One Piece e Inuyasha pertenecen a sus respectivos autores.

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Capítulo 7. Cae la noche y la trampa. Parte I.

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Inuyasha siguió corriendo hacia el puerto, saltando de tejado en tejado.

El hombre que les cerraba el paso tenía los brazos cruzados sobre el pecho y parecía esperar una respuesta así que Kagome no se hizo de rogar.

- ¡Dile a tu jefe que no tenemos nada de qué hablar! - dijo ella sujetándose fuertemente al cuello de la chaqueta de Inuyasha. Él miraba fijamente a su oponente.

- Me temo que sí. Y os voy a tener que entretener hasta que él llegue... - contestó el tipo alto desenvainando su espada, larga y de doble filo.

"¿Pero de qué va este? ¡Es imposible que alguien nos conozca en este mundo!... a parte de los Sombrero de paja, claro..."

- No tenemos tiempo que perder contigo. - le espetó el demonio perro y de un saltó a la casa de enfrente.

Pero nada más poner el pie en el tejado este se derrumbó.

- ¡¿Qué...?! - dijo Inuyasha, intentado cogerse a algo. Kagome lo cogía a él por el cuello de la chaqueta dejando escapar un grito de sorpresa.

Por suerte, el demonio se pudo apoyar en un saliente de la casa que se caía a pedazos y volvió a subir al tejado. Kagome observó que el habitante de la casa salía a la calle en pijama sin saber qué era lo que había pasado. Al mirar atrás vio que el causante de aquello se preparaba para un nuevo sablazo.

- Cuidado, Inuyasha. - le susurró a su compañero, preocupada.

"Si corro lo suficientemente rápido lo podré dejar atrás", reflexionaba el chico echándole un vistazo a su oponente. Aunque en realidad lo que le apetecía era darle una buena lección.

Pero sólo había avanzado unos cuantos pasos y ya tenía frente a él de nuevo al sicario. A duras penas pudo esquivar su mandoble dirigido al pecho y de nuevo tuvo que retroceder. Sentía la preocupación y respiración acelerada de su compañera a sus espaldas. Intentaría ahorrarle ese mal trago y quitarse de encima a ese pesado.

- Kagome… Suéltate. – le susurró.

- ¿Qué? Pero Inuyasha tenemos que ir a…

- ¡Ya lo sé! – le interrumpió él y añadió en voz baja: – Pero no nos queda otro remedio. Intentaré alejarlo lo más rápido posible.

El dejó caer suavemente a la chica en el tejado y avanzó unos pasos hacia su oponente.

-Muy bien, ¡tú te lo has buscado! – le espetó al espadachín.

-¡Ya era hora...! – dijo jovial el hombre alto. – …que dejaras de huir como las gallinas… - prosiguió murmurando.

Inuyasha arrugó la nariz. "¿Un gallina?¿Él?". ¡Ese tipo no sabía con quién se estaba metiendo!

El corpulento hombre echó la espada hacia un lado, con ambas manos, y separó las piernas para dar más impulso a su movimiento.

- ¡Mandoble de aço!** - la espada empezó su camino lentamente y Lolo avanzó hacia Inuyasha.

"Por lo visto su espada es muy pesada… eso es una ventaja, no podrá hacer maniobras complicadas…" pensó el semi-demonio.

Previniendo el corte horizontal, Inuyasha saltó y lo esquivó fácilmente.

- ¡Garras de hierro! – aprovechando su posición por encima de su oponente le dirigió un zarpazo con sus garras afiladas como dagas. Hicieron un sonido metálico al chocar contra la mesa* de la espada. El espadachín había parado su golpe elevando verticalmente la hoja, sujetándola por la pala* e empujó a Inuyasha hacia atrás.

"Nunca había visto utilizar a alguien una espada así..." el demonio frunció el ceño.

Lolo se movía lentamente hacia la derecha.

"¿Qué hace? ¿No intentará escapar ahora?", Inuyasha se preparó mentalmente para cualquier acción extraña que hiciese ese hombre.

El espadachín levantó su espada por encima de su cabeza e Inuyasha, instintivamente cerró su puño sobre la empuñadura de Tessaiga. "¡Ni siquiera me está mirando! ¿A dónde demonios apunta?" se preguntó extrañado. Obtuvo su respuesta al seguir la atenta mirada de su contrincante y a la vez que éste bajaba su arma, resplandeciendo de forma extraña.

- ¡Kagome! - aulló él abalanzándose sobre el espadachín con Tessaiga ya transformada en su forma más terrible.

La chica, que había intentado pasar desapercibida y encontrar un sitio en el que guarecerse volvió la cabeza asustada ante el tono de voz de su compañero.

Él, debido a su poca estatura comparado con el hombre moreno, saltó desde abajo a la vez que impulsaba hacia arriba la espada del enemigo. El brillante corte desvió así su trayectoria recortando la esquina de una casa a unos metros de Kagome.

- ¡Tú! - llamó el hombre a la chica que había caído de rodillas en el suelo entre un montón de escombros.

El espadachín ahora mantenía su espada abajo con todas sus fuerzas para clavar la espada de Inuyasha en el suelo. Éste resistía a duras penas, además, su contrincante no le estaba prestando la mínima atención y eso le enfurecía aún más.

- ¡No te muevas! - acabó por regañar a la chica de pelo negro.

Inuyasha dio un tirón de su espada, consiguiendo sacarla de debajo del arma de ese espadachín, eso sí, arrastrando todo el filo por el tejado y dejando un surco en él.

El chico de pelo blanco retrocedió a la posición de Kagome, cubriéndola.

- ¿Estás bien? - le musitó mirándola por encima del hombro.

- Sí... - contestó ella frotándose las rodillas, dónde se había hecho una rascada. - Creo que ya no podremos encontrarnos con los piratas... - le dijo ella en voz baja.

Él asintió, todavía atento a su enemigo que parecía preparar algo.

- De todos modos... Hay que vencer a este tipo insoportable si queremos movernos de aquí.

Kagome abrió la boca para contestarle pero él ya se había movido al encuentro de ese individuo increpándole todo tipo de insultos.

Ella dejó escapar un suspiro. "No tiene remedio...". Ella miró atentamente hacia todos los lados, le preocupaba que pudiese venir el jefe de ese espadachín. "¿Qué querrán de nosotros?", se preguntaba cada vez más intrigada, planteándose que quizás aquella gente tuviese la pista de su aparición en el Nuevo Mundo.

El hombre de nuevo retiró la espada hacia atrás, sujetándola fuertemente con las dos manos.

"Já" pensó Inuyasha, " ¿Va a hacer el mismo ataque que antes?", el demonio perro asió Tessaiga atento. "Es muy predecible", pensó esbozando una sonrisa burlona.

- ¡Mandoble em mitja lua!** - profirió rotundamente el hombre moreno.

Pero la trayectoria inicial de la espada se rompió en el trazo horizontal y con un rayo de luz amarillenta se dirigió de frente hacia el sorprendido demonio que no se lo esperaba.

"¡Maldición!" dejó escapar en un suspiro el demonio. Había esquivado el corte por muy poco... Miró hacia atrás para asegurarse de que Kagome estaba a salvo. La luz del ataque iluminó por unos instantes los tejados de la ciudad. ¡Ahora le tocaba a él! Pero... ese hombre no era un youkai. No podría atacarlo mediante el Viento Cortante y sus garras eran inútiles contra el acero de su espada.

Inuyasha avanzó decididamente hacia su rival, llevando a Tessaiga por delante, la alzó y la hizo caer, pero el objetivo se había retirado a tiempo y miraba burlón cómo la espada de el Orejas-de-Perro abría un boquete en la casa de algún incauto. "¡Maldición!" se dijo éste, apretando los colmillos con rabia.

A una distancia prudencial, la chica de uniforme miraba la escena con el corazón en un puño. "Inuyasha no puede hacer uso de ninguna energía demoníaca... ¡Debo hacer algo! Tengo mis flechas pero tampoco estoy segura de no darle a Inuyasha, además...". Un rumor la distrajo de sus pensamientos. Se levantó extrañada a ver de dónde venía esos murmuros.

Inuyasha atacó de nuevo, esta vez, el tipo misterioso frenó el corte con su espada. Ambos forcejeaban para intentar tumbar al oponente. Inuyasha retiró su espada hacia un lado y el tipo, que no se lo esperaba, no pudo evitar que las garras afiladas del chico le laceraran el brazo izquierdo.

Inuyasha se alejó de un salto, con una sonrisa triunfante. En cuanto al luchador herido, él se mostraba sombrío, frunció el ceño.

- Parece que sabes pelear de verdad... - dijo con la voz llena de desprecio. A Inuyasha no le hizo mucha gracia y apretó la mandíbula.

- ¡Tch! No peleas tan mal como aparentabas en un principio. - le respondió el semi-demonio. Vio cómo el espadachín se tensaba cada vez más.

Kagome por su parte, se había asomado a la calle de abajo. Escuchaba el rumor de los vecinos que habían salido a ver qué pasaba. Unas voces sobresalían sobre todas las demás.

-¡Ánimo Lolo! ¡Tú puedes con ellos!

La chica de pelo negro se fijó en el grupo de gente. Entre todos ellos se encontraban los secuaces de ese tipo misterioso. Se hacían hueco entre la gente empujándola e iban armados de palos y sables. Con cuidado de que no la vieran siguió sus movimientos desde el tejado.

De repente captó por el rabillo del ojo un movimiento a su izquierda. Allí al final, por el borde de la casa, se asomaba el extremo de una escalera.

- Lolo, ¡vamos a ayudarte! – vociferaban.

- ¡No lo tengáis tan seguro! – se dijo a ella misma. Corrió por el tejado sorteando los escombros y agujeros provocados por Inuyasha y ese tal Lolo. Cogió los extremos de la escalera y la empujó hacia afuera.

- ¡Eh, eh! ¿Qué haces? –los secuaces se agarraron a la escalera para no caer.

- ¡Maldita! – el que encabezaba la partida blandió su sable en dirección a la chica. Kagome soltó sus manos y la escalera se balanceó en el vacío. Los secuaces cayeron sobre los toldos, rebotando y la escalerilla se derribó sobre ellos.

- ¡Nos las pagarás! - le gritaron. Ella se frotó las manos y volvió su atención hacia su compañero.

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En otra parte de la ciudad...

-¡Kagome-chan! ¿Dónde estás? – el cocinero de los Sombrero de Paja sólo se distinguía por la luz de su cigarrillo. - ¡Kagome-chan! – …y por los corazones que despedía a su alrededor.

- ¿Estás seguro que pasaron por aquí, pequeñín? – dijo Franky al zorro, que estaba sentado en su hombro.

-¡Sí! – contestó este. - ¡Yo tengo un olfato muy fino!

- ¡Kagome!, ¡Inuyasha! – dijo una voz femenina pasando una linterna por la bocacalle. – Así no los vamos a encontrar nunca. Espero que Brook y los otros tengan más suerte…

- ¡Claro que los encontraremos! – exclamó el cyborg haciendo uso de sus linternas en los pezones para iluminar el camino. - ¡Orejas-de-Perro!

- Es Inuyasha. – le regañó Shippo.

- Ah, sí. – sonrió el peli-azul.

- Eh, ¿ahí no hay mucho escándalo para ser las horas que son? – dijo Sanji que se había adelantado.

- Pues sí. ¡Vamos a ver! – Nami tomó la iniciativa y se dirigió al tumulto.

-¡Sí, Nami-swan! ¡Lo que tu digas! - reverenció el cocinero cuando ésta pasó a su lado.

Shippo soltó un suspiro. "¡Que pesado que es!".

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Kagome corría por los tejados, intentado escapar de los esbirros de Lolo que habían conseguido subir.

- ¡Alto ahí o disparo! – la chica se había situado al lado de una chimenea y había tensado su arco apuntando al líder del grupo. No tenía la intención de disparar, tan solo intimidarlos un poco.

- Vamos, vamos… - dijo uno de ellos, el más atrevido, jugueteando con su sable. – No nos vas a disparar, ¿verdad?

Kagome podía ver debido a la luz de la luna la sonrisa poco amistosa de su interlocutor. Tensó todavía más el arco.

Inuyasha y Lolo chocaron sus espadas intentando hacer retroceder al adversario. Lolo sonreía ante la expresión rabiosa del demonio de pelo blanco y eso lo hacía enfurecer más.

- Pones la misma expresión que tu amiga del bumerán. – murmuró Lolo. Inuyasha no pudo evitar mostrar sorpresa, distrayéndose por un instante. "¡¿Está hablando de Sango?!". La espada de su adversario cayó sobre él como una guillotina, tumbándolo de espaldas. Desde el suelo pudo levantar a Tsessaiga para detener el corte. Lolo se situó encima de él insistiendo en la espada.

- ¿De qué estás hablando? – pudo decir Inuyasha entre gruñidos.

- De tu cara deimpotencia y rabia. – esbozó una sonrisa sarcástica.

- ¿Dónde está Sango? – insistió el semi-demonio. "Si había oído bien… ¿Se había encontrado a Sango en este mundo? ¡Pero eso no es posible! ¡Sango no pudo haber atravesado el pozo!" - ¡Cómo le hayas hecho algo…!

-¿Pues qué? – Lolo se puso serio. – No creo que puedas hacer nada en el estado en el que te encuentras… - Lolo posó una mano en el costado de Tessaiga presionándola sobre el pecho de Inuyasha y con la otra rebuscó en su bolsillo. Estaba apoyando todo su peso y fuerza para aplastar a su contrincante, a pesar de estar herido.

- ¿Te das cuenta deque nada sirve para escapar de mi jefe? A tu amiga la atraparán mis subordinados en cualquier momento.

Inuyasha pensó en su compañera y aunque podía olerla, no sabía qué era lo que le estaba pasando. "¡Tengo que hacer algo ya!".

El demonio no podía sacar las manos y su propia espada le estaba oprimiendo los pulmones. No pudo reprimir un resoplido de rabia y al ver que Lolo sacaba unas esposas, empezó a gruñir, intentando sacar fuerzas para levantar aquel peso de encima.

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La cuadrilla de maleantes se enfrentaba a la chica, algunos intimidados ante la postura seria y dominio que parecía tener.

- Será mejor que no nos lo pongas difícil… -se reía el tipo. – Si nos enfadas…

- ¡Vosotros ya me habéis enfadado lo suficiente! – Kagome bajó el arco y disparó a sus pies. El grupo hizo un salto hacia atrás, sorprendido. El tipo de antes se encaró a ella rabioso.

Kagome se apresuró a recargar su arma ya que el sicario empuñaba peligrosamente su sable. Una voz atronadora resonó por la calle de abajo.

- ¡TODOS QUIETOS!- y se oyeron los chasquidos de los mosquetes. - ¡NO OS RESISTAIS A LA MARINA!

Kagome ojeó a la calle. Una fila de uniformes blancos rodeaba el bloque de edificios entero. "La marina… debe ser aquí lo que la policía… Gracias al cielo." Pensó la chica que ya se estaba desesperando ante el cariz que habían tomado las cosas.

La cara del secuaz mudó por completo y el grupo empezó a titubear.

- ¿Qué hacemos ahora?

- ¡La marina! ¡Vámonos!

- ¡Esperad! – dijo el tipo que parecía tener más entereza. - ¡Lolo! ¿Qué hacemos?

Todos esperaron la orden de Lolo y giraron la cabeza en su dirección... ¡Pero no había nadie!

- ¡Inuyasha! – un grito de preocupación se le escapó a Kagome al ver que su compañero tampoco se hallaba allí.

- ¡TIREN SUS ARMAS Y LEVANTEN LOS BRAZOS POR ENCIMA DE LA CABEZA! – decía un marine con altavoz asomándose al tejado. El resto de la tropa estaba subiendo a los tejados circundantes y apuntándolos con los fusiles.

Kagome se relajó y pudo soltar un suspiro de alivio. "Aunque Inuyasha se haya ido, podré contar con la ayuda de la policía…". Dejó la flecha en su carcaj.

- ¡Ni en sueños nos rendiremos! – gritó uno de los partidarios de Lolo alzando su garrote. Se lanzaron contra los marines gritando y haciendo volar sus espadas por encima de la cabeza.

- ¡FUEGO CONTRA LOS AGITADORES! – gritó el marine del altavoz bajando su brazo.

Kagome no cabía en su asombro. El sentimiento de seguridad que había sentido antes ahora se mezclaba con el de un incomprensible terror. Se agachó y acurrucó contra la chimenea. "¡¿Qué hacía la policía disparando contra civiles?! ¡Estaban armados pero aún así…!" Se cubrió con los brazos al oír los disparos.

Pero para su sorpresa no eran balas lo que disparaban, ¡sino redes! Los perseguidores de Kagome e Inuyasha se retorcían bajo las pesadas mallas.

Los que no habían caído se batían contra los marines. Estos apaleaban a los rebeldes con las culatas de los fusiles, sin hacer distinciones, haciendo caso omiso de las peticiones de piedad.

Kagome hizo de tripas corazón y se levantó para escaparse de allí. Saltó por encima de algunas personas enredadas y buscó con la mirada alguna posible salida. Se hallaba en el borde del tejado. "¿Dónde están las escaleras? No podré saltar al otro lado…" apretó los puños intentando calmarse.

- ¡Eh, tú! ¡Manos arriba! – escuchó una voz a sus espaldas. "¡Me han pillado!" Kagome sintió que su cuerpo se había paralizado del miedo e intentó actuar con la mayor integridad posible, intentando no ponerse a temblar como un flan. Hizo lo que se le pedía muy lentamente y miró por encima del hombro.

Un marine joven la estaba apuntando con un fusil. "Tengo que decirle que yo no soy de los malos! A lo mejor deja de apuntarme de este modo!"

- ¡Yo soy inoce…!

- ¡Cállate! – le espetó el soldado. Kagome tragó saliva. - ¡Apártate del borde y no hagas nada raro!

Esas palabras despertaron una idea en la mente de la chica. Dio un paso al frente y se arrojó piso abajo.

- ¡¿Qué…?! – el marine abrió los ojos como platos y se volvió hacia un compañero. - ¡Se ha tirado! – y ambos se asomaron a la esquina.

Una figura intentaba mantener el equilibrio mientras avanzaba de toldo en toldo.

- ¡Será…! – dijo el marine que no pudo reprimir una sonrisa de sorpresa.

- ¡Hay que atraparla! – el compañero se puso en una rodilla y apuntó hacia la fugitiva.

"¡Menos mal que me acordé de las lonas!" miró hacia atrás y vio a los dos marines dispuestos a atraparla de un disparo. "¡Rápido, tengo que encontrar a los Sombrero de paja!"

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Momentos antes:

- ¿Te das cuenta de que nada sirve para escapar de mi jefe? A tu amiga la atraparán mis subordinados en cualquier momento.

"¡Kagome!" pensó Inuyasha. "¡Tengo que hacer algo ya!".

Lolo se acercaba cada vez más con las esposas en la mano. Entonces el chico vio su oportunidad. Dirigió una patada a la pierna de Lolo, haciendo que se desequilibrara y cayera sobre él. Entonces Inuyasha levantó su propia espada hacia arriba, dándole a su oponente en la mandíbula.

Rápidamente y sin darle tiempo a reaccionar, el semi-demonio se abalanzó o sobre Lolo y lo empujó de espaldas hacia atrás.

- ¡Ahora me vas a decir dónde está Sango!

- ¡TODOS QUIETOS!- y se oyeron los chasquidos de decenas de los mosquetes. - ¡NO OS RESISTAIS A LA MARINA!

Lolo cambió su expresión burlona por otra más seria.

- Me parece que no.- le contestó con altivez a Inuyasha. Este gruñó y tensó sus garras haciendo ademán de dar un zarpazo, pero Lolo zafando su brazo izquierdo le dirigió un poderoso puñetazo a Inuyasha.

"¿Cómo puede ser que conserve su fuerza a pesar de estar herido?", el semi-demonio se tambaleó y Lolo aprovechó para sacar su otro brazo y asestarle otro golpe. Inuyasha le respondió con un zarpazo en el pecho que apenas produjo efecto ya que esbirro se lo desvió.

A pesar de ser un hanyo y como tal más fuerte que la mayoría de humanos, Lolo lo superaba con creces y pudo quitarse de encima al semi-demonio.

Inuyasha permaneció de cuclillas, frotándose el lugar del golpe. Lolo recogió su espada y echó a correr en dirección contraria, saltando al suelo.

- ¡Eh! - Orejas-de-Perro salió en su persecución. El tipo parecía conocer bien las callejuelas pero Inuyasha le seguía en parte a su sentido del olfato. Había visto que unos hombres uniformados habían rodeado el lugar de la lucha, y viendo la reacción de su rival, era mejor salir de allí... "Espera un momento... ¡¿Y Kagome?!".

Inuyasha se paró en seco. "¿Dónde está esta ahora? ¿Se habrá quedado en el edificio?". ¡Si iba a por ella corría el riesgo de perder el rastro del hombre y de Sango!

"¡Mierda!", refunfuñó el demonio. "¡No puedo dejarla ahí!". Volvió sobre sus pasos todo lo rápido que pudo.

Por una calle a la derecha podía oír a aquellos soldados y rápidamente se impulsó hacia los tejados.

- ¡Eh! ¡Ahí hay uno! - un soldado le señaló.

¡Los tejados estaban poblados de uniformes blancos!

- ¡Quédate quieto! - le apuntaron varios. Él tenía sus sentidos ocupados en otra cosa. ¡No podía captar el olor de su compañera! Todo olía a quemado y a pólvora. "¡Mierda!", se dijo otra vez.

- ¡Kagome! - llamó.

Saltó hacia otro tejado y los marines corrieron detrás de él, disparándole. Pudo ver que en las calles había el mismo escándalo. ¡Estaba rodeado!

Se dejó caer en una calle supuestamente tranquila y empezó a deambular buscando el rastro de Kagome.

- ¡Ahí está! - unos soldados aparecieron en la bocacalle a su derecha y él giró a la izquierda. Esa salida también se bloqueó con más marines y en los tejados también se asomaban algunos.

Los marines se acercaban cuidadosamente.

- ¡Atención! ¡Parece poseer una fruta del diablo! - dijo un marine con bigote, al fondo.

"¿Fruta del diablo? ¿Aquel poder del chico de goma?".

- ¡Tch! - profirió con desprecio e hizo crujir sus nudillos, preparado.

Los marines se asemejaban a dos masas de agua que intentaban atrapar a Inuyasha entre dos corrientes.

- ¡Va!, ¡todos a una! - y saltaron sobre él de ambas direcciones. Inuyasha saltó por encima de sus cabezas, usando sus gorras como puntos de apoyo. Pero de repente una mano le agarró del tobillo y lo sumió en la marea de uniformes.

- ¡Ueh! - exclamó sorprendido.

- ¡Ya lo tenemos! - profirieron con entusiasmo los marines. Por poco tiempo ya que Inuyasha estaba repartiendo puños y zarpazos por doquier, y como no había espacio suficiente para sacar espadas y fusiles, los marines se amontonaban con un par de chichones a lo largo y ancho de la calle.

- ¡Qe no ze escapze! - ordenó el que parecía un oficial, con unos cuantos dientes de menos.

El demonio perro salió de allí como pudo y desapareció entre las estrechas calles de la ciudad mercantil.

- Si no puedo encontrar a Kagome, seguiré el rastro de ese espadachín. Después de todo, él también la estará buscando.

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Unos bloques más lejos.

- ¡Era la marina! - le reprimía la navegante a Sanji. El pequeño grupo de búsqueda se hallaba en estos momentos también perseguido por los soldados.

- Lo siento, Nami-swan... - Sanji mostró su faceta más sumisa pero se volvió hacia el pequeño zorro enfurecido: - ¡Si no fuera porque este chaval se hubiera puesto a gritar!

- ¡Lo siento mucho! - Shippo se abrazaba a Nami. - ¡Me he puesto nervioso!

- Ya está, ya está... - le tranquilizaba ella. - ¡Vamos a despistarlos!

- ¡Estaba seguro de que había captado el olor de Inuyasha! - dijo el zorro.

- ¡Por ahora no podremos acercarnos a esa zona, Ardilla! - le contestó Franky, iluminando el camino con sus particulares linternas.

- ¡Que soy un zorro!

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En el lugar de la reyerta, se hallaban unos cuantos marines descansando en el suelo, la mayoría con vendas y moratones.

- Se han avistado a los Sombreros de Paja, señor. - un robusto marine hizo el saludo a su oficial.

- Aviza al cuartelisho. Pide más lefuerzos. - dijo éste secamente mientras se aplicaba hielo en la mejilla. "¿Quién sería ese tipo vestido de rojo? ¿Estaría relacionado con los Sombrero de Paja?" se preguntaba el oficial.

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Lolo se paró en una esquina para asegurarse de que nadie le seguía. "El estúpido de ese extraterrestre me ha perdido la pista". Se palpó la herida de su brazo y arrancando un trozo de camiseta se la aplicó para parar la hemorragia.

Después sacó un mini den-den mushi de su bolsillo y se lo llevó a los labios.

-Oi, Jefe.

Una voz grave le contestó al otro lado del caracolófono.

- ¿Qué ha pasado? Había marines por todas partes... - dijo la voz en tono de queja. - No pudimos ni acercarnos.

- Lo siento, no pudimos actuar con más discreción. Hay que poner en marcha el plan B, señor.

- ¡Ese era el plan B! - le espetó la voz de su jefe.

- El C entonces.

- Exacto, el C.

- Muy bien, vuelve al lugar de reunión. - y el den-den mushi colgó con un "ka-cha".

Lolo esperó unos segundos y tirando el trozo de camiseta empapado en sangre a un rincón, se dirigió a ese "lugar de reunión".

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** Los ataques de Lolo están en una mezcla de portugués y catalán. El primero significa Mandoble de acero (es muy original, ya veis) y el segundo Mandoble en media luna.

* Mesa: Se refiere a la parte plana de la espada.

*Pala: La punta de la espada que suele tener doble filo.

Notas:

¡Arrgh!¡Perdón por la tardanza! Supuse que las vacaciones ayudarían un poco a adelantar con la historia... pero no. ¡Y de hecho esto solo es la primera parte del capítulo 7! Pero es que no quería hacer esperar mucho más. (Es posible que la Parte II sea cortita, ya veremos) ¡Gomenasai!

¡Y espero que todos hayáis pasado unas felices fiestas y hayáis empezado el año nuevo con buen pie!

¡No os olvidéis de comentar!