Capítulo 9: Isla Laberin.

One Piece y Inuyasha no me pertenecen, si no a Rumiko y a Oda.

La noche anterior...

Ray, Beny y Menris se hallaban sobre un bote en medio del mar por la noche. La luna era la única testigo de sus conversas, aunque el sol ya aparecía por el horizonte.

- Hay que girar más a la derecha o si no, nos verá. - decía Menris a sus dos acompañantes.

- ¡Cómo si fuera tan fácil manejar este trasto! - le respondió Ray enojado. Eran Beny y él quienes llevaban los remos, Menris estaba de pie, tan tranquilo.

Menris, el encapuchado, se llevó el índice a los labios.

- Callaos o nos oirá.

- ¡Ya no lo soporto más! - exclamó Ray dejando el remo de mala manera y avanzando hacia el encapuchado decididamente. - ¡Estoy harto! ¿quién...?

Beny había sujetado a Ray en un abrazo de oso y lo mantenía a ralla. Él movía piernas y brazos para liberarse. En cambio, Menris observaba la escena sin decir nada.

- Cálmante Ray... - le decía Beny.

- ¡No me sujetes!

Un rayo de luz apareció sobre el mar. El encapuchado saltó a los remos y alejó la barca lo más lejos posible del círculo iluminado. Éste deambulaba sobre la superficie azul, buscando a aquel que transgrede las fronteras de Laberin Island.

Una vez calmado Ray, pudieron continuar la marcha hacia la isla que ya se vislumbraba entre las tinieblas de la noche.

- Debemos estar en la zona de arrecifes. - observó Beny asomándose por cubierta.

- Sí, ya pronto llegaremos... - suspiró el hombre encapuchado.

La Isla de Laberin estaba rodeada de arrecifes de coral, muy próximos a la superficie y a veces los remos chocaban contra ellos.

Una vez llegaron a la costa, Menris saltó fuera del bote a tierra. Mientras, Ray y Beny amarraban los remos.

- ¡Bueno, ya está! ¡Ahora tenemos que ir a por ese monje! - exclamó Ray entusiasmado.

- Te veo muy animado, una pena que os tengáis que quedar en el bote... - murmuró el hombre del saco.

- ¿¡Qué?! - exclamaron los dos compañeros.

Menris mostró una sonrisa maliciosa.

- ¡No me digas...! ¡Has sido tú el traidor! - le acusó Ray.

- Si nuestro jefe nos manda una misión, la acabaremos. - dijo firmemente Beny empuñando un un remo.

- No... estáis equivocados. - Menris empezó a desatar su saco. - Sólo necesito que os quedéis ahí hasta que yo acabe.

- Tú estás con el Gran Artífice ese, ¿no es así? - Ray no abandonaba su tono desafiante a la vez que sacaba una pistola. - Pues que sepas que tu misión va a acabar aquí.

- No... no. - negó Menris. - Esperaba que pudiéramos arreglarlo de manera más pacífica pero... no me dejáis opción.

Ray disparó la pistola y saltó a tierra. Menris se agachó y fue a su encuentro con un puñal. El saco se hallaba vacio a su lado pero Ray no le dio importancia.

De repente Beny se puso a gritar. Un grupo de criaturas aladas le rodeaba y él iba dando palos de ciego con el remo con la intención de cazar a alguno pero estas eran más rápidas.

- ¡Beny! - exclamó su compañero al verlo en esa situación. Intentó socorrerle apuntando con su pistola a esos extraños pájaros. - ¿Era eso lo que llevabas en el saco? Vamos a cocinar pajaros..- le dijo burlón a su oponente encapuchado.

Menris apretó los dientes.

- ¡Yo sí que te voy a cocinar! - y con un rápido movimiento intentó quitarle la pistola pero Ray la tiró al aire para que aterrizara en la otra mano.

Esta vez, Ray se apresuró en apuntarle. Menris se hallaba sólo a unos metros y no había dónde esconderse y puñal contra pistola... no podía hacer nada, ¿o sí?

El hombre corpulento y calvo del bote seguía luchando contra los pájaros que se le tiraban encima.

- ¡Ahora voy en tu ayuda, Beny! déjame acabar con este... - su dedo se ajustó al gatillo. Pero Menris le lanzó el puñal y Ray tuvo que echarse a un lado, cayéndose. El Hombre del Saco aprovechó para acercarse y agarrarlo por los hombros.

Ray giró sobre sí mismo de manera que Menris ahora estaba intentado evitar sus patadas. Y la pistola volvió a mirar al encapuchado.

- No te muevas. - le dijo Ray.

Pero Menris hizo un silbido muy leve y entonces su ex-compañero disparó. Pero la bala nunca llegó a su destino, o al menos al que el tirador quería... Algo le había arrebatado la pistola en el último momento y la había dejado al lado del encapuchado.

Uno de esos pájaros.

- Gracias Dos. - dijo Menris tirando la pistola lejos de sí.

- ¡Esto no ha acabado! - Ray se levantó y cerro sus manos en un puño. El ave se lanzó feroz hacia él al ver que atacaba a su dueño.

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- Esto ha acabado. - Menris se sacudía el polvo y la arena de las ropas. - ¡Vamos, todas adentro! - les dijo a sus mascotas, una especie de gallina. Estas acudieron y entraron en el saco.

- Amo, ¿está bien? - repetían una y otra vez.

- Sí, si...

Ray y Beny estaban tumbados en el bote, llenos de heridas y moratones. Beny respiraba ruidosamente y su compañero parecía inconsciente.

- Chicos, no me habéis dejado otra opción... - suspiró pesaroso el hombre del saco. Y empujó la barca de una patada, para que se quedara libre de los bancos de arena. - No os iréis mar adentro. La corriente os arrastrará a través de los corales y volveréis al mismo sitio cuando suba la marea. - les dijo aunque ellos no le escucharan. Estaban completamente K.O.

Menris observó la barca irse con las olas y después se adentró en los territorios de Laberin.

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Unas horas más tarde en el Sunny...

- He oído que ya tienes tu propia recompensa... - comentó Robin a Inuyasha, que descansaba en cubierta.

- Sí. - él mostró una sonrisa burlona. - 100 ... de esas cosas... berries.

- Ahora estás considerado un criminal aquí... - le advirtió ella.

- No te preocupes, he estado luchado toda la vida. - él parecía un poco presumido. - Los semi-demonios tenemos muchos enemigos.

Ella no pudo evitar sentir una punzada. "La niña demonio" la habían llamado a ella. Y había tenido que huir y luchar para escapar de lo ocurrido en Ohara. No importara lo que hacía, siempre había alguien que le recordaba su pasado. Pero ahora tenía a sus nakamas y tal y cómo había dicho Jaguar D. Saul, ya no estaba sola. Y a ese chico, Inuyasha, le había pasado lo mismo. "Nadie nace en el mundo para estar completamente solo" recordó. Y ella mostró una ligera sonrisa.

- ¿Qué pasa? - él no había dicho nada divertido.

- Nada, nada. Ahora tienes buenos compañeros... - Robin dirigió su mirada a Shippo y a Kagome.

- Sí, es cierto. - asintió él.

Kagome estaba discutiendo algo con Nami y Franky en la popa y Luffy, Chopper y Usopp iban detrás de Shippo para que les enseñara más trucos de magia zorruna.

- ¡Es muy guay! - exclamaban con estrellas en los ojos. - ¡Hazlo otra vez!

Y el pequeño zorro se sentía en su salsa, con alguien que le prestaba tanta atención.

- ¡Vale, vale! ¡Y ahora el truco definitivo! - exclamó.

- ¡Vamos! - Luffy alzó los puños muy animado.

Y ante sus ojos, Shippo desapareció y en su lugar reapareció Kagome. Usopp y Chopper giraron la cabeza para buscarla pero la miko ya no estaba en cubierta.

- ¡¿Eeeeh?! - exclamaron los dos entre asustados y sorprendidos.

- Ah, ¡hola Kagome! - saludó el Capitán - Ardilla nos estaba enseñando unos trucos...¡Ardilla! ¿Dónde estás? - Luffy miró a su alrededor.

- ¡Shippo ha desaparecido! - se puso a gritar el reno, aún fuera de si.

- Kagome, ¿sabes dónde está la ardilla? Estaba ahí mismo... - murmuraba Usopp, con la mano bajo la barbilla. - ¡a no ser que...! - señaló acusador a la chica, que les miraba haciéndose la sorprendida y sonriendo.

- ¿¡Que qué?! - le preguntaron Luffy y Chopper al francotirador.

Shippo deshizo su encanto levantando aplausos de su público. Chopper se había quedado con la boca abierta y Usopp sonreía fanfarrón. Tal y cómo lo había pensado, ¡Shippo se podía transformar en cualquier persona!

- ¡Tengo una idea! - dijo el francotirador, reuniéndolos a todos en un corro.

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- Hola, Sanji-kun... - dijo una voz melodiosa desde la puerta de la cocina.

Él reconoció la voz de su querida Kagome y giró la cabeza que despedía corazones.

- ¿Si, Kagome-chan?

- No creo que pueda esperar a la comida. - dijo ella frotándose el estómago. - Y...

- Si una bella dama necesita de mi cocina, ¡la serviré de inmediato! - Sanji se puso a ello sin que la chica dijera nada más. - ¿Algo en especial?

- Carne.

Sanji frunció el ceño. "Vaya, realmente debe de estar hambrienta..."

- Y ensalada. Y algodón de azúcar. - iba diciendo entrecortadamente a medida que se iba acordando de las cosas. - Mucha carne.

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- ¡Sanji es el mejor! - decía Luffy con los carrillos llenos. Usopp levantaba el pulgar, mostrándose de acuerdo.

- Hay que dejarle algo a Shippo. - decía Chopper que se relamía el morro rosa de algodón.

Estos tres se encontraban justo debajo de la ventana que daba a la cocina.

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Sanji le había hecho un delicioso estofado de carne a Kagome, que tenía una sonrisa un tanto enigmática. Resultaba un tanto sospechoso. En cuanto se daba la vuelta para servirle más, ya no le quedaba nada en el plato. Pero bueno, ¿quién era él para juzgar el apetito de una muchacha sana como Kagome? pensaba el cocinero. Y se volvió de nuevo a los fogones.

Kagome o más bien Kagome-con-cola-de-zorro se levantó del asiento y posó el plato en el alféizar. Una mano elástica cogió el contenido. Rápidamente, la chica se dio la vuelta para sentarse.

El cocinero de los Mugiwaras le miraba con cara de pocos amigos. Todavía transformado en Kagome, Shippo sonrió como si no hubiera pasado nada y se acercó pasito a pasito a la ventana.

- Estaba todo muy bueno... - dijo poniendo cara de pena.

- ¡Ya no me engañas! - Sanji fue tras él hecho una furia.

- ¡Kyaaahh! - gritó volviéndo a su forma original y saltando por la ventana. - ¡Retirada!

Luffy cogió a Shippo y todos se fueron corriendo.

- ¡Lo siento Sanji! - decía Chopper llevándose la comida que había guardado para su amigo el zorro.

- ¡Sinverguënzas! ¡¿Cómo os atrevéis a usar la imagen de la hermosa Kagome para estas cosas!? - les gritaba el cocinero, saliendo tras ellos.

- ¡Nos va a pillar! - gritaba Shippo agarrado al cuello del chico de goma. Éste se reía de buena gana, cómo si la cara de Sanji fuese un chiste.

- ¡Os queréis estar quietos! - protestó Zoro que estaba durmiendo la siesta cuando esos tres pasaron corriendo por encima.

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El Sunny estaba ya cerca de su destino. A través de las cristalinas aguas se podían ver los arrecifes y los peces de mil colores.

Franky se asomó por la cubierta con una expresión de preocupación en el rostro.

- ¿Qué ocurre? - le preguntó Robin.

- Mmh... no creo que el Sunny pueda pasar por aquí encima; se dañará el casco.

- ¿No crees que habrá otra zona libre de arrecifes? - preguntó la mujer de ojos azules.

- ¡Si, por eso vamos a rodear la isla! - exclamó Nami, apareciendo repentinamente con cartas de navegación.

Ante la mirada curiosa del cyborg y de Robin, ella explicó que aprovecharía para dibujar un mapa de los arrecifes.

- Será muy útil para cualquier barco que quiera navegar por aquí. - y se preparó una mesa con todos las herramientas en cubierta.

Franky se puso al timón y el Sunny viró para cercar la zona.

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A una o dos millas de allí se encontraba una atalaya, construida sobre el arrecife. En él, a la sombra, estaba una chica con un chaleco amarillo haciendo crucigramas.

- Qué aburrimiento de día... No ha pasado nadie hoy. - murmuró, dando un vistazo al horizonte. Pero no hubo ni acabado la frase cuando vio un navío que se acercaba.

- ¡Para qué he dicho nada! - y rápidamente alcanzó los prismáticos de la mesa. - ¡Piratas! - exclamó cuando vio la bandera.

Se puso a recoger sus cosas y cuando lo tuvo todo metido en una bolsa, sacó un mini caracolófono del bolsillo.

- ¡Central, central!

- ¿Qué ocurre Luca? - le contestó una voz grave.

- ¡Vienen piratas! ¡Abandono el puesto! - dijo ella, vigilando la posición del barco pirata.

- Espera. ¿De quién se trata? - preguntó el de la Central.

- Em... Los Sombrero de Paja. Todavía más razón para salir de aquí. - dijo Luca, la chica del chaleco salvavidas.

- No, quédate ahí y guíalos hasta el muelle 5. Los estábamos esperando...

- ¿¡Qué!? - la chica no daba crédito, ¡los Sombrero de Paja eran peligrosos! - ¡Pero...! - protestó.

- Cóbrales más y ya está. - dijo el hombre de la voz grave. - Enviaré a otro a que ocupe tu puesto.

Luca no sabía qué decir. El jefe mandaba, eso estaba claro, pero ella tenía la impresión de que no se lo estaba tomando en serio. Se llevó la mano a la cabeza.

- ¿Está seguro? - le preguntó a su jefe.

- Sí, no pasará nada. Hasta luego. - se despidió él.

"Esto es una locura", pensaba ella. "Piratas ni más ni menos...". Suspiró, el jefe le había dicho que les cobrara más. Normalmente eran 500 berries por milla náutica. Siendo tres de laberinto coralino pues 1500... Pero a ellos les cobraría 3000. Por el morro, y se quedaría ella lo que sobraba.

Sacó una linterna y se puso a hacer señales al barco que se acercaba.

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- Oye, Nami... - llamó Usopp - por allí nos están haciendo señales.

- Pues vamos a ver qué dicen. - dijo ella tomándose un refresco que le había traído Sanji.

- ¿Será una trampa? - se preguntó Chopper.

- Es posible que sea alguien encargado de llevarnos hasta los que atacaron a Inuyasha y a Kagome. - comentó la arqueóloga.

Usopp y Chopper se pusieron a temblar.

- ¿Nos estarán esperando? - murmuraron.

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Luca bajó de la atalaya y saltó al pequeño bote que había amarrado a la base. Empezó a remar hacia el barco temblando. "¿¡Por qué me ha tocado a mí!?".

- ¡Ah los del barco! - llamó ella, recogiendo la vela.

- ¡Hola! - le respondió un chico jovial con sombrero de paja. - ¿Esa es tu casa? - y señaló el puesto de vigilancia.

- Eh... No. - la chica frunció el ceño, confundida. Después movió la cabeza de lado a lado. - ¡Os escoltaré a través del laberinto de coral.

- Ah, pues que amable. - comentó Usopp que la miraba desconfiado.

- Son 3000 berries. - continuó ella.

- ¿Qué? - Usopp giró la cabeza para ver la expresión de Nami.

La Navegante se masajeaba las sienes. Luego suspiró.

- ¿Y porqué tendríamos que aceptar tu guía? - le preguntó la pelirroja.

- Por mí mejor si no queréis. - dijo la chica del bote. - Pero vuestro barco no podrá avanzar.

La navegante se giró hacia Franky, esperando que dijera su opinión.

- Ciertamente no podría pasar. Pero es posible que con un Coup de Burst... si hubiera sitio para aterrizar, claro.

Nami suspiró. Tendrían que aceptar su ayuda...

- 3000 me parece muy caro. ¿Qué tal si lo dejamos en 1500? - le preguntó Nami.

"¡Ese es el precio original!" pensó alertada Luca.

- Hay una tarifa fija por milla de 500 berries. No puedo cambiarla. - dijo la chica de carrerilla. Entonces se dio cuenta de que no había cambiado el precio. A ellos les estaba cobrando más después de todo... ¡Ojalá no se dieran cuenta!

- Mmh... - Nami ponía la mano bajo la barbilla. - No creo que haya más de una milla hasta la isla... - comentó la experta navegante.

- ¿Qué? ¡No! - protestó Luca. - ¡Hay tres! - en cuanto hubo acabado la frase se mordió la lengua. Vio como su paga extra se iba volando.

- Ah, pues lo que decía yo... 1500 berries... - dijo triunfante la pelirroja.

- ¡Nami es tan hermosa y lista! - murmuraba Sanji por detrás.

Luca estaba roja de la vergüenza. ¡Vaya metida de pata!

- Bueno, ¿entonces nos guías o no? - dijo el cyborg.

- ¡Pero si todavía no me habéis pagado! - replicó la chica.

- Te pagaremos cuando lleguemos. - dijo Nami.

Luca se aguantó las ganas de discutir con la mujer pelirroja y se sentó en su bote, desplegando la vela.

- ¡Pues seguidme! - les dijo de mala gana.

- ¿Y no vas a subir a nuestro barco para indicar el rumbo? - preguntó Franky, mirando por encima de sus gafas de sol.

- ¡No! - dijo sujetando el timón de su barca. Luego añadió murmurando: - No pienso subirme a ningún barco pirata.

- ¡OI! - escuchó detrás de sí y se giró molesta para ver que unos brazos de goma habían cogido su barco.

- ¡Eh! ¿Qué haces? - gritó al ver que el chico del sombrero de paja se catapultaba hacia ella.

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Menris caminaba tranquilamente por la calle de un pequeño pueblo en Laberin. En la cantina le había dicho que había venido un forastero y se había quedado en la casa de Lewis.

Y allí estaban en el porche. Tomando unas bebidas a la sombra, después del duro trabajo en el huerto. Menris tenía que hablar urgentemente con el monje y abrió la cancela.

- ¡Buenos días! - dijo ajustándose la capucha.

- ¡Hola! - le saludó Lewis. - ¿Quién es?

- Un amigo. Tengo que hablar con él. - señaló al monje que se lo miraba curioso.

- Adelante. ¿Quiere una copa? - el anciano Lewis le ofreció asiento.

- Si, por favor. - respondió el encapuchado.

- ¿Quién eres y de qué quieres hablar? - le preguntó el monje seriamente. Era muy extraño que alguien pidiera expresamente hablar con él, ya que nadie lo conocía en este "mundo".

Miroku había intentado buscar a Kagome pero tampoco había encontrado pistas. Estaba desesperado por volver, ¿y sus amigos dónde estarían? Quizás ese misterioso encapuchado tuviera las respuestas...

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Bueno, este ha sido corto. ¿Qué tal me ha salido? Ya sabéis, dejad comentarios :)

¡Gracias por leer!