2º capítulo: Conociendo a los Sombrero de Paja y… ¡Aparece Shippo!

Un día antes;

- ¿¡Eeeh!? – exclamó Shippo al despertar. - ¿Dónde estoy? ¿Kaede? ¿Sango? ¡Miroku!

Se levantó y desde dónde estaba observó a su alrededor. No conocía ese lugar. ¿Se habría alejado mucho del pueblo? Intentó recordar qué estaba haciendo antes de caerse dormido. ¡Ah, sí!¡El pozo! Había intentado cruzar el pozo. ¡Entonces estaría en el mundo de Kagome!

- ¡Kagome! ¿Estás ahí? ¡Kagome! – se subió a una palmera para situarse mejor. Pudo ver que estaba en una isla. Pero al no encontrar ningún rastro de ella se desanimó y se dejó caer por el tronco hasta la base.

- ¡Debería haber hecho caso a Miroku y a Kaede! – se lamentó.- Siempre me habían dicho que no saltase dentro del pozo y que sólo Kagome e Inuyasha podían cruzar… ¿Ahora qué hago? - suspiró desesperanzado. – Bueno, no voy a quedarme sentado aquí así que me voy a dar una vuelta.

Dicho y hecho, el pequeño demonio zorro se puso en marcha. Se dirigió a la orilla y se metió con cuidado para refrescarse.

- ¡Ah! ¡Qué buena está! – y avanzó un poco más. Pero no sabía que …

- ¡Aiiii! ¡Algo me ha picado! – y salió corriendo del agua. Vió cómo unos peces saltaban fuera del agua.

Malhumorado decidió no meterse más en el agua y se metió en el bosque. Nada más entrar algo le cayó encima.

- ¡No veo, no veo! – se tambaleó por todos lados intentando quitarse esa cosa de la cabeza. Era pesada y resbaladiza. Oyó un crujir bajo sus pies, pero cómo no veia nada no le dio importancia.

Al final pudo deshacerse de esa cosa, tirándola a un lado.

- ¡Era una serpiente! – y se alejó corriendo del lugar. Paró a recuperar el aliento.

Vió por el rabillo del ojo que algo se le acercaba. Eran unas aves blancas, parecidas a unas garzas, pero más grandes.

- ¡Hola! – saludó amablemente Shippo. Pero enseguida se dio cuenta de que ellas no eran tan amables.

- ¿Por qué me mirais así? – graznaron muy furiosas y saltaron hacia él - ¿¡Qué os he hecho yo!? – exclamó el zorro histérico esquivando su ataque y saliendo disparado de allí.

Después de dar varias vueltas y varios picotazos en la cabeza las garzas lo dejaron estar.

- Qué mala suerte. No veía nada con la serpiente encima y les he pisado el nido. – murmuraba Shippo mientras se frotaba un enorme chichón. – Nada de entrar al bosque, nada de meterse en el agua. ¡Voy a sentarme en la playa!

Así que se sentó en la arena a mirar el sol que ya se estaba poniendo. "¿Cómo saldré de aquí? ¿Es este el mundo de Kagome? No lo parece. Inuyasha siempre cuenta cosas muy raras sobre coches y demonios en los que se monta la gente." Pensaba Shippo.

De repente, la arena debajo de él empezó a temblar y Shippo sintió que se elevaba y se movia. Al mirar hacia abajo, se encontró que estaba montando un enorme cangrejo.

- ¿¡Y ahora qué más!? – gritó Shippo enfadado. – ¡Eh, tu! – tocó su caparazón. – ¡Déjame en tierra!

El cangrejo giró sus ojos hacia él y con una pinza lo agarró de la cola.

- ¡Ai, ai, ai!¡Suéltame! – gritaba intentando escabullirse.

El animal, en vez de hacer eso, se lo aproximó a la boca.

- ¡No me comas! – gritaba Shippo aterrorizado pegándole puñetazos a las pinzas. - ¡magia de Zorro! ¡Peonza gigante! – metió la mano en su chaleco y sacando el juguete, lo tiró sobre el cangrejo que se desmoronó mareado.

- ¡Te está bien empleado! – y Shippo se deshizo de su captura y se alejó de allí. Un gruñido proveniente de sus tripas le sorprendió. - ¡Qué hambre! – y echó la mirada atrás hacia el marico con la boca hecha agua.

Shippo se había construido un pequeño refugio y delante de él, había hecho una hoguera dónde se cocía el cangrejo.

- ¡Qué bueno que está! ¡Por lo menos podré dormir con la barriga llena! - decía relamiendo una pata. – Bueno, guardaré un poco para mañana. ¡Y ahora a dormir!

Nada más decir eso, una sonata de ranas, garzas y otros animales de la isla empezó a sonar. Shippo se tapó las orejas. "No voy a poder dormir así".

- ¡Calláos! – gritó. Los animales dejaron de cantar por un momento pero enseguida volvieron a las andadas.

El demonio zorro se acurrucó cómo pudo, con las manos en la cabeza, para dormir.

- ¡Está decidido! ¡Mañana me hago una balsa y me voy!

Esa misma noche…

-¡Mi señor! ¡No lo hemos encontrado! – dijo una voz muy aguda, resoplando.

- ¡No ha podido desaparecer! – exclamó furiosos un hombre encapuchado.

- ¿Y si ha hecho una balsa?

- Hubiera algunos troncos cortados.

- Se habrá subido a dormir a una palmera…

Conversaron varias voces. De repente, el hombre encapuchado les interrumpió.

- ¿¡Qué hacéis charlando?!¡Quiero que me reviseis cada centímetro de esta isla!

- ¡Sí, si! – contestaron a coro las figuras, dispersándose.

- Vaya trabajito… - murmuró para sí. – Pero pagan bien…

Al cabo de un rato, apareció una figura pequeña que tiró del abrigo del hombre.

- ¿Qué pasa?

- ¡Señor,señor! ¡He tenido una idea!

- Dime. – dijo con voz cansina.

- ¡Nos hemos equivocado de isla! ¡Sí, si! Si lo mira usted bien, hay muchas y nos hemos podido… - el hombre lo cayó con un capón.

- ¡Haberlo dicho antes!

- Ai, ai, es que se me acaba de ocurrir.

El señor sacó un silbato y sopló. Al momento aparecieron todas las figuras y se metieron dentro del gran saco que llevaba.

- Vaya trabajito… - iba diciendo mientras se metía en su barca.

Inuyasha y Kagome ya se habian acostumbrado a las locuras de la tripulación con la que iban pero despertarse al sonido del violín justo al despuntar el sol era demasiado.

- Hoy se supone que llegaríamos a la isla. – dijo Nami echando un vistazo al horizonte antes de entrar a la cocina.

- ¡Buenos días, Robin-swan, Nami-chan y Kagome-chan! – les recibió el cocinero.

- ¡Buenos días a todos! –dijo Usopp que venía bailando al son de Brook.

- ¡No molestes a las señoritas! – le riñó Sanji mientras servía un plato elaboradísimo de bizcocho y mermelada.

Kagome se encontraba muy a gusto entre ellos. Eran como una familia, todos con su pequeño pero importante rol. Miró a Inuyasha. Estaba malencarado, medio dormido y gruñón. "¡Bah! ¡Nunca cambiará!" pensó ella. Hoy se dedicaría a investigar el barco y conocer un poco mejor a los piratas. Después de desayunar, fue a ver al médico que estaba en su laboratorio.

- Dime, Chopper,¿tu te encargas de curar a tus nakamas, verdad? – el reno asintió halagado.

- ¿Me podrías enseñar un poco? Yo estoy aprendiendo a usar las plantas medicinales en la época de Inuyasha y ya que eres tan buen médico…

- ¡Eeeh! ¡Aunque me digas eso no vas a conseguir hacerme feliz, cabrona! – dijo Chopper haciendo su usual baile.

Inuyasha oyó las risas de Kagome y Chopper, ¿por qué ella no podía pasarselo tan bien cuándo estaban ellos juntos? Su risa era melodiosa y dulce.

Se imaginó que Kagome se unía definitivamente a la banda de piratas. "¡Al ataque!" diría ella con un sable en una mano. Que va, que va… Ambos iban a volver a su mundo y derrotar a Naraku. Estaba preocupado por lo que pudiera estar haciendo ese tipo.

- ¡Eh! – le llamó Franky. - ¡Pásame esa caja! – Inuyasha despertó de sus reflexiones e hizo lo que le decía, sentándose al lado del cyborg para ver lo que estaba haciendo.

- ¿Tú también sabes de esos "coches"de los que habla Kags?

- Mmm…¿Te refieres a esos demonios ruidosos y apestosos? – dijo él distraído.

- Sí, supongo. –dijo Franky sonriendo.

Después de estar un rato sentado sin decir nada, Inuyasha preguntó lo que le había estado rondando por la cabeza.

- Entonces, ¿aquí no hay más demonios?

- Bueno si contamos a los que se han comido las frutas…

- A parte de esos.

- Mmm… - Franky se paró a pensar. – Que yo sepa no. Pero el Nuevo Mundo es sorprendente. A lo mejor nos encontramos a alguno. – se rió. – Ya llevamos uno contándote a ti.

Inuyasha hizo una mueca que pretendía ser una sonrisa. Se levantó y fue a la cocina, dónde el cocinero le echó de allí de mala manera. Por lo visto, Sanji ya lo había clasificado cómo "peligroso" para la nevera.

- ¡Eh! ¡Orejas de perro! – le llamó una voz entusiasta.

Él se volvió mosqueado. "¡Cuántas veces le he dicho que no me llamó así!"

- ¡Ven a pescar con nosotros! – le decía Luffy en compañía de Usopp.

"Bueno, tampoco tengo nada mejor que hacer" Y se dirigió hacia ellos.

Kagome, por otra parte había acabado la clase con Chopper y se dedicó a explorar el barco. Subió al nido del cuervo dónde estaba Zoro entrenando. Lo vio levantar pesas más grandes que él y lo hacía cómo si nada. De repente paró y se giró la cabeza hacía dónde estaba ella. Kagome, antes de que la viera, se escabulló y salió. Le parecía que no les tenía mucho aprecio, sobretodo por lo que había pasado con su capitán. ¡Pero es que la ponía de los nervios, siempre tan enfadado y serio!

Pasó también por la biblioteca, dónde estaba Robin leyendo.

- ¿Explorando?- le preguntó sin levantar la vista del libro.

- Si… -dijo tímidamente. La mujer, aparte de por la presencia demoníaca era también muy seria; parecía saberlo todo con sus ojos grandes y azules e imponía respeto.

- Kagome, ¿podrías contarme más cosas de tu mundo, por favor? – dijo de repente dejando el libro a su lado.

- Sí, claro. – y fue a sentarse a su lado. - ¿Por dónde empiezo? Yo vivo en un país llamado Japón…

Así fue cómo Kagome descubrió que Robin era una mujer muy culta e instruída, de hecho era arqueóloga. Le interesaba especialmente la historia de su país y la chica lo tuvo difícil para recordar lo que había dado en clase. Además había faltado mucho al instituto. También supo un poco más de la tripulación. ¡La cabeza de Luffy ascendía a 400.000.000 berries! (Aunque no tenía ni idea de cuánto era eso en yenes, era algo desorbitado). Se enteró a grandes rasgos de los principales eventos como la guerra de Marineford, o del sistema de gobierno del momento.

- ¡Es horrible! – exclamó ella cuandó escuchó lo que había pasado en Sabaody con la venta de esclavos.

- Lo peor es que el gobierno lo oculta porque es el pasatiempo de los Tenrubytos.- se lamentó Robin.

- ¡Estoy de acuerdo con lo que hizo Luffy! – dijo alzando el puño, Kagome.

- Si supieras cuántos problemas nos trajo… - Robin recordó entonces la separación que les aconteció seguidamente.

- Bueno, Robin, continúo con la visita al Sunny…

- Gracias por la historia…

- ¡Gracias a ti! –se despidió ella.

En la cocina Sanji la recibió con corazones en los ojos

- ¡Kagome-chan!

- Hola Sanji.

- ¿Quiere algo para picar, Kagome-chan?

- No, gracias. – ella se sentó enun taburete al lado de la barra de la cocina. - ¿Te molesto si me quedo aquí?

- ¡Para nada! ¡las señoritas siempre son bienvenidas en la cocina!

Kagome estuvo un rato sin decir nada, observando al cocinero canturrear mientras trabajaba.

- Antes de ser pirata… ¿Qué hacias?

- Yo trabajaba en el restaurante mierdoso del Baratie. Entonces vino Luffy… - echó una bocanada de humo de la boca. – Y digamos que casi me obliga a ser su cocinero de abordo.

Kagome se rió con ganas. "¡Como había hecho con nosotros!".

- Kagome-chan es tan guapa cuándo sonrie… - dijo él bailando.

- ¿Es que siempre recluta a la gente igual?

- Suele, sí. Menos con Robin-chwan que se reclutó ella sola. – Sanji tenía la mirada perdida. Bueno, los corazones le nublaban la vista.

- ¿Quién fue el primero? – dijo ella por curiosidad. Sanji hizo una mueca.

- El marimo…

"¿El marimo?" Ella no recordaba haber conocido a ningún "marimo". "Espera, ese no podría ser…¿Zoro?". Kagome se volvió a reír. ¡Parecía que el cocinero y el espadachín se llevaban mal!

Inuyasha, que pasaba casualmente por allí, se asomó a a la cocina. Kagome estaba hablando con ese pervertido y se sintió molesto. Entró y se sentó a su lado.

- ¿Tu que haces aquí? – se enfadó Sanji. - No te voy a dar nada entre horas, ¿entendido? Quédate ahí y no molestes. – se volvió hacia la miko. - ¿Por dónde iba? Ah, sí, bueno, después se unió Usopp, Nami-chan, yo el cuarto, después Robin-chwan, Franky y por último Brook. ¿Vosotros también teneis nakamas en vuestro mundo?

- Sí. Está Shippo, Sango…

- ¿Sango-chan? – dijo Sanji ennubilado, imaginándose a esa Sango. Inuyasha gruñó. " Ese cocinero no tiene remedio".

- …Y Miroku. – concluyó Kagome. – Bueno, y Miyoga y Kaede también se pueden contar.

- ¿Kaede-chan? – otra vez, Sanji se dejo llevar por la imaginación. Kagome e Inuyasha al ver su cara se echaron a reír..

- ¡Kaede es demasiado mayor para ti! – dijo sarcástico Inuyasha. Eso bajó a Sanji de las nubes y le hizo recordar a Kokoro. Su cara se ensombreció. Inuyasha sonreía burlonamente y Kagome no podía parar de reír.

- Los echo de menos… - dijo ella entristeciendose de repente. - ¡y todavía no sabemos cómo volver a casa! – la chica suspiró desesperanzada.

- No se preocupe, Kagome-chan. ¡Seguro que todo se arreglará! – la animó el cocinero.

Inuyasha, aprovechando el despiste de este, alargó la mano para alcanzar lo que fuera que estaba cocinando Sanji.

- ¡Eh! - Sanji le puso el zapato encima antes de que pudiera coger nada. - ¡Ni se te ocurra tocar la comida!

- ¡Au!

El semidemonio retiró la mano de debajo y se la frotó. Parecía que se estuviera hinchando. ¡El cocinero tenía mucha fuerza en las piernas!

- ¡Vale, vale! ¡ Lo he pillado! – dijo Inuyasha alejándose de la cacerola y saliendo de la cocina.

El semi-demonio ya se había acomodado en el asiento del mastil. Con los ojos cerrados, escuchaba distraído lo que ocurria a su alrededor. Todos corrían de un lado a otro, haciendo sus tareas.

De repente sintió una preséncia hostil y abrió los ojos. Era el espadachín que le observaba atentamente.

Esa espada tiene muy mal aspecto. ¿Seguro que no se parte en dos al luchar? –dijo despectivo señalando con un gesto la katana de Inuyasha.

- "Eso" – musitó él, molesto. –Es Tessaiga, Colmillo de Hierro. Y no es una espada normal. Normalmente tiene este aspecto deshecho pero cuando la necesito para luchar es un gran arma.

- ¿Qué te parece entrenar juntos para demostrarlo?

- Solo la puedo utilizar cuando tengo alguien a quien proteger.

Zoro frunció el ceño, ocultando su sorpresa. "Para proteger a alguien…" Luego sonrió, pensando que tan poco eran tan diferentes. Él había estado entrenando muy duro dos años para poder ser capaz de proteger a sus nakamas. Quizás este Inuyasha no era tan idiota como pensó en un principio. Empezó a tenerlo más en consideración.

- Es una buena razón para luchar… - murmuró Zoro más para sí que para Inuyasha.

El espadachín se dirigió pensativo al nido del cuervo, mientras el demonio-perro se endormiscaba de nuevo. "Debe ser un oponente formidable" pensaban ambos.

- ¿Qué hacéis? – dijo la aprendiz de miko acercándose a Usopp, Luffy e Inuyasha.

- ¡Están admirando mi inigualable destreza en la puntería! – exclamó Usopp triunfante. Inuyasha le miraba aburrido pero Luffy estaba totalmente entusiasmado. Ante la mirada incrédula de Kagome, el francotirador continuó: - ¡Y con razón ya que soy el mejor tirador de estos mares! – acabó riéndose desmesuradamente.

- Con que sí, ¿eh? – dijo Kagome burlonamente.

- ¿Eh? – Usopp se sorprendió al ver su expresión. - ¡¿Osais dudar demispalabras?! – reaccionó hablando con voz grave.

- ¡Vamos a hacer la prueba! – Kagome se fue corriendo a por su carcaj y flechas.

Al rato volvió con ellas y establecieron una diana. En el nido del cuervo.

- ¡Muy bien! – dijo Usopp, sacando una de sus Pop green y el tirachinas.

Kagome le miraba sorprendida. ¿Un pirata que utilizaba un juguete como arma?

- ¡Jajajajá! Parece que le has echado el ojo a mi kabuto. ¡Combinado con las Pop green es un arma inparable! – Usopp estaba en su salsa, tomado el papel de narrador-locutor de radio.

- ¡Deja de hablar y demuéstralo! – le chinchó la chica.

Sanji se asomó desde la barandilla y Franky dejó lo que estaba haciendo para observar. Brook también se acercó.

- ¡Tú primera!

- ¡Bien! – Kagome tensó el arco, cerró un ojo para apuntar y soltó la flecha. "¡Vamos, acierta!". La flecha se clavó en la diana limpiamente, a unos centímetros del centro.

- ¡Veo que no lo haces nada mal! ¡Mi turno!

Usopp disparó una de sus Pop Green, haciendo crecer una estaca de bambú en el centro de la diana.

- ¡Las tuyas son más grandes y ocupan más sitio en la diana! Eso no vale. – se quejó Kagome.

- ¡Aaah! No hemos acordado nada antes… - dijo Usopp canturreando.

- ¡Ahora verás! – Kagome disparó y la flecha se clavó en la base del bambú. -¡já! Eso se puede considerar un empate.

- ¡Toma esto! – Usopp tensó el tirachinas y disparó. Pero justamente una ráfaga de viento abrió una ventana del nido del cuervo y la Pop Green se metió dentro, explotando en una nube violeta.

- ¡Shishsihsishishshi! – Luffy se empezó a reír.

- Usopp-san, ¿qué Pop green has tirado? – preguntó Brook acercándose por detrás.

- Uh… Rafflesia, creo… - miró a Brook, después a Robin que se había parado a mirar. - ¡¿No me digais que Zoro estaba ahí dentro?! – dijo aterrorizado.

Justo en ese momente algo verde aterrizó frente a Usopp. Algo que tenía una mirada que te helaba la sangre.

- ¿Usopp? – dijo Zoro malévolamente.

- ¡Iiiiiihhh! – gritó el tirador levantando los brazos. - ¡Socorro! – Usopp salió disparado y Zoro detrás de él.

- ¡Pero si no te voy a hacer nada! – decía el marimo sonriendo de manera maliciosa.

- ¡Shishishishishishi! – se reía Luffy. - ¡Corre Usopp que te pilla!

Kagome se lo estaba pasando en grande y Inuyasha parecía más entusiasmado. Zoro y Usopp daban vueltas entorno al pasillo que rodeaba la cocina. Sanji paró a Usopp poniendole el pie en la cara.

- ¿Quereis parar de hacer el idiota? – les dijo el cocinero. Usopp se arrastró dentro de la cocina para esconderse y Zoro lo siguió. - ¡Eh! ¡A comer! – les llamó a los demás.

- ¡Yujú! ¡Comida! – Luffy se catapultó directamente a la cocina.

Al entrar Kagome vió que Usopp tenía unos cuantos chichones, dientes de menos y un ojo de color morado. Zoro estaba recostado en una silla con los ojos cerrados, tan tranquilo.

- Hola chicoz. ¿habeiz probdado los bollios rellienos? Eztan muy buenoz. – dijo Usopp trantando de sonreír.

- ¡Aah! ¡Pero Usopp! ¡¿Qué te ha pasado?! – exclamó el médico en cuanto lo vió. Saltó sobre él para cubrirlo de tiritas.

- ¡Ha zido Zoro!

- ¡Zoro! – dijo Chopper moviendo las pezuñas enfadado enfrente del espadachín. - ¡No lo vuelvas a hacer!

- ¡Vale, vale! – dijo este.

La navegante fue la última en acudir y se dejó caer pesadamente en la silla.

- ¡Estamos muy cerca de la isla Bazar! – dijo con júbilo.

- ¿Eso qué es? - preguntó Luffy zampándose unos seis bollos a la vez. Nami suspiró cansada.

- ¡Es la isla de centros comerciales de la que nos hablaron en la isla anterior! ¡Muy conocida por sus telas y espécias! Calculo que llegaremos en tres horas. De hecho ya se veía por el horizonte cuando entré en la cocina.

- ¿¡A ver!? – Luffy y Chopper se abalanzaron fuera de la cocina.

El resto de tripulantes pudieron gozar deunos momentos de tranquilidad antes de que volviera el terremoto de Luffy.

- ¡Es verdad! ¡Ya se ve la isla! – dijo Chopper entusiasmado.

- Allí os dejaremos a vosotros, ¿vale? – les recordó Nami a Inuyasha y Kagome.

Ambos asintieron. Que remedio, no iban a quedarse a navegar con ellos hasta el fin de sus días…¿ O sí? Los dos se imaginaron a ellos mismos con carteles de recompensa, parche en el ojo y pata de palo. ¡No! Regresarían a su mundo, fuese como fuese. Aunque hacerse pirata sonaba muy divertido.

¡Gracias por leer y no olviden de comentar qué les ha parecido!