Capítulo 13. Los lazos que se desatan y los que se unen.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Eiichiro Oda y Rumiko Takahashi.
¡Disfrutad! (≧∇≦)/
-o-o-o-o-o-o-o-
Todos se apresuraron al interior del palacio. Ahora nada les detenía excepto lo desconocido. ¿A la derecha, izquierda, o de frente?
El espadachín no se lo pensó dos veces y siguió todo recto.
-¡¿Te quieres esperar?! - le riñó la navegante. - ¡Te vas a perder!
- Ya, ¿pero hacia dónde vamos? - comentó Usopp que vigilaba a su alrededor.
- Si tardamos mucho puede que Kagome e Inuyasha ya no respiren. - dijo sombría Nico Robin.
Todos dieron un respingo al oír ese comentario. "¿Por qué tiene estas frases tan espeluznantes?", se preguntaron.
-¿Nos tendremos que separar otra vez? - preguntó Brook. - Si los han apresado, los tendrán en las mazmorras.
- Bien. Yo iré por ahí. - avisó Zoro, señalando el camino.
- ¡No lo decidas tú sólo! - le espetó el cocinero. - ¡Deja que aclaremos las cosas primero!
- Ugh... No hay tiempo. - se lamentaba Nami, poniendo el índice sobre la sien. - Iremos todos hacia el centro del edificio y allí nos separaremos en las diferentes plantas.
- ¡Sí, Nami-swan! - dijo alegre el cocinero, pero cambiando el tono inmediatamente. - ¡Moved el culo, que hay que salvar a Kagome-chan! - dirigiéndose a los hombres en el grupo.
-¿Uh? ¿Dónde está Zoro? - dijo de repente Usopp, echando la vista atrás.
Detrás de una columna salieron el zorro y el espadachín, discutiendo.
- Ah... Lo ha atrapado Shippo antes de que se perdiese... - sonrió Usopp, divertido.
Al fin llegaron a una gran puerta blanca.
- Este debe dar a una sala importante con acceso a todos los lados... - comentó Nami por lo bajo.
De repente la puerta estalló hacia fuera, provocando una gran nube de polvo y escombros. El impulso fue tal, que la mayoría del grupo salió despedido unos metros más atrás.
- ¡Yohohoho! Ni que fuera sólo huesos... - exclamó el músico. - Espera... ¡Lo soy!¡Skull Joke!
Una sombra se abalanzó sobre el insospechado músico. Brook pudo ver en los ojos de sus compañeros que nada bueno le esperaba, apretó las mandíbulas para enfrentarlo pero alguien fue más rápido que él.
El espadachín de pelo verde se hallaba bloqueando el ataque del misterioso atacante. Los dos parecían despedir un halo peligroso. Todo se desarrolló muy rápidamente. Al hombre de pelo blanco no le hacía mucha gracia encontrar su camino barrado. Entonces empezó una especie de baile de espadas.
- ¡Hiryuu Kaen! - exclamó Zoro, intentando hacer un espacio entre los dos con el ataque. El adversario se elevó con un salto, evitando el ataque. Zoro sonrió, confiado, y rápidamente recurrió a sus otras dos espadas.
- ¡Tatsu Maki! - un torbellino se formó entre las espadas del pirata, ascendiendo hacia arriba. Miró hacia arriba, y no pudo evitar una exclamación de sorpresa. ¡El hombre estaba levitando en el aire!
De sus dedos se había formado una especie de látigo verde, con el que rechazaba los cortes del torbellino. Zoro apretó los dientes al ver que el adversario se abalanzaba hacia él indemne de su ataque.
- ¡Continuad! Yo me encargo de éste. - exclamó Zoro visiblemente concentrado. "Un adversario muy interesante", pensó el espadachín.
Bakusaiga era una espada terrible contra los demonios, pero no alcanzaba el mismo efecto en humanos. "¡Cómo si fueran dignos de ella, de todos modos!", pensó el gran demonio.
Brook se apresuró a retirarse y ayudar a las chicas.
-¿Otro guardia? - comentó el esqueleto.
A Sesshomaru no le importaba quién se interponía en su camino. ¿Quiénes eran esos míseros humanos para enfrentarle? Aunque en su interior, todavía le encontró algo de diversión a ese nuevo combate.
El espadachín de (extraño) pelo verde se había entrenado duramente, podía ver el daiyoukai que no era uno cualquiera. Bueno, para él sí lo era. Continuó hostigando ataques a su adversario.
El látigo venenoso envolvía a Zoro, éste, poseedor del Haki adivinaba los movimientos y los bloqueaba rápidamente. Las columnas a cada lado, corroídas por el ataque de Sesshomaru se desplomaban sobre ellos.
El espadachín de tres espadas, observó a las espaldas de su enemigo. Sus compañeros estaban a punto de cruzar la obertura.
"Bien", pensó Zoro, "Así no habrá peligro de alcanzarles". Pero una figura pequeña irrumpía su plan.
Shippo, que había reconocido al demonio de inmediato, saltaba de un lado a otro, por un lado esquivando ataques y por otro de la excitación.
- ¡Parad! ¡Parad! - chillaba. "¡Esto no puede ser nada bueno! ¡Tengo que pararles!" - se llevó las manos a la cabeza. "¿Pero cómo lo hacía sin morir en el intento?"
- Shippo, ¡vete de aquí! - le ordenó Zoro, resoplando.
- ¡Que él es el hermano de Inuyasha! - le gritó Shippo escondiéndose detrás de una columna derruída.
Sesshomaru entrecerró los ojos. "¿No era aquel uno de esos compañeros del hanyou?". El gran demonio perro decidió darle un alto y con un golpe diestro, obligó a su adversario a retirarse. "Demonios, ¡hace lo que quiere conmigo!", pensó el espadachín furioso. Alguien cómo él era todo un reto. Que debía sobrepasar si quería cumplir su sueño.
Pero Zoro percibió sus intenciones de parar. No pudo contener una sonrisa burlona.
- ¿Ya te has cansado? - murmuró. El personaje de largo pelo blanco le dirigió una mirada furiosa.
- ¿Sois compañero de ese semi-demonio? - preguntó, todavía manteniéndose alerta.
- ¿El Orejas-de-Perro? - contestó Zoro. - ¿Por qué lo preguntas? - el espadachín se mostró desconfiado. Siempre había que tener cautela.
- ¡Debió venir a este mundo por error, cómo nosotros! - sugirió Shippo acercándose sigilosamente y a cubierto.
Sesshomaru se reservó las ganas de cortarlo en dos. "¿¡Cómo se atrevía a quitarle la palabra a un superior?!".
- Es correcto. - afirmó el Gran Demonio. Zoro se relajó y guardó las espadas, sin dejar de vigilarlo con la mirada.
- Bien. Tendremos que colaborar entonces... A saber dónde se encuentran ahora los demás... - murmuró el espadachín rascándose la cabeza.
Sesshomaru no estaba muy contento con aquella decisión, pero si quería salir de "ese mundo" rápidamente, estaba claro que debía anteponer su orgullo. Murmuró algo para sí mismo y sin dirigirle la palabra a nadie se puso en camino. Su sentidos de demonio, agudisísimos, le llevarían a su objetivo.
Shippo decidido y ya seguro de que su vida no estaba en peligro, se puso a la cabeza del grupo.
-0-0-0-0-0-0-
El montón de raíces se retorció sobre si mismo y se endureció como si estuviera formando una corteza.
"Es un usuario, por supuesto...", observó Kagome. Había tenido que ponerse a cubierto varias veces porque Nohato no perdía la oportunidad para atacarla.
"No me puedo quedar aquí en esta sala por mucho más tiempo...", observó la chica. Empezaban a aparecer grietas por todos los lados y no quería arriesgarse a quedar bajo los escombros.
Se levantó y cogiendo a Clot del collar de la camisa se lo llevó a rastras fuera de la sala. "Menos mal que es pequeño, que si no no lo podría llevar..."
Una vez fuera se sentó al otro lado del pasillo y observó que había alguien tendido en el suelo. Iba vestido como un soldado y se acercó sin soltar a Clot.
El pequeño y gordo usuario se llevó la mano al cuello, dolorido.
- ¿Me puedes dejar de ir arrastrando por ahí? - el hombrecillo estaba bastante mosqueado. ¿Quién era ella en realidad? ¿Por qué anulaba sus poderes de la fruta del diablo? ¡Nohato-sama no le había dicho nada de eso!
Kagome no le contestó y observó el guardia. Alguien le había noqueado totalmente. Llevaba unas esposas atadas al cinto. "¡Perfecto!" y las cogió para atar a Clot y dejarle immobilizado de una vez.
"Pero si le suelto podrá usar sus poderes...", la chica frunció el ceño. "En fin..."
- ¿Qué haces ahora? - dijo el hombrecito enfadado. - ¡Déjame en paz! ¡Eh! - intentó zafarse pero la chica ya le había esposado una mano.
Para su sorpresa, las esposas tenían el mismo efecto que sus poderes. "¡Qué útiles! ¡Están hechas con la piedra esa... kairouseki!"
- Así te estarás bien quietecito... - murmuró la aprendiz de miko. Cogió otro par de grilletes para las piernas y esta vez buscó un saliente o algo a lo que agarrarlo.
- ¡Maldita! ¡Nohato-sama acabará con vosotros!
Kagome sonrió y sacudió las manos en su falda.
- Ya veremos... - y salió corriendo hacia la sala dónde estaban Luffy y Inuyasha.
¡Justo a tiempo! Las raíces de Nohato tenían a Inuyasha y a Luffy atrapados contra la pared a cada lado. Ella, rápida como el rayo, sacó una flecha y apuntó al centro de esa figura.
Envolviendo la flecha de energía espiritual, la vara se clavó en la masa de raíces y esta empezó a decrecer. Nohato se descubrió entre toda esa masa y le dirigió una mirada furibunda.
Kagome volvió a disparar directa al esbelto personaje, pero este la evitó en el último instante. Se volvió hacia ella, retorciendo las ramas intentando quitar la otra flecha.
- ¡Gomu Gomu no Elephant Gun! - un enorme puño negro llevó a Nohato hasta la otra pared. Inuyasha a penas salió de en medio a salvo.
- ¿¡Qué es eso!? - exclamó sorprendida Kagome. - ¿Ese brazo gigante es de Luffy? ¿¡Por qué es de color negro!?
- ¡Kaze no kizu! - exclamó Inuyasha echándose a un lado y aprovechando la obertura que había hecho su compañero. Nohato se vio envuelto en la luz brillante del ataque.
- ¡Vamos Luffy! - le llamó el demonio perro. - ¡Ahora!
El capitán pirata echó su brazo hacia atrás y éste se envolvió en llamas.
- ¡Gomu gomu no Red Hawk! - el antebrazo de Luffy se volvió negro de nuevo y al tocar a Nohato, se provocó una explosión.
-¡ Bien! ¡Si ése Nohato está hecho de madera lo quemará lo suficiente...! - pero Nohato se recuperó del golpe separándose de su "cuerpo" de madera.
- ¡Ahora es la mía! - exclamó Kagome, apuntándole otra vez con el arco. Pero algo la agarró del tobillo y la lanzó hacia arriba.
Sus flechas y su arco cayeron con la sacudida. "¡Oh, no!", pensó Kagome. "¡Ahora estoy indefensa totalmente!". Se estaba empezando a marear y no distinguía las voces de sus compañeros. "Si se dejar de mover por un momento... Podría concentrarme e intentar purificar..."
- ¡Maldito asqueroso! - aulló Inuyasha cortando el tentáculo. La chica fue cogida por los brazos elásticos de Luffy, que sólo amortiguaron un poco la caída, puesto que cayeron los dos como plomos.
- ¡Luffy, lo siento! - se disculpó la chica. - ¡Sabes que tocarme te debilita, aún así...! - corrió junto al chico de pelo negro y dio un vistazo a su alrededor para buscar sus flechas.
El tentáculo sobrante de Nohato había partido llevado el carcaj y el arco al otro lado de la habitación. Kagome apretó los dientes furiosa. "¿Cómo voy a pelear yo ahora? ¡Mis poderes sólo harán efecto si lo toco!".
Mientras Luffy se levantaba, la chica corrió hacia su compañero, que les protegía.
- Inuyasha, necesito que me acerques a él. - le murmuró. Él echó un vistazo hacia atrás.
- ¿Estás loca? - le dijo. - ¡Podrías resultar herida! Luffy y yo nos ocuparemos. - dijo él antes de saltar hacia Nohato.
- ¡Serás idiota! - le gritó la chica enfurruñándose. "¿Pero qué se cree?" - ¡Luffy! - llamó al capitán pirata.
- ¿Sí? - apareció a su lado despidiendo vapor por su cuerpo. "¿Seguro que está bien?", se preguntó Kagome por un instante. - ¿Puedes acercarme mi arco y flechas?
- ¡Yosh!
-0-0-0-0-0-
- No os preocupeis por los guardias... - dijo Menris muy calmado, mientras pasaban al lado de un soldado tirado por el suelo. Encima de él había un pájaro. Era algo parecido a una ¿gallina? - mis queridos se ocuparán de ellos.
"Cierto, antes ha soltado sus mascotas...", pensaba la guerrera Sango. "Son tan pequeñas, ¿cómo se las arreglarán para dejar así a los guardias?".
A medida que iban pasando al lado de más soldados, las gallinas que los habían derrotado se unían a la comparsa. Kirara iba con ellas, relamiéndose los morros. Pero la gata sabía que no eran comida.
Miroku sonreía por lo ridículo de la situación. "Tan sólo ha dejado sueltas sus gallinas y ellas le hacen todo el trabajo!", iba pensando.
Entonces se oyó un graznido venir de detrás de la esquina. Menris pegó un salto y se adelantó a Miroku y Sango.
Pero frenó en seco cuando una figura le barró el paso.
Era una mujer grande, de mejillas sonrosadas y que llevaba un delantal. En una mano llevaba una sartén y en la otra un par de pollos desplumados. El encapuchado se quería morir.
- ¿¡Pero que les has hecho a mis pobrecillas?! - se llevó las manos a la cabeza pero en seguida se puso en guardia.
- Bueno... ave que vuela... A la cazuela. - dijo ella con una sonrisa de oreja a oreja. - ¿Sois vosotros los que andais haciendo barullo?
- ¡Devuélmelas! - exclamó Menris saltando hacia ella. La mujer tan solo elevó el brazo por encima del encapuchado y este no las pudo alcanzar. Los pollos cacareaban débilmente.
Miroku y Sango se miraron confundidos. El monje esbozó una sonrisa, incapaz de tomárse en serio la situación. Se acercó a la mujer y aunque la cazadora de demonios sabía ya lo que iba a hacer, se lo tomó con tranquilidad.
- Señorita... Nosotros sólo somos inocentes transeúntes. - le dijo con un tono amable. Menris se lo miró muy extrañado. - ¿Quiere ser la madre de mis hijos?
La cara de la cocinera se volvió azul y violeta de la indignación. Después roja de rabia.
- ¡¿Estás de broma?! ¡No te burles de mí! - la mujer blandió la sartén para darle en todo el cráneo, pero Sango reaccionó rápidamente.
"¡De buena gana le hubiera dejado que te diera tu merecido, monje pervertido!", pensó la chica, cogiéndolo por el cuello de sus ropajes. "¡Pero no estamos para jueguecitos!".
Miroku acabó en el suelo, sonriente. Sango puso la lanza entre ella y la mujer, que la miró de arriba a abajo. El encapuchado no sabía que pensar, pero finalmente empuñó su daga.
- Si no te mueves de nuestro camino, ¡pasaremos a la fuerza! - profirió él.
- ¡Muy bien! - exclamó ella, tirando las gallinas detrás de sí - ¡No os saldréis con la vuestra!
- ¡Mis pobrecitas! - se lamentó Menris. La cocinera sacó un palo de amasar que llevaba escondido en el delantal.
Kirara se coló entre las piernas de la mujer y cogió a las gallinas suavemente por el cuello, como si fueran unos cachorros. Las aves se revolotearon desesperadamente, dificultando el paso a Kirara, que se retiró del peligro.
Menris le dirigió un gesto de aprobación, con el pulgar alzado, pensando "¡Por favor, no te las comas!"
Sango atacó a la cocinera de repente, con la lanza de costado. El encapuchado también dirigió su puñal a la gran mujer.
Ella se intercambió los utensilios de mano, enfrentando a Menris con el palo de amasar por la izquierda y a la chica morena con la paella por el otro lado.
Sango frenó bruscamente para evitar el choque contra la sartén de hierro, maniobró la punta de la lanza dirigiéndola a los pies de la cocinera.
Menris por su parte, soportaba una lluvia de golpes, lo único que hacía era cubrirse la cabeza con las manos e intentaba blandir el puñal, que de poco le servia. De repente, la cocinera pasó el palo de amasar por detrás del encapuchado, tirándolo delante de ella. Sango tuvo que retirarse para no herirlo.
La mujer dirigió una mirada de superioridad a la chica morena, y puso su enorme pie encima de Menris. Este soltó un quejido de dolor pero logró mover el brazo para alcanzar una pistola que llevaba en el pecho.
El disparo resonó por todo el pasillo y la cara de la cocinera se hallaba envuelta en humo. A pesar del golpe, ella no se había movido ni un pelo y Menris no pudo escapar aún sus esfuerzos.
Tanto Miroku como Sango se quedaron anonadados. "¿Qué había sido eso? ¿Algún tipo de bomba de humo...? ¡Es muy ruidosa!".
Al despejarse el humo, se pudo ver los efectos del disparo. Unos cuantos dientes de menos y la mejillas magulladas. Pudieron notar que la cocinera no se lo pensaba perdonar. Hinchó los mofletes y escupió una bala ensangrentada.
Todos los presentes se quedaron con la boca abierta y los ojos tan grandes como platos. "¿¡Se había tragado la bala!?". Ella les dedicó una sonrisa infernal. Alzó sus dos armas y dejó caer toda su fuerza sobre la espalda del pobre Menris. Se oyó un "crac" y el encapuchado dejó de moverse.
-¡Menris-san! - exclamó Sango saltando rápidamente. La adversaria no pudo construir su defensa de nuevo y la cazadora acertó en la rodilla. Se retiró lo más rápido que pudo para evitar el golpe del palo de amasar. "¡Mi prioridad es liberar a Menris inmediatamente!"
Miroku cerraba los puños con rábia. "¿Qué puedo hacer yo? Ella no es un demonio así que no puedo exorcizarla... o utilizar mi poder..." Sus ojos buscaron una arma con lo que poder ayudar a Sango. Reparó en el chisme que había utilizado Menris antes, éste lo había tirado lejos de sí en el último momento. "¡Eso podría servir!"
Mientras la cazadora de demonios entretenía a la enorme mujer, el monje estaba inspeccionando el trasto ruidoso. "¿Cómo funcionará esto?" se decía mientras le daba vueltas. Estaba cada vez más nervioso. ¡Tenía que ayudar a Sango! Sus dedos encontraron el resorte del gatillo y la pistola hizo un chispazo. "¡¿No funciona?!"
- Miroku, ¿que haces? - la chica morena le dirigió una mirada de reproche. Ella sabía que él no podía hacer nada con sus habilidades, ¡pero... ya podría hacer algo!
El monje le contestó con una sonrisa nerviosa. "¡Al final no serviría para nada!", pensó furioso. Unos maullidos le llamaron la atención. ¡Kirara también quería ayudar!
Sango estaba en desventaja, lanza contra sartén y palo de amasar. Utensilios de cocina que en manos de aquella persona se transformaban en potentes armas. La sartén, pesada y de hierro, proporcionaba un escudo resistente mientras que el palo era muy contundente.
La cocinera se reía a carcajadas.
- ¡Ahora verás! ¡Toma esto! - exclamaba mientras blandía sus aparatos. La sartén apartó la lanza de Sango hacia su izquierda, quedando descubierta por su lado derecho. El palo bajó rápidamente y golpeó a la chica morena en el hombro. Ésta notó que sus piernas se resentían. La cocinera seguía ejerciendo presión, para reducirla en el suelo. Sango intentó conseguir más estabilidad separando las piernas.
-¡Eh tú! - gritó el monje desde atrás. Un proyectil, la pistola misma, salió disparado hacia la cabeza de la adversaria. Ésta ladeo la cabeza y no recibió el golpe por completo.
-¡¿Crees que me vas a tumbar así?! - le gritó hombre de pelo negro. Éste sonrió.
La cocinera notó que sus pies ya no tocaban el suelo.
-¿Qué? - estaba montada en una bestia peluda. Ésta pegó un salto y la cocinera cayó al suelo con gran estrépito, moviendo brazos y piernas histericamente. Kirara se sentó encima, rugiendo y bufando. Sango prosiguió a retirarle la sartén y el palo de amasar. Apuntó la lanza a su cuello.
- ¿Estás bien Menris-san? - dijo Miroku arrodillándose junto al encapuchado. "No siento curiosidad por ver su cara pero esta sería una buena oportunidad..."
-¡Lleva una máscara!
- ¿Qué dices Miroku? - preguntó la chica. - ¿Está bien?
- Sí, sí... - contestó el monje rascándose la nuca. - Sólo está inconsciente... - "¿Por qué cubre su cara?", Miroku lo levantó cuidadosamente.
-0-0-0-0-0-0-
Luffy había agarrado dos grandes raíces, enrrollandolas con sus brazos de goma. Así hacía tambalear el "árbol" de Nohato, aunque estaba anclado al suelo.
- ¡Bosque de espinas! - como una onda, la superfície de Nohato se fue cubriendo paulatinamente de zarzas.
- ¡Cuidado Luffy! - exclamó la chica de pelo negro. "¡Ahora que lo teníamos sujeto! ¡Tendrá que soltarlo o se herirá!"
El capitán observó, tenaz, como el bosque de espinas avanzaba hacia él. Inuyasha corría hacia él.
- ¡Pero quita de ahí! - le ordenó, preparando un ataque con el que cortar las raíces. Pero Luffy no se movió y se recubrió de la substancia negra de nuevo.
"¡¿Eso podrá evitar las espinas?!", pensó alertada Kagome.
-¡Espera Inuyasha, déjale! - la chica entendió que Luffy no quería abandonar lo que habían ganado. Pero Inuyasha ya estaba invocando su ataque.
- Aunque no me guste... ¡Osuwari! - dijo la chica de uniforme. Inuyasha cayó como un plomo, al suelo, maldiciendo.
- ¡Kagome! - rabió él, con tono amenazador. Ella se encogió un poco y junto las palmas de sus manos. "¡Lo siento!"
Luffy seguí sujeto a las grandes raíces. Entonces Kagome se dio cuenta de algo. ¡Nohato no podía extenderse ilimitadamente! ¡Allí donde estaba el pirata era dónde acababa su poder!
- ¡Bien observado Luffy! - la chica morena le animó contenta.
- ¿Eh? - se preguntó el capitán sin entender nada, pero le dedicó una sonrisa igualmente.
- ¡¿Y se puede saber qué estás haciendo Kagome?! - le rugió el demonio vestido de rojo. Pareció calmarse un momento, no era ni la hora ni el lugar para discutir. - ¡Ya hablaremos luego! ¡No os quedéis parados!
La chica se acercó al bosque de raíces. Ahora que sabía los límites de su adversario podía tirar al blanco sin ponerse en peligro... Lo malo era la espesa maraña de zarzas que cubría el enemigo.
Nohato parecía haberse dado cuenta de su error. Tanto esfuerzo en anclarse al suelo, para ser incapaz de alcanzar a aquellos miserables. Una por una, sacó las raíces del piso. ¡Había que ponerse en movimiento en seguida!
-¡Rápido Inuyasha! ¡Hay que evitar que se desenganche! - le avisó la chica. - Y Luffy...
Éste estrujó las raíces entre sus brazos y saltó hacia arriba.
- ¡Cuidado chica extraterrestre! - le advirtió el chico. Kagome se retiró inmediatamente hacia la salida de la sala. "¿Qué tiene pensado hacer?", pensaba al correr. De repente un gran estruendo agitó las baldosas del suelo. Humo y trozos de escombros volaron sobre su cabeza.
- ¡Lo ha clavado al suelo! - profirió la aprendiz de miko. En efecto, el capitán pirata había perforado el suelo con las dos raíces. Aunque Nohato se intentara liberar del otro lado, este estaba seguro.
- ¡Yosh! ¡ Voy a ayudar a Orejas-de-perro! - exclamó Luffy.
- ¡Kaze no kizu! - clamó Inuyasha. El rayó de luz salió disparado y cortó las raíces más lejanas de Nohato. Éste se había desenganchado por completo y había evitado el ataque en su mayor parte.
Nohato se reía nerviosamente mientras regeneraba esa parte.
Pero la estructura del edificio no pudo contener tanta presión y el centro de la habitación se derrumbó. Inuyasha reaccionó rápidamente y se subió al borde restante. Luffy en cambio se había abalanzado sobre el enemigo y aprovechando la caída, le dirigió un Gomu Gomu no Gatling a la cara. Nohato no tardó en cubrirse de corteza, pero el capitán la destrozó con su Haki de armadura.
¡Parecía que todo iba bien encaminado ahora! Inuyasha mostraba una sonrisa entre burlona y victoriosa. Incapaz de quedarse quieto saltó al piso inferior.
- ¡Kongosoha! - exclamó el semi-demonio, atrapando a las raíces rebeldes que molestaban a Luffy.
-¡Eh! ¡No me dejéis aquí! - les llamó la chica asomándose desde el piso superior. "Aunque... podría ayudarles mejor desde aquí...". Ella sacó flecha y tensó el arco pero... esos dos se movían muy rápido. Era imposible establecer un punto y no darles a ellos.
- ¡Necesito espacio! - les gritó otra vez. Los chicos se retiraron y Kagome disparó su flecha. Esta se clavó en un tocón de corteza creada por Nohato.
- ¡Maldición! - exclamó Inuyasha. - ¡Ha aprovechado que nosotros no le atacábamos!
Luffy levantó la mirada hacia arriba y miró a Kagome, levantando el pulgar.
- ¡Contamos contigo! - le animó. Ella le sonrió, no muy segura. "Mira que si le doy..."
- ¡Vamos Luffy! - le instó el chico de pelo blanco. Ambos volvieron a la carga.
Nohato les bloqueó el camino con sus raíces llenas de espinas.
- ¡No puedo... dejaros pasar! ¡Lo prometí! - musitó el enemigo nervioso.
- Pues no lo estás haciendo muy bien... - le contestó sarcástico el demonio perro. "¿De quién estará hablando?"
- Así que... - Luffy se recolocó el sombrero, - ¿Alguien te ha encargado deshacerte de mis nakamas?
Inuyasha le daba vueltas al asunto, "¿Quién podría ser ese? No conocían a nadie más en este mundo... ¿o no?"
-¿¡Y por qué no lo hace él mismo!? - le gritó el Capitán furioso. - ¡Dile que también le patearemos el trasero! ¡Nadie se mete con mis compañeros!
Luffy arrancó a la velocidad del rayo y esquivando los sarmientos, alcanzó a Nohato en el abdomen. Éste hizo una mueca y escupió sangre, pero se cubrió de corteza. El pirata dio la vuelta en redondo y le atacó por la espalda. Después se retiró al fondo de la habitación, resoplando.
Inuyasha se volvió hacia Kagome. Ésta asintió y tensó el arco de nuevo. "Eso era una señal, ¡Tengo que estar preparada!"
Luffy retiró su brazo hacia atrás, y éste fue hinchándose e hinchándose como un globo. Inuyasha se concentró en Nohato. El enemigo era humano, con una pizca importante de energía demoníaca, por la fruta. Todo eso reunido con sus ansias de venganza, de vencer y de ser recompensado por aquél misteriosos jefe. Él vio claramente como una aura maligna se formaba alrededor de Nohato.
El atacante, en el centro de la habitación, fue encogiéndose, como formando una flor arrugada de cortezas.
A Kagome el corazón le latía a cien por hora. El sudor le bajaba por la frente esperando hasta el momento decisivo.
- ¡No seréis capaces... de sobrepasarnos! - exclamó Nohato.
- ¡Gomu Gomu no...!
- ¡...Bakuryuha!
El ataque combinado de los dos luchadores primeramente rasgó la envoltura, después avanzó desquebrajando capa a capa hacia el interior. Vagos intentos de ataque surgieron de Nohato, pero parecía que éste confiaba en sus habilidades de defensa. Entonces fue cuando Kagome entró en acción.
- ¡Acierta! - dijo al lanzar la flecha y deseando que fuera así.
La saeta confiaba en los ataques de Inuyasha y Luffy. La última capa de la flor marchita de Nohato se abrió justo a tiempo, antes de que él reaccionara, y la flecha se clavó en él.
Todo el bosque de raíces se desplomó, secándose y desapareciendo al fin. El cuerpo de Nohato aún seguí con vida, pero exhausto y sin poder, yacía en el suelo.
Los dos chicos se apoyaron el uno en el otro.
- ¡Ahora a machacar a su jefe! - exclamó el pirata. Inuyasha resopló de cansancio.
Kagome lo observaba todo desde arriba, satisfecha. Se sentía cansada, físicamente y mentalmente. Necesitaba, necesitaban, un buen descanso. Sus ojos repararon en las grietas del suelo bajo los pies de sus amigos.
- ¡Tened cuidado con...! - pero sus últimas palabras no se llegaron a escuchar. El suelo, la segunda planta, se desplomó hacia el primer piso.
Kagome escuchó a ambos soltar exclamaciones de sorpresa seguidos de gritos de aviso. Unas ataques en forma de cuchillas salieron despedidas desde el piso de abajo.
-¿Otro atacante? ¿Debería bajar... o quedarme a vigilar desde aquí? - se preguntaba la chica. Por si acaso, tomó otra flecha. "Está ya más lejos y dudo que pueda acertar con tanto polvo...".
Dentro de la gran nube de polvo se veían brillos verdes y azules, se escuchaban gritos y chillidos. Y también las carcajadas de Luffy.
"¿Pero qué está pasando ahí dentro?", pensó molesta la chica entrecerrando los ojos. Después de un rato se fue calmando el barullo, pero ella seguía sin ver nada.
- ¡Eeeehhh! - gritó ella con todas sus fuerzas. - ¿¡Qué está pasando!?
-¡Oi! - exclamó la voz de Luffy. - ¡Kagome! - unos brazos largísimos la cogieron de la cintura.
- ¡Kyaaaa! - dejó escapar ella, mientras atravesaba la nube de polvo a toda velocidad. "¡Menos mal que no tocó mi piel!"
- ¡Ya estamos todos aquí! - exclamó el Capitán pirata, estirando los brazos.
- ¿Estás bien Kagome? - le dijo una vocecilla a su lado.
- ¡Shippo! - dijo ella tomándolo en sus brazos. Dio un vistazo a su alrededor. - ¡Chicos!
- ¡Kagome-chaaan! - canturreó la voz del cocinero rubio.
- ¿Quién es ese? - preguntó de repente Luffy señalando al hombre alto y esbelto, de largo pelo blanco. Él se puso en guardia, puesto que detectaba el carácter frío de éste, pero el estómago del pirata empezó a rugir y se olvidó de él en cuanto vio que no haría nada peligroso.
La chica morena se quedó sin palabras al contemplar el inesperado visitante.
- ¿Qué hace aquí Sesshomaru? - musitó incrédula. Inuyasha estaba hablando con él, ambos un poco más apartados.
Shippo se encogió de hombros.
- Ni siquiera sabemos cómo hemos llegado nosotros aquí... - se lamentó el zorrito.
- ¡Oh, es verdad! - exclamó Nami acercándose. - Hay que encontrar la manera de devolveros a vuestro... mundo...
- No creo que él pueda decir nada más, ni siquiera torturándolo un poco... - comentó Robin mirando hacia Nohato.
- ¡Robin! - se quejó el francotirador. - ¿No dijo nada de interés?
- No, tan sólo dijo que alguien le había encargado deshacerse de nosotros... - suspiró la chica "extraterrestre". - ¡Oh, espera!
- ¿Qué se te ha ocurrido? - preguntó Shippo.
- ¡Quizás Clot sepa algo! - Kagome se levantó, pero hizo una mueca. Le dolían las piernas.
- ¡Kagome! - la llamó el doctor. - ¿Estás bien? ¿Necesitas vendas?
- Tan sólo estoy un poco adolorida...
- Bueno, tú descansa, - le aconsejó la navegante. - Nosotros iremos a por ese Clot. ¿Dónde está?
Kagome les dio las indicaciones y partieron Brook, Robin y Usopp a por él. Sanji, debido a los ruegos de Luffy estaba buscando la despensa del lugar. Nami mientras tanto, contactó con el Thousand Sunny para informar de todo.
- ¡Por fin nos iremos a casa Kagome! - exclamó Shippo abrazando a su querida amiga.
Ella asintió y se dejó caer sobre el suelo.
- ¡Os echaremos de menos! - dijo Chopper acercándose.
- ¡Ooh, nosotros también! - le contestó el zorrito.
Kagome sonrió y pensó que le hubiera gustado tener una cámara de fotos para conmemorar los momentos vividos y los amigos conocidos allí.
-0-0-0-0-0-
La compañía de Sango, Menris montado a lomos de Kirara y Miroku corría a través de los pasillos. Se oían grandes estruendos y terroríficos ecos que resonaban por el edificio. Doblaron una esquina y se dieron de bruces con un enorme hueco en el suelo.
-¿Qué ha pasado aquí? - exclamó el monje asustado. Lo que hubiere echo ése agujero... era temible. Atravesaba dos pisos.
- Allí abajo hay alguien. - dijo Sango alejándose del precipicio. "Podrían tratarse de enemigos..."
Miroku, en cambio, se acercó con cuidado y observó las personitas. Dejó escapar una exclamación de sorpresa.
- ¡Mira! - llamó a la cazadora, - ¡Ése es Inuyasha! ¡Y ahí está Kagome!
- ¿Qué? - se acercó, incrédula. ¡Parecía que habian pasado años desde su último encuentro! ¡Después de tantos problemas...! ¡Volvían a estar juntos!
Sango esbozó una sonrisa de oreja a oreja, su corazón saltaba de alegría, y agarró al monje de los hombros zarandeandolo.
- Ya está, ya está... - dijo él esbozando una gran sonrisa. Ella se puso en marcha enseguida.
- ¡Vamos Kirara! - ésta alzó la cola, entusiasmada. Miroku y Sango se subieron a su lomo, al lado de Menris, que estaba estirado sobre el gran gato.
Abajo, entre las ruinas del palacio, Zoro miró hacia arriba y se quedó pasmado al ver lo que se acercaba.
-¡Oi! ¿Quiénes sois? - les dijo poniendo la mano sobre la empuñadura de la espada.
- ¡Kirara! ¡Sango! ¡ Miroku! - exclamaron Shippo y Kagome al unísono. El zorro utilizó a Zoro como trampolín para alcanzarles de un salto. Éste refunfuñó molesto.
El gato gigante aterrizó suavemente y bajaron sus ocupantes. Kagome abrazó a los dos con fuerza.
-¡Os he hechado tanto de menos! - exclamó ella.
- ¡Qué alegría verte de nuevo Kagome!- le contestaron sus compañeros. Bajaron a Menris y lo recostaron cómodamente en el suelo, para que descansara. Sus gallinas se acurrucaron entorno a él.
Inuyasha se acercó también contento, aunque no lo mostraba tan abiertamente como la chica.
- ¿Cómo entrasteis aquí? ¿Dónde aterrizasteis? ¿Lo habéis pasado mal? - la chica de pelo negro les asaetaba a preguntas.
- Tranquila, tranquila. - le decía Sango dándole palmaditas en la espalda. - Lo que importa es que estamos todos juntos otra vez. - sonrió, acordándose de sus peleas y luchas que había librado. Sus ojos repararon en la figura elegante que había al fondo de la habitación. - ¿Por qué está Sesshomaru aquí?
Kagome se encogió de hombros y bajó la voz.
- Se equivocaron de persona...
- Hola, yo soy Nami. - se presentó la navegante.
- ¡Ah, sí! Os presentaré a mis amigos... - dijo Kagome pegando un saltito.
- Señorita, ¿querría ser la madre de mis hijos? - oyeron a sus espaldas.
- ...¡Serás pervertido! - dijeron dos voces femeninas a la vez seguidas de un golpe sordo.
- Así que ellos son tus nakamas... - comentó el espadachín a Inuyasha, inspeccionandolos. Ellos vivirían sus aventuras tal y como los Sombrero de Paja lo hacían, en aquel mundo extraño del que provenían.
- Ajá. - asintió el semi-demonio, cruzando los brazos en el pecho, satisfecho.
- ¿Y aquel? ¿Habéis discutido o algo así? - Zoro hizo un gesto en dirección a Sesshomaru.
- Bah, no. Ese es mi hermano y nos llevamos mal desde siempre... - Inuyasha frunció el ceño. "¿Por qué tenían que enviarlo aquí también?"
- ¡Hola! - saludó un chico con sombrero de paja, asomándose por la puerta. Arrastraba una estantería rellena de comida. Su cara mostró asombro al ver a los nuevos acompañantes, pero enseguida sonrió de nuevo. - ¡Sanji, necesitamos más comida!
- ¡Ya claro! - se quejó el cocinero desde el otro lado de la puerta. - ¡Lo que quieres es que te toque más...!¡...Señorita! - exclamó él al ver a Sango.
"Oh, no..." pensaron Shippo y Kagome. Sanji cogió rápidamente una bandeja de aperitivos de la estantería y se acercó a la cazadora en un torbellino de amor.
- ¡Dulce estrella que alegra este lugar! - recitó él con corazones en los ojos. - ¿Le apetecería un bocadito? - Sango parpadeaba confundida por la atención. Miró a Kagome, luego al plato y cogió un montadito.
- Gracias... - dijo ella.
- ¡Yo soy Sanji! ¡A su servicio señorita! - Sanji se volvió para reñir a Luffy que había empezado a rebuscar en las estanterías.
Sango miró a Kagome interrogándola con la mirada y ella la dirigió a Miroku, que parecía un poco molesto. Ambas rieron.
La chica de pelo negro acabó por presentar a todos, con la curiosa pregunta de Brook y la presentación de Luffy-futuro-rey-de-los-piratas incluida, cuando los que faltaban asomaron por un rincón, arrastrando a Clot.
- ¡Soltadme, soltadme! ¡Yo ya no tengo nada que ver con Nohato! - gritaba el señor bajito.
"Ya claro... Pero si antes le llamaba Nohato-sama y todo...", pensó Kagome.
- A ver... - se adelantó Inuyasha con una sonrisa malévola en la cara, pero su hermano se adelantó.
- ¿Eres tú quién me ha enviado aquí? - cerró su puño en torno a la empuñadura de Bakusaiga.
- N...no-nono...- balbuceó Clot muerto de miedo ante tal presencia intimidadora.
Sesshomaru se acercó más, no contento con la contestación.
- Digoo...¡Sí, si, fuí yo! ¡Ahora os envío de vuelta! - el señor estaba sudando a mares. "¡No debería haberlo enviado a él!" - ¡Pero sólo seguía órdenes!
- ¿Quién estaba detrás de Nohato? - preguntó Kagome curiosa.
- No lo sé. Él dijo que había hablado con una aparición, con... una especie de augurio del futuro. ¿Os envío ya? - Clot pretendía quitarselos de encima.
Se oyó una queja lastimosa y todos se giraron para ver a Luffy con la boca llena de comida.
- Noooo... ¿ya oz vaiz? ¿Sin banquzte?
- Bueno, podríamos quedarnos un poquito más, ¿no os parece? - propuso Kagome. Sintió la mirada helada del hermano en su espalda y se puso a temblar.
- Primero dinos cómo lo haces. - ordenó el semi-demonio.
- Está bien, está bien... - Clot se inclinó y extendió las manos. - Pero, ¿podríais quitarme las esposas?
- Como te escapes... - gruñó Inuyasha. Sesshomaru también reaccionó y se puso en guardia. Un brazo de goma pasó por su lado y enrrolló a Clot.
- No oz preocupeis, que lo tengo. - les aseguró el capitán pirata.
- Señorita... ¿Querría ser...- escucharon decir a Miroku. No terminó la frase. Robin sabía como apañárselas sola.
- ¡Qué obstinado que es! - comentó Nami por lo bajo. - ¿Siempre es así?
- Sí... - suspiró Sango desesperanzada. - Pero he visto que vosotras también tenéis algunos que...
Ambas respiraron profundamente. "¡Hombres!"
- Bien, ya está. - dijo Clot frotándose las muñecas. - Ahora... - extendió las manos. - ¡Paralel Spaco Tunelo!
Un vórtice de luz blanquecina se abrió en el suelo. Todos se apartaron y Usopp y Brook abrieron la boca en ovación.
- Con mi poder puedo atravesar el espacio entre mundos. Eso lleva a vuestro mundo. - afirmó el señor.
Sesshomaru hizo un paso hacia delante.
- Supongo que no tengo que decirte qué es lo que te pasará si mientes, ¿no? - le amenazó el gran demonio.
- Sí-si-ssii... - dijo Clot ajustándose el cuello de la camisa. - No puedo mantenerlo por mucho tiempo y está... sujeto a fluctuaciones espacio-temporales así que... cuanto más tardéis más difícil os hará llegar a vuestro mundo.
Sin decir nada más y echándole una mirada de advertencia a Clot y a Inuyasha, que decía algo como "Ya nos veremos"; Sesshomaru atravesó el círculo de luz, desapareciendo en él.
Clot cerró el círculo, hiperventilado y sudando a mares por la frente.
- Esto es muy cansado. ¿Me traéis un poco de agua? - se recostó en una piedra y se secó la frente con un pañuelo. Les hizo un gesto para que se apresuraran.
- Oye, oye no te pases. - le replicó Usopp. - Te voy a poner las esposas otra vez.
El señor Clot resopló y arrugó la nariz.
- No tengo manera de calentar la comida pero... - dijo Sanji. - … Os he preparado unos aperitivos en frío que también están riquísimos.
- ¡Gracias Sanji! - exclamó el capitán. - ¡Buen provecho!
- ¡Pero si ya has empezado hace media hora! - le reprochó el francotirador. Éste había reconocido a Sango y a su mascota, por su pelea en el puerto, pero había decidido no mencionar el asunto y disfrutar del momento.
- Pero esperad un momento, - dijo la navegante pelirroja. - Llamemos a Chopper y a Franky que están en el Sunny-go.
- Hagamos un aperitivo corto aquí... - Luffy no paraba de meterse comida en la boca. - ¡...y allí haremos el plato principal!
No pudieron evitar sonreír ante su idea. Nami, de todos modos, llamó a los dos guardianes del barco con el den-den-mushi.
Menris se había despertado y se reunió con todos en el improvisado banquete entre las ruinas.
Miroku, Brook y Sanji encontraron un tema en común del que hablar y estuvieron sentados juntos.
Kagome se sentó al lado de Sango y Robin. Shippo estaba junto a Zoro, al que al parecer había "adoptado" como medio de transporte y cojín. Nami se sentó frente a Usopp y Inuyasha estaba compitiendo con Luffy por la comida.
Después de un rato, aparecieron los dos que faltaban.
- ¡Alguien me ha dicho que hay una SUPPER banquete aquí! - exclamó la voz socarrona del cyborg.
- ¡Hola...! - saludo el reno.
- ¡Oi, Franky, Chopper! - exclamó Usopp. - Un poco más y Luffy os quita vuestra comida... - añadió por lo bajo.
Finalmente todos pudieron disfrutar del apañado convite, delicioso, eso sí. Sango y Robin comentaron varias técnicas del envenenamiento, para el horror de Nami y Usopp que pasaron a hablar de situaciones más divertidas.
Luffy improvisó un pequeño show en el cual imitaba a Inuyasha y prosiguió con su danza de los palillos. Shippo, Usopp y Chopper se unieron a él entre los reproches del semi-demonio. Brook y Franky también aportaron su música, dúo de cuerdas melodiosas.
- ¡Chicos! - les llamó la atención el capitán. - ¡No hay banquete pirata sin una canción pirata!
- ¡Ahoy! - exclamó su pequeño coro detrás.
- ¡Tenéis que aprenderosla!¡Es una orden! - señaló a los "extraterrestres". - ¡Vamos Brook!
- ¡Sí, mi capitán! - contestaron Brook y Kagome, muy animada. Y Menris, que después de unas cervezas, parecía otro. Inuyasha hizo una mueca y rodó los ojos.
- ¡Yohohoho yohohohoooo~~!Binkusu no sake wo, todoke ni yuku yo~!
Después de un rato, todos con la barriga llena, la compañía de Kagome e Inuyasha decidieron que era hora de ir recogiendo. Por Clot supieron que el cetro de Miroku y las armas de Sango estaban en un cuarto del palacio y fueron a por ellas.
- ¡Es una pena que os tengáis que marchar! ¡Pasaríamos emocionantes aventuras juntos! - le decía Chopper a Shippo.
- ¡Vosotros os tendríais que venir a nuestro mundo! - proponía el zorro. - ¡No te imaginas la de cosas divertidas que haríamos!
- Bueno, Kagome e Inuyasha... - Nami sacó de su bolsillo un taco de papeletas. "¡¿Nos va a pasar la factura!?", pensó asustanda la chica morena. - Me debéis un montón de dinero... - les miró maliciosamente a ambos. - Pero creo que por el precio de la comida que encontramos aquí y otros tesoros que he visto... ¡ Estáis libres de cuentas!
Kagome, muy aliviada, suspiró. "¡Lo que me faltaba! ¡Ir debiendo dinero en otro mundo!"
- ¡Menos mal...! - dijo ella. Inuyasha estaba completamente despreocupado del asunto. Kagome tensó el puño.
- ¿Ya estáis? - preguntaron Miroku y Sango.
Alguien cruzó rápidamente entre ellos.
- Ha sido corto, señoritas Sango-chan y Kagome-chan... - dijo el cocinero. - Si volveis por aquí, sabed que en mí tenéis al más fiel servidor...
- … fiel, sí claro...
- ¡... Y que ha sido todo un placer conoceros! - Sanji hizo una reverencia a las chicas. - Y tú maldito marimo, ¿tienes algún problema?
- Tú estupidez es un problema... - contestó el espadachín. Ambos piratas se enzarzaron en una riña.
- Bueno, que sepais que habéis sido los piratas más simpáticos que he conocido en toda mi vida. - comentó el monje. - Ni siquiera lo parecéis.
- Aii... que majo... - dijeron Usopp y Chopper halagados.
- ¡Luffy-kun, espero que te conviertas en el rey de los piratas! - le deseó la cazadora de demonios.
- ¡Sí, sí!¡Y lo sabremos por que serás tan famoso que tu nombre llegará a nuestro mundo! - Shippo estaba lleno de entusiasmo y todos rieron.
- ¡Claro! - le aseguró el capitán con una gran sonrisa.
- ¡Adiós chicos! - sollozó el gran cyborg, conmovido por la despedida. Kagome abrazó fuertemente a Chopper y a Nami. Inuyasha sólo sonreía con aprobación y lamentaba no haber podido pelearse con cierto espadachín, pero bueno.
Clot ya empezaba a crear el vórtice.
- ¡Adiós, adiós! - se despidieron todos. Todos pasaron a través del círculo de luz, embarcándose en un ambiente cálido y espeso.
- ¡Hasta otra! - el grito de Luffy todavía les llegó. Kagome reprimió una lágrima. ¡Pero si quizás no fueran a verse otra vez! Al otro lado del túnel pudieron ver el cielo azul y limpio y los árboles de Japón. Kagome, al pisar el suelo firme, se volvió hacia atrás y gritó con todas sus fuerzas:
- ¡Ha sido genial Luffy!¡ Consigue tu sueño!
~Fin~
-0-0-0-0-0-0-0-
En este capítulo en concreto, ha sido difícil de hacer, como siempre, las escenas de acción, porque necesito planear e imaginarme todos los movimientos antes de escribir y me ha llevado bastante tiempo. Sigo incómoda con la caracterización de Sesshomaru... ¡Y me ha encantado escribir a todos los personajes juntos al final! ¿Qué opinais al respecto? ¡Dejad algún comentario queridos lector s! ^^
¡Trece capítulos para mi primer fanfic! No está nada mal, creo yo... Ahora miro hacia atrás al primer capítulo y pienso "¿Quién me mandaría a mí meterme en tal lío?" Pero lo he disfrutado muchísimo. (Pero creo que me retiraré a los one-shots, jeje) ¡Que digo! ¡Si los crossovers son lo mejor! XD
¡Espero que os haya gustado la historia! ¡Muchas gracias a todos por el apoyo!
(Y si os gusta mi estilo pues... estaré por aquí...;))
