Inuyasha pertenece a Rumiko y One Piece a Oda.

¡Hola! Perdón por la tardanza… me pillaron las vacaciones a medio capitulo y…bueno, ya lo contaré al final. ¡Espero que disfrutéis de éste capítulo!

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Capítulo 10. La sombra.

Miroku había intentado buscar a Kagome pero tampoco había encontrado pistas. Estaba desesperado por volver, ¿y sus amigos dónde estarían? Quizás ese misterioso encapuchado tuviera las respuestas...

- Soy Menris y tengo información sobre tus amigos. - dijo el recién venido. Miroku se reincorporó en su silla bruscamente, pero decidió no mostrar su impaciencia.

- ¿Mis amigos? - le preguntó el monje con el ceño fruncido. "A saber de quién está hablando..."

- Sí, Orejas-de-Perro y Kag... - empezó a decir.

- ¿¡Están aquí?! - exclamó Miroku, esta vez saltando de su asiento de la emoción. - ¿Dónde? ¿Están bien? - el monje había cogido a Menris por los hombros, contento por saber algo de sus compañeros.

- Eh... - murmuró confuso el encapuchado que no se esperaba esa reacción. - Están en peligro. - dijo recuperando su semblante serio.

El rostro de Miroku se ensombreció, se dejó caer sobre su asiento. Lewis se los miraba a los dos con cara de no entender nada.

- ¿Dónde están? - preguntó Miroku. - ¿Y tú cómo sabes eso? - "¿Quién es en realidad este tipo? ¿Puedo fiarme de él o no?" pensaba el monje.

- Han sido el objetivo de una trampa desde que pusieron el pie aquí. - comentó Menris, dejando el saco a un lado y sentándose tranquilamente a su lado. Lewis le sirvió un vaso de vino. - Ahora mismo están en el territorio enemigo...

- ¿Cómo has sabido dónde me encontraba? - Miroku fue al grano. Quería asegurarse primero de las intenciones de ese hombre.

El encapuchado guardó silencio durante unos segundos y tragó saliva antes de hablar.

- Yo... trabajaba para ellos... los que os buscan. - parecía haber un tono de desprecio en su voz pero Miroku no estaba seguro.

- ¿Y por qué tendría que fiarme de ti? - le preguntó desconfiado el monje.

- Eso, eso... - afirmó Lewis, que estaba a la expectativa.

- ¡Yo sólo lo hacía para vengarme! - explicó el encapuchado sintiéndose atrapado.

Lewis y Miroku se miraron levantando las cejas, mostrando incredulidad.

- Pues quiero verlos. - Miroku miró fijamente a Menris.

- No... ¡No podemos hacer eso! - el encapuchado levantó las manos. - Así no habrá manera de sorprenderlos. Tenemos que atacar primero porque tus amigos están siendo vigilados...

- Quiero verlos. - repitió impasible Miroku. "¿Pero qué se creía ese? ¿Qué se iba a dejar utilizar por él?"

Menris hizo una mueca. Esto no estaba saliendo como él quería.

- Con tu habilidad será muy fácil vencerlos y podreis iros a casa... - murmuró el encapuchado.

"¡Lo que me faltaba!" Miroku apretó los puños.

- No voy a utilizar mi habilidad para tus fines, ¿me entiendes? - le contestó el monje. - Además, son personas y no demonios...Un momento, ¿cómo sabes tú eso?

El encapuchado balbuceó.

- Sé que no os parezco una persona fiable...

- Para nada. - dijeron a la vez Lewis y Miroku.

- ¡Dejadme hablar! - se quejó él. - ¡Pero tenéis que creer en mí! ¡Me uní a Hihehe y los otros para poder llegar hasta el Gran Artífice cuando vosotros aparecisteis! Esta es mi oportunidad para vengarme y también salvar la vida de un montón de personas. ¿Acaso sabéis lo que ha hecho ese tipo? - el encapuchado resopló por la nariz. Ahora parecía enfadado.

- Vale, vale... no te pongas así... - dijo Lewis ofreciéndole otro vaso de vino.

- ¿Pero quién es el Gran Artífice y qué tiene que ver con nosotros?

- No lo sé. - dijo simplemente Menris.

- ¿Eeeh? - Miroku y Lewis abrieron los ojos como platos.

- A ver, a ver... - intentó explicarse el tipo encapuchado, - Yo sólo sé que os buscan y que no os espera nada bueno.

Miroku soltó un resoplido de impaciencia y se llevó la mano a la cabeza. Si quería volver a sus amigos tendría que confiar en él. No podía dejar pasar esa oportunidad, después de todo esa parecía su única salida...

- Vamos a ir por partes... - se dijo el monje, - ¿Kagome-chan e Inuyasha-kun dónde están?

- Aquí en la isla.

- ¿A salvo?

- Más o menos.

"¿Eso qué significa exactamente?" pensó el sacerdote. "Pero por lo menos me vale".

- Y... ¿Sango-chan? ¿Shippo? - preguntó temeroso. De ellos no le había oído hablar.

- Eh... ¿la chica del bumerán? Oh, ella está atrapada...

- ¿¡Por qué no empiezas por ahí!? - saltó Miroku enfadado. Cogió a Menris del brazo y se lo llevó fuera del porche. "Inuyasha y Kagome-chan saben cuidarse de sí mismos y si de momento no están en peligro... no hay de qué preocuparse... ¡Pero Sango-chan! ¿Atrapada? Ella es fuerte... ¿qué le habrá pasado? ¡Debo ayudarla enseguida!".

- ¡Vamos a rescatarla ahora mismo! - exclamó el monje con decisión, tirando de Menris. Se dio la vuelta para despedirse del anciano.

- ¡Gracias por todo Lewis-san! ¿Cómo puedo agradecerle lo que ha hecho por mí? - hizo una reverencia.

- ¡De nada, ha sido un placer conocerte! - Lewis se había quedado tan tranquilo en su silla y saludó con la mano.

- ¡Dale recuerdos a Luca-chan de mi parte! - Miroku se dirigió hacia la salida. El encapuchado había conseguido soltarse y había recuperado el saco.

- Es por ahí. - le indicó a su nuevo acompañante. "¡Por fin!" pensaba él, "¡así acabaremos con el Gran Artífice!"

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De vuelta en el Sunny:

- ¡Ya está, ya hemos llegado! ¡Ahora el dinero! - dijo Luca con la boca llena de comida. No se había podido resistir a los aperitivos del cocinero.

- Ah, ah... - sonrió Nami. - espera un momento... ¿Sabes cuánto le cuesta a Sanji-kun hacer esos pasteles?

- ¿Eh? - Luca puso cara de sorprendida. "¿Pero y ahora qué pasa?". No sabía lo que le venía encima.

- Pero si son grat... - Sanji se había acercado bailando como un espaguetti pero Nami lo calló enseguida con un capón.

- ¡Los ingredientes son de lo más exquisito! Además han estado preparados en los fuegos del Sunny-go... Y hay que pagar el combustible. - la navegante profirió una sonrisa casi maléfica.

A Luca le bajaron unos sudores fríos por la espalda y empezó a tartamudear.

- ¿Que.. qué?

- Veamos… Por la masa son 20 berries, por el azúcar 30, por el relleno… - empezó a recontar Nami.

"¡Se supone que erais vosotros los que ibais a pagar!" pensaba Luca.

-Pero Nami, ¿no te estás pasando un poco? – murmuró Usopp.- Mira la cara que está poniendo la chica.

- ¿¡Le han sentado mal los pasteles!? – exclamó el médico, alertado por el comentario de Usopp.

-No, no creo que sea eso… - el francotirador suspiró. "Nami no tiene remedio…"

Kagome miraba la escena entre preocupada y sonriente. "¡Es increíble! Y a nosotros nos quería hacer pagar también un tanto… ¿Cúanto era? Espero que nos lo perdone…"

Al final, Luca tuvo que intercambiar la tasa de la guía por los pastelitos. "¡Qué tomadura de pelo!" pensaba ella. "No me voy a acercar a ellos más, no vaya a ser que me cobren por respirar!".

- ¡En fin! – dijo la chica respirando profundamente. – Podéis desembarcar en el muelle 5, que es ese de allí. – señaló a un embarcadero solitario. - ¡Y que tengan una buena estancia en Isla Laberin!

Luca emprendió el regreso al puesto de vigilancia, aliviada por no tener que soportarlos más y también bastante molesta.

- ¡Yosh! ¡Ya estamos aquí! ¡Ahora veréis lo que es bueno! ¡Nadie se mete con mis nakamas! – pronunció el Capitán a punto de saltar al muelle.

- ¿Te quieres esperar? – le retuvo la navegante.

- Tenemos que tener un plan. – comentó Robin. - ¿Sabéis dónde están vuestros amigos exactamente?

-No.- respondió Inuyasha negando con la cabeza.

Kagome se llevó las manos a la cabeza. "Vaya lío en el que estamos metidos. ¿Estarán bien? Y aunque los salvemos y logremos estar todos juntos otra vez… ¿podremos volver a nuestro mundo?". La chica del otro mundo a veces se dejaba ganar por el pesimismo pero en cuanto miraba a Luffy, con su alegría y valentía, y a todos sus compañeros que les estaban ayudando… Recuperaba fuerzas. Era imposible no sonreír.

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- ¡Miroku-sama, Miroku-sama! – susurraba Sango desde su celda. Estaba atada de pies y manos y también le habían puesto una mordaza en la boca, de la cual se había liberado.

Se hallaba en una mazmorra. Una reja con la puerta era la única salida posible. Había un lecho de paja y un banco. Ella estaba cerca de los barrotes vigilando el pasillo.

Sabía que al venerable monje lo habían capturado con ella. Lo había visto. Lo que ella sentía en él algo inusual. No había podido hablar con él antes, tampoco lo había tenido muy cerca. Pero parecía cansado y desanimado. "Será porque lo han vencido" Pero ella no recordaba haberlo visto así de afectado nunca. Se encogió de hombros. "Ahora lo importante es salir de aquí".

-¡Kirara! – también llamo a su querida amiga. Se la habían llevado de su lado a saber dónde, pero no podía andar muy lejos.

Pero no obtenía respuesta. Suspiró profundamente. Los brazos le dolían. Había estado intentado desatarse las manos retorciéndolas y frotándose entre sí para desgastar la cuerda. Pero nada. "Si tan sólo pudiera utilizar la hoja que tengo en la bota…" Sango siempre llevaba encima pequeños pero letales objetos para emergencias. Tenía ungüentos venenosos, polvos anti-demonio y una pequeña hoja afilada en la bota. Ya había tratado de sacarla en vano.

Se acercó caminando de rodillas a la pared y se sentó apoyando la espalda. Sus ojos vagaban por el suelo de la celda buscando algo útil. Se echó sobre el lecho de paja y notó algo en el costado que le pinchaba. Rebuscó como pudo con las manos y el objeto resultó ser una esquirla de cristal. "¡Genial!" Sus manos empezaron a trabajar de nuevo rozando el borde afilado contra las cuerdas. Ella ignoró el dolor de sus brazos, por fin podría escapar.

- ¡Ya está!- exclamó, libre al fin. Se masajeó las manos para que el color volviera a ellas. Las ataduras habían estado constriñendo el riego sanguíneo y habían cogido un color blanquinoso.

- Y ahora los pies. – se dijo mientras se ponía manos a la obra.

Una vez libre, se levantó, estiró los brazos y piernas entumecidos e hizo un par de ejercicios. "No es bueno salir en frío, me podría lastimar y hay que estar preparada para todo".

Probó con la cerradura. El trozo de cristal era demasiado grueso y no le servía. Cogió su daga y lo intentó con ella. Era también grande pero con la punta se podía hacer algo.

Un "clac" le avisó de que finalmente estaba fuera de esa asquerosa celda. Abrió la puerta lo más silenciosamente que pudo y se dirigió a la celda contigua, dónde creía que estaba su compañero.

- ¡Miroku-sama! – le dijo ella mirando hacía todos los lados.

Se acercó cautelosa a una celda al otro lado del pasillo. Había alguien ahí, estaba escondido entre las sombras. Sango se agachó para tratar de verle la cara.

-Oi…- intentó llamarle la atención y finalmente la figura volvió el rostro hacia ella. ¡Se trataba del sacerdote!

- ¡Miroku-sama!- ella extendió los brazos hacia él. - ¿Estás bien?- le dijo con un tono preocupado en la voz. – ¡Ahora te sacaré de ahí!

- Oh...- profirió una débil expresión de sorpresa.

La guerrera miró hacia todos los lados antes de ponerse a forzar la cerradura. "Juntos podremos hacer frente a esos…" pensaba ella. El monje no había dicho nada más; se levantó y esperó a que su querida compañera acabara.

Sango reparó en ello. "¿No está esposado? ¡Imposible! ¡Si con su poder podría hacer desaparecerlo todo!" Y también se fijó en su rostro. Estaba muy serio y la observaba fijamente. "¿Qué le pasa?" pensaba la chica morena.

- ¿Te encuentras bien? – le preguntó otra vez. Él asintió levemente con la cabeza e hizo un gesto con la mano.

Entonces unas voces resonaron desde la otra punta de la sala.

- Viene alguien… Démonos prisa. – le susurró a Miroku. La puerta cedió y salieron corriendo uno detrás del otro lo más silencioso que pudieron.

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En el muelle número 5.

-Considerando que en Isla Bazar y los islotes circundantes había una extensa red de túneles…Es probable que aquí también los haya. – reflexionaba Nico Robin. – Y si los hay, es seguro que nuestros oponentes se escondan en ellos.

- ¡Vamos a preguntar! – Luffy le hizo un gesto a un pescador que se encontraba por ahí.

- Luffy-san… No creo que sea la manera más discreta… - comentó el esqueleto.

- ¡Espérate!- le instó la chica pelirroja.- ¡Ni se te ocurra decir ni una sola palabra!

- A lo mejor si cavamos un poco… - comentó Zoro, que vigilaba el camino que llevaba al pueblo.

- ¿Eres idiota o qué? - le replicó Sanji. – Vaya idea más estúpida, típico de ti.

- ¡¿Es que tienes una idea mejor?! – le contestó el espadachín. – Ah, espera, que tu no tienes ni idea.

- ¿¡Cómo dices estúpido marimo?!

Kagome se los miraba sonriente. Cada vez que se dirigían la palabra, acababan peleándose. No tenían remedio, ¡pero no era la ocasión! ¡Sango y Miroku necesitaban su ayuda! Pero tampoco quería ponerse en medio. Dirigió la mirada en busca de ayuda a Inuyasha, pero este se lo estaba pasando en grande.

- ¡Vamos!- la navegante dio una fuerte palmada.- ¡Seguimos el plan!

- ¡Aye! – Shippo y Chopper se pusieron derechos de un salto. - ¡Nosotros nos ocuparemos del barco!

- ¡Zoro, ven aquí! – le llamó el zorro. Franky también se volvió con ellos al Sunny-go.

- ¡Bien! ¡Los demás, vámonos! – ordenó Nami. Después se acercó a Kagome e Inuyasha.- Vosotros iréis delante y nos avisareis si ellos intentan contactar con vosotros.

Los dos asintieron y Kagome se guardó el Den-den Mushi que Nami les dio en la mochila.

- Oye…¿ Yo no me puedo quedar en el barco? Me está dando la enfermedad de si-entro-en-esa-isla…- el francotirador se retorció y puso una mueca.

- No… - le dijo Nami, cansina. – Pero irás conmigo y con Brook en el segundo grupo.

Kagome e Inuyasha empezaron a andar, dirigiéndose al pueblo. De cerca los seguirían Luffy (si es que no se había escapado ya), Sanji y Robin y por detrás Nami, el músico Brook y Usopp.

El paraje era bastante pacífico. Casas blancas y cuadradas flanqueaban las calles y más allá se venían unas praderas inmensas. La gente de la villa estaba sentada al exterior de sus casas arreglando redes de pesca o simplemente charlando.

De repente Inuyasha sintió que Kagome le apretaba la mano. Volvió la mirada hacia ella preocupado. "¿Ha visto algo sospechoso?" Pero en lugar de una mirada asustada o alarmada se encontró con unos ojos que reflejaban determinación.

- Sacaremos de esta a nuestros amigos. – le dijo ella con una sonrisa confiada. – Y volveremos a casa.

Inuyasha asintió y sonrió. Le gustaba ver esa faceta de Kagome. Resolución y valentía. Él le apretó la mano a su vez. Hacía mucho que alguien le cogía de esa manera y le hacía sentir así. "Juntos," pensó Inuyasha, "cómo habían hecho hasta ahora… vencerían a sus enemigos".

A unos diez metros les seguían el primer grupo. Sanji hacía como que examinaba unos pescados y Robin, haciendo gala de su experiencia, se ocultaba en cada sombra. En cuanto a Luffy… poco le faltaba para salir corriendo y saltar sobre sus amigos si no fuera por el cocinero que le entretenía con posibles recetas para cocinar el pescado.

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En las mazmorras.

- ¿Os acordáis de por dónde nos llevaron? – le preguntó Sango a Miroku, vigilando por una esquina.

-Por allí. – él hizo un gesto y pasó delante de su compañera. Se adentró por un arco que daba a unas escaleras de caracol.

- Perfecto. Tenemos que encontrar a Kirara y recuperar nuestras armas. – dijo ella.

Siguieron subiendo escaleras cuando oyeron unas voces que bajaban, acercándose a ellos.

Miroku miró a Sango, desconcertado. Ella pensaba a toda velocidad en una salida. Y de repente se abalanzó escaleras abajo.

- ¡Me parece que antes hemos pasado delante de una puerta! – Sango rogó al cielo que la puerta estuviera abierta.

Escuchaba los pasos de Miroku detrás de sí y detrás de él las risas de los guardianes. "¡Más rápido!"

Y finalmente llegaron al descansillo de la escalera dónde se hallaba la puerta. Sango se apoyó en ella sin hacer ruido pero empujando fuertemente. La puerta cedió un poco pero lo suficiente para que alguien delgado como ellos dos pasaran aguantando la respiración. Los dos se colaron dentro y cerraron la puerta.

Miroku se sentó, resoplando por la carrerilla y Sango se situó cerca de la puerta. La luz que se colaba por el bajo de la puerta le indicó que los soldados ya estaban allí.

- Pues Beny dice que ha tenido mucho éxito con su mascota.-comentó uno.

- Bueno, bueno, no es para tanto… - dijo el otro bastante molesto.- Además, le está dejando la cara llena de arañazos.

Los dos guardianes se fueron bajando escaleras y Sango volvió la vista a Miroku. Éste ya estaba de pie, dispuesto a salir.

- Sigamos. – dijo él. Sango asintió y empujó la puerta de nuevo.

Después de recorrer el tramo de escaleras, se encontraron en un pasillo ancho y luminoso. Las pisadas resonaban en el suelo de azulejos y los dos fugitivos iban muy despacio.

- ¿Y ahora sabes por dónde es? –preguntó la chica.

- Sigamos todo recto y luego a la izquierda. – dijo él muy serio.

"¿Pero qué le pasa? ¿Está enfadado conmigo? Ni siquiera ha tenido la tentación de tomarse las libertades de siempre…" Sango no sabía qué decirle. Llegaron al fin a la esquina y giraron a la izquierda, ella seguía mordiéndose la lengua.

- Em... –ella se volvió para hablar seriamente con él. - ¿Qué…? – pero algo extraño le estaba pasando al monje. Él estaba parado en medio del pasillo, inmóvil.

Una sombra negra se estaba apoderando de él. Tenía un pie negro, como si fuera una simple silueta.

- ¡Miroku-sama! – exclamó. Después se cubrió la boca con las manos, consciente del grito que había pegado. Bajó la voz. – Tu pierna…

Él bajo la mirada.

- ¿Pero qué…? – profirió sorprendido. - ¡Estoy desapareciendo!

Y de hecho, a medida que la sombra negra se iba propagando por su cuerpo, también iba desvaneciéndose en el aire. Él se dejó caer al suelo apoyándose en la pared.

- ¿Qué te está pasado? – Sango estaba al borde de un ataque de nervios. Abrió los ojos como platos y sintió que su frente se cubría de sudor. "¡Esto no podía estar pasando! Acaso sería…".

- ¿Tu agujero negro…? – "¿Había llegado el momento en que la fuente de poder del monje se volvía contra él?" Sango sacudió la cabeza, apartando esos pensamientos. Se arrodilló junto a él para examinarle la mano. Pero sus manos atravesaron la suya.

La chica tragó saliva, miró a su compañero que estaba aterrado y pasó su mano por la mejilla. De nuevo las manos de Sango atravesaron la imagen de Miroku como humo. Lágrimas silenciosas corrían por el rostro de la cazadora de demonios. "¿¡Qué está pasando!?"

El monje movió los labios, pero ella no pudo escuchar lo que decía y se acercó.

- No… quiero…desaparecer… - entendió Sango. Estas palabras hicieron que ella soltase un llanto desgarrador.

- ¡No puedo hacer nada Miroku-sama! ¡Estás desapareciendo delante de mí y no puedo hacer nada! – ni ungüentos, ni armas secretas iban a hacer efecto. Se cubrió el rostro con las manos, secándose los ojos. "¡No puedo soportarlo!" Una sensación pesada la dominaba, estrujándole el corazón, impidiéndole respirar. Impotencia. No quería mirar como su querido monje se desvanecía pero por otra parte quería contemplar por última vez su rostro.

- Lo siento mucho… - dijo ella entre lamentos. – Miroku-sama te…- y abrió los ojos para captar tan sólo una sombra.

Sango se desplomó y se quedó sentada en el pasillo, intentando recomponerse. Pero era como si le doliera todo el cuerpo y su alma no le obedeciera. Echó un vistazo a su alrededor y vio a alguien vigilándola al final de las escaleras. Tenía los ojos vidriosos, no distinguía quién podría ser. Por otra parte, le daba igual. "Cómo si me vuelven a encerrar…Sin él no tengo ganas de continuar" cerró los ojos, intentando detener el llanto.

Durante un rato la figura no se movió del sitio, parecía simplemente contemplar la escena y esperar.

"Miroku-sama ha sido quien me ha guiada hasta aquí." Pensó ella, y pensar en él le hacía estremecerse y perder fuerzas. "No puedo dejar que la pena me consuma. No es lo que él hubiera querido…" intentó darse ánimos y se reincorporó un poco.

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En el pueblo, con el grupo de apoyo número 2.

- Nami-san. – dijo Brook.- ¿No se supone que deberíamos seguirlos? Ya no los veo. ¡Y es que no tengo ojos, yohohoho!

- Pero que dices Brook. Desde aquí se ven súper bien... - comentó Usopp abanicándose con la mano. "Es que aquí estamos más seguros..." pensaba el francotirador.

- ¿Va todo bien, Robin? - preguntó Nami a través del Den-den mushi.

- Sí, nadie se ha acercado a ellos. - respondió la arqueóloga.

Nami suspiró. "Se lo están tomando con calma..." Se acercó el caracolófono una vez más.

- ¿Y Luffy?

- Está comiendo en un puesto callejero.

- Por lo menos no ha salido corriendo... - comentó la navegante. Robin se rió y se despidió. "Ca-cha".

Esperaron un rato, vigilando las calles desde su posición, en el tejado de una casa vacía.

- Tenemos que movernos. - dijo Nami recogiendo sus cosas.

- ¿Pero no nos íbamos a quedar aquí? - preguntó el esqueleto viviente.

- Hay que seguirlos a una distancia prudente... - le respondió la navegante. - Si algo pasa y estamos muy lejos... - hizo una mueca.

Bajaron del tejado y recorrieron las callejuelas mirando para todos lados buscando a algo o alguien sospechoso. A Usopp le llamó la atención una figura plantada en medio de la calle. Entrecerró los ojos. ¿Kagome? Y les estaba haciendo señas...

Usopp tiró de la ropa del músico y se miraron entre sí. ¿Por qué la chica no se atenía al plan? ¡A lo mejor le estaba pasando algo!

- Oi, Nami... - le llamaron.

Pero cuando la chica volvió la mirada hacia dónde ellos apuntaban, Kagome se había ido corriendo. Y ellos salieron corriendo detrás.

- ¿Seguro que era ella?

- ¡Seguro! - respondieron Brook y Usopp.

"Debería llamar a Robin primero, ¿cómo es posible que los hayan perdido de vista y que no me hayan dicho nada?" pensaba la navegante.

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En un lugar situado a varias pisos de Sango.

- ¡Clot! - llamaba enfadado un señor alto y delgado que llevaba ropas muy holgadas. - ¡¿Cómo ha podido pasar esto?! - entre sus manos estrujaba un periódico.

- Disculpe, Gran Artífice... ¿De qué se trata? - dijo el hombre bajito y rechoncho, haciendo una reverencia.

- Mira. - el hombre alto, más sosegado, le tendió el periódico.

Clot lo cogió y leyó el titular.

- "Misterioso hombre aparece en una base de la marina y lo destruye por completo..." - Clot miró a su señor. - No entiendo qué tiene que ver conmigo.

- Quizás eso no hubiera ocurrido si usted no lo hubiera traído a este mundo. - le dijo el Gran Artífice mirándolo con desprecio.

- ¿...?¡Ah, pero...! - el señor bajito estaba muy confundido. - ¿Pero no me dijo que lo trajera aquí?

- ¡No! - exclamó su interlocutor, - Y menos nos convenía llamar la atención de la Marina... Pero bueno, ya sabremos como manipularlo a nuestra conveniencia.

- ¡Es usted muy inteligente, señor! - le aduló Clot y el Gran Artífice se despidió con un gesto. Clot dobló el periódico y una hoja salió despedida de entre sus páginas.

"Es un cartel de recompensa" , pensó el hombre bajito.

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Y, bueno, como he dicho antes, ¡ siento la tardanza! T_T No he podido adelantar la historia en las vacaciones...

Otra cosa: ¡es genial ver nuevos seguidor s! ¡Espero que os esté gustando la historia! :3

¿Ya sabeis quién es el último personaje misterioso? jejejeje

De verdad me interesaría mucho si pudierais dejar vuestra opinión, gracias.