Alayne abrió los ojos al escuchar las cortinas aletean suavemente como las alas coloridas de un dragón. Era un día nuevo en las Puertas de la Luna; a pesar del frío, el sol salía al cielo tímidamente con su frágil brillo, eclipsando las nubes que intentaban taparle. Por alguna razón, a Alayne le recordó a Robalito.

-Alayne, Lady Myranda quiere tu presencia en el salón -Maddy dijo al entrar a su habitación-

'Querrá pasar otra mañana conmigo'. Myranda Royce tenía cariño a la dulce Alayne, quien era dulce de corazón y sonrojaba a la mínima insinuación. 'Espero que no quiera insistir otra vez en emparejarme con alguno de los caballeros que residen aquí'. Nadie sabía aún su compromiso con Harrold Harryng, ya que su padre tiene que arreglar algunas roturas, como él dice. No se puede arriesgar con el compromiso; se vería claro las ambiciones de Peter Baelish.

Alayne se puso un vestido de lana azul marino que resaltaban sus ojos; un regalo de Randa. Modesto pero mejor de lo que ha tenido desde que es Alayne. Se recogió su cabello en una espesa trenza. Su pelo ha crecido bastante desde que llegó al Valle; le llegaba por la cintura, aunque era de un marrón sin brillo, apagado. 'Había una niña con el mismo pelo que yo. Pero esa era la hermana de Sansa Stark, no de Alayne Piedra'. Hace dos semanas que se teñió el cabello marrón, aunque sabía que el tinte no duraría demasiado. A pesar de los esfuerzos de su padre, era muy difícil conseguir un buen tinte de Myr en estos tiempos, así que Alayne ocasionalmente tenía que teñirse el pelo tres veces en una luna.

Alayne salió de la habitación y se fue hacia el salón. Las Puertas de la Luna era mucho más grande que el Valle, aunque no era tan bello; las paredes eran de un color blanco desgastado, y las salas amplias pero desnudas. Había un patio, pero ahora no podía salir al andar; estaba lleno de nieve, y a Alayne se le mojaría su nuevo de vestido azul.

Al entrar al salón se encontró Myranda Royce hablando con su padre, Lord Nestor Royce. Al parecer estaban discutiendo sobre algo. Lord Nestor Royce siempre fue un hombre severo y serio cuando habla, pero Miranda tenía carácter y era decisiva respecto a todo. A pesar de las leves pero abundantes conversaciones que Lord Nestor y Randa tenía, se parecían como un padre e hija se parecen. A Alayne le dio una punzada de celos.

Myranda, al ver a Alayne, dejó a su padre con un desinteresado adiós y fue hacia ella. Myranda iba con un vestido verde césped con adornos claros a su alrededor. Su cintura apenas se movía y parecía en cualquier momento que su busto iba a explotar.

-¡Hola, querida mía! -le dio un beso en la mejilla-. Mi padre tiene ahora un repentino interés en casarme con otro burro que ha encontrado en el Valle, y le he dicho que para burros, me caso con uno de los de Mya. Bueno, vamos a alejarnos de este frío lugar y vámonos a dar un paseo, que necesito quitarme este maldito frío que tengo desde que llegué aquí de nuevo. ¡Malditos inviernos!

-Sí, mi señora -dijo Alayne.

-Como no, otra cosa no podías decir -Lady Myranda sonrió.

La vida de Alayne Piedra en las Puertas de la Luna era diferente al del Nido; donde antes había silencio ahora hay interminables charlas y risas y donde antes era miedo ahora era comodidad. Lady Myranda se hizo amiga de Alayne tan rápido como un águila coge a su presa. 'No pienso ser la presa de nadie ahora, seré el águila, al quien todos temerán por su astucia y valentía'. Sansa era débil, pero Alayne era fuerte y valiente.

-Bueno, querida Alayne, el año va acabando y se acerca uno nuevo, y espero que este no sea tan horrible como el anterior, pero espero que sea igual de emocionante -Myranda Royce bufó-. Estaré otro año aquí de nuevo mientras me pudro lentamente en este enorme castillo mío. No me pienses mal de mí, pero quiero ver mundo; quiero vivir y quiero experimentar como una joven mujer que soy. Pero por desgracia, las mujeres en este mundo no experimentan más que la hombría de los hombres que están en su cama, y el innecesario dolor de traer un niño al mundo. A veces me gustaría ser hombre y irme de aquí para ver que hay fuera de este Valle, pero luego pienso en lo cómoda que estoy aquí y que aquí no podía estar mejor que una hija de un lord y no me quiero ir -miró a Alayne y rió-. Y tú, dulce Alayne, ¿qué harías si tuvieras la mínima oportunidad de ver mundo y dejar a un lado nuestro frágil Robert?

'He visto el mundo, y por eso estoy aquí. Sé lo amable que eres, pero de mí no sacarás nada', Alayne pensó. Miró los ojos de Randa y sonrió ampliamente.

-Si me fuera, mi padre se enfadaría tanto que cuando llegase, me tendría que convertir en una piedra de verdad -'soy la más valiosa de sus armas, y si me pierde, será más difícil para él'. Aunque su padre nunca tiene nada difícil al que temer.

-Siempre pensando en tu padre, como una hija leal que eres. A veces envidio la relación que tienes con tu padre, más cercana que la de mi padre y mía -rió al ver la expresión sorprendida de Alayne-. Aunque eres mucho más bella que él. No te puedo decir que te voy a ofender, pero no veo nada de él en ti -Myranda examinó detalladamente a Alayne, atenta.

'Sospecha. No, no sospecha, pero sabe que algo no encaja'. La verdad es que Alayne era bastante diferente a su padre; nariz recta y con pecas, con ojos grandes y azules y labios definidos y llenos, Alayne era guapa para ser la hija bastarda de Petyr Baelish, de ojos grises y verdes con una mirada astuta, nariz afilada y finos labios. De hecho, era bastante guapa para ser hija de Petyr, algo que a Alayne le preocupaba desde que llegó a las Puertas. `Nos descubrirán, aquí hay más personas y sospecharán'. Incluso Alayne era más alta que su padre. 'No te preocupes, querida hija, en otra vida serías mi hija de verdad, pero afortunadamente has heredado los rasgos de tu querida madre, y con eso basta'. A pesar de la confianza de Petyr, a Alayne aún le atormentaba a veces por las noches.

-Mi padre me suele decir que me parezco bastante a mi madre, aunque apenas tengo memoria de ella -la madre de Alayne murió cuando Alayne era pequeña, como su padre y ella acordaron.

-Seguramente tu madre era igual de bella que tú, dulce Alayne, aunque la genética no siempre acierta. Menos mal que heredé el cuerpo de mi madre y no la inmensa de carne al que mi padre tiene como cuerpo. De pequeña creía que mi padre era realmente un gigante y que algún día sería como él. Pero como siempre, la genética es una suerte.

Myranda iba a decir algo más, pero Maddy vino corriendo hacia Alayne y ella.

-Mis señoras… -empezó Maddy.

-Más te vale que sea importante -dijo Miranda, medio animada medio seria- necesito buscarle un buen hombre para lo que hay entre las piernas de nuestra querida Alayne.

-Lo siento mi señora, pero es… Lord Robert.

-¿Otra vez? -Alayne empezó a preocuparse; Robert se ha puesto enfermo desde que llegó aquí y cada ataque es un peligro de muerte para él-.

-Mi señora… Lord Robert escupe sangre.

-Llama al maestre y que acuda al pobre Robin -dijo Alayne-. Voy a su alcoba.

-Bueno, se ve que el Señor del Valle es más importante que un marido -y Myranda se fue tan rápido como lo dijo-.

'Va a decírselo a su padre'. Al parecer Myranda Royce y su padre no se llevan tan mal como se ve.

Alayne voló hacia la habitación donde reside Robert Arryn. El pobre pidió una cerca de Alayne, pero debido al estatus de los dos, están en diferentes pisos.

'No, no debe de enfermar tan rápido. Aún no. Aún no. Espera a la ejecución de la Reina Cersei, pero no ahora. Sólo empeorarán las cosas'. Y por alguna razón, Alayne se sentía tremendamente culpable. 'Si no, mi padre se disgustará'.

La alcoba de Robert era una de las mejores del castillo. Era amplia, con mármol alrededor y adornos de oro, unas cortinas y sábanas de seda de Myr azul como el cielo y con una gran chimenea. Pero Robin no le gustaba el sol últimamente y preferiría estar a oscuras todo el rato; cree que es una pesadilla, y que en algún momento se despertará de los dulces cantos de su madre con sus suaves y blandos brazos.

Al entrar Alayne vio que todo era gris y olía mal; no hay una gran diferencia en el Nido. Vio a Robin en la cama con varios pañuelos llenos de sangre; estaba peor de lo que Alayne creía. 'Aún no, aún no'.

-Robalito, ¿qué tal está mi fuerte señor del Valle -dijo Alayne, animosa.

-Ya no soy fuerte, no lo soy. Toso sangre, Alayne -Robert gimoteó-. Esto nunca me había pasado con mamá. Quiero a mamá de vuelta. ¡Quiero a mamá de vuelta! -Robin empezó a toser aún más sangre.

-Ay, Robalito… -Alayne lo rodeó con sus brazos-. Tu siempre serás fuerte, y también valiente. Una persona siempre puede ser fuerte, ya sea guerrero o herrero, viejo o niño, mujer o hombre, plebeyo o señor. Siempre serás mi lord del Valle y siempre me siento segura cuando estás aquí.

-¿De verdad? ¿Puedo ser fuerte incluso enfermo y pequeño? -Robin no perdía esperanza.

-Eres fuerte, Robalito. Eres más fuerte y valiente que muchos guerreros de Poniente. Pero ellos también enferman, ¿sabes? Tienes que recuperarte como ellos -le apretó suavemente contra el pecho, y Robert tenía la costumbre de hundirse entre sus pechos.

-Yo soy fuerte, pero… -Robert miró a los ojos de Alayne-. ¿Vendrá el maestre Colemon? ¿Me curará y seré un guerrero de nuevo?

-Sí, Robalito, pero no sé si será nuestro querido maestre -alguien entró a la alcoba-.

-Soy el maestre Ryman, para ver cómo está Lord Arryn -intenta buscar a alguien-. ¿Hay alguien ahí?

-Alayne Piedra, hija de Petyr Baelish -a diferencia del maestre, los ojos de Alayne se acostumbraron a la oscuridad y vio como el maestre intentaba entrar a ciegas.

-Lady Alayne… Su padre le ha pedido que vaya en cuanto pueda. Cuando antes, mejor.

-¡No! -Robert replicó-. Alayne, quédate conmigo -cogió el brazo de Alayne tan fuerte que ella pensó que se lo iba a arrancar.

-Me quedaré contigo -sonrió Alayne-, pero debes de obedecer al maestre y no replicar más -se dirigió al maestre-. ¿Ha recibido alguna noticia o orden más de mi padre?

-No, mi señora, excepto de que tipo de cura debo darle -miró con desconfiaza e incomodidad a Alayne-.

'Mi padre le ha dado órdenes'. Sabía lo que significaba.

Se quedó con Robert y con el maestre un rato más hasta que Robin cayó dormido tras una bebida que le dio el maestre, quien dijo que no era muy fuerte. Alaben abandonó la habitación y se dirigió a la alcoba de Lord Baelish.

Petyr Baelish, Lord Regente del Valle de Arryn, estaba en la baranda de la terraza que daba su habitación, cual era apropiada para su estatus pero modesta. Cuando escuchó pasos, giró lentamente y se dirige hacia dentro.

-Hola, padre -dijo Alayne.

-Cada día que te veo, creo que te vuelves más hermosa -examina los rasgos de su rostro-. Exacta a Cat. ¿Quién te ha dado ese vestido?

-Lady Myranda Royce… Me considera como su amiga.

-Y así debe de ser. Debes de crear aliados más que nunca ahora que las cosas no están firmes aquí, tras el repentino fallecimiento de nuestro querido Robalito.

Alayne no puedo evitar sorprenderse.

-Pero… ¿Tan pronto? -recordó la sangre-. Tú… ¿tú has…?

-No, dulce hija, el único culpable de aquí es el frágil cuerpo de Robert. Gracias a eso, debo de cambiar ciertos planes… -miró al cuerpo de arriba a abajo de ella-. Ven, querida mía, te voy a dar un regalo.

-¿Otro? -Alayne estaba más sorprendida que emocionada. 'LA última vez que me dio uno, era un compromiso'.

-Este, querida mía, te encantará.

La llevó a su cama y allí lo vio; el largo vestido blanco de brocado con perlas blancas alrededor, para un cuerpo largo y esbelto; como el cuerpo de ella.

-Pruébatelo -dijo Lord Baelish.

Alayne fue a un sitio apartado y se lo puso con nudos complicados pero a su alcance. Comparado con el vestido de Lady Myranda, era un trapo viejo. Se soltó el pelo y salió de la esquina de donde estaba. Lord Baelish sonrió al verla.

-Estás… Preciosa, querida Alayne. Preciosa -Petyr se acercó a ella-. Aún no me has dado… Mi regalo.

'No me obliga, pero estaré en deuda con él, y algún día tenía que hacerlo'. Petyr Baelish iba de color azul verdoso que resaltaban sus ojos; de alguna manera era atractivo.

Alayne se quitó los lazos y se quedó en la ropa interior, a la que se quitó también. Los pelos se le erizaron del frío pero también vio algo que se subió de Petyr. La cogió y empezó a besarla apasionadamente. Sus manos iban bajando poco a poco por su pecho y por su caderas, intentando ir al final de ella.

-Debes de ser una doncella para el encamamiento de Harrold Harrying -dijo Lord Petyr entre pautas de largos besos y toqueteos-. En cambio, si me puedes ayudar en una cosa -cogió las manos de Alayne y las puso en su hombría, que estaba fuera y alto como el honor-.

Alayne no tenía claro qué hacer, pero imaginó lo que debía. Bajó lentamente su rostro hasta encontrárselo con él mismo. Lo único que debía que hacer era abrir la boca.

Alayne salió de la habitación como si hubiese tenido una pequeña reunión con su padre, como Lord y Lady Royce. De todos modos, nadie estaba allí, así que nada levantaría sospechas.

Al llegar al salón vio que Lord Royce y su hija estaban hablando con varios hombres quienes Alayne no conocía, y también se dio cuenta de la cantidad de caballeros que había alrededor. Myranda la vio y le hizo un gesto para que se acercase.

-Mira Alayne, ese es el heredero del pobre Robin -miraba hacia la puerta-.

Alayne dirigió la mirada hacia la puerta también y vio a Anya Waynwood con su inconfundible aire de nobleza y bajita como ella era, con un vestido largo de color verde con las armas de los Waynwood. Pero alguien estaba agarrado de su brazo; era un chico joven y bastante atractivo, que debía de ser más o menos de la edad de Alayne, de ojos azul como el mar y pelo rubio brillante. Sabía quién era.

-Lady Myranda, Lord Royce, Lady Alayne -comenzó Anya Waynwood, implacable-, este es ser Harrold Hardyng -dijo mientras que Harrold sonreía con sus famosos hoyuelos-.