CAPITULO 7 Consigo un boleto de salida de este infierno.

Decir que estaba nerviosa por lo que ocurriría esta tarde era poco. Percy había agotado a los chicos todo el día anterior y la mayor parte de hoy.

No había vuelto a hablar con Leo. Me sentía nerviosa y ansiosa cada vez que tenía cerca a los chicos. Percy no dejaba de repetir lo tontos que habían sido por no haberme detenido cuando tenían la oportunidad, y de decirme lo impulsiva que era. ¿Pero qué esperaba? Él es igual o peor que yo.

Parece que en cuanto más quieres que el tiempo se detenga y se congele, tiende a pasar como si lo estuvieras acelerando.

La hora del "Duelo" como lo habían comenzado a llamar llegó antes de lo que quería. Percy estaba tenso en cada momento y Nico y Leo estaban de un color verdoso.

Jared llegó con compañeros de su cabina y Clarisse, que se miraba expectante, con una mirada frenética y una sonrisa maliciosa en sus labios gruesos. Jared vestía la armadura típica del campamento y unos pantalones sencillos, su cabello cobrizo caía despreocupadamente por su tosco rostro. Me ubicó a un lado de los chicos y me giñó un ojo. Yo me limite a bufar.

-Bien – comenzó Percy –, no pueden perder, si lo hacen, no dejaré nada de ustedes, ¿entendido?

-No empieces – lo corté –. Solo traten de que no les haga daño.

-¡Vaya, gracias por el voto de confianza, amiga! – contestó Leo irónicamente.

-Sabes a lo que me refiero.

-Limítense a quedarse fuera de su alcance, es grande, así que será un poco más lento por su altura y peso. Ataquen por los lados y abajo. – Instruía Percy – Manténganse lo más alejados de su puño.

-Es fácil decirlo. – masculló Nico.

Les ayude a ambos a colocarse la armadura correctamente y mascullé un último "Lo siento".

Salieron a la arena.

Los demás campistas se encontraban sentados. Percy, Annabeth, Piper y Thalía se encontraban a mi derecha. Bárbara estaba a mi izquierda tomada de mi brazo.

Jared sonreía socarronamente, frunciendo su boca en una mueca extraña. Sacó su espada y se posicionó. Nico se colocó delante de él y Leo trató de rodearlo. Nico era mejor espadachín que Leo, lo que por un lado tenía sentido el plan de ataque.

Decir que la pelea fue pareja con dos contra uno, sería mentir.

Fue brutal, una masacre. Literalmente.

Cada vez que Nico o Leo caían, tardaban más en recuperarse. La teoría era que Jared sería más lento por su altura, pero no importaba cuantos cálculos y probabilidades haya barajeado Annabeth, fueron inútiles.

Jared era veloz, conciso, y realmente letal en combate. Su mano se movía a una velocidad vertiginosa con cada mandoble. Nico era muy pequeño y delgado en comparación, era veinte centímetros más bajo y como mínimo, la mitad del peso de Jared. Leo… Leo era más alto, y un poco más pesado, pero sus habilidades con la espada eran considerablemente nefastas.

Apenas habían transcurrido quince minutos y ya se encontraban todos magullados, llenos de raspones de tanto caer al suelo, sudorosos y jadeando en busca de aire. En cambio, Jared, se notaba enfebrecido por el desafío. No dejaba de voltear a nuestro lugar cada vez que alguno caía.

Apretaba tanto la mano de Bárbara entre las mías que, más de una vez me tuvo que recordar que necesitaría sus manos el resto de su vida.

Jared tumbó a Leo de espalda, le iba a dar un mandoble en el brazo, pero Nico llegó justo a tiempo y lo desarmó. Tenía la esperanza de que hasta ahí llegara todo, pero no. Jared alzó su manaza y la propulso contra la mandíbula de Nico, tumbándolo encima de Leo, que soltó un quejido.

-¿Se dan por vencidos, enclenques?

Nico aprovechó su distracción y enganchó sus piernas, haciendo que su peso se tambaleara y callera… encima de ellos.

Apreté mas la mano de Percy entre las mías (Bárbara retiró sus manos de mi alcance en cuanto pudo.).

Jared enterró el codo en las costillas de Nico y se levantó.

Nico y Leo se incorporaron como pudieron, estaban jadeando por la falta de aire.

Para estos momentos, Jared, se encontraba jugando con ellos, haciéndolos sufrir, prolongando lo inevitable: su triunfo. Estaba mofándose de ser el mejor.

No soportaba ver eso.

En un movimiento sorpresa, Nico desarmó nuevamente a Jared, pero él era un buen luchador cuerpo a cuerpo también, solo le bastó con golpearlo en el estómago, tomó a Leo por la espalda y lo tumbó. Este se levantó lo más rápido que pudo, le dio una estocada en el brazo, haciéndolo sangrar. Ahora tenían una ventaja sobre él, esperaba que fuera suficiente.

Jared lo golpeó fuertemente en sus costillas que podría jurar le sacó una lagrima. No soportaba verlos todos magullados.

Me incorporé de golpe, lista para parar todo esto. Percy se aferró a mi mano y me hizo sentar nuevamente.

-Siéntate, han pasado cosas peores, esto aún no acaba. – susurró tenso como estatua.

-Tienes que estar bromeando, ya no pueden. Hay que parar esta masacre. ¡Los va a matar!

-Siéntate – sentenció, con voz que no daba lugar a replica.

A pesar de que Jared se encontraba herido, aún estaba con ventaja sobre los chicos. Nico era el único que tenía una espada aun. Jared estaba desarmado, pero su fuerza era demoledora, esquivaba con maestría cada uno de los tajos que Nico le dirigía, y los golpes de Leo no parecían causarle mucho daño.

Tomó la empuñadura de la espada de Nico y se la quitó, lo golpeó con esta en el rostro y este cayó de espaldas, la sangre empezó a brotar de su nariz y su labio inferior. Jared volteó rápidamente y golpeó a Leo en las piernas, se balanceó y remató con un golpe en la espalda. Leo cayó.

-Si bien recuerdo la reglas – decía Jared con voz divertida –, el duelo acaba cuando los contrincantes están desarmados. He ganado.

Percy se tensó a mi lado. Yo solo tenía ojos para las masas de extremidades retorcidas y ensangrentadas que eran mis amigos en estos momentos.

Me levante sin importarme lo que estaba diciendo Jared acerca de ser el mejor y no sé qué tanto más decía, regodeándose. Entre a la arena de un salto y corrí hacia los chicos.

El más cercano era Nico, le ayudé a incorporarse y lo dejé apoyarse en mi hombro. Lo llevé y ayudé a sentarse y regresé rápidamente por Leo. Estaba con el rostro en el suelo. Lo levanté y fue cojeando hasta donde había dejado a Nico.

Jared se acercó a mí.

-Nos vemos mañana, preciosa. Te veo a las nueve.

-Estás loco si crees que voy a ir contigo después de lo que les hiciste.

-Loco o no, tienes que hacerlo, un trato es un trato – me guiñó un ojo –. Por respeto a ti no los hice papilla, pero ya viste que no tienen nada de especial sin sus habilidades de papi. – dio media vuelta y se fue.

Regresé mi atención hacia los chicos.

-Lo siento. – se disculparon los pobres, haciéndome sentir peor.

-No fue su culpa, chicos. Fui yo y mi bocota lo que los metió en esto. Miren como los dejaron.

El rostro de Nico estaba manchado de sangre, con restos de sudor, su ropa hecha jirones, sus pantalones negros estaban percudidos y rotos en las rodillas, sus cabellos enmarañados y su mejilla se estaba hinchando. Leo, por su parte, no estaba mejor, sus cabellos estaban húmedos a causa del sudor, tenía pequeños cortes en sus brazos y se estaban formando moretones en su cuello y mejillas.

-¡¿Pero qué demonios?! Confié en ustedes dos.

-Percy, basta. No es el momento, no fue culpa suya. ¿Acaso no vez cómo están?

-Pudieron haberlo hecho mejor que esto.

-No, no podían. Nadie podía. Déjalos en paz.

-¿Ahora los defiendes?

-No hay nada que defender. No fue su culpa, fue mía. Enójate conmigo.

-Por supuesto que estoy enojado contigo.

-Bien, ahora voy a llevarlos a la enfermería, puedes ayudarme o apártate, y no estorbes. – Nos reñimos con la mirada hasta que tomó a Leo y lo ayudó a caminar.

Yo me encargué de Nico que era más pequeño y ligero.

Nico trataba de no apoyar todo su peso en mí, pero eso solo le provocaba más dolor.

-No estás tan pesado – susurré –, anda recárgate.

Él negó con la cabeza.

-Recárgate – dije otra vez, esta vez, él cedió.

Llegamos a la enfermería y me acerqué unos cuencos con agua. Pasé un paño mojado por el rostro de Nico. Los restos de sangre hacían las heridas más graves de lo que eran realmente. Su labio estaba partido y su nariz estaba ligeramente inflamada.

-Tienes suerte, no está rota.

-Eso ya es algo. – masculló.

Seguí limpiando y podía sentir sus ojos fijos en mi rostro. Mordí mi labio. Me hacía sentir nerviosa su escrutinio. Terminé de limpiar su rostro y pasé a los pequeños cortes de sus brazos.

-No es tan grave. Tu aspecto lo agravaba todo.

-¿Gracias? – dijo divertido.

-Sabes a lo que me refiero. Sanarás en unos días.

-Eso espero, me duele el cuerpo entero.

-Lo lamento. Es mi culpa.

-No fue tu culpa, bueno, en parte sí, eres muy impulsiva, pero alguien debió detenerte, así que se podría decir que estamos a mano. – me sonrió.

Fui a buscar un poco de néctar para que se recuperara y encontré a Percy y Leo. Leo tenía un mejor aspecto. Sus cortes estaban limpios y ya no quedaban rastros de sudor. Aun cojeaba al caminar.

-¿Cómo te sientes?

-Como si me hubiera atropellado un camión – sonrió –, aunque he estado peor. Nada de qué preocuparse. ¿Cómo esta Nico?

-Se recuperará. Voy a llevarle néctar.

Me siguieron a su compartimiento. Abrí la cortina y Nico se estaba inspeccionando los moretones de sus costillas, estaban de un tono entre verdoso y azulado, y eran enormes. Dirigió su mirada hacia nosotros y yo aparte la mirada ruborizada.

-Toma – le extendí el vaso – tómalo todo.

-Chicos – interrumpió Percy, suspirando –. No fue su culpa, lamento haberme descargado con ustedes.

-Entendemos, Percy, es tu hermana después de todo.

-Aun así, no he dejado de tratar de apartarlos de ella. Supongo que no me fiaba de ustedes para eso.

-Percy… - susurré roja como tomatito – ya cállate.

-Te molestas si los regaño, te molestas si los halago. ¿Quién te entiende mujer?

-No me molesté, pero… solo… cállate. – Los tres me observaban expectantes. – Me tengo que ir, tengo cosas que hacer.

Prácticamente salí corriendo de la enfermería. Tropecé con mis propios pies con la urgencia que tenia de salir de ahí.

Encontré a las chicas debajo de un árbol, escapando del sol.

-¿Cómo están los chicos? – preguntó Bárbara.

-Han estado mejor, pero sobrevivirán.

-Pudo haber sido peor – comentó Annabeth –. Al menos se contuvo, Jared, quiero decir, salieron ilesos.

-¿A eso le llamas ilesos? – Me enojé – ¡Están hechos polvo!

-Annabeth tiene razón, Monse – intervino Piper –. Jared no es la clase de persona que muestre clemencia a sus rivales.

-Mira el lado bueno – dijo Thalía –, salieron con el cuerpo completo, eso ya es algo.

-¡Oh, sí! Porque las heridas y moretones son nimiedades.

-Bueno, no nimiedades, pero se pondrán bien en cuestión de días. No seas pesada. – sentenció Bárbara.

-¿Y qué usaras mañana? – preguntó Piper, dejándome boquiabierta. ¿Quién pensaba en eso cuando mis amigos estaban más magullados que balón de futbol?

-Nada.

-Pues, si vas desnuda, no creo que te quites a Jared de encima pronto.

-¡Bárbara, no me refería a eso! ¡Obviamente no voy a ir desnuda! – dije escandalizada. Las chicas solo rieron.

-¿Quién va a ir desnuda a dónde? – preguntó Leo a mis espaldas.

-Monse, a su cita con Jared. – contestó Bárbara, sin pudor alguno.

Nico, Percy y Leo, se quedaron boquiabiertos.

Las chicas solo rieron y yo sentí mi rostro caliente.

-No es lo que parece. – dije con voz ahogada.

-¿No pensarás ir, cierto? – preguntó Percy.

-No quiero.

-Pero debe – dijo Thalía –. Mira, a mí me emociona tanto como a ti, pero lo juró, y desgraciadamente, Jared ganó justamente.

Nico y Leo bajaron la mirada.

-Puedes seguirme esta vez – ofrecí a Percy como premio de consolación –. Te doy permiso de que me sigas esta vez.

-No es mala idea…

-Pero no iras, Percy. Ella se encargará del asunto. – zanjó Annabeth.

-¿No se supone que eres mi amiga, Annabeth?

-Sí, pero también lo conozco a él, si le das bandera blanca ahora, después no te lo quitarás de encima. Y no te atrevas a contradecirme Perseus. Piensa, ¿qué vas a hacer cuando realmente empieces a tener citas?

-Pues… yo… – dirigí una mirada a Thalía que no pasó inadvertida para todos los demás. –…yo… necesito pensar. – di media vuelta y me alejé.

Camine y antes de darme cuenta, estaba corriendo hacia la playa. ¿Qué hacer?

«Piénsalo». Había dicho Thalía. ¿Pero qué hago? Me senté en la arena, contemplando las olas.

[¡/] – ¿Qué hago?

-Pues, podrías aceptar.

-¿Y dejar todo atrás? Estas loca Monse.

-¿Dejar qué? ¿Tus amiguitos? Si bien recuerdo, los acabamos de conocer, tenemos tres semanas en este lugar. Es lo que duramos en un lugar en promedio. No sería diferente de haber dejado a Liam, o Molly, o Bobby. Sí, los extrañamos de vez en cuando, y nos preguntamos qué pasó con ellos, pero seguimos adelante. Esto no es diferente. Además, no es como si no los fuéramos a volver a ver. Vendríamos de visita.

-¿Y si nos pasa lo que dice Leo? ¿Y si después ya no los quiero?

-¿Qué sabes de querer a alguien? Nunca nos hemos quedado en un lugar lo suficiente para encariñarnos con alguien, Monse. Eso era suicidio.

-Pero…

-¿Pero qué? Ni siquiera los conocemos lo suficiente. No confían en nosotras. ¿Por qué Annabeth se cuela por las noches a nuestra cabaña? ¿Por qué Percy se molesta cada vez que le preguntas por lo que pasó con él el año anterior? ¿Por qué nadie te quiere decir nada? ¿Por qué se molestó contigo "por no haber llegado cuando te necesitaban"?

-Pero…

-No confían en nosotras, bueno en mí, somos la misma persona. Pero aun así.

-No quiero dejarlos, no quiero irme.

-¿Pero, qué podemos hacer?

-Los voy a extrañar.

-¿Qué vamos a hacer?

-No sé. No sé qué hacer.

-Yo te diré, haremos lo segundo que hacemos mejor. Buscar en los escombros.

-¿Buscar en los escombros? ¿De qué nos va a servir esta vez?

-Para ser tu conciencia, a veces, creo que soy más rápida que tú. Primero investigamos todo. ¿Qué es lo que nos ocultan? Si no confían en nosotras, ¿para qué seguir aquí? Haremos lo que mejor sabemos hacer, irnos sin ver atrás.

-¿Y Nico y Leo?

-Si son nuestros amigos, lo comprenderán.

-No los quiero dejar. Los quie…

-No, no los podemos querer, Monse. No podemos querer. No podemos depender de nadie. ¿No hemos aprendido nada todos estos años?

-Ya no quiero vivir así.

-No tenemos otra opción. Es lo que nos tocó. No todos podemos tener la familia feliz, ¿recuerdas? Encariñarte es debilidad. ¿Qué pasó con Betty?

-Ella fue la única que nos tendió la mano cuando nadie más lo hizo. Estamos vivas gracias a ella.

-Y de que nos sirvió después. Ella se fue, ¿y qué pasó con nosotras? Quedamos destrozadas. ¿Estamos listas para pasar por eso, otra vez?

-¿Qué hay de Percy?

-No confía en nosotras. Nos ocultan algo, y lo sabes.

-Es mi hermano.

- Lo seguiríamos viendo. Él entenderá, sabe que no tenemos nada. No podemos esperar que nos solucione la vida. Él tiene su propia vida por la que preocuparse, nunca hemos sido de las que se dejan cuidar, no podemos ser egoístas. ¿Qué va a pasar con nosotras? No podemos quedarnos aquí para siempre, no tendremos trece años por siempre. Creceremos, ¿y qué haremos?, no sabemos hacer nada más que robar y golpear. ¿Estamos dispuestas a volver a la calle? Esta es nuestra oportunidad, ¿por qué no tomarla? [/¡]

-¿Monse? – dijo una voz a mis espaldas.

Alce la vista y note que había anochecido, hacia frio, bastante frio. El cielo estaba nublado, una tormenta se asomaba por el horizonte, me sentí culpable.

-¿Qué pasa Bárbara?

-Te estuvimos buscando. – se sentó a mi lado sin esperar invitación –. Se lo de Thalía.

-Oh… - ¿Qué decía? «Si, pienso ser egoísta y marcharme sin mirar atrás, por un capricho»

-¿Piensas unirte?

-No sé.

-Yo no me uní.

-¿Te invitaron?

-Ignoraré tu voz insultantemente incrédula. Pero sí, Thalía me invitó una vez, no tenía mucho que había llegado al campamento.

-¿Por qué no aceptaste?

-No dejaría a mi hermano solo. Peleamos, nos gritamos, nos golpeamos, y Zeus sabe que a veces lo único que quiero hacer es ahorcarlo, pero… uno no escoge a la familia. Él fue el que me defendió en la escuela de los demás niños, el que me salvo la vida varias veces cada vez que nos encontrábamos con un monstruo. No podía simplemente decirle: "Bueno, esto es todo, me largo con una pandilla de chicas"

-Yo no tengo eso. - susurré

-Chica, estas ciega. Por supuesto que lo tienes. Percy hace lo que puede, pero entiéndelo, antes de ti estaba solo. No esperaba tener hermanos, no de tu edad, al menos. Están construyendo recuerdos.

Nos quedamos viendo el oleaje unos minutos más hasta que nos fuimos a cenar.

Cuando llegamos a los comedores, me dirigí a mi mesa sin mirar a nadie más. Percy se sentó a mi lado inmediatamente.

-Hablé con Bárbara.

-¿Qué no sabe mantener su bocota cerrada? – me quejé. El soltó una risilla.

-Eres mi hermana.

-Lo sé…

-Déjame terminar – dijo alzando una mano – Eres mi hermana y tienes miedo, es por eso que te quieres ir, no has tenido a nadie que cuide de ti, de repente aparecemos nosotros y te da miedo que así como aparecimos nos vayamos, entiendo. Annabeth lo explicó así.

-Creo que nunca te había escuchado hablar así.

-Nunca había hablado así, pero tú vales la pena, Monse. Las cazadoras no son la solución a tus problemas. No te prometo que va a ser fácil, pero nos ayudaremos. Si te sirve de consuelo, también me costó aceptar a Tyson, me sentía incómodo cuando me entere que éramos hermanos. Así que no eres tú, supongo que soy yo. – Sonrío – ¿Qué dices? Prometo dejarte limpiar el cuarto.

-Eres un tonto, ¿sabías? – dije riendo.

-Sí, Annabeth lo dice a seguido. – entonces recordé mi platica conmigo misma en la playa.

-Percy… ¿me vas a decir que es lo que te pasó en la última misión a la que fuiste? – sentí como se ponía rígido a mi lado, su buen humor desaparecía y la dulce voz comprensiva fue remplazada por una dura y fría.

-No es algo de lo que me guste hablar.

-Pero yo…

-Dije que no, Monse. Tal vez, con el tiempo te hable de ello, pero no ahora.

-Está bien. – accedí en voz queda, pero no me iba a rendir tan fácil.

La noche pasó rápidamente. Percy y yo no volvimos a hablar del tema de las cazadoras, mis dudas permanecían latentes, esperando ser saciadas.

Evitaba a Nico y Leo, me hacían sentir que los traicionaba al pensar en unirme a Thalía.

La mañana llegó, y con ella, la hora de pagar lo prometido. Jared pasaría por mí a las 9:00 a.m. y yo no podía imaginar peor castigo que eso.

Desperté y Percy ya estaba levantado. Tocaron la puerta y yo realmente esperaba que no fuera Jared. Para mi grata sorpresa, era Piper y Bárbara.

-Buenos días. – canturreo Bárbara.

-Buenos días. – contesté a cambio.

-Bueno, bueno, a lo que vinimos, te vamos a ayudar a arreglarte.

-¿Para qué? – pregunté.

-Es tu primera cita, Monse, no pensaras ir en ropa vieja.

-Pues la verdad es que sí – contesté, haciendo reír a Percy y Piper –. No es la gran cosa, es Jared.

-La primera cita no se olvida nunca. – insistió.

-Pues, yo realmente espero poder olvidar esta. – Bárbara bufó.

-Le quitas la diversión a todo.

-Mira, Jared ni siquiera me agrada, no me voy a arreglar para él.

-No era para él para el que te íbamos a arreglar. –murmuró Piper.

-¿Entonces para quién? – cuestioné.

-Sí, ¿para quién? – secundó Percy.

-Alguien. – contestó simplemente Bárbara.

-¿Qué te vas a poner? – preguntó Piper.

-No sé, un pantalón y la playera del campamento. – dije sonriente.

-Nunca usas la playera del campamento. – me acusó Bárbara, entrecerrando sus ojos azules.

-Nunca vienes a cuestionar mi ropa por las mañanas.

-Porque Afrodita te manda ropa asombrosa, pero hoy es especial.

-No, no lo es, simplemente pasaré el día con mi acosador – me estremecí – no es algo que me emocione mucho.

-Dímelo a mí – se quejó Bárbara – aposte diez dracmas a que Nico y Leo ganaban, Marco no me dejará olvidarlo nunca.

-No debiste apostar.

-Pensé que tenían una oportunidad, eran dos contra uno. ¿Cuáles eran las probabilidades? – chasqueó la lengua – Esos dos, les haré pagar por eso.

-Ay, Bárbara… no tienes remedio – me dirigí a mi cajón.

Abrí para sacar un pantalón y encontré un vestido blanco floreado en la parte baja.

-¡Qué bonito! – Exclamó Bárbara a mis espaldas – Se te verá divino.

-Ni lo sueñes, no me lo voy a poner. No hoy.

-Pero esta precioso.

-No me importa, no lo usaré. – hice a un lado el vestido.

Tomé un pantalón viejo, una playera del campamento que me quedaba bastante grande (era una herencia de Percy) y cerré el cajón.

Fui al baño y me vestí.

El efecto de la playera era gracioso en mi cuerpo, era bastante bajita, por lo que me la playera hacia función de vestido, los pantalones, aunque eran algo más ceñidos al cuerpo, quedaban ocultos en la tela de la playera. Calcé mis zapatos (los más feos y viejos que encontré) y salí.

Percy se miraba complacido.

-Vaya, hasta que vistes como debe ser… toda cubierta.

-No es como si me paseara desnuda, ¿sabes?

-No, pero, tampoco debes pasearte en short. – rodó los ojos.

Salimos de la cabaña y fuimos a los comedores. Estaba por preguntarle a Percy nuevamente por su último año, cuando me llamaron.

-¡Monse! ¡Monse! ¡MONSE! – giramos para encontrarme a mi infierno personal.

Jared iba vestido con unos pantalones de mezclilla, una camisa negra y llevaba el cabello cobrizo despeinado, dándole un efecto casual.

-Jared – salude con la voz más fría que encontré. Percy lo fulminó con la mirada.

-No seas así, preciosa.

-No la llames así.

-Jackson, no sé tú, pero gané un día con ella, así que piérdete.

-Tienes suerte de que hayan sido ellos y no yo el que haya estado con ella ese día.

-Como sea, hoy, mi tiempo es oro, así adiós – tomó mi mano y a arrastro hacia el comedor – Ah, por cierto – dijo sobre su hombro –, no quiero encontrarlos a ti o a los demás siguiéndonos. – sin nada más que decir, volvimos a caminar, dejando a Percy detrás de nosotros.

Para mi gran sorpresa, pasar el día con Jared no fue tan malo. No digo que fuera el mejor día de mi vida, pero el chico trataba de ser agradable.

Me contó acerca de su niñez, resulta que teníamos más en común de lo que creía. Había escapado de casa a los diez años, a los once había llegado al campamento. Un sátiro lo había encontrado y llevado a salvo.

Por la tarde habíamos ido a pasear, y me asombré cuando me di cuenta de que estaba riendo con él. Estaba pasando si no un lindo día, al menos, no era tan malo como pensaba. Jared trataba de no hacer sus comentarios de brabucón, ni se comportaba como el idiota que pensaba que era.

Cuando estábamos camino al lago, encontramos a Nico y Leo, estaban tumbados en el pasto, riendo por algo. Interrumpieron sus risas cuando nos escucharon aproximarnos a ellos.

Me sentí culpable, aquí estaba yo, riendo con el chico que había molido a mis amigos. Jared pasó su mano por mi cintura y me jaló, haciendo que siguiera caminando a un lado de él. Les dirigí una mirada de disculpa a los chicos y alcé mi mano en un pequeño saludo… que no contestaron.

Cuando estábamos en la canoa (sí, el maldito consiguió su paseo en canoa) ya iba a ser la hora de cenar, había empezado a refrescar y la playera era muy delgada. Jared, en un acto inverosímil, me había ofrecido su chaqueta, la cual rechacé varias veces… hasta que el frío me hizo titiritar.

Cuando regresamos al pequeño muellecito, Jared me ayudó a bajar de la canoa. Tomó mi mano y empezamos a caminar hacia los comedores. Me sentía incomoda estando en contacto directo con él. Su mano era áspera y fuerte. No se sentía bien. No sentía la comodidad que sentía cuando Leo me abrazaba, o la familiaridad que sentía cuando ocasionalmente Nico tomaba mi mano.

Tomé el camino para llegar lo más rápido a los comedores cuando Jared me jaló y me llevó al borde del bosque.

-¿A dónde vamos?

-Solo quiero decirte algo. – murmuró.

-¿Aquí? ¿Qué es tan importante? Pudiste habérmelo dicho hace rato – digo con una sonrisa para disimular mis nervios.

-Me gustas – suelta de golpe, borrando mi sonrisa por completo –, creo que hoy te demostré que puedo ser normal también, así que creo que deberíamos besarnos.

Me quede helada, sentí como la sangre abandonaba mi rostro. Me sentí mareada, con la boca seca, y sentí una gota de sudor frio brotando de mi frente. Sabía lo que era esa sensación de vacío y pesadez en mi estómago, la había experimentado varias veces en mi vida. Pánico.

Nunca había besado en mi vida, es más, nunca me había planteado el besar a alguien en mi vida. Jared se empezó a acercar peligrosamente a mí. ¿Realmente quería que mi primer beso fuera con un chico que acababa de conocer, y que no dejaba de molestar a mis amigos? Estaba a centímetros de mi rostro, sentía su calor corporal cerca de mí.

[¡/] – Aléjalo.

-No me puedo mover.

-¡No lo beses! ¿Qué hay de Artemisa, no nos aceptará?

-Creí que no nos vamos a enlistar.

-Hay que tener siempre opciones.

-No me voy a enlistar.

-¿Lo vamos a besar? No quiero.

-Yo tampoco.

-Qué asco, se acaba de chupar sus asquerosos labios. [/!]

Reaccioné en el último instante. Giré el rostro y sentí sus labios húmedos en la mejilla derecha. Se alejó.

-Bésame. – exigió.

-No quiero.

-Bésame.

-No.

Tomó mi rostro entre sus manazas. Me acorralo contra un árbol, sentí mi pulso cardiaco acelerarse en una carrera loca.

-No quiero – empecé a empujar su pecho, golpeaba lo que alcanzaba –. Voy a gritar.

-No te escucharán, estamos retirados.

Se empezó a acercar, su boca se encontraba peligrosamente cerca de la mía. Se me revolvió el estómago, sentía ganas de vomitar. Me retorcía entre sus manos, pero su agarre era férreo.

-No quiero.

Sentí su aliento acariciar mi rostro.

[¡/] - ¡GOLPEALO!

-Es más fácil decirlo que hacerlo.

-¡GOLPEALO! [/!]

Solté mi mano, tome impulso en la base de mi palma y golpee hacia arriba. Tendría suerte si no terminaba con la nariz incrustada en el cerebro por la fuerza con la que golpeé.

-¡MALDITA! – Gritó mientras se tocaba la nariz, de la cual brotaban chorros de sangre - ¡Me rompiste la nariz!

Mi respiración era entrecortada. Tenía que salir de aquí antes de que me hiciera algo. Di media vuelta y salí corriendo como si de ello dependiera mi vida (que tal vez, era mi caso, ese chico daba miedo).

Tanta era mi prisa por salir que tropecé con una roca. Alcancé a meter las manos, pero mis rodillas no corrieron la misma suerte. Llegué a los comedores, debía tener una mirada enloquecida porque Percy se acercó rápidamente.

-¿Qué pasó? ¿Estás bien? – aún tenía la imagen de Jared sangrando, con la nariz torcida y su camisa empapándose de sangre.

Asentí.

-Jared tiene la nariz rota. – sollocé.

-¿Qué le pasó? ¿Tu estas bien?

-Yo se la rompí.

-¿Por qué? – sus ojos casi se salen de sus cuencas.

-Trató de besarme a la fuerza – murmuré –, yo no quería. Me acorraló y lo golpeé. Le quebré la nariz, casi se la reacomodo en el cerebro.

Percy me abrazó y empezó a reír.

-Debiste golpear con ganas, ¿eh?

-No es gracioso, Percy. Le hice daño.

-No debió meterse contigo. Ahora sabe que no eres una niña indefensa. – Me dejó sollozar en su pecho hasta que me tranquilizo un poco –. Anda, vamos a cenar.

-¿No deberíamos ir a ver si está bien?

-No, no debió propasarse contigo, que lo atiendan sus hermanos.

Tomó mi brazo y caminamos a nuestra mesa. Me quitó la chaqueta de Jared, de la cual, no estaba consiente que tenía aun. La tiró me pasó la suya.

Dimos ofrendas, cenamos y conversamos un poco. Los demás estaban en sus mesas, pero buscaba a Nico y Leo entre el mar de cabezas. Bárbara platicaba amenamente con Marco (que ya había salido de la enfermería), Piper platicaba con un chico de su cabaña y Annabeth estaba con Malcolm, absortos en un pergamino.

No los encontré por ningún lado. A lo mejor, no querían hablarme. No los culparía.

Caminamos rumbo a la fogata con Annabeth que hablaba acerca de planos para santuarios y reconstrucciones, no preste atención.

Llegamos a un lugar cercano y divise a los chicos sentados uno al lado del otro. Me ignoraron por completo.

-Hola chicos. – salude, sentándome a su lado.

Nada. No voltearon a verme siquiera.

-¿Chicos? – Agité una mano frente a ellos – ¿No me van a hablar ya? – pregunté y la voz me tembló ligeramente.

-¿Qué, Jared te ha dejado libre ya? – dijo Nico, con voz dura.

-¿Qué tiene que ver Jared en todo esto?

-¿Que qué tiene que ver? – Decía Nico – Tienes una cita con él y nos ignoras, y ahora que estás sola vienes a vernos – bufó –. Pues sí que sabes demostrar lo mal que te sentías.

-Nico… - intervino Leo.

-¿Crees que yo quería pasar mi día con él? Porque si es así no me conoces en absoluto. – contesté.

-Pues no parecías muy afligida cuando reías y te dejabas abrazar por él.

-Tú me ignoraste. Te saludé y me ignoraste. – me di cuenta que me molestaba que me hubiera ignorado, especialmente él.

-¿Y qué querías que hiciera? Él te tenia ceñida a él y yo no podía hacer nada.

-Chicos… – decía Leo

-¡Pues ignorarme no fue la solución!

-¡Pues el dejar que él te abrazara tampoco!

-¡Chicos! – Gritó, haciéndonos callar – Dejen de pelear.

-Él empezó.

-No me importa, él tiene razón. Lo apoyo. – sentenció Leo.

-Bien. Hagan lo que quieran. – me levanté.

Jared entró al círculo de mestizos con la nariz parchada.

-¿Qué le pasó? – pregunto Nico.

-Lo golpeé. – dije enojada.

-¿Por qué?

-¿Ahora te importa? – Dije de forma despectiva – Pues ahora yo no quiero hablar de ello.

Me senté a un lado de Annabeth.

-¿Qué pasa? Tienes un humor de perros.

-Esos dos me estresa. ¿Por qué se tienen que poner tan pesados?

-Se preocupan por ti, eso es todo.

-¡Pues vaya forma de demostrarlo! Non hacen más que hacerme enojar. – Annabeth soltó una risilla – ¡No te rías!

-Lo siento, es solo que, creo que están sobre reaccionando, eso es todo. A veces los hombres pueden ser muy ciegos.

-¿Y eso qué quiere decir?

-Nada, Monse, nada. – enarqué una ceja.

-A veces eres muy rara.

-Pero siempre tengo la razón. Recuerda eso. – dijo sonriéndome.

Estaba viendo las llamas de la fogata, tratando de distraerme de mi enojo con los chicos. Eran tan estúpidos. ¿Cómo podían pensar que prefería pasar mi día con Jared que con ellos? Pero había algo más apremiante que mi enojo, y eso era mi curiosidad.

-Annabeth, ¿te puedo preguntar algo?

-Ya lo estás haciendo. – contestó sonriendo, animándome a continuar.

-¿Qué es lo que pasó exactamente con Percy el último año? – su sonrisa se fue borrando poco a poco, y su mirada perdió ese brillo peculiar que hacía que sus ojos no fueran intimidantes.

-No es algo de lo que nos guste hablar – contestó tensa –. Solo no vuelvas a preguntar. Hay cosas que no puedes saber.

-¿Qué cosas?

-Monse – dijo Leo en voz queda. Lo ignoré. Miré a Annabeth, pero esta ya se iba.

-¡Annabeth! – grité. Me levanté dispuesta a seguirla, pero la mano de Nico en mi muñeca me detuvo. – Suéltame.

Jalé mi mano de un tirón.

-Monse, escuchamos lo que pasó con Jared – decía Leo que parecía abochornado.

-¿Y?

-¿Te hizo daño? – preguntó Nico.

-No creo que sea de su incumbencia.

-No seas así. – se defendió Leo.

-¿Así cómo? Ustedes son los que se pusieron en su plan "ignoremos a Monse". ¿Enserio creían que prefería pasar la tarde con él que con ustedes? Porque si es así, son unos idiotas.

-Sí, somos unos idiotas – coincidió Nico – pero que querías que pensara, te dejaste hacer por él.

-Estaba siendo agradable… al menos, no se comportó como un idiota…. Hasta hace rato.

-Sí, respecto a eso – dijo Leo con su sonrisa torcida –, debes enseñarme a hacer eso. Le reordenaste las ideas.

Los miré con los ojos entrecerrados.

-No te enojes. – dijo Nico, poniendo ojitos de cachorrito abandonado.

-No va a funcionar esta vez. – sentencie.

-Por favor, peque. Todos cometemos errores.

-Pero da la casualidad, que ustedes son los únicos que me hacen sentir mal con sus errores. – solté de golpe.

-Monse, no lo volveremos a hacer. – dijo Nico.

Ambos chicos pusieron carita de niño regañado. ¿Cómo es que siempre se salían con la suya?

[¡/] – Oh, vamos chica, te mueres por perdonarlos.

-Pensé que eras tú la que decía que no debíamos encariñarnos.

-Si nos vamos a quedar, ¿qué más da?

-Eres muy contradictoria, ¿sabes?

-Soy tu cariño.

-Lo sé, soy la que te tiene en la cabeza.

-Estas tardando en contestar… se van a preguntar si eres mentalmente capaz. Recuerda lo que nos pasó con Apolo.

-Oh, Apolo…

-¡ESO SÍ ES UN HOMBRE!

-No empieces. [/¡]

-Monse… Te vas, peque.

-No me voy, Leo.

-Sí, sé que soy guapo y todo, pero no es necesario que te quedes admirándome.

-Tienes un ego enorme, ¿sabías eso?

-Sí, pero prefiero llamarlo amor propio.

-Cállate Valdez. – dijo Nico.

-¿Qué? Yo me quiero.

-Yo también los quiero chicos. – solté sin pensar. Abrí mis ojos hasta lo imposible cuando me di cuenta de lo que había hecho.

-¡Oh, la peque nos quiere! – exclamó Leo con una sonrisa imposible.

-Cállate. – ordené en voz baja.

-Nosotros también te queremos – contestó Nico a cambio, sonriéndome con un brillo fugaz en sus ojos castaños –. Al menos yo, no sé Leo. ¿Te queda amor para dar que no sea a ti mismo, Leo?

-ja ja ja, que graciosito. Es imposible no querer a esta chiquilla. Nos mete en problemas en un dos por tres. ¿Qué es la vida sin un poco de adrenalina? ¿No te dije esa mañana que la salvamos de convertirse en una bocadillo para Peleo que era una amenaza? Pero recuerda, las amenazas siempre son buenas. – dijo guiñándome el ojo.

-¿Gracias?

-De nada.

-¿Cómo es que consiguen que los perdone tan fácilmente?

-Porque nos quieres. – contesto Leo, levantando la cejas.

Negué con la cabeza.

-Son imposibles.

-Así nos quieres. – recordó Nico, con una enorme sonrisa.

-No me dejarán olvidarlo, ¿verdad?

Voltearon a verse entre sí, después a mí, se encogieron de hombros.

-No. –contestaron simplemente.

Supongo que tendría que acostumbrarme a ello.

…..

Llegué a la cabaña y escuche voces dentro. Eran Percy y Annabeth.

-¿Le vas a decir? – preguntó la rubia.

-No quiero… no puedo.

-Algún día se va a enterar.

-Pero no pronto. No puedo hablar de ello. La acabo de conocer, no es como si pudiera decirle eso en el desayuno. "Hey, me pasas los huevos, por cierto, el año pasado yo y Annabeth fuimos…" – su voz se quebró y Annabeth sollozó.

-Percy, no te digo que se lo cuentes hoy, pero ella no es tonta, sabe que le ocultas algo.

-Sé que no es tonta, pero no puedo hablar de eso, no ahora. No cuando todo esta tan reciente, tiene meses que acabamos de llegar. No me siento listo para afrontar el mundo exterior aun.

-Habla con ella, seguro entenderá, con el tiempo se resignará.

Las voces se sentían cada vez más cercanas. Se acervan a la puerta. Salte por el barandal, cayendo en los arbustos y reprimí un gemido. Vi la silueta de Annabeth alejándose y Percy cerrando la puerta detrás de ellos. Me aseguré de que ya no estuvieran cerca y salí de entre los arbustos.

Entre a la cabaña corriendo, me cambié y me metí a la cama. No podría pretender que no había escuchado su plática si entraba en esos momentos.

Minutos después entro a la cabaña. Me hice la dormida. Él suspiró, apagó las luces y se durmió.

Yo me quede pensando, pensando en mis dudas latiendo bajo la superficie. No sabía que les había sucedido a Percy y Annabeth, pero ellos no parecían dispuesto a contarme. Si bien era porque no confiaban en mí, también era porque no se sentía "listo para afrontar el mundo exterior".

Pensando en todo esto me dejé arrastrar hacia la inconciencia. Mis dudas habían hecho mis sueños más retorcidos.

Me asechaban, las voces me hacían sentir pequeña e indefensa. ¿Por qué no paraba todo esto? Solo quería dormir. No es como si hiciera nada malo.

La mañana llegó, desayunamos y bajamos a la playa.

Esta vez sí noté un pequeño avance. No veía como el crear tormentas fuera de ayuda, de hecho, era inútil, pero Percy insistía en que era algo genial. Sé que solo lo dijo para no hacerme sentir mal.

No le quería preguntar lo que punzaba en mi lengua por salir, tenía miedo de hacerlo enojar. Me mordí la lengua en más de una ocasión.

-Percy…– me arrepentí, tal vez, si me estaba siendo realmente pesada – nada, solo te quería decir que iba a ir con los chicos al lago.

-¿Desde cuándo me avisas lo que vas a hacer?

-No sé. Supongo que esta soy yo dejando que me cuides – sonrío –, pero no exageres, no seré tan comprensible cuando metas la pata. – rio.

-Está bien, que te diviertas.

Fui al lago y los chicos ya estaban esperándome. Estaban tumbados a la orilla del lago, remojando sus pies.

-Hey. – salude.

-Hey. – contestaron.

-¿Qué tal el adiestramiento?

-No soy perro, Nico. Pero estuvo bien, me estresé menos. Hice que el día se nublara.

-Eso es un avance – dijo Leo –. Antes dabas asco. Percy te tuvo mucha paciencia.

-Gracias, eso me sube el ánimo. – dije irónicamente.

-Cuando quieras.

-Recuérdenme porque somos amigos.

-Porque somos perfectos, solo piénsalo. Somos atractivos, graciosos, valientes, salvamos el mundo, y, si a eso le agregas que somos parte divinos… bueno, el mundo no es justo para los demás. – contestó Leo, quitándole hierro al asunto.

-Sí, viéndolo de ese modo, sí, somos asombrosos. – aportó Nico.

-Me pregunto cómo es que caben ustedes y su ego en sus camas por las noches.

-Ya comprobaste – decía Leo con voz sugerente – que mi cama es grande peque. – noté como Nico apretaba ligeramente los puños a sus costados.

-Y cómoda – contesté –. Él aburrido fuiste tú, me abandonaste por tus videojuegos.

-Peque, los videojuegos son videojuegos. Con eso no se juega, es un arte.

-Pues, tú arte, hizo que me quedara dormida.

Empezaron a hablar de cosas sin sentido y note que Nico se relajó gradualmente. Me quede viendo las nubes. Leo se encontraba a mi izquierda y Nico a mi derecha. Deje de prestarles atención y me concentre en lo que haría ahora. Una parte de mi (la voz molesta que me indicaba que estaba mentalmente desequilibrada), me decía que siguiera presionando hasta que encontrara a alguien que me dijera más acerca del chico que era mi hermano, pero, otra parte de mí, me decía que dejara el tema por la paz, que cuando fuera el momento, Percy se abrirías y me contario él mismo lo que había pasado… aunque dudaba que ese día llegara.

Tan sumida había estado en mis pensamientos, que no me había dado cuenta de que los chicos estaban en silencio, esperando una respuesta a una pregunta que no había escuchado.

-Parece que alguien esta pensativa hoy. – comento Nico.

-¿Pensativa? – Decía Leo – Creo que veo el humo salir de sus orejas, se le quema el cerebro.

Los ignoré.

-Oh, vamos, no te enojes. – se apresuró de decir Nico.

-¿Puedo preguntarles algo? – contesté a cambio.

-Seguro. – contestó Leo.

-Prometen que van a contestarme con la verdad.

-Prometo tratar de contestarte lo más exacto que pueda. – dijo Leo en una respuesta inteligente.

-¿Qué les pasó a Annabeth y Percy el año pasado?

Los chicos tuvieron la misma reacción que todos a los que les preguntaba lo mismo. Se cuerpo se tensó, abrieron los ojos de golpe y pude notar la incertidumbre asomarse en sus ojos.

-¿Cómo sabes que "algo les pasó"?

-Solo lo sé.

-No creo que seamos los indicados para hablar sobre eso – contestó Nico con voz trémula –. Dimos nuestra palabra de no hablar del tema.

-Lo prometieron. – les recordé.

-Y te dije que te contestaría con la mayor exactitud posible, pero esto no es algo de lo que debamos hablar nosotros. – zanjó Leo.

-Solo quiero saber por qué Annabeth se cuela por las noches a la cabaña y terminan llorando juntos. ¿Por qué Percy se tensa cuando le pregunto por su última misión?

-Debes entender, que hay cosas que es mejor no saber, peque. Eso es un tema muy delicado, tanto para ellos, como para nosotros que los sacamos.

-¿De dónde?

-Mira – intervino Nico –, es algo que no podemos decirte nosotros, Percy te contará de ello con el tiempo. Eso es su historia, no la nuestra.

-Solo quiero saber por qué se la pasan murmurando y sollozando por las noches, tal vez pueda ayudarlo, es mi herma…

-¡¿ASÍ QUE ME ESPIAS POR LAS NOCHES?! – Gritó la voz de Percy a nuestras espaldas – ¡SABÍA QUE NO ERAS DE CONFIAR! NO PODÍA CONFIAR EN TI, MI INSTINTO ME LO DECÍA, PERO ¡NO!, NO ESCUCHE Y MIRA LO QUE PASÓ, RESULTA QUE SOLO ERES UNA CHIQUILLA QUE METE LAS NARICES DONDE NO LA LLAMAN.

-Percy – dijo Nico voz contenida –, cállate. No digas nada de lo que te vayas a arrepentir después.

-¡¿Que me calle?! ¡Ella es la que se mete en mi intimidad! ¡Es la que se metió en mi vida sin una invitación, y ¿quieres que me calle?! Debes estar bromeando. ¿Tienes idea de lo frustrante que ha sido todo esto para mí? Llegó una noche y me entero que Poseidón tuvo otra hija. Se coló en cada aspecto de mi vida y no pude hacer nada para evitarlo.

-¡Percy, cállate! – gritó Nico. – Contrólate y piensa lo que estás diciendo.

-Respira – decía Leo –. Sé que tocamos el tema que te frikea – sonrió – pero Nico tiene razón. Vas a decir algo de lo que te vas a arrepentir.

-¡No me voy a calmar! Se está metiendo en lo que no le importa. Lo que pasó no es de tu incumbencia – me señalo con su dedo –, pensé que ya lo habías comprendido. No te quiero metida en esto, es mi vida, yo decido a quien contarle mis cosas, no confío en ti para saber eso. No aun.

-¡Pues a mí ya no me importa! – Grité – ¡Si quieres pasarte todas las noches llorando y sollozando con tu novia, por mi bien! ¡Se pueden ir al carajo los dos, a mí ya no me importa nada que tenga que ver contigo!

-A mí no me hablas así, jovencita.

-¡Te hablo como se me da la gana! No eres nada mío, no somos nada, ni siquiera somos amigos, tú no confías en mí, yo no confío en ti, no sé porque me molesté tanto en saber más acerca de ti.

-Monse, cálmate. – dijo Leo en voz queda.

-No, no me voy a calmar. Sabía que me ocultabas algo, pero no sabía que me odiaras.

-No te odio. – se apresuró a decir, esta vez más calmado.

-Sabía que no debía bajar la guardia, tenía razón; no te importo, nunca te importe, simplemente hiciste lo que se suponía que tenías que hacer. Debías ser el perfecto hijo de Poseidón. Lo peor de todo es que realmente confié en ti, baje la guardia contigo y mira lo que pasó.

-Monse, no…

-No debí dejar que te acercaras, la estúpida fui yo.

Me alejé a grandes pasos, casi corriendo. Escuchaba que me llamaban, pero no me detuve a escuchar nada más.

No podía ver nada. No me di cuenta de cuando había empezado a llorar.

[/¡] – Te lo dije.

-Cállate.

-Te dije que no podíamos quedarnos, nos hubiéramos largado en cuanto pudimos.

-Cállate.

-Irónico, ¿no crees? Tan preocupadas estábamos de no encariñarnos con Nico y Leo, que no nos dimos cuenta de cuando lo hicimos con Percy.

-¿Nunca te callas?

-Soy tu conciencia, duh.

-Supongo que eso es un no.

-Supones bien cariño. ¿Quieres saber lo que opino de todo esto? Creo que el chico no proceso lo que dijo, hablo sin pensar.

-¿Ahora lo defiendes?

-No, no digo que este bien lo que dijo, pero creo que fuimos algo pesadas. ¿Cómo habríamos reaccionado si nos hubieran preguntado por lo que hicimos en Colorado? ¿Cómo nos habríamos puesto si nos preguntaban por Peter?

-Lo que pasó con Peter no fue apropósito.

-Lo que quiero decir, es que hablo impulsado por el coraje.

-No me importa, tenías razón, no estaba lista para encariñarme con alguien aun. [/¡]

-Monse – era Thalía, respire aliviada –. Monse, ¿estás bien?

-Sí – contesté, limpiando mis lágrimas – solo estaba pensando.

-¿En qué pensabas? Si se puede saber.

-En que me voy a unir a Artemisa. Acepto. Me uniré a ustedes.

Thalía me observo por varios segundos antes de contestar.

-No. No te aceptaré solo porque has peleado con el idiota de tu hermano.

-¿Cómo sabes que peleé con Percy?

-No son lo que un podría llamar discretos – contestó.

-Quiero unirme. – dije con convicción.

-Y yo te he dicho que no. Cuando arregles las cosas con él y, si sigues queriendo unirte, entonces lo harás, mientras, no.

-Escúchame…

-He dicho que no. El juramento que hacemos no es algo que se tome a la ligera, y mucho menos después de hacer un berrinche.

-No hice un berrinche.

-Tal vez, pero los dos se han comportado de la forma más inmadura posible. Tú al presionar en algo que no te incumbe, y él, al tratar de encerrarse como si eso no hubiera pasado. Los dos se han compartido como unos niñitos – me sonrío –. Habla con él. Se siente mal por lo que te dijo.

-Yo no.

-Eres muy orgullosa. El orgullo no te traerá nada bueno.

-Supongo que me arriesgaré.

-En ese caso, te deseo suerte.

Se levantó y se fue.

Esa noche no me presente a cenar. Cuando Percy llegó a la cabaña. Me hice la dormida. No quería verlo. Por la mañana, me fui antes de que él despertara, comía cuando tenía tiempo libre, Leo y Nico trataron de convencerme de hablar con él, pero solo gastaron saliva. Annabeth me miraba entre molesta y dolida; no nos hablábamos.

Era exhaustivo el tener que evitar a tu compañero de cuarto, pero no imposible. Cuando llegaba a topármelo, simplemente lo ignoraba.

Se podría decir que estaba comportándome como una chiquilla estúpida y berrinchuda, pero el haber descubierto que realmente me dolían las palabras de Percy, era reconocer lo débil que había sido ante este chico. Había deseado durante tanto tiempo una familia, que cuando tengo un hermano, me entero que solo me "cole" y "llegué sin invitación" a su vida y lo atosigaba.

Fueron tres los días en que logré evitar estar con Percy a solas. Los primeros dos días trató de buscarme, el tercer día me evitó tanto como yo lo evité a él. No lo culpaba, supongo que decirle a tu compañero de cuarto que "te vale un carajo" es motivo suficiente para que te haga la ley del hielo.

El cuarto día me presenté a la hora de comida. Me senté en mi lugar habitual (enfrente de Percy), y él no alzo la mirada. Yo no busqué su mirada. No hablamos. Comimos en un silencio sepulcral, tenso. Los días siguientes fueron iguales, solo que incluso cuando estábamos en la cabaña juntos, se sentía un silencio frio y acusador.

Ya no entrenábamos mis habilidades. Pasaba la mayor parte del día con Nico y Leo, quienes trataban de hacerme entrar en razón, diciendo que no debí contestarle así, pero después de gritarles que no se metieran en mis asuntos, desistieron de la idea.

Pasamos una semana así. A veces, el silencio era insoportable, pero no se me ocurría que decirle, no creía que con un: "Qué onda, ¿qué habrá de cenar?" se arreglara todo esto. No estaba dispuesta a disculparme, nunca en mi vida lo había hecho, y no iba a empezar ahora, menos por algo que no había hecho. Solo quería ayudarlo de la forma en que él me había ayudado a mí, pero yo si lo quería hacer desinteresadamente.

Un día martes desperté, la cabaña estaba sola, Percy se había ido. Ya no se molestaba en esperarme o en hacerme compañía como los días anteriores. Llegué al comedor y Percy ya estaba sentado. Comimos en silencio nuevamente. Ya no podía soportarlo más, tenía que hablar con él, pero no sabía cómo. No podía simplemente disculparme, él también había metido la pata el decirme todas esas cosas, que sintiera todo eso por mí, no significaba que tenía que echarme en cara que no era bienvenida.

Me encontré a mí misma buscando un tema de conversación, abrí la boca en varias ocasiones, pero ningún sonido salía de ella. Al final, me di por vencida. Me estaba volviendo loca.

Apenas iba a hablar. ¡Dios, iba a disculparme por haber actuado como una niña malcriada! Pero Quirón interrumpió mi momento de valentía.

-Percy – dijo con voz rotunda –, quiero saber si ya tomaste tu decisión.

-Sí – contestó –, y la respuesta es no. No me siento preparado para salir al exterior aun. Lamento no poder ayudarte en este problema, pero sin duda algún campista de Ares podrá encargarse de la misión.

-No me preocupa que alguien de la cabaña de Ares lo haga, sé que son perfectamente capaces, quiero que te encuentres bien.

-Me encuentro bien, pero no creo que encargarme de Lamia mejore mi estado.

-Está bien – suspiró –, es solo que tenía la esperanza de no enviar a los hijos de Ares, terminan creando más problemas que resolviéndolos.

-¿Qué te parecen los campistas de Hermes?

-¿Y repetir lo del año antepasado? Tuvimos suerte de que Travis y Connor no iniciaran un nuevo cataclismo.

-¿Y los de Afrodita? – Quirón lo observó por unos segundo – Tienes razón, fue estúpido. No sé, lo campistas de Deméter no son tan malos.

-Yo lo haré. – dije sin pensarlo, sorprendiéndolos.

Quirón me observó largo y tendido.

-¿Estás segura? – cuestionó.

-¿No estarás considerándolo, verdad? Es una niña, es inexperta.

-Si mi memoria no me falla – contestó Quirón – y no lo hace, tú tenías un año menos en tu primera búsqueda, y tenías tanta experiencia como ella.

-Sí, pero lo mío era diferente.

-Percy, están desapareciendo niños, los mortales no encuentran explicación, sospechas de contrabando de niños. Alguien debe hacerlo, además, no ira sola.

-No iras. – dijo Percy, mirándome a los ojos por primera vez después de días de silencio e indiferencia autoimpuesta.

-¿Ahora te importa lo que haga? – las palabras salieron de mi boca sin mi permiso, no fui consciente hasta que las palabras abandonaban mi labios.

Percy puso una mueca ofendida. Eso me solo me enojó más.

-Eres muy chica, no vas a ir, puede pasarte algo, esto no es un juego. – su voz sonaba peligrosa, como si realmente le molestara que algo me sucediera.

-Lo que no entiendes, Percy, es que no te estoy pidiendo permiso.

-Lo que no entiendes tú – replicó –, es que no te estoy pidiendo tu opinión. No iras, las búsquedas no son un juego, o un entrenamiento, puedes morir…

-ira el lado bueno – le interrumpí –, si algo me pasa, desapareceré de tu vida. – dije sin pensar en lo que decía.

Su rostro se torció en una mueca de dolor. Me arrepentí en el acto, pero era muy tarde para remediarlo. No podía disculparme ahora, no ahora que me había enojado nuevamente con él por fingir que le importaba.

Las palabras se negaban a salir de mi boca, no había nada que decir. Percy se atragantaba con sus propias palabras, pero no decía nada. Quirón nos miró de hito en hito, evaluando la situación.

-Bien, ¿debo suponer que esta es su primera pelea? Porque ha sido incómodo. – al ver que ninguno de los dos contestaba, continuo – En ese caso, será mejor que vengas conmigo.

Me levanté de la mesa y seguí a Quirón hacia la casa grande. Iba a su lado, aun no me fiaba de su parte trasera, puede que tenga miles de años y eso, pero sigue siendo un caballo, y los caballos no saben mucho sobre baños.

-No sé porque están enojados – dijo de la nada –, pero él realmente se preocupa por ti, al igual que tú lo haces por él.

-No puedes preocuparte por una persona que no conoces.

-Pero es tu hermano.

-Lo acabo de conocer.

-Es tu hermano, puede que no sea como ninguno de los dos lo planearon, pero no pueden hacer nada para cambiarlo, te recomiendo que lo hables con él.

-¿Me vas a decir de que es la búsqueda? ¿Qué debo encontrar?

Frunció el ceño.

-No debes buscar, debes matar. Una Lamia es una criatura que roba niños y bebe su sangre y los devora. Hay una, o al menos, creemos que es una Lamia en una isla cerca de Florida – mi cara debió de demostrar mi aturdimiento porque se apresuró a continuar –. No te preocupes, la isla no está en el Mar de los Monstruos, de otra forma, no la hubiéramos podido localizar lo que sea que está ahí. No debe tomarte más de unos días, considerando lo cerca que estamos. Puedes llevar a dos acompañantes, puedes elegir quien. Sales mañana temprano. Selecciona bien tus armas y tu compañero de cabaña te proporcionará cosas de utilidad como un botiquín de primeros auxilios, dinero mortal y néctar y ambrosia por si estas en peligro mortal. Que tengas un buen viaje.

Me invitó a salir. Salí del lugar, estaba segura que estaba pálida y mi rostro debía reflejar el pánico que me causo la frase "peligro mortal".

Era una niña de trece años que iba a viajar a una isla desconocida a buscar un monstruo, matarlo y tratar de no morir en el intento. No había escapatoria, incluso podría morir por lo que sabía. Esa cosa mataba niños, iba y buscaba niños por las noches, y yo, yo era una suculenta niña que iba a ir en su búsqueda.

[¡/] – Mierda, ¿en que nos has metido? [/!]


Bueno, ¡al fin ha llegado la búsqueda!

Se que había prometido actualizarles pronto, pero la verdad, me ganó el ocio, y como

estaba de vacaciones, me fui de camping (para lo cual, soy malísima), así que estuve fuera

una semana completa, y no me dio tiempo de haber terminado el capitulo.

Ademas de que estos últimos días he estado de voluntaria para las recolectas para las

personas afectadas por los huracanes que ha habido en mi país, afortunadamente, donde yo vivo,

no llegaron, pero he estado en recolectas y ayudando en los centros de donación, por lo cual, termino

cansadisima. Así que lo siento mis pequeños, lamento haberlos dejado con la "intriga" como me dijeron

algunos en sus PM.