas y un poco de alambre.

-¡Pensé que ya lo habías terminado! – le regaño Bárbara.

-Ya casi. – se quejó.

-¿Qué es? – pregunté.

-Es una esfera invasora – contestó Bárbara más amable – una vez que la soltemos, rodara hasta encontrar un lugar seguro y difícil de de encontrar. Después, empezara a soltar gases fétidos y lacrimógenos, nada que haga daño – se apresuro a decir ante mi mirada preocupada –. No sabrán ni que los golpeo, ja

-Sí – agregó Leo – empezaran a correr en estampida – sonrió socarronamente – le puse esencia de desechos de Pegaso y zorrillo. – Mi cara se contrajo solo de imaginar el hedor que contenía esa pequeña esfera.

-¿Y hacemos todo esto porque…? – Ambos se miraron entre sí y se encogieron de hombros.

-Porque es divertido. – contesto simplemente Bárbara.

Me encogí de hombros igual que ellos y seguí mirando atentamente la cabaña. Campistas entraban y salían sin imaginar que estábamos confabulando en su contra. Algunas chicas reían tranquilamente mientras regaban las miles de plantas que tenían en macetas dentro de la cabaña, «¡como si no tuvieran suficiente naturaleza fuera, por Dios, están en un bosque!» pensé irónicamente.

Leo termino de arreglar la esfera, la volvió a sellar con una sonrisa triunfal.

-¡Ya está lista!

-Bien.

-¿Nos haces los honores Monse? Sera tu rito de iniciación si así lo quieres ver. – Me extendió la esfera y yo la tomé, era ligera y de aspecto inofensivo. – Solo tienes que acercarte un poco a la entrada y dejarla caer, ella hará el resto.

-¿Seguros que va a funcionar? – Leo me miró indignado.

-¡Pero por supuesto que va a funcionar, yo la invente!

Sujete firmemente la esfera entre mi dedos, me aseguré de que nadie miraba en nuestra dirección. Salí de detrás del arbusto y me acerque lo más que pude a la entrada, deje caer la esfera con cautela y esta empezó a zumbar ligeramente, rodo y la vi perderse dentro de la cabaña. Di media vuelta y salte detrás del arbusto nuevamente.

Bárbara y Leo estaban atentos a la cabaña. Nos asomamos un poco más y escuché varios gritos y los campistas empezaron a salir corriendo. Algunos empezaron a tener arcadas por el mal olor y una chica vomito. Yo me estaba mordiendo la lengua paro no estallar en carcajadas. Leo estaba muy orgulloso de sí mismo y Bárbara tenía una mirada llena de satisfacción. Todo iba bien hasta que me llegó el olor del que todos huían; realmente era asqueroso.

Los tres adquirimos un color verde del asco y empezamos a correr lo más lejos que pudiéramos. Bárbara y yo corrimos a los baños y Leo se perdió de vista. Entre al baño más cercano y vomite. Escuche a Bárbara tener arcadas en el baño contiguo. Salimos y nos refrescamos un poco en los lavamanos.

-Vaya, eso ha sido asqueroso. – comentó.

-Ni que lo digas. – contesté.

-Oye, lamento si fui un poco hosca contigo. Supongo que buscaba un culpable por lo que le pasó a Marco.

-¿Quedó tan mal?

-Nah, ha estado peor. – Nos sonreímos y tome esto como un lime de asperezas.

-Entonces… ¿estamos bien?

-Sí, supongo que estamos bien.

Los días siguientes transcurrió rápido y antes de darme cuenta ya tenía una semana aquí. Las tardes las pasaba con Percy en la playa, pero por más que lo intentaba no podía hacer nada de lo que él me decía. A veces estaba con Tyson, enseñándome a forjar, en lo cual, debo admitir que apesto. Otras veces estaba con Leo, ya sea haciendo travesuras inocentes como él les decía, Annabeth me enseñaba a leer porque era vergonzoso el estar pidiendo a los demás ayuda para todo, y Bárbara y yo forjamos una especie de amistad. Nico aun no llegaba, Leo decía que a veces se ausentaba por semanas, que no había de que preocuparse, pero la verdad es que lo extrañaba. No era lo mismo bromear solamente con Leo.

Ya había cumplido mis dos semanas en el campamento cuando tuve el peor día de toda mi vida. Había tenido otra de las muchas pesadillas que se estaban volviendo muy habituales últimamente; las mismas voces, yo hundiéndome en pantanos, tormentas, lluvias, rayos. Annabeth había hecho otra de sus ya habituales visitas nocturnas en las que los escuchaba murmurar y sollozar continuamente. Desperté muy temprano ese día y me sentía cansada. Percy había tenido la brillante idea de que le ayudara a limpiar los establos después del desayuno. Después de eso, entrenamos en la arena, donde me dio una paliza, nunca había sido tan rudo conmigo, tuve que recordarle que solo era entrenamiento varias veces. Luego, me hizo escalar el muro, justo cuando estaba por llegar a la cima, esta empezó a despedir lava y me tuve que dejar caer, era eso o terminar horneada. El golpe me dejó totalmente adolorida. Después de eso, Leo me hizo ir con él al Bunker 9 para que le ayudara acomodar y tirar lo que estorbaba. Realmente necesita limpiar más seguido, tenia cientos de cachivaches inútiles y me hizo mover cosas realmente pesadas. Mi espalda pedía a gritos un descanso y estaba a punto de hacerlo cuando llegó Percy a decirme que era hora de ir a la playa.

El cielo se empezó a nublar y el agua estaba fría. Percy me decía que me concentrara pero por más que lo hacía no lograba hacer más que unas pequeñas olitas.

-¡Concéntrate! – exigía, pero estaba realmente agotada.

-¡Eso hago, pero no pasa nada!

Después de dos horas desperdiciadas, decidimos que era mejor regresar. El cielo estaba realmente feo y empezó a llover antes de que llegáramos al campamento. Me iba a ir a recostar un momento cuando Thalía me pidió ayuda para darles mantenimiento a los arcos del campamento y me mantuvo tres horas sentada y encorvada en un banco puliendo los arcos y seleccionando las flechas inútiles. Fregué una con tanta fuerza que me corte un dedo. Cuando por fi terminamos, era la hora de la cena. Cuando me senté, mi espalda crujió tan fuerte que Percy y Tyson soltaron una risilla. Comí lo más rápido que pude con la esperanza de ir a dormir temprano, pero mis esperanzas se esfumaron en cuanto me levante y Annabeth se acerco a mí para decirme que hoy estudiaríamos fuera de su cabaña, lo que quería decir, que estaría en la intemperie, porque una tormenta estaba en los alrededores, con un libro y un cuaderno, sentada en el suelo.

Después de dos horas de estudio intenso como lo apodo Annabeth (para una rápida comprensión) fui a la cabaña a tratar de descansar un poco, pero cuando llegue me encontré con que estaba cerrada con llave. Estuve golpeando la puerta cerca de media hora hasta que Percy me abrió. Entre enojadísima, Percy volvió a la cama inmediatamente y se quedo dormido. Fui a cambiarme y esta vez el pijama era un short de licra y una blusita de tirantes con encaje azul. Me gustaría decir que caí dormida en cuanto toque la cama, pero la verdad es que los ronquidos de Tyson no me dejaban dormir y Percy emitía un pequeño gorgojo por su tendencia a babear cuando duerme. La tormenta se escuchaba cada vez más y no me dejaba conciliar el sueño. Fue hasta la madrugada que me venció el sueño.

Fue una noche como las que me gustaban: sin sueños. Estaba tan cansada que no pude soñar, aun dormida mi espalda me mataba, haciendo que buscara la posición mas cómoda en el colchón, gire y sentí algo duro contra mí. Sentí como me agitaban pero no encontraba la boca para decirles que dejaran de joder. Mi cuerpo se sentía laxo y sin energías.

-¿Crees que nos hemos pasado con lo de ayer? – pregunto una voz conocida, pero no reconocí de quien. Mis ojos seguían cerrados.

-No sé, anoche estaba realmente cansada, pero no fuera de lo normal.

-Yo creo que si nos pasamos con ella, pobre, no debí hacerla estudiar tanto.

-Ni que me ayudara a limpiar.

-Ni a pulir.

-Está bien está bien, yo no debí ser tan duro en la arena ayer.

-Entonces… ¿la dejamos dormir un poco más? – dijo la quinta voz, que hizo que me diera un vuelco al corazón. Abrí los ojos de un tirón y ahí estaba.

-¡Nico, volviste! – dije levantándome de sentón, haciendo que mi espalda crujiera. Él soltó una risilla y me abrazó.

-¡Feliz cumpleaños! – dijo.

-¿Quién cumple años? – pregunte viéndolos desconcertada.

-Tú, mensa. – contesto Percy y Annabeth le dio un zape. – Auch. – se quejó

-¿Yo? Pero yo no…

-Papá me lo dijo – me interrumpió Tyson –, por eso me envío. ¡Te manda esto, dice que es de su parte! – me tendió un anillo dorado con una gran perla blanca con unas perlas azuladas a los costados.

-Es muy bonito – dije sin aliento.

-¡Y eso no es nada! – Continuó – Cuando presionas la perla blanca de ahí, se convierte en una espada como la de Percy.

-Gracias.

-Abre el mío – dijo Percy impaciente. Me entrego un rectángulo plano. Era una foto de nosotros en la playa entrenando mis "habilidades"

-Gracias, Percy, es muy bonito. – y era cierto, el marco era de un color plateado con un tema marino.

Los demás me fueron entregando sus paquetes. Leo me dio una cosa llamada I-pod, hecha por él, por lo que estaba mejorado en todos los aspecto, resistente al agua, al fuego, pantalla irrompible y con una memoria de almacenamiento de 1000 no se qué, lo único que le entendí fue que era para almacenar música. Piper me regalo un par de pantalones de mezclilla, para que ya no me tuviera que estar paseando en vestido a todos lados. Annabeth me dio un par de libros que terminarían empolvándose el algún rincón, Thalía me dio un cuchillo de unos veinte centímetros de largo, según ella, era perfecto para la cacería y Tyson me regalo un hermoso brazalete entrelazado y con un tridente en el centro, hecho por él mismo.

Pero debo decir que el regalo más hermoso fue el que me dio Nico. Era una flor de color rojo pero estaba hecha de piedras preciosas.

-Debes mantenerla en la sombra y bajo ningún concepto dejes que alguien tome una piedra. No sería nada agradable.

-Nico, esa no es una…

-Sí, me costó bastante conseguirla, pero dudo que extrañe una flor cuando tiene cientos de estas allá abajo.

-Es hermosa. Gracias.

-Sí, es hermosa. – contesto viéndome a los ojos. Percy se aclaró la garganta.

-Bueno, será mejor que vayamos a desayunar.

Salí de la cama sin recordar la diminuta pijama que Afrodita había seleccionada para mí. Aunque no es que me importara mucho.

-¡LARGO DE AQUÍ USTEDES DOS! – bramó la voz de Percy a mis espaldas y solo vi cuando echaba a Nico y Leo de la cabaña y las chicas reían. – ¡Y TU CAMBIATE, NO HAY NECESIDAD DE ENSEÑAR TANTA PIERNA! - y sin más, salió azotando la puerta con Tyson, dejándome confundida y con una chicas muriéndose de la risa


Lamento haber estado ausente tanto tiempo, pero fue por una buena causa,

ahora ya soy tía de una hermosa nena llamada Miriam, así que estuve con mi

amiga estas semanas que estuvo en recuperación, pero como ya se encuentra

mejor y estoy en mis muy merecidas vacaciones podré actualizarles mas seguido.

Espero que les guste, creo que es el capitulo mas largo que he escrito hasta ahorita

Solo espero que haya valido la pena.

Besos