En el Muro siempre hacía frío, ya sea invierno o verano; pero Melisandre nunca tendría frío gracias al poder de R'hllor que hay sobre ella. En sus aposentos siempre estaba oscuro, pero incluso en los rincones más oscuro se pueden iluminar, y Melisandre encendió un fuego para hacerlo.
Tenía que ver cómo estaba el Rey Stannis, aunque no estaba segura si iba a verlo, ni siquiera estaba segura de que vería algo. Melisandre sólo ve lo que el Señor de la Luz le permite ver, y a veces eso no coincidía con su voluntad.
-Rezo por la fuerza que puedas dar al rey Stannis, rezo por que su calor nunca se apague y derrote a los que quieran crear caos en contra suya. Rezo por el rey Stannis Baratheon, verdadero rey de los Sietes Reinos y soldado de ti. Ilumínale el camino y que no se pierda en la oscuridad. Doy gracias al calor que me das, Señor, y el calor que le das al rey Stannis. Ilumínamos el camino y que la oscuridad no reacaiga sobre nosotros, porque la noche es oscura y lleno de terrores- Melisandre rezó.
Estuvo viendo durante un largo tiempo las llamas que se consumían; no veía nada, sólo llamas. Aunque sus ojos no le escocían, sentía que el rubí de su collar rojo ardía más que nunca; Melisandre creía que algún momento se iba a quemar.
Melisandre sabía por experiencia que a veces las visiones no aparecían solas. Tenía que quedarse horas mirando; pasaba tardes y noches enteras mirando las llamas con esperanza de ver algo; a veces lo conseguía y a veces no. Pero esta vez era diferente. Las llamas no enseñaban nada, pero por alguna razón, Melisandre debía seguir mirándolas, como si en algún momento algo importante le va mostrar. ''Está pasando algo, pero no me lo quiere mostrar''. A Melisandre jamás le ha había pasado eso.
Y entonces, todo pasó muy rápido; vio a un dragón enroscado en una rosa azul derramando una gota de sangre que luego se convierte en una espada llameante, los miles de ojos rojos observando de todas partes, una manada de lobos juntos sobre un hielo frágil, nieve cayendo sobre el muro, y lo más intenso que vio: Azor Ahai. Era él, Melisandre estaba segura, llevaba Dueña de la Luz y luchaba contra los sirvientes del Gran Otro. Pero de nuevo apareció más nieve, como siempre. '¿Qué me quieres transmitir?'' No lo entiende.
Más visiones se acercan, viene igual de rápido que se van, cada vez más intensas. Melisandre no sabía hasta cuánto podía durar así, ya que en cualquier momento sentía que iba a explotar. ''Jamás me había pasado esto, y no sé por qué es así''.
Una visión aterradora apareció; estaban de nuevo las calaveras, y había nieve encima de ellas, aunque las calaveras se abrían camino con cuchillos. De repente, se ve a Jon cayendo del Muro, y entrando en su lobo huargo, con las calaveras bailando alrededor de él. Luego se ve fuego, fuego que combate contra el Gran Otro, pero la visión se veía borrosa con las calaveras y los cuchillos bailando alrededor del lobo. Melisandre se desplomó del suelo.
''Debo de hablar con Lord Nieve, y rápido''. Melisandre se levantó, débil, y miró al fuego una vez más. No vio nada.
Salió de sus aposentos, quien estaba Devan en la puerta. Devan miró a Melisandre y después miró al suelo; levantó la vista de nuevo, esta vez mirándola directamente a sus ojos. ''Un chico valiente''.
-Devan, dile a Lord Nieve que quiero hablar con él lo antes posible. Sé discreto- cuántos menos lo sabían mejor-.
-Como usted diga, mi señora- Devan se fue corriendo-.
El rubí rojo le abrasaba la garganta, y Melisandre no lo aguantaba más. ''Tendré que ir yo misma a por él''. Se puso su capa roja y salió al patio común.
Había sucedido algo extraño. No había hombres practicando con las espadas, ni chicos aprendiendo a utlizarlas, ni siquiera los mayordomos estaban ahí. Sólo había un silencio, eterno y frío, que estaba por todo el campo. Melisandre miró al cielo; estaba nublado, y era casi de noche. Ninguna estrella estaba asomada. Después miró al Muro; seguía siendo implacable, fuerte y sólido. Miró de izquierda a derecha, contemplándolo, y de repente ve humo. Melisandre supo que no era nada bueno.
Empezó a correr como pudo; con el vestido y las capas era difícil incluso andar, más la nieve estaba abundante y sus pies se hundían en la nieve. Conforme corría, veía con más claridad el humo, y poco a poco el alrededor. Había una enorme hoguera y había hombres a su alrededor. Eran prácticamente todos los hombres de la Guardia de la Noche; todos negros, inquietos y solemnes. También había salvajes, que estaban extrañamente en silencio y Melisandre vio con horror; había una pila de troncos unidos en un cuadrado cual encima había un cuerpo; el cuerpo de Jon Nieve. Tenía a su espada entre sus manos, y estaba tumbado, durmiendo. Todos los muertos duermen.
-¡¿Por qué lo habéis hecho?! ¡¿POR QUÉ?!- nadie respondió-. Sólo el viento respondió, gélido y cortante como un cuchillo. Melisandre se precipitó hacia la hoguera; de alguna manera había que salvarlo.
El rubí de Melisandre le ardía más que nunca, así que empezó a correr. Sentía las pulsaciones a través del rubí por cada paso que daba, y vio como todos la miraban. Algunos la miraban con tristeza, otros con furia; otros con admiración, otros con lujuria, pero había incertidumbre y asombro en todas ellas. No sabía cómo detener el fuego; no sabía cómo detener la muerte.
Y entonces, todo pasó muy lento; Melisandre cayó de rodillas, empezando a rezar una oración incomprensible mientras que su rubí ardía con fuerza, sientiendo como su propia sangre bajaba por su pecho. Melisandre solo rezó, rezó todo lo que pudo y sentía cada vez más dolor a la vez que placer. Sentía todo; las lágrimas bajando por sus mejillas, su ansiedad, el arrepentimiento de Bowen Marsh, de Witt Whittlestick y otros hermanos, la tristeza del lobo soltario. Y luego, un fuego abrasador le recorrió por todo el cuerpo, una euforia que provenía de la hoguera.
En lo alto de la hoguera, el fuego a punto de llegar, Jon estaba de pie, con Garra en la mano, mirando a todos desde arriba, poderoso. Y entre sal y humo, Azor Ahai revivió.
