Capítulo 4
One Piece e Inuyasha pertenecen a sus respectivos autores y yo sólo tomo prestados sus personajes.
¡Gracias a todos por los cometarios y el apoyo! ^^
Kasumi-chan12: jaja, ¡claro! ¡y espero que me de para muchos capítulos más!
¡Espero que os guste!
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- ¡Por fin! ¡Vámonos a por carne! – y Luffy salió escopetado hacia el primer edificio que vió.
Nami sonrió, visiblemente aliviada de que Luffy hubiera desaparecido de su vista.
- Usopp y Chopper ya se han ido, ¿verdad?
- Sí, han sido los primeros. – dijo Franky.
- Bueno, ¿y quién se queda a vigilar el barco?
Todos escurrieron el bulto; unos mirandose los pies; otros, el cielo. Nami, enojada, puso los brazos en jarra.
- Va, uno por lo menos se tiene que quedar. ..
- ¡Yo Nami-swan! – dijo Sanji rotando como una peonza.
- ¿Y quién compraría la comida?
- ¡Puedo hacer las dos cosas por ti, Nami-swan!
- Ya me quedo yo… - dijo Franky. – Total, no tengo muchas cosas que hacer por la isla.
- Entonces ya está. – Nami recuperó su cara afable. - ¿Robin?
- Vamonos, Nami. – dijo esta acercándose a la navegante.
- Franky, me llevo un caracolófono por si acaso pasa algo, ¿vale?
- ¡Ok! – contestó este, ya yendo hacía el sendero de la cala. - ¡Si necesitais mi Super ayuda, llamad!
Y cada uno, tomó ejemplo y se dirigieron a la ciudad. Los dos pervertidos, el rubio y el afro se fueron juntos y Zoro por su lado.
- Por ciero, Robin, no vamos a llevar todo el peso nosotras… Necesitamos un mulo de carga. – dijo Nami, entrecerrando los ojos, maliciosa. Su nakama soltó una risita al comprender qué queria la navegante. - ¿¡Zoro!? ¿No me debías cierta cantidad de dinero?
Y el espadachín, que ya estaba bastante alejado, sintió que un sudor frío le bajaba por la frente. Pero ya era demasiado tarde para batirse en retirada y Nami, aunque le miraba sonriente, a su alrededor se veía un aura casi demoníaca: "Como no vengas…"
- Maldita bruja… - masculló Zoro para sus adentros.
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Mientras tanto, en uno de los muchos almacenes de la ciudad, dos hombres llamaban a la puerta, exhaustos.
- ¡Abridnos!
- ¡La contraseña! – les contestaron desde dentro.
Ambos se miraron, frunciendo el ceño y entornando los ojos.
- ¡Es urgente! ¡Somos Ray y Beny!
- La contraseña… - dijo la voz, esta vez con un deje cansino.
- ¡Déjanos entrar Lolo! Sabemos que eres tú. ¿Y además, tú te acuerdas de cual era la palabra clave?
Desde dentro no se oyó ninguna contestación, sólo el chirrido del cerrojo al abrirse.
- ¡Bah! No sé para qué tenemos contraseña si al final nadie se acuerda. – dijo Lolo enfadado, un hombre alto, con el flequillo tapándole los ojos. - ¿Qué era eso tan urgente?
- ¿Dónde está el jefe? – Ray y Beny pasaron absolutamente de él y entrecerraron los ojos para acostumbrarse a la poca iluminación del edificio.
- Allí. – dijo Lolo señalando el único rincón con luz.
Había una mesa llena de papeles y los dos recién llegados fueron corriendo hasta allí. Su jefe era alto, delgado y llevaba un binocular en el ojo izquierdo. Una pequeña cicatriz surcaba cerca de la oreja derecha. Levantó la vista de los papeles y se atusó el minúsculo bigote. Se llamaba Hilario Hermenegildo Hernández, pero todos le llamaban Hihehe.
- ¿Qué nuevas traeis?
- Pues verá, el viajero de la isla C1 se ha encontrado con el de la C2 y los dos se han encontrado, a su vez, con los Sombrero de Paja.
- ¿Cómo? ¿qué? – exclamó su jefe, atónito. - ¿Y ahora dónde están?
- ¡Pues con los Sombrero de Paja? Ray los ha visto en su barco.
- Ahora ya habrán desembarcado… - comentó el susodicho Ray.
- ¡Maldición! ¡Ahora habrá que buscarlos en este lío de isla…! ¡Y no podemos exponernos, precisamente! – Hihehe cerró los ojos, reflexionando.
- Y los Sombrero de Paja… - le recordó Ray otra vez.
- ¡Ya lo sé! ¡Eso lo empeora todo! Tenemos que conseguir que alguien interceda… ¿qué me decís de …? ¡Esperad! – el jefe dio un porrazo de entusiasmo a la mesa y los dos subordinados pegaron un salto y luego se miraron confundidos. - ¡Id a buscar al Hombre Del Saco! – les ordenó, frotándose las manos.
Ray y Beny se marcharon a paso ligero. Al cabo de un rato, volvieron acompañados de un hombre encapuchado que acarreaba un saco, que además, se movía.
- Vaya trabajito… - iba diciendo el hombre del saco.
- A ver, Hombre del Saco. – le dijo el jefe. - ¿Encontraste a C3 en su sitio?
- No me llamo Hombre del Saco, me llamo Menris. Y no, no lo encontramos. – dijo remarcándo esa última palabra a la vez que sacudía ligeramente el saco.
- Bien, porque está aquí. – dijo el jefe Hihehe, ufano.
- ¡¿Está también aquí?! - exclamaron Ray y Beny llevándose las manos a la cabeza.
- ¿Y a C1y C2? – volvió a preguntar.
- Tampoco.
- Vale, ya está. Ya te puedes ir. Busca a C4 si quieres cobrar, que para lo que has hecho…
Menris se dio la vuelta rápidamente, cerrando los puños.
- ¡¿Sólo me ha llamado para esto!? Y encima se burla de mí. ¡No es mi culpa que todo se nos haya ido de las manos! - mascullaba rabioso el tipo encapuchado, mientras se dirigía a la salida. "Ya me las pagareis todas juntas algún día", pensó.
- En cuanto a vosotros… - el jefe se llevó la mano al bigote y luego, con el índice les indicó que se acercaran y les cuchicheó el plan a la oreja.
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Sango y Kirara paseaban tranquilamente en medio del caos del mercado. Habían pasado un buen rato con los pescadores pero ahora había que ponerse manos a la obra. Tenía que buscar a Kagome y a Inuyasha. Preguntó a varios transeúntes pero le dijeron que no los conocían. ¿Tal vez esa no era la ciudad de Kagome?
Se paró a observar un vendedor de espadas y en el puesto contiguo también se pararon unos hombres. Sango no pudo evitar escuchar su conversación.
- Es terrible lo que le ha pasado a esa chica… - se lamentaba uno.
- Sí, y también he escuchado que iba con ella otro muchacho. – añadió el otro.
- ¡Debemos seguir buscándo! ¡Los padres de Kagome estarán muy preocupados!
A Sango le dio la impresión de que todo se paraba a su alrededor al escuchar aquello. ¿Kagome? ¿esa Kagome? ¿y estaba en peligro? ¡Tenía que acudir a su encuentro!
- Perdonad, ¿conoceis a Kagome Higurashi?, ¿sabeis qué le ha pasado? – dijo Sango muy preocupada.
Los dos hombres se mostraron sorprendidos al principio, ya que no sabían que les hubiera estado escuchando. Después se miraron entre sí y bajaron el tono, por lo que Sango se tuvo que acercar.
- ¿No sabes lo que ha pasado? – dijo alertado el que era calvo y grande.
- ¡Les ha secuestrado una banda de piratas! – explicó el otro, pelo recogido en una coleta.
- ¿Cómo? ¿Piratas? – Sango en principio sospechó, ya que Inuyasha los habría podido vencer, ¿ no?
- Sí, es horrible. ¡Y no sabemos dónde están!
- ¡Hay que encontrarlos antes de que sea demasiado tarde! – los dos hombres se apoyaron uno en el otro, lamentándose dramáticamente.
- ¿Pero quién les ha secuestrado? – inquirió la cazadora de demonios. ¡Esos dos tipos no paraban de decir lo mismo!
- La banda del Sombrero de Paja. – dijo el de coleta con una cara tétrica. – de los peores…
Sango sintió un escalofrío ante su expresión.
- Mira, son estos. – uno sacó unos carteles de su mochila y se los mostró. – Ahora les están buscando para localizarlos y poder actuar en conjunto. – el de la coleta juntó las manos haciendo una red con sus dedos.
- ¡Nosotras os ayudaremos! – dijo Sango firmemente y Kirara maulló, mostrándose de acuerdo.
- ¡Bien! – dijeron satisfechos. – Puedes quedarte los carteles pero actúa discretamente. Si se corre la voz ellos escaparán.
La chica morena asintió seriamente.
- Ah, y cuando los avistes acude a este sitio. – le tendió un papel con una dirección. – Y allí nos reuniremos todos.
- Sólo necesitamos que digas donde están. No los enfrentes, ¡son muy fuertes!
- Muy bien, espero que entre todos podamos hacer algo.- respondió ella.
Ellos disimularon su sonrisa burlona y se escabulleron:
- Bueno, nos vemos… Nosotros nos vamos por allí.
- ¡Suerte! – les animó Sango y Kirara movió las colas entusiasmada. – Mira, Kirara, estos son a los que hay que buscar. – le dijo a la gata, revisando los carteles de búsqueda y captura.
Los dos hombres, que no eran sinó Ray y Beny, caminaban hacia el almacén.
- Ahora sólo hay que decirle al jefe que hemos hecho el trabajo. – dijo Ray frotándose las manos. - ¡Y a otro asunto!
- ¿Has visto que gato más mono llevaba la chica?- Beny acariciaba un gato imaginario entre sus manos.
- Sí, monísimo.- le contestó su compañero cansinamente.- ¿Pero tu has escuchado lo que he dicho?
- Quisiera tener un gato igual…
- ¡Oh, cállate ya! – le gritó Ray. – Puedes pedirle al jefe que cuando acabe todo esto y tengamos a la chica, que te de el dichoso gato.
- ¡Vale, se lo diré! – una sonrisa recorría la cara de Beny. Ray echó un profundo suspiro.
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- ¡Esto está buenísimo! – decía Shippo relamiendo lo que quedaba de algodón de azúcar entre sus dedos.
- ¿A que sí? – Chopper sonreía al ver la expresión de su nuevo amigo.
- No había probado nunca nada igual.
- Jeje, me alegro que te haya gustado. Por cierto, ¿ahora me acompañas a buscar una farmacia?
- Sí, claro. ¿Alguien de tu família está enfermo? – Shippo frunció el ceño, preocupado.
- ¡No, que va! Es sólo por si acaso. Soy médico, ¿sabes?, me ocupo de la salud de mis nakamas.
- ¿Ah, sí? – dijo incrédulo el zorrito.
- Sí, ¿y tu a qué te dedicas?
- Emm… bueno, me dedico a recoger fragmentos de la Perla de los Cuatro Espíritus. ¡Y nos enfrentamos a terribles demonios! – añadió con voz dramática.
- ¡Hala! ¿Y no tienes miedo? – a Chopper se le formaron escalofriantes imágenes de demonios en la mente.
- Jaja, sí, a menudo, pero por suerte que están mis compañeros a mi lado. .. – Shippo se entristeció un poco al recordar que ya no estaban a su lado. - … y ahora no sé dónde están… - añadió en voz baja.
- ¿Te has perdido? – le preguntó Chopper que lo había escuchado. - ¡Puedo ayudarte a encontrarlos!
- Gracias, pero… es que no tengo ni idea de dónde pueden estar. Oye, ¿no tenías que ir a una farmacia?
- Sí, vámonos. – Chopper se colocó la mochila. – Bueno, pero ya que estamos, buscaremos a tus nakamas, ¿vale?
- ¡Muchas gracias Chopper!
- De nada pero, ¿cómo son?
Chopper se paró a reflexionar. Tenía que buscar a Inuyasha y Kagome en el caos de la isla-mercadillo. Inuyasha tendía a meterse en líos pero aún así sería imposible. Suspiró desesperanzado. Trataría de describirlos de la forma más exacta posible.
- Vale, emm… Una es una chica de pelo oscuro con flequillo desordenado y los ojos marrones, muy amable. Lleva una falda verde y una camisa blanca con un pañuelo rojo.
- Es curioso pero me suena…
- ¿La has visto?
- ¿Lleva también arco y flechas?
- ¡Sí!, ¡es ella, tiene que ser ella! – Shippo se puso a bailar y a saltar al alrededor de Chopper. - ¿Dónde la has visto?
- ¡Cálmate! – Chopper se estaba poniedo nervioso con la súbita explosión de alegría de Shippo.- Los recogimos en una isla desierta antes de venir aquí.
- ¿…Los…? – el zorro preguntó, aunque ya sabía quién podía ser el otro.
- Sí, también había un chico con ella.
- ¿Un perro rabioso y malhumorado?
- Emm.. bueno, sí. – sonrió el reno. - Vamos, con suerte estarán todavía con mis nakamas.
Shippo no podía ocultar su entusiasmo de reencontrarse con su querida Kagome aunque había algunas cosas que le intrigaban. ¿Ellos también habían aparecido en una isla desierta? A lo mejor el pozo se había estropeado…
- Un momento, ¿y las medicinas?
- ¡Eso puede esperar! Lo más importante es que te reunas con tus nakamas, y si no nos damos prisa Kagome e Inuyasha se habrán marchado ya.
- Y ambos se dirigieron con paso rápido hacia el puerto y hacia el Sunny.
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- Hola , buenas... ¿tienen vajillas a prueba de terremotos? - Sanji entraba en una tienda con paso calmado, el flequillo ocultándo sus ojos, su boca echando bocanadas de humo lentamente y entonces... exclamó: - ¡Oh! ¡qué señorita más hermosa! - en un solo segundo había atravesado la tienda y se hallaba junto a la dependienta esparciendo corazones por doquier.
- ¡Yohohoho...! ¡Sanji-san, veo que no pierdes el tiempo! - dijo Brook al agacharse para poder entrar por la puerta.
- Cállate pervertido. - el cocinero le miró fríamente. - No gaste en ese ni un minuto más de su precioso tiempo, señorita...
La señorita, una joven con el pelo sujeto en un moño, mantenía una cara indiferente. Miraba a Sanji con una cara de total aburrimiento y haciendo caso omiso de sus halagos, preguntó:
- ¿Vajillas resistentes, decíais?
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Sango buscaba con la mirada a cualquiera de los miembros de la Banda del Sombrero de Paja que aparecían en los carteles. Cualquiera le valía para localizar a sus amigos. Alguien con un sombrero de paja, alguien con una ceja rizada o alguien con la nariz muy larga. ¿Dónde estaban?
Entonces algó le llamó la atención. Esa persona estaba buscando a alguien también y llevaba un montón de bolsas en la mano. Estaba de espaldas a ella, pero algo le decia que había una posibilidad de que fuera uno de los que buscaba. Tenía el pelo verde. De repente él se giró y Sango puso el bumerán enfrente, haciendo como que lo estaba inspeccionando. Aprovechó para asomarse y vigilarlo.
Frente ancha, nariz fina, una cicatriz en el ojo izquierdo y cara de mala leche. Además de pelo color marimo y tres pendientes. Era Roronoa Zoro, ¡sin duda!
Kirara empezó a gruñír y a erizarsele el pelo. Sango apretó los puños y sintió como su frente ardía de rabia.
- ¿¡Ese pirata ha secuestrado a mis compañeros?! ¡Me las van a pagar!
Sango, desoyendo los consejos que le habían dado los dos hombres de no enfrentarse, decidió seguir a ese pirata. Iba siempre a sus espaldas y con el bumerán por delante por si acaso no encontraba otro lugar dónde esconderse.
- Desde luego… ¿dónde se ha metido esta? – dijo el pirata con evidente fastidio.- Y luego dicen que el que me pierdo soy yo. ¡No me muevo del sitio y va y desaparece!
Roronoa iba cargado de bolsas y caminaba torpemente entre la gente. Se paró y llamó a alguien. Parecía que ya había encontrado a la persona que buscaba.
- Otro de la banda, seguro. Las cosas se complican, veamos quién es. – susurró la chica del bumerán a Kirara. Se escondieron detrás de un carro con ámforas y Sango aprovechó para cambiarse de ropa.
Un chico moreno se paró junto al pirata de pelo verde, parecía haber estado corriendo.
- Oye, Usopp, ¿sabes dónde está la pesada de la navegante?
- Ni idea. – respondió este. – Yo estoy buscando a Chopper. ¡Esta isla es un caos!
- Ah, por cierto, ¿no has notado que te seguía alguien?
- ¿Eh? – Usopp se asustó un poco y miró a sus espaldas. – No, ¿por? ¿Qué ha pasado?
- No es nada, es que me daba le impresión de que me estaba siguiendo alguien. – ésta vez fue Zoro quién se giró. – Y me preguntaba si a los demás os pasaba lo mismo.
- Que va, que va… - Usopp sonreía pero un sudor frío le bajaba por la frente. "¡Zoro! ¡No me asustes!"
Sango no podía escuchar su conversación así que intentó acercarse. "Tal vez hablen del lugar dónde están Kagome e Inuyasha", pensó ella.
- Entonces, ¿no has visto a Chopper?
- No.
- Yo tampoco he visto a Nami. Sería mejor que la esperases en el barco. – "Si es que lo encuentra", pensó irónicamente Usopp. - ¡Yo voy a seguir buscando a Chopper!
La chica del bumerán sacó los carteles para observarlos detenidamente.
- Ellos han mencionado a Nami, que debe ser esta. – señaló la imagen de la chica pelirroja y Kirara se acercó a ella. – Y a Chopper, que es este. El de la nariz larga debe ser Sogeking. – mientras Sango reflexionaba, Kirara se había asomado a la calle. Maulló y giró la cabeza hacia su ama.
- ¿Qué pasa Kirara? – y también sacó la cabeza del escondite.- ¡Maldición, Roronoa se nos ha escapado! – miró hacia todas partes pero había desaparecido. Sus ojos repararon en el chico del sombrero y pelo rizado con el que había estado hablando.
- Pues lo seguiremos a él, ¿vale, Kirara? – y salió de detrás del carro para mantenerlo en su campo de visión.
- ¡Miau!
Sango y la gata siguieron al narizón hasta los muelles y al pararse él, se escondieron tras una esquina.
- ¡Chopper! ¡Chopper! – llamaba no muy alto.
La cazadora de demonios miró hacia atrás y considerando que estaban ya lejos del bullício, salió de su escondite, dispuesta a pelear. Kirara aumentó de tamaño.
El pirata, al percibir movimiento por el rabillo del ojo metió las manos en los bolsillos y se puso a silbar como si estuviera paseando. Pero también aceleró el paso para alejarse de allí. Su cerebro empezaba a relacionar cosas. Zoro le había dicho que alguien le estaba siguiendo. ¿Ahora él también tenía un acosador? ¿o era el mismo que había estado siguiendo a su nakama? ¡A lo mejor los tenían controlados desde que desembarcaron en tierra! Usopp no quería reconocer que se estaba poniendo nervioso. Miró hacia atrás disimuladamente, agarrando su sombrero para taparse la cara.
Distinguió una criatura enorme y a una persona vestida de negro. ¡¿ ACASO ERA UN NINJA?!
- ¡Eh, tú!
- ¿Yo? – dijo él señalándose con una sonrisa nerviosa. Sus ojos se abrieron como platos al poder ver con más detalle al gato gigante.
- ¿Qué habeis hecho con Kagome e Inuyasha? – dijo la chica morena a punto de coger su bumerán. El pirata de pelo rizado se tranquilizó.
- ¡Ah!, ¿tú también los conoces? Los hemos traído… - pero no le dio tiempo a acabar la frase.
- ¡Giraikotsu! – exclamó la chica lanzandole el bumerán sin previo aviso. "¡Maldito pirata!" pensaba ella, "seguro que iba a decir alguna mentira".
- ¡Gyaah! – dejó escapar Usopp, agachándose. - ¿Pero qué haces?
- ¡Habeis secuestrado a Kagome e Inuyasha!, ¿dónde están? - la chica recogió su arma y se dispuso a tirarlo de nuevo.
- ¡No les hemos secuestrado! - replicó Usopp sacando su Kabuto y apretando la mandíbula. - ¿Y podrías no gritar tanto? - dijo mirando hacia los lados. La gracia que le hacía tener que luchar... ¿No estaba Zoro por allí cerca?
De los almacenes y lonjas de pescadores habían salido algunos curiosos a observar qué estaba pasando y al inicio de la calle también se había formado un corro de espectadores.
- ¿Crees que me lo voy a creer? - Sango, furiosa, le lanzó otra vez el bumerán. -¡Sois piratas!
Usopp giró su espalda (que hizo un ruido como de rama seca) a tiempo para dejar pasar el bumerán. "La chica está sin arma ahora, puedo aprovechar esta ocasión para..." pensaba el francotirador pero el silbido del bumerán volando por encima de su cabeza hizo que se preocupara de otras cosas. Como del felino gigante que avanzaba a grandes saltos hacia él.
- ¡Gatito, gatito...! ¡NO ME COMAS! - gritó Usopp histérico .
El pirata corría de un lado a otro y Kirara le iba detrás, como un gato jugando con un ratón. Estaba entreteniendo al enemigo para que su compañera recuperara su arma. Una vez Sango tenía el bumerán entre sus manos, la llamó y Kirara acudió a ella.
- Usopp, que no había tenido ocasión de alcanzar una pop green en la carrera, se paró a observar.
- ¿Qué mosca le habrá picado? - se preguntó a si mismo. - ¡Eeh! ¡Pero que no estoy mintiendo!
Sango le dirigió una mirada inquietante y Usopp tragó saliva. Aún así no iba a dejar de intentarlo. Era un malentendido, ¡seguro!
- Pero a ver... ¿quién te ha dicho eso? - el narizón intentó razonar con ella.
Ella no respondió y se paró a pensar mientras Kirara se elevaba por el aire. La gente exclamó una ovación de sorpresa y los ojos de Usopp salieron de su órbita.
- ¿¡PUEDE VOLAR?! - Usopp se llevó las manos a la cabeza.
- ¡Ahora Kirara! - y el felino salió disparado hacia el pirata que corría por su vida.
"No quiero atacarle, es amiga de Kagome y del perro. ¡Seguro que le han contado algún cuento y le han engañado!"
- ¿¡Pero quieres parar de una vez!? - el pirata se tiró al suelo sujetándose el sombrero mientras la chica montada en el gato de dos colas pasaba por encima de él, manejando peligrosamente el bumerán.
- ¡Eh! ¡Deja de quejarte y lucha! - le gritó un trabajador de los almacenes. -¡Vamos, que te está dando una paliza, hombre!
- Yo apuesto por la chica... - dijo otro pescador.
- ¡Oye! - exclamó Usopp ofendido. - ¡Esto no es ningún espectáculo!
Él miró a su alrededor. Había ya un montón de gente mirando, la mayoría trabajadores ya habían montado una casa de apuestas.
- ¡Pasen y vean! ¡Lucha entre el Hombre de la Nariz Larga y la Mujer del Bumerán Con Gato Gigante!
- ¡Ei! ¡Pero qué...! - protestó Usopp. Volvió su mirada hacia su oponente. No parecía importarle en absoluto el bullicio a su alrededor. "¡Muy bien!, ¡Si ella quiere guerra pues la tendrá!, ¡estoy harto de ir corriendo de un lado a otro!" pensó él, pero la chica morena no se lo ponía fácil.
La chica le lanzaba el bumerán y con el gato rápidamente lo recogía al otro lado, luego se lo volvía a lanzar. Usopp se retorcía para esquivarlo, saltaba, se agachaba y rodaba por los suelos. Pero ya tenía un plan en mente. De todos modos intentaría hacerla entrar en razón.
- ¡Oye, Nariz Larga-kun! ¡Si no haces nada apostarán todos por la chica! - le gritó un pescador bigotudo que estaba al cargo de las apuestas. El francotirador no le hizo caso.
- ¡Nosotros no les hemos secuestrado! - gritó antes de levantar una pierna para dejar pasar al bumerán. - ¡Sólo les recogimos de una isla desierta!
Sango paró por un momento. "Eso es lo que me ha pasado a mí... pero..."
- ¿Y por qué unos piratas ayudarían a alguien? - le respondió, lanzandole otra vez el arma. No le iba a dejar recuperar el aliento.
- ¡Porque nos lo pidieron! - el pirata narigudo se agachó. - ¡Y porque nos cayeron bien! - añadió rápidamente.
- ¿Y así de fácil? ¡No me vengas con excusas baratas! - "Era verdad, ¿qué tipo de respuesta era esa?"
El pirata se levantó, escondiendo los ojos bajo el sombrero, adoptando una postura mucho más seria de la que había tenido hasta ahora. "¿Va a contraatacar?", pensó Sango y muchos de los espectadores apretaron los puños, expectantes.
Esperó a que el bumerán pasase de largo y diese la vuelta. Entonces...
- ¡Hissatsu Midori Boshi; Bamboo Javelin! - y un bosque de estacas de bambú creció en el camino del bumerán. La gente espectadora rugió ante el contraataque.
El bumerán las rompió fácilmente pero se desvió su trayectoria de vuelta. De nuevo hubo exclamaciones de júbilo y también de decepción entre el público. Mientras la chica se daba prisa en recuperar su arma, el pirata ya tenía su nuevo ataque preparado.
- ¡Hissatsu Midori Bosshi: Rafflesia! - disparó el Pop Green directo a la nariz del gato. Sango no pudo evitar soltar una exclamación de sorpresa. Kirara se tambaleó por el potente y nauseabundo olor y estornudó; Sango se llevó una manga al rostro mientras con la otra buscaba su máscara.
- ¡Kirara, baja a tierra! - la cazadora acarició el pecho de su querida compañera y en cuanto estuvo en el suelo, se bajó de ella . - Descansa, Kirara. Mientras... - se dirigió al pirata enfadada.
- ¡Ahora verás! - la chica ahora empuñó su katana e iba a lanzarse contra el pirata del tirachinas cuando una voz de entre la multitud la detuvo.
- ¡Que vienen los marines! ¡Despejadlo todo!
Sango no sabía a qué se referían pero al ver la reacción de la gente se dio cuenta de que lo mejor era salir de allí.
Usopp, por una vez se alegraba de que apareciese la marina. ¡Así podía esfumarse de allí y escapar de esa chica que le acusaba de raptar a esos dos extraterrestres! Se ajustó el sombrero mientras observaba detenidamente a la chica morena por si acaso la veía más tarde. Después siguió a la multitud que corría hacía la zona de talleres.
Los trabajadores habían despejado la zona en un tiempo récord, dando indicaciones para abandonar el lugar rápidamente. Habían escondido la caja de apuestas y se sentaron disimulando.
- A ver, ¿¡quién está perturbando el orden?! - exclamó un comandante con los brazos en jarra. Al atravesar toda la muchedumbre que escapaba en todas direcciones y llegar al lugar dónde supuestamente se estaba peleando alguien, se encontró con cuatro pescadores que jugaban a las cartas sentados encima de unas cajas. Y frunció el ceño, dejando escapar un suspiro de fastidio.
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Bueno, la escena Sango v.s Usopp la tenía pensada desde el principio. "¡Tiene que haber Sango v.s Usopp en algún sitio, como sea!" pero luego se me ocurrió que podía encontrarse con Zoro y pelear contra él ya que es más fácilmente reconocible. Pero no había mucho juego. Esa opción no me acababa de convencer. ¡De todos modos se ha quedado así, así que comentad porfa!
Y en el próximo capítuloooo...(chan, chan, chan...) ¡Aparecerá el monje!
