Capitulo 18 Volviendo a empezar… o eso intento.

¿Crees que nos encuentren? —pregunta Jamie.

Sonrío ampliamente.

Desde que estás conmigo, niño, ¿cuándo nos han encontrado? —contesto soberbia.

Nunca. —coincide Jamie con una sonrisita.

Exacto, ahora deja de quejarte. No nos van a encontrar.

Bien. —coincide.

Nos sentamos al fondo del enorme camión a la espera de nuestra llegada a la playa.

No era un plan que me emocionara mucho pero, Jamie no había visto el mar nunca y, ahora que nos encontrábamos cerca, no había dejado de insinuar sutilmente que quería tener un día de playa como cualquier otro. Y cuando digo "sutilmente", me refiero a que él tiene la sutileza de un cañón a media noche.

Cuando llegamos, agradezco a la mujer que nos ha transportado y me regala una pequeña canasta con comida.

Para ustedes dos. —me anima.

Mary, es la mujer para la que ambos hemos estado trabajando la última semana. La señora es dueña de una pequeña frutería y, muy amablemente accedió a dejarnos de paso cuando iba a hacer unos mandados.

Gracias.

Jamie y yo caminamos las pocas manzanas que nos separan de la playa. El sol está en su apogeo. Es un día caluroso y tranquilo. Sujeto bien la mochila con nuestro único cambio de ropa y, la canasta se balancea en nuestras manos.

¿Crees que esté muy fría el agua? —pregunta con emoción palpable.

No creo, Jamie. El agua de aquí es templada.

¡Qué emoción! ¡¿Me enseñarás lo que haces con el agua?! ¡Tienes que hacerlo! ¡Quiero ver cómo haces las olas! ¡Apuesto que puedes hacer olas del tamaño del camión de Mary!

Solo me rio de las ocurrencias de Jamie. Desde que estoy con él, me he dado cuenta que es más fácil reír cada día. Incluso, podría afirmar que soy feliz, claro que, no es una felicidad plena, aun queda el miedo de que nos encuentren.

¡Tienes que enseñarme a hacer lo que le hiciste al idiota ese!

¡Jamie!, ¿qué te he dicho de las malas palabras? —reprendo.

Perdón —se disculpa—. ¿Pero me enseñarás a hacer lo que le hiciste a ese… chico? —dice finalmente.

No creo que puedas hacerlo, Jamie.

¿Es porque no soy especial como tú? —pregunta abatido y mirando la arena.

Tú eres más especial que yo, Jamie. —contesto acariciando sus cabellos.

No es cierto; tu papá es un Dios, tienes poderes de superhéroe y sabes pelear como ninja.

No puedo evitar la carcajada.

Sí —coincido con él—. Afortunadamente, tú no debes saber todo eso. Lo que daría por ser como tú Jamie. Tú no tienes que estarte cuidando las espaldas a cada rato, eso es lo que te hace especial, bebé.

No soy bebé —se queja—. Aun así, quiero ver cómo haces eso otra vez, por favor. —ruega poniendo ojitos de borrego.

Jamie, no lo haré. Suficiente tengo con haberlo hecho con ese idi… —enarca una ceja—… con ese pobre chico.

¡Ja! ¡Ibas a decir idiota!

Y tú lo acabas de repetir. Si lo dices una vez más, te lavaré la boca con jabón.

Suerte intentándolo —reta—, con trabajos consigues de comer, quiero ver que consigas jabón. —se burla con una sonrisa adorable.

No me retes, Jamie. —canturreo.

Haz lo que le hiciste al chico ese. —repite.

No.

Media hora después, estoy enseñándole como envolví al chico ese en aguas de cloaca y lo dejé colgando de un árbol.

. . . . .

Es realmente asombroso como cambian las cosas en tan poco tiempo, ¿no es así? Hace tan solo un año, quería vivir desesperadamente; había luchado con uñas y dientes para seguir respirando. Había enfrentado a todos esos monstruos, había vencido a todos esos mestizos, había derrotado el hambre y el frio para seguir viviendo. Ahora…, ahora solo quería cavar un hueco y dejarme morir en él.

Una vez leí en algún libro de Annabeth, que los agujeros negros, son un ente que devora todo a su paso, expandiéndose por todo el espacio y tragándose toda la materia con la que se tope. Creo que ha nacido uno en mí pecho porque soy incapaz de sentir algo que no sea dolor. El agujero negro en mi pecho, se traga todo, dejándome terriblemente vacía.

Los demás han tratado de acercarse a mí, pero, yo soy incapaz de dejarlos entrar. Me encuentro en un estado catatónico. Nada de lo que me rodea es capaz de distraerme de lo que pasó.

Desde que desperté es esa camilla en el hospital, no he llorado. No he sido capaz de dejar caer una lágrima porque, en cuanto lo haga, será una aceptación de que lo he perdido para siempre.

Mi mente sigue reproduciendo esos últimos momentos. Sigue viviendo en todos esos minutos que pasé con mi bebé. Sigo repitiendo todas esas promesas que le hice y que no cumpliré. ¿Cómo pude ser tan ilusa al pensar que todo estaría bien? ¿Cómo pude ser tan estúpida como para pensar que podía mantener a Jamie a mi lado? Debí haberme alejado de él esa noche que nos encontramos; debí haber dado medía vuelta y no mirar atrás, al menos así estaría vivo.

Me aferro más a Rastreador y ahogo un sollozo.

Miro nuevamente hacia abajo. Puedo distinguir los cuerpos de los campistas yendo de un lado a otro.

—Comenzaremos a descender en cinco minutos —susurra Nico—. Será mejor que te sostengas de algo o que vayas al comedor, todos nos reuniremos allí.

Giro lentamente y me topo con sus ojos.

No he hablado con nadie desde mi ataque psicótico pero, una idea no ha dejado de darme vueltas.

—Nico… —susurro con voz excesivamente ronca.

La sorpresa se refleja en su rostro y sus ojos se iluminan un poco.

— ¿Si…? —me anima a continuar.

Decido escupirlo antes de acobardarme.

—Tú una vez me dijiste que había una forma de traer a una persona del más allá. Ayúdame a traerlo de vuelta.

Su mirada se ensombrece y desvía sus ojos de los míos.

—No puedo hacer eso, Mare Starlet. De entre todas las cosas que haría por ti, esa es la única que no puedo hacer. —murmura derrotado.

La rabia me nubla.

— ¡Eres un hipócrita! —grito— ¡Tu lo ibas a hacer por tu hermana! ¡¿Por qué no me quieres ayudar?! —sollozo— Solo quiero que todo sea como antes.

El dolor es visible en sus ojos y se acerca a mí en un intento de abrazarme; yo me alejo de él y, puedo ver su mirada herida por mi reacción.

—Haría lo que fuera por ahorrarte el dolor, Mare Starlet, pero sé que eso es imposible. Solo el tiempo cura este tipo de heridas.

Sollozo más fuerte aun.

—Esto no debió pasar —gimoteo—. No es justo. ¡No fue justo!

—No hay justicia en la muerte. —concede Nico y, cuánta razón tiene.

Me dejo guiar por él hacia el comedor donde todos se encuentran. Al llegar, todas las conversaciones paran abruptamente. Puedo ver las miradas de lástima con las que me miran. Odio ser objeto de lástima.

Trato de ignorarlos lo mejor que puedo y me concentro en la mesa de madera fina frente a mí. Las miradas son persistentes y cuando alzo la vista, todas se desvían hacia los lados.

El ambiente se torna insoportablemente incomodo. Nadie sabe qué decir; es como si temieran que una simple palabra desatara mi locura o, temieran que rompa a llorar nuevamente.

—Monse…—llama Percy.

Estira la mano y me alejo instintivamente de ella; él la deja caer a mi lado.

—…, Quirón y el Señor D. quieren hablar contigo en cuento lleguemos.

Asiento secamente y el silencio reina nuevamente.

Rastreador aun cuelga en mi mano y lo aprieto en un intento de centrarme. El barco comienza descender y todo tiembla levemente. Mi estómago se retuerce pero sé que no vomitaré porque no he probado bocado desde…, desde las galletas que compró para mí Jason ese día. Mi estómago ni siquiera ha protestado por la falta de alimento y si lo ha hecho, no me he dado cuenta.

Los medicamentos no los he tocado y, siento como mi cuerpo se ha ido debilitando cada vez más; incluso mi herida de las pelvis comenzó a arder hace unos días pero simplemente decidí que no importaba. No dejaba que nadie se acercara a mí.

Conforme vamos descendiendo, me siento cada vez más ansiosa. No sé qué es lo que va a ser de mí. No sé qué es lo que me espera una vez que regrese al campamento, lo único que sé es que, no soy capaz de mantenerme cerca de los chicos por ahora. No puedo estar con ellos sin pensar que Jamie ya no está conmigo. No puedo dejar de verlos con coraje y reproche. Simplemente no puedo.

Al aparcar el enorme barco de guerra, me levanto sin esperar al resto. Intento subir a cubierta dispuesta a bajar pero una mano me lo impide. Los demás pasan a mi lado y salen del comedor.

Nico se queda conmigo hasta que quedamos solos. Trata de conectarse con mis ojos pero yo los mantengo en mis pies. Trato de retirar mi mano de la suya pero él no me lo permite.

—Monse, yo… lamento lo que dije hace rato. Pero, necesito que comprendas por qué no puedo hacer eso que me pides —susurra. Puedo sentir sus persistentes ojos en mi rostro—. Lo que quieres hacer es antinatural. Yo debí haberlo sabido en ese entonces y te entiendo. Sé lo que sientes en estos momentos pero, eso que quieres no es la respuesta, créeme, sé de lo que hablo.

—Entonces guíame —pido en un murmullo—. Guíame a través del Inframundo, Nico. Déjame ir a verlo.

—No —contesta duramente—. El Inframundo no es un lugar en el que quiero que estés…

Levanto la vista y solo puedo ver mi dolor reflejado en sus ojos.

— ¿Por qué no quieres ayudarme?

—Suponiendo que lo hago, ¿qué alma entregarías a cambio? ¿A qué persona ofrecerías a mi padre a cambio?

Tengo una buena idea de la persona a la que quiere su padre y, creo que le encantaría cerrar el trato.

— ¿Ves? No es tan fácil ¿no es así? —dice confundiendo mi silencio— Además, una vez que el regrese, no sería el mismo nunca más. No hay muchos casos, pero nunca terminan saliendo bien, ¿entiendes?

Lleva su mano a mi barbilla y alza mi rostro una vez más. Pasa su mano por mi mejilla y limpia la única lágrima que resbala por ella.

—No has llorado —murmura a media voz—. No es bueno que no lo dejes salir, Mare Starlet. No es bueno que te encierres en tu concha y no nos dejes entrar. Déjame entrar —suplica en un susurro tan cerca de mí que puedo sentir su aliento en mi rostro.

Si no me sintiera tan rota en estos momentos, tal vez me sentiría desfallecer.

Cierro los ojos y el rostro de mi Jamie pasa por mi mente.

—No puedo, Nico —contesto en un susurro roto—. No ahora.

Me deshago de su flojo agarre y lo dejo solo en el comedor.

Me encuentro con que los demás están esperando justo afuera, pegados a la puerta y, al verme salir sola, se dispersan por el pasillo.

Comienzo a caminar detrás de Frank y Hazel, quienes van tomados de la mano.

Puedo sentir los ojos de Percy clavados en mi espalda.

A pesar de que no le he hablado, él no ha dejado de mantener un ojo en mí; desde llevarme de comer y quedarse conmigo en la habitación, hasta tratar de hacer que tomara los medicamentos. Trataba de hacerme hablar pero, yo simplemente le daba la espalda y lo dejaba hablar solo, ¿no entendía que no quería ver a nadie?

Los demás, habían mantenido una distancia prudente hacia mí.

Al llegar a tierra firme, varios mestizos estaban esperando aglomerados.

Entre ellos, pude distinguir una llamarada de cabellos del color del fuego. La chica pasó corriendo a mi lado y se lanza a abrazar a Annabeth y Piper. Unos brazos me rodean y me topo con los ojos azules de Bárbara. Me abraza fuerte y puedo sentir el calor que desprende.

—Te he extrañado tanto, amiga. —me dice con su siempre imborrable sonrisa.

Los meses que no nos hemos visto, le han sentado bien; luce más guapa de lo que recuerdo. Su largo cabello rubio está recogido en una coleta húmeda, no trae gota de maquillaje y aun así, luce despampanante.

—También te eché de menos. —coincido en voz baja.

Me mira y sus ojos se ensombrecen.

— ¿Quieres hablar de ello? —pregunta quedamente.

Niego con la cabeza.

—Sabes que estoy aquí cuando quieras. —sonríe.

—Lo sé. —contesto a media voz.

—Bien.

Volteo a ver a los demás y veo a Rachel abrazando a Nico. Una punzada sorda me pincha el pecho que, sumada al dolor que ya siento, me roban el aliento.

Me mira y, se acerca lentamente hacia mí y trata de sonreírme pero, algo en su mirada me dice que debo alejarme de ella y correr a esconderme.

Abre los brazos a la espera de que la abrace pero yo me quedo en mi lugar. Ella no se inmuta y me coge entre sus brazos.

—Lo siento —susurra—. Me enteré de lo que pasó.

¿Acaso me perdí la última edición del noticiero mestizo o, los chicos anunciaron todo por radio?

Asiento levemente.

—Yo…, yo vi algo, Monse —me sujeta por los hombros y me mira a los ojos directamente—. ¿Recuerdas lo que te dije la última vez que hablamos tú y yo?

Asiento nuevamente. Un temblor me recorre por completo y el miedo hace mella en mí nuevamente.

— ¿Qué le dijiste? —pregunta Percy a nuestro lado.

Rachel me mira con una disculpa gravada en la mirada.

—Parece que yo no hago más que traerte malas noticias, amiga.

—Tú y yo no somos amigas. —contesto en un acto reflejo.

Ella decide ignorar mi cometario grosero.

— ¿Qué le dijiste, Rachel? —pregunta nuevamente Percy.

Puedo sentir como somos el objeto de las miradas y, puedo sentir los cuerpos de Nico y Leo a mis lados.

—No era él. —dice Rachel.

Me quedo en blanco.

—No entiendo. —admito.

Su labio inferior tiembla y lo muerde en un intento de parar.

—Te vi a ti llorando abrazada de un niño; y las palabras vinieron del aire: No era él.

Eso es todo. Mi mundo colapsa. Nada más importa. «Matarás a quien amas», había sido la amenaza. Me he atormentado todos estos días culpándome de la muerte de Jamie. Diciéndome que yo lo mate, que era lo mismo que si yo hubiera blandido la navaja en su piernita y lo hubiera aventado contra ese maldito muro. Que todo esto era mi culpa por una maldita venganza de unos Dioses viles y crueles. Que me lo habían arrebatado de entre las manos a causa de una represalia.

Incluso yo no estaba preparada para mi reacción. Antes de que alguien pudiera preguntar nada, levanto mi mano derecha y abofeteo a Rachel tan duro que mi mano queda punzando. Le volteo toda su vidente cara del impacto y lleva su mano a su mejilla roja; los demás se quedan estáticos por una fracción de segundo y, antes de que saltara sobre ella, dos pares de brazos me toman por la cintura.

— ¡Me largué por tu culpa! —grito fuera de mí— ¡Dijiste que me fuera!

—Yo no dije que te marcharas. —contesta frotándose la mejilla y con coraje en la mirada—. Yo también te he estado buscando.

Yo, en mi ataque de ira, la ignoro.

— ¡Si no hubieras abierto la boca aquella tarde nada de esto habría pasado! ¡Todo esto es tú culpa!

Me retuerzo entre los brazos que me sostienen y, trato de abalanzarme sobre la pelirroja con intenciones nada buenas.

Nico se interpone en mi camino, dándole la espalda.

—Tranquilízate, Monse.

Claro, ¡San Nico al rescate! ¿Por qué no me sorprende que quiera proteger a su Rachel? Lo miro con desprecio y él lo nota; aun así, el cínico tiene la desvergüenza de desviar la vista, afectado.

—Bien. —contesto seriamente.

Percy y Leo me sueltan lentamente a la espera de que enloquezca nuevamente.

Rachel vuelve a frotarse la mejilla y Percy se acerca a ella para revisarla. Los demás, están expectantes a lo que sea que vaya a pasar.

— ¿Qué te pasa? —pregunta Percy— ¿Estás loca? ¿Por qué la atacaste?

Es entonces cuando reacciono a lo que hago.

Bajo las manos y me quedo inmóvil. ¿Qué es lo que pasa conmigo? ¿Por qué pierdo el control tan rápido?

— ¿Qué es lo que le dijiste, Rachel? —pregunta ésta vez Annabeth.

Intercambian una mirada pero Rachel no dice nada.

— ¿Qué es lo que le dijiste? —pregunta Nico con voz dura.

—Le juré por el Rio Estigio que no le diría a nadie. —dice finalmente.

Clava sus ojos en mí y, a pesar de todo, me dirige una sonrisa comprensiva. Su mejilla aun está roja pero, en su rostro no veo rastro de rencor.

Las miradas se dirigen hacia mí y, antes de que alguien pregunte nada, nos interrumpen.

—Pero miren quién está aquí —dice una voz juguetona—. Mi chica regreso al fin. ¿Qué te apuesto a que me extrañaste?

Todos desviamos la mirada hacia el adolescente rubio delante de nosotros.

Todos hacen una pequeña reverencia pero él solo se acerca a mí.

—Apolo.

— ¿Eso es todo? No nos vemos en más de un año y, ¿lo único que dices es: Apolo? ¿Ni un abrazo siquiera mi laurel?

Sonrío fugazmente —una sonrisa triste— y él abre los brazos. Me acerco y lo abrazo por la cintura.

—Tenemos asuntos pendientes, Monse. ¿No te dije que me dijeras en cuento supieras algo?

—Sí. —contesto en voz baja.

—No recuerdo haberte dicho: huye y no vuelvas. —regaña.

—Apolo vino por asuntos importantes —clama Quirón, llamando la atención de todos.

Me mira y me dedica un asentimiento de cabeza y una media sonrisa.

—Es bueno verte de nuevo, pequeña.

—Igual. —contesto.

— ¿Alguien me va a explicar de qué va todo esto? —pregunta Percy exasperado.

Apolo le dirige una mirada de reproche.

Un bufido se escucha a un lado de Quirón y la cabeza del Señor D se asoma…, bueno, siendo más específica, la panza del Señor D se asoma.

— ¡Bien hecho, Mónica! —bufa con sarcasmo puro—. Pudiste haber aparecido hace semanas en la reunión de solsticio, pero ¡no! Tenias que aparecer ahora que las cosas se habían calmado.

Apolo pone sus ojos en blanco.

—Tu padre quiere verte —explica Apolo—. Me envió por ti… bueno, por ustedes.

— ¿Quiénes? —pregunta Percy.

—Nico, Leo, Annabeth, vienen con nosotros —llama Apolo—. Tu padre quiere una garantía. —me ilustra.

—No los metas a ellos. —suplico.

—Ordenes son ordenes, Monse. Mi padre se puso de su lado esta vez, necesitamos las garantías.

— ¿Nos van a explicar porqué necesitamos volver? ¿Somos garantías de qué?—pregunta Annabeth.

Nico y Leo se acercan a nosotros y, siento como la poca sensatez me abandona porque solo asiento hacia Apolo.

—Les explico en el camino —decide el rubio—. Dionisio, ¿vienes con nosotros?

—Sueña. Los veo allá —refunfuña—. Lo último que quiero es ver cómo te desbaratas por esta mocosa; das pena.

Apolo suelta una sonrisa como si nada y pasa su brazo por mis hombros.

—Odio convertir mi hermoso convertible en el comunitario —se queja—, pero no creo que todos quepamos en él.

Caminamos con rumbo hacia el lago y, ni siquiera me da tiempo de observar el campamento porque los susurros de mis amigos me distraen. Sus cuchicheos no dejan que me concentre en la voz de Apolo.

Solo alcanzo a ver el rostro horrorizado de Hazel y, pienso que seguramente, esa chica ha de pensar que me escapé de alguna institución mental. Creo que los romanos no tienen el mejor concepto de mí.

Apolo presiona un botón que cuelga de entre sus llaves y, su convertible rojo se transforma en un camión escolar.

—Yo no escogí el modelo. —se queja.

Los demás nos formamos en fila india y Nico toma mi mano firmemente. Apolo alza las cejas y sonríe de forma traviesa. Mi mano pica y, no sé la razón.

Leo se sitúa detrás de mí y sus manos se posan en mis hombros. Apolo me guiña un ojo. Yo me sacudo a los chicos de encima.

Todos nos acomodamos y Nico y Leo se sientan a mis costados y, Percy y Annabeth en el asiento contiguo. Apolo nos dirige una mirada desde el retrovisor y sonríe.

—Bueno, ¿qué quieren saber?

—Eh… uh… ¿todo? —dice Percy confuso.

—Pues, básicamente, podemos resumir todo a que, mi laurel aquí presente sigue con precio por su cabeza.

La noticia no tarda en hacer efecto en los demás porque sus ojos se abren de manera graciosa.

—No entiendo —interviene Annabeth—. Pensé que la iban a dejar en paz.

—Y luego vino ese autómata —recuerda Apolo—. No hay que ser muy brillantes para saber que no siguieron las órdenes.

El camión iba estable en el aire, pero aun así no pude evitar la imagen de nosotros precipitándonos al suelo en espiral. No es una imagen bonita, créanme.

— ¿Quiénes…?—pregunta Nico.

Un nudo se forma en mi garganta. Un nudo enorme que no me deja respirar a gusto.

—Te concedo el placer de decirles, Laurel. —dice Apolo con sorna.

—Que dadivoso. —murmuro sarcástica.

Los demás me ven como si poseyera la cura del cáncer. De pronto, encuentro muy interesantes mis uñas sucias y manchadas de algo que sinceramente, espero no sea sangre.

—Monse, dinos, no puede ser tan malo. —alienta Nico.

¡¿No puede ser tan malo?! ¡¿Qué no puede ser tan malo?! Este chico no sabe de lo que está hablando.

—Fueron sus padres —contesto con altivez—. Hades quería dejar las cosas en claro conmigo y Hefesto, gustosamente se ofreció muy amablemente a enviar a esa lata con patas, ya saben cómo es de dadivoso él. Y, Atenea lo planeó todo —río sin humor—. Me pidieron muy amablemente que me alejara de ustedes.

Se quedaron en silencio; los cuatro se quedan en silencio. Yo solo miro hacia el frente, tratando de no pensar en nada. Tratando de no pensar en lo que me espera nuevamente en el Olimpo y, sobre todo, tratando de no pensar en Jamie.

—Miren el lado bueno, chicos —interviene Apolo con su sonrisa imperturbable—, al menos ella sigue viva. Es una chica dura.

Nadie dice nada el resto del trayecto y, puedo notar a Nico y Leo perdidos en sus pensamientos; lo sé porque, casi puedo ver humo salir de sus orejas —también de las de Percy—. Sus miradas de soslayo me ponen los pelos de punta. Cuando finalmente llegamos, estoy casi feliz de bajar de ese camión del demonio, casi. No olvidemos que aquí me quieren muerta.

Apolo baja del autobús y nos espera. Bajamos en silencio.

—Pudiste habérmelo dicho, sabes —dice Percy de la nada.

—¿Eh?

—Pudiste habérmelo dicho; habríamos encontrado la solución.

Sus ojos rebosaron de comprensión. Aparto la mirada; no soy capaz de estar junto a él sin ver a Jamie en esa camilla.

—Era mi problema, no el suyo —contesto finalmente—. Dijeron que… papá y Hades insinuaron una guerra y, ustedes estaban en el centro. No me iba a arriesgar a que les pasara algo… —término en un susurro.

Sigo caminando con la vista en el suelo, sin prestarle la más mínima atención a la ciudad divina.

—No iba a pasarnos nada. —intercede Leo y toma mi mano.

Yo me aparto de ellos.

—Eso no lo saben. Los conozco, ustedes habrían buscado la forma de protegerme y, por primera vez quise que las cosas fueran al revés. Papá amenazó con dañarlos a ustedes tres si algo me sucedía.

— ¡Esa no es excusa! —suelta Nico, haciéndome pegar un bote— ¡¿Es que no lo entiendes aun?! ¡Eres importante para mí… para nosotros! —se corrige— Nada malo iba a pasarnos, Mare Starlet.

Annabeth, se había dedicado todo el trayecto a escuchar pacientemente y a estudiarme con la mirada. Trata de acercarse a mí pero, hablo nuevamente.

—Matarás a quien amas. La vida inocente pagará por tu falta.

— ¿Eso qué significa? —pregunta Percy.

—Significa que voy a dañar a alguno de ustedes y, no puedo hacer nada para evitarlo. Por eso me fui; los protegía de mí. Desde que aparecí en sus vidas no he hecho más que causarles problemas. No quiero dañarlos.

Annabeth me toma por sorpresa, me abraza fuertemente y me protege con sus brazos, haciéndome sentir pequeña e indefensa.

—Monse…, no has pensado que tal vez…

—No fue él. —contesto con voz ahogada.

— ¿Quién? —pregunta Leo.

—Cuando pasó, pensé que había estado equivocada todo este tiempo y que al final, todo se había reducido a Jamie, pero…

—Cuando llegamos al campamento, Rachel te dijo que no era él —termina Annabeth comprendiéndolo todo, encajando las piezas del rompecabezas por ella misma—. Por eso la abofeteaste; perdiste el control. —susurra.

Desvío la mirada apenada. No debí haberla abofeteado, no fue su culpa. Ella no hizo nada.

—No fue culpa de ella. —digo sin emoción alguna pero, miro a los chicos sin querer.

Ellos desvían la mirada y sus hombros decaen ligeramente. Me siento mal pero, no tanto como para pretender que no ha pasado nada.

Leo está por decir algo pero Apolo llega nuevamente.

—Pasen —anima lúgubremente.

La ansiedad me envuelve y siento una sensación nada agradable en la boca del estómago.

Los demás caminan detrás de mí y escucho sus respiraciones pesadas.

La sala que nos recibe es gloriosa. Había olvidado lo irreal que puede llegar a ser la sala de tronos. Es imponente y, los ceños fruncidos de los Dioses la hacen atemorizante. En cuanto la puerta se cierra detrás de nosotros, los gritos y maldiciones comienzan a tronar de un lado a otro.

Identifico a Hades y Hefesto de inmediato. Ambos lucen un ceño tan marcado que, parece que están oliendo excremento.

Atenea discute con mi padre y puedo ver un aura gris oscuro a su alrededor. Papá no se digna a mirarme. Afrodita se desbarata en saludos y gestos hacia nosotros.

Yo por mi parte, no podría estar más tiesa. La respiración se me corta y un sudor frio me recorre la nuca. Una nunca se acostumbra a esta sensación; créanme, he vivido con ella casi toda mi vida y aun no me acostumbro.

Si las miradas mataran, yo ya estaría viendo crecer margaritas desde abajo. Hades, Hefesto, Atenea y Deméter me taladraban con la mirada; me sentía rana en plena disecación.

Artemisa me dedica un ligero asentimiento de cabeza pero no me tranquiliza lo suficiente.

— ¡La quiero muerta! —grita Hefesto.

— ¡Es un insulto que haya nacido! —proclama Hades

—El pacto era que no habrían más hijos. —dice Atenea.

— ¡El trato se rompió antes que ella naciera! —brama Poseidón

—No tiene derecho a vivir. —opina Deméter

—Decidimos que se le daría la oportunidad. —recuerda Hermes

—Solo lo rompieron Zeus y tú. —reclama Hades.

— ¡No ha hecho nada malo! —chilla Afrodita.

—Esta chica cuenta con mi protección. —declara Artemisa.

— ¡Exijo su muerte! —grita Hades.

— ¡No la quiero cerca de mi hijo! —vocifera Hefesto.

— ¡Ni del mío! —coincide Hades.

—Un trato es un trato, cumple tu palabra. —regaña Atenea.

—Tú solo lo dices porque es hija mía.

— ¡No te atrevas a tocarla! —aúlla Afrodita.

— ¡Guerra! —grita Ares.

Todos voltean a verlo con reproche.

— ¿Qué? —dice desconcertado—Solo por eso voté por que se quedara con vida.

Atenea y Zeus ponen los ojos en blanco.

El único con cara de aburrimiento en todo esto es Dionisio.

—A mi me da igual si sigue con vida o no. —cometa Hera.

Los gritos de un lado a otro siguen por lo menos diez minutos. Realmente, puede ser exasperante. Los Dioses son como unos niños pequeños que buscan el juguete más brillante.

— ¡Silencio! —grita Zeus, imponiendo orden en el caos que se ha desatado.

Todas las miradas se dirigen hacia él, expectantes por lo que va a salir de su divina boca.

Zeus me mira largo y tendido, su mirada dura y fría.

—Habíamos acordado darte una oportunidad, Montserrat Hanson…

—Ella no ha hecho nada malo. —declara Poseidón sin inflexión alguna, casi con aburrimiento.

—Para empezar, ella no debió salir con vida a nuestro primer encuentro. —murmura Hades.

—…Ni al segundo. —declara Hefesto.

— ¡Papá! —gritan Nico y Leo a mis espaldas.

Zeus los mira mal.

—Como decía —vuelve a tomar la palabra el Dios de los cielos—, habíamos acordado darte una oportunidad…

—La cual ha aprovechado. —recalca Afrodita.

Zeus la mira con reproche y sigue hablando.

—…, y, en base de que…

—De que no ha hecho nada malo. —interrumpe Apolo.

—Al contrario, la chica se vio amenazada. —agrega Hermes, viendo hacia su celular.

Zeus gruñe por lo bajo y se queda en silencio notablemente irritado.

Todos voltean a verlo desconcertados.

— ¿Ya puedo continuar o van a seguir interrumpiéndome?

—Lo siento. —murmuran varias voces por lo bajo.

—Bien, como decía, que en base de que no has hecho nada malo, no veo la razón por la que hacemos todo esto. Pero ya que estamos aquí, quiero reafirmar mi posición de que deberíamos deshacernos de ti.

Oh, qué tierna es mi familia.

— ¡Tú la quieres muerta porque es mi hija!

—Claro, solo por fastidiarte.

Poseidón pone los ojos en blanco.

— ¿Es que nunca superarás lo de esa dríada?

— ¡Solo te metiste con ella porque no soportas que mamá me haya salvado mí y a ti no! —grita Zeus.

La verdad, a mi no podría importarme menos sus dramas familiares.

Yo me concentro en el Dios de la sonrisa cruel al final de los tronos: Hades.

El voltea a verme y una sonrisa burlesca se forma en sus labios. Yo siento ira creciendo en mi pecho. Sin darme cuenta, avanzo dos pasos y, antes de que cometa alguna estupidez, unos brazos me detienen.

Annabeth me sostiene firmemente de mis hombros.

—No le des el gusto de hacer alguna estupidez. —me advierte por lo bajo.

Me la sacudo de encima y dirijo mi vista hacia otro lado.

Papá y Zeus siguen discutiendo, solo que esta vez se les une Hades. Muchas veces, los Dioses son como unos niñotes de cinco mil años.

—Ya estoy harta de estas reuniones —interrumpe Deméter—. La niña no hace más que causarnos problemas. Primero dan la cara por ella y, luego desaparece como si nada. Pensé que sería más agradecida con sus amigos.

—A veces el mayor acto de amor hacia una persona consiste en desaparecer de su vida —proclama Afrodita—. Mi legado, fue obligada a marcharse para protegerlos.

—Y no quiero decir nombres —interviene Apolo—, o ser el chismoso, pero fueron Hades, Hefesto y Atenea.

— ¿Cómo osas culparme de todo? —dice Atenea— Hice lo que tenía que hacer.

—Por favor —se queja Hermes—, uno pensaría que para ahora ya habrías superado lo de Medusa.

— ¡El mancilló mi nombre!

— ¡Ni que se haya acostado contigo! —reniega Deméter—. Además, Poseidón no tiene tan malos movimientos. —dice sugestivamente y le giña un ojo.

Papá sonríe ladinamente, como si estuviera recordando algo muy bueno y asiente en su dirección.

—Cerdo. —se limita a decir Atenea.

—Sea como sea —interrumpe Artemisa—, esta chica esta bajo mi protección y no dejaré que le hagan daño.

—Esta chica nada —reclama Hefesto—. Solo juega con todos nosotros. No la quiero cerca de mi hijo.

—Tampoco del mío. Esta chiquilla no es más que una carga. —sentencia Hades.

— ¿Les recuerdo quien la estuvo buscando todo el año? —dice Poseidón— Porque créanme, ella no los estuvo rastreando. Además, soy yo quien no la quiero cerca de sus lapas. Lo único que le han causado son problemas.

—Mi hijo no ha causado problemas, al contrario, le ha resuelto la vida. —dice Hefesto.

Annabeth se mantiene cerca de mi pero sin violar mi espacio personal.

— ¡Fue su bomba lo que casi la mata! —explota papá— ¡Y fue tratando de salvar al amargado de tu hijo! —apunta a Hades.

Nico y Leo se encojen de hombros.

—Eso no es importante ahora. —refunfuña Zeus.

—Lo único que pedí fue que no le hicieran nada, ¿por qué no pueden hacer eso? Ella no ha hecho nada —dice Poseidón a nadie en especial—. ¡Y luego enviaron a todos esos mestizos a que se deshicieran de ella!

Atenea me mira con el ceño fruncido. Los demás no se dignan siquiera a mirarme.

—Pues yo no la escucho quejarse. —farfulla Hera.

Todas las miradas pasan de ella hacia mí. La expectación se hace latente, pero, ¿qué esperan; que les diga que no se metan en mis asuntos? ¿Qué les diga que no sean tan metiches? Eso no es algo que les pueda decir a los Grandes Dioses del Olimpo.

—No les voy a decir que no me importa, porque no es así —comienzo—, pero sería lindo no tener que andar cuidándome la espalda cada cinco minutos. O tener que escapar de todo por miedo a que vengan por mí. —termino con voz apagada.

Puedo sentir la lástima con la que me mira Annabeth, eso me da coraje.

—Aun así, sé que no les interesa mi opinión, así que, ¿para qué se molestan en preguntarme lo que pienso de todo esto? —reprochó.

Annabeth presiona mis hombros con una fuerza demoledora. Casi me saca un quejido.

— ¿No le enseñaste a tu hija a mantener la boca cerrada? —se burla Hera.

—Él no me ha enseñado nada. —contesto.

Papá me dedica una mirada enfurecida. Ares disimula una carcajada.

Yo me encojo de hombros restándole importancia.

—A mí me da igual si sigue viva o no —comenta Hera—. Total, no es hija de mi marido; a mí que mas me da.

Hefesto voltea los ojos.

—Claro, como ella es bonita encaja en tu familia "perfecta".

—Ya van a empezar otra vez. — se queja Hermes.

La discusión comienza nuevamente.

La migraña comienza y, no sé si es a causa de la falta de sueño o los gritos de todos ellos o, mi dolor hablando, lo que me orilla a cometer la mayor estupidez de toda mi vida.

—Bueno, ¿me van a matar o no? —pregunto de forma brusca.

Si el apretón demoledor de Annabeth me dolió hace unos momentos, ahora estaba segura que me había descoyuntado el brazo. Tendría suerte si podía volver a usar mis bracitos.

Las miradas de todos los Olímpicos me atraviesan y, la verdad, no me importa. Estoy harta de que me mantengan bajo la lupa. Si van a hacer algo, que lo hagan ya.

— ¿Qué estupideces estás diciendo, Montserrat? —farfulla Nico a través de sus dientes apretados.

—Esta delirando. —explica Leo con una sonrisilla nerviosa.

—No ha sido ella misma últimamente —ofrece Percy—. Ya no distingue el arriba del abajo. —ríe un tanto histérico.

Les dedico una mirada envenenada. Ellos en especial, deberían dejarme en paz.

—Mi hija tiene un punto, ¿no creen que es hora de dejarla tranquila? Habíamos acordado dejarla en paz, ¿y qué es lo que hacen todos ustedes? La matan y la amenazan. Mandan mestizos a que la cacen. Si no quieren que tome represalias con sus hijos, dejen en paz a la mía. Y lo siento mucho, Percy, pero si Atenea no se comporta, no me tocaré el corazón con Annabeth.

La boca de Percy se abre y, Annabeth asiente solemnemente. Atenea tira dagas por los ojos y puedo ver una aura excesivamente dorada a su alrededor. Calor irradia de su figura, y, hasta donde estoy yo, siento el calor abrazador.

—Annabeth, no es nada personal, pero, ella es mi hija después de todo. Espero lo comprendas.

Ella se queda rígida pero no dice nada.

— ¡No puedes interactuar en la vida de tu hija! —ladra Atenea.

— ¡Ja! ¡Lo dice la señorita-mato-a-la-hija-de-Poseidón!

— ¡Yo no la maté!

—Noooo. Solo lo planeaste. —termina sarcástico.

—Hay una gran diferencia entre matar y planearlo, idiota.

— ¿Entonces, va a haber guerra o no? —interviene Ares como niño chiquito.

— ¡Bueno, ya basta! —grita Hera, tomando el control de la situación—. Tengo cosas que hacer y, siendo honesta, estoy harta de estas peleas infantiles. Solo hay que matarla y todo listo

— ¡Sí! —exclama Hades victorioso.

— ¡No! —chilla Afrodita—. Nadie toca a mi pequeña.

— ¿Tengo que recordarte que no es tu pequeña? —dice Atenea—. Ella no es tu hija; técnicamente, es tu nieta, ¡abuela!

—Pero soy una abuela sexy. —contesta seductoramente.

Los hombres la miran idiotizados. Una minúscula parte de mi —pequeña como una mosca—, me dice que debo pedirle que me enseñe ese truco. La parte racional y dolida dice que deje de pensar en estupideces.

— ¿Nadie va a preguntarme qué es lo que quiero? —pregunto desconcertada.

Los Dioses voltean a verme, algunos como si fuera una molesta mancha en su traje caro, otros con expectación y, solo uno con burla.

— ¿Y qué es lo que quiere la nena? —pregunta burlescamente Hefesto.

¿Qué es lo que quiero? ¿Qué quiero? Ni yo misma lo sé. Me gustaría decirle que quiero que todo vuelva a la normalidad. Que todo sea como antes de que me enterara de que era una mestiza; simplemente yo, vagando por las calles, buscando un refugio para la noche y, preguntándome si pasaré frio. Y, por qué no, con Jamie a mi lado. No es mucho pedir.

O, tal vez, puedo aceptar la oferta inicial de Hades, olvidarme de todo e irme al inframundo y, buscar a mi Jamie esta vez. Tendría toda la eternidad para buscarlo allá abajo. Podría olvidarme de todo el dolor y el sufrimiento que siento, pero, si lo hago, Jamie me patearía el trasero por haber aventado todo al carajo. Me daría un zape y me haría alguna de sus rabietas por ser una estúpida. Ese es el único motivo por el cual descarto esa opción. Porque aun después de todo esto, no puedo defraudarlo.

Alzo los ojos y me encuentro con los pozos negros de Hades. Una sonrisa cruel y burlona se desliza en sus labios. No puedo evitar que las palabras salgan de mi boca.

—Tú te lo llevaste, ¿no es así?

Su sonrisa se ensancha en signo de victoria.

— ¿Tú qué crees?

Siento mi respiración agitarse y, me impulso hacia adelante, ¿para hacer qué?, no lo sé, pero, Nico me sostiene de la cintura. Hades agria la expresión.

—Creo que eres el ser más repulsivo que ha existido. —declaro.

—Es obvio que no conociste a mi padre —contesta él con desdén. Me atraviesa con sus ojos negros y su entrecejo se frunce—. Nico, aleja tus manos de esa cosa.

Una sonrisa se desliza en mis labios.

— ¿Te molesta que me toque tu hijo? —pregunto con cinismo.

—No me gusta que mi descendencia se rebaje a tu nivel, mocosa.

—Monse, no tientes tu suerte. —susurra Nico en mi oído.

Yo no lo escucho.

—Eres un idiota. —digo de la nada.

El silencio invade la habitación.

Todos están a la espera de que Hades me pulverice aquí mismo, en este preciso instante. Incluso yo estoy a la espera de que integre mi alma a su ropa interior.

Nico deja escapar su aliento y se paraliza a mí alrededor. No puedo ver las reacciones de los demás pero, estoy segura de que son iguales a las de Nico.

Hades comienza a brilla. Es en serio, parece una lámpara en medio de la habitación. Me preparo para recibir el rayo que me reducirá a nada y cierro los ojos con fuerza. Siento a Nico aferrarse a mí y, antes de que pueda alejarlo, tres carcajadas explotan en la habitación, haciendo que abra los ojos sorprendida.

Ares, Zeus y Poseidón están destartalándose de la risa —aunque la risa de papá parece forzada y más falsa que las pestañas postizas de Drew—. Los demás Dioses voltean a verlos y, puedo sentir como toda la valentía me abandona. Me doy cuenta de que soy tan afortunada de seguir respirando.

—Me agrada esta chica —dice Ares entre risas—. Les dije que sería bueno mantenerla con vida. —golpea el recarga brazos de su asiento con su enorme puño, haciendo temblar su trono.

Zeus se limpia una lágrima imaginaria y no para de reír. Papá sigue riendo pero, aun así me lanza una mirada de advertencia.

Hades gruñe por lo bajo y bufa como toro.

—Yo me cuidaría la espalda si fuera tú. —advierte peligrosamente. Me mira como si él fuera una serpiente y yo un ratón.

—Ella no se cuidará nada —zanja Artemisa—. Esta chica está libre de cualquier cosa y, no quiero enterarme de que han vuelto han intentar algo contra ella, ¿entendido? —declara con convicción, haciendo que deje de verla como la niña que aparenta ser.

—Sí, solo por decirte idiota se ha ganado mi aceptación. —dice Zeus entre risas.

¿Soy yo o Zeus me mantendrá con vida solo por molestar a Hades?

¿Ahora entienden por qué digo que los Dioses son como unos niñotes?

—Yo voto porque la mantengamos con vida. ¿Alguien se opone?

Hades y Hefesto alzan las manos a la velocidad de un rayo.

—Bien, como nadie se opone —declara Zeus, ignorándolos olímpicamente—, no veo el por qué estamos discutiendo esto. Doy por terminada la sesión.

—Pero…—protesta Hefesto.

—Dije que doy por terminada la sesión. —repite con voz dura.

Zeus se levanta del trono y desaparece de la habitación.

Los demás Dioses, se van desvaneciendo. Solo uno que otro me sonríe. Apolo es el único que guiñe en mi dirección y, puede que haya sido mi imaginación pero, creo que me mando un beso.

Poseidón es el único que se queda en la sala. Su mirada severa y su ceño fruncido me dicen que estoy en problemas.

—Creo que ya puedes soltar a mi hija, Nico. —declara con voz firme.

Nico me suelta como si quemara.

— ¿Se puede saber qué estabas pensando, Montserrat? —demanda Poseidón exaltado— ¿Acaso quieres que te maten? ¿No te das cuenta de que con tus comentarios les pides a gritos que te asesinen? Si no cuidas esa lengua…

— ¿Qué? ¿Me vas a matar? —pregunto altanera. Él niega cansadamente.

—No se puede hablar contigo así —se queja—. Llévensela y, Percy, asegúrate de que duerma y, cúrenle esa herida. Ya comenzó a subirle la temperatura por la infección.

Percy me toma de los hombros pero yo me alejo de él.

—No me toques.

Poseidón me evalúa con la mirada y su ceño fruncido cambia a una mirada comprensiva.

—¿Quieres hablar de lo que…?

—No quiero hablar de eso contigo.

—Bien. —dice compasivo.

—No me hables como si te importara lo que me pasa.

—Me importa lo que sucede en tu vida. Eres mi hija, me preocupo por ti, ya te lo he dicho antes.

Yo me quedo en silencio dudando de sus palabras.

—Creo que por el momento sería prudente que no hicieras nada que moleste a Hades y Hefesto —dice cambiando de tema abruptamente—. Será mejor que te alejes de tus amigos por algún tiempo…

—No te preocupes —contesto—, no pensaba estar cerca de ellos.

Ambos bajan sus rostros y solo sirve para que me sienta una desgraciada con ellos.

—Quiero hablar con mi hija a solas, por favor.

Los demás asienten y, Annabeth, me da un suave apretón de mano.

Cuando al fin nos quedamos a solas, le doy la espalda y comienzo a examinar la sala de tronos a la espera de que él hable. Lo siento seguirme de cerca pero, no siento que me vigile, al contrario, parece que disfruta de esto.

— ¿No crees que estas siendo muy dura con ellos?

— ¿No eres tú el que estaba diciendo que me alejara de ellos? —replico suavemente.

El suelta una risita ronca.

—Sé que me arrepentiré de esto pero, no creo que debas culparlos de algo que no estaba en manos de nadie resolver. A como yo lo veo, no fue culpa de nadie.

—No puedo estar cerca de ellos, padre —volteo a verlo y, el tiene una ligera sonrisa en su rostro—. ¿Qué pasa?

—Es la primera vez que me dices así.

Yo desvío la mirada.

—Es tu dolor el que habla porque, no los odias, si así fuera, no te importaría lo que sucediera con ellos. Es por eso que no les haré nada, a ninguno de ellos.

— ¿Tampoco a Annabeth?

—En especial a Annabeth. Tu hermano me mataría —bromea—. Aun así, mantente alejada de ellos por ahora, no necesitamos alborotar a Hades y Hefesto. Además, ninguno de esos dos me gusta para yerno.

— ¡Papá! —me quejo— ¡No me gusta ninguno de los dos! —una parte de mi, siente que miento.

—Díselo a Afrodita.

Pongo los ojos en blanco.

—Me es difícil estar cerca de ellos… no me siento bien a su alrededor —admito por lo bajo—. ¿Eso es normal? ¿Es normal que no quiera estar cerca de mi propio hermano?

—Hija, los humanos no son normales, si lo fueran, todo sería tan aburrido.

— ¿Gracias?

Vuelve a reír divertido.

—Lo que quiero decir es que te tomes tu tiempo. No apresures las cosas. Sé lo orgullosa y testaruda que eres pero, no dejes que el orgullo y el odio te cieguen. Necesitas tener un cierre, tus últimas palabras hacia el pequeño.

—Haré lo que pueda. —mascullo entre dientes.

El me reprocha con la mirada.

—Y…, debes ser comprensiva, nunca sabes lo que orilla a una persona a actuar de la forma en que lo hace.

— ¿Por qué siento que ya no estamos hablando de Percy, Nico y Leo?

—Han pasado muchas cosas en tu ausencia —se limita a contestar—. Ya te pondrás al corriente después.

—Pero…

—No tengo mucho tiempo, Montserrat. No hagas nada estúpido.

— ¿Por qué siempre que nos vemos me dices lo mismo?

— ¿Y por qué nunca me haces caso?

Frunzo el entrecejo.

—Y aléjate de Apolo también.

—Eres tú el que lo envía.

—Pero no para que te lo ligues.

—No ligo con él.

—Ajá —reniega escéptico—. Toma, mandé a un sátiro por ella. Que sea la última vez que tenga que entregártela.

—Era una emr…

— ¿Desde cuándo comprar medicamentos mortales es una emergencia? —pregunta desconcertado.

Tomo mi anillo y lo coloco sonde pertenece.

—Desde que el medicamento era para un mortal. —replico yo.

—Cómo sea, cuídate. Ya hablaremos después.

—¿Promesa o amenaza? —bromeo.

—Promesa.

. . . . .

El regreso al campamento fue tenso. Nos fuimos apretujados en un taxi los cinco. Yo me tuve que ir en las piernas de Annabeth. Nadie dijo nada. Nadie sabía cómo romper con la tensión del momento.

Cuando íbamos subiendo la colina rumbo al campamento, me encontré con el árbol contra el que me estampó la lata con patas que envió Hefesto. Estaba partido por la mitad pero, varias hojas y ramas nuevas florecían en el tronco. Me acerco a él y acaricio la corteza rugosa y vieja.

— ¿Es raro ver el lugar en donde hiciste tu viaje al otro barrio? —pregunta Leo en un intento de romper el hielo.

Estoy a punto de contestarle pero algo me lo impide.

—Papá dijo que me pondrían al corriente de lo que pasó este último año. —cambio de tema.

Volteo a verlos y, ellos se miran entre sí, decidiendo algo.

—Será mejor que descanses —sugiere Percy—, han sido unos días difíciles para ti.

—Créeme, sea lo que sea que salga de tu boca no podrá hacerme sentir peor.

Sus ojos se ensombrecen y desvía la mirada de mi rostro.

En todo este tiempo, ninguno de los cuatro, me ha visto directamente a los ojos.

— ¿No van a hablar? —pregunto.

—No sé cómo decirlo. —explica Percy.

—Dilo cómo es.

—Encontramos a tu madre.

La sangre abandona mi rostro y me siento ajena a mi cuerpo.

«Encontramos a tu madre». «Encontramos a tu madre». «Encontramos a tu madre».

Esa frase se repite en mi mente una y otra vez. No sé hasta cuándo pero, cuando soy consciente de mí entorno nuevamente, me encuentro dentro de campamento en algún lugar cercano al lago.

— ¿Vas a volver a hablar? —pregunta Percy.

Estira la mano en un intento de alcanzarme y me retiro de su agarre. Baja la mano inmediatamente.

—Perdón. —murmura.

—Necesito estar sola. —comunico.

—Debes checarte la herida. —recuerda Leo.

—Solo déjenme tranquila.

—Monse, no…

— ¡No quiero estar con ustedes! ¡Déjenme en paz!

No les doy tiempo de replicar cuando comienza a alejarme de ellos. Camino al único lugar en el que puedo conseguir un poco de paz. Necesito olvidarme de todo este día. Necesito hacer lo que dijo papá. Necesito tener mi cierre. Tengo que despedirme de mi Jamie y, tratar de seguir adelante. Al carajo con mi madre, por mí, puede irse a bailar cumbia desnuda al mismo Vaticano, a mí, no podría importarme menos. No la necesito. No la necesité durante estos catorce años, no comenzaré a necesitarla ahora.

Me aviento de cabeza al lago y me sumerjo en las profundidades. Me dispongo a quedarme ahí, quieta, sin hacer nada; simplemente recordando los mejores momentos con mi bebé y, tratando de quedarme con los más felices. Dándole el cierre necesario a esto, tratando de enterrar mi dolor.

Las nereidas se arremolinan a mí alrededor pero yo las ahuyento. Percy no hace ningún esfuerzo por seguirme y, lo agradezco. Necesito estar lejos de todos ellos.

Grito. Lloro. Pataleo. Golpeo la pared de tierra que forma el lago. Me arranco los cabellos. Nada me hace sentir mejor. Nada mitiga el dolor que siento en el pecho. Existe un tipo de dolor que se adueña de ti al grado de que sólo te sabes vivo al sentirlo. Esa es la clase de dolor que siento.

Cuando al fin salgo a la superficie, no me siento mejor. Me siento mal, triste, herida. Sola. La imagen que me recibe no me hace sentir mucho mejor. Nico, Leo y Rachel están paseando al otro lado del lago. Sus risas llegan hasta mis oídos y, yo siento que me quiebro nuevamente. ¿Cómo es que ellos están tan tranquilos y yo estoy aquí, luchando por mantenerme unida?

Cuando Leo gira para verme, yo bufo como toro y les saco la vuelta antes de hacer alguna de mis estupideces.

No tengo suerte. Percy y Annabeth están esperándome en un árbol cerca del lago. Ahí lo comprendí. Ellos me habían rodeado. Cada grupo de un lado diferente del lago, impidiendo que huyera de ellos.

Piper y Jason están al norte y, Hazel y Frank al sur. No hay escapatoria, así que decido hacerme la tonta e ignorarlos antes de que le salte encima de la pelirroja por estar cerca de mí.

Percy me toma por la muñeca y me obliga a pararme en seco. Yo trato de quitármelo de encima pero su apriete férreo me lo impide.

—Suéltame. —demando. Coraje coloreando mi voz.

—No hasta que me escuches.

—No quiero dañarte, Percy. Su-él-ta-me.

—No. Necesitamos hablar.

— ¿Y para eso trajiste a tu sequito? —me burlo.

—Monse —interviene Annabeth—, creo que es normal todo lo que sientes, pero ¿no crees que estás sobre reaccionando?

—Solo quiero unos momentos a solas, ¿es mucho pedir? Quiero estar sola y, ustedes no han más que asfixiarme. No quiero verlos. No puedo verlos por ahora.

—En algún momento debes volver a hablarnos, ¿no crees? —pregunta la voz de Nico a mis espaldas.

Volteo a verlo y los demás están con él. Rachel, está con él. El coraje se apodera de mi vocablo.

—No estaría tan segura.

Percy posa su mano en mi hombro y me lo sacudo nuevamente.

—No me toques.

Sé que hago mal. En el fondo, sé que no es su culpa. Sé que nada de lo que paso es su culpa, es una de las cosas que he aceptado en el lago pero, si termino de aceptar esa idea, la verdad me aplastará. Es más cómodo vivir en esta mentira que he ideado.

—Creemos que deberías hablar con nosotros de lo que pasó. Soy tu hermano, estoy aquí para ti.

Lo veo y, solo veo a un chico preocupado por mí.

—Pero yo no quiero hablar contigo. No me siento capaz de estar cerca de ti, cerca de ellos —me tiembla la voz—. No puedo verlos sin recordar a Jamie postrado en esa cama, ¿entiendes?

Jason desvía la mirada y, Hazel me mira de una forma que me hace sentir extraña. Nico baja la mirada y, Rachel le da un apretón de manos. Eso me enferma.

—Es solo que… lo sentimos. Nosotros no sabíamos… No era nuestra intención, Monse.

Trata de abrazarme y yo me alejo de él.

—Si aprecias tus manos, mantenlas alejadas de mí. Mantente alejado de mí, Jackson.

Veo su rostro herido y, no puedo más. Me alejo de él, dándole la espalda, llevándome mi dolor conmigo.

—¡Espera! —me toma del hombro y me obliga a verlo.

—¿Es que no te cansas de rogar? DEJAME SOLA. ¿No entiendes eso? ¿Eres estúpido o algo así?

—Qué quiera estar cerca de ti no significa que voy a aguantarte todos tus desplantes. —me echa en cara.

—Pues yo no te pedí que los aguantaras. Los soportas porque quieres.

—Chicos… —interviene Annabeth. Nosotros las ignoramos.

—Al parecer, los aguanto por idiota.

—Tú lo has dicho, no yo.

Su rostro se vuelve rojo de la furia.

—Comprendo que te sientas mal por lo que pasó, pero no voy a dejar que nos trates así.

— ¡Entonces lárgate! ¡Déjame tranquila!

—No.

— ¡Pues entonces no te quejes!

A este punto, ambos estábamos gritándonos y varios campistas voltean a vernos.

—Chicos… —llama esta vez Leo.

— ¡Me quedo contigo porque me importas! ¡Me preocupas! ¡Siento que vas a hacer alguna estupidez!

— ¡Pues no lo hagas! ¡No te necesito! ¡No necesito a ninguno de ustedes!

— ¡Sí nos necesitas!

— ¡No! ¡No los quiero cerca de mí! ¡Me maldigo por haber tenido algo ver con ustedes! —sentencio con odio.

—No sabes lo que dices.

Eso es todo. Lo empujo. Mis manos impactan con su pecho y lo aviento lejos de mí. Él cae de sentón y, me mira sorprendido —al igual que todos alrededor—. Sus ojos se abren a lo imposible y, antes de que me dé cuenta, engancha sus pies en los míos, haciéndome caer sobre él.

Me rodea con los brazos y me da vuelta, quedando sobre mí.

—Escúchame… —se queda sin aire cuando hundo mi rodilla en su estómago.

Lo hago girar y, antes de que pueda escapar, me toma de las caderas y me hace caer de espaldas.

—No irás a ningún lado —anuncia—. Descárgate de una vez.

Los demás miran nuestro espectáculo, temiendo lo peor. Creo que nos conocen muy bien.

Golpeo sus costillas con mi pie y, un quejido sale de su boca. Increíblemente, me regresa el golpe, atizándome en la pierna con su puño. Grave error. Él lo sabe. Lo sé por la cara que puso. Impulso mi puño contra su costado y mi pie impacta con su hombro.

Hazel hace un intento por detenernos pero, Frank la detiene.

Nos ponemos de pie y, sin quererlo, lo evalúo con la mirada, asegurándome de que esté bien. Él lo nota porque sonríe triunfalmente. Eso me enfurece nuevamente. Salto sobre él y, él me esquiva, haciendo que caiga de narices.

Grito de frustración. Me levanto hecha un vendaval y arremeto nuevamente contra él. Él se dedica a esquivarme. Los demás hacen un círculo a nuestro alrededor y, hay varias caras nuevas. Por el rabillo del ojo veo que Leo le susurra algo a Rachel y esta lo pasa a Nico quien suelta una risilla. Algo dentro de mí explota, llegando a mi límite y, no razono lo que hago.

Un nudo se extiende por mi estómago, retorciéndolo de una forma bastante familiar en mí ahora. Conozco la sensación y sé qué es lo que sigue. Ahora sé que no debo temer lo que puedo hacer.

El suelo comienza a vibrar de forma alarmante. Una sonrisa triunfal se forma en mis labios. Los demás me miran sorprendidos. El cielo se nubla, tapando la luz solar. El suelo comienza a resquebrajarse y una grieta lo atraviesa, separándonos a Percy y a mí. El luce sorprendido y hasta desconcertado.

—Ah, no, eso sí que no. —declara.

Lo último que veo es a él saltando sobre mí. Azotamos y todo se detiene. Ya no tiembla más. Eso no le basta. Me hace rodar y, rodamos entre golpes y maldiciones. Caemos al lago y, el aprovecha la situación. El agua comienza a agitarse violentamente. Ninguno de los dos sale a la superficie —el otro no se lo permite—. Las nereidas se alejan de nosotros y estoy segura de que nos vetarán de por vida.

Burbujas salen a la superficie. Percy intenta rodearme con brazos y piernas y yo no se lo permito. Golpeo. Esquiva. Pateo. Me rodea. Prensa. Escapo. Establecemos una danza que no termina…, hasta que me canso.

Siento mis fuerzas menguar y, antes de que pueda hacer algo, me siento como una muñeca de trapo. Percy me sostiene en vilo y, cuando se asegura de que no voy a escapar, salimos a la superficie. Escupo el agua que trague mientras gritaba y, la cara de Percy no me dice nada bueno.

Sigo su mirada y me encuentro con mi camiseta manchada de sangre y de un líquido amarillo y de procedencia dudosa.

—Te abriste la herida. —murmura.

Yo me desplomo en el césped exhausta. Jason le da una zape a Percy.

—La has lastimado, idiota.

—Fue sin querer. —se excusa el animal que tengo por hermano.

Yo me concentro en inhalar y exhalar. Algo me bloquea la luz del sol.

— ¿Te encuentras bien? —pregunta Nico. Un halo rodeándolo, haciéndolo parecer un Dios.

Jadeo y no sé si es por el dolor o por el cansancio.

—Te llevaré a la enfermería. —anuncia Leo. Intenta cargarme y yo me alejo de él.

—Puedo llegar sola.

Nico pone los ojos en blanco.

—Eres tan necia. Te llevaremos a la enfermería aunque tenga que arrastrarte.

—Suerte con eso. —jadeo.

Mi herida punza y ya me arrepentí de no haber tomado los antibióticos todos estos días.

—Vamos yo te llevaré. —dice una voz de la nada.

Alzo la vista y encuentro con Marco, el hermano de Bárbara.

Dudo un momento pero, no me caería nada mal un poco de néctar. Tomo su mano y me ayuda a ponerme de pie.

—Acompáñame, pues. —le invito y me alejo de los chicos, no sin antes ver su semblante herido.

Marco pasa una mano por mi cintura, con el pretexto de que me encuentro muy débil y yo me dejo hacer.

Veo a Nico entrecerrar sus ojos con rabia y, sus puños apretados me dicen que esta cabreado. A mí no me importa. Por mí, que se quede con su Rachel.

Me recargo en Marco y me dejo guiar por él hacia la enfermería. Su mano firme en mi cintura y su otra mano sosteniendo la mía. Mi rostro recargado en su pecho fuerte, sintiendo el calor en mi mejilla.

—No te preocupes, ya casi llegamos —murmura, haciéndome sentir algo incómoda—. Te pondrás mejor y, podremos pasar la tarde juntos.


¿Hola? *se esconde detrás de su escudo* ¡No me maten!Ha las personitas que tienen cuenta aquí,

ya les dije el porqué de la demora en actualizar. A los que no, pues les digo que, estuve de vacaciones,

así que estuve de turista en muchos lugares y, pues no tenia mucho tiempo de escribir.

Ahhh... no saben lo que senti al ver sus reviews. No tengo palabras para describir la felicidad que me

invadió al ver sus reviews en mi cumpleaños. Me calentaron el corazón (quitando de lado que me dijeron

ser sin corazón y sentimientos xD). Muchas gracias a todos los que comentaron. Eso me da ánimos de

seguir escribiendo. O sea, ¡he llegado a más de 100 REVIEWS!

Debo confesarles que, cuando inicié esta historia, no creí que alguien la fuera a leer, y, saber que les gusta

fue el mejor regalo de cumpleaños.

Cambiando de tema, agradezcanle a Anonimo5 por darme un jalón de orejas y hacerme actualizar antes de

lo que tenia previsto y a, Srta A.G. por chantajearme-convencerme de que tenía que actualizar ya XD

Bueno, regresando a la historia, otro de los motivos por los que tardé fue porque, ya saben que en mi

historia todo esta friamente calculado y, no quería subir algo solo por actualizar (creo que los tengo algo malcriados),

así que me tomé mi tiempo para escribir, lo cual, me enorgullece decir que fueron cuatro días. Parecía Jim Carrey en la

peli de Todo poderoso, pero valió la pena. Ahhhh... no tiene idea de lo que me costó hacer este capi, me cuesta

escribir de forma negativa cuando se trata de mis bebés. Es dificil odiarlos, pero creo que lo conseguí.

Cambiando nuevamente de tema, me doy cuenta de que casi no les hago preguntas, así que hoy les haré una y,

espero que me contesten en los comentarios (no me ignoren), tal vez, lo incluya en la trama(: Diganme, de todas las

parejas que han salido en mi historia (o insinuaciones de parejas como por ejem: Connor y Miranda, Nico y Percy, etc),

¿cuál a sido su favorita?

¡Espero su respuesta!

Bueno, esta vez me alargué, pero, no importa. ¡No me ignoren!

Espero les haya gustado y, esta vez no les digo que ojalá haya valido la pena la espera porque, la verdad, si tardé

demasiado, casi un mes :$

Ahora sí me despido.

¡Besos a todos!

PD: PARA LOS QUE LEEN MI OTRA HISTORIA "ENREDOS TRAS BAMBALINAS" NO HE ACTUALIZADO PORQUE ME BORRARON LA HISTORIA Y ESA ESTABA YA CASI COMPLETA, ASÍ QUE ESTOY RESCRIBIENDOLA NUEVAMENTE. TRATARÉ DE ACTUALIZARLES EN CUANTO PUEDA, CHICOS, LO JURO.

PD2: ¡SIGO EN BUSCA DE UNA BETA PARA PODER ACTUALIZARLES MÁS RÁPIDO! ¿AHORA VEN EL BENÉFICO DE LAS BETAS? PUDE HABERLES ACTUALIZADO ANTES ;)

Ahora sí, bye :3