Disclaimer: los personajes de One Piece pertenecen a Eiichiro Oda y los de Inuyasha a Rumiko Takahashi.

Excepto algunos que me he inventado yo. :3

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Sango siguió a la desbandada de gente hasta una plazoleta. Allí pudo sentarse en un banco y descansar un rato. Kirara se subió a su regazo y estaba tosiendo contínuamente. Sango pensó sobre los ataques del pirata. Era como si pudiera controlar esas plantas. ¿Cómo lo hacía? No había detectado ninguna presencia demoníaca… Simplemente tiraba una piedrecilla con su tirachinas y crecían al instante. No podía sinó asombrarse.

Después estaba lo que le había intentado decir a toda costa.

- ¿Tu qué crees, Kirara? – la acarició, - ¿Crees que decía la verdad?

La gata maulló y se frotó el rostro con una pata.

El pirata había tardado mucho en reaccionar a sus ataques. Y luego, decía que recogieron a Kagome y a Inuyasha de una isla desierta. Tal y como le había pasado a ella, pero ¿por qué Kagome les pediría a unos piratas, sabiendo la fama que tienen, que les llevasen con ellos? Tal vez el pirata ese tenía razón y los recogieron porque "les cayeron bien". Sango sonrió. ¡Vaya tontería!

La cazadora de demonios se acordó de la dirección que le había dado ese hombre en el mercado. Podía ir a ese lugar a ver si ellos habían averiguado algo. Entonces Kirara maulló lastimosamente.

- ¿Tienes hambre, verdad? Yo también. – dijo Sango frotándose la barriga. – No creo que pueda usar las pocas monedas que llevo en este mundo. Lo que podemos hacer es acudir a esos tipos.

Podría ir al lugar de encuentro y contarles lo que le había pasado. Frunció el ceño. Ellos también le debían muchas explicaciones.

-Vamos allá, Kirara. También les pediremos algo de comer.

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Inuyasha y Kagome avanzaban por una calle no muy concurrida. La mayoría de tiendas ya estaban cerrando.

- ¿Te queda algo del bento que te ha dado el cocinero pervertido? – preguntó Inuyasha.

- ¡Pero si te he dado lo último que quedaba hace poco! – se quejó la chica de pelo negro.

Llevaban todo el día caminando de aquí para allá sin hallar ninguna pista de un pozo u otras misteriosas apariciones como la suya.

- A este paso, tendremos que pedirles a los Sombrero de Paja que nos ayuden… - suspiró Kagome. Su compañero solo frunció el ceño.

- ¿Y lo de los túneles? ¿No es una pista? – preguntó él.

- Pues bueno… Pero tampoco ellos están seguros y lo que buscamos es un pozo, como el que lleva a tu época.

Una señora mayor les había contado una leyenda local en que se decía que las islas circundantes antes estaban unidas a Bazar con túneles y puentes. Prueba de eso eran las losas que se encontraban los buceadores.

También se habían encontrado con un "pozo mágico" convertido en espectáculo que al echar una ofrenda supuestamente se te cumplía un deseo. Obviamente eso era un engaño. Los dueños del aljibe estaban vigilando siempre lo que ibas a echar y seguramente por la noche lo recogían. Kagome se había acercado a inspeccionar el pozo pero era uno corriente y moliente. Una pena que la gente se lo creyera.

Por otra parte, la visita a la ciudad-mercado había sido alucinante. Kagome estaba maravillada de la variedad de comidas, telas, animales y productos que había en ese mundo. Realmente era increíble, era como un sueño. Le habría gustado comprarse algo de recuerdo pero no tenían ni un duro y tampoco se habría atrevido a pedirle prestado a la navegante de los piratas. Recordó lo que había dicho el espadachín respecto a las deudas.

Inuyasha en cambio se había mostrado indiferente y sólo se había visto interesado en los puestos de comida y una tienda dónde afilaban espadas.

- Se está haciendo tarde Inuyasha… ¿Volvemos al barco o buscamos otro sitio dónde dormir?

Este se llevó una mano a la barbilla. "¿Qué era lo mejor? Teniendo la confianza de esos piratas era mejor quedarse con ellos. ¿O tal vez se habrían marchado ya?"

- Creo que deberíamos buscarlos por si acaso. – decidió finalmente el semi-demonio. – Si ya se han ido buscaremos otro lugar. – "Tampoco sería un gran problema, ya que estaban acostumbrados a dormir al raso."

- Estoy de acuerdo. Sólo espero que Nami-chan no nos aumente la deuda…- suspiró Kagome.- ¿Te acuerdas de dónde era?

- Sí , en esa calita a la izquierda del puerto.

- Ya, pero… ¿cómo llegamos hasta ahí? – le preguntó la chica. Ella se giró hacía el primer paseante que se encontró. Era alto y corpulento y llevaba una espada al cinto. El flequillo le tapaba los ojos, por lo que no pudieron ver su gesto de sorpresa. – Perdone, ¿sabe cómo llegar hasta el puerto?

- Sí, claro. No son de aquí, ¿eh? – dijo este sonriendo como si fuera un chiste privado. Kagome frunció el ceño ante su respuesta. – Todo recto por esta calle, siguiendo siempre el sol de frente.

- Gracias… - se despidió la chica. Luego le susurró a Inuyasha. – ¿pero qué le parecía tan divertido?.

El semi-demonio se giró para observar a ese hombre. Seguía estando allí en medio de la calle mirándolos con media sonrisa, después, como si le hubiera saltado un resorte empezó a correr en dirección contraria.

"¿Pero qué mosca le ha picado?" se preguntó Inuyasha.

- ¿Qué pasa? – su compañera le dio un golpecito en el brazo para que prestara atención.

- Nada, nada… pero démonos prisa en llegar.-dijo este accelerando el paso.

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Robin paseaba sola por los bazares del barrio de pescadores. Hacia rato ya que se había separado de Zoro y Nami.

En esa zona se vendía el pescado, las herramientas de pesca y barcas. Pero también se vendían los objetos antiguos que habían sido atrapados por las redes. Y eso es lo que traía Robin a ese lugar: ámforas, losas… Se paró frente a un puesto de monedas antiguas.

- ¿Dónde se recogieron? – le preguntó al vendedor, que estaba de espaldas.

- ¿Estas? – se volvió y señaló sobre la mesa. – Cerca del atolón Palm.

- ¿Utilizais redes de arrastre, no?

- Sí, pero esas se recogieron con buceadores.

Robin solo asintió y siguió mirando el puesto. Ante su silencio el vendedor empezó a explicarle todo lo que veía.

- Las monedas se suelen encontrar sueltas en un radio amplísimo. Se sospecha que se hundió un barco lleno de tesoros y que el movimiento de los bancos de arena las esparció. Eso de ahí son losas inscritas con números. Hace mucho tiempo los atolones estuvieron conectados por puentes a la isla principal y que esas losas son los cuentakilómetros. Pero también hacen bonito en la puerta de la casa. Y esto de aquí…

Robin abrió los ojos interesada. "¿Con que estaban conectadas…?"

- ¿Tiene más de estas? – señaló los cuentakilómetros .

- Sí, claro, pero están en el almacén. Si quiere usted ir… - ante la afirmación de su clienta, el vendedor le dejó el puesto a un compañero y le indicó a Robin que la siguiera.

La guió entre las tiendas, atravesó una casa y se coló por un callejón. Llegaron a una calle bastane ancha, franqueada por almacenes. Abrió la puerta y dejó pasar a su clienta.

- Son estas estanterías de aquí. Están colocadas por orden numérico. Y luego están estas que tienen dibujos…

Pero Robin, antes de prestarle atención, como era su costumbre, inspeccionó la sala. Filas y filas de estanterías y a la izquierda al fondo había una mesa iluminada por una lámpara de techo con algunas personas hablando.

- ¿Quién anda ahí? - preguntaron

- Soy yo, Jeremy. –contestó el vendedor.

- Ah, vale. – y siguieron parloteando.

Robin, haciendo uso de su habilidad, hizo crecer una oreja debajo de la mesa para estar bien informada. Hacía que examinaba los restos antiguos mientras escuchaba la conversación del grupo.

- ¿Al final qué pasó? –preguntaba un chico pelirrojo a otro hombre con el pelo recogido en coleta.

- Que cuando llegó Menris ya se había escapado.

- Jaja, ¡le va a caer una buena!

- Yo no me fío del Menris ese. ¿Por qué tiene que llevar siempre capucha? ¿Y el saco ese? ¿qué demonios lleva ahí?

- A lo mejor es muy feo y no quiere que veamos su cara. – dijo otro de ellos.

Los demás se rieron.

- ¿Y ahora qué hacemos? – preguntó un hombre corpulento y calvo. – Dijo C3 que era probable que C1 y C2 ya no están con los Sombrero de Paja.

Al oír esa frase, Robin se estremeció. "¿De qué están hablando esos hombres? ¿Quiénes eran Menris , C1 y C2? ¿Qué tenían que ver con la banda?". La arqueóloga decidió quedarse allí el tiempo que le permitiese vislumbrar aquel misterio, mientras tomaba apuntes de los cascotes grabados.

- Creo que van a ir a por C4. – continuaron la conversación.

- ¿El monje?

- ¡Sí! ¡el que Menris no pudo coger! Él era imprescindible para atrapar a C3 pero escapó… ¡Menos mal que se dejó el bastón ese! Renao* lo tuvo fácil.

- Me dijeron que tuvo que viajar de Little Cove hasta aquí sólo para eso… - comentó de nuevo el hombre calvo.

-¿Solo para eso? ¿Te parece poco? – los compañeros le reprocharon el comentario.

- ¿Pero y el chico-perro ese raro?

- ¿C2? Pues no sé… - se encogieron de hombros. - Ya nos dirán algo cuando lo vean.

Robin ya empezaba a entrever de qué iba el asunto. Esos tipos estaban relacionados con la aparición de los dos extraterrestes, Inuyasha y Kagome en este mundo. Robin recogió su libreta y le hizo una señal al vendedor, Jeremy. La acompañó hasta la puerta y cerró tras ella.

Ya alejados del almacén, Robin le agradeció al vendedor que le dejase ver las muestras especiales y se marchó en dirección al Sunny.

- Así que C2 es Orejas-de-perro-kun y C1 debe ser Kagome. C3 y C4 deben conocerlos y parece ser que también son víctimas del engaño de esos hombres, Menris y Jospejo*. – murmuraba Robin para sí. Se escabullia entre la gente siempre vigilando que no la seguía nadie. – Debo regresar al barco enseguida y avisar a todos. Puede que los extraterrestres estén en problemas.

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Nami se encontraba en un parque pequeño de la ciudad.

- ¡Mira que le he dicho que no se moviera! ¿es que es estúpido o qué? – refunfuñaba ella. – de todos modos conociéndole no debería haber estado tanto rato ahí dentro… ¡pero tampoco era tan difícil esperarme quietecito! ¡Y ahora lleva todas las bolsas él…!

La navegante se echó la última compra a la espalda y se dispuso a buscar al espadachín. Había que volver al barco, ya estaba atardeciendo.

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Luffy andaba despreocupado por una calle cuando unos gritos le llamaron la atención.

- ¡Oh! ¡Yo ofrecí 100 berries al pozo mágico y mi deseo se cumplió! ¡Mi abuelita enferma de tuberculosis se curó y ahora escapaz de arrancar árboles con una sola mano!

- ¡Sí! ¡a mí también me pasó algo parecido…!

Luffy se abrió paso entre la gente que formaba un corro. Cuando llegó al centro de este exclamó muy ilusionado:

-¡¿Un pozo mágico?! ¿Cómo el de la miko y el orejas-de-perro? – nadie le hizo caso.

- Sí, señores, ¡ya veis según estos testigos lo poderoso que es este pozo! ¡Consulten sus dudas en el pozo mágico! – decía una especie de presentador.

Luffy se acercó al borde

- ¿A ver? – y Luffy se agarró a la traviesa del pozo y se lanzó dentro. Aterrizó en una superfície pulida y lisa. - ¿Pero esto qué es? ¡yo quiero ir al mundo de Orejas-de-perro!

- ¿Pero qué haces? – el presentador se asomó al pozo, casi histérico. - ¡Que nos vas a estropear…! – se mordió la lengua.-¡Sal de ahí! ¡No profanes el pozo mágico!

Luffy hinchó el pecho de aire para soltar de la manera más escandalosa que pudo:

- ¡ESTO ES UN TIMO! - gritó a la vez que pegaba patadas contra la superfície dónde se encontraba. Esta temblaba.

El presentador al encontrarse asomado a la entrada de ese túnel, levantó la cabeza mareado para ver cómo algunas personas se alejaban de allí, enfadadas.

- jefe… - le decían algunos ayudantes del presentador, incapaces de contener la huida de los mirones.

- ¡No os vayais! ¡este incauto no lo comprende! – se giró hacia Luffy. - ¡No pegues patadas que se va a romper…!

Dicho y hecho, el cristal sobre el cual se encontraba el pirata cedió y el muchacho aterrizó sobre el duro suelo. Mientras se sacudía el polvo de encima, se dio cuenta de que le faltaba el sombrero .

- ¿Dónde…? – se dio la vuelta y lo halló en el suelo, fue a cogerlo pero una corriente de aire levantó el sombrero y lo hizo desaparecer por una cavidad lateral del pozo.

- ¡Eh! – y fue corriendo tras él por aquel túnel oculto.

- Genial, ahora se ha metido en uno de los corredores… - dijo fastidiado el presentador. - ¿me arruinas el negocio y ahora te metes a husmear por ahí? – gritó dentro del pozo aunque sabía que el chico del sombrero no le escucharía.

- ¡Traedme una escalera que voy a ir a por él! – mandó a sus subordinados.

- ¡En seguida, señor Timoteo! – e hicieron lo que les decía.

Por otra parte, Luffy ya había encontrado su querido sombrero pero ahora no sabía por dónde seguir. Estaba todo en la más absoluta oscuridad y frecuentemente soplaba una corriente que quería arrebatarle el sombrero.

- ¿¡Hola!? – gritaba. Sólo unos cuantos ecos le respondían.

- "¡Hola, hola, hola… hola…!"

- ¿Dónde está la salida?

- "¡Dónde está… dónde… está… salida, salida…!"

- ¡Lo estoy preguntando yo! – Luffy ya se estaba empeando a mosquear. ¿Quién era ese?

El prsentador Timoteo, le seguía los pasos portando una lámpara. "Qué idiota, está contestándole a su propio eco" , pensaba.

- ¡Oye, tu! – le llamó al chico de la chaqueta roja.

- ¡Eh! ¡Debería estar en el mundo de la miko y del perro! – cogió a Timoteo por el cuello de la camisa, este no perdió los estribos y dijo calmado:

- No sé de qué me estás hablando. Nunca hemos dicho que este pozo llevara a otro mundo.

- ¿Pero no era un pozo mágico? – le preguntó Luffy, todavía con el ceño fruncido.

El señor Timoteo suspiró profundamente.

- Bueno… Para tipos como tú, no. Anda, suéltame que te sacaré de aquí.

- ¿Cómo que para tipos como yo no? ¿por qué no funciona conmigo?

Timoteo se rió con ganas. ¡Qué tipo más ingenuo!

- Va, va, déjalo estar… No funciona y punto.

- Jooo… - Luffy puso morritos de decepción y siguió al hombre de la linterna que se internaba cada vez más en las galerías excavadas.

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Mientras, en el Sunny.

- ¡Y entonces Inuyasha pudo terminar con el demonio gigante gracias a la técnica que había aprendido! – contaba Shippo a Chopper y a Brook, tirados en el césped de cubierta.

- ¡Hala! ¡Qué guays son tus aventuras! – le contestaba el reno. - ¡Pues yo, estuve una vez en una isla del cielo!

- ¿¡En serio?! – dijo Shippo poniendo ojos como platos.

- ¡Yo todavía no estaba con vosotros, yohohoho…! ¡También me gustaría escuchar esa aventura, Chopper-san!

Sanji también se encontraba en los alredores y fue el primero en avistar a Usopp que se acercaba por el camino de la costa.

- Mirad, Usopp ya está de vuelta. – les dijo a todos. Franky en ese momento salía de una de las habitaciones.

- ¿Usopp? – preguntó Shippo asomándose a la barandilla del navío.

- ¡Hola a todos! – saludó este al hallarse encubierta. No había reparado todavía en el pequeño zorro. - ¡Chopper!¡estás ahí!Te he buscado por todas partes… - se pasó el dorso de la mano por la frente.

- Lo siento, Usopp, tuve que volver al barco.

- Pareces cansado, Usopp-san. – observó Brook. - ¿Qué te ha pasado?

- ¡Me ha atacado una mujer que decía que habíamos secuestrado a Inuyasha y a Kagome! – dijo el francotirador sentándose en el césped.

- ¿¡Qué!? – exclamaron todos encubierta.

- ¡Estaba loca! Y dijera lo que dijera no me creía. Así que he tenido que hacerle frente.

- ¿Qué has luchado contra una mujer? – Sanji se acercaba muy enfadado.

- sí, …sí. – Usopp se alejaba del cocinero arrastrándose. - ¡Pero no le he hecho nada!

- ¡Más te vale! ¡si es que no sabeis cómo tratar a una dama! – Sanji echó una bocanada al cigarrillo.

Usopp puso su atención sobre los demás.

- ¡Tenía un bumerán enorme y la acompañaba un gato también gigante!

- ¡Es Sango, es Sango! – Shippo se tiró a la cara de Usopp, gritando de emoción. - ¿Dónde está?

- ¡Ueeh! ¿pero de dónde ha salido este? – Usopp intentába retirarse del rostro a esa bola peluda que no paraba de moverse.

- ¡Shippo! – Chopper intentaba detener a su amigo dando vueltas alrededor del francotirador.

- Espera… ¿ha dicho Sango-chan? – el cocinero se quedó inmóvil reflexionando sobre la conversación que había tenido con Kagome por la mañana.

- ¿La conoces?- dijo el narizotas que tenía cogido al zorro por la cola. Al levantar la vista hacia el cocinero, Usopp sintió que un sudor frío le recorría la frente al ver la expresión que tenía Sanji en la cara.

- ¡¿Cómo te has atrevido a atacar a Sango-chan?!

- ¡Gyaaahh! – Usopp puso a Shippo, todavía sujetandolo por la cola, entre él y el furioso cocinero. - ¡Pero si ha sido ella la que me ha atacado primero!

- ¡Suéltame! – gritaba Shippo aterrorizado al ver al antes amable cocinero de abordo, emitiendo llamas de rabia. - ¡Socorro!

Brook y Franky se limitaban a observar la escena, con una expresión divertida en la cara. (Espera, ¡pero si Brook no tiene cara! Yohohohoho!)

- ¡Parad todos! – Chopper se había acercado y se había interpuesto entre Shippo y Sanji.

Una vez todos calmados, Shippo dijo:

- Lo que me parece curioso es porqué Sango habría pensado que vosotros habíais raptado a Inuyasha y a Kagome. – el zorro se llevaba la mano a la barbilla, pensativo.

Todos sonrieron ante la ingenuidad del pequeño.

- Bueno… sus razones tiene… - dijo Franky mirando hacia el mástil dónde ondeaba el estandarte.

- ¿Qué? ¿por qué?

- Shippo-san… - empezó Brook.- Nosotros somos piratas…

El demonio-zorro se quedó con la boca abierta.

- ¿Entonces… entonces…? ¿sois de losmalos? – dijo Shippo dando un salto atrás.

Usopp soltó un suspiro profundo.

- Bueno, es complicado. – dijo Franky, - Por ahora, lo que importa es que nosotros no les hemos hecho nada a tus amigos. Tu compañera Sango estaba equivocada.

- Aaah… - dejó escapar Shippo, todavía no muy convencido.

En el rato que estuvieron esperando a los demás procuró mantener las distancias, vigilándoles y echando miraditas a la bandera. "¡Piratas! Brr…" pensaba.

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-¡Oi! ¡Chicos! – gritó una voz femenina desde la costa.

- ¡Es Nami-chan! – exclamó el cocinero.

Nami llevaba a Luffy y a Zoro cogidos por una oreja. Detrás de ellos, Robin sonreía.

- ¡Nami! ¡Suéltame que me haces daño! – se quejaba Luffy.

- ¡No se te puede dejar solo! ¡El señor ese me quería hacer pagar por los destrozos que habías causado a su negocio!

- Yo solo quería ir al mundo de … ¿Quién es ese? – señaló al zorro que le miraba sorprendido. Luffy corrió hacia él, todavía enganchado de la oreja por Nami, que se estiraba cada vez más.

- ¡¿Te puedes estirar?! – exclamó Shippo con los ojos abiertos como platos. Luffy mostraba una gran sonrisa sin dejar de mirar al curioso recién venido. Nami suspiró cansinamente y soltó la oreja del capitán haciendo un efecto como de tirachinas, dando un latigazo en la cabeza de Luffy y mandándolo por los aires.

- ¡¿Eeeeh?! - el zorro no cabía en su asombro. "¿Cómo puede ser que un humano se estirara de esa manera?" pensaba acercándose cautelosamente al chico del sombrero que había aterrizado en una esquina de la cubierta.

El muchacho se recuperó enseguida del golpe lo que sobresaltó a Shippo.

- Sanji, lo vas a cocinar, ¿verdad? – dijo colocándose el sombrero y señalando al zorro.

-¡Socorro! ¡No quiero ser comido! – Shippo salió corriendo, escondiéndose detrás de Franky y rebuscándo en su chaleco algo con lo que protegerse.

- No seas idiota. – le riñó Sanji a su capitán. – Él es amigo de Kagome-chan y Orejas de perro.

- ¿Ah sí? ¡vaya, perdona! – se disculpó él todavía sonriendo.

Aún así, Shippo no salió de su escondite.

Zoro, por su parte, seguía replicando a la navegante. Al final acabó dándole todas las bolsas de mala manera y echando una mirada vigilante al recién venido, desapareció por alguna de las puertas del Sunny.

- ¿Tengo que recordarte lo que me debes? – le gritó Nami, antes de soltar un suspiro. - ¡Bueno, oíd todos lo que Robin tiene que decir!

- ¡Sí, Nami-chan! – el cocinero se sentó en el césped dócilmente. - ¡Haced caso, idiotas! – les espetó a los demás.

Robin esperó a que todos se hallaran en condiciones de escuchar y relató lo que había visto y oído en el almacén.

- ¿Entonces la chica que me atacó, estaba siendo engañada por esos hombres? – preguntó Usopp.

- Seguramente, y por ella han sabido que Inuyasha-kun y Kagome-chan ya no estaban con nosotros. Ahora les estarán buscando por la ciudad. – contestó la arqueóloga.

Shippo se había quedado callado durante la narración de la mujer de ojos azules y se llevó la mano a la barbilla pensativo, pensando siintervenir.

- ¿Qué ocurre Ardilla-kun? – le dijo Robin, mirándole atentamente.

- ¡No soy una ardilla, soy un demonio zorro! - salto él, después calmándose dijo – Yo… ¡tengo que ir a ayudarles! – dijo con determinación. Se levantó y se dispuso a marcharse.

Luffy lo agarró del chaleco y todos mostraron una sonrisa.

- ¡¿Qué os hace tanta gracia?! ¡Ahora mismo ellos podrían estar en…! –resopló Shippo.

- Ardilla… - Luffy le interrumpió hablando con tono sombrío lo que hizo que Shippo se abstuviera de replicar. - ¡Nosotros también les protegeremos! ¡Son nuestros nakamas! – acabó mostrando su sonrisa de oreja a oreja.

-¿ Vuestros nakamas? – se extrañó el demonio zorro en un tono casi inaudible.

- Eso, eso…¿ A dónde crees que vas tú solo? – añadió sonriente Usopp colocándose el sombrero.

Shippo abrió la boca de par en par.

- ¡¿Entonces me vais a ayudar?! – y mostró una amplia sonrisa. – Jajaja,¡ no pensaba que los piratas fuerais tan buena gente! – se llevó la mano a la cabeza.

- ¡Chicos! ¡Primero hay que establecer un plan de búsqueda! – interrumpió Nami, ya manos a la obra. - Nos dividiremos en grupos y cada uno llevaremos un caracolófono por lo que pueda pasar.

Todos se reunieron entorno de ella, excepto Zoro que seguramente se habría perdido por el Sunny.

- Sanji… ¡Tengo hambre! – se quejaba Luffy siguiendo al cocinero.

- ¡Quieres prestar atención de una vez! – le contestaba éste.

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Mientras, en la ciudad, los edificios ya proyectaban una sombra alargada de atardecer en las calles. Y dos figuras deambulaban por ellas.

- Inuyasha… Deberíamos haber llegado ya al puerto… - dijo la chica de pelo moreno. - ¿Ese hombre nos ha mandado en la dirección correcta?

Ella miraba a su alrededor, curiosa, y al no oír contestación de su compañero volvió la vista hacia él.

- ¿Qué pasa…? – le preguntó ."Parece un poco tenso…" observó ella.

- ¡Mierda! – exclamó él de repente.

- Nos hemos perdido, tampoco es para tanto. – dijo Kagome quitándole hierro al asunto.

- No es eso. – y bajando el tono devozañadió: - Nos han estado siguiendo y nos han tendido una emboscada. Puedo oler que hay dos tipos en cada esquina.

- ¿¡Y porqué no me has dicho nada?! – seenfadó Kagome, poniéndose a la defensiva.

- Porque era mejor que actuases de forma natural. – respondió él.

Kagome resopló. "¡Qué poca confianza parece tener en mí! Yo no habría llamado la atención." Pensaba lachica. Sus ojos repararon en que Inuyasha ya tenía la mano en la empuñadura de Tessaiga y también que varios tipos se estaban acercando a ellos.

- Inuyasha, es mejor que…

- ¡Eh! ¡Vosotros! – ladró él. - ¡¿Qué quereis?!

Las personas se pararon un segundo y luego reanudaron la marcha. La mayoría llevaban armas.

- ¡Inuyasha!

- ¿Qué? –dijo el demonio perro despreocupado, pero al ver la cara de enfado de Kagome se retractó. - ¿Qué… qué vas a hacer…?

Kagome se aguantó las ganas de hacerle comer el polvo pero decidió que no era el momento.

- ¡Tenemos que llegar al puerto lo antes posible! ¡No podemos entretenernos!

- ¡Tch! –gruñó él mientras se agachaba. Su compañera se subió a sus espaldas y cuando la tuvo bien sujeta, cogió carrerrilla y utilizando un toldo como trampolín, subió al techo de una casa cercana.

- ¡Eh! – gritaron los hombres que les seguían, sorprendidos.

- ¡Deberíamos haber ido por aquí desde el principio! – exclamó el semi-demonio al ver lo fácil que era ahora ir en la dirección correcta.

- ¿A dónde vais? Mi jefe quiere hablar con vosotros... - exclamó una voz a sus espaldas. Los dos se dieron la vuelta rápidamente y Kagome soltó una exclamación de sorpresa. Era el mismo tipo que les había dado las indicaciones. Era alto y corpulento y llevaba una espada al cinto. El flequillo le tapaba los ojos.

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He tardado mucho en hacer este capítulo y me ha quedado bastante largo... ¡Espero que os guste!

¡No os olvidéis de comentar!