Dedicado a letifiesta :)
II. Sally es un cometa
—¿Y entonces qué pasó?
—El camión se trabó en las alcantarillas y el cerrojo se aflojó. Tu abuelo se acercó y le ordenó a Harold que jalara con fuerza.
—¡No! —Soltó un chillido—. ¿Quién es Harold?
—¿Te acuerdas del chico rosa que siempre nos regala pastrami?
—¡Patrami! —Se río—. Sí, el señor chico rosa.
—Ese. —Se cruzó de brazos—. Adivina qué pasó luego.
—¡Los cereales! —Empezó a saltar alrededor del sillón—. ¡El abuelo logró robar los cereales!
—Exac…
—Bueno, ya fue suficiente. —Arnold detuvo el camino apresurado de la niña rubia que daba tumbos por el salón—. Sally, la abuela estaba bromeando.
—¿Qué abuela? —Preguntaron las dos al mismo tiempo.
Arnold rodó los ojos.
—Helga, quieres decirle a mi nieta que no robé nada, ¿por favor? —Le dirigió una significativa mirada de reproche.
—Sally, lo siento, me casé con un hombre aburrido. —Dijo mientras le acariciaba los mechones despeinados. La niña era un poco más alta que la media de su clase y había heredado lo mejor de la terquedad Pataki. Su otrora rubia abuela, a la que por cierto jamás llamaba con ese apelativo, había estado encantadísima de enseñarle sus métodos de control de carácter—. Tu abuelo no planeó un complot contra la fábrica de cereales.
—No. —Alargó la 'o' en una queja desilusionada—. ¿Entonces sólo compró cincuenta cajas?
—Sí, uno pensaría que pudo haberse comprado el telescopio directamente…
—Las compré con Gerald. —Se defendió Arnold—. Y salieron más baratas que el telescopio, te lo aseguro.
—Eso dice él. —Susurró Helga y Arnold alzó una ceja.
—Abuelito, ¿y qué pasó de verdad? —Preguntó Sally con sus enormes e inocentes ojos azules.
Sally y Helga se dirigieron una mirada cómplice. Habían descubierto, muy tempranamente, que el abuelo Arnold tenía cierta debilidad por las rubias mandonas de ojos azules. Cada vez que Helga estaba a punto de recibir uno de los discursos moralizantes, como llamaba a los regaños de Arnold, Sally intervenía con una pregunta que no tenía nada que ver y el momento pasaba para siempre. Luego, cuando nadie miraba, Helga le regalaba chocolates de contrabando.
—Sally, ¿me estás escuchando? —Arnold la levantó del suelo y la puso en su rodilla izquierda.
—Sí, abuelito. —Movió la cabeza varias veces para darle más validez a su declaración. Helga intervino por ella.
—Es que mi versión de la historia es más divertida.
—Tu versión es inventada, cariño. —Arnold se contuvo de lanzar un largo y exasperado suspiro cuando Helga le contestó con su tonito arrogante ¿y?, ¿cuál es tu punto? Por suerte, Sally interrumpió.
—¿Entonces yo me llamo como el cometa?
Arnold le sonrió con esa expresión bobalicona que le decía a todo el mundo que era un blandengue de lo peor. Helga puso los ojos en blanco, pero su expresión se volvió cariñosa.
—Eres exactamente como ese cometa. —Le aseguró Arnold con el tono suave.
—¿De hielo, rocas y polvo? —Preguntó mientras se revisaba el cuerpo. Arnold suspiró y miró a Helga que se encogía de hombros, fingiendo ignorancia. Como si no fuera de conocimiento general en la familia que el sarcasmo era marca registrada de su exclusiva autoría.
—No, estás un poco sabelotodo últimamente. —Le hizo cosquillas en la barriga y dejó que se retorciera un rato entre lágrimas de risa antes de dejarla en paz—. Eres grande y tu brillo es tan hermoso que le das calidez a la noche más oscura.
—Abuelito… —Se lanzó a su cuello y lo abrazó con todas sus fuerzas—. Eres muy cursi.
El eco de las carcajadas de Helga llegó hasta el segundo piso de la casa.
:) Hasta que descubra bien el asunto con la respuesta de los review anónimos voy a limitarme a agradecerles sólo con una mención. Los he leído todos, polly, ariel, Qdivide y Ale.
Por cierto, gracias por aclarármelo vampi ;)
Actualizaré (en teoría) cada tres o cuatro días. Nos vemos pronto.
¿Clic al botoncito? :3
