Disclaimer: los derechos de autor a Rumiko Takahashi y a Eiichiro Oda

Capítulo 11.

Entre las calles de Laberin...

- ¿Dónde se ha metido el cabezahueca del Capitán? - Sanji daba pasos muy grandes, enfadado y sacando humo por las orejas.

- Fufufufufu... - se reía Robin. Ella sabía que el cocinero también se había despistado hablando con unas chicas. - Era de esperar que esto pasara. - comentó.

- Claro, es lo de siempre... ¡Pero no ahora cuando tenemos que proteger a Kagome-chan!

- Siguen andando sin problemas. - susurró la arqueóloga, asomándose a una esquina. - Uhm... parece que Orejas-de-Perro-kun y Kagome-san han hecho las paces...

- ¿Cómo? - Sanji se asomó también. - ¿Qué hace ese bruto cogiendo la delicada mano de Kagome-chan? ¡Más le vale no perderla de vista! - Sanji no pudo reprimir una lagrimita que le rodó por la mejilla. "...Kagome-chan...".

A bastante distancia de allí...

- ¿Dónde está? ¡Ya no lo veo! - Luffy estaba en medio de la calle, mirando hacia todos los lados.

De repente un hombre empujando una carreta envuelta en lonas pasó corriendo por el cruce de calles.

- ¡Ahí está! - exclamó Luffy, corriendo detrás de él. - Mmhmhm... qué bien huele... - la boca se le hacía agua al oler a carne asada.

De repente el carro paró y por fin Luffy pudo hablar con el conductor.

- ¡Oye! He visto que... - dijo sacando la lengua fuera.

- ¡¿Has visto la oferta, chaval?! - el hombre, que era bajito y gordo. Llevaba puesto un sombrero de copa. - ¡Tenemos una nueva receta y estamos dando a probar a voluntarios! ¿Quieres un poco?

Luffy cogió un plato y se lo metió en la boca sin pensarselo dos veces.

- ¡Riquísimo!

- ¡Ah!¡Que bien!¿Y esto? - le dijo el señor dándole a probar otro plato.

- ¡Buenísimo! - Luffy se chupaba los dedos.

Y en otro par de bocados, el capitán se comió todo lo que había en el carromato.

- Vaya, es una pena, ya que hemos encontrado a un voluntario tan ávido. Si quieres... podrías pasarte por el almacén...

Y con otros engaños, el hombre, que no era otro sino Clot, lo llevó a un gran edificio. Abrió las puertas y mostró un gran banquete lleno de comida que hizo que a Luffy se le hiciera la boca agua.

Había otra gente por allí que se fueron en cuanto vieron que el capitán pirata llegaba.

- ¡Hala! ¡Que banquete más bestia! - exclamó Luffy. - ¿Pero estás seguro de que es para mí?

- Sí, claro... Luego nos dices lo que te ha parecido, ¿vale?

- ¡Claro! - le dijo él empezando a comer. - Es una pena que no estén mis compañeros. Un banquete así, sólo no es divertido.

Clot salió de allí disparado, cerrando el almacén con cadenas.

- Bueno, así estará entretenido un rato. - susurró, y se fue corriendo.

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Con el grupo 2 de seguimiento:

- Esto me huele a chamusquina... - iba diciendo Nami, agarrada a Usopp y a Brook.

- Pero que... que dices... - temblaba Usopp. - Si nos está guiando Kagome...

- ¡¿Estás seguro de que era ella?! - Nami estaba al punto de un ataque de nervios.

Se hallaban debajo de la ciudad, en los famosos túneles. Los habían encontrado, sí, guiados por "esa" Kagome. Olía a humedad y a aire enrarecido. Habían cogido una antorcha que estaba tirada por ahí y las llamas provocaban sombras en las paredes y la cara de Brook (pero si no tiene, Yohohoho) era terrorífica.

- Voy a llamar a Robin. - dijo la navegante. - Quedáos aquí.

"burubburuburuu..."

- ¿No contesta? - preguntó Usopp, que ya notaba un sudor frío bajandole por la espalda. Nami negó con la cabeza.

- ¿Habéis oído eso? - Brook les dijo. - Aunque yo no tenga orejas, yhohoho...

- ¿¡Qué has oído!? - exclamaron Nami y Usopp dando un salto.

Pero entonces unos pasos se oyeron claramente por los pasillos.

- ¡Tenemos que ir a buscar a Robin! - exclamó la navegante de repente.

- ¡Vale! - Brook y Usopp salieron corriendo detrás de ella.

Pero habían reaccionado demasiado tarde... Y ninguno de ellos sabía por dónde ir.

- ¿Quieres decir que estamos perdidos? - le espetó Nami al pobre Usopp.

- Nami... no es culpa mía...

- ¿Ah, no? ¿Y quién fue corriendo detrás de Kagome?

- Nami-san, Usopp-san, no deberían gritar... Todavía se oyen los pasos... ¡Aunque yo no tenga orejas, yohohohoho...!

- ¡Pues cállate! - le dijeron la navegante y el francotirador. La peli-naranja además, le propinó un capón.

Se quedaron los tres en silencio por un momento. "Cham cham cham..." se escuchaba entre los túneles.

A Usopp le recorrían escalofríos por todo el cuerpo. "¿Sería un enemigo? ¿o seria Kagome? ¿Pero esa chica que había seguido, era de verdad Kagome?".

- Voy a llamar a Robin de nuevo. - afirmó Nami, haciendo un esfuerzo por disimular su tembleque.

"buruburubururu..."

- ¿Sí? - dijo una voz masculina.

- ¡Sanji! - exclamaron los tres a la vez.

- Nami-swan, ¿ocurre algo?

- ¡Estamos en los túneles! Hemos seguido a Kagome... Pero no estamos seguros de que fuera ella...

- Kagome-chan está a salvo, la estoy mirando ahora mismo. - dijo sorprendido el cocinero. "¿Que truco es este?". - Nami-chan, ¿dónde estás exactamente? ¿Necesitas ayu...?

- ¡Estamos debajo de la ciudad! - exclamó Usopp acercándose al den-den mushi.

- ¡No sabemos cómo salir!¡Y hay alguien siguiendonos! - le rogó la navegante.

- ¡Voy enseguida Nami-swan! ¿Por dónde entrasteis?

- Es una puerta de color amarillo debajo de una higuera. - le explicó Nami.

- ¡No tardaré ni un segundo mi querida Nami-swan! - Sanji no colgó, por lo que ella supuso que se había ido corriendo en su busca.

- Que bien... - suspiraron Usopp y Nami. "Estamos salvados... Estos túneles son terroríficos".

- Oi, Nami-san... Hay una sombra muy sospechosa en esa esquina. - Brook comentó.

Usopp y Nami se dieron la vuelta muy lentamente, con los ojos muy abiertos. ¡Había alguien allí! La sombra se había quedado quieta y ahora empezaba a moverse de nuevo.

-¡¿Porqué no lo has dicho antes?! - le gritaron la peli-naranja y el francotirador. Lo cogieron de la chaqueta y salieron corriendo por el primer túnel que vieron.

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En una isla cercana se hallaba un cuartel de la marina. Tenía la mitad del edificio derruida y por allí y por allá había profundas marcas en el suelo y restos humeantes.

Los marines estaban tirados por el suelo o se ayudaban unos a otros a evacuar el lugar.

Desde una ventana se podía ver al causante de eso. Un personaje muy alto, de pelo blanco y largo.

- Tch, miseros humanos.- dijo con desprecio mirando a los soldaditos.

Volvió su atención sobre las cosas de la sala dónde se encontraba. Había mapas y carteles pegados a las paredes.

Se acercó a examinarlos. No reconocía los nombres de los ríos, islas o de las ciudades, tampoco es que se interesara demasiado por la vida humana, pero bueno. Y había retratos de humanos o quizás demonios* buscados bajo una recompensa.

Había sido transportado en contra de su voluntad y se lo iba a hacer pagar caro. Era cosa de algún demonio, estaba claro. Y nadie se mete con Sesshomaru o vive para contarlo.

Miró de nuevo por los huecos de la pared. Se acercaban más barcos por el mar. Seguramente a atacarle. No tenía mucho interés en pelear con débiles, se dijo.

E iba a salir de allí cuando algo le llamó la atención.

Entre todos los papeles tirados por ahí, se veía la imagen de Inuyasha. "Ese despreciable semi-demonio... ¿También está aquí?".

No se molestó en recoger el papel, tan sólo apartó las demás hojas con el pie. Ahí estaba: Orejas-de-perro vivo o muerto 100 berries.

- Lo habrán sobreestimado... - se dijo.

Sin duda esto no era una casualidad. Lo mejor que podía hacer era ir en busca de ese... y buscar la forma de regresar y ocuparse de aquel desgraciado que habia jugado con Sesshomaru.

Emprendió su viaje, sobrevolando sobre el caos que había provocado. Se alejó de la isla al mismo tiempo que un buque de guerra desembarcaba todos sus efectivos.

- ¡Pero qué ha pasado! - exclamó horrorizado el comandante cuando puso el pie en tierra.

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- Robin-chwan, Nami-swan está en peligro. - Sanji dejó el den-den-mushi en manos de su compañera.

- ¿Dónde están? - dijo ella alarmada.

- En los túneles y no saben salir. Alguien les ha tendido una trampa. ¡Voy a ir en su ayuda! ¿Estarás bien, preciada Robin-chwan? - Sanji se hallaba en una encrucijada. Cómo bien sabía, Robin era capaz de cuidarse por sí misma pero aún así, era peligroso dejarla cómo única vigilante de los "extraterrestres"... ¡ Y sin ningún apoyo!

- Sí, estaré bien. Si te necesitan, es mejor que vayas. - le dijo. Sanji parecía que le iba a dar un infarto de un momento a otro. - Pero ten cuidado y avísame de cualquier cosa extraña.

- ¡Lo siento Robin-chwan! - le dijo el cocinero, marchándose a toda prisa. "¡Si algo le pasa a Robin-chwan mientras no estoy, no me lo perdonaré nunca!" se decía a si mismo.

Había que reconocer que sus enemigos, quienes fueran, estaban actuándo bajo el lema de "divide y vencerás". ¡Qué ganas tenía de darles un par de patadas!

Robin se quedó dónde estaba. "¿Estaría bien avisar a Kagome y a Orejas-de-perro-kun de lo que estaba pasando? ¿Tendría que pedir refuerzos al Sunny?". Se decidió por lo segundo.

- ¿Franky?

- ¡Ow! ¡Robin! - la recibió el cyborg con su usual entusiasmo. - ¿Ocurre algo?

Shippo y Chopper se acercaron a escuchar.

- Nami-san, Usopp-san y Huesos-san están atrapados en los túneles y Sanji-kun los ha ido a ayudar. Luffy-kun se ha perdido.

- Ya veo... Necesitas refuerzos... - Franky dejó el aparato por un momento y miró a su compañeros.

- ¿Qué ocurre? - el espadachín salia del nido del cuervo en ese momento.

- Alguien debe ir a ayudar a Robin.

- De acuerdo. ¿Quieres que vaya yo? - preguntó el espadachín.

"Debería ir alguien más... Sinó se va a perder"

- Tendría que ir alguien más... - reflexionó el cyborg, "sinó se va a perder..." - Yo me quedaré en el Sunny-Go.

Chopper y Shippo se miraron.

- Piedra, papel... ¡tijera! - dijeron los dos a la vez.

- ¡Me ha tocado! - exclamó Shippo, un poco descontento.

- Ok, vamos ardilla. - el espadachín estaba ya a punto de saltar fuera del barco.

- ¡No soy una ardilla! - le replicó el demonio.

- ¡Ei! ¡Esperáos! Robin dice que está en la calle principal y que tratéis de pasar desapercibidos. - les explicó Franky.

Zoro asintió muy serio y empezó a caminar.

-¡Por ahí no es! - Shippo le iba detrás.

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- ¡Aubade Coup Droit! - exclamó Brook lanzándose hacia el enemigo misterioso.

- ¡Escuo do Espasa! - le respondió él. La punta del sable del músico se encontró con la mesa de la espada del contrincante. Dió un salto atrás.

Su enemigo era alto y corpulento, no se movía bien en los túneles. Pero Brook tampoco lo tenía tan fácil debido a su altura.

Nami y Usopp habían sacado sus armas y esperaban detrás de Brook para apoyarle si fuera necesario. La navegante no podría usar sus habilidades del tiempo con tanta intensidad debido a estar bajo tierra. También podría atizarle con el Sorcery Clima-tact.

- ¡Mandoble em mitja lua! - la espada del hombre partió de su lado derecho para hacer lo que parecía una estocada por la izquierda de Brook, pero el ataque le vino a éste de frente.

- ¡Yohohoho, que sorpresa! - Brook esquivó el golpe con facilidad. Sus compañeros que estaban detrás se tiraron al suelo.

- ¡Cuidado! - exclamaron.

Las paredes del túnel recibieron el daño y empezaron a caerse ladrillos y a resquebrajarse.

- Oh, oh... Tenemos que salir ya de aquí. - murmuró la navegante.

Usopp dió un paso a delante.

- ¡Cuidado Brook! ¡Hissatsu Kemuri Boshi! - y lanzó su ataque con precisión que le dió al espadachín enemigo en toda la cara. Una gran nube gris lo cubrió todo.

- ¡Mis ojos! - se le oyó gritar. - ¡No escapareis!

- ¡Corred! - Nami cogió a Brook del cuello de su chaqueta y salieron corriendo de nuevo.

- ¡Los túneles van a colapsar encima de nosotros! - exclamó el francotirador.

Llegaron a otra zona de túneles, más fiables que la anterior. Allí recuperaron el aliento y se sentaron un poco a descansar.

- Sanji-kun tiene que estar por llegar.

- A saber cómo nos va a encontrar con este lío... - suspiró Usopp.

- ¡Vamos! ¡No nos podemos quedar quietos sinó nos encontrará! - Nami puso los brazos en jarra.

Continuaron la marcha, mirándo por cada esquina y intentado buscar algún túnel conocido.

- Eh, eh. Ahí está. - Usopp susurró. Los otros dos se asomaron para ver.

Cómo él había dicho, el adversario estaba en un túnel contiguo, caminando pesadamente. De repente vieron cómo se chocaba contra la pared.

- ¡Ai! - exclamó.

- ¿Pero qué le pasa? - se preguntó la navegante.

- No puede ver... - comentó Brook. - ¡Aunque tenga ojos! ¡Yohohohoh...!

- ¡Cállate! - le reprendieron sus compañeros.

- ¡Ahí estáis! ¡Acabaré con vosotros! - vociferó el hombre que se acercaba dando tumbos.

- ¡Mandoble de aço! - un ataque cortante les pasó por encima de la cabeza.

- ¡Kyaaa! - exclamó Nami. Usopp recargó el kabuto. Estaba lo suficientemente lejos para poder atacarle y no salir heridos ellos...

- ¡Midori Boshi: Humandrake! - y unas plantas de colores, provistas de piernas y brazos se lanzaron sobre el oponente.

- ¡Argh! - exclamó éste. No veía nada y por ser tan corpulento, no tenía espacio para maniobrar. Un ruido metálico avisó al grupo de piratas que había dejado su espada para ocuparse de los pequeños "bichos" con sus manos.

- ¡Ahora! Hanauta Sanchou: Yahazy Giri. - Brook vió su oportunidad y la aprovechó. El enemigo se tambaleó y se rió.

- No me has hecho nad... - a los tres pasos, se desplomó sobre el suelo.

Usopp y Nami dejaron escapar un suspiro de alivio. Pero un ruido les hizo volver a la realidad. Algunos túneles estaban desplomándose y ya no era seguro andar corriendo por ahí.

- ¡Chicos! - dijo una voz detrás de ellos.

- ¡Sanji! - exclamaron los tres, alegres.

- ¿Estás bien Nami-swan? - el cocinero tomó de la mano a la navegante. - Lamento no haberos encontrado antes...

- Estamos bien... - Nami sonrió cansinamente. – Tenemos que salir de aquí.

- ¡Seguidme! He marcado el camino a seguir. - dijo el cocinero, confiado.

- Propio de Sanji-san. - comentó el músico.

- ¿No quieres que te lleve Nami-swan? - el rubio despedía corazones.

- Noo... - contestó ella.

- ¿Me puedes llevar a mí? Estoy cansado... - le propuso Usopp.

- ¡Olvídalo! - le espetó él.

- ¡Ya estamos fuera! - exclamó Usopp al salir de los túneles. - ¡Que bien! - aspiró profundamente y puso una expresión de bienestar. Brook hizo lo mismo, aunque no tuviera ni pulmones ni cara (¡yohohoho!).

- He dejado a Robin sola, así que... - a Sanji también le preocupaba.

- ¡Es verdad! ¿Y Robin? - saltó la navegante de repente. - ¿Y Luffy?

- El Capitán se ha perdido. - el cocinero dió una bocanada a su cigarrillo. - ¡Voy a por Robin-chwan y por Kagome-chan!

- ¡Espera, iremos contigo! - Usopp, Nami y Brook fueron detrás de él.

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Inuyasha y Kagome seguían caminando uno al lado del otro. Todo iba bien o eso parecía. Tenía un mal presentimiento. ¿Seguro que ese plan estaba dando resultado? Una de dos, o los Sombrero de Paja ya se habían ocupado de los enemigos o los enemigos ya se habían ocupado de los piratas...

- Oi, Kagome...

- ¿Qué pasa?

- ¿No crees que esto está muy tranquilo? - le preguntó el demonio.

- Bueno... sí. Pero eso es buena señal, ¿no?

- Mmpf. - resopló él. - La verdad es que creo que deberíamos ir un poco por nuestra cuenta.

- ¿Qué quieres decir? - la chica se estaba poniendo nerviosa. Sabía que Inuyasha era poco dado a recibir órdenes... Y ella hasta ahora pensaba que todo iba bien. "Pero... ¿Quizás los Sombrero de Paja estaban el problemas? ¿Por qué no se habían puesto en contacto con ellos ya?", empezó a pensar.

- Creo que el plan de los Mugiwara no está haciendo efecto. Si de verdad se creyesen que hemos venido solos, ya nos habrían atacado.

"Tiene razón pero..." pensaba Kagome, "¿estaría bien en abandonar el plan?".

- Y cada vez que me acuerdo de que nuestros amigos están en alguna parte prisioneros... - Inuyasha apretó los dientes.

La chica también sintió que se empezaba a enfadar. Miró a su compañero fijamente.

- Creo que tienes razón. Pero no es cuestión de dejarlos tirados cuando nos han prestado su ayuda.

El demonio volvió la mirada atrás. Olía a esa mujer, la de mirada fría y azul. Los estaba vigilando.

- Robin está cerca. - Inuyasha volvió a mirar hacia delante. Por alguna razón, había mucha gente acercándose. Sería un buen lugar para desaparecer.

Kagome intentó localizar a Robin, pero no la veía por ningún sitio. "¿Cómo le diría que se iban?", su corazón latía cada vez más rápido, ¡era necesario contactar con ella!

Entonces la multitud los engulló y desaparecieron entre la gente.

- ¡Espera! - exclamó Kagome intentando volver hacia atrás.

- ¡No te alejes! - le dijo su compañero cogiéndola de la muñeca. La gente se apretujaba cada vez más y se movía mucho. Tuvo que soltar a su compañera.

- ¡Kagome! - exclamó él. Pero no hubo respuesta. Estaba rodeado por un montón de extraños. "¿Están de fiestas o qué?".

- ¡Vamos a la plaza! - exclamó una mujer a su lado.

- ¡No te quedes ahí parado! ¡Hay un espectáculo en la plaza! - le gritó otro hombre.

- ¡Dejádme en paz! ¡Fuera! - Inuyasha empezó a empujar y hacerse sitio entre la multitud, recibiéndo bastantes insultos.

Por otra parte la chica de pelo oscuro y uniforme de marinerita se hallaba sólo a unos pasos del semi-demonio, ¡pero no había manera de verlo!

¡Pero también tenía que encontrar a Robin!

- ¿Qué hago? - se masajeó la cabeza, intentando calmarse. - ¡Buscaré primero a Inuyasha!

Y también se puso a buscar a su compañero. "Es lo más lógico, ya que está más cerca".

- ¡Inuyasha! ¿Dónde estás? - gritó, poniéndose de puntillas para ver por encima de la gente.

Después de unos instantes, ella ya se empezaba a impacientar. Y se le ocurrió una idea.

- ¡Osuwari! - exclamó fuertemente.

- ¡Ouch! - una nube de polvo y un vocerío le avisó de la localización de su compañero.

Ella salió corriendo y lo encontró tirado en el suelo, en medio de un corrillo de gente que lo miraba sorprendida.

- Lo siento. - le susurró ella, intentando ocultar su sonrisa. Le tendió la mano para ayudarle.

Él gruñó pero no dijo nada. Sabía que había sido la única manera de encontrarse.

- ¿Y ahora? - le preguntó el semi-demonio, mientras se sacudía la ropa.

- Sálgamos de esta multitud. - dijo ella firmemente.

La gente se había concentrado en la calle principal, así que sólo tuvieron que moverse a una calle transversal.

- ¿De dónde ha salido tanta gente? - se preguntó Kagome, apoyándose en una pared.

- Creo que están de fiestas.

- Bueno... tendríamos que esperar a que Robin nos... - un ruido la interrumpió.

Ambos miraron al origen de aquel estruendo. Una nube de polvo lo ocultaba y cuando se apartó pudieron ver que había un agujero en medio de la calle.

- ¿Qué...? - dijo Kagome.

"Oh, no", pensó el hanyou. "Esto es mala señal...", a su mente vinieron imágenes de la pelea que había tenido con aquel fastidioso tipo de los hoyos...

- ¡Kagome, hay que salir de aquí! - él la tomó de la muñeca y se dirigió a la salida más próxima. Justo en el momento en que otro hoyo se formaba bajo el lugar dónde antes tenían los pies.

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Mientras, en el centro del pueblo con Robin.

- Hola, Kenshi-san, Shippo-san...

El espadachín llevaba al zorro a los hombros. Después de mucho discutir, éste había aceptado para así avanzar más rápido.

- He perdido a Kagome-san de vista. ¿Podrías intentar encontrarlos con tu Kenbunshoku Haki?

Zoro asintió y se concentró en captar las "presencias" y las "intenciones" de las personas a su alrededor. Estaba Shippo a su lado. Y Robin... De lejos podía sentir al estúpido cocinero y... las dos personas buscadas, estaban a relativa poca distancia.

- Vamos. - dijo seriamente. - Les está atacando alguien.

- ¡¿Qué?! - exclamó preocupado Shippo. - ¡Vamos en su ayuda! - señaló una dirección al azar y tiró del cuello del yukata de Zoro, instandolo a avanzar.

- Oye. No soy tu caballo. - el espadachín le dirigió una mirada asesina por encima del hombro.

- Vale, vale, pero vamos... - el zorro se estaba poniendo muy nervioso.

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En el palacio, con Sango...

Durante un rato la figura no se movió del sitio, parecía simplemente contemplar la escena y esperar.

"Miroku-sama ha sido quien me ha guiada hasta aquí." Pensó ella, y pensar en él le hacía estremecerse y perder fuerzas. "No puedo dejar que la pena me consuma. No es lo que él hubiera querido…" intentó darse ánimos y se reincorporó un poco.

-¿Quién eres? - le preguntó mirando fijamente al personaje que había aparecido detrás de ella. Intentaba tragarse las lágrimas y los sollozos, pero no podía.

Él sólo se río. Ella sintió cómo un fuego le crecía por dentro. De verdad querría estrangular a ese...

- Me llamo Jospejo, - dijo. - Pero eso no importa ahora. Te has escapado de la jaula y te he de hacer volver. - el hombre tenía una voz grave.

"¡Ni hablar!", pensó ella y instintivamente se echó la mano al hombro, buscando su bumerán. "¡No tengo armas!" se acordó. "No me queda más remedio que la fuga...", apretó las mandíbulas. Por mucho que quisiera darle su merecido, huir era ahora la mejor opción.

- Te vengaré, monje. - se dijo entre dientes, - pero ahora no.

Con muchos esfuerzos, empezó a correr y desapareció detrás de una esquina.

El hombre, Jospejo, la siguió, caminando tranquilamente.

Sango seguía corriendo entre los pasillos interminables, mirando hacia atrás de vez en cuando. De repente, al cruzar a otro corredor, una figura apareció delante de ella.

- ¡Tú! - exclamó dando una salto y rápidamente esquivándolo. El hombre que la seguía se había adelantado. "Conoce el edificio mejor que yo, pero...¿cómo sabía que iba a ir por ahí?. La cazadora de demonios se alejó rápidamente. Enfrente suya, el pasillo terminaba en una puerta. La empujó con todas sus fuerzas y... no podía creer lo que sus ojos veían.

- ¡Inuyasha! ¡Kagome! - lágrimas salieron a borbotones de sus ojos. - ¿Qué os han hecho?

Sus amigos estaban colgados de cadenas, ensangrentados, respirando débilmente. "No puede ser, no puede ser...", se repetía Sango. Pero fue demasiado para ella y cayó de rodillas. Las piernas no le aguantaban, su cuerpo no le respondía ya. "¡Esto es una pesadilla!"

No escuchó la puerta abrirse detrás suya y no le prestó atención a la mano que se posaba sobre su hombro. El hombre se la llevaba a rastras y ella no puso resistencia.

- Vamos. - dijo él susurrandole a la oreja. Pero con un último esfuerzo se alzó para tocar por última vez a sus compañeros.

Sus dedos no los tocaron, sinó que los atravesaron cómo si fueran un fantasma.

- ¿Qué? - ella miró a Jospejo, que parecía preocupado, e hizo más fuerza para soltarse. Volvió a cogerles de la mano. "¿Son espíritus? ¿Fantasmas? O ilusiones..." pensaba Sango.

Se dió la vuelta y le dió un puñetazo al hombre que la sujetaba. Después una patada en la rodilla. Él soltó un gemido y se dobló del dolor, aunque seguía manteniendo a Sango agarrada de un muñeca.

Ella giró la mano atrapada y tiró de él hacia sí. Cerró el puño de la mano libre y le pegó con todas sus fuerzas.

-¡Tus trucos no son más que ilusiones! - afirmó triunfante ella. - ¡¿Miroku-sama no ha muerto, verdad?!

Le propinó un rodillazo en el abdomen y finalmente al caer él al suelo, él le soltó de la mano.

- Tu única fuerza son los espejismos. - dijo ella, pensando en voz alta. Observó cómo todo el escenario se diluia en el aire. Un simple espejismo puede causar tanto sufrimiento...

Ahora la habitación de tortura era un simple almacén. Ella curioseó por allí y aprovechó una cuerda para maniatar a su captor y fue en busca de una arma.

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Por otro lado, el verdadero Miroku se hallaba en compañía de Menris. Estaban en una callejón, que daba al patio trasero de un gran edificio.

- Según mis investigaciones, tu amiga Sango se encuentra aquí prisionera. - le dijo el encapuchado, sacándo un juego de llaves.

Menris intentó abrir la cerradura con cada una hasta que la puerta cedió.

- ¿Quién ese Gran Artífice y qué quiere de nosotros? - le preguntó el monje.

- No lo sé exactamente... Verás... - Menris abrió y los dos entraron dentro. - Yo estaba a las órdenes de un jefe de pacotilla que se llamaba Hihehe. A éste lo había contratado el Gran Artífice. Éste tipo... - él cerró el puño con fuerza. - Me debe una... por esclavizar a esta isla.

- ¿Cómo? - exclamó el monje sorprendido. "¿Esclavizar? Yo no he visto tal cosa, de hecho Lewis-san y Luca-chan parecían bastante contentos..."

- La trata cómo si fuera de su propiedad y se queda con lo que quiere. Hace pagar unas tasas altísimas para entrar en la isla y los comerciantes ya no vienen. Nos estamos quedando en la miseria.

Miroku no dijo nada, estaba sumido en sus pensamientos. Se hallaban en un pasillo bastante oscuro y no había nadie.

- Seguramente estará en las mazmorras. - dijo Menris, tomando un giro a la derecha. - Yo nunca lo he visto y no sé qué tiene que ver con vosotros. Pero sí sé que podría ser nuestra oportunidad para acabar con su control.

- Vaya, vaya... - comentó Miroku, "Esto es muy complicado... Pero pienso que saldremos de esta. Ojalá pueda reunirme con los chicos y Sango-chan lo antes posible".

Oyeron unas voces que se acercaban y se apresuraron a encontrar un sitio dónde esconderse, en una hornacina detrás de una estatua.

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- ¡Cuidado Kagome!- exclamó Inuyasha. Ella fue rápida y saltó de lugar antes de que Clot hiciera un pozo debajo de ella. "Esas frutas del diablo son un fastidio. Aunque no tanto cómo algunos demonios que hemos enfrentado..." pensaba ella, preparando un disparo.

Estaban en un conjunto de calles, intentando no caer en los hoyos. Clot, por su parte se lo estaba pasando en grande. Era como el juego del topo.

Inuyasha saltó hacia él.

- ¡Garras de hierro! - exclamó.

- ¡Tunelo Spaco! - un agujero brillante apareció debajo de Clot y él desapareció.

- ¡Otra vez el mismo truco! - dijo Inuyasha furioso. - Kagome, pon atención, puede aparecer en cualquier sitio.

- ¡Si! - ella afirmó, manteniendo el arco tensado. Pero el agujero brillante apareció debajo de la chica esta vez. Ella corrió a colocarse en otro lado.

Pero el agujero brillante se movió dónde ella de nuevo.

- ¡Pero deja de seguirme! - gritó ella corriendo de nuevo.

- ¡Maldito cobarde! - gruñó el semi-demonio, que habia sacado ya a Tessaiga. "Acabaré con él de un golpe", pensaba él.

Pero Kagome seguía corriendo de un lado a otro perseguida de aquel círculo de luz.

- ¡¿Pero quieres parar ya?! - decía ella resoplando. Inuyasha fue a su encuentro y la subió al tejado de una casa cercana.

- No creo que debamos estar juntos... - dijo él. - Se le hace más fácil atacarnos.

- Vale... - dijo ella recuperando el aliento. Se alejó unos pasos de su compañero, cuando el techo debajo de el hanyou se quebró. Por suerte ella todavía estaba cerca y pudo agarrar a Inuyasha antes de que cayera.

En ese momento escucharon la voz de Clot.

- ¡Ya os tengo! - exclamó el señor bajito. Pero otro ataque le interrumpió.

- ¡Gomu gomu no...Jet Pistol!- dijo alguien alcanzando a Clot.

- ¡Luffy! ¡Qué oportuno! - exclamaron Inuyasha y Kagome.

- ¿Qué haces aquí? - dijo rabiando el secuaz de el Gran Artífice. - ¿No te habías quedado en el almacén?

- ¿¡Eeh!? ¡Pero si tú eres el que me dió la comida!

- ¿Qué? - los dos "extraterrestres" no entendían nada. "¿De qué están hablando?"

- ¡Luffy! ¡No es el momento! ¡Ten cuidado con él! - le gritó Kagome.

El Capitán se serenó y su semblante se ensombreció.

- ¿Así que eres tú el que ha estado molestando a Orejas-de-perro y a Kagome?

- Bueno, si lo pones así... - admitió Clot. - Sí, pero deberías tener en cuenta que no era tú asunto Sombrero de Paja.

- Pero ahora lo es. Porque son mis nakamas. - Luffy resopló pofundamente y Clot se levantó lentamente.

- ¡Pues sufrirás el mismo destino que ellos! - exclamó el señor bajito y gordo. - ¡Tunelo Positio! - le dirigió el ataque a los pies de su atacante pero Luffy saltó y estirando un brazo se agarró de una chimenea mientras que la otra alcanzaba a Clot.

Inuyasha aprovechó que el hombre venía hacia él para dirigirle su ataque.

- ¡Kaze no kizu! - pero Clot reaccionó rápido al ver los rayos brillantes que se dirigían hacia él.

- ¡Positio Tunelo! - para el asombro de todos, él creó una esfera brillante cómo la luna llena, ¡en pleno aire!

- ¡Es increíble! ¿Cómo puede hacer eso? - se preguntó Kagome con la boca abierta.

Inuyasha cayó cerca de Luffy.

-¡Mierda! ¡Se me ha escapado otra vez! - rugió el semi-demonio.

- No te preocupes, ahora lo cogeremos...

Kagome tenía el arco tensado y vigilaba a su alrededor. Pero las miradas alertadas de sus compañeros le indicaron que el enemigo estaba detrás. Luffy se propulsó a él y a Inuyasha hacia el tejado dónde estaba la chica.

Ella se giró rápidamente. "Si es un usuario quizás mis flechas purificadoras puedan con él!", pensaba.

- ¡Ya te tenemos! - exclamaron los dos chicos saltando sobre él.

Kagome disparó y entonces una luz cegadora los envolvió a todos. Ella no escuchaba ni veía nada. "¿Dónde están Inuyasha y Luffy? ¿Qué ha pasado?..." Era una atmósfera pesada y notaba el viento en la cara.

- ¡Inuyasha! - gritó.

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¡Fin! Espero que os guste! En principio iba a dejarlo en 7 páginas pero no me quedaba "redondo".

¿ Os ha parecido complicado de leer con tantos saltos de escena?

¿Y qué tal las escenas de acción? ^^; , no son lo mío...

Y siento hacer sufrir tanto a Sango, la pobre... :(

Otra cosa: he empezado las clases así que quizás tarde más en hacer el próximo capítulo...

¡No os olvideis de comentar!