Helou! Aquí os dejo sin más demora el cap 12. Espero que lo disfruteis!
Ni One Piece ni Inuyasha me pertenecen.
Kagome disparó y entonces una luz cegadora los envolvió a todos. Ella no escuchaba ni veía nada. "¿Dónde están Inuyasha y Luffy? ¿Qué ha pasado?..." Era una atmósfera pesada y notaba el viento en la cara.
- ¡Inuyasha! - gritó.
La luz brillante se apagó y por fin vió Kagome dónde ses encontraba: una gran sala con baldosas relucientes y columnatas a cada lado.
- ¿Estáis bien? - preguntó la chica a sus dos amigos que aparecieron a su lado.
- Sí, si. - sonrió Luffy, estirándose y dando un vistazo a su alrededor. - ¡Qué pasada! ¿Dónde estamos?
- ¿Y dónde está ese tipo? - reaccionó de repente Inuyasha.
Kagome se dio la vuelta rápidamente para localizarlo a sus espaldas.
Clot estaba sentado en el suelo, resoplando y mirándolos fijamente.
- ¿Por qué nos has enviado aquí, maldito? - Inuyasha le apuntó con la espada.
"¿Acaso no es obvio? Éste es cómo su guarida, está claro que conoce este sitio a la perfección...", pensó Kagome tomando una flecha de su carcaj.
Inuyasha, al no recibir respuesta del tipo bajito, salió disparado hacia él, dispuesto a borrar de su cara esa expresión de victoria.
- Positio Tunelo. - dijo, y reapareció en otro sitio. Pero Luffy, rápido como el rayo, lo recibió con un buen golpe que lo mando volando a través de la habitación.
Inuyasha sonrió. "Bien dado", pensó.
-¿Dónde están Sango y Miroku? - le preguntó aprovechando que Clot estaba controlado.
El hombre bajito se encogió de hombros pero mostró una sonrisa sospechosa. El semi-demonio sentía cómo empezaba a arder por dentro. Quería pasar a la acción ya, despedazarlo, vencerlo, borrarle de la cara esa sonrisa.
- Eso ya no os tiene que preocupar... - empezó a decir.
- ¡Los nakamas nunca dejarán de importar! - le interrumpió el capitán pirata. Luffy avanzó un paso al frente, despidiendo vapor y tornándose de un color rojizo.
Kagome asintió y tensando el arco apuntó a Clot con el arco.
- Mis poderes anulaban los poderes de la fruta del diablo, ¿verdad? - preguntó con discreción la chica, imbuyendo sus poderes purificadores en el arma.
Su compañero asintió.
- Te lo dejaremos a punto... -sonrió maliciosamente el demonio de pelo blanco.
Luffy y Inuyasha, sin decirse una palabra se lanzaron hacia Clot. Éste apenas pudo esquivarlos y provocó un túnel para escapar.
Apareció en el lado contrario de la sala, algo que la chica estaba esperando.
Una flecha le pasó rozando al desprevenido Clot, que se tambaleó. Kagome hizo una mueca y apuntó de nuevo, pero esta vez el adversario movió ficha primero.
- ¡Positio Tunelo! - exclamó.
Todos se quedaron esperando a que apareciera pero Luffy, cómo siguiendo su instinto, estiró el brazo hacia atrás y propulsó un puñetazo a un sitio vacío. En ese preciso instante Clot aparecía en ese mismo lugar. Del golpe el enemigo bajito escupió sangre y fue a parar a la pared de la sala. Las paredes temblaron.
Kagome e Inuyasha no pudieron sinó alegrarse por ese buen golpe pero... ¿Cómo había sabido Luffy que iba a materializarse ahí?
- ¡Ahora! ¡Viento Cortante! - el ataque de Inuyasha salió dirigido hacia la pared dónde había caído Clot. Los muros se rajaron y se rompieron, expulsando piedras y polvo hacia todos los lados.
Kagome se agachó y se cubrió la cara con los brazos. "¡Pero que nos va a caer esto encima!"
- ¡Ten cuidado! - le reprimió la chica. - Nos podrías haber dado... Y ya verás que aprovechará esa nube de polvo para escapar... - comentó por lo bajo.
- Está todavía allí. - sonrió Luffy.
Kagome daba vueltas sobre sí misma, tensa, esperando a que apareciera de nuevo. Un círculo de luz se formó bajo sus pies.
- ¡Kagome! - le avisó el semi-demonio corriendo hacia ella. Saltó a tiempo para cogerla en brazos y dejarla en un lugar seguro.
Luffy saltó dentro del círculo.
- ¡Ahora verás! - dijo el capitán.
-¿¡Pero qué haces!? - le gritaron los dos compañeros. "¡Este chico nunca piensa antes de actuar!", Kagome se mordió el labio inferior, nerviosa.
- ¡Se ha metido de bruces en su trampa! - exclamó la chica. "¡A saber dónde ira a parar! No nos convenía separarnos más!"
- Pues espero que le de una buena tunda. - comentó el demonio sonriendo maliciosamente. Kagome cerró los puños. "¡Qué panda de inconscientes!"
De repente escucharon un grito y un círculo de luz se abrió por encima de sus cabezas vomitando a Luffy que sonreía ampliamente, llevando unos jirones de ropa.
- ¿Y Clot? - preguntó Inuyasha, sujetando a Tessaiga ansioso por atacar.
Kagome y el semi-demonio corrieron a su encuentro.
- ¡ Lo tengo aquí! - dijo alzando las prendas. - ¡¿Eh?! - exclamó cuando se dio cuenta que sólo llevaba su chaqueta.
- De verdad que... - resopló la chica, sin darse cuenta de que el personaje bajito surgía detrás de ella.
- ¡Ahí estás! - dijo alertado el pirata estirando su brazo hacia la posición de Kagome.
Pero fue demasiado tarde, Clot había agarrado la chica y esta, desprevenida dejó escapar un grito cuando alguien la agarró de una pierna.
- ¡Tunelo Spaco! - exclamó el adversario. Y se desplomó sobre el suelo. - ¿Qué me pasa? ¿Por qué...? - Clot sintió que se debilitaba cómo si hubiera tocado una piedra del fondo del mar.
En aquel preciso instante Luffy se catapultaba hacia los dos.
- ¡Luffy! ¡Cuidado! - gritó la chica, no pudiendo evitar el choque.
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En el Sunny:
- Franky, Franky! - Chopper llamaba al cyborg sin dejar de mirar a través de un catalejo.
- ¿Qué pasa? - contestó su nakama desde el puente de mando.
- ¡Algo se acerca volando!
- ¿Cómo? - exclamó el sorprendido Franky. - ¿No será el News Coo, no? - se levantó y se acercó al reno.
- No, ¡mira! - Chopper le tendió la lente.
A través del catalejo Franky vió un personaje de los más extraño. No alcanzaba a ver las facciones y detalles pero sí podía ver que llevaba ropas blancas y una especie de bufanda ondeando al viento.
- ¿Pero quién es ese? - se preguntó el cyborg. "Debe ser un usuario... Pero, ¿por qué se dirige hacia nosotros? ¿Acaso quiere atacarnos?". Una de las enormes bolas que tenía en los hombros hizo un ruido mecánico.
-¡¿Pero qué haces?! - le reprimió el doctor, muy nervioso. - ¿Y si es uno de los amigos de Inuyasha y Kagome?
- Mm... no sé... - murmuró Franky con desconfianza. "Hay que estar preparado para lo imprevisible en este mar". Volvió a mirar a través del catalejo.
- ¿Qué hacemos? - Chopper se puso las patas en la cabeza. - ¿Avisamos a Kagome y a..?
- ¡Au! - exclamó sorprendido el peli-azul.
-¿Qué pasa, qué pasa? - el reno alzó las pezuñas para que su compañero le dejase mirar.
- Le encuentro cierto parecido a Orejas-de-Perro... Bueno, los dos tienen el pelo blanco...
- ¡Sí los conoce, querrá saber dónde se encuentran! - dijo Chopper. - ¡Voy a llamarlos!
- Ok. - asintió Franky vigilando al personaje.
El reno fue rápidamente a por un den-den mushi y llamó a Robin. Le explicó brevemente el problema y cuand Robin le dijo que habían perdido a Kagome, Inuyasha y Luffy, Chopper perdió los estribos.
- ¿¡Quée?! ¿Qué vamos a hacer ahora? - se puso a dar vueltas para intentar calmarse.
- ¿Qué pasa Chopper-bro? - le preguntó el cyborg, aunque ya lo sospechaba.
- ¡Han perdido de vista a Kagome, Inuyasha y Luffy! - exclamó preocupadísimo el doctor, que miraba la figura que se acercaba.
- ¡Eh, eh! ¡Tú! - le llamó Franky.
- ¿Vas a llamarlo al final? - Chopper se repuso del susto y empezó a hacer señas. - ¡Aquí, aquí!
El hombre de largo pelo blanco y ropa también del mismo color ni se molestó en contestar. En cambio, se limitó a dirigirles una mirada airada y profunda, cómo si estuviera estudiándolos.
Pareció pensárselo y al final, se posó elegantemente en el tejado del nido del cuervo.
Chopper se quedó temblando y Franky apretó la mandíbula. "Vamos a ver de qué va este..."
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Sango salía ya del cuarto dónde había encerrado al mago de las ilusiones.
-Por lo menos se quedará un buen rato allí encerrado. - murmuró victoriosa. En ese almacén se había hecho con una lanza vieja y un cuchillo. "Esperaba otra cosa, pero desde luego, es lo mejor que he podido encontrar." Echaba de menos su bumerán pero debido a su entrenamiento en su aldea natal, sabría aprovechar la lanza.
Salió corriendo de allí y después de unos pocos minutos se encontró en el mismo sitio.
- Me habré despistado. Esto es cómo un laberinto. - se dijo intentando no ponerse más nerviosa. Y esa vez ensayó con otra ruta diferente.
Pero para su desesperación terminó de nuevo en frente de la misma puerta.
Se puso en guardia. "Esto debe ser cosa de Jospejo...", pensó. "¿Se ha soltado de las ataduras?"
Avanzó unos cuantos pasos y sus pies tropezaron con un bloque. Se reincorporó rápidamente. "¡Pero si no hay escalones por aquí!", pero al alzar la vista vio que ante ella se alzaba una escalinata.
- Ya veo... Estaba usando otra vez sus ilusiones. Pero sólo con tocarlas desaparecen... - sonrió y puso la lanza por delante, cómo de bastón.
"¿Por dónde empiezo a buscar a Miroku-sama?", hizo una mueca. "¿En las mazmorras? Allí no había más gente a parte de el falso monje y yo misma..."
- Quizás ni siquiera esté en el palacio... - murmuró pasándose la mano por la nuca y suspirando profundamente. - Tendré que sacarle algunas cosas a ese Jospejo...
Volvió hacia atrás, usando la lanza para deshacer las ilusiones a su paso.
Después de unos instantes intentado recordar por dónde había ido antes, se encontró de bruces con un pasillo sin salida.
"¡Bah! Es otra ilusión.", pensó Sango confiada, dando un golpe con la palma de la mano.
Hizo una mueca de disgusto cuando se dio con la sólida superficie.
Giró sobre sus talones y se apresuró a salir de aquel lugar sin salida. "¿Dónde estará ese tipo?", viró en una esquina y casi le da un infarto al mirar al suelo.
¡Un abismo! Una brecha insondable se hallaba justo al filo de sus pies. Sango trató de mantener el equilibrio. Unas baldosas cayeron rompiéndose contra las angostas paredes.
-¿Pero qué...? - resopló la cazadora. - ¿Otra ilusión? - se acercó con cautela al borde para tocar la fisura. En efecto, era cómo un trampantojo.
"¡Pero qué susto! De verdad creí que me iba a despeñar...", resopló Sango. "Aunque lo único que hubiera pasado es que me hubiera dado un traspiés..."
La chica de pelo largo y castaño continuó su camino decidida a no caer en ninguna trampa más.
Atravesó un bosque de espinas que se convirtieron en simples plantas de interior, en un herrumbroso puente colgante, e incluso un lago ponzoñoso. Pero siempre existía la duda de... ¿Y si? ¿Y sí fueran de verdad?
Se paró un rato a descansar y reflexionar. "¿Dónde estaría ése tipo? Vigilandola seguro..." Escaneó la zona dónde se encontraba, un pasillo con columnas que daba a un patio interior con jardín.
Continuó caminando, segura de que, si al hombre de las ilusiones le convenía atraparla, tarde o temprano se mostraría. Ante ella apareció una verja que ella pasó tan tranquila cómo si fuera una simple cortina. Pero vio que había pecado de seguridad y que un tramo de escaleras se abría ante ella.
Aterrizó de espaldas sobre el duro suelo y aunque le dolía todo el cuerpo se levantó rápidamente. Por suerte la lanza no estaba demasiado lejos y la lanzó con todas sus fuerzas hacía el rellano de las escaleras. ¡Jospejo la había llevado a una mazmorra!
Un aullido le comunicó que había acertado y se apresuró a salir de ahí.
- ¡Maldita seas! - gritaba Jospejo que estaba tirado en el suelo. Una mancha de sangre le cubría la pierna.
La cazadora de demonios saltó ágil a recoger su lanza pero Jospejo fue más rápido y le tiró lejos de sí.
"¿Se cree muy poderoso con sus ilusiones o qué?" pensó Sango, sacando el cuchillo, tirándose a por él. El enemigo puso sus manos en el suelo y exclamó unas palabras extrañas.
- ¡PaindreKubeIlusion! - el suelo se cubrió de una sustancia azulada. Sango observó cómo no era peligroso y no le hizo caso hasta que ambos estaban atrapados en un cubo azul.
Entonces todo empezó a dar vueltas y Sango se desplomó al suelo. Con los ojos muy abiertos intentaba equilibrarse pero era en vano. Ponía un pie en el suelo y caía al suelo. Y muy bien sabía que el suelo era plano y que aquel juego de luces era una tontería. Pero... ¡era cómo si sus propios sentidos la estuvieran traicionando!
Por otra parte, Jospejo no paraba de girar a su alrededor, riéndose. "¿Pero... no estaba él tendido en el suelo?"
Sango se acercó a rastras, dudando si a cada paso estaría el suelo en el mismo lugar. Cerró los ojos,y, paradójicamente, lo vio todo más claro.
Algo la cogió por el tobillo y ella se giró sobre su espalda y le propinó una patada a quien fuera ese. "¡Ahí está! ¡No lo dejaré escapar esta vez!"
Pero cuando gateó hasta el lugar no palpó nada.
- Mírate, arrastrándote por el suelo. - la voz habló en frente de ella. - ¿Y crees que cerrando los ojos lo vas a arreglar? - Sango sintió el tono de burla en su voz e hizo una mueca.
- Es mejor que verte la cara. - murmuró ella quedándose quieta, concentrándose.
Jospejo se rió por lo bajo y añadió:
- Aunque cierres los ojos todavía puedes ver mil sombras y luces que bailan a tu alrededor... - su tono se volvió más serio y seguro. - Tu mente está confusa. No sabes dónde estás. ¿Por qué estás aquí?
"¡No lo escuches!", se dijo la chica a sí misma.
- ¡Cállate! - exclamó ella tanteando por el suelo. "O mejor sigue hablando, así sabré dónde estás..."
Él se rió y continuó hablando de lo poco que valía Sango y que no podría hacer nada en su estado. Ella se hacía la loca y se puso de cuclillas. De repente saltó cómo un tigre y cayó sobre su presa.
- ¡Uagh! - exclamó Jospejo y la golpeó con algo en las costillas. Pero la cazadora fue directa al cuello cogiéndole de la ropa. Aún tenía los ojos cerrados y se puso encima de él para aprisionarle con la rodilla. Él la cogió de los hombros y la echó para un lado.
Sango abrió los ojos durante un instante pero...¡estaba peleando con la nada! Seguramente se había convertido en parte de su misma ilusión y volvió a cerrar los ojos. Así dejaba de ver algo que no era la realidad y dejaba actuar a sus otros sentidos.
Oyó un ruido de madera chocar contra el suelo. "¿Ha cogido la lanza?", pensó alertada. Rodó dándole la espalda a Jospejo, manteniendo su brazo izquierdo bajo su peso y dando patadas hacia atrás. "Debo darle una patada en la herida", pensó la chica. Pero también le preocupaba que hubiese cogido la lanza y cogió rápidamente su cuchillo.
- Quieto. - le dijo ella fría y amenazadoramente. Jospejo sintió el frío metal el el cuello.
Su brazo derecho había cogido la lanza por el sitio que no era y entre que la chica le estaba dando patadas y tenía que girar la lanza... "Esto no me lo va a perdonar...", pensó el ilusionista tragando saliva.
- Para la ilusión. - dijo ella. ¡Tenía ganas de abrir los ojos ya!
- ¿De verdad quieres...? - empezó a decir. Sango empujó todavía más el cuchillo contra su garganta. - Ahora somos invisibles a los demás y estamos rodeados de guardias. Si no quieres que se te echen encima...
La chica se reincorporó sin dejar de soltar a Jospejo y se sentó encima de su pecho.
- ¿Crees que soy tonta? - le dijo sarcástica.
- Mira. - Jospejo intentó mover una mano pero la chica lo impidió.
- ¡Quieto! - le ordenó. El usuario puso cara de inocente y Sango vio cómo se abría una brecha en el cubo oscuro.
En el fondo del pasillo se hallaban dos guardias hablando. "Va a tener razón al final...", se dijo ella con disgusto, "pero... ¡un momento! No nos verán pero ¿podrán oírnos?"
- ¡Eh, eh!¡Vosotros, los guardias! - les gritó, fijándose en la expresión de Jospejo. En su rostro captó una sutil sorpresa y miedo, después reemplazó por una de socarronería. Los guardias reaccionaron demasiado tarde.
- Son ilusiones tuyas, ¿no? - le preguntó la cazadora con una sonrisa de confianza.
- ¡Que va! - intentó mentir Jospejo.
- ¿Dónde está el monje? - le dijo ella apretando el cuchillo contra su garganta.
- No lo sabemos. - el hombre estaba sudando a mares. "Debería haber trabajado con Lolo en esto. ¿Dónde se ha metido ese estúpido?"
Sango estaba furiosa. "¡¿Todo este montaje para nada?!", sujetó a Jospejo por el cuello y le dio un puñetazo en la cara.
- ¡No te creo! - le gritó todavía más enfadada. Se rehusaba a creerle. ¿Habían montado ese teatro sin tener ni siquiera la pieza clave?
- Poz ez vedad. - dijo el hombre magullado. Sango suspiró profundamente e intentó calmarse.
- ¿Quién está detrás de todo esto? - "Esta vez no le voy a dejar escapar tan fácilmente".
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En el pueblo.
- ¡Robin-chwan! - exclamó una melodiosa voz acercádose a la arqueóloga a toda velocidad. - ¿Estás bien? Espero que no te haya pasado nada... - dijo el rubio dirigiéndole una mirada acusadora al espadachín.
- Buen trabajo estabas haciendo, perdiéndote por ahí. - murmuró éste.
- ¿Cómo dices? - el cocinero ya se había picado.
- Vamos, vamos... Dejáos de tonterías... - dijo la navegante. - ¿Cuál es la situación?
- Hemos llegado dónde supuestamente se encontraban Kagome y Orejas-de-Perro-kun. - Robin explicó vagamente y con un tono sombrío.
-¿Y?- preguntó Usopp temeroso. La zona estaba en ruinas. Había un par de agujeros y una de las casas circundantes estaba destruida. "¿Otra vez estos agujeros misteriosos?" , pensó el francotirador.
- ¡Han desaparecido de repente! - continuó Shippo. - No hay rastro de su olor que salga de aquí. Es cómo si los hubiera cogido un pájaro gigante y se los hubiera llevado muy lejos.
- ¡No digas esas cosas! - le riñó Usopp. - ¿Os acordáis cómo desaparecieron los tipos que pelearon contra Inuyasha en la otra isla?
Robin puso la mano bajo su mentón.
- Sin duda se trata de las mismas personas...
- ¡Kagome-chan espero que estés bien! ¡Enseguida llegaré para salvarte! - murmuraba el cocinero, mirando hacia todos los lados. De un salto subió al tejado de una casa de al lado.
- ¿Y dónde se los habrán llevado? - Nami puso en palabras lo que todos estaban pensando.
- Querida Nami-swan... Creo que tengo la respuesta... - Sanji les llamó la atención señalando un edificio bastante grande.
- ¡Vamos a rescatarte Kagome! - gritó Shippo. El espadachín hizo una mueca.
- No me grites a los oídos. - le replicó éste. El pequeño zorro todavía iba a espaldas de Zoro.
Todos emprendieron corriendo el camino hacia ese gran edificio.
- Nami-san... ahora que pienso...Franky y Chopper deben estar solos en el barco y... - comentó Brook corriendo junto a la chica.
- ¡Es verdad! - le dijo la navengante. - Por no mencionar a Luffy, que anda perdido por ahí. ¡Llamaré al Sunny para informarles de lo que está pasando! - dijo ella mientras se ponía un mini den-den mushi a la altura de la boca.
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En las mazmorras del palacio.
- No hay ningún prisionero aquí. - observó Miroku, que se limpiaba los ropajes. Menris y él se habían encontrado con un par de guardias y habían tenido una pequeña escaramuza. Nada importante.
- Pero aquí sí que había alguien... ¡Mira eso! - Menris le llamó la atención una especie de cetro dorado que había en una celda. - Me suena de haberlo visto antes...
- ¡Eso es mío! - exclamó el monje.
"¿Qué? Me acuerdo de verlo en la casa del señor Martre... pero ¿por qué lo han traído hasta aquí?", se preguntó el encapuchado intrigado. Miroku se apoyó en la puerta y ésta se abrió para su sorpresa.
Una vez recuperado el cetro, que también era una arma útil, se encaminó hacia la salida.
- La cerradura ha sido forzada. - dijo Menris, quedándose en el lugar. - … Desde fuera. Había alguien más.
Miroku puso cara de sorprendido y retrocedió, dispuesto a investigar un poco más.
- Es verdad. Aquí hay otra celda abierta y unos pedazos de cuerda rotos. - dije el monje entrando en otro cubículo.
- Quizás se trate de tu compañera. - propuso Menris. Él ya se había dado cuenta de que el monje tenía muchas ganas de verla sana y salva.
- Sí, ella haría algo así... - sonrió éste, continuando el camino hacia el piso superior. - Debe haber seguido por aquí.
Menris le siguió con su saco a cuestas. "Todo va bastante bien...", pensó él animado.
Pasaron por lo que parecía una oficina de guardias, vacía. Unos ruidos llamaron la atención del encapuchado. ¿Alguien está rascando algo?
- Espera... - le dijo a su acompañante. - He oído algo ahí dentro.
Miroku se volvió hacia él y le siguió. Al fondo de la habitación había una puerta barrada, detrás de la cual se oían rasguños y gruñidos. Los dos hombres se miraron confundidos. "¿Tienen a un perro ahí dentro?", pensó Miroku, y se acercó para escuchar mejor.
Los ruidos pararon por un rato y se oyó un maullido lastimoso.
- ¡Abre esa puerta! - exclamó el monje de repente. "¡¿Y si fuera Kirara?!"
- Vale, vale... - murmuró Menris. El animal parecía inquieto ahora y empujaba la puerta. Al retirar las barras la puerta se abrió y un animal peludo y enorme saltó encima de Miroku, tumbándolo.
- ¡Ei! ¡Hola Kirara! - saludó entre lametazos.
- Qué es eso... - dijo el encapuchado alejándose. Kirara tenía su forma gigantesca y parecía que se iba a comer al monje.
La gata redució su tamaño y se acurrucó en la barriga del monje, soltando maullidos tristes.
- ¿Echas de menos a tu amiga, eh? - le susurró Miroku acariciándola. "To también tengo ganas de verla..." - Venga, vamos a buscarla.
El monje llevó al animal en brazos, estaba exhausto y tenía alguna herida en las patas. "A tí también te encerraron... ten por seguro de que lo van a pagar..."
- Pero qué es eso... - seguía repitiendo Menris por detrás.
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El gran demonio perro se hallaba en el nido del cuervo del Sunny. "¿Quiénes són estos inconscientes?", pensó él observándolos atentamente. Pero ya que estaba en otro lugar, quizás otro mundo, le convenía reunir información. "Veamos..."
El pequeño animal, que tenía cierto olor a demonio estaba muy nervioso, con el miedo a flor de piel. Su compañero resultó curioso a Sesshomaru. "¿Qué era aquello? No es un demonio, ni un ser humano normal..." Éste lo miraba con desconfianza, con una postura defensiva.
"Más les vale hablar ahora, no tengo tiempo para tonterías..." Y ya estaba dispuesto a hacerles pagar su atrevimiento con un movimiento de espada pero entonces se decidieron a hablar.
- Oi, ¿conoces a un tal Inuyasha? - preguntó el extraño ser humano.
A Sesshomaru no le hacía gracia ir buscando a su "hermano" por ahí. Con siquiera oír su nombre... Era despreciable, aquella abominación.
- Sí. - dijo el personaje sobre el Sunny. - ¿Sabéis dónde se encuentra?
Los dos extraños seres intercambiaron unos cuchicheos que el señor Sesshomaru pudo oír debido a su extraordinario oído.
- Pues al final resulta que sí...
- ¿Y si es un enemigo?
- ¿Quieres que se lo pregunte?
-¡No, no! ¿Cómo lo averiguamos?
- Así que sois amigos... - y dijo "amigos" con un ligero tono de sarcasmo. - de... Inuyasha.
El hombre cubierto de metal y el demonio menor se le quedaron mirando. No inspiraba mucha confianza ése tipo.
- Sí. - dijo el peli-azul. - ¿Y tú quién eres?
- Soy su... - hizo una pausa. - ... hermano. - a Sesshomaru le costó decir eso. Lo era al fin y al cabo, pero... que insulto era para la estirpe...
Las dos criaturas en la cubierta del barco se relajaron.
-Ah, ¡pues que alivio! - dijo el animal. - ¡Pensábamos que eras un enemigo!
- ¡Qué súper coincidencia! Aunque no os parecéis mucho... - comentó el peli-azul.
Desde que se había parado a atender a aquellos dos, no había avanzado mucho en su búsqueda. "Parece que ese hanyou sólo se junta con inútiles".
Justo en aquel momento se oyó el ruido del den den mushi. El hombre de metal corrió a cogerlo y regresó anunciando que el resto de los Sombrero de Paja iban hacia el palacio dónde se hallaban (supuestamente) Inuyasha, Kagome y Luffy.
"¿También está esa humana?", pensó Sesshomaru alzando el vuelo, ya que tenía lo que quería.
- ¡Eh! ¿A dónde vas? - le avisó Chopper, pero el demonio lo ignoró. - ¡Todavía no sabemos dónde están exactamente!
- Déjalo... Estará preocupado por su hermano... - Franky se encogió de hombros sonriendo. Pero la verdad es que ese tipo no inspiraba tranquilidad.
- ¿Y ahora qué hacemos? - preguntó el reno.
- Nami dijo que se ocuparían de todo ellos y que si pasaba algo que avisáramos. - Franky se pasó la mano por la cabellera. - Pero no hay de qué preocuparse por el Sunny, esto está bastante tranquilo.
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-Ouch, que daño... - musitaba Kagome reincorporándose. A su lado estaban Clot y Luffy, ambos debilitados por la habilidad de la chica. - Os está bien empleado...
- ¿Estás bien, Kagome? - Inuyasha se acercó guardando la espada pero cauteloso. La chica asintió y cogió al hombre bajito de la muñeca, para más seguridad.
- ¿Y ahora dónde estamos? - dijo un Luffy desorientado.
- No hemos dejado la sala, Luffy... - "Tanto túnel lo ha dejado turulato...", pensó la chica sonriendo.
El chico del sombrero de paja se estiró y hizo un bostezo. Ya le estaba entrando hambre.
- ¿Ahora ya os podréis ir a casa? - preguntó, poniendo una cara triste.
- No creo, - respondió Inuyasha, - Creo que se oculta algo más...
- ¿Pero qué...? - musitó Clot, confundido. Les dirigió una mirada de odio. - ¡Así que teníais esposas de Kairouseki!
Los tres negaron con la cabeza y sonrieron al ver la cara del enemigo derrotado.
- Ahora... - Inuyasha se acercó poniendo su sonrisa más amenazadora que pudo.
Pero un golpe al fondo de la sala les llamó a todos la atención.
Una persona acababa de abrir el gran portón que daba a la sala, visiblemente enfadado. Luffy frunció el ceño. Inuyasha y Kagome no podían ni respirar. Esa persona les era muy, muy conocida. El semi-demonio sentía cómo le empezaba a hervir la sangre.
- Naraku... - farfulló Kagome con la mirada perdida. "¿Está él detrás de todo esto? ¿Cómo es posible?", la chica notaba un peso en el pecho, había perdido la emoción de la victoria en un segundo.
- ¡Nohato-sama! - exclamó Clot débilmente.
-¡¿Nohato?! - Inuyasha y Kagome abrieron los ojos cómo platos. "¿Ése es Nohato?"
El hombre que había aparecido por la puerta era alto, de tez blanca y llevaba el pelo largo recogido en una coleta. Sus facciones eran finas y sus ojos oscuros parecían reflejar sus malvadas intenciones. No era Naraku, pero... ¿Por qué les resultaba tan familiar? ¿Era su presencia? Había algo oscuro en él...
Inuyasha se puso en guardia y sacó su espada.
- ¿Quién eres?
- Mi servidor ya te lo ha dicho. - dijo el personaje rápidamente, avanzando hacia ellos. - ¡Clot! ¡Eres un incompetente! - siguió avanzando furioso hacia él, cómo si ya no importara todo lo demás.
Kagome observó que Clot quería escabullirse, pero lo mantuvo sujeto.
De repente Nohato alargó los brazos que empezaron a agrandarse y a tomar un color verdoso. Parecían raíces...
Inuyasha intercambió una rápida mirada con Kagome y ambos supieron qué quería decir el otro. La miko sentía una débil presencia demoníaca viniendo de él. La misma que en Luffy o en Clot. Era un usuario y no un semi-demonio, ¿pero por qué compartía tantas características con Naraku? La chica se levantó cogiendo a Clot del brazo y se alejó del lugar. ¡No podía dejarlo, sinó les jugaría una mala pasada!
Por el rabillo del ojo vió a Inuyasha intentando esquivar las raíces mientras las cortaba con Tessaiga. Luffy se movía tan rápido que la chica casi no podía verlo. Atacaba aquí y allá, con rabia, pero Nohato se recuperaba regenerando más corteza.
El personaje parecía un árbol. A sus pies se extendían raíces que actuaban cómo tentáculos. Desde su posición podía controlar a Inuyasha y a Luffy.
- ¡Gomu gomu no Giganto Pistol! - exclamó Luffy. El árbol que era Nohato se deshizo en parte por el golpe y se tumbó hacia un lado. Ahora parecía un pulpo indefenso en tierra.
Kagome observó que intentaba sujetarse al suelo, pero este era resbaladizo por las baldosas. "¡Si enraíza quizás sea más fácil derrotarlo!", pensó Kagome. "Le restará movilidad..." pensó ella mientras se ponía a salvo de los trozos de árbol y escombros que caían a su alrededor.
"Yo de momento no puedo hacer nada...", suspiró ella mirando al tipo bajito. Estaba bastante compungido.
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Sango se estiró, haciendo sonar los huesos de sus hombros. Se sentía mejor ahora que todo iba cobrando sentido. Miró a Jospejo por última vez antes de continuar su camino.
Éste estaba tirado en un rincón, inconsciente, maniatado de pies y manos y con una mordaza. "A ver si así no se escapa..."
- Por lo que le he podido sacar... Todo esto lo ha planeado un tal "Gran Artífice Nohato", que nos considera sus enemigos... ¿Será un antiguo contrincante de Inuyasha y Kagome? ¿Estarán ellos aquí también? Eso creí entender. - Sango apretó los puños con determinación. - ¡Vamos en su busca!
Ahora los pasillos le eran más fáciles y reconocibles, tantas vueltas que había dado al palacio. Tuvo que esconderse varias veces de los guardias que deambulaban por ahí y en una ocasión recurrir a la fuerza. Nada difícil para la chica acostumbrada a tratar a demonios.
Al doblar una esquina y empezar a bajar unas escaleras, oyó unas voces y se escondió detrás de una columna. Otro sonido le llamó la atención.
- ¿Podrías hacer que el gato se calle de una vez? ¡Nos van a descubrir! - murmuró una voz. Una serie de maullidos le siguieron.
- ¡Kirara! - exclamó sin pensarlo, Sango, abalanzándose escaleras abajo. ¡Se enfrentaría a cualquiera que retuviese a su querida amiga!
Al distinguir entre las sombras a una figura conocida, le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. Y tan sólo un segundo dudó de que fuera realmente él. Pero... Kirara estaba con él así que...
- ¡Miroku-sama! ¡Kirara! - exclamó desbordante de alegría.
- ¡Eh! - exclamó otro hombre que iba con ellos.
- ¡Sango-chan! - Miroku la recibió en un fuerte abrazo.
- ¿Cómo estáis? ¡Me alegro tanto de veros! - Sango sintió el pelaje suave de Kirara en su hombro y hundió la cara en el pecho del monje. Se acordaba de cuando había pensado que lo perdía y estuvo a punto de soltar unas lágrimas.
- ¡Te estábamos buscando! - dijo su compañero. - ¡Sabía que te habías escapado de la mazmorra! - fiel a su costumbre el monje aprovechó la oportunidad para tomarse unas libertades con Sango.
- ¿Es que no vas a cambiar nunca? - exclamó ella y un sonoro golpe resonó en todo el hueco de la escalera. "No, no cambiará nunca...", pensó la chica tomando a Kirara en brazos. Miroku mostraba la marca de una mano en su mejilla.
- ¿Y tú quién eres? - señaló al hombre encapuchado. - ¿Cómo habéis llegado hasta aquí?
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- ¡Nueve Fleur: Twist! - pronunció Robin. Con un "crack" el último soldado cayó al suelo.
- Tch. - se quejó el espadachín envainando sus espadas. No había tenido la diversión que esperaba. "Demasiado débiles... Necesito poner en práctica mi entrenamiento".
Robin y Zoro se habían ocupado fácilmente de los guardias del palacio.
- ¡Vía libre! - exclamó Usopp. - No hagais ruido, ¿eh?
- ¡Allá vamos Kagome! - profirió Shippo.
- ¿Qué te he dicho? - le riñó Usopp asomándose al interior con cautela.
- Upps, perdón. - Shippo también miró a través de la obertura. - ¡Pero si no hay nadie! - y se escurrió por debajo de las piernas del francotirador y corrió a través del patio.
De repente se escuchó una voz a través de varios altavoces.
- ¡Intruso!¡Guardias acudan al patio principal!
Usopp se llevó la mano a la cara y dejó escapar un gemido. El espadachín, en cambio, pasó a su lado con ganas de pelea.
- Eh, eh, no te lo quedes todo para tí. - le dijo el cocinero siguiéndolo de cerca.
- ¡Bueno...! Ahora ya no tiene remedio... - Nami se encogió de hombros y se situó detrás de Usopp. - ¡Vamos a salvarte Kagome!
- ¡Oye!¡No te cubras detrás de mí! - exclamó el francotirador.
Shippo se había quedado quieto en medio del patio, un poco avergonzado. "Que metedura de pata..."
- ¡Guardias! ¡Defended la entrada! - exclamó un soldado acompañado de unos más. - ¿Sólo somos nosotros? - les susurró.
- Sí. ¡Tenemos a otras unidades atacando al otro intruso! - le contestó otro soldado.
- ¡Da igual! ¡Vamos! - les instó el comandante, intentando mantener la calma.
- ¡Collier Frit! - exclamó el cocinero abriéndose paso mientras el espadachín derribaba a otro de un sablazo.
- ¡Kasuri Uta: Fubuku Giri! - canturreó el esqueleto, dejándo un rastro de hielo en sus oponentes.
Shippo estaba impresionado y en sus ojos aparecían estrellas. "¡Yo también quiero pelear!", se dijo. Puso su atención en algunos soldados que venían de refuerzo.
- ¡Atacad a su retaguardia! - exclamaron, refiriéndose al grupo que se había quedado un poco atrás: Nami, Robin y Usopp.
- ¡Ahora vereis! - exclamó Shippo yendo hacia ellos.
- ¡Shippo-kun! - dijo Robin, mostrándose preocupada. Los niños eran su debilidad y se dispuso a brotar brazos en los atacantes.
- ¡Magia de Zorro: Peonza Gigante! - gritó el zorro sacando de su chaleco dicho juguete. La peonza pilló de improviso a los soldados, que corrieron a apartarse de su camino.
- ¡Vamos que sólo es un juguete! - dijo uno de ellos volviendo a la carga. - ¿Eh? ¿Qué es esa nube negra...? - no tuvo tiempo de decir nada más, un rayo lo electrocutó lo suficiente para que dejara de molestar durante un rato.
-¡Nami! ¿Has hecho tú eso? - preguntó el demonio zorro. - ¡Es genial! Y con un simple palito... - Shippo se acordó de que algunos eran seres humanos normales, aunque poseyeran tales habilidades.
- Eh, eh, no es "un simple palito"... - intervino Usopp. - ¡Es el Sorcery Clima Tact! ¡Ideado originalmente por mí!
- ¡La entrada ya está libre! ¡Vámos! - avisó Nami, cogiéndo al pequeño zorro en brazos.
- ¡No me ignoreis! - un mosqueado Usopp salió corriendo detrás de los demás hacia el palacio.
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He tardado muchísimo, lo sé. ¡Lo siento! Este capítulo ha sido difícil de acabar por estudios y por falta de inspiración... Y Sesshomaru es dificilísimo de escribir. ¡Es tan inexpresivo que no sé cómo describir cómo dice o hace algo! _ Y si os parece que Luffy ha perdido protagonismo en las peleas es porque... se le ha comido la lengua el gato XD. ¡Se me hace raro, pero no sé cómo arreglarlo!
Basta ya de rollos míos, tanto si os ha gustado como si no, hacedmelo saber y comentad!
Y por si no publico antes, ¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo a tod s!
