¡Ya estoy aquí con el octavo capítulo!

Por cierto, y como todos saben, los personajes de One Piece e Inuyasha no me pertenecen. ¡Todo el crédito a Oda y Takahanshi!

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La nota rezaba:

"Si quereis recuperar a vuestros amigos venid a Laberin- island solos o los Sombrero de Paja también pagarán."

- ¡Oh, no! - se lamentaron el francotirador y Chopper que se llevaron las manos (y las pezuñas) a la cabeza.

- Fijaos que sólo hay marcas de dos carromatos cuando en realidad parecía haber muchos más... - observó Robin que parecía tomárselo con absoluta tranquilidad.

- Sí, es verdad. Había unos siete u ocho... - comentó el reno husmeando el aire.

- Erm.. Cuando estaba luchando contra ellos, uno de mis ataques le dio a unos carromatos de allí. - Inuyasha señaló el lugar. - ...pero se desvanecieron en el aire.

- ¿Cómo? ¿Desaparecieron? - dijo Brook - ¡Yohohoho! ¡Qué misterioso!

- Sí... no sé, parecía un espejismo. - contestó Inuyasha.

- Podría tratarse de un usuario, Perro-kun. - le explicó el músico.

El demonio, Chopper y Robin asintieron.

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-¡Eh, chicos! - les llamó una voz femenina.

- ¡Son Nami y los demás! - exclamó Luffy. - ¡Orejas-de Perro está aquí!

- ¡Inuyasha! - Kagome e Shippo se acercaron corriendo.

- ¿Pero qué ha pasado aquí? - se sorprendieron Sanji y Franky que caminaban entre los escombros.

Inuyasha se dio la vuelta para ver cómo alguien se le tiraba encima.

-¡Eh! - levantó el brazo para detenerlo.

- ¡Estúpido Inuyasha! - le gritó el pequeño zorro subiéndole encima. - ¡Nos tenías muy preocupados!

"¿Shippo?" se extrañó el chico de pelo blanco.

- Así que me has echado de menos, ¿eh? - dijo burlón. Él tampoco quería reconocerlo pero también les había echado en falta.

- ¡Bah! Tanto como eso... - Shippo sonrió y le tiró de una oreja antes de salir corriendo.

- ¡Maldito zorro!

- ¡Osuwari! - una voz dijo implacable.

El collar del demonio emitió un destello y lo arrastró de cabeza al suelo. Todos los presentes se quedaron con la boca abierta.

- ¡Magia! - exclamó Usopp.

- ¡Y yo que te he hecho ahora! - Inuyasha gruñó desde el suelo.

- Esto es por todas las veces que te has comportado como un idiota. - le explicó Kagome sentándose de rodillas junto a él. - ¿¡Cómo se te ocurre dejarme ahí tirada en medio de un montón de marines!?

- ¿Qué? - exclamó Sanji enfureciéndose. - ¡Serás imbé...! - fue interrumpido por Nami que lo arrastró de la chaqueta para que los dejase a solas.

- Pero Nami-chwan... - gimió el cocinero.

- ¡No te encontraba! - protestó Inuyasha. - ¡Y además también iban a por mí!

- Así que te largaste cómo un gallina, ¿eh? - chinchó la aprendiz de miko, cruzando los brazos y poniendo cara de indignada. Shippo, detrás de ella le echaba miraditas de desprecio.

- ¿Qué? ¡Por si no te diste cuenta estaba en medio de una pelea protegiéndote a ti! - señaló a Kagome con el índice y añadió: - ¿Y tú qué miras? - le espetó al zorrito que se escondió detrás de la chica.

- ¿¡Protegiéndome!? ¡Pero si saliste detrás de Lolo!

- ¿Pero tú que te cre...?

-¡OSUWARI! - exclamó la chica, levantándose.

- Ouch... - dejaron escapar Franky, Nami y Usopp. "Eso debe de doler..." pensaban. Luffy se lo estaba pasando en grande y mostraba su ancha sonrisa, además de estrellitas en los ojos.

- Kagome puede llegar a ser terrorífica... - murmuraba Chopper. Robin contemplaba la escena con una ligera sonrisa preguntándose qué tipo de truco utilizaba la "extraterrestre".

- Chicos... - intervino Nami. - Dejadlo ya.

- Yo ya estoy lista para marchar. - declaró brevemente la chica de uniforme. Dio una ojeada a Inuyasha que se levantaba del suelo rabiando.

- ¡Rumbo al Sunny! - exclamó Usopp. - ¡Vaya noche! Con tanto correr de aquí para allá me ha entrado una hambre de lobo.

-A mí de demonio-perro. - comentó Brook murmurando a la oreja del francotirador. - ¡Aunque no tenga estómago! ¡Yhohohooooho!

A Usopp se le escapó la risa floja.

- Os he oído. - gruñó el susodicho demonio-perro.

- ¿Qué hay de comer demonio-perro? - preguntó Luffy que no se había enterado de nada.

- ¡Pero qué dices! - se espantó Inuyasha.

- Deberíamos quedarnos mañana alejados de la ciudad. Va a estar alborotada. - dijo Sanji echando una calada al cigarrillo.

- ¿Mañana? Dirás hoy porque ya casi está amaneciendo. - le contestó el cyborg señalando el horizonte.

- ¡Es verdad! - Chopper se llevó las pezuñas a la cabeza. - ¡Hemos pasado la noche en vela!

- ¡Oye, oye! ¡Kagome! ¿Cómo has hecho que Inuyasha se cayera al suelo? - preguntó el capitán poniéndose a su lado.

- Es verdad... ¿Cómo funciona eso? - Robin y Nami también se acercaron intrigadas.

- Pues veréis... - empezó Kagome y se dio la vuelta para ver dónde estaba su compañero. - Cuando Inuyasha y yo nos conocimos...

De vuelta al Sunny la chica extraterrestre les estuvo explicando el inicio de su particular aventura en el pasado. A los piratas, habitantes del Nuevo Mundo, eso les sonaba a ciencia ficción, pero cosas más raras habían pasado ellos también.

- ¡Eso vendría bien para controlar a algunos que me sé yo! - le dijo la navegante a Robin discretamente. Después las dos se rieron, cómplices.

- Hay una cosa que me preocupa, con todo este barullo hay que mover el barco. Está demasiado cerca del puerto y puede ser visto. - explicó el cyborg.

- Sí , tienes razón. - dijo Nami. - Vamos al Sunny a descansar y a organizarnos un poco mejor.

Cuando la miko se hubo calmado un poco, Inuyasha pudo acercarse a ella y explicarle lo que había pasado. Ambos resolvieron firmemente que rescatarían a sus amigos.

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- ¡Ah! ¡Por fin en casa! - dijo Usopp tirándose al césped y rodando por la cubierta. Los más pequeños, Shippo y Chopper le imitaron.

- ¡Oi! Que hay que mover el barco, ¡Todos a sus puestos! - ordenó la peli-naranja.

- Joo... - se quejaron.

- ¿Y dónde está Zoro? -Nami puso los brazos en jarra.

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Después del trabajo y de anclar al Sunny en una nueva cala al sur de la isla, se colocaron todos en cubierta, desparramados por la hierba. Unos intentaban recuperar el sueño y otros simplemente contemplaban en amanecer.

Sanji repartió el desayuno allí ya que nadie se quería mover. Estaban descansando cuando se oyó un ruido en el interior del barco. Todos pegaron un salto y de la puerta del dormitorio de hombres salió un espadachín medio dormido.

- Ah, ¿qué ya estáis aquí? - miró a su alrededor. - ¿Dónde estamos?

- ¡Estúpido marimo! ¿¡No te has dado cuenta hasta ahora!? - se burló el cocinero.

Todos se rieron y Zoro, todavía desconcertado murmuro unos insultos a Sanji y se reunió con ellos en el desayuno.

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Un poco más tarde, cuando el sol ya se levantaba por encima del mar...

Nami se acercó a la chica de pelo moreno que estaba sentada junto al pequeño zorro.

- Kagome, tu ropa está hecha un desastre. Dámela para que la ponga a lavar. Te podemos dejar otra ropa mientras la tuya se seca. ¡A ti también, Inuyasha!

La aprendiz de miko se lo agradeció, en cambio el semi-demonio rechazó la oferta.

- Tch, no hace falta.

- Inuyasha no seas así. - le riñó su compañera. - Mira cómo vas.

- ¡Es verdad Inuyasha! ¡Vas que das asco! - Shippo siempre atento para meterse con él aprovechó la ocasión e arrugó la nariz.

- ¿Qué doy qué? - Inuyasha le dirigió una mirada asesina.

Después de mucho tira y afloja, consiguieron que prestase su preciada chaqueta Hitoe para lavarla.

- Me parece que también me tomaré un baño. - le dijo Kagome a Nami.

- ¿Puedo yo también? - el zorro las siguió a ambas.

Sanji andaba más contento que lo habitual y canturreaba el nombre de Kagome. También era casualidad que todas sus tareas fuesen cerca del baño dónde estaba la chica en ese momento.

- ¿Crees que me dejará ver sus panties? ¡Yohohoho! - Brook también pasaba por ahí.

Los dos se acercaron peligrosamente a la ventana.

- ¡Eh! - el compañero de la miko les llamó la atención desde su posición en la cubierta. Se levantó y se acercó a ellos. Después se sentó a hacer guardia delante del baño. - Fuera de aquí, pervertidos.

- Pero Inuyasha-kun... - se quejó el esqueleto. - ...los panties...

Él le respondió con un gruñido.

Sanji se acordó de los platos que había por fregar y se alejó encendiéndo un cigarrillo. "Desde luego, Kagome-chan tiene su propio guardián aunque... tch. Vaya tipo." pensaba el cocinero, "¡Y pensar que el zorro ese está compartiendo bañera con la dulce Kagome-chan...!".

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Shippo y Kagome acabaron su baño y salieron a cubierta, encontrándose con un Orejas-de-Perro dormitando al lado de la puerta.

"¿Se ha quedado haciendo guardia o estaba esperando su turno?" pensó ella sorprendida. Hizo el ademán de despertarlo pero el zorro se lo impidió.

- ¡Espera Kagome! - y el pequeño esbozó una sonrisa maliciosa.

"¡Ah! Tiene alguna broma pensada... Pero pobre Inuyasha, debe estar muy cansado también". Ella no dijo nada, sólo le advirtió a Shippo con una mirada. "Ya sabe cómo se toma las bromas". Y salió en busca de la navegante con las toallas en los brazos.

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Shippo arrastraba un barril a través de cubierta. Esto llamó la atención de Luffy inmediatamente:

- ¡Oi! ¿Qué haces Ardilla?

- ¡No soy una ardilla! - protestó. - ¿Quieres ver algo divertido?

Esa pregunta era cómo la palabra mágica para Luffy que se pegó al zorro para ver lo que iba a hacer.

- ¿Qué llevas ahí dentro? ¿Comida? - el Capitán quería saber qué era lo que llevaba y daba vueltas a su alrededor.

Franky se alzó las gafas.

- Shippo, sea lo que intentes hacer no destroces nada...

- ¡No te preocupes, Franky! - Shippo siguió rodando el barril. Luffy se puso a su lado para ayudarle.

- Vamos a subirla ahí arriba. - Shippo señaló el techo de los compartimentos de proa sin dejar de empujar.

- ¿Ahí? Vale, como tú quieras. - Luffy agarró el barril con ambas manos y de unos saltos llegó al lugar que el zorro quería. Éste se había quedado con la boca abierta. "¡Qué fuerte que es!".

- ¿Es aquí? - dijo el chico de goma dejando el barril en el techo. - Pues qué lugar más raro has elegido para comer... - el capitán se dispuso a abrir el tonel.

- ¡Espera, espera! ¡No lo abras! - Shippo corrió a toda prisa para evitarlo. Una vez allí susurró unas palabras a la oreja del capitán. Éste se rió y empezaron con el plan. Aunque el zorro tuvo que estar controlando a Luffy porque cada dos por tres intentaba averiguar el contenido.

- ¡Eh! ¡Orejas de Perro! - le gritó el zorro a Inuyasha que dormía debajo. Éste refunfuñó y siguió durmiendo.

- ¡Mira, allí esta Naraku! - intentó otra vez el zorro. Esta vez Inuyasha abrió los ojos y sus garras buscaron la empuñadura de Tessaiga pero al comprobar que no había peligro se volvió a entrecerrar los ojos.

- ¡Hay un estofado delicioso de carne delante tuya! - Shippo ya se estaba cansando.

- ¿En serio? - Luffy se asomó al pasillo. - Ardilla, no digas estas cosas que me entra hambre... - se quejó cuando vio que no había nada.

- Es mentira. - dijo el demonio-perro sin hacerles caso.

- ¡Inuy...!

-¿¡Queréis parar ya de molestar!? - al fin Inuyasha se levantó y se dio la vuelta echando humo por las orejas. Fue a saltar hacia Shippo y Luffy pero el primero activó el sistema de la trampa mientras el segundo se retiraba al mástil para ver la escena mejor, sin parar de sonreír.

¡CHOF!

Una masa negra y pastosa había caído encima del demonio-perro, envolviéndolo y haciendo que cayera de espaldas.

- ¡Jajajaj! - se reía Shippo. - ¡No hay nada como hacerle bromas a "Orejas-de-Perro"! ¡Vaya cara que has puesto!

Franky miraba la escena preocupado. "¿Quién va a tener que limpiar eso después?" y Robin había dejado de tomar su café porque el ruido la había distraído.

Inuyasha saltó hacia el bromista, cubierto de masa negra y convirtiéndolo en una especie de monstruo de las ciénagas.

Pero Shippo ya se había preparado y se transformó en un globo rosa, elevándose entre las velas. Había previsto que Inuyasha perdería agilidad al estar envuelto en masa negra y tenía razón, además que se resbalaba por todo. Así Shippo tenía tiempo de esconderse y regocijarse ante el espectáculo.

- ¡Con esta me las vas a pagar todas juntas! - le gritaba el demonio-masa-pastosa.

La transformación del demonio zorro había captado la atención de Luffy que saltó hacia él atrapándolo en el aire.

- ¡Guau! ¿Cómo lo haces Ardilla? - debido al peso del pirata, Shippo estaba perdiendo altura.

Inuyasha esperaba abajo con una sonrisa malévola. Casi toda la cubierta estaba llena de masa negra.

-¡Luffy, suéltame! - el zorro meneó sus pequeños brazos para evitar caer en las manos de la víctima de su broma.

- ¡Yo tengo una técnica parecida! - seguía contando Luffy. - ¡Mira!

El chico de goma hinchó su barriga y se puso a flotar al lado de Shippo. Tanto el zorro como Inuyasha abrieron los ojos como platos. "¿Puede hacer eso también?".

Franky se recogió un poco de masa y la examinó acercándosela a la cara. En ese momento, el narizón aparecía por la puerta de las habitaciones.

- ¿Tú sabes lo que es esto? - Franky le mostró la mancha negra a Usopp.

- ¡Woah! - exclamó él cuando vio el panorama. Inuyasha persiguiendo a Shippo, Luffy por en medio como siempre, todo cubierto de pegotes negros. - Eso es... la tinta de calamar que había guardado para algunas armas... Pero se la he dado a Shippo porque ya se había echado a perder. - se llevó las manos a la cabeza. - Si Nami pregunta, yo no tengo nada que ver con esto, ¿de acuerdo?

Franky le alzó el pulgar y sonrió.

- Claro.

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Mientras Shippo recogía con Inuyasha el desastre que habían montado, Luffy buscaba otros medios de diversión.

-¡Eh, eh! ¡Brook, canta una canción! - dijo el pirata dando de palmas.

- ¡Sí, mi capitán! -respondió el músico. - Esa que tanto nos gusta.

- ¡Yosh! ¡Kagome, Orejas-de-Perro, venid!

La chica de pelo negro se acercó curiosa. Inuyasha no les hizo caso y arrugó la nariz. "Tengo que darme un buen baño...".

- ¡Vamos a cantar una de piratas!¡Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho, Yo-hohoho...! Binkusu no sake wo, todoke ni yuku yo Umi kaze ki makaze nami makase Shio no mukou de, yuuhi mo sawagu Sora nya wa wo kaku, tori no uta...!

Al final, Kagome se rindió ante el contagioso entusiasmo de Luffy y el violín de Brook. Usopp y Chopper aparecieron y se pusieron a bailar. Zoro también se sentó junto a ellos con su inseparable botella de sake.

Se lo estaba pasando en grande pero siempre estaba esa idea que Kagome no conseguía quitarse de la cabeza.

- Luffy, qué vamos a hacer con... todo esto?

- ¿Con tus amigos? No te preocupes, miko, les rescataremos. - dijo él mostrándose confiado.

- Pero... ¿No te preocupa que os hayamos metido en este lío nosotros?

- ¿Eh? ¡Qué va! - Luffy seguía tarareando la canción.

- No ha sido culpa vuestra, Kagome. - intervino Franky, también sonriendo. - Si no tuvieramos el idiota de este capitán no os hubieramos encontrado.

- ¿Le estás echando la culpa a tu capitán? - dijo avispada la miko.

- Ja ja, la culpa es de esos tipos que os atacaron. - dijo el cyborg. - Somos tus nakamas. Por mucho de que quieras convencernos de que esto es vuestro asunto...No os vamos a dejar tirados.

- ¡Claro que no! Estaremos con vosotros hasta el final. - Luffy afirmó con tono solemne para después añadir en tono lastimoso que tenía hambre.

Kagome, en un arrebato de alegría se acercó a ellos para abrazarles, olvidando el efecto que producía al capitán el contacto con su piel.

Luffy dejó escapar un quejido.

- ¡Ah! ¡Lo siento, lo siento mucho Luffy! - Kagome se separó de él bruscamente. - ¡Se me había olvidado!

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- Atención, atención todo el mundo! - Nami apareció con un mapa en la mano. Uno de esos folletos que repartían en el puerto.

El cyborg, Brook, Luffy y Kagome giraron la cabeza hacia ella. Robin había ido a buscar a los que faltaban.

- Tenemos que buscar un Eternal Pose a la isla porque nuestra brújula no apunta de ninguna manera a Laberin. - la navegante había captado la atención de todos y actuaba como una profesora.

Shippo y Kagome levantaron la mano.

- ¿Sí? - les dirigió la mirada invitando a que formularan su pregunta.

- ¿Qué es un Eternal Pose? - preguntaron.

- Ah ,es cierto... que vosotros no sois de aquí. - sonrió ella. - ¿Veis esto? - mostró su Log Pose de tres agujas. - Cada una apunta a un sitio y así podemos elegir el rumbo a seguir.

-Y un Eternal Pose es una aguja que siempre apunta al mismo sitio. - intervino Franky.

- Ah... Como una brújula... - murmuró Kagome. - ¿Pero cómo puede una brújula apuntar hacia una isla y no hacia el Norte?

- En Grand Line y en el Nuevo Mundo las leyes físicas cambian. - añadió la arqueóloga. - Aquí cada isla tiene su propio campo magnético.

Shippo abrió la boca para soltar un discreto "ah". "¿Campo magnético? ¿será algo como un aura demoníaca? ¿Qué leyes físicas?"; pensaba el demonio-zorro.

- Vendreis con nosotros a por el Eternal Pose y así lo vereis. - le dijo la navegante. - ¿Quién más se viene?

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Menris, el encapuchado avanzaba a través de pasillos rodeados de estanterías con restos arqueológicos. Al fin llegó a una mesa iluminada por un solitario foco de luz. Allí trabajaba el jefe Hihehe. Estaba recostado en su silla y tiraba avioncitos de papel sin mucho entusiasmo. Menris se le acercó con paso decidido.

- Jefe... – le llamó el encapuchado. Hihehe pegó un salto cómo si le hubieran pinchado y sin esperar a que el recién venido hablara más exclamó:

-¡Ah, Menris! Ya sabrás que el Gran Artífice, Jospejo y Clot se nos han adelantado…

- Si.- musitó el encapuchado. Hihehe le interrumpió de nuevo.

- ¡No sé qué mosca les habrá picado! ¿Y Lolo? ¿Qué le pasa? Le he llamado miles de veces y no contesta. – dijo meneando el caracolófono. Hihehe había despertado de su anterior estado de decaimiento y parecía enfadado.

- Puede ser que… - empezó a decir Menris.

- ¡Sí, sin duda! ¡estará con ellos! No quiero pensar que se haya pasado a la banda de Jospejo y esos… - el jefe negó con la cabeza.

Menris suspiró. Iba a dejar que le jefe se desahogara en su presencia.

-¡Nos han contratado para este trabajo y como me llamo Hilario Hermenegildo Hernández que lo acabaremos. – se levantó bruscamente de su silla. – No, todavía no hemos cobrado, Menris-san. – acabó por responder la pregunta que el encapuchado había llevado en mente desde que entró en la sala.

- ¿Y cuál es el plan ahora? – le preguntó el subordinado.

- Ves con Ray y Beny a buscar al monje. Nos han dicho que está en la isla de Laberin. Lo atraparemos y se lo entregaremos por más dinero del que nos ofrecieron.

Menris esbozó una sonrisa maliciosa, "Eso te crees tú", pensó. Observó a su "jefe" recoger su bastón y ponerse la chaqueta.

- ¿Dónde se va ahora? – le preguntó el encapuchado.

- A algunos de mis hombres los han pillado la marina. Voy a por ellos. - y Hihehe se dirigió a la salida.

Menris salió por su lado a buscar a Ray y a Beny. Tendrían que coger una barca discreta para ir a la isla vecina.

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El grupo que iba a buscar el Log Pose caminaba en fila: primero Nami que se había puesto un gorro; segundo Usopp que resguardado por su sombrero vigilaba nervioso por todos lados. Detrás iban Inuyasha y Kagome. Él llevaba las manos metidas en las mangas. La que dirigía el grupo mandó parar de repente.

- Hay un destacamento de marines vigilando esta calle… - murmuró la pelirroja. - ¡Justo dónde queremos ir! Rodearemos la zona. – dijo dando media vuelta.

Kagome se asomó a la calle. Había tiendas y puestos como siempre pero parecía haber menos gente paseando.

- ¿No es extraño? – se preguntó.

- ¿El qué? – Usopp se acercó a ella, curioso.

- Que la ciudad esté… menos concurrida.

- Sí, es verdad. – el francotirador entrecerró los ojos. - ¡Y así es más difícil escondernos! Se habrá corrido la voz de que estamos en la isla.

- ¿Sois tan famosos? – la chica morena preguntó con una tímida sonrisa.

- Yo diría más bien infames. – Usopp no pudo evitar sonreír. – La mayoría al oír la palabra "pirata" empieza a temblar.

Kagome se preguntó en qué líos se habrían metido. Los Sombrero de Paja eran la mar de simpáticos. ¿Cómo es que se les tenía tanto miedo?

Pasaron al lado de una pared empapelada de carteles de búsqueda. Sin evitarlo Kagome buscó a sus amigos. Pudo localizar el de Luffy y el de Robin, que estaban más maltratados por el tiempo. Pero se veía que habían colgado algunos nuevos.

- ¿Inuyasha? - dijo ella de repente.

- ¿Qué? - contestó él. Como no recibió respuesta de su compañera se giró hacia ella.

Kagome estaba pálida y paralizada frente a la pared. Inuyasha frunció el ceño y acudió a su lado.

- Kagome… ¿Qué te pasa? – Usopp preguntó al ver a la chica tan asustada.

- es… es… - balbuceó la miko. - ¡Inuyasha, tienes un cartel de recompensa! – dijo al fin gritando.

- ¿¡Qué!? – los tres presentes abrieron los ojos como platos. Nami arrancó el cartel de la pared y lo leyó en voz alta;

- "Orejas de Perro" , 100 berries… - dijo la navegante.

Tanto Usopp como Kagome esperaban la reacción del semi-demonio mirándole atentamente.

Éste dejó escapar un bufido de enfado.

-¿ "Orejas de perro"? – murmuró. – Y… ¿tan sólo 100 berries?

- ¡¿Cómo que tan sólo?! – explotó Kagome. - ¿Y ahora qué vamos a hacer? ¡Los marines irán a por nosotros!- se lamentaba ella.

- ¡No pasa nada! ¡Míranos a nosotros qué bien que nos las apañamos! – Usopp se señaló con el pulgar intentando quitarle hierro a la cosa.

- Bueno, bueno… tampoco es tan fácil… - dijo Nami recordando algún escándalo pasado.

- Eh, ¿vamos o no? – dijo Inuyasha. – No te preocupes tanto Kagome. – él mostraba una sonrisa de confianza.

- Uh… - dejó escapar la chica. "Con los problemas que tenemos y ahora pasa esto… ¡Espero que a mí no me hayan puesto un cartel!". Kagome se aseguró de arrancar todos los carteles en los que aparecía Inuyasha y se los metió en la mochila.

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En el cuartelillo de los marines:

- ¿Sólo 100 berries? ¿Por un integrante de la banda del Sombrero de Paja? - dijo un oficial barbudo examinando los carteles.

- Bueno, Tony Tony Chopper tiene 50 berries... - intervino un marine tímidamente.

- ¡Pero esa es la mascota! ¡No creo que Orejas-de-Perro sea su mascota! - dijo otro marine.

Por un momento se imaginaron al "diablo rojo" recogiendo los palos que le lanzaban cómo un dócil perrito. "NO" pensaron los tres.

- No sabemos nada de él, aparte de que puede haber comido una fruta del diablo. Por el momento no podemos alarmarnos hasta que no estemos seguros. - dijo el oficial.

- ¿Y qué hay de la chica?

- ¿La arquera? Pues sabemos menos todavía. Ni siquiera qué estaba haciendo allí. - el segundo marine se encogió de hombros.

- Este asunto es peliagudo. - afirmó otro marine. - No estamos seguros de nada.

Unos pasos rápidos resonaron por el pasillo del cuartel y en la puerta de la habitación apareció un soldado que hizo el saludo prontamente.

- ¡Señor! ¡Hilario Hermenegildo Hernández ha rescatado a sus subordinados!

- ¿¡Qué?! - exclamaron los tres marines a la vez.

- ¿Otra vez? - uno se llevó las manos a la cabeza.- Bueno por lo menos ya sabemos quién está detrás de todo esto...

- No creo que sea él. Hilario siempre se dedica a hacer trabajitos a otra gente más poderosa.

Los tres marines acudieron tan deprisa como pudieron al lugar del hecho sin dejar de dar órdenes para remediar el desastre.

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Esto es todo por este capítulo. Ha sido bastante de "relax" porque no ha habido acción trepidante, pero tampoco ha sido de relleno del todo. Algunos cabos se van uniendo. ¡Y ha aparecido un nuevo personaje: el Gran Artífice! Lo he llamado así porque todavía no tengo nombre para él... ¬u¬

He escrito este capítulo esperando a reanudar las prácticas de coche. ¡Suspendí el primer intento! T_T

Bueno, espero que os haya gustado y no olvidéis poner algún comentario. ^u^