¡Hola a todos! Antes de empezar con el tercer capítulo hay que decir que los comentarios me animaron mucho y que cuando los leí me puse a bailar como Chopper: "¡Aunque me digais eso no me vais a hacer feliz!" ¡No es broma! Ya saben, si hay algún error no se olviden de poner critica constructiva!
Tardaré bastante en sacar el cuarto porque hay que ponerse a estudiar, (examenes de recuperación, ¡noooo!) así que bueno, no me enrollo más y os dejo con el tercero. ¡Espero que os guste!
3r capitulo
En alguna isla circundante a la isla Bazar…
- ¡Bien, preparaos! – dijo el hombre encapuchado mientras anclaba su bote. - ¡esta vez no podemos fallar!
- Señor, si no gritara tanto a lo mejor los cogeríamos por sorpresa.
Y un tremendo capón rompió la calma en ese espejo azul que es el mar.
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- ¡Ahora sí! – dijo Nami. – ¡Un montón de centros comerciales!
Finalmente los Mugiwaras y los dos extraterrestres habían llegado a isla Bazar. Poco accidentada pero ampliamente poblada y llena de color debido a las tiendas y lonas.
- Entonces ahora si que podremos ir de compras, fufufu…
- Yo podré obtener más plantas medicinales. – intervino Chopper. Los demás se fueron acercando.
"Nuestra situación no ha mejorado aunque lleguemos a una isla habitada…" musitaba en silencio la chica del pañuelo rojo.
- ¿Qué ocurre Kagome? Te veo preocupada.
- Em, bueno… - ella volvió la mirada para encontrarse con Robin. – Es que no tengo ni idea de lo que vamos a hacer. Todo es diferente y… realmente no… entiendo porqué hemos sido enviados aquí. – acabó dejando escapar un suspiro desesperanzador.
- Eso lo ireis descubriendo a su tiempo, ¿no? – Robin añadió una sonrisa misteriosa. – Además siempre que necesiteis ayuda, podeis confiar en nosotros…
- ¡Claro que sí! – Franky, que lo había escuchado hizo su usual postura para animar a la chica. Inuyasha entornó los ojos disgustado. Le irritaba aquel "¡Suppper!".
Kagome sonrió para no preocuparles más pero la realidad era muy distinta. Ella se estremeció y tragó saliva. ¡Cómo si no fuera la primera vez que se encontraba en una situación difícil!
- ¡Ya llegamos, ya llegamos! – canturreaba Luffy cogiendo a Usopp por sorpresa y casi obligándolo a bailar un corro de la patata con él. -¡Al país de la carne!
- ¡Pero Luffy! ¿¡Quién te ha dicho que era el país de la carne!?
Mientras Nami, Sanji y Franky hablaban de temas más serios:
- Vamos a echar ancla alejados del puerto…
- Esa calita está bastante bien, ¿no? Esta bastante cerca pero está escondida entre la vegetación.
- Tienes razón, Sanji; hay un sendero fácil de seguir que lleva a las dársenas. – Nami observaba por el catalejo. - ¡Preparense para subir las velas!
- ¡Siempre a tus órdenes, Nami-chan!
Dicho y hecho, en anclar el Sunny en la recogida cala de la costa, emprendieron los pocos metros de maleza que los separaban de la ciudad. Allí se encontraron una villa alegre y colorida; con tiendas por doquier de los más diversos tipos y abarrotada de viajeros. Una chica uniformada anunciaba visitas guiadas y mapas a voz en grito.
- ¡Eh, ahí reparten mapas! – dijo Usopp separándose del grupo. Chopper lo siguió.
- ¡Dame uno a mí también! - Ambos se colaron entre la multitud.
Mientras, los demás rodeaban a los dos recolectores de la Perla de Shikon.
- Bueno; Inuyasha, Kagome. Espero que podaís encontrar la vuelta a casa. ¡Si teneis problemas ya sabeis dónde está el Sunny! – dijo Nami guiñando un ojo.
- Gracias por traernos aquí.
- ¿Qué? ¿Ya os vais? – Luffy se entristeció de repente.
Todos se llevaron la mano a la cabeza. "¿Cuántas veces se lo habían dicho ya?" . Le intentaron hacer entender (otra vez) que "orejas-de-perro" y "miko-la-de-las-flechas" venían de otro mundo y que no podían quedarse, ¡y menos ser piratas! Luffy intentaba cogerse a los dos todo el rato con lo que acababa en el suelo derrumbándose por el contacto con la piel de Kagome. Después de mucho tira y afloja…
- ¡Miko!¡Orejas de perro! Volveremos a vernos, ¿sí? ¡Ah! Y enseñadme el pozo mágico!
- ¡Me encantaría!
- Ni en broma. – dijo por lo bajo Inuyasha.
- ¡Adiós, Kagome-chan! – Sanji se presentó enfrente de la chica con una cajita. – Te he preparado este bento para que te acuerdes de mí. – el cocinero echó una miradita enfadada a Inuyasha al ver que a este se le hacía la boca agua. – Y no le des nada a el perro, ¿vale?
Inuyasha le miró furioso. Se acercó Brook lentamente a ella para colmo de Inuyasha.
- Señorita, ya que es probable que no nos vamos a ver… ¿sería tan amable de enseñarme sus panties?¡Yohohoh…!
Sanji e Inuyasha ahogaron su risa tirandosele encima. Nami se acercó sonriente a Kagome mientras esos tres se peleaban en una nube de polvo.
- Recordad que me debeis 100.000 berries por el viaje. – dejó caer como si nada.
"¡Con razón estaba tan sonriente!" pensó Kagome, sudándole la frente y balbuceando una queja.
- Pero… pero si nosotros… - la navegante la interrumpió:
- ¡Y además cobro intereses! Por ser vosotros os puedo hacer un descuento… - se llevó el índice a la barbilla, reflexionando.
- ¿¡Un descuento!? – se quejó Zoro. - ¡Pero si vas aumentando las tasas como a ti te parece!
- ¡Zoro! Unos 50.000 por quejarte.
- ¿¡Qué!? - El espadachín echaba humo por las orejas. Robin y Franky lo sujetaban y le daban palmaditas en la espalda:
- No te enfades más que lo vas a empeorar…
- ¡Bueno, adiós! – se despidió finalmente Kagome agarrando a Inuyasha por la manga. "A ver si puedo evitar el tema de la deuda, por lo que dice Zoro, mejor no contraer deudas con Nami"- ¡Ha sido un placer conoceros!
- ¡Adiós! ¡Que os vaya bien!
Cuando estuvieron ya lejos, Kagome le dijo a Inuyasha:
- Aunque digan que son piratas… son muy buena gente, ¿verdad Inuyasha? Creo que les echaré de menos…
- Sí… - respondió él. La chica le miró para ver cómo se relamía y se frotaba la panza.
"Solo echará en falta la comida" pensó ella malhumorada.
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En la misma isla y bastante cerca:
- ¡Que hambre! – decía Shippo mientras se arrastraba por debajo de los tenderetes. El cangrejo del islote se le había acabado hacía tiempo y además estaba muy cansado. ¡Le habían confundido con un conejo y le habían intentado cocinar!
Se tumbó boca arriba, a la sombra de una mesa. Veía los pies del dependiente y de los clientes. De repente un olor delicioso llegó a su nariz. "Que buen olorcillo… Diría que es de bollería" , y se dejó llevar por su olfato hasta el origen. Se asomó a la mesa. ¡Eran tortitas dulces! El estómago le gruñó.
- Si pudiera comer tan solo una… ¡eso es! ¡Cogeré una sin que se de cuenta y saldré de aquí!
Esperó a que el vendedor estuviera ocupado y salió de debajo del mantel. Pegado a una pata de la mesa se puso de puntillas para alcanzar mejor. En cuanto sus dedos tocaron la masa, cerró el puño y rápidamente se escurrió debajo de la mesa. Esperó unos momentos, recuperando el aliento y atento a la posible reacción del vendedor. ¡Nada!
- Nadie me ha visto, genial. Puedo quedarme aquí un rato. – y le dió un pequeño mordisco a la torta.
¡Qué cosa más dulce! La miel y la nata se le fundían en la boca. ¿Y los trozos de manzana? Mmmm… ¡delicioso! Se la comió enseguida y se rechupeteó los dedos.
- Bueno, ya está. Ahora tengo que salir de aquí. – pero el estómago de Shippo gruñó de nuevo. - ¡había dicho que sólo una! Pero están tan buenas… - se relamió los labios. - ¡Venga, una más! No se enterarán de todas maneras…
Repitió la operación una vez más. Tampoco pasó nada. Y luego decidió coger otra para guardarsela para más tarde.
- Espera… ¿Cuántas quedan en la mesa? Cinco, ¿no? Y he cogido tres… Si cojo una más vamos a mitades. – Se volvió a colocar al lado de la pata de la mesa pero le asaltaron las dudas:
- ¿Y para mañana? ¿y para el otro? No sé cuanto tiempo voy a tardar en encontrar a Kagome…
Al final, su pequeña mano arrastró el plato entero debajo del mantel. Apretando las tortitas y el plato contra su pecho salió de su escondite. "¡Tengo que salir de aquí! ¡el dueño ya se habrá dado cuenta!" Shippo miró hacia atrás pero al hacerlo se chocó contra alguien y las tortitas volaron.
- ¡Lo siento, lo siento! – dijo el demonio zorro recogiendolas rápidamente.
- Au… - dijo el personaje con el que se había chocado. Era de su misma estatura y llevaba un sombrero abombado.
- ¡Perdón! – y Shippo desapareció por entre la gente.
- ¡Atrapad al ladrón! – el dueño, al fin, se había dado cuenta y llevaba con él a otros amigotes.
- ¡Ya lo tenemos! – dijeron algunos con palos en las manos.
Shippo que estaba lejos ya, se extrañó de no ver a nadie alrededor, puesto que era él el ladrón. "¡Han cogido a alguien inocente!" fue lo que pensó.
- ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¡Lo llevarán a la cárcel por mi culpa! – se decía saltando de un lado para otro.
Escondió las tortitas debajo de una caja en el callejón dónde se encontraba y partió a salvar al acusado injustamente.
Los comerciantes se encontraban rodeando un pequeño tanuki, que les miraba pasmado.
- ¡Pero que yo no he sido!
- ¡Anda ya! ¡Pero si te hemos visto! – dijo un hombre barbudo. - ¡Seguro que lo lleva en la mochila!
- ¿Sabes qué es lo que le hacemos a los ladrones aquí, pequeñajo? – dijo otro de forma amenazadora.
- ¡Ueeeehhh! – gritaron Chopper y Shippo, que estaba cerca, ambos imaginándose lo peor.
"¡Tengo que pararlos cómo sea!" pensó el zorro, rebuscando en su chaleco. "¡Ya lo tengo!" Salió de su escondite, plantándose en medio de la calle. Chopper, por su parte, se preparaba para salir de allí por sus propios medios.
- ¡Kung fu…!
- ¡Magia de zorro! ¡Serpiente de Juguete! – y al momento, el monstruo de madera cayó sobre los vendedores.
- ¡Cuidado! – exclamaron.
- ¿¡De dónde ha salido esto!? – gritó el hombre barbudo.
Chopper aprovechó la ocasión, no menos asustado que los comerciantes, y se escabulló de allí.
- ¡Por aquí! – le dijo un pequeño zorro y Chopper lo siguió.
Cuando estuvieron en el escondite a salvo y recuperaron el aliento;
- ¿Has visto esa serpiente? ¡Que grande!¡Uff!
- ¡La he lanzado yo, mira! – y el demonio zorro sacó la copia pequeña de su chaleco.- Era una distracción para que salieras.
- ¡Oh! ¡Gracias! Yo me llamo Chopper, ¿y tu?
- Yo Shippo… Por cierto, ¿quieres tortitas? – dijo éste, sacándolas de su escondite.
- ¡Has sido tú! – exclamó Chopper un poco enfadado.
- Sí, y lo siento por meterte en problemas… - Shippo bajó la cabeza y puso cara de pena.
- Mmmm…Bueno, no pasa nada. – Y el reno cogió un trozo del dulce.
- Está rica, ¿eh? – dijo relamiéndos el zorro.
- Me gusta más el algodón de azúcar… - Chopper tenía los morros llenos de nata lo que le daba un aspecto de payaso.
- ¡Jajajaja!¡Chopper, tienes bigote! – Shippo le señaló mientras se reía, luego más serio, añadió. - ¿Qué es eso?
Y Chopper, pasandose la pata para quitarse el bigote, respondió:
- ¡Tu también tienes barba! – Y se echaron a reír los dos. - ¿Nunca has probado el algodón de azúcar? ¡Está riquísimo! Ven, vamos a buscar un puesto que lo venda para que lo pruebes. – A Chopper le brillaban los ojos de ilusión.
- ¡Vamos! – y juntos se dirigieron a la plaza.
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Una muchacha morena se mantenía de pie sobre una chalupa de pescadores. Se llevaba la mano a la frente para hacerse una visera y observar el horizonte.
- No se preocupe, Sango-chin. Llegaremos a la isla en unas pocas horas. – dijo un pescador anciano.
- Si se mantiene esta brisa… En el Nuevo Mundo, ya se sabe… - añadió otro más joven.
La chica, Sango, se sentó abatida en la cubierta. Su fiel compañera, Kirara, acudió a su regazo y ella la estuvo acariciando.
En la pequeña embarcación había cinco personas: Sango y cuatro pescadores, entre ellos el más anciano, Vincent y el grumete Jonás. Éste, nervioso, recorría el bote asomando un sedal con cebo por la borda.
- Si no te estás quieto no picarán. – le aconsejó un compañero suyo.
El chico se sentó al fin en la popa, siempre observando el anzuelo. Los demás pescadores miraban a la chica que tenían de compañía intrigados.
- Ella ha dicho que se despertó en la isla sin saber cómo había llegado hasta allí. Y que antes se encontraba en su pueblo…
- Quizás haya sufrido un naufragio y no se acuerda…
- ¡¿Cómo no se va a acordar?! – el otro le indicó con signos que no levantara la voz.
- Puede que tenga… mmm, amnesia…
- Bueno, puede ser. ¿Y de dónde viene? A juzgar por sus ropas, parece que viene del País de Wano.
Mientras ellos cuchicheaban, Sango contemplaba el mar, sumida en sus pensamientos. Solo se había echado a dormir un rato y se había encontrado en un pequeño islote rocoso al despertar. ¿Un truco de Naraku? Miró sospechando de los pescadores. Pero si ellos eran buena gente… ¿Qué tendrian que ver con él? Y Jonás le recordaba a su hermano, tan ávido de aprender el oficio de su família.
Entonces, ¿se encontraba en el mundo de Kagome? Tendría que preguntar por ella en la isla de los pescadores. ¿E Inuyasha y Kagome?¿No habían saltado antes? Sango suspiró largamente. ¿Qué le habría pasado a Miroku? ¿estaría bien?
Kirara frotó su cabeza contra el brazo de Sango.
- Ai, Kirara, menos mal que te tengo a mi lado…
De repente la embarcación dio un brusco movimiento hacia atrás como si el timón se hubiera quedado enganchado en algo.
- ¿Qué ha pasado? ¿Qué pasa? – uno de los pescadores se había quedado dormido y se despertó sobresaltado.
- ¡Han picado, han picado! – celebraba Jonás sujetando el hilo. -¡Uff! ¡Es grande!
Todos se levantaron a ayudar y tirar de la presa pero no aconseguían levantarla.
- ¡Sango- chin, por favor, mantén el timón firme! – le pidió el anciano.
Ella se agarró fuertemente a la rueda y mirando hacia popa vió que algo parecido a un gusano se retorcía alrededor del barco, provocando que éste se descontrolara.
- ¡Jonás, tenemos que cortar el sedal o sinó volcaremos! –dijo un pescador sacando una navaja.
- Pero, pero ¡es muy grande y podríamos sacar mucho! – el chico tiraba con todas sus fuerzas, llegando incluso a cortarse con el hilo. - ¡No lo cortes! – chillaba.
El animal con uno de sus anillos golpeó la embarcación haciendo que la navaja saltara por los aires y que Sango cayera al suelo. El bote se movía violentamente y la botabara recorría la cubierta, barriendo todo aquel que estuviera de pie. De repente la criatura marina sacó majestuosamente su cabeza y silbó enfadada, todavía con el anzuelo clavado.
- ¡Es una serpiente de algodón! – exclamaron todos. Sango decidió no esperar más a que la cosa empeorase.
- ¡Kirara! – llamó, y su compañera felina dobló varias veces su tamaño envuelta en llamas. Los pescadores abrieron los ojos como platos. "¿Una fruta del diablo?" pensaron.
La cazadora de demonios se subió rápidamente a sus espaldas y con el bumerán preparado se elevó por encima del barco.
- ¡Hiraikotsu! – lanzó su arma hacía la serpiente. Consideró que la panza sería la parte más débil y acertó. El mostruo se retorció e intentó sumergirse, arrastrando el bote consigo. "¡Tengo que evitarlo! ¡Si no los hundirá!" Pero su fuerza pudo con la resistencia del hilo y lo rompió.
Todos pensaron que al sentirse liberada, escaparía hacia las profundidades. Sango se acercó a la superfície buscándola con la mirada, pero la serpiente surgió repentinamente y Kirara tuvo que maniobrar para evitar el mordisco.
- ¡Por poco! – exclamaron los pescadores desde el bote. Estos, por su parte se habían armado con ganchos y redes.
- ¡Intentad entretenerla! – les indicó Sango.
Los hombres corrieron a buscar herramientas, tambaleándose por cubierta. Uno de ellos clavó un arpón en el cuerpo de la serpiente, hiriéndola, y tirando de la cuerda hizo que volviera su atención a la chalupa. El monstruo blanco se irgió en toda su estatura, preparando un letal mordisco. La cazadora vió su oportunidad. Aprovechando el propio impulso del reptil, ella atacaría por debajo.
La serpiente se abalanzó sobre los pescadores pero Sango fue más rápida y clavó el bumerán en su garganta. Ahogo un silbido y se desplomó sobre el mar. Los pescadores dejaron escapar un suspiro de alivio.
- ¡Eh, no os durmais en la parra! ¡Hay que recuperar el cuerpo! – y todos se pusieron manos a la obra, cortando la serpiente en rodajas. La carne era suave y esponjosa. Por eso se llamaba sepiente "de algodón".
Recuperaron el rumbo después de darle un cariñoso capón a Jonás y continuaron sin ningún sobresalto. Ante las preguntas del grumete, Sango les explicó su historia y la de su pueblo, el poblado de exterminadores de demonios.
- Sango-chin, muchas gracias por lo que has hecho. Si no hubiera sido por ti…
Ella sonrió. Los pescadores se miraron entre sí, cómplices.
- ¿Te apetece una parrillada de serpiente de algodón? – le preguntó Vincent. Los demás mostraban una sonrisa tan grande que Sango no pudo decir que no. – Quedas invitada a nuestra casa.
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Gracias por leer y ¡hasta la vista!^^
No me cansaré de repetirlo: tanto si os ha gustado como no, comentad. En el caso negativo; ¿porqué no y qué puedo mejorar?
