Disclaimer: Inuyasha pertenece a Rumiko Takahashi y One Piece a Odachi. ;)
Capítulo 7. Cae la noche y la trampa parte II.
En el capítulo anterior:
"El demonio perro salió de allí como pudo y desapareció entre las estrechas calles de la ciudad mercantil.
- Si no puedo encontrar a Kagome, seguiré el rastro de ese espadachín. Después de todo, él también la estará buscando."
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El hanyou de pelo blanco había llegado al final del trayecto. O eso parecía.
Se encontraba al otro lado de la ciudad, dónde sólo había una explanada que daba al mar. Unos cuantos botes se mecían en el agua. Sólo había un grupo de casas y unos carros, recubiertos de lonas pesadas.
Inuyasha husmeó el aire. "¡Viento a favor! ¡no puedo seguirle el rastro!". Dentro de las calles, había sido capaz de distinguir el olor a sangre de Lolo pero al acercarse a la costa y haber brisa de tierra a mar, mil fragancias mezcladas lo hacían imposible. Pero él presentía que no estaba muy lejos.
Avanzó unos pasos al frente para inspeccionar esos carromatos. Y de repente, ¡Pum! el suelo se hundió bajo sus pies.
- ¿¡Eh?! - pudo reincorporarse rápidamente, poniéndose en alerta, pero el polvo le impedía abrir los ojos y respirar bien. "Tengo que salir de aquí enseguida." y escaló las paredes de tierra casi a ciegas.
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En ese instante entre las calles de la ciudad:
El oficial que llevaba un pañuelo atado a la mandíbula se paseaba entre sus subordinados y los prisioneros que habían capturado.
Sus subordinados se hallaban interrogando a los prisioneros y él manejaba unos papeles en la mano.
-¡A ver! ¿Quién es vuestro jefe?
Y los prisioneros se miraban entre sí, miraban al cielo, luego al suelo, algunos silbaban…
-¡Contestad! – un soldado raso le propinó una patada a algunos.
-Si colaboráis… Seremos justos y sabremos agradecéroslo gratamente. – continuó el comandante.
-¡Ya claro! ¡No te lo crees ni tú! – le contestó un prisionero.
El oficial se hallaba intrigado por las apariciones de dos curiosos personajes en escena. La misteriosa chica arquera y el malhumorado muchacho de rojo.
Y después también coincidía con el avistamiento de los Sombrero de Paja. Aunque no habían visto al capitán, habían dado con algunos de sus tripulantes.
"¡Tenemos que actuar con rapidez antes de que esto se desmadre más de la cuenta!" reflexionó el marine.
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Kagome había logrado escapar de los disparos de los dos marines. Agarrándose a un balcón y saltando a una carreta había puesto los pies en el suelo.
-¡Puf! ¡Las veces que he estado a punto de caerme! – la chica se frotó el tobillo. Unas cuantas veces había apoyado el pie de mala manera y se había hecho daño.
"¿Ahora qué hago?" ella se encontraba en un callejón con tan solo una triste farola. Desde allí podía oír el escándalo de la revuelta. "¿Debería volver a buscar a Inuyasha o… esperar a que él me encuentre?"
Unos murmureos le llamaron la atención. Se alejó de la luz de la farola para esconderse entre las sombras.
Unas figuras pasaron rápidamente, cautelosos. Kagome creyó reconocer a algunos secuaces de Lolo.
En cuanto pasaron, Kagome echó a correr en dirección contraria. "¡He de encontrar algún sitio en el que me pueda situar!".
Pero las calles estaban en alerta continua. Los marines peinaban la zona, preguntando a los dormidos vecinos si habían visto a ciertos sospechosos.
"Yo no tengo ninguna manera de encontrarlo. Podría utilizar una de mis flechas como bengala pero... No quiero gastarlas..."
Al atravesar un callejón, vio dos extrañas luces. Le recordaban a un coche porque se movían a la vez. Se acercó cautelosamente hasta que pudo oír lo que decía:
- Creo que los hemos despistado...¡Espero que a los demás les esté yendo súper bien! - dijo una voz con acento muy marcado.
"¿De qué me suena es voz?" pensó Kagome por unos segundos, después salió corriendo a su encuentro, al darse cuenta de quién era.
- ¡Franky! - llamó ella.
- ¿Eh? - el cyborg se dio la vuelta extrañado y Nami dirigió la lámpara hacia el lugar de dónde había venido la voz.
Sanji se había quedado paralizado.
- Kagome-chan...
Shippo había reconocido la voz al instante y de pura emoción, su pelo se erizó, convirtiéndolo en una bola de peluche.
- ¡Kagome! - saltó de las espaldas de Franky al suelo y cómo un relámpago corrió hacia la voz de su querida amiga.
- ¿Shippo? - se preguntó la chica, mirando por todas partes, buscándolo entre la oscuridad. De repente el pequeño zorro saltó a sus brazos.
- ¿Estás bien? - exclamaba él, rodeándola con sus pequeños brazos y apoyando la cabeza en el pecho de la chica. Esta notó que las lágrimas de Shippo humedecían su ropa.
- Estoy bien... - le acarició la cabeza. - ¡Oh! ¡Cuánto me alegro de verte! - y ella le correspondió a su abrazo.
Ella estaba realmente sorprendida. "¿Por qué está Shippo aquí si sólo Inuyasha y yo podemos cruzar el pozo?" Pero pronto dejó de buscarle una explicación a ese misterio y acercó su cabeza a la de Shippo. Ella no sabría cómo explicar el sentimiento que inundaba su corazón, una mezcla de alegría, alivio pero también tristeza y confusión.
Pasados unos minutos Kagome alzó la cabeza para ver al resto de la compañía: Nami que miraba la escena a la luz del farol mostrando una amistosa sonrisa; Sanji estaba un poco rígido, ¿incómodo, quizás?; y Franky estaba llorando a lágrima viva.
- ¡Uhhuuu! ¡Qué emotivo!
Tanto la chica morena como el zorrito, que no habían visto nunca esa faceta del cyborg, se quedaron un poco parados.
Nami y Sanji se acercaron.
- Kagome, ¿ Seguro que te encuentras bien? ¿E Inuyasha? - la navegante miró hacia todos los lados, buscándolo.
- Sí, estoy bi... - Kagome no pudo terminar la frase. Sanji tomó la forma de un remolino, recuperando su humor habitual.
- ¡Kagome-chaaan!¡Estaba tan preocupado por ti! - revoloteaba a su alrededor feliz pero su rostro se tornaba frío cuando le dirigía la mirada al zorrito pegado a ella. - ¿Estás herida? ¿Quién te ha hecho eso? - dijo señalando la rodilla de la chica.
-No es nada, sólo una rascada. - dijo quitándole importancia. - Nos encontramos a un tipo extraño que nos atacó.
- ¿Quién era? - preguntó Shippo alzando un puño.
- No lo sé. Se llamaba Lolo y era alto...
- Ni idea. - Nami, Franky y Sanji contestaron al unísono negando con la cabeza.
- E Inuyasha no sé dónde está... - Kagome soltó un suspiro desesperanzador aunque pensara que él había sido un completo idiota al dejarla sola en medio de aquel lío. "En fin..."
- Ah, sí, ese... -Sanji parecía haber olvidado por completo al acompañante.
- ¡Entonces vamos a buscarlo! - exclamó Franky reanudando la marcha, entusiasta. Nami por su parte murmuró algo de den-den mushi y se alejó unos metros.
- ¿Por qué nos estabais buscando? Pensaba que ya os habías ido. - le preguntó la miko al cyborg cuando pasó a su lado.
- Robin escuchó a unos tipejos hablar de vosotros y pensó que tal vez tuvierais problemas.
La chica agradeció a la arqueóloga internamente.
- Kagome... ¿Cuándo encontremos a Inuyasha volveremos a casa? - le preguntó el zorro.
- No lo sé, Shippo... Espero que sí. - ella intentó esbozar una sonrisa de ánimo al pequeño, que la abrazó por undécima vez. Se escuchaba a Franky decir cosas como "¡Qué conmovedor!" , Kagome y Shippo se rieron.
Mientras, Nami, tenía un mini caracolófono en sus manos.
- ¿Hola?
- ¡Hola! ¡Yo soy Monkey D...!
-¡Ya sé que eres tú! - le espetó la navegante.
- Ah, hola Nami. -contestó jovial la voz del capitán.
Kagome y Shippo no dejaban de asombrarse del curioso sistema de comunicación.
- ¿¡Habéis encontrado a Kagome?! ¡Yosh! ¡Kagome, ¡¿estás bien?! - Luffy contestó a grito pelado dirigiéndose a ella.
- ¡No grites me grites en la oreja! - le chilló Nami, frotándose la oreja. Esta acercó el caracolófono a Kagome para que contestara.
- Estoy bien, Luffy, gracias por todo.
- ¡No te preocupes! ¡Por un nakama...! - Nami retiró rápidamente el aparato.
-¡ Ahora escúchame tú, Luffy! No sabemos dónde está Inuyasha así que...
- ¿Orejas de Perro?
- Sí... - dijo la peli-naranja cansinamente. - Así que ahora buscamos al perro, ¡digo a Inuyasha! Y tened cuidado porque hay marines por la zona.
- ¡De acuerdo! Ah, Robin quiere hablar con Kagome.
Nami dio el den-den mushi a la chica y le indicó por señas que la siguiera. Franky ya se había alejado bastante y los llamaba.
- ¡No tardéis! - les recordó la navegante. Kagome y Shippo asintieron.
- ¿Kagome? - preguntó la voz de la arqueóloga.
- ¿Si? - a la chica "extraterrestre" se le había muy extraño hablar por ese invento y no sabía cómo sujetarlo. ¡Era un caracol! ¡Y estaba vivo!
- Dime, ¿habéis sido atacados por alguien?
- Sí. Por un hombre alto y corpulento. Un espadachín... Y creo que se llamaba Lolo. ¿Lo habías visto antes?
Robin hizo memoria. ¿Había alguien así en aquel almacén? Directamente, la arqueóloga decidió explicarle todo lo que había visto y escuchado. A Kagome se le estaban poniendo los pelos de punta.
- Una pregunta más... También mencionaron a un monje.
- ¿Miroku? - Kagome y Shippo se miraron extrañados.
- ¿Lo conocéis?
- Es imposible... - la miko se había sumido en sus pensamientos. "¡No tiene sentido! ¿Por qué ellos pueden cruzar ahora?" mil y un confusos pensamientos pasaban por la mente mientras sus ojos deambulaban.
- ¡Eh, Kagome! - Shippo movió su mano enfrente de la cara de su amiga.
- ¿Eh?
- De todos modos: Kagome, Shippo ,tened cuidado. Alguien os está buscando y no con las mejores intenciones.
- ¡Gracias, Robin! ¡Pondremos atención! - contestó el demonio zorro acercándose al caracolófono. - Kagome, tenemos que darnos prisa.
- ¡Sí! - asintió ella, echando a correr detrás del grupo de piratas. Pero al pasar una esquina se chocó contra alguien que venía en la dirección contraria.
- ¡Oh, perdón! - dijo una voz masculina.
- ¡Tú! - se le escapó. Kagome no se lo podía creer. ¡Allí estaban los secuaces de Lolo! Y se encontraban entre ella y los Sombrero de Paja.
- ¡Es la fugitiva! - el hombre también se había dado cuenta. - ¡Ya la tenemos! - les dijo a sus compañeros.
Kagome pegó un grito y dio un salto hacia atrás. Shippo se puso delante de ella en un intento de protegerla.
- ¿Como osáis ponerle la mano encima a mi querida Kagome-chan...? - una figura casi demoníaca envuelta en llamas impedía la retirada de los malhechores. - ¡Ya os enseñaré modales, imbéciles! - Sanji los tuvo en el suelo con un par de huesos rotos.
Nami se acercó corriendo y se puso al lado de Kagome.
- ¿Son esos los que te atacaron? - preguntó, con el Clima Tact preparado.
- Sí... - la miko dijo con un hilo de voz. Nami reaccionó rápidamente.
- ¡Cómo se os ocurre atacar a Kagome y a Inuyasha! ¡Por una vez que tenemos turismo inter-dimensional! - la navegante la había tomado con los bandidos tendidos en el suelo. -¡Vergüenza debía de daros!
-¿Qué? - susurraron Kagome y Shippo. - ¿Turistas?
- No pierdas tu precioso tiempo en ellos, Nami-swan...¿A dónde os habéis llevado a los amigos de Kagome-chan, malditos? - dijo el enfadado cocinero.
- Uh, uh... -sollozaron. - ¡por favor dejadnos en paz! ¡Sólo cumplíamos órdenes!
- ¡Um...! - exclamó Franky. - Pues entonces... decidnos dónde está vuestro jefe. - El cyborg hacia crujía sus manos mecánicas de forma amenazadora.
- ¡Por favor! - gimoteaban alzando sus manos. - ¡Os lo diremos! ¡Tan sólo dejadnos marchar!
Los secuaces al fin cantaron y el grupo de Nami se dirigió a toda prisa, avisando al grupo de Luffy, al puerto Opuesto.
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Mientras, Inuyasha...
Una vez fuera miró al agujero dónde se había caído. Un hoyo perfectamente redondo que se hundía en la tierra unos metros. Le recordaba en cierta medida al pozo traga-huesos de su bosque. Todavía tosiendo, retrocedió unos pasos y volvió a pisar en el vacío. ¡Otra vez al suelo!
- ¡Que torpe estoy! ¿Cómo es que no me he dado cuenta de que había otro hoyo? - se decía sorprendido a sí mismo.
Detrás de los carromatos cuchicheaban unos personajes:
- Mmh...la chica no está. - dijo una silueta con sombrero de copa y voz aguda.
- Vaya, entonces ya no nos sirve el plan. - le contestó otra persona de voz grave.
- Podríamos intentarlo... - le respondió la voz aguda de nuevo.
- Dejádmelo a mí. - Lolo intervino dando un paso al frente.
- Como queráis pero no malgastéis vuestras fuerzas porque no va a servir de nada. - dijo la voz grave.
- ¡Eres un pesimista! - le reprochó el sombrero de copa.
- Eso, eso, ya lo veremos... - Lolo ya tenía la mano en el cinto y apretaba las mandíbulas. "¡Me las pagará!" pensaba.
- Podré divertirme un rato... ¡Que empiece la función! - el dueño de la voz grave apretó un botón.
Inuyasha acababa de salir del segundo hoyo cuando una foco de luz se encendió frente suya. Haciendo visera con la mano y esperando a que sus ojos se acostumbraran, sus sentidos captaron movimiento a su derecha. Era alguien desconocido pero seguramente no tramaba nada bueno. Se dirigió hacia él.
- ¿Quién eres? - le gritó el semi-demonio. Sus ojos ya podían ver con toda normalidad y pudo ver de quién se trataba. Era un tipo bajito, gordo y con sombrero de copa. Contestó con una voz agudísima y chillona.
- ¡No hay tiempo para eso! ¡Deberías mirar a través de la luz!
"¿Qué? ¿De qué me está hablando?", Inuyasha no pudo evitar mostrar su confusión, y el tipo le señaló la procedencia de la luz. Los carromatos.
El faro estaba detrás de los carros y dejaba ver unas siluetas. Lo que cubrían las lonas eran jaulas. Y dentro estaban unas personas que Inuyasha reconoció enseguida.
¡Sango!, ¡Miroku...! Ellos parecían estar maniatados, tan sólo Sango parecía resistirse e intentaba liberarse de las ataduras.
Él los llamó a voz en grito, mientras avanzaba hacia ellos.
Sango se paralizó al oír la voz de su compañero. Después le respondió en el mismo tono.
-¡Inuyasha! ¡Ten cuidado! ¡Mirok..! - su voz se ahogó. El demonio perro podía ver cómo una tercera silueta había aparecido a su lado. "¿Por qué se ha callado? ¡¿La está amenazando ese tipo?!"
- ¡Eh! ¡Apártate de ella! - Inuyasha ya había desenvainado su espada.
- ¡No tan rápido amigo...! - alguien le impedía el paso. El espadachín de los tejados.
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Inuyasha saltó en el aire dirigiendo un poderoso mandoble a Lolo. Este hizo un ademán de parar el golpe pero en el último momento se apartó y Inuyasha cayó con todo su impulso en un hoyo recién hecho.
"¡Estoy harto!" gruñía para sí. "Cada vez que toco el suelo, ¡aparece un boquete!" . Además de los hoyos, Lolo ya conocía sus movimientos y le había alcanzado varias veces.
El tipo bajito y gordo hacía agujeros a voluntad, señalando el sitio dónde aparecerían. La tierra removida aparecía instantáneamente a unos metros, dejando el terreno como un campo de minas. "¿Será una de esas frutas del diablo de las que hablaban los piratas?" supuso el demonio perro. "Es cierto que noto una presencia demoníaca..."
Inuyasha miró hacia arriba y de un saltó se situó el borde del agujero. Vigilaba que Lolo no estuviera cerca, pero éste lo estaba esperando y Inuyasha se dejó caer al fondo del agujero otra vez . "¡Maldición! ¡Así no se puede luchar!".
Vio cómo el ataque de Lolo pasaba por encima de su cabeza sin hacerle nada y entonces saltó hacia afuera.
- ¡Ya verás ahora! - Inuyasha estaba realmente furioso. ¡Quería darles su merecido de una vez!
Pero sus palabras se sumieron en el estruendo que causó la creación de un nuevo hoyo, hundiéndose en él. Inuyasha, desde el fondo, escuchaba la odiosa risa del señor de sombrero de copa e hizo una mueca.
- ¿Qué decías que íbamos a ver? - se burlaba el señor.
- Oye, Clot, para ya. - le contestó Lolo. - Con estos agujeros no puedo moverme bien.
- ¡No me digas lo que tengo que hacer! - le chilló Clot, el tipo gordito.
- ¡Deja de hacer el idiota y ponte a trabajar! - Lolo seguía riñéndole e Inuyasha aprovechó para salir de allí y concentrarse de una vez.
Echó una ojeada a sus amigos. Sango seguía vigilada de cerca por el otro tipo y Miroku estaba extrañamente tranquilo. Volvió la mirada a sus dos oponentes, todavía gritándose. "¡Ahora podré acercarme a ellos!" pensó el semi-demonio.
Clot y Lolo reaccionaron rápido yendo tras él. Pero Inuyasha los tenía vigilados. Clot a su derecha y Lolo a su izquierda. El supuesto usuario no era muy hábil físicamente así que se decidió empezar por él.
- ¡Lolo, haz algo! ¡Va a rescatar a sus compañeros! - ordenaba Clot, sudando a mares.
Inuyasha trataba de concentrarse en situar el aura demoníaca de Clot. Ésta era débil y no sabía si el ataque de Tessaiga funcionaría, de todas maneras, era por sus amigos por los que estaba luchando, no iba a andarse con dudas. Sin que sus contrincantes pudieran saber de sus intenciones, cambió el rumbo repentinamente hacia Clot.
- ¡Viento cortante! - una ráfaga de líneas amarillas avanzaron hacia el agente de sombrero de copa que chilló cuando las vio venir.
- ¡Positio Tunelo! - y Clot desapareció.
Los rayos continuaron su camino, abriendo brechas en la tierra. Fueron a parar a algunos carromatos y estos se fueron diluyendo en el aire, como si fueran simples imágenes proyectadas sobre el aire. Inuyasha se quedó parado del desconcierto. "¿Por qué no se habían destruido o explotado? Parecían espejismos..."
-¡Acabemos con esto rápido! - exclamó Lolo.
- ¡Sí! - le contestó el compañero.
Lolo atacó con todas sus fuerzas a Inuyasha, moviéndose rápido de un lado para otro. Esto obligaba a Inuyasha a cambiar de posición constantemente. Él no sabía si a cada salto el suelo iba a estar en su sitio porque Clot estaba vigilando.
El espadachín apoyó todo su peso en su espada, cogiéndola como un bastón, por la punta y por la empuñadura.
"¡Quiere hacer de nuevo esa técnica!" el demonio perro recordaba la lucha en los tejados y comprendió que le convenía salir de allí.
- ¡Tunelo spaco! - oyó decir a Clot. Inmediatamente una esfera brillante apareció bajo los pies de Inuyasha. "¡Tengo que salir ahora!" pensó. Se agachó y aprovechando la ocasión le propinó un golpe en la barriga a Lolo antes de escurrirse hacia un lado.
Lolo se cayó hacia delante y puso sus manos para pararse pero el agujero brillante del suelo se lo tragó.
- ¡Eh! -dejó escapar Inuyasha, sorprendido. - ¿Dónde se ha metido? - se preguntó mirando hacia todos los lados. El hombre del sombrero de copa se cubría la cara con las manos, lamentándose.
- ¡Mira que eres idiota! - le gritó Clot a su compañero de repente.
El hanyou se volvió hacia las jaulas para ver a Lolo metido en una de ellas. "¿Cómo demonios ha acabado allí?" y no pudo evitar acordarse inmediatamente del pozo traga-huesos. "¿Fue él el que nos envió aquí?".
- ¡Da igual! ¡Ya te atraparé yo! - Clot se dirigió hacia Inuyasha.
- ¡Já! - dijo burlón el demonio. - ¿Así que tú eres el responsable de todo esto? - su expresión se volvió más seria. A su señal, Tessaiga se cubrió de placas relucientes.
- ¡Kongosouha! - convocó Inuyasha. Junto con el movimiento de la espada todo a su alrededor se lleno de lanzas punzantes. Clot se cubrió con sus manos y se hundió en la tierra.
Casi inmediatamente, el demonio fue a su encuentro y cambiando la forma de Tessaiga a su forma de colmillo, le dirigió un kaze no kizu. Este ataque, infiltrándose en la tierra alcanzó a Clot que no se lo esperaba. Un grito llegó a los oídos de Inuyasha que sonrió. "Uno menos".
Cuando se dio la vuelta para ocuparse de los demás, apenas tuvo tiempo de prepararse, Lolo le apuntaba con una estocada imparable.
- ¡DEJA A MI NAKAMA EN PAZ! - algo rojo despidió a Lolo volando.
-¿¡Luffy!?
El capitán, Usopp, Chopper, la arqueóloga y Brook también estaban allí. Éste último junto con Usopp intentaban rodear el escenario cautelosamente.
- ¿Estás bien, Inuyasha? - Chopper corrió al encuentro con el sorprendido demonio perro.
- ¡Hemos llegado a tiempo! -dijo Robin, recuperando el aliento. -¡Esos que están en las jaulas son los amigos de Inuyasha!
- ¿Sí? - Luffy movía los hombros y estiraba los brazos. - ¡Vamos a sacarlos de allí!
El misterioso hombre que se había mantenido hasta el momento junto a Sango, se levantó y llamó a sus subordinados. Después extendió su mano y pronunció unas palabras ininteligibles.
Luffy ya estaba corriendo hacia él e Inuyasha lo siguió de cerca.
- ¡Pistola a propulsión! - Luffy dobló su brazo hacia atrás para después propulsarlo envuelto en vapor en dirección al grupo de malhechores.
Inuyasha no desaprovechó la ocasión y también dirigió su ataque... hacia la nada. ¡Los carromatos, esos hombres y sus amigos...! ¡Habían desaparecido!
- ¡Se han esfumado! - exclamaron Chopper y Usopp. El lugar dónde habían estado los tenderetes.
Robin examinaba de cerca el terreno.
- ¡Mierda! - el demonio perro estaba furioso. ¡No había conseguido hacer nada! Si Sango y Miroku estaban dentro de una jaula de cristal, él apenas había arañado la superficie. - ¡Malditos seáis! ¡Sango, monje pervertido... os encontraré cómo sea! - aullaba al cielo.
- Inuyasha... aquí hay una nota... - Robin, la arqueóloga tomó un pedazo de papel del suelo.
- ¿Qué pone? - a Usopp le bajaba un sudor frío por la frente. Por una parte, eso significaba que querían ser encontrados y así sería más fácil rescatar a los amigos del Orejas-de-Perro pero también podría tratarse de una amenaza.
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Bueno, aquí acaba el séptimo capítulo, ¡espero que os haya gustado!
Por cierto, las escenas de lucha, acción, etc no me acaban de salir tan bien como quisiera... ¡así que no os olvidéis de comentar!
¡Saludos a tod s los que se pasen por aquí! :)
