IV. Qué calor.

Y ahora los dejamos con clásicos de Dino Spumoni, a ver si nos olvidamos… ¡qué calor!

El aire no soplaba, se apelmazaba en robustos circuitos de vapor que aletargaban el movimiento. Caía el sol en rayos poderosos que abrasaban la piel hasta lastimarla. Qué insoportable y aburrido, qué rápido se incendiaba el buen humor con las ondas indefinidas que quemaban en la distancia. Era instinto, los hombros caídos y el caminar torpe. Lento, pesado, escurriéndose en la suciedad del sudor que brillaba aceitoso sobre la nariz y la frente. Uno o dos grados sobre la resistencia, tres o cuatro sobre la paciencia, cinco o seis en una amenaza a medio día. El calor, qué calor, que ardía sobre la piel y los ánimos más ecuánimes.

Estaban desparramados bajo la sombra de un árbol. Semidesnudos y sin tocarse, siempre con el ceño fruncido y quejándose en voz alta o entre dientes. El viejo Pete era grande y poderoso, pero no alcanzaba para que todos se cubrieran los pies. Los más ruidosos, como siempre, eran Harold y Helga.

—Me estoy rostizando vivo.

—¿Cómo? —Soltó Helga de mal humor. Los demás escuchaban sin entusiasmo y con la sombra de la irritación salpicando en el movimiento involuntario de las cejas—. ¿Ahora eres un cerdo?

Un puerco, un marrano, un animal patético. Ancho, ruidoso y de piel sonrosada. Oink, oink, oink en el barro, salpicando el agua y con la nariz ridícula que todo lo olía. Gordo y grasoso y que tenía muy buen sabor cuando lo cocinaban. Sudas como cerdo, Harold. Helga no tenía ganas de burlarse, tenía ganas de acabar con el ruido, la sensación pegajosa sobre sus hombros y ese día caluroso que anunciaba la llegada del infierno sobre la tierra.

—Ya basta. —Cortó Arnold de pronto, sin moverse, con los ojos cerrados y el ceño fruncido. Parecía que le dolía la cabeza y la mitad no tuvo tiempo de sorprenderse de su intervención inesperada. Se estaban muriendo en la sensación asfixiante.

Sonó el retintín infantil de la melodía que anunciaba el carro de los helados. Se sentaron todos de prisa, en una reacción involuntaria, y empezaron a buscar en los bolsillos de sus respectivos pantaloncillos. Un poco de frío y qué importaba si estaba meloso y daba asco dejarse las manos sucias de helado de crema. Un helado carísimo o el más barato, qué importaba, si la idea era escapar del azote brillante del cielo sin nubes. Qué importaba, cuando lo importante era encontrar las monedas y aliviarse el espíritu. Se levantaron torpes y larguiruchos, torpes y sudorosos, torpes y con el ansia que no creía en los hijos de la ilustración. Bajo el sol, todos eran románticos.

Dos bolas de helado de mora y un barquillo que no alcanzaba y se derretía en la impaciencia Pataki. Deslizaba la lengua y presionaba en lo más alto para que el cono terminara de llenarse. Mordía apenas, hundiéndose en la crema y ensuciándose las comisuras de los labios. Cerraba los ojos y soltaba un ronroneo quedo y complacido que terminaba, nuevamente, con los labios rojísimos chupando las largas gotas derretidas. Se perdía ella en la suavidad helada que desaparecía en los tirabuzones erráticos de su lengua. Debajo de la rama más frondosa y con las piernas cruzadas.

—¿Qué miras, cara de mono?

La irritación también. Esa llama arrogante que le encendía los ojos, esa tensión permanente que le escarapelaba la piel y avanzaba violenta y drástica en los tonos más elevados de su voz. Se fundía el helado, se fundía ella en el enojo y sus dedos largos y pálidos se ensuciaban con el dulce. Fruncía el ceño y su postura mejoraba, lo miraba todo con cuidado obsesivo, siguiendo el detalle de cualquier movimiento involuntario. Estiraba el cuello y alzaba la barbilla y tenía los hombros rojos, quemados por el sol. Vibraba en silencio, elucubrando (seguramente) alguna réplica mordaz y agresiva. Agresiva, con las mejillas rojas y lamiéndose los labios sin fijarse. Descuidada desde la cabeza hasta la punta de los pies, incitando la guerra, llenando de fuego el día más caluroso del verano.

—Te miro a ti, Helga.


:) Bueno, ya se habrán dado cuenta que estoy experimentando. Es que quiero hacer un fic M, así que he estado dando bosquejos aquí y allá. Está un poco cutre porque estoy practicando y todavía me cuesta ser más explícita. Por cierto, puede que haya quedado un poco difuso, pero están pasando el rato en la calle. La radio es a pilas y la tiene Sid o Stinky. Aquí deben tener 15 o 16. Espero tener listas más viñetas este fin de semana largo.

Ñam, ya me cuentan qué les pareció.

Nuleu Strack. Me alegra que te lo hayas pasado bien cariño ;) Bueno, como me pediste pistas en el otro review... mmm... es el cumpleaños de uno de los dos ;D Ya te dejo adivinar de quién. ¡Besitos, cariño!

Polly. Es que los años no pasan por nada. Además, algo del genio malévolo Pataki se le tenía que pegar :P ¡Se entendió perfectamente cariño! Todo va bien por ahora cariño y yo también cruzo los dedos porque me quede tiempo de escribir. Nos vemos pronto y te agradezco mucho la paciencia ;)

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