Este capítulos va después cronológicamente del capítulo adelantado de Theon del real Vientos de Invierno. Espero que me haya parecido al verdadero Theon, ya que es uno de los personajes que más ha cambiado desde el principio.
Theon estaba de nuevo en Invernalia. Estaba con Robb, luchando con espadas de madera o bromeando, y todo volvía a ser como antes. Bran y Arya jugaban, Sansa cuchicheaba por lo bajo y cotilleaba con Jeyne Poole, y Rickon estaba agarrado de su madre, Lady Catelyn, mientras que Eddard Stark miraba con felicidad lo que él había conseguido en tantos años de sufrimiento. Aunque lo peor iba a pasar.
De repente estaba en el Bosque de los Lobos, sólo que no era Hediondo, era Theon Greyjoy, joven y descarado. Tenía todos sus dedos y parecía fuerte y varonil. Estaba enfrente del arciano, mirándolo con sus ojos llenos de lágrimas rojas, recordando a la sangre. El árbol le hablaba. 'Theon, Theon'. Lo decía en un tono melancólico, y triste.
Theon miró al cielo, y estaba gris y blanco, cayendo nieve desde los interminables cielos. Los copos de nieve se apoyaban en las finas hojas de los árboles; el invierno se acerca. Cuervos negros volaban del norte al sur; perdidos en la esperanza, y los fuertes y calientes pozos de Invernalia estaban secos. 'Nunca se habían secado'. A Theon le entró un escalofrío.
Volvió a fijar la vista en el arciano, quien cada estaba llamando su nombre con más intensidad. Algo había cambiado. Había un hombre pequeño, con poco pelo y grasiento, ojos desorbitados y grande nariz de patata. Theon sabía de quién se trataba. Hediondo se acercaba a Theon.
-Hediondo, Hediondo, has tocado fondo -el propio Hediondo lo decía a Theon.
-No soy Hediondo, soy Theon Greyjoy, hijo de Balon Greyjoy -Theon debía recordar quién era.
-Hediondo, Hediondo, rima con monstruo -seguía cantando el antiguo Hediondo.
-¡Soy Theon de la Casa Greyjoy! -a Theon se le acabó la paciencia.
Conforme Hediondo se acercaba a Theon, éste se volvía canoso, agrietado, con rasguños, y lo peor de todo; sus dedos comenzaban a desaparecer.
-Hediondo, Hediondo…
-¡SOY THEON!
A una pulgada del rostro de Theon, Hediondo se quedó quieto. Podía oler el olor apestoso que Hediondo desprendía. Le daría arcadas si no fuera porque se siente demasiado débil para moverse.
-¿Estás seguro? -Hediondo le preguntó, desafiante.
Y Hediondo se adentró a Theon, como si él fuese el aire, o peor; la nada. Theon gritó de dolor.
Intentó correr todo lo que pudo lejos de Hediondo, pero se tropezó con una piedra y acabó en los bordes de un lago, cual era el único que tenía agua, aunque era negra, no como la cristalina habitual de las aguas calientes de Invernalia. Aún así, Theon podía ver su reflejo.
Ya no era el rostro atractivo y joven que asomaba al lago; tenía arrugas, moretones, la piel blanca como la leche cortada, con poco pelo, fino y blanco como el cabello de un viejo. Pero lo peor era la expresión del rostro; asustado, cobarde, todo lo contrario que fue un día; todo lo contrario que nunca volverá a ser. 'Intento huir de Hediondo, pero Hediondo soy yo'. De repente una luz amarilla le cegó.
-¿Dónde está? No puedo verlo con la oscuridad -una voz de mujer preguntaba.
-Está ahí, en la pared de la izquierda. Está dormido, el muy cobarde -una voz de hombre hablaba. Él sabía quién era; uno de los carceleros que Stands Baratheon le había adjudicado a él cuando se hartó de él y lo mandó a una cabaña. Era algún un caballero de origen noble.
-Tened cuidado, ya que es de mi hermano de quien estáis hablando -Asha Greyjoy estaba molesta.
-Perdone el insulto, mi señora -el carcelero dijo en tono de burla-. No quería ofenderos -cerró la puerta, dejando una vela para iluminar la habitación. A pesar de ser una vela que prendía una débil llama, a él le hizo llorar un poco por la intensidad de la luz.
-Gilipollas -Asha maldijo-. ¿Estás bien, Theon? Sé que esto no es un palacio, ni siquiera una alcoba en condiciones, pero por lo menos no estás sujeto en la nada.
-Estoy solo en la oscuridad -él murmuró.
-Ya lo sé, como todos estamos. Escucha Theon, debo de contarte algunas cosas que sucedieron mientras que… -estaba incómoda- con el bastardo de Bolton.
-¡No le llames así! -él defendió-. Te hará mucho daño si lo vuelves a decir.
De nuevo, vio la expresión que él tanto odiaba de su hermana, y las mujeres en general; la compasión. Su hermana Asha sabía lo que había pasado, lo que le había hecho, y desde entonces ella es mucho más amable con él de lo que nunca fue. 'Le doy pena. Ve a su hermano pequeño roto y sabe que morirá pronto, y se entristece'. Era un pensamiento extraño para él.
-Nuestro padre ha muerto. Murió porque cayó del puente de Pyke en una tormenta -dijo Asha.
'Lord Balon Greyjoy ha muerto'. Él no sentía nada, ni pena ni alegría. Su verdadero padre murió hace tiempo en Desembarco del Rey, decapitado. Balón Greyjoy era un extraño para él.
-Y el tío Euron ha vuelto. Un día después de la muerte de nuestro padre -'¿por qué será?-. El tío Aeron convocó la Asamblea de la Sucesión, ya que… Todos te habíamos creído muerto, Theon. No diste señales de vida -tras una pausa, Asha continuó-. Nos presentamos Gylbert Farwyn, Dunstan Drumm, Erik Ironmaker, tío Victarion Greyjoy, el tío Euron y yo. Yo tendría por ley ser la nueva Señora de las Islas del Hierro, pero los muy gilipollas creyeron que una mujer no podría hacerse cargo. Yo tenía mucho apoyo, e iba a ganar, pero al parecer los hombres del tío Victarion son tan inestables como su discurso, así que se pelearon contra mis hombres, hasta que el tío Euron hizo sonar algún cuerno de dragón o algo así y empezó a hablar de dragones. Finalmente lo eligieron como nuevo Rey de las Islas del Norte. Yo ofrecí paz, algo que todos no queremos, necesitamos, pero al parecer la gente se aferra más a los deseos que la realidad del futuro.
'Han convocado la Asamblea de la Sucesión, algo que no había pasado en miles de años'. Era extraño como antes Theon Greyjoy siempre se nombrara a sí mismo como el heredero de Pyke, pero ahora no le importa quién suceda a quién. 'Cuando la música acabe y la danza se pare, nadie sabrá quién ganará el juego de tronos'.
-Me han casado con Erik Ironmaker, aunque todavía no me lo he follado -'ahora sí que estás casada, ¿verdad Esgred?-. Por suerte, ese viejo desgraciado morirá solo y podré heredar lo que tiene, si el muy imbécil tenía algo.
-¿Qué… Qué harán conmigo? ¿Me van a decapitar? -Theon no quería sonar débil, pero hizo el efecto contrario.
Su hermana le dio una mirada triste.
-No sé cómo vas a salir de ésta, Theon. Ni siquiera yo sé dónde acabaré -Asha suspiró-. No te puedo asegurar nada Theon, excepto una muerte rápida y sin dolor, pero no te puedo asegurar que vivas durante mucho tiempo. Por suerte, encontraremos a un Hijo del Hierro y nos pueda llevar a casa entre la confusión con Ramsay Niev… Bolton. O te puedo ayudar -Asha consideró un momento-. O el Bastardo gane y nos mate a todos de una vez.
'Sería tan pero que tan dulce. Acabaría con este sufrimiento y me reuniría con Robb y jugaríamos a las espadas de madera para siempre'. Intentó sonreír, pero todo le dolía, así que soltó un gemido.
-Ash… As… Asha -intentó pronunciar el nombre de su hermana.
-¿Theon?
-Si estoy muy herido o… peor… con… con… -le costaba hablar tras mucho tiempo- Lord Ramsay… Mátame.
Asha intentó tocarle, pero no veía nada, así que se puso de pie. Asha había adelgazado desde la última vez que la vio; ya no era tan musculosa y esbelta, estaba muy delgada y ya no parecía tan fuerte como antes . 'El Invierno afecta a todos'. Quería reírse por el lema de los Starks, pero le dolía demasiado todo como parecer el mínimo movimiento.
-Adiós, Theon, adiós -le dirigió una larga mirada-. Siempre serás mi hermanito.
Perdió la cuenta de los días, y no sabía cuánto tiempo llevaba sin interactuar con nadie. Los carceleros venían una vez cada día para darle pan duro y queso duro, a veces con agua, aunque nunca traían palabra. Tampoco él pedía conversación. No tenía hijos a quien proteger, una mujer a quien amar, una familia a quien necesitar, amigos a quien preocuparse. No tenía nada. Theon Greyjoy tuvo una vez una familia en una ciudad de nieve, ahora esa familia está muerta, y no se sabe si Theon Greyjoy también. Estaba solo en este mundo.
Al cabo de interminables y oscuras horas en una cárcel, alguien abrió las puertas con paso rápido y pegando gritos.
El hombre entró en la celda; era alto con el escudo de Stannis Baratheon, pero a lo que él más le llamó la atención es cómo venía; tenía un rostro desconcertado, sudoroso y tenía algunas heridas de sangre. 'Algo ha pasado'.
-Theon Greyjoy, te vamos a transladar de lugar -el soldado, dijo sin aliento.
-Lord Ramsay ha venido, ¿verdad? -'quiero a mi Hediondo de vuelta'. Rió histéricamente.
Lo sacaron y allí vio la verdad; hombres en la noche, irreconocibles excepto en las llamas que reflectan sus escudos, hombres amarillos y rosas luchan incansablemente bajo la intensa oscuridad del invierno. Se escuchaban gritos de lamento o gritos de gloria, se defendía o atacaba con una espada, todos deseaban que los otros murieran.
Había también hombres blancos con soles negros, hombres con puños rojos como estandartes e incluso el tritón de los Manderly; el norte estaba reunido allí. 'Todos excepto los Stark y pocos más'.
Al ser una aldea pequeña, no tuvieron que caminar mucho y llegaron a la pequeña fortaleza oscura de piedra donde lo encerraron por primera vez. 'Parece más grande de lo que es'. Puede que allí esté la cuestión. No importa qué grande sea la fortaleza, mientras que aparenta que sea grande.
Allí encuentran muchos más hombres de Stannis y también algunos hombres de la guerra, hombres que eran tan cobardes como para salir a morir. 'Se mofan de mí, aunque los verdaderos cobardes son ellos'.
Lo condujeron por pasillos interminables y oscuros, donde el frío y el silencio reinaba en el castillo. Finalmente se detuvieron ante una gran puerta de roble a la que tenía dos antorchas a cada lado. La puerta parecía pesada, y lo condujeron a un agujero negro.
-¿Por qué me cambiáis? ¡Quiero luchar! -'quiero morir, mejor dicho'.
Pero hicieron caso omiso de él y lo dejaron en la penumbra. Cerraron la puerta con un gran golpe; debían de volver a la batalla.
-Eres Theon Greyjoy, la nueva rata traidora de Stannis. ¿A quién más le vas vender tu lealtad? -una voz potente llamaba desde la oscuridad.
-No he vendido la lealtad a nadie, Lord Ramsay… Me trataba mal -le costaba reconocerlo.
-Y gracias a ti, eunuco moribundo, voy a morir por ser leal al Trono y a mi señor feudal.
La voz estaba enfadada, pero le era familiar. ¿Será su consciente? ¿Será una persona? A veces incluso él mismo no estaba seguro.
-Ibas a traicionar a Lord Stannis, el que te ha prometido vengar a los Starks -no sabía con quien hablaba, así que por su bien decidió estar al lado de Stannis Baratheon.
-¡Lo hice por mi familia! El Joven Lobo mató a mi hermano, quien es de su propia sangre, y tenía que arreglarlo todo, ya que mi sobrino es ahora el nuevo Lord, pero está como prisionero en las Torres y mi querida sobrina y heredera es una niña. Debía de proteger a mi familia -la voz estaba furiosa, pero con un poco de debilidad.
-No lo hiciste por tu familia, lo hiciste para ganar gloria -Theon Greyjoy hizo eso una vez; y todo le salió mal.
-Gloria, Familia… Todo lo que un hombre sueña, y tú no sólo me lo has quitado, si no que me lo vas a matar -Arnolf Karstark parecía que iba a matarlo allí mismo, si no fuera por las cadenas que a ambos le limitaban moverse.
-Estás acabado, Lord Karstark.
Arnolf gruñió.
Las horas seguían pasando, y había vuelto al mismo punto; oscuridad, desesperación y nostalgia. Aunque ahora tenía un compañero nuevo, un compañero que si estuvieran libres, le mataría con sus propias manos.
Estaba durmiendo hasta que escuchó más pasos y gritos, y puertas abriéndose. 'Están buscando a alguien'.
Le latía el corazón con fuerza conforme los pasos se escuchaban cada vez más fuertes. ¿Lo cambiarán de celda de nuevo? ¿Lord Ramsay ha ganado y quiere a su Hediondo de vuelta? ¿Stannis Baratheon lo ejecutará? No sabía el destino de su vida.
Abrieron la puerta de su celda y hombres rosas entraron; le preguntaron quién era y cuando lo supieron, lo cogieron por las manos y cortaron el cuello a Arnolf Karstark. Lo llevaron fuera de la celda.
Seguía siendo de noche, pero no duraría por mucho tiempo, ya que había pasado demasiado tiempo en el celda. Había incluso más tumulto que antes; habían llegado más hombres y había danzas de espadas allá por dónde veía, hasta que la espada hacia el paso maestro y se metía dentro de un cuerpo. Hombres bailaban alrededor de la muerte.
Los hombres de rosa habrían paso de la forma más violenta que había; incluso cuando no había hombres cerca suya, se acercaban y los mataban igualmente. 'Son igual que su amo'. Pero Hediondo no era igual que su amo.
Cuando se metieron en el bosque, todo se volvió aún más oscuro y los gritos cesaban hasta un silencio más terrorífico; él sabía a dónde le conduciría ese silencio. Los hombres seguían sin dirigirle ninguna palabra, y eran igual de violentos y frívolos que los hombres de Stannis Baratheon.
El silencio era incómodo incluso para los hombres de Lord Ramsay; iban todos rectos y parecían temibles, pero sabía cuál era el olor a miedo, y ellos apestaban. Por cada leve sonido sus cabezas rosas se movían bruscamente hacia el otro lado, tanto que él creía que se lo podían romper sus gordos cuellos.
En las profundidades del bosque era cada vez más oscuro y triste, y no había sonido escuchado por el hombre; parecía que iban hacia la nada. De repente, uno de los soldados se cayó y una flecha salió de la nada y aterrizó en su corazón. El hombre empezó a gritar como si se estuviese quemando con fuego de dragón y empezó a quedarse paralizado. Alguien los estaba vigilando desde mucho tiempo y esperó a la oportunidad perfecta para atacar.
-Salid de allí, cobardes, y enfrentaros como hombres y morid como uno. Si no, vais a sufrir un destino peor -dijo un soldado con arrogancia.
Unas figuras pequeñas empezaron a salir de árboles y arbustos en los que parecían simplemente árboles y arbustos. Eran más pequeños que la mayoría de hombres, siendo sus arcos y tridentes más altos que ellos, aunque lo manejaban con tanta facilidad como elegancia. No sabía cuántos podría haber alrededor suya, podría haber cuatro, diez, veinte, cuarenta, pero él nunca estaba seguro. Un hombre puede tener muchas sombras. Le subió un escalofrío por la espalda.
-El Norte no olvida -dijo una de las sombras.
Y empezaron salir cuchillos blancos y afilados por todas partes, matando a todos los soldados de su alrededor. Él empezó a correr, o cojear, aunque sabía que eso no servía de nada. Le alcanzaría una flecha venenosa y se quedaría horas o incluso días con un dolor inhumano. No, esta vez debía de correr.
Corrió como nunca lo había hecho; iba cansando, sus pies le ardían y sangraban, pero el temor al sufrimiento de las flechas era aún mayor de las quejas de su cuerpo. No sabía a dónde ir ni sabía qué hacer, pero él corría por su bien. Corría por su madre, por su padre muerto, por sus hermanos que murieron en la guerra, por su única hermana Asha, por Robb, Lord Eddard, Bran y Rickon, Sansa, Arya, corría por Theon Greyjoy.
Empezó a ver cada vez más y el cielo empezaba a clarear; el día iba a comenzar. Eso le dio esperanza; le quedaba cada vez menos. Empezaban a escasear los árboles, y veía desde lejos fuegos.
Al salir del bosque, por primera vez en su vida, Theon Greyjoy era libre.
